Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
A Few More F Words
Capítulo 5: Sintiéndose mejor
—Estás disfrutando demasiado de esa taza de café, Mordelona —dije sonriendo al ver a Bella inhalar otra profunda respiración de su taza.
—Cállate, estamos teniendo un momento especial —dijo, sus dedos acariciaban la taza. Musitó algo parecido a "Te amo" a la taza y tuve que contener la risa.
La doctora Uley le dijo que podía tomar una cantidad limitada de cafeína diaria, así que Bella disfrutaba al máximo cada taza en la mañana. Si no fuera porque anoche tuve sexo, estaría celoso de esa jodida taza de café. Luego de servirme yo café, me senté junto a ella en el mostrador y saqué mi celular para asegurarme de no haberme perdido de nada urgente durante la noche.
—¿Ya se levantó Pequeña? —pregunté, mirando a Bella que seguía follándose con la mirada esa taza.
Sacudió la cabeza y le dio un lento trago.
—No, iré a despertarla cuando termine esto. Ya casi se acaba.
Me reí por su puchero y luego me incliné para besarla suavemente.
—Creo que sobrevivirás.
—Y yo creo que tú también deberías limitar la cantidad de cafeína que bebes igual que yo —dijo, rodando los ojos antes de tomarse el último trago—. ¿Qué planes tienes hoy?
—Sólo tengo unos cuantos chequeos. Creo que podré recoger a Sofía de la escuela. Tienes una reunión, ¿verdad?
Ya que su fecha para dar a luz era en abril, Bella tenía que arreglar unas cosas con la escuela y ver cuándo podría comenzar su baja por maternidad. Puede que sea mi lado sobreprotector, pero no quería que trabajara hasta que tuviera que dar a luz como lo estaba considerando.
Asintió caminando hacia el fregadero.
—Sí, pero es hasta las cuatro. Aunque estaría bien si tú pudieras pasar por Sofía. Tiene clases de ballet esta noche.
Asentí y platicamos un poco más antes de que ella subiera para levantar a Pequeña mientras yo me dirigía a tomar una ducha. A Bella todavía le faltaba una semana para terminar su primer semestre, pero hasta ahora todo estaba yendo increíblemente bien. Cada día tenía menos nauseas y estaba comenzando a tener más energías.
Luego de que le contamos a Charlie sobre el embarazo, Bella me dio el permiso para decirle a Jasper, así que él y Alice vinieron a cenar hace unas semanas. Aunque ya no trabajábamos juntos, él seguía siendo mi mejor amigo y salíamos seguido. Él y Alice se casaron unos meses antes que Bella y yo. Tenían planeado tener una familia grande pero, tristemente, no estaban teniendo éxito. Ahora estaban en proceso de adopción, Bella estaba un poco preocupada sobre decirles que íbamos a tener otro bebé. Pero claro, ellos se alegraron por nosotros, así que su preocupación fue innecesaria.
Abrí la llave para meterme a bañar cuando un golpe en la puerta del baño me detuvo.
—Edward, Sofía está enferma —dijo Bella.
Me volví a poner los bóxers y abrí la puerta.
—¿Qué le pasa? —pregunté intentando no asustarme. Todavía no sabía cómo manejar la situación cuando mi Pequeña se enfermaba. Todos los peores escenarios posibles pasaban por mi mente aunque Sofía había sido una niña bastante saludable.
Bella suspiró.
—Dice que le duele la pancita y la siento un poco caliente. ¿Puedes revisarla mientras llamo a la escuela? Tengo que conseguir un suplente y cambiar mi reunión.
Sacudí la cabeza mientras me ponía una camiseta. De ninguna jodida manera dejaría que Bella cuidara a Sofía. Lo último que necesitábamos era que Bella también se enfermara ahora. Su sistema inmunológico ya estaba comprometido por el embarazo.
—Yo me quedaré en casa con ella —dije—. No quiero que estés cerca de ella si lo que tiene es contagioso.
Ladeó la cabeza.
—Estoy cerca de niños enfermos todo el tiempo.
