Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
A Few More F Words
Capítulo 9: Diversión revelada
Dormí de mierda y mi espalda me dolía cuando finalmente me levanté de la pequeña cama del hospital cerca de las siete de la mañana. Bella seguía profundamente dormida, así que decidí no despertarla ni decirle que iba a salir. Ya había recibido un mensaje de Rose donde decía que Sofía estaba despierta y lista, así que quería mantener mi promesa.
—La doctora Uley hace sus rondas cerca de las ocho y media, así que a esa hora comenzará a dar de alta —dijo Caroline, la enfermera de Bella.
Asentí.
—Qué bien. Voy a ir por nuestra hija, pero no quería despertarla. Regresaré a más tardar en media hora, ¿de acuerdo?
—Suena bien. —Sonrió—. Iré a revisarla, pero intentaré no molestarla. Oh, y uh, tiene un poco de… —Señaló mi cabeza, riéndose suavemente.
Me pasé la mano por el cabello, sonriendo forzadamente. Probablemente se veía como un jodido nido de pájaros, pero no me importaba. Necesitaba café y a mi hija —en ese orden— para funcionar propiamente. Y luego de conseguir el café que tanto necesitaba, encontré mi carro donde papá me lo había dejado y manejé hacia la casa de Rose.
Juro por el jodido Dios, Pequeña estaba esperando en la ventana; tenía la nariz presionada contra el maldito vidrio cuando me estacioné. La puerta se abrió por completo segundos después de que ella desapareciera, salió corriendo y llegó a mis brazos en el momento en que me bajé del carro.
—Te extdañé, papi —dijo, apretando con fuerza mi cuello—. ¿Dónde está mami? ¿Podemos idnos ya? ¿Pod favod? ¿Pod favod? ¿Pod favod?
Besé su mejilla y sonreí, apartándome un poco.
—Déjame hablar con tu tía un minuto y luego nos vamos, ¿de acuerdo? ¿Ya estás lista?
Asintió sonriendo mientras yo miraba los zapatos que ya llevaba puestos.
—He estado despiedta desde las cinco.
Bufé, sintiéndome un poco apenado por mi hermana. Cuando mi niña ponía su mente en algo, no había ninguna jodida posibilidad de distraerla. Al menos era muy probable que tomara una siesta hoy. Cuando entramos a la casa la bajé y me dirigí a la cocina, encontré a Rose dándole de comer a Felix mientras Ben se comía su cereal en silencio.
—Juro que me aseguré de que fueras tú antes de dejarla salir —dijo Rose sonriendo—. De todas formas no podría haberla detenido si lo hubiera intentado.
Me encogí de hombros, agarré una taza y me serví café de nuevo.
—Fue una linda bienvenida. ¿Qué tan activa estuvo?
Se rió sacudiendo la cabeza.
—Ahora estoy segura de que ya no quiero otro bebé, si eso te dice algo. Prefiero a mis niños físicamente exhaustos que a tu niña mentalmente exhausta cualquier día.
—Te acostumbras a ella —me reí entre dientes sentándome—. En serio, muchísimas gracias por cuidarla. Significó mucho.
—Cuando quieras, Edward. Entonces… escuché que mamá se mudará contigo. —Sonrió, metiendo más cereal a la boca de Felix con una cuchara.
—¿Ya te lo contó?
Asintió.
—Síp, colgué con ella hace como diez minutos. Diría que lo siento, pero… creo que es graciosísimo. Supongo que eso te ganas por mudarte a casi una hora de distancia.
Suspiré pasándome una mano por el cabello.
—Es sólo por unas semanas y a Bella realmente le gusta la idea. Tenemos espacio suficiente, así que quizá no será tan malo.
—Amo a nuestra madre, pero no entiende de límites. En absoluto. Así que buena suerte con esto.
—Gracias —bufé, levantando la taza.
Logré terminarme la mitad de la taza antes de que Pequeña decidiera que ya era suficiente. Estaba bastante seguro de que si ella pudiera alcanzar los pedales, se hubiera ido sin mí. Y supuse que probablemente no debería probarla para ver si lo intentaba.
