Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 3: Parpadeo

—¡Hoy vas a id a la escuela conmigo, papi! —gritó Pequeña sonriendo de oreja a oreja cuando dejé el tazón de cereal frente a ella.

—Así es, y te voy a usar como mi ayudante, ¿entendido? Vas a ser una niña buena, ¿verdad?

—¡Sí!

Bella ya se había ido, necesitaba preparar las cosas para el día de la profesión en la escuela. Afortunadamente Bella me dijo que podría irme en cuanto terminara. Estaríamos allí un bombero, un oficial de policía —Charlie, de hecho— y un abogado también. Era algo que la escuela hacía cada año para los del jardín de niños, y aunque prometí que asistiría el año pasado, lo olvidé y no pude liberarme del trabajo cuando Bella me lo recordó; así que no podía zafarme este año. Al menos tendría a mi pequeña para usarla como ejemplo y no al niño malcriado de alguien más.

La verdad no había pensado en qué se suponía que haría y diría. Quiero decir, no podía explicarle a un montón de niños de cinco años que vivía de abrir gente… eso podría asustarlos de por vida, así que decidí hacer algo simple; les explicaría los signos vitales usando a Sofía, les diría un poco de cirugías, les diría las causas de los resfriados y la importancia de lavarse las manos, y podría salir de ahí en veinte minutos.

Sofía estaba jodidamente emocionada de presumirme, por eso dudaba poder salir de la escuela tan rápido como quería. De hecho era algo adorable. Les dijo a todos sus amiguitos que su papi el doctor iba a ir. Puede que mi ego creciera un poco a causa de su emoción y del hecho de que me dijo que era el mejor papi del mundo.

Eso intentaba.

—¿Estás lista? —pregunté, poniéndole a Sofía su chaqueta y agarrando su mochila.

Asintió.

—Uh-huh. Vas a enseñadles tu esteposcopio, ¿vedad?

—Estetoscopio —corregí—. Y sí, está en mi maletín.

Agarré mi maletín luego de darle su mochila y luego nos dirigimos a mi carro que estaba en el garaje. No era la Tanya original —a quien tuve que renunciar—, pero en definitiva la nueva Tanya le pisaba los talones a la primera. Era un elegante Mercedes S550 negro. No tan bueno como el de papá porque Bella amenazó con dejarme si gastaba doscientos grandes en un carro. Sí podía entender un poco su argumento, así que estuve de acuerdo.

Luego de abrocharle el cinturón a Pequeña en su asiento, nos dirigimos a la escuela, llegando allí un poco temprano. A Sofía no le molestó porque eso significaba que podría pasar tiempo con mami y Charlie.

—¡Allí está mi calabacita! —dijo Charlie, levantando a Pequeña en brazos al entrar en el salón de Bella. Besé a Bella y luego la ayudé a acomodar sillas mientras Sofía y Charlie platicaban.

—¡Hola abuelito! ¿Tdajiste tu placa?

—Claro que sí, cariño —dijo, palmeando la placa en su pecho. Ella pasó los dedos sobre ésta, sonriendo—. ¿Estás emocionada? ¿Le dijiste a tus amigos que tu papá y yo íbamos a venir?

Asintió rápidamente.

—¡Síp! ¡También les conté toooodo sobde ti! Papi dijo que yo voy a sed su ayudante. ¿Puedo ayudadte a ti también?

Se rió entre dientes.

—No sé si vaya a necesitar ayuda, pero si es el caso, te lo diré, ¿de acuerdo?

—¡Sí!

Luego de que la soltó me saludó a mí. Desde hace cuatro años, cuando sufrió su ataque al corazón, Charlie había llevado un estilo de vida más saludable, diciendo que era por Bella y Sofía. Sí había regresado a la policía aunque Bella le pidió que no lo hiciera. Era un trabajo que él amaba, así que yo no podía culparlo. Además, no era como si viera el tipo de cosas que les tocaba ver a los policías en las ciudades grandes. Creo que pasaba la mayor parte del tiempo a un lado de la carretera, esperando para multarme.

Seguía multándome a pesar de que era su yerno. Ésas eran mierdas, ¿verdad?

—No sé cómo agradecerles por haber venido —dijo Bella—. Vamos a empezar hasta las nueve, así que pueden irse a la sala de maestros un rato si quieren.

Me dio su llave y asentí. Sabía que tardaría un rato en empezar, esperar media hora no era tan malo. Antes de que sonara la campana, Bella se despidió de Sofía con un beso y yo la acompañé por el pasillo hasta su salón, prometiendo que la vería pronto.