Tenía razón en eso, pero… aún así no la quería constantemente cerca de Pequeña si ésta estaba enferma. Mi vida sería un infierno si ambas se enfermaban.
—Sólo déjame cuidarla, ¿sí? De todas formas tú tienes tu reunión. Llamaré al hospital y pediré que reprogramen mis chequeos. Está bien.
Suspiró, pero asintió.
—De acuerdo, pero cuando está enferma es muy peculiar. Si le das sopa, tiene que ser de pollo con fideo, pero tienes que sacar los pedazos de pollo; sólo le gusta el caldo y los fideos. Y cuando le duele la pancita, le tienes que dar masajes en suaves movimientos circulares. Le gusta eso. También…
Me reí entre dientes y la jalé a mi pecho para evitar que siguiera hablando sin fin, algo que de verdad haría.
—Sé cómo cuidarla, ¿de acuerdo? Estaremos bien. Llámame en cuanto tengas unos minutos libres y te diré cómo está.
Asintió contra mi pecho, envolviéndome fuertemente con sus brazos.
—De acuerdo, de acuerdo… sé que puedes cuidarla. Supongo que estoy siendo un poco...
—¿Maternal?
Me miró sonriendo ligeramente.
—Algo así.
—Iré a revisarla mientras te alistas. Te amo.
—También te amo —dijo, y bajé mi cabeza para besarla.
Mientras ella se alistaba para trabajar, yo saqué mi maletín del armario y crucé el pasillo hacia la habitación de Sofía. Odiaba ver a mi bebé enferma. Cuando entré a su habitación y me miró —con un puchero en sus labios y esos enormes ojos verdes—, se me partió el corazón. Me senté en su cama y puse la mano en su frente, sintiendo que tenía una ligera fiebre.
—Mami dice que te duele la pancita —dije—. ¿No tienes nada más?
—Cdeo que voy a vomitad —lloriqueó pasándose los brazos por el estómago.
Rápidamente agarré el bote de basura que estaba junto a su cama y se lo puse bajo la barbilla antes de que vomitara las jodidas galletas. Estuvo llorando mientras yo le sobaba la espalda y le quitaba el fleco de la frente.
—Estás bien —la arrullé acercándome a ella—. Sólo sácalo todo.
—Duele —sollozó—. No quiedo estad enfedma.
—Yo tampoco quiero que estés enferma, Pequeña. Aunque te curaremos esto, ¿de acuerdo? Papi va a cuidarte.
Asintió y apartó el bote de ella. Luego de dejarlo en el piso, saqué el termómetro de mi maletín y se lo metí en el oído unos segundos, sólo lo que tardaba en registrar su temperatura. Me alivió ver que tenía muy poca fiebre, estaba bajo los 37.7 grados.
—¿Dejas que papá vea tu pancita?
Su labio inferior tembló, pero de todas formas se acostó para mí.
—No hagas que me duela, pod favod.
Me incliné para besar su frente antes de bajar las mantas.
—Haré todo lo posible, ¿sí? Lo prometo.
Levanté la camisa de su pijama y examiné su abdomen, estaba un poco hinchado, pero no mucho. Luego de asegurarme de que no estuviera sensible en ninguno de los lugares donde presioné, volví a bajarle la camiseta y la tapé hasta los hombros con las mantas. Todos los síntomas señalaban un simple caso de gastroenteritis, pero planeaba examinarla de cerca durante el día para asegurarme de que no fuera nada más serio.
—¿Y bien? —preguntó Bella al entrar en la habitación—. ¿Cómo está nuestra niña?
—Creo que es un virus estomacal —dije pasando mi mano por el cabello de Pequeña—. Me quedaré con ella en casa hoy, esperemos que para mañana ya se sienta un poco mejor. Si no, llamaré a su pediatra. Sólo tiene que mantenerse hidratada y descansar.
Bella se acercó al otro lado de la cama de Sofía y se sentó, tomando la mano de nuestra niña en la suya.
—¿Te parece bien pasar el día con papá, cariño?
Pequeña se encogió de hombros.
—Supongo, pedo no doctod, ¿bien? No quiedo id.