Mientras manejábamos hacia el hospital, intenté explicar lo más fácil posible lo que le había pasado a Bella, pero estaba un poco más arriba de su nivel de comprensión. Entendió que Bella necesitaba llevarse las cosas con calma, pero, ¿explicarle sobre la placenta a una niña de cinco años? Ja. Afortunadamente no necesitaba saber exactamente qué estaba mal, y aceptó con facilidad hacerle las cosas llevaderas a su mamá durante un tiempo.
—Idemos a casa hoy, ¿vedad? —preguntó Pequeña mientras la llevaba cargando por el corredor del hospital.
Asentí.
—Sí, pero recuerda lo que dije, ¿de acuerdo? Mami tendrá que descansar, así que no puede jugar mucho contigo. Quizá hoy sólo veamos películas en la cama con ella, ¿de acuerdo?
Sonrió.
—Me gusta eso.
Empujé la puerta de la habitación de Bella para abrirla, y la encontré sentada en la cama con una bandeja de la asquerosa comida del hospital frente a ella. En cuanto vio a Sofía, el ceño fruncido desapareció de su hermoso rostro y se iluminó.
—¡Mami! —gritó Sofía removiéndose en mis brazos.
—Hola cielo. Edward, ponla junto a mí —dijo Bella sonriendo al moverse un poco.
Dejé a Pequeña en la cama y sus brazos se aferraron al cuello de Bella, abrazándola como si de ello dependiera su vida. El momento que compartieron fue jodidamente invaluable y me hizo sonreír al verlas de cerca mientras me sentaba en una silla junto a ellas.
—Te extrañé muchísimo, cariño —dijo Bella, limpiándose una lágrima de la mejilla—. Lamento mucho haberte asustado. No puedo imaginar lo horrible que debió ser para ti.
—Pensé que te ibas a modid —sollozó Pequeña—. No modidás, ¿vedad?
Ella negó con la cabeza, acercándola más a sí de nuevo.
—Por supuesto que no. El bebé y yo estaremos bien. ¿Ves?
Puso la mano de Sofía sobre su estómago, sonriendo ligeramente.
—Está más grande, mami.
—¿Eso crees?
Sofía asintió.
—Sí. ¿Vedad, papi?
—Crece todos los días, princesa —dije, estirando la mano para acariciarle la mejilla—. Y en unas semanas podrás sentirlo pateando. ¿No es genial?
Sonrió abriendo los ojos como platos.
—¡Qué genial! ¡Quiedo sentidlo ya!
—Pronto, cielo —Bella se rió entre dientes besándole la cabeza—. ¿Ya viste que mamá y el bebé estamos bien? Sé que anoche te asustaste, pero ya todo terminó. Nos iremos muy pronto a casa.
—Papi dijo que nos acostadiamos a ved películas.
Bella se rió suavemente y asintió.
—Creo que eso me parece una excelente idea.
Luego de que la doctora Uley firmó el papeleo para dar de alta a Bella, nos tomó otra hora antes de poder irnos. Durante ese tiempo, Bella y Sofía lograron hacer una extensa lista de películas para ver; de las cuales todas me causaban cero interés.
Las buenas noticias eran que mamá no vendría a nuestra casa hasta mañana, así que al menos sólo estaba obligado a ver películas de mierda y no a tener que lidiar con eso todavía. De verdad no tenía ansía alguna de que pasara, por decir lo menos.
—Oh, creo que nuestro colchón es del cielo —dijo Bella, acostándose en nuestra cama—. Síp, definitivamente el cielo.
—Creí que primero querías bañarte —me reí quitándole los zapatos.
Suspiró y asintió.
—Sí, pero no me quiero mover. Aquella cama era horrible y estoy exhausta. ¿Qué tanto crees que se enoje Sofía si me quedo dormida?
—Pues ella ha estado despierta desde la cinco, así que supongo que se dormirá junto contigo. Al menos eso espero porque si no lo hace pronto se pondrá de malas.
—Pobrecita. Odio hacerle esto, pero tú me ayudarás. Sé que así será.
Asentí.
—Por supuesto, Mordelona. Todo saldrá bien y estarás de nuevo sobre tus pies antes de Navidad. Ahora, ¿quieres, uh… que te prepare el baño?
