Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 6: Llena de amor

—No.

—Pero, Edward…

No.

Haría casi cualquier cosa por Sofía, pero de ninguna jodida manera iba a hacer esto. Era humillante, vergonzoso y simplemente… horrible. Tan jodidamente horrible. También el Halloween pasado fue malo, pero no tanto como ahora. Bella y yo fuimos vampiros y Pequeña fue una bruja. El año antepasado no fui porque tuve que trabajar, gracias a Dios. Y antes de eso no nos disfrazamos porque a Sofía realmente no le importaba.

Aunque ahora sí le importaba.

Más bien lo exigía.

—Le romperás el corazón si no lo haces —dijo Bella, mirándome con esos jodidos ojos. Se abrían mucho y básicamente me rogaban porque hiciera lo que ella quería.

—Mentiré y diré que tengo que trabajar hasta tarde.

—Y luego se enojará contigo.

Pequeña estaría enojada, pero… quizá podría manejar eso. Compensárselo con algo. Todo lo que sabía es que no existía posibilidad alguna de que yo fuera a ser el jodido espantapájaros de Mago de Oz para Halloween.

—Chingado, ¿por qué tenemos que ir coordinados? —pregunté sentándome en la cama—. Soy un hombre adulto y sí, amo a mi niña, pero… esto es una exageración.

—Ella de verdad quiere esto. ¿Crees que quiero meterme en ese apretado vestido para ser Glinda? Porque no quiero, pero ella tiene muchas ganas de ser Dorothy, Edward. ¿Podrías hacerlo por mí, por favor? La convencí de no ponerte mallas. Quería que fueras el Príncipe Encantador.

Jesucristo, me hubiera suicidado.

Se sentó en la cama junto a mí y me sobó la espalda. Ellas fueron hoy a elegir los disfraces porque Pequeña esperó hasta el último minuto para decidirse. En tres días era Halloween y me aseguré de tener la noche libre para acompañarlas por el vecindario.

Ahora deseaba no haberlo hecho.

—Si hago esto, evadimos a todos mis compañeros de trabajo y la casa de tu papá, ¿entendido? —pregunté.

Se rió.

—Tenemos que ir a la casa de papá, pero podemos evadir a todos los demás. Nos quedaremos en su vecindario, ¿de acuerdo?

Suspiré pero asentí. A la chingada mi vida. De verdad iba a hacer esto. ¿Por qué no podía ser vampiro de nuevo? Al menos así podría usar colmillos.

—Bien, pero cuando seamos viejos más le vale ponernos en un buen asilo. No quiero un lugar barato donde me salgan llagas.

Rodó los ojos y sacudió la cabeza.

—Creo que todavía tenemos tiempo antes de tener que preocuparnos por eso.

Puse mi mano en su mejilla, jalé sus labios a los míos y la besé suavemente. Seguía sin querer hacer esto, pero ahora ella me debía una.

Siempre era bueno cuando me debía una.

—Ahora vayamos a cincelar calabazas —dijo sonriendo—. Deja de fruncir el ceño y vete a la cocina.

Me jaló para pararme y le pellizqué el trasero al guiar el camino. Pequeña estaba pacientemente sentada en el mostrador, hojeando un libro con diseños para calabazas. Sonrió, mostrando el hueco que quedó donde se le había caído uno de los dientes de leche ayer.

—¿Y qué compraste con el dinero que te dio el hada de los dientes? —le pregunté al sentarme junto a ella. Bella me dio un poco de periódico y comencé a extenderlo por el mostrador.

—Un libdo de colodead y madcadodes —dijo emocionada, se bajó del taburete y se tropezó en el proceso, pero se estabilizó antes de caer de cara. Rápidamente corrió fuera de la sala con un chingo de entusiasmo.

—Le di un poco de dinero extra —dijo Bella—. No pensé que te molestara.

Me encogí de hombros riéndome entre dientes.

—Otro día podemos enseñarle sobre eso. ¿Te agradeció?

—Claro que sí. Por cierto, las calabazas gigantes que ella eligió están en el carro, así que decidí que tú podrás traerlas.

