Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
A Few More F Words
Capítulo 7: Primer recital
Pequeña se quedó dormida temprano, así que Bella y yo decidimos irnos a la cama y disfrutar esta noche de un tiempo en paz. Había sido pregunta tras pregunta después de que le contáramos de Kate hace unos días. Entendía que ella quisiera saber todo, pero en algún momento ya no tendríamos más respuestas que darle. Ya sabía más de lo que yo quería decirle, pero nos rogó a Bella y a mí que le contáramos exactamente cómo es que Bella se convirtió en su mamá.
Fue jodidamente extraño contarle sobre nuestra relación al principio, pero al mismo tiempo me gustaba recordarlo. Bella lo puso de una manera que no parecía tan mala como yo lo recordaba. Le contó a nuestra hija cómo era yo con ella; esos pequeños detalles que ya había olvidado. Incluso le mostramos los vídeos que había tomado de sus logros.
Le encantaron un chingo.
Viéndolo bien, decirle la verdad no fue tan malo como temí. Era tan pequeña que no creí conveniente decírselo ahora, pero parecía que habíamos tomado la mejor decisión. No estaba enojada por descubrir que Bella no era su mamá biológica. De hecho, se tomó muy apecho toda la cosa de "creciste en mi corazón", hasta el punto de decir que era especial por eso, lo cual era verdad. Aún así, seguía temiendo cuando llegara el momento de que se enojara de verdad. Sabía que eso tendría que pasar, pero por ahora intentaba no pensar en ello.
Lo manejaríamos de la misma forma en que se lo habíamos dicho: como familia.
—Intento no sentirme "ay, soy yo que está engordando", pero sí me siento así —dijo Bella haciendo un puchero. Estábamos en la cama y se sobó el estómago, trazando las estrías casi invisibles que habían comenzado a salir.
Durante la última semana, su bultito había crecido bastante, haciéndose más prominente.
—Claro que no estás gorda, no deberías sentirte así —dije, girándome de lado—. Con gusto te recordaré lo preciosa que eres en cualquier momento.
Sonrió estirando una mano para acariciarme la mejilla.
—¿Quién te dijo que dijeras eso?
—Es invención mía —me reí entre dientes—. Puedo ser romántico, sabes. Soy como Casanova.
—Oh sí, claro que sí. —Rodó los ojos—. Pero gracias por decirlo. Mis jeans ya no me quedan y me salió un barro por primera vez en diez años, aún así creeré tu mentira.
—Es un barro adorable. —Sonreí. En realidad no lo era, pero, ya sabes, tenía que decirlo. Además, no era tan notorio. Si ella no lo hubiera dicho, yo no lo habría visto—. Y no estoy mintiendo.
Alcé la cabeza para besarla. Mi mano, que había estado en su estómago, se movió hacia el norte para probar las aguas. No me golpeó para que la quitara, así que brindemos por eso.
—Eres hermosa, Bella.
—Te amo.
Sonreí contra su cuello.
—También te amo. ¿Te parece bien esto?
Agarró un puño de mi cabello, llevando mis labios de regreso a su boca.
—Claro que sí. Aunque debes perder los bóxers.
Me aparté para quitármelos antes de que ella pudiera cambiar de parecer. Sonreía de manera hermosa, viéndome de cerca. Aunque antes de que yo volviera a acomodarme, ella se subió sobre mí, acarició mi pecho con sus manos mientras presionaba sus labios con los míos. Claro, últimamente no siempre estaba de humor, pero cuando lo estaba, Jodido Jesucristo, era increíble.
Y claramente hoy sí estaba de humor.
—Me haces sentir sexy —dijo, apartándose y poniendo su frente en la mía—. Siento que mi cuerpo ya no es el mío, pero tú sigues haciéndome sentir como siempre. Te amo por eso.
—Eres sexy. Eres preciosa y nada cambiará eso. Esas marcas apenas visibles que comienzan a salir… no son feas. Vas a tener a nuestro bebé, así que nada que pase debido a eso te hará menos hermosa para mí.
—¿Ves? —dijo, sonrió a pesar de que se le llenaron los ojos de lágrimas—. Haces eso. Dejas de lado tu humor y dices cosas dulces cuando lo necesito.
—Es la verdad —sonreí besándola suavemente—. Puedo hacer una broma si quieres.
—No arruines el momento —se rió y la volteé acostándola sobre su espalda.