Se rió ruidosamente, tapándose la boca con la mano mientras yo la veía ladeando la cabeza.
—Perdón, pero… estás siendo muy dulce y es raro. Lindo, pero raro.
—Soy un hombre muy dulce, sabes.
Levantó la mano, poniéndola en un costado de mi cabeza.
—Por supuesto que lo eres, y sí, me encantaría si lo preparas para mí. Gracias
Me incliné y la besé suavemente.
—De nada.
Luego de que Bella se dio un baño y yo ayudé a Sofía con el suyo, nos acomodamos en nuestra gran cama y comenzamos con la película de mierda de Disney. Como dije, ambas se quedaron dormidas no mucho después y yo no tardé en seguirlas.
El siguiente día fue bastante similar, pasamos la mayor parte del tiempo en cama viendo películas, con la excepción de que mamá llegó a media tarde. El ver su enorme maleta y el carro lleno de despensa hizo que comprendiera realmente las cosas. No era lo que quería, pero sabía que ella sería de gran ayuda.
Por supuesto, Pequeña estaba emocionada con esa adición y creía fervientemente que debería ser algo permanente. Carajo, no. Lo aguantaría un par de semanas, pero Sofía no se saldría con la suya en esto. Aunque sí le quitaba un peso de encima a Bella, que era lo más importante. Podría descansar sin Sofía acurrucada a su lado. Necesitaba descansar y no preocuparse, y mi madre se aseguraría de eso.
Cuando llegó el lunes, Pequeña estaba enojada por tener que regresar a la escuela sin Bella. Probablemente el berrinche calificó entre los peores cinco que ha tenido, pero Bella logró calmarla cuando yo no pude. El problema era que Bella no podía trabajar por ahora. Ella todavía no quería dejarlo por completo, pero dependiendo de lo que pasara con la placenta, podría tener que hacerlo. No quería hablar sobre esa posibilidad, pero yo sabía que estaba presente en su mente y le molestaba.
Amaba dar clases. Por supuesto, había decidido tomarse un tiempo libre luego de que naciera el bebé, pero todavía no estaba lista para ello y yo no podía culparla.
—Estoy seguro de que puedo tomarme otro día libre si quieres —dije, sentándome junto a Bella en la cama.
Sonrío tomando mi mano.
—No actúes tan mal como Sofía. Tu mamá me cuidará muy bien, incluso dijo que podía ayudarla a doblar la ropa para no morir de aburrimiento. Dos días en cama y ya estoy emocionada por los quehaceres del hogar.
—Qué triste —suspiré, riéndome suavemente—. Pero en serio, podría hacerte compañía. No tengo ninguna cirugía programada.
—Ya vi de dónde sacó Sofía ese puchero. —Trazó mi labio, subiendo su mano para acunar mi mejilla—. Los pucheros no son propios de ti. Ve a trabajar y cuida a otras personas. Yo estaré bien.
Puse mi mano sobre su estómago y asentí.
—De acuerdo, pero estoy a una llamada de distancia, y si no contesto, llama al hospital y pide que me localicen. Te amo.
—También te amo —dijo cuando me incliné para besarla.
Luego de apartarme, besé su estómago y me fui, sintiéndome una mierda por tener que dejarla. Quizá actuaba tan mal como Pequeña, pero esto apestaba. La verdad seguía asustado. Tenía miedo de que algo pasara y no estar ahí para ayudarla.
Estaba aterrorizado por perderla, y tenía suerte porque eso no pasó hace tres días. Fue un crudo despertar ante los peligros del embarazo. Todas las cosas que temí en el momento en que me enteré de que estaba embarazada.
Pero, tenía que mirar al lado positivo. De todas las cosas que podían pasar, esta no era ni de cerca la peor.
Habían pasado unos días desde que mamá se mudó y no era tan malo como pensaba. Ella era de gran ayuda con la casa y Sofía, pero también nos daba nuestra privacidad a Bella y a mí; que era lo que me preocupaba. Usualmente no era muy buena con los límites.
—Ya están los cupcakes —dijo mamá sonriendo cuando dejó una bandeja de cupcakes decorados sobre la isleta—. Toda evidencia de azul está escondida, así que Sofía estará completamente sorprendida cuando lo muerda.