Pequeña me enseñó su nuevo libro para colorear de las princesas y sus marcadores, luego salí por las gigantes —Bella no exageró en eso— calabazas y comenzamos a cincelar. Sofía se aseguró de decirme que iba a ser el espantapájaros más guapo del mundo, así que la perdoné por obligarme a usar el maldito disfraz.

Bueno, la había perdonado hasta que, unos días después, tuve que ponerme la estúpida cosa para ir por dulce o truco. A la chingada mi jodida vida era completamente apropiado aquí. Al menos no estaba sufriendo solo. Bella había empezado a mostrar el embarazo —era sólo un bultito pequeño y hermoso—, así que no fue como meterse en el vestido.

Pequeña, por otro lado, era la niña más feliz del mundo. Sostuvimos sus manos al llevarla a todas las casas en el vecindario de Charlie. Por cierto, él fue un cabrón y se partió el culo riéndose de mí. Aunque Sofía le lanzó una mirada de muerte, eso me ayudó un poco.

En cada casa que iba, Pequeña taconeaba sus zapatillas rojas de plástico infantiles y los ocupantes terminaban adorándola, dándole demasiados dulces. Ella se divirtió mucho, y yo eventualmente olvidé lo ridículo que me veía porque ella estaba feliz, eso era todo lo que importaba.


—Cinco piezas —dijo Pequeña cruzando los brazos sobre el pecho mientras yo revisaba sus dulces para asegurarme de que todo estuviera bien.

—Dos.

Bufó ante mi contraoferta y miró a Bella con un puchero.

—Mami, ¿puedo, pod favod, tened cinco piezas hoy?

Tuve que reírme. No consiguió lo que quería de mí, así que acudió a su mamá. Ya tenía tiempo jugando en ambos lados, pero nosotros ya habíamos aprendido. Eso de hacer un frente unido y esas mierdas.

—Creo que dos son suficientes por hoy, cariño —dijo Bella, estirándose en el piso junto a mí.

Nos quitamos los disfraces en cuanto llegamos a casa, pero Pequeña seguía usando el suyo. No me sorprendería si intentaba dormir en él esta noche. La niña era la Dorothy más adorable que había existido.

—¿Tdes? —preguntó Sofía—. ¿Pod favod? Y los dejade que agaden unos.

Me reí, agarré una pieza, la abrí y me la eché a la boca.

—Yo puedo comer todos los que quiera.

—¡No! —gritó, echándose sobre mí y presionando ambos lados de mi cara con sus manos—. ¡Mami, dile que son míos!

—Compartimos, ¿recuerdas? —preguntó Bella—. Pero, sabes, Edward, se supone que debes pedirlos.

Sonrió mientras yo intentaba masticar el tootsie roll, aunque Sofía me lo estaba haciendo difícil. Luego de pasármelo, dije:

—Lo lamento. ¿Le das uno a papá?

Entornó los ojos bufando.

—Ya te lo comiste. Ahoda me tocan tdes.

Supongo que era justo. Tres eran mejores que cinco, así que Bella y yo cedimos y la dejamos elegir sus tres piezas antes de meter todo a la bolsa y subirlo al refrigerador, para que ella no pudiera alcanzarlo. Ella podía convertirse en una jodida bandida, así que no me sentí mal por agarrar unas piezas más antes de subir la bolsa.

Aunque yo sí las compartiría con mi Mordelona.

Luego de que Bella la metiera a bañar y la acostáramos, le leí una historia a Sofía mientras ella se quedaba dormida. Después de estar enferma hace unas semanas, ya volvía a su personalidad perfectamente feliz y exuberante. Gracias a Dios también porque me morí de preocupación cuando esa noche volvió a despertar enferma. Otra dosis de Zofran la ayudó inmensamente, pero también me quedé en casa con ella el día siguiente.

—¿Ya se durmió a causa del coma auto inducido a base de dulces? —preguntó Bella sonriendo cuando me uní a ella en la cama. Puso su libro en su regazo y pasó una mano sobre su pequeño bulto.