—Esperemos que no tengas que hacerlo. Según sé, papi es bastante bueno con las enfermedades. —Bella sonrió y estiró los brazos—. Dale un abrazo de despedida a mamá. Te veré más tarde, ¿de acuerdo?
—Bien, mami —dijo, abrazando a Bella.
Luego de que Bella se fuera a trabajar, llevé a Pequeña al baño para que se lavara los dientes mientras yo quitaba unas almohadas y cobijas de su cama para instalarla abajo en el sofá conmigo. Bella siempre era la que la cuidaba, así que antes de irse me escribió una lista con todas las cosas que debía hacer. La mayoría eran cosas obvias y otras que ya me había dicho, pero fue extremadamente específica sobre cómo le gustaba a Sofía estar pegada a ella, así que yo tenía que ser un buen sustituto.
Luego de sacar y alistar el Pedialyte para ella, subí las escaleras de nuevo para revisar a Pequeña.
—Amor, ¿estás lista para bajar? —pregunté abriendo la puerta del baño, sólo para encontrarla de nuevo en el piso frente al maldito inodoro—.¿Otra vez, eh?
—Haz que se detenga, pod favod —me rogó viéndome con lágrimas en los ojos.
Suspiré, me agaché junto a ella y le limpié la cara. La mañana pasó de la misma manera, con viajes hacia el baño entre caricaturas con ella acurrucada en mi costado. Le di medicina, pero no le estaba ayudando mucho. Si no mejoraba para esta noche, planeaba darle algo más fuerte para prevenir el vomito.
Se sentía jodidamente miserable, lo cual me hacía sentir de mierda por no ser capaz de ayudarla. Hice lo mejor que pude para mantenerla hidratada con Pedialyte, pero luchó contra mí cada vez que le ponía el vaso en la mano.
—¡Me va a haced vomitad! —se quejó, frunciéndome el ceño.
Intenté explicarle la lógica de que se absorbería rápidamente en su sistema para mantenerla hidratada, pero claro que ella no quería escuchar esa mierda. Probablemente vomitaría y tendría que ir más al baño.
—Puede que vuelvas a enfermarte, pero si no lo bebes, sí te enfermarás más. No quieres ir al doctor, ¿recuerdas? Si te deshidratas tendremos que ir.
Hizo un puchero, pero al parecer la asusté lo suficiente porque estiró la mano por el vaso. Bueno, ahora me sentía aún peor por asustarla.
—Pequeño tragos —dije—. Gracias.
Bufó antes de regresarme le vaso. Lo dejé en la mesa y luego la subí a mi regazo, abrazándola contra mi pecho. Besé su frente una y otra vez mientras ella soltaba una suave risita, casi irreconocible.
—Ésa es mi niña —dije sonriendo—. Ahora, ¿qué te parece si vemos una película de princesas?
—¿Endedados?
—¿Todavía no te cansas de verla? —me reí sacudiendo la cabeza. No podía contar el número de veces que había visto esa maldita película, pero yo ya me estaba hartando.
Sacudió la cabeza sonriendo un poco.
—Es mi favodita, y luego de que la veamos quiedo ved a los gatitos, ¿sí?
—¿Aristogatos?
—Sí, ¡es la favodita de mami y me gusta!
—De acuerdo entonces —dije, moviéndola hacia el sofá junto a mí—. Iré por las películas mientras tú bebes un poco más. ¿Trato?
Bufó dramáticamente y estiró la mano hacia el vaso.
—Bien.
Nuestra tarde continuó igual que nuestra mañana, pero además le saqué un par de sonrisas a Pequeña, lo cual hizo que fuera más fácil limpiarme el vomito de encima. Aunque no mucho. Odiaba que estuviera enferma, pero probablemente mi cosa favorita en todo el mundo era pasar el día con mi pequeña. No dejaba mi regazo a menos de que fuera necesario y durante el día me dio muchos besos en la mejilla. El dolor de estómago la hizo llorar, así que hice lo que Bella dijo y le sobé la pancita con mi mano. Eventualmente se quedó dormida.