En cuestión de segundos le quité la blusa y las bragas, y me dediqué a besarla. Mis labios paseaban por su mandíbula y cuello mientras ella tarareaba satisfecha, rogando suavemente por más. Le daría a esta mujer cualquier cosa que me pidiera y mucho más, así que no desperdicié más el tiempo. Mis dedos se deslizaron dentro de ella, moviéndose rápidamente mientras gemía mi nombre.
Últimamente me había dicho que el sexo era mucho mejor que antes; una de sus partes favoritas del embarazo era cuando estaba de humor. Joder, a mí me encantaba que fuera mejor. Su felicidad era lo más importante del mundo para mí; algo completamente opuesto a lo que solía ser cuando yo estaba con alguien. Claro, yo quería correrme, pero ahora también me importaba que ella lo hiciera.
¿Y en últimas fechas? No costaba mucho. Unos cuantos movimientos de mis dedos y frotar su clítoris la hacían gritar mi nombre en tiempo récord. Mis labios se presionaron contra los de ella, tragando sus gritos al venirse.
Me aparté para mirarla con una sonrisa. Sus mejillas y su pecho estaban sonrojados y tenía los ojos cerrados; sonreía suavemente. Era jodidamente maravillosa, y yo era el hombre más afortunado del mundo.
—Te amo —susurró cuando me moví entre sus piernas.
Acaricié su mejilla, bajando la cabeza para besarla mientras entraba lentamente en ella.
—También te amo.
Se sentía jodidamente increíble alrededor de mí, como siempre. Mientras movía mis caderas en ella, ella gritó mi nombre una y otra vez, lanzando un "Jodido Jesucristo" en cierto momento. No maldecía muy seguido pero, carajo, me encantaba cuando lo hacía.
—Eres la bailarina más bonita de todo el mundo —me reí entre dientes, arrodillándome frente a Pequeña en los bastidores de su primer recital—. Vas a hacerlo muy bien, así que no te pongas nerviosa.
Se mordió el labio mirándose los pies.
—Pedo, ¿y si apesto?
Podía contar con una mano la cantidad de veces que Sofía había estado nerviosa en toda su vida. Cuando comenzó la escuela, sus vacunas más recientes, cuando rompió un florero en casa de mamá por accidente y pensó que estaría en problemas, y hace unos días cuando le contamos sobre Kate. Era la niña más valiente que había conocido, pero justo ahora ése no era el caso.
Estaba a punto de salir al escenario por primera vez. Cierto, probablemente sólo había como dieciséis personas en la audiencia, pero para ella eran miles de personas. Chingado, odiaba verla tan lastimosa, pero también era algo… lindo.
Mi bebita le dijo a Bella que me necesitaba a mí, así que corrí directo a ella en los bastidores.
—No apestarás —le dije acariciándole la mejilla—. Es normal estar nerviosa, amor.
—Tú no te pones nedvioso, papi.
—¿Yo? —me reí sacudiendo la cabeza—. Me pongo nervoso todo el tiempo, al igual que mami y todos los demás. Es normal. Supongo que sólo eres una niña normal, ¿eh?
Ladeó la cabeza y entrecerró los ojos como si la hubiera ofendido.
—Soy especial.
—Mis disculpas, claro que lo eres, pero incluso las pequeñas especiales se ponen nerviosas. No quieres renunciar.
Asintió.
—Sí, sí quiedo.
—Pero no lo vas a hacer. Vas a salir a ese escenario y todos van a ver lo increíble que eres. Porque eres mi pequeña. Mi pequeña no renuncia, ¿verdad?
Bufó dramáticamente, obligándome a sofocar una carcajada. La niña era jodidamente adorable, ¿de acuerdo? incluso sus crisis eran adorables.
—¿Tengo qué?
Asentí y me incliné para besarle la frente.
—Sí, tienes que hacerlo. Estaré en primera fila, ¿de acuerdo? Con todos los demás. Vas a estar maravillosa e incluso si te tropiezas u olvidas algo, seguirás siendo maravillosa. Sólo diviértete. Te divertías en la clase, ¿no?
—Sí.
—Entonces imagina que estás de nuevo en la clase.
Lanzó sus brazos alrededor de mi cuello, apretándome tan fuertemente como podía. Evité tocarle el cabello por miedo a que Bella cumpliera su amenaza y me cortara las bolas. Al parecer, poner su cabello en un moño perfecto no es tan simple como parecía. Pero, bueno, a mí me parecía jodidamente sencillo. Aún así, mi mujer era una aterradora mujer embarazada y era mejor escuchar sus advertencias.