—Hubiera intentado terminarse toda la maldita bolsa esta noche si la hubiéramos dejado —me reí—. Tres piezas no fueron suficientes.

—Le diste otra, ¿no?

Sonreí encogiéndome de hombros.

—Sí, pero la hice lavarse los dientes de nuevo. Ahora, creo que me debes un favor.

Me estiré junto a ella, tomé su libro y lo dejé en el buró mientras presionaba mis labios con los suyos. Su mano se metió entre mi cabello, gimió al profundizar el beso.

Síp, iba a tener suerte esta noche.

Joder, sí.


—¿Cuánto falta para que salga? —preguntó Pequeña, poniendo sus manos en el estómago de Bella.

Siendo Bella tan pequeña, su bultito de dieciséis semanas era bastante obvio y Sofía estaba jodidamente fascinada por él. No podía apartar las manos de ahí, así que luego de sentarnos en el sofá después de la cena, olvidó todo sobre sus juguetes y se fue directo a él. Estaba de pie entre las piernas de Bella, mirando con los ojos bien abiertos al levantar la blusa de Bella.

—Va a tardar un tiempo, corazón —dijo Bella—. ¿Cuándo es abril?

—Después de marzo.

No pude evitar sonreír ante su correcta pronunciación de marzo. Era un avance relativamente nuevo, y la primera vez que dijo de manera correcta una palabra que tuviera la R, la miré dos veces. En realidad la asusté un poco porque ella no lo notó al principio. La cargué en brazos y la hice repetirlo una y otra vez mientras yo actuaba como un jodido imbécil a causa de mi entusiasmo. Todavía estaba lejos de hablar perfectamente, pero la terapia del habla había comenzado a hacer su trabajo.

—Bien —dije—. Y ahora estamos a noviembre, así que, ¿cuántos meses son?

Alzó las manos para contar los meses.

—Um… ¿seis?

—Piénsalo así, cariño —dijo Bella, contando con sus manos para ayudar a Pequeña—. De noviembre a diciembre es un mes, luego de diciembre a enero son dos, enero a febrero son tres, febrero a marzo son cuatro y luego de marzo a abril son cinco. Así que todavía nos faltan cinco meses. No es tanto tiempo, ¿verdad?

—Sí-huh —dijo Sofía, rodando los ojos—. ¿Puede llegar antes? Quiero saber si voy a tened hedmanito o hermanita.

—Tiene que crecer, Pequeña —dije—. Necesita todos esos meses para crecer lo suficientemente fuerte. Mientras está en mami, ella le da todos los nutrientes que necesita, para que cuando sea hora de que nazca, lo haga saludable. Pero en unas semanas sabremos si es niño o niña. La doctora de mami hará otro ultrasonido. ¿Recuerdas esa foto de aspecto gracioso que está en el refrigerador?

—Uh-huh. La que está en blanco y negro —asintió.

—Sí, la doctora de mami hará otro de esos y podremos saber si es niño o niña.

—¿Puedo ver mi foto cuando estaba en la panza de mami?

Abrí los ojos como platos viendo a Bella. Hijo de puta, ni siquiera había pensado en que preguntaría sobre Bella embarazada de ella. Jamás durante la vida de Pequeña le habíamos contado que Bella la había adoptado. Era demasiado pequeña cuando eso pasó que ni siquiera se dio cuenta de qué estaba sucediendo.

—No tomamos ninguna —mentí.

—Edward —susurró Bella, Pequeña nos miraba con curiosidad—. ¿Quizás?

No.

Carajo no.

No quería que Sofía supiera que Bella no era su madre biológica, nunca. Hablamos sobre eso y decidimos que no le diríamos. Al menos no mientras ella siguiera siendo tan pequeña. Después de todo, ¿qué niña de cinco años miraba a su madre y se daba cuenta que no tenía la misma nariz, los mismos labios u orejas? Pequeña se parecía a mí. Se enorgullecía de parecerse a su papi.

—¿Por qué no la tienen? —preguntó Pequeña ladeando la cabeza—. Tienen la del bebé.