Mientras Charlie y yo esperábamos me puso al corriente sobre los juegos de los Seahawks y los Mariners, algo a lo que no estuve prestando mucha atención. Bella y yo no le habíamos dicho a nadie más del embarazo, así que él no tenía ni idea. Ella quería decirle luego de la cita prenatal, por eso hicimos planes para invitarlo a cenar el martes en la noche.

—¿Cómo ha estado? —pregunté bebiendo del café de mierda que tenían allí. Juro por Dios que era peor que el del hospital.

—Bastante bien. Sue, uh… no va a ir a cenar el martes. No quiere incomodar a Bella, ¿sabes?

Asentí. Sí… Charlie ya tenía novia. Bella estaba feliz por él, pero no se sentía muy cómoda con Sue. En realidad no era nada en contra de la mujer, que de hecho era muy agradable, sino que Bella todavía se estaba acostumbrando a la idea de que, después de tanto tiempo, su padre estuviera en una relación.

—No está enojada por eso —dije—. Lo sabe, ¿verdad?

—Sí, pero sé que es raro para ella. Sue y yo no llevamos tanto tiempo saliendo, no creo que deba incluirla en cosas familiares todavía.

—Quizá la para la próxima —dije.

Probablemente era mejor que Sue no viniera. La cena era sobre nuestra familia y sobre cómo íbamos a crecer. Quería que Bella estuviera cómoda y feliz para compartir las noticias, sin tener que preocuparse de la novia de su padre.

Justo antes de las nueve, Charlie y yo regresamos al salón de Bella, donde encontramos a los otros voluntarios esperando. No mucho después Bella abrió la puerta y nos invitó a entrar, presentándonos ante las dos clases que estaban ahora en su salón. Pequeña estaba en la fila de enfrente, saludándonos con su sonrisa jodidamente adorable.

—Ya que el Doctor Cullen necesita regresar a trabajar, él irá primero —dijo Bella, haciéndome una seña para que me pusiera enfrente con ella.

Sí… era jodidamente raro pararme frente a un montón de niños. Si fuera por mí no estaría aquí.

—Um… ¿las preguntas primero o después? —pregunté mirando a Bella.

—Puedes hacerlas al final. —Sonrió.

Asentí y dije "Bien" antes de respirar profundamente y girarme hacia los niños. Básicamente dije puras patrañas mientras explicaba mi trabajo y luego les hablé sobre los signos vitales, enseñándoles cómo los tomaba en Pequeña. Al parecer no necesitaba un plan porque resultó muy simple y los niños me amaron.

—Es el mejod doctod en el mundo —dijo Pequeña cuando le quité el brazalete para medir la presión del brazo—. Él hace que no te duela nada. ¿Puedo escuchad tu codazón, papi?

Miré a Bella y ella se encogió de hombros, así que decidí seguirle la corriente. Luego de que Sofía tuviera su oportunidad, muchas manitas se alzaron queriendo su turno. Se lo concedí a unos pocos, dejándolos escuchar mi corazón hasta que Bella señaló su reloj.

Luego de responder unas pocas preguntas ridículas, y una muy buena por parte de Sofía, les di las paletas que Bella me había dado para entregar y listo. Mierdas simples. En realidad mi desagrado hacia los niños no había cambiado mucho, con excepción de Pequeña, pero el día no fue tan malo como pensé.

Después de todo, me gustaba escuchar lo maravilloso que yo era, y esos niños me amaron.

—Entonces, ¿lo hice bien? —le pregunté a Bella luego de que presentó a Charlie.

Asintió sonriendo.

—Mucho. Gracias por venir.

—De nada. ¿Me gané un premio para esta noche? —susurré, viendo como sus mejillas se sonrojaban.

—Estoy en mi trabajo —siseó intentando no reír.

—Tomaré eso como un sí —me reí entre dientes—. Tengo que irme, te veré más tarde. Te amo.

—También te amo —dijo, y después le di un beso rápido.


Esa misma tarde, cuando llegué a casa del trabajo, Pequeña me dijo que yo fui el mejor, seguido de cerca por Charlie. Yo era feliz siempre y cuando ella y Bella lo fueran también. Nuestro fin de semana pasó rápidamente y el domingo llevamos a Sofía al acuario de Seattle. Se la pasó en grande, como siempre.

Era su lugar favorito. Bella y yo decidimos hacer todo lo que pudiéramos con ella antes del nacimiento de nuestro segundo bebé. Luego nuestra atención estaría dividida e, inevitablemente, ella recibiría menos de la acostumbrada. Aunque intentaríamos cualquier cosa para que nunca se sintiera así y le explicaríamos que el nuevo bebé no la reemplazaría. Yo tenía miedo de que ella se sintiera así, y de verdad no quería llegar a eso.