Después de todo, me agradaban mucho mis bolas.
—¿Ya estás lista? —le pregunté cuando soltó su agarre letal de mi cuello.
—Supongo —suspiró—. Me van a dad pastel aunque apeste, ¿cierto?
Me reí entre dientes sonriendo.
—Claro que sí. Te amo.
—También te amo, papi.
Besé su mejilla una última vez antes de hacerle una seña a su instructora de ballet para hacerle saber que Sofía estaba lista. El recital no era tan grande, así que esperaron a Pequeña antes de seguir, retrasando el show como diez minutos.
Luego de asegurarme de que estuviera bien, regresé al auditorio de la escuela que habían reservado para el evento. Toda mi familia, junto con Charlie y Sue, habían venido a ver a Pequeña, así que la mayor parte de la primera fila era de ellos. De hecho les pedí a Alice y Jasper que llegaran temprano para que apartaran los lugares. De ninguna jodida manera iba a ver el primer recital de mi bebé desde asientos de mierda.
—¿Va a hacerlo? —preguntó Bella levantando de mi lugar el ramo de rosas que le habíamos comprado a Sofía para que yo pudiera sentarme.
Asentí.
—Sí, sigue nerviosa, pero creo que estará bien.
—Finalmente hay algo que le da miedo a la enana —se rió Emmett—. Supongo que saltar del pasamanos no es nada comparado con bailar frente a extraños.
Sacudí la cabeza.
—Supongo que no, pero incluso si sabemos que la caga en algo, no le digan, ¿de acuerdo?
Todos aceptaron fácilmente, aunque dudaba que ese recordatorio fuera necesario. Todo lo que importaba era que Pequeña lo había intentando. Todos sabíamos muy bien que se tropezaría —el baile no era su fuerte—, pero no importaba.
Luego de que bajaran las luces en el auditorio y las lámparas del escenario se encendieran brillantemente, me enderecé en mi asiento sosteniendo la mano de Bella. Todas las niñas salieron usando tutus, haciendo la rutina que habían practicado. Cuando Pequeña salió, sus ojos escanearon la primera fila antes de posarse en los míos. Sonrió, se detuvo de golpe y nos saludó con la mano, haciendo reír a la audiencia.
—Es la niña más bonita del mundo —mamá se rió junto a mí—. Por favor, dime que grabaste eso, Carlisle.
—Por supuesto que sí, querida —dijo papá sosteniendo la cámara.
Durante la siguiente media hora miramos a Pequeña y a sus compañeras cargar la rutina completamente. Probablemente sólo había una niña que lo estaba haciendo bien, y obviamente no era la mía.
Ella era un desastre —un completo y total desastre—, pero santísima mierda no tuvo precio. En cierto momento estuve bastante seguro de que olvidó todos sus movimientos y sólo comenzó a saltar y darse vueltas. Fue… graciosamente horrible.
—Lo siento, Edward, pero tu hija no está hecha para estas mierdas —Emmett se rió sacudiendo la cabeza al final de la fila.
Ni siquiera pude enojarme con él.
—Chinga tu madre, es perfecta —dije riéndome entre dientes.
Escuché que me callaban desde atrás por mi lenguaje, pero no me importaba. Sólo diré que estaba malditamente seguro de que ella era especial. Quiero decir, la amaba con todo mi corazón pero… era terrible.
Perfectamente terrible.
—¿Quizá le guste la pintura? —sugirió Bella—. Diría que gimnasia, pero eso es extremadamente peligroso.
Me encogí de hombros.
—No sé, pero creo que ya terminamos con las clases de ballet.
Asintió tapándose la boca para no reír. Miré de nuevo el escenario, encontrando a Pequeña acostada y pateando las piernas en el aire. Las otras niñas también lo estaban haciendo, pero no tan… peculiarmente como ella.
Afortunadamente todo terminó después de eso. Todas las niñas se levantaron —de alguna manera Sofía terminó en medio—, e hicieron una reverencia antes de que el telón se cerrara. No me importaba una mierda haber gastado cientos de dólares en esas lecciones porque fueron cientos de dólares que valieron por la diversión. Pequeña estaba sonriendo brillantemente cuando todo terminó, y eso era todo lo que me importaba.