—Intentaremos encontrarla, ¿de acuerdo, cielo? —dijo Bella forzando una sonrisa—. ¿Por qué no vas a jugar mientras buscamos?

Asintió haciendo que sus rizos rebotaran y sonrió.

—¡Bien! Por favor encuéntdenla. ¡Quiedo ver!

—Vayamos a hablar —susurró Bella antes de ponerse de pie y agarrar mi mano.

Podía sentirme apretando la mandíbula mientras la seguía por las escaleras. Lo que Kate hizo seguía enojándome cada vez que pensaba en ello. Siempre lo haría. ¿Estaba feliz de no tenerla en nuestras vidas? Sí… lo estaba, pero eso no cambiaba el hecho de que ella había lastimado a mi hija, incluso si Sofía no lo sabía. Ella la abandonó. No amaba a su propia carne y sangre. Cómo es que no amaba a la niña más dulce y perfecta del mundo, era la cosa más loca que podía existir para mí.

No volvimos a tener contacto con ella luego de dejar Nueva York, y eso estaba bien para mí.

—Va a recordar esto, Edward —dijo Bella, cerrando la puerta de la habitación detrás de ella mientras yo me dejaba caer en la cama, tapándome la cara con las manos—. Un día cuando lo descubra; porque sabes que no podemos esconder esto para siempre, va a recordar este día y se dará cuenta de que le mentimos. Yo… yo pensé que el bebé podría alzar el tema, he estado leyendo sobre el asunto.

Alcé la cabeza de golpe y entrecerré los ojos.

—¿Pensaste en esto y no me dijiste?

—¡No estaba segura! —susurró ásperamente—. Sólo lo consideré brevemente cuando lo descubrimos, pero hace unas semanas volví a pensarlo. No me sorprende que tenga preguntas. ¿A ti sí? ¿De verdad?

Sofía era una pequeña inquisitiva e inteligente. No sabía por qué no había considerado que nos haría preguntas.

—Yo… no quería pensar en ello —suspiré—. Dios, si pudiera borrar a Kate de mi memoria, lo haría. Créeme.

—Claro que sí —dijo, sentándose junto a mí—. Si yo pudiera dar a luz a nuestra hija, regresaría el tiempo en este instante. Pero no es así como funciona. Amo a Sofía como si yo la hubiera parido. Nunca nada cambiará eso. Ni siquiera este bebé… nada.

—Pero, ¿y si ella no lo piensa de esa manera? Es una niña, Bella. ¡Tiene cinco años! No entiende estas cosas.

—Puede que sí. Quiero decir, si se lo explicamos y le aseguro que jamás amaré más a este bebé que a ella; que es exactamente el mismo tipo de amor, quizá lo entenderá. Los niños son más inteligentes de lo que creemos, ¿sabes? Ella es más inteligente de lo que nos damos cuenta.

Sacudí la cabeza pasándome la mano por el cabello.

—No quiero lastimarla.

Carajo, no quisiera lastimar jamás a Pequeña, y esto bien podría hacerlo. ¿Cómo demonios le explico que la cagué? Que embaracé a una mujer que apenas conocía y que esa mujer no la quería; que al principio yo no estaba seguro de quererla. Me odiaba por hacerle esto a mi hija.

—Yo tampoco. —La voz de Bella se rompió, y al alzar la mirada me encontré con lágrimas bajando por sus mejillas—. No quiero decirle que no soy su verdadera madre. Porque sí lo soy. Me aterra que me vaya a ver de diferente manera. No quiero esto, Edward, pero no podemos mentirle. Sólo lo empeorará cuando se entere de la verdad. No quiero que me odie por pretender ser algo que no soy.

Su cuerpo tembló al sollozar. La envolví con mi brazo, jalándola a mi pecho. Una vez más me portaba como un jodido egoísta, pensando sólo en cómo me afectaba esto a mí, cuando le afectaba a ella de igual manera. Yo era el papá de Pequeña. Era mi sangre la que corría por sus venas, mi cabello sobre su cabeza y mi sonrisa torcida en sus labios.