Estiré la mano para agarrar uno, pero me dio un manotazo.
—¿Qué demonios?
—¡Vas a esperar! —se río—. Bella quiere hacerlo luego de cenar, así que aguántate. ¿Cómo estuvo tu día?
Me encogí de hombros, dejando mi maletín en una silla.
—No tan malo. ¿Cómo está Bella? ¿Pequeña está con ella?
Asintió.
—Síp, están en tu habitación. Ella está comenzando a enloquecer, así que la dejé ayudarme a preparar la cena hace rato. —Antes de que pudiera interrumpirla, continuó—: Se sentó en esa silla y no la dejé moverse mucho. Puedo ser bastante severa, sabes.
Bufé.
—Sí recuerdo mi infancia. La hiciste temerle a Dios, ¿verdad?
—Sólo un poco —se río suavemente—. También decidimos hacer Acción de Gracias aquí este año ya que no puede ir a ningún lado. No quiere perdérselo sólo por esto.
—Creo que es buena idea. Ya sabes lo mucho que ama las celebraciones.
—Exacto. Y la cena está lista, ¿por qué no vas por ellas?
Asentí y besé su mejilla.
—Eso haré, y… gracias por ayudar y no hacerla sentir tan encadenada a la cama.
—Es un placer. —Sonrió—. Prometo que no estorbaré para siempre.
—No es… malo. Quiero decir, es algo a lo que tengo que acostumbrarme. Lo siento si te he hecho sentir que no eres bienvenida. Es que todo esto nos ha costado caro, ¿sabes?
Asintió, acercándose para envolverme con su brazo.
—Lo sé, cariño. Aunque todo estará bien. En unos cuantos meses habrás olvidado toda esta preocupación al ver a tu hermoso hijo.
—Dios, no puedo esperar —suspiré con felicidad—. Él será maravilloso.
Sonrió.
—Será un Cullen, así que no hay duda de eso. Ahora, ve por Bella y por Sofía.
Cuando subí las escaleras, encontré a Pequeña con su rostro contra el creciente estómago de Bella; estaba hablándole a su hermano. Carajo, era linda. No quería interrumpir, pero Bella me vio rápidamente, lo cual hizo que Sofía levantara la cabeza.
Recibí mis besos y abrazos de siempre de mi pequeñita y luego la mandé abajo con su nana, para poder tener un poco de tiempo a solas con mi mujer. La cosa de no tener sexo apestaba. Ya se había cumplido oficialmente una semana desde la última vez que tuvimos sexo, y lamentaba el aniversario.
—¿Cómo está el niño? —pregunté, sentándome junto a ella y besándola. Puse mi mano en su estómago, acariciándolo ligeramente.
—Está bien. Tu mamá nos hizo tiras de búfalo para comer, las cuales él aprobó, pero mi acidez me recordó que no debí comerlas —dijo.
—¿Te sientes bien?
Asintió.
—Perfectamente. ¿Cómo estuvo tu día?
—Bastante bien. No pasó nada muy emocionante, pero creo que establecí un nuevo record en cocer puntadas. Fui jodidamente rápido. —Sonreí.
Se rió.
—Pues felicidades por eso. ¿Me ayudas a levantarme?
—Por supuesto. —Me paré, ofreciéndole mis dos manos—. Mamá tiene los cupcakes listos, estoy seguro de que Pequeña intentará convencerte para que le des uno.
—Puedo ser fuerte —se rió—. Sigo sorprendida de que hayas durado una semana sin soltar la sopa. Gracias.
—¿Ya es hoda de los cupcakes? —preguntó Pequeña, saltando en su asiento—. ¡Tengo muuuuchas ganas de uno!
—Bueno, en realidad son cupcakes especiales, cielo —dijo Bella sonriendo—. Mientras estaba en el hospital, papá y yo descubrimos si vas a tener un hermano o hermana.
—¿Es niña?
Compartimos una mirada, viendo que probablemente no estaría tan emocionada como nosotros con la noticia de que era niño. Aún así ella sabía que las posibilidades eran iguales y aun si fuera niño lo amaría.
Actuaba como si nos estuviera haciendo un favor, lo cual fue bastante gracioso en ese momento.
—Tienes que morder el cupcake para saber —dije, agarrando uno de la bandeja y pasándoselo—. Ah, espera a los demás.
Sonrío tímidamente, alejándolo de su boca mientras los demás agarrábamos uno. Mamá hizo betún de vainilla y lo pintó de azul, usando envoltorios negros para que no pudieras ver el color.
—Bien, adelante —dijo Bella, estirando su mano para tomar la mía.
Pequeña no desperdició ni un segundo, mordiéndolo rápidamente. Apartó el cupcake, miró con ojos como platos el azul.
—¿Un niño? —preguntó con la boca llena; migajas de azul salían de su boca.
—Lamento que no sea niña, pero, ¿no es emocionante? —preguntó Bella.
—¡Voy a tened un hermano! ¡Eso también es genial!
—¿Ves? Sabía que estaría feliz —me reí—. Aunque nada de moños en su cabello, ¿entendido?
Arrugó la nariz y negó con la cabeza.
—Quizá sólo una o dos veces —dijo Bella sonriendo.
Bufé negando con la cabeza. Podían decir lo que quisieran, pero de ninguna jodida manera dejaría que Pequeña le pusiera moños al cabello de mi hijo. Pelearía con fuerza por eso. Finalmente esta era mi oportunidad para no disfrazarme, participar en fiestas de té, y dejar que mi hija me pinte las uñas; sólo pasó una vez, lo juro.
—Pedo ya que este es niño, ¿la siguiente puede sed niña, por favor? —preguntó Pequeña—. O sea, ¿papi puede poned una niña ahí pada que salgan juntos? Podque de vedad quiedo una niña también. ¿Pod favod?
Me ahogué con el cupcake mientras Bella y mamá se reían a carcajadas. Claramente no le expliqué muy bien todo el proceso de hacer bebés. Y si pensaba que iba a tener otro bebé en un futuro cercano, estaba a punto de enfrentar un brusco despertar.
Muy brusco.
—Eso no es posible, cariño —dijo Bella, aclarándose la garganta mientras se tranquilizaba. Pequeña la miró con curiosidad, probablemente preguntándose qué chingados era tan gracioso—. Papi y yo no podemos controlar lo que tenemos, ¿recuerdas?
—Entonces tdaigan a una niña a casa también. Quizá hay otda mami como Kate que no está lista pada un bebé.
—Bebita, sólo traeremos un niño a casa cuando sea el tiempo —dije—. Sé que quieres una niña, pero eso no pasará por ahora. Creo que realmente te gustará tu hermano, ¿qué te parece si le das una oportunidad?
—¿Si no me gusta, pueden cambiadlo? —preguntó con total seriedad.
—Lo amarás —dijo mamá—. ¿Sabías que tu tía se sentía de la misma manera con tu papi? Pero cuando lo llevamos a casa, lo adoró. Podrás ayudar a mami a cuidarlo y cuando sea un poco más grande, incluso podrás jugar con él.
Pequeña suspiró dramáticamente, sacudiendo la cabeza.
—Bien. Pedo puede que no me guste.
—Te prometo que te gustará, cariño —dijo Bella—. ¿Qué te parece si le das un beso, hmm?
Pequeña se bajó de su silla mientras Bella se hacía un poco hacia atrás y levantaba su blusa. Sofía no se molestó en limpiarse la boca antes de darle un beso baboso y azul al estómago de Bella.
—No tengo que compartir mis muñecas, ¿vedad? —preguntó, levantando la cabeza.
Bella sonrío y le acarició la mejilla.
—No, ¿no es eso algo bueno?
—Sí, supongo —asintió antes de besar una vez más el estómago de Bella—. Hola hermano. No tengo que compartir mis muñecas, pedo te dejadé jugad con mis otros juguetes. Soy muy buena compartiendo. Te amo.
—Él también te ama, Pequeña —dije sonriendo al cargarla y sentarla en mi regazo—. Ahora, ¿qué te parece si terminas tu cupcake?
Bueno, al menos Pequeña ya se resignó a que tendrá un hermanito, ¿apoco no es bella la condenada?
¡Gracias por sus comentarios!