Para cuando Bella llegó de su reunión, Sofía ya llevaba horas sin estar enferma, así que intentamos darle sopa. Se sentó entre nosotros, tomando cautelosamente la cantidad más pequeña de caldo que pudiera comer.
—¿Crees que podrá mantener esto dentro? —preguntó Bella mirándome sobre la cabeza de Sofía.
Me encogí de hombros y suspiré.
—Ha estado muy enferma hoy, pero no durante las últimas horas. Durmió bien, así que espero que ya haya pasado lo peor. Aunque si no puede mantener esto dentro, iré al hospital por un poco de Zofran.
Bella asintió pasando la mano por la espalda de Pequeña.
—¿Sabe bien, corazón?
—Uh-huh —murmuró Pequeña.
—¿Vieron muchas películas papá y tú?
—Me dejó ved Endedados, a los gatitos y Up. Y también me abdazó. Vomité en él pedo no se enojó.
Sonrió mirándome.
—Claro que no, cariño. ¿Por qué no me cuentas sobre Up, hmm? Hace mucho que no la he visto.
Mientras le contaba a Bella sobre la película y nuestro día, Pequeña logró comerse casi la mitad del la sopa. Desafortunadamente no pudo contenerla por mucho tiempo. La revisé de nuevo y todos los signos señalaban virus estomacal, así que la dejé con Bella e hice un rápido viaje hacia la farmacia del hospital por la receta médica.
Para ser honestos me estaba preocupando un chingo. Era difícil recordarme que este era sólo un caso difícil de gastroenteritis cuando muchos otros diagnósticos me llegaban a la mente. Tan difícil, de hecho, que decidí llamar a mi papá.
Él me ha calmado muchas veces antes cuando Sofía ha estado enferma de algo, así que esperaba que ahora pudiera hacer lo mismo. Le dije todos sus síntomas, cuánto tiempo llevaba enferma, cuántas veces había vomitado y cada pequeño detalle que pude recordar.
Como ya sabía, me dijo que era un virus estomacal y que sólo tendríamos que esperar a que pasara.
—Lo sé —suspiré volteando en nuestro camino de entrada—. Supongo que sólo… necesitaba tu opinión.
—Dale la medicina y mantén un ojo en ella, ¿de acuerdo? Estoy seguro de que mejorará mañana, el Zofran la ayudará a retener los fluidos y mantenerla hidratada. Estoy seguro de que no tienes nada de qué preocuparte, hijo.
—De acuerdo, gracias, papá. Te diré cómo sigue en la mañana.
—Por favor. Si te sirve de consolación, juro que es menos terrorífico con el segundo hijo.
—Es bueno saberlo —me reí entre dientes—. Acabo de llegar a casa, así que te tengo que colgar.
—Bien, dale un beso de nuestra parte. Te queremos, hijo.
—También los quiero —dije antes de colgar y cerrar la puerta del garaje detrás de mí.
Cuando volví a entrar encontré a Sofía y Bella todavía en la sala. Mi esposa tenía a nuestra niña envuelta en una cobija, abrazándola en su regazo.
—Se siente muy mal, Edward —dijo Bella, mirando con el ceño fruncido a Pequeña—. Vomitó dos veces mientras no estabas. No es normal, ¿o sí?
Dejé la bolsa café que contenía la medicina en la mesita de centro y me senté junto a ellas, poniendo mi mano en la frente de Sofía. Seguía un poco caliente, pero la fiebre no había subido.
—La sopa no le hizo bien —dije—. Aunque esta medicina la ayudará. Papá también piensa que es un virus estomacal, así que tiene que pasar.
Asintió pasando una mano por el cabello de nuestra hija.
—Siéntate para que te tomes la medicina, cariño.
—No me gustan las pastillas —dijo Pequeña haciendo un puchero.
—Entonces es bueno que haya traído jarabe, ¿eh? Papi sabe lo que hace. —Sonreí agarrando la bolsa mientras Bella la sentaba.
Luego de que le di la medicina recé porque no la fuera a regresar. Pasaron cinco minutos, luego diez, y veinte, y logró mantenerlo dentro.