Cuando la acostamos esa noche, abrazó su más reciente peluche —una ballena— y se durmió rápidamente. Bella y yo regresamos abajo para disfrutar el resto de la noche y hablar sobre la semana que nos esperaba. Faltaban dos días para su cita con el doctor, pero yo ya no podía esperar.

—¿Cómo se lo diremos? —preguntó Bella, que se sentó junto a mí y la envolví con mi brazo—. Quiero decir, ya le dijimos de dónde vienen los bebés cuando Rosalie se embarazó, así que al menos no tendremos que preocuparnos por eso.

Dios, eso apestó. El año pasado, mi hija de cuatro años me preguntó de repente cómo era que su tía se había metido un bebé al estómago, atrapándome con la guardia baja. Supuse que no podíamos mentir usando la historia de la cigüeña, así que Bella y yo sólo le dijimos que cuando los papás se quieren y quieren un bebé, les dan uno. Afortunadamente no quiso más explicaciones; de otro modo, puede que hubiera tenido que suicidarme. Rezaba porque no quisiera una explicación más detallada ahora.

—La verdad me preocupa más cómo va a reaccionar cuando se dé cuenta de que ya no sólo seremos nosotros —dije—. A veces se pone muy celosa. Sé que es nuestra culpa porque la consentimos mucho, pero…

la consientes más que yo —dijo Bella sonriendo.

Asentí suspirando. Eso era verdad.

—Tengo miedo de que se vaya a sentir excluida.

La mano de Bella acariciaba mi pecho mientras ella pasaba un momento pensando en algo.

—Ella es muy abierta con nosotros, así que todo lo que tenemos que hacer es mantener abierta esa línea de comunicación. Sin alguna vez siente que no está recibiendo la atención que necesita, estoy segura de que nos lo dirá. Y tenemos que estar más en sintonía con ella. Las cosas cambiarán, pero nuestro amor por ella no. Creo que deberíamos empezar diciéndole eso.

Asentí.

—Bien, ¿se lo diremos el martes?

—Sí, siempre y cuando el doctor diga que todo está bien. Sabes, creo que va a estar muy emocionada cuando se lo digamos. Puede que se ponga un poco celosa, pero creo que eso quedará en segundo lugar ante la emoción de tener su propio hermanito.

—Eso espero. —Sonreí abrazándola más—. Después de todo, cuando nació Felix nos preguntó que si podía quedarse con él.

Se rió suavemente.

—La mirada en tu rostro no tuvo precio. Te sentiste tan mal por tener que decirle que no.

—¡Es ese jodido labio! Es que… pone pucheros, y eso la hace ver malditamente linda. No puedo negarle ni una mierda cuando hace eso. Creo que lo aprendió de ti, Mordelona.

Hizo el mismo puchero batiendo las pestañas.

—¿Me traes el Cherry Garcia?

Rodé los ojos y me reí entre dientes.

—Claro, pero intenta llegar al baño esta vez. Está jodidamente frío afuera para sacar la basura si vuelves a vomitar allí.

Me paré del sofá y comencé a caminar hacia la cocina cuando me dijo:

—¡Y la mantequilla de maní!

Eso sonaba completamente asqueroso, pero ella sabía que no le negaría ni una mierda. Nunca podría hacerlo.


Bella y yo pedimos libre el martes en el trabajo ya que su cita era a las once. Le dijimos a Pequeña que mami y papi tenía una cita, y lo aceptó sin preguntar. Tenía una semana sin almorzar con Bella, así que no era como si fuera a extrañarla. Luego de dejarla en la escuela regresamos a casa y Bella finalmente me mostró la carpeta en la que había estado trabajando.

Mis ojos se agrandaron ante la cantidad de detalles que le había puesto. En serio, hasta tenía códigos por color. Estaban escritas todas las preguntas que podías imaginar sobre la salud del bebé, la salud de ella y el historial médico de nuestras familias. Jesucristo… mi esposa estaba un poco loca, aunque esto nos serviría de mucho.

—He estado investigando mucho sobre qué cosas preguntar y qué esperar —dijo Bella mordiéndose el labio inferior mientras yo hojeaba la carpeta—. Quería estar preparada.

Solté una corta carcajada.

—Creo que estás preparada para cada posible situación.

Se encogió de hombros.

—Estoy nerviosa.

Sabía que Bella solía pensar demasiado las cosas cuando estaba nerviosa, y esto era una prueba más de ello. Si ella hacía cada una de estas preguntas, duraríamos horas en la oficina. Aunque me gustaba que hubiera hecho esto. Puede que fuera extremo, pero eran cosas que necesitábamos saber. De hecho yo hice uno también en una escala mucho más pequeña.

Me saqué el celular del bolsillo, abrí las notas y se lo di.

—Yo también estoy nervioso —dije.