Cuando el show terminó, Pequeña corrió hacia nosotros por el pasillo de la preparatoria con sus compañeras. Entre todos consiguió cinco ramos diferentes de rosas. Y, créanme, no le importó un carajo sobre qué tan bien lo hizo al ver las flores.
Todo ese amor por las flores de cuando era bebé se le había quedado bastante apegado en ella. Era algo malditamente bueno que su abuela fuera dueña de una florería.
—¿Te divertiste, corazón? —le preguntó papá a Sofía al darle un ramo de rosas, color rosa.
Ella lo agregó a la pila que tenía en su brazo y asintió, sonriendo de oreja a oreja.
—No apesté, ¿verdad, PawPaw?
—Para nada —mintió con facilidad—. Te veías hermosa.
—Mami me peinó. —Sonrió tocándose suavemente el cabello—. ¿Ya es hoda del pastel?
—Claro que sí, amor —dije, cargándola en brazos—. Estuviste increíble, como te dije. ¿Estás feliz de no haber renunciado?
—Uh-huh, pedo me equivoqué un poco.
Jadeé fingiendo sorpresa.
—No me di cuenta. Nadie lo vio, ¿verdad?
Todos sacudieron las cabezas y sonrieron mintiendo entre dientes. Mañana Bella y yo hablaríamos con ella sobre otras actividades, pero por esta noche quería que ella creyera que estuvo tan maravillosa como se sentía. No había necesidad de aplastar ya sus sueños de ser bailarina.
Luego de que se despidió de sus amigos y maestros, todos nos dirigimos a casa de mis padres para la fiesta. No era nada grande, mamá decoró el comedor y la sala con serpentinas, e incluso mandó hacer un jodido cartel que decía, "¡Felicidades por tu primer recital, Sofía!"
Por supuesto que mi niña quedó fascinada por todo, amó cada momento de su pequeña fiesta; incluso si no le dieron regalos. Charlie y Sue también habían venido, y Sofía pasó unos buenos veinte minutos explicándole a Sue los bailes que había aprendido. Incluso volvió a repetir algunas de las partes para nosotros, empapándose con la atención.
Eventualmente le dieron el pastel que le prometieron. En realidad Rosalie lo había hecho, y se veía bastante decente. Supongo que la repostería era su nuevo pasatiempo o alguna de esas mierdas. Nos dirigimos al comedor y senté a Pequeña en mi regazo mientras Rose le ponía el pastel en la mesa frente a ella.
—¿Me puedo quedad con la bailadina? —preguntó Pequeña, que sonrió al ver la monstruosidad rosa que era el pastel con la muñeca en la cima.
—Por supuesto, cariño —dijo Rose—. ¿Se ve bonito? Lo hice yo, ¿sabes?
—¡Es muy bonito! —dijo—. ¿Verdad, papi?
Asentí.
—Es hermoso, princesa. ¿No tienes algo que decirles a Nana y a la tía?
—¡Oh! ¡Gdacias!
—De nada, cariño —dijo mamá sonriendo—. Ahora, ¿quieres un poco de pastel?
—¡Sí! Mami, es muy bonito, ¿vedad?
Bella asintió junto a mí con el ceño fruncido ligeramente y sus mejillas más pálidas de lo normal.
—Sí lo es, cielo —dijo—. Aunque, ahora vuelvo, ¿de acuerdo?
—¿Estás bien? —le pregunté suavemente. Había pasado de estar muy feliz a parecer como si algo estuviera mal—. ¿Tienes nauseas?
Se encogió de hombros.
—No sé. Sólo tengo que ir al baño, ¿de acuerdo? Comiencen a comer sin mí.
Cuando se paró y comenzó a caminar, la parte trasera de su vestido gris clarito me llamó la atención. Mi corazón se aceleró y, por un momento, el mundo pareció… detenerse.
—Bella, tu vestido —dije con la vista pegada en ella.
La habitación se quedó en silencio cuando ella bajó la vista, notando el río rojo bajando lentamente por su pierna.
—Oh —dijo suavemente. Moví a Sofía al regazo de Rose y me levanté de golpe de mi asiento—. No… me siento bien.
Mis brazos ya estaban alrededor de ella, intentando sentarla en una de las sillas cuando sus ojos rodaron dentro de su cabeza y ella comenzó a caer hacia enfrente.
La siguiente actualización será dentro de 10 días, como siempre, eso no cambiará.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!