Carajo, gracias a Dios.
Pasamos el resto de la tarde en el sofá. Pequeña estaba contenta con dormir en mi regazo y con las piernas sobre Bella, y renegó cada vez que la desperté para beber más Peidlyte. Cerca de medianoche finalmente la acostamos en su cama y nos dirigimos a nuestra habitación, dejando ambas puertas abiertas para poder escucharla.
—¿Y cómo te fue en la reunión? —le pregunté cuando nos acostamos.
Bella recostó la cabeza en mi pecho y suspiró.
—Mi baja por maternidad empieza un mes antes de la fecha del parto. Supuse que eso me da tiempo suficiente para tener listos todos esos detalles como tener la ropa lavada y terminar el cuarto; algo que quiero empezar a hacer en cuanto sepamos qué vamos a tener.
—Un mes es tiempo suficiente —asentí—. Sólo quiero que seas feliz, pero no quiero que te estreses mucho.
—Tenemos una hija de cinco años —se rió—. Me estreso todos los días, igual que tú. Estaré bien, Edward. No lo he decidido todavía, pero puede que me tome libre el siguiente año.
Sonreí sabiendo que si lo decía era porque probablemente lo haría. No era que no quisiera que ella trabajara, pero… sí, no quería que trabajara. Al menos no de inmediato. Sabía que podía hacerlo, pero también sabía lo mucho que disfrutó estar en casa con Pequeña esos primeros años.
—Puedes hacer lo que quieras. Te apoyaré.
Sonrió y rodó los ojos.
—No te pongas tan feliz. Eventualmente tendré que volver a trabajar, pero tengo muchas ganas de hacer lo que hice con Sofía. Tuvimos esos primeros años para conectarnos, y quiero hacer eso con este bebé también. Además, será más fácil porque podré llevar a Sofía a sus actividades extraescolares y así pasar más tiempo con ella. Hasta ahora ha estado muy bien, ¿no crees? Quiero decir, no se ha puesto celosa para nada.
—Ha estado increíble. Estoy seguro de que en cuanto se siente mejor, volverá a besar tu estómago y a hablarle al bebé —me reí entre dientes.
—Eso espero. Extrañé que lo hiciera hoy.
Bajé la cabeza para besar su frente.
—Sabes, yo tampoco he podido hablar con él hoy. Date la vuelta.
Se rió, pero hizo lo que le pedí. Bajé por su cuerpo para acostar la cabeza en su estómago. Todavía no se le notaba, y la única diferencia que había en su cuerpo eran sus pechos.
Joder, lo mejor del mundo.
—Hola —dije acariciándole el estómago—. Gracias por los pechos.
—Dios, Edward —se rió pegándome en la cabeza—. Le agradeces todos los días.
—¡Son unos pechos increíbles! —sonreí—. Como sea, no puedo esperar para verte de nuevo en unas semanas. Entonces podremos dejar de llamarte "él o ella", será agradable. Intentaré no ser tan neurótico cuando te enfermes, pero no puedo hacer ninguna promesa. Podrás quejarte con Sofía por eso. Ya te amo… más y más cada día. No puedo esperar para conocerte.
Besé su estómago antes de levantar la cabeza y encontrar a Bella llorando… como hacía cada noche que hablaba con nuestro bebé. Casi siempre decía lo mismo, pero sus hormonas seguían controlándola.
—Te amo, Bella —dije, presionando mis labios con los suyos.
—También te amo —dijo, sonrió al separarnos—. Gracias por cuidar a nuestra niña hoy. Me dijo que aunque no se sentía bien, tú la hiciste feliz. Ama los cariñitos de su padre.
—Pues yo amo los cariñitos de Pequeña.
—Eres un papá maravilloso. Nunca entenderé cómo es que alguna vez lo dudaste.
—Tienes que admitir que fue un poco duro al principio.
Sacudió la cabeza.
—No, es sólo que tenías que aprender algunas cosas, cosas que entendiste bastante rápido. No puedo esperar para tener otro bebé contigo.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!
Siguiente actualización: 3 de marzo