Pero Bella… Bella la crió. Bella la amó, no porque tenía que hacerlo, sino porque quería. Bella era su mamá; a la chingada con el ADN. Pequeña podría dudar de eso. Ese pensamiento me causaba más dolor del que podía expresar, así que era obvio que debía estar matando a Bella.

—Lo lamento —dije, abrazándola mientras lloraba—. Yo no… carajo, no pensé. Tú eres su mamá, Bella. Ella lo sabe. Eres la única mamá que ha conocido y que conocerá. Lamento un chingo no haber pensado en ti. No la dejaré pensar que no eres su madre. Ni siquiera por un segundo. Tú eres la razón por la que ella es quien es. Madre biológica o no, eso no lo cambiará.

—Yo sólo… tenemos que decírselo ahora —dijo Bella mientras yo le limpiaba las lágrimas—. No puedo mentirle. La amo demasiado para seguir mintiendo. No importa que yo no la haya parido. Al menos a mí no me importa. La veo y miro a mi hija; no a la de Kate.

Asentí.

—Supongo que será mejor hacerlo ahora que dejarlo para después. Sería peor si se entera por alguien aparte de nosotros.

—Y no quiero que piense que le mentimos.

—Mami, papi —gritó Pequeña al otro lado de la puerta, tocando con fuerza—. ¿Puedo entrar?

Limpié las lágrimas de Bella, y asintió sollozando.

—Es hora.

—Te amo.

Sonrió con tristeza y ladeó la cabeza para besarme.

—También te amo.

Me paré de la cama, suspiré al acercarme a la puerta y la abrí para encontrar a Sofía del otro lado con una mirada de curiosidad.

—Entra, corazón.

—¿Qué pasa? ¿Mami? —Corrió hacia la cama, se subió junto a Bella y se sentó en su regazo. Bella la abrazó con fuerza, besándole la cabeza—. ¿Por qué estás tdiste, mami? Está bien si no encontdadon mi foto.

—No, no la encontramos, Pequeña.

Me senté junto a ellas, y le besé la frente sin poder detenerme. Respiré profundamente sabiendo que yo tenía que comenzar esto. Mis acciones lo causaron. Claro, si yo no me hubiera acostado con Kate, ella no estaría aquí, no podía arrepentirme de eso ni por un instante. Aunque sí hice esto, así que necesitaba ser yo quien comenzara la conversación más difícil de mi vida.

—No la encontramos porque no la tenemos —dije—. No la tenemos porque… no tomamos la foto de ti en la pancita de mamá. A diferencia de tu hermano o hermana, tú no creciste allí. Tú creciste dentro de otra mujer.

—Pero… ¿cómo?

—Cariño, tú creciste en mi corazón —dijo Bella, acariciándole la mejilla—. No te di a luz, pero eso no cambia lo mucho que te amo. Sé que esto es confuso, pero te lo explicaremos, ¿de acuerdo?

—Eres mi mami, ¿vedad?

Asintió con fervor.

. Yo soy tu mami, y también voy a ser la mami de este bebé.

—Los bebés llegan al mundo de la misma manera —dije, sabiendo que tendría que admitir cómo pasó en realidad—. Sé que te dije qué pasa cuando las mamis y los papis se aman, pero a veces pasa por accidente. Y, a veces, esa mami no está lista para ser una mami. No sé por qué pasa eso, pero pasa.

—Yo fui un… ¿accidente? —preguntó Sofía, su labio inferior sobresalía.

—El mejor accidente del mundo. A veces los accidentes son cosas buenas. Cosas muy, muy buenas. La mujer en cuyo vientre creciste no estaba lista para ser una mami, así que estuvimos tú y yo solos por un tiempo. En realidad eso no es cierto. Estuvimos tú y yo solos por una hora.

Sonreí, mirando como los labios de Bella se curvaban.

—Entonces… ¿cómo es que mami es mi mami?

—Como dije, creciste en mi corazón —dijo Bella, abrazándola con más fuerza—. En el momento en que te vi, mi corazón creció y me di cuenta de que era mami. El que no hayas crecido en mi vientre no significa que no sea tu mami. Más bien piensa en lo especial que eso te hace para mí. Te encontré y mi corazón creció tanto de amor que no pude contenerlo. Explotó con amor. Igual que con el bebé que está dentro de mí, no hubo otra opción.