Miró la lista que yo había hecho y una sonrisa se formó en sus labios.

—Gracias Edward.

Cerré la carpeta en mi regazo y pasé mi brazo a su alrededor para acercarla a mí.

—Entre nosotros dos la Doctora Uley se va a ganar cada centavo que nos cobre.

Se rió suavemente, levantando la cabeza para besarme la mejilla.

—Te amo.

—También te amo, Mordelona. Ahora vayamos a ver a nuestro bebé.

Ella sólo sonrió y asintió antes de pararse del sofá.


Técnicamente Forks no tenía obstetra. La doctora de Bella tenía su consultorio en Port Ángeles, pero tenía privilegios en ambos hospitales. La Doctora Emily Uley era ginecóloga y obstetra, Bella comenzó a verla poco después de que empezamos a salir. Era un poco más grande que yo y hace unos años había tomado el control del consultorio de su suegro. Yo había trabajado con ella unas cuantas veces y parecía estar bien entrenada, pero eso no me ayudaba con los nervios.

Esta mujer estaría a cargo del cuidado de mi mujer y mi hijo, así que necesitaba ser una doctora jodidamente maravillosa.

Luego de llegar a la oficina, Bella fue llamada rápidamente. Su peso y signos vitales se veían bien, así que un poco de mi preocupación se esfumó. Aunque no fue mucho. La metieron a la sala para examinarla y se puso la bata que le dieron allí. Me senté junto a ella y ella siguió con su agarre letal que tenía en mi mano. En serio. Era ridículamente fuerte para ser una mujer tan pequeña.

¿Existía algo como fuerza bruta asociado con el embarazo?

—Tú sabes cómo debe verse un ultrasonido a las ocho semanas, ¿verdad? —preguntó Bella, mirándome con nervios.

Asentí.

—Sí, por supuesto. ¿Por qué?

—Me dirás si algo no se ve bien, ¿verdad?

Moví mi pulgar sobre el dorso de su mano.

—Se verá perfecto, como la manchita que debe ser.

Rodó los ojos con una sonrisita queriendo aparecer en sus labios.

—No le digas manchita a nuestro bebé.

—¿Borroncito? ¿Cacahuate? ¿Cosa rara con aspecto a haba?

Se rió en voz alta justo cuando alguien tocaba la puerta. La Doctora Uley entró con una sonrisa y nos saludó, y le dio un apretón a nuestras manos antes de ponerse a trabajar. Primero le hizo unas preguntas a Bella y lo anotó en el historial, Bella hizo unas cuantas de las suyas y guardó el resto para después del examen. Afortunadamente el análisis pélvico fue rápido, y la Doctora Uley dijo que todo estaba normal.

El agarre letal de Bella se apretó más cuando la Doctora sacó una máquina y explicó el ultrasonido transvaginal.

—¿Podremos escuchar su corazón? —preguntó Bella.

La Doctora Uley sacudió la cabeza.

—No, a las ocho semanas es muy pronto para escucharlo, pero sí lo veremos. Se verá como un parpadeo, yo te diré dónde está.

Bella asintió sonriendo.

—De acuerdo, al menos podremos verlo.

Nuestros ojos se giraron hacia la pantalla cuando la Doctora Uley comenzó. Ajustó un poco la máquina y luego… allí estaba. Ese perfecto parpadeo. Estaba completamente sorprendido, era incapaz de apartar la vista. Ese era mi bebé; nuestro bebé. Yo sólo… no podía creerlo, carajo. Ver ese parpadeo dentro de nuestra manchita hacía que todo fuera tan real.

Santa mierda.

—Edward —se rió Bella. Mierda, lo dije en voz alta, ¿verdad?—. Ése es nuestro bebé.

Asentí con una sonrisa de oreja a oreja.

—Vamos a tener un bebé.

—Sí, ciertamente así es —dijo la Doctora Uley—. Todo se ve genial, Bella. Voy a tomar unas cuantas medidas y luego terminaremos, ¿de acuerdo?

—Necesitamos fotos —dije—. Todas las copias que sean posibles.

—Por supuesto, Doctor Cullen. —Sonrió antes de tomar las medidas.

Me levanté y me incliné para besar a Bella suavemente.

—Gracias Bella —dije, apartándome—. Te amo.

—También te amo —dijo con lágrimas en los ojos, su mirada regresó a la pantalla—. ¿Puedes creer que ése es nuestro bebé?

Asentí riéndome entre dientes.

—Sí, es increíble.

Y jodidamente que sí lo era. Era parte de mí, parte de ella y completamente perfecto de todas las maneras posibles. La verdad podía decir que éste era uno de los mejores momentos de mi vida.


Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!

Siguiente actualización: 11 de febrero