Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 10: Sintiéndolo

Extrañaba a mi esposa.

Había pasado casi un mes desde que había comenzado la prohibición de sexo, y me dejaron con el asunto en mis propias manos. Claro, no podía hacerlo en la cama porque Bella no estaba recibiendo nada, así que no parecía justo. No me quedó más que hacerlo durante mi ducha matutina y, carajo, lo odiaba. Extrañaba su piel contra la mía, mi boca en sus pechos y estar enterrado en ella hasta las bolas.

Simplemente la extrañaba un chingo.

Así que me puse creativo y usé mi maldita imaginación. Ni siquiera se acercaba a la realidad, pero hizo el trabajo. Acaricié lentamente mi polla, intentando imaginar que era la mano de ella y no la mía. El agua cálida caía sobre mí mientras me apoyaba con una mano contra la pared de azulejos. Me moví más y más rápido, gimiendo al acercarme al clímax.

—Edward, creo que…

Alcé la cabeza de golpe hacia la puerta de cristal y mis ojos se encontraron con los de mi jodida madre. Abrió la boca y yo solté mi polla. Fue sólo un segundo, un jodido segundo antes de que ella se girara y saliera corriendo del baño, cerrando la puerta de golpe tras ella.

—Hijo de puta —siseé, pasándome una mano por la cara.

Mi madre me había encontrado masturbándome. La última vez que eso pasó yo tenía catorce años y olvidé ponerle seguro a la puerta de mi habitación. De verdad, en serio, realmente extrañaba mi maldita privacidad, y ahora no podría volver a verla a los ojos jamás.

Así que, ya sabes, eso era genial.


—No es divertido.

Bella se tapó la boca, intentando sofocar las carcajadas que no se detenían.

—Lo siento.

—Sigues riéndote.

Echó la cabeza atrás sobre la almohada, sacudiendo la cabeza.

—Es que… puedo imaginar tu cara. Lo siento mucho, pero es divertidísimo.

Rodé los ojos y bufé.

—Me atraparon con las manos en la polla, Bella. ¡Manos en la polla! ¿Por qué demonios no tocó antes? ¿Por qué no tenemos una maldita cortina en esa puerta?

—¡Es vidrio! ¿Por qué la tendríamos? —se rió—. De verdad intento detenerme, pero entre más lo describes, más gracioso es.

—No puedo tener sexo y ahora ni siquiera puedo pajearme en mi propia ducha.

Puso su mano en mi mejilla y se sentó para besarme.

—De verdad lo siento, ¿de acuerdo? Sé que sufriste un trauma y la risa no te ayuda.

—Ni siquiera un poco —digo, negando con la cabeza—. Estoy seguro de que nunca podré sacarme su expresión de la cabeza. Ahora, cada vez que toque mi polla, recordaré eso. Sufriré de flashbacks y esas cosas.

Soltó una carcajada, tapándose rápidamente la boca cuando la fulminé con la mirada.

—Quizá deberíamos, no sé, tener una noche a solas. Puede que tengamos una casa de tamaño decente, pero con una persona extra a veces sí se siente algo apretado.

Hace casi un mes que descubrimos su condición, la placenta de Bella todavía no se había movido. Hace unos días sangró un poco más, así que la Doctora Uley decidió mantenerla un poco más en reposo absoluto, lo cual, por supuesto, significó que mamá seguiría viviendo con nosotros. Bella no podía salir de casa más que a las citas médicas, así que sabía que ya comenzaba a hacer mella en ella.

—No puedo pedirte que me ayudes si yo no puedo hacer nada por ti —dije tomando su mano—. Yo… dejaré que mis bolas se pongan azules.

Sonrió sacudiendo la cabeza.

—No me molesta. Puede que yo no pueda tener nada, pero eso no significa que no quiera que tú seas feliz. Podríamos tener una noche de cita. Ordenar una pizza deliciosamente grasienta, poner una película y ver qué pasa. Hace meses que no tenemos una cita.

Asentí ideando un plan. Bella llevaba tiempo restringida en esta casa, así que necesitaba un poco de diversión. No era lo suficientemente estúpido para no darme cuenta de que eso era lo que ella implicaba. Bueno, en realidad no sólo lo implicaba. La única ocasión en que tuvo compañía fue durante Acción de Gracias, y eso fue más estresante que divertido.

Nuestra casa no era ni de cerca tan grande como la de mis padres, así que encerrar a diez personas aquí para una celebración dejó un jodido desastre. Quiero decir, fue agradable celebrar con todos y Bella disfrutó de tener aquí a nuestra familia, pero no fue relajante. Ella necesitaba algo relajante y agradable, no aburrido o insanamente ruidoso.

—¿Qué te parece si planeo algo y me armo de valor para preguntarle a mamá si le importaría llevarse a Sofía a su casa por una noche? —pregunté.

Su rostro se iluminó al sonreír.

—Me gustaría mucho eso. Extraño tener intimidad contigo. El sexo es algo que no podemos hacer, pero el poder estar a solas juntos sería agradable.

—Entonces déjamelo a mí, ¿de acuerdo? Te amo.

—También te amo, Edward.

Me incliné para presionar mis labios con los suyos por un largo momento. Hoy tenía una cirugía programada en la tarde, así que decidí no irme temprano. Mamá había llevado a Pequeña a la escuela y había ido a hacer algunos mandados, así que aproveché esa hora extra para pasar tiempo con Bella. Carajo, no podía esperar para tener toda una noche.


Para cuando llegué a casa esa noche ya todos habían comido y Pequeña estaba bañándose. Aunque mi primera cirugía había sido ya tarde y simple, mi día se había puesto caótico con los múltiples accidentes de carros que llenaron emergencias. Muchas veces los transferíamos al Olympic Medical Center si las heridas eran muy severas, pero ellos también estaban llenos, y yo tenía las habilidades para cuidar a las dos víctimas en situación crítica. Fue pura suerte que la segunda llegara justo después de que terminé con la primera y no durante. De otra forma, el hombre de cincuenta años que salvé no habría tenido tanta suerte.

—Necesito disculparme contigo —dijo mamá mientras yo miraba el guisado de carne que me esperaba—. Ya sabes, por lo de esta mañana.

Levanté la cabeza para verla a los ojos porque sabía que evadir el contacto visual sólo haría las cosas más incómodas. Pero, quiero decir, seguía siendo jodidamente incómodo y el trauma de esta mañana seguía fresco en mi memoria.

—Sí… eso fue… memorable.

Se rió suavemente, sentándose en uno de los taburetes frente a mí.

—Debí haber tocado o mejor aún, escuchado la ducha. Lamento haber irrumpido así, pero, ya sabes, no es como si no lo hubiera visto antes.

—Esto es incómodo, mamá —me reí nervioso. Carajo, era raro—. Sólo… no lo hagas de nuevo, por favor. Debí haberle puesto seguro a la puerta.

Asintió mientras yo me giraba hacia el microondas para meter el plato.

—No pasará de nuevo. Oh, y ponlo en tres minutos.

Hice lo que me dijo y luego me recargué en el mostrador.

—No volvamos a discutirlo jamás, ¿de acuerdo? En realidad tengo que pedirte un favor.

—Lo que quieras, corazón.

—Bella y yo necesitamos tiempo a solas. Creo que el… evento de esta mañana nos lo dejó muy claro. ¿Te importaría llevarte a Pequeña a tu casa el viernes en la noche? La recogeré el sábado a primera hora, y si quieres puedes quedarte unos días en casa ya que yo tengo libre. De verdad apreciamos tu ayuda, te juro que no estoy siendo malagradecido. Es que… extraño estar a solas con mi esposa.

—Creo que es una buena idea —asintió sonriendo—. Tu papá me ha estado preguntando si podría ir unos días, así que todo funciona de manera perfecta. Nos quedaremos con ella el viernes en la noche y pueden recogerla en la mañana. Regresaré aquí cuando tú tengas que entrar a trabajar. El miércoles, ¿verdad?

—Sí, Bella tiene otra cita con el doctor el martes, así que me tomé un día de vacaciones para extender mi fin de semana. De verdad tu ayuda ha sido increíble estas últimas semanas. No me doy cuenta de lo mucho que trabajo, así que tenerte aquí para ayudarme con Bella y Sofía me salva el trasero.

—Me encanta poder ayudar, Edward. Sólo puedo imaginar qué tan estresante es la condición de Bella para ustedes dos, así que haré todo lo que pueda para aminorar esa carga.

Suspiré, cruzando los brazos sobre el pecho mientras dejaba caer mi cabeza.

—Creí que para ahora ya se habría resuelto, ¿sabes? O que al menos ya no estaría en reposo absoluto. Pero el hecho de que sigue sangrando de vez en cuando me tiene aterrado.

—Ya lo sé, corazón.

Se levantó de su asiento y caminó alrededor del mostrador hacia mí. Sus brazos se envolvieron en mi torso, pero no ofrecía mucho consuelo. Había muchas cosas desconocidas y yo sólo… necesitaba saber. De una forma u otra, necesitaba saber qué iba a pasar con Bella y nuestro hijo. ¿Necesitaría una cesárea? ¿El resto de su embarazo estaría lleno de preocupación? ¿O todo esto se resolvería y quedaría sólo como un terrible recuerdo?

—Todo estará bien —dijo, apartándose del abrazo—. Bella y el pequeñito saldrán bien de ésta, y cuando lo tengas en tus brazos por primera vez, olvidarás lo aterrador que fue todo esto. Sólo sentirás alegría.

Sonreí suavemente, asintiendo.

—Eso espero. Intento no preocuparme por esto frente a Bella porque ella no necesita verlo, pero… es agradable poder sacármelo del pecho. Tengo miedo y no estoy acostumbrado a tener miedo.

—Eres igual a tu padre en eso. Ambos piensan que conocen todas las respuestas y pueden lidiar con todo, pero cuando se trata de alguien a quien aman… no saben cómo manejarlo.

—No tengo ni una jodida idea —gemí, pasándome la mano por el cabello—. Aunque supongo que tendré que descubrirlo, ¿eh?

—Así es. Todo estará bien.


Cuando llegó la tarde de viernes, salí del hospital un poco temprano para poder recoger a Pequeña de la escuela. Aunque usualmente era la niña más feliz de todo el jodido mundo cuando se trataba de ir a casa de sus abuelos, en esta ocasión fue algo completamente opuesto. Cuando se lo dijimos anoche tuvo un berrinche de proporciones épicas, así que quería llegar hasta el fondo de ello.

Esperé recargado en mi auto cuando sonó la campana y los niños comenzaron a salir de la escuela. Pequeña venía arrastrando los pies detrás de todos los demás, haciendo un puchero al caminar hacia mí. Sólo diré que la niña sabía cómo romperme el jodido corazón. Estaba malditamente cerca de decirle a Bella que tendríamos nuestra cita alguna otra noche, pero eso no sería justo.

—¿Tuviste un mal día, amor? —pregunté, tomando su mochila cuando se subió al asiento trasero—. Se me ocurrió que podríamos ir por una malteada antes de irnos a casa. Sólo tú y yo.

Eso la animó.

—¿En serio? —preguntó, casi sonriendo—. ¿No me iré con Nana?

—¿Qué te parece si hablamos de ello mientras tomamos las malteadas?

Bufó, asintiendo con reticencia.

—Bien. Aunque sé que me vas a obligar a ir.

Obviamente la niña no era tonta.

Luego de asegurarme de que tuviera el cinturón, entré de nuevo en el carro y manejé hacia una cafetería en la ciudad. El humor de Pequeña no mejoró mucho hasta que nos sentamos en la mesa y la mesera nos trajo nuestras malteadas con crema batida y dos pedazos de brownie. Entonces sí sonrió.

—Entonces, ¿qué pasa, terroncito de azúcar? —pregunté y se rió.

—No me digas terroncito de azúcar, papi. Es tonto.

Me reí suavemente y asentí.

—Quizá un poco, pero sí quiero saber por qué no quieres ir a la casa de Nana y Pawpaw hoy en la noche. Es sólo una noche.

—Mami no va a ir. Necesito quedarme con mami.

—¿Por qué, amor? —fruncí el ceño y recargué la barbilla en mi puño—. ¿Por qué no puedes dejar a mami? Yo estaré con ella, te prometo que no estará sola.

Jugó con su popote, dándole vueltas con éste a la malteada y se encogió de hombros. Jesucristo, era como sacarse un diente.

—Sé que tienes una razón.

—Está enferma —suspiró—. Tengo que quedarme con ella porque me necesita.

—Sofía, mami no está enferma de esa manera. En realidad no entiendes lo que pasa, ¿verdad?

No se lo había explicado exactamente bien, así que me hacía totalmente responsable de lo que pensara ahora. Ahora entendía por qué estaba tan reticente en irse; demonios, también había hecho un berrinche cuando tuvo que regresar a la escuela. La última vez que Bella no había estado por una noche, nuestras vidas tuvieron que cambiar. Bella tuvo que quedarse en cama y desde el punto de vista de Sofía, podía entender por qué pensaba que Bella estaba enferma. En cierta manera lo estaba, pero no cómo Sofía pensaba.

Pequeña se encogió de hombros y bebió de su malteada antes de apartar el popote de su boca.

—Mami y el bebé tienen que quedarse en cama porque si no lo hacen, mami se quedará dormida como en mi fiesta. No quiero que mami se vuelva a quedar dormida así, así que quiero quedarme con ella. Eso me asustó mucho.

Asentí y estiré el brazo sobre la mesa para agarrar su pequeña mano.

—Yo también estaba asustado, ¿sabes? Mami se desmayó en tu fiesta, pero no porque esté enferma. Eso pasó porque estaba sangrando, y se sorprendió al verlo. Ella tiene que quedarse en cama para ya no sangrar más. Esto es un poco difícil de explicar, así que si no lo entiendes, dime, ¿bien?

—Bien.

—Cuando las mujeres están embarazadas como mami, sus cuerpos… cambian. Además del bebé en su vientre, también tiene algo llamado placenta. Es así como el bebé obtiene su oxígeno y nutrientes; básicamente comida. Es una parte muy importante de mami y el bebé. ¿Lo entiendes?

—La vedad no.

Sí, esto sería difícil.

—Bueno, todo lo que necesitas saber es que la placenta está en mami y que es la razón por la que el bebé está vivo y creciendo. Ahora, en realidad todavía no quería explicarte esto, pero creo que estarás bien sabiéndolo. Cuando mami tiene al bebé, lo saca de su cuerpo. Como sea, se supone que la placenta debe estar lejos del lugar por donde sale el bebé cuando ella puja. La de mami no está lejos. ¿Lo entiendes?

—¿La placenta está atravesada por donde sale el bebé?

—¡Sí! Ve, te haré un dibujo. Eso te ayudará más.

Tomé el menú y lo giré, agarrando uno de los crayones que había en la mesa. De ninguna jodida manera le iba a explicar el parto en esta cafetería, pero me di cuenta de que probablemente Bella y yo necesitaríamos hacerlo antes de que naciera nuestro hijo. Eso era algo que ella podría hacer. Ya lo habíamos acordado antes. Dibujé un círculo en el papel y luego una figurita con palitos para representar a nuestro hijo; sólo diré que fue una increíble pieza de arte.

—Aquí está tu hermano —dije, señalándolo. Dibujé otro círculo en la orilla del círculo grande y le dije que por ahí era por donde salía. Supuse que llamarlo cuello uterino sólo crearía más preguntas, así que no mencioné eso—. Esta es la placenta.

La dibujé cerca del círculo pequeño mientras ella asentía.

—¿Dónde debe estad?

—Aquí arriba. —Señalé—. El problema con esto es que si mami está muy activa, podría sangrar más. No queremos eso, por eso tiene que quedarse en la cama o en el sofá. Ahora, debería moverse conforme crecen el bebé y su vientre, pero si no lo hace el bebé tendrá que salir de otra manera.

Ladeó la cabeza, mordiéndose el labio.

—¿Otro agujero?

—Con cirugía, como la que hace papá.

—¡No! —Abrió bien los ojos y sacudió rápidamente la cabeza—. Eso es malo. Tú haces cudigía en gente enfedma. ¡Pensé que dijiste que no estaba enfedma!

—Es lo que intentamos prevenir, Pequeña. Sé que es algo que da miedo, pero estamos haciendo todo lo que podemos para evitarlo. Mami está bien ahora. Ya no se desmayará siempre y cuando siga haciendo lo mismo que hasta ahora. Aunque esperemos que esto deba detenerse pronto. Irá con el doctor el martes para ver si su placenta ya se movió. Te prometo que nada le pasará; sin importar nada.

—Pero quiedo quedadme con ella para estad seguda.

Sonreí con tristeza, acariciándole