—No entiendo.

Asentí.

—Lo sé, cielo. Es muy confuso.

—No, entiendo que mami es mi mami, pero, ¿qué pasó con mi otra mami? ¿Tengo dos?

—Su nombre es Kate —suspiré al sentir las lágrimas formándose en mis ojos—. La conocí cuando era joven, tú creciste en su vientre. Pero ella no estaba lista para ser una mami, así que te entregó a mí. No sé por qué no estaba lista, cariño. No tienes dos mamis. Kate no es eso para ti, pero está bien porque le dio la oportunidad a mami para encontrarte. Ella estaba destinada a ser tuya y tú estabas destinada a ser de ella.

Frunció el ceño y se mordió el labio, igual que Bella.

—¿Tengo dos papis?

—No —dijo Bella—. Papi te creó con Kate.

—¿Lo va a hacer de nuevo con otra mujer? ¿Voy a tener más hedmanos y hedmanas?

No —recalqué la palabra, y debí darme cuenta antes que eso regresaría para morderme el culo—. Ahora amo a mami y sólo a mami. La única forma en que tendré más bebés es si los creamos juntos.

—¿Amabas a Kate?

Jodido Jesucristo. Iba a tener que explicarle que la cagué. Y la verdad me lo merecía. Luego de todas las pendejadas que hice antes de tener a Sofía, me merecía algo mucho peor.

—No, no la amaba. Cometí un error, pero eso no significa que tú seas un error. ¿Lo entiendes? Papi lo hizo y no tiene nada que ver contigo.

—¿Te metiste en pdoblemas?

—No fue ese tipo de error —dijo Bella, intentando no reír.

Las noches en vela, los pañales llenos de mierda y la dentición fueron mis castigos por no mantener mi polla en mis pantalones, aunque no iba a decirle eso a Sofía. Y eran castigos que volvería a hacer felizmente por ella. Castigos que volvería a hacer con nuestro siguiente bebé.

Valían la pena y mucho más.

—Entonces, ¿lo entiendes, amor? —pregunté—. No creciste en el vientre de mami, pero eso no cambia que ella te ame más que a nada en el mundo.

—Soy especial porque hice que su codazón explotada con amod. —Sonrió mirando a Bella.

—Exacto, cariño —Bella asintió sonriendo—. Y voy a amar a tu hermanito tanto como a ti. Aunque tú siempre serás mi pequeña especial. Este bebé no cambiará eso. El que esté creciendo en mi vientre no cambia nada.

—Sigue siendo confuso, pero si mi mami es mi mami, lo entiendo.

Bella enterró el rostro en el cabello de nuestra hija mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

—Yo soy tu mami.

—La manera en que hayas llegado a este mundo nunca cambiará eso —dije, envolviéndolas a ambas con mis brazos y besándoles las mejillas—. Te amamos muchísimo, Pequeña.

—También los amo —dijo—. Está bien, mami. Ya no estés triste.

—Cariño, son lágrimas de felicidad. Estoy muy feliz de que sepas que yo soy tu mami. Muy, muy feliz. No quiero que estés confundida, eso es todo. Puedes preguntarnos todo lo que quieras, ¿de acuerdo?

Le limpió las lágrimas y besó la cabeza de Pequeña mientras yo seguía con ambas en mis brazos. Esta fue la conversación más terrorífica que había tenido con mi hija, y sabía que todavía no terminaba. Cuando creciera lo entendería mejor, tendría preguntas y dudas, pero esperaba que recodara esta conversación; que recordara lo feliz que estaba Bella al saber que ella sabía quién era su madre.

Porque, sin importar cómo haya llegado a este mundo, Bella era su mamá. Era el amor lo que importaba, no la forma. Y Bella amaba a Sofía tanto como yo; siempre la había amado.


Todavía faltan un par de capítulos para saber el sexo del bebé.

Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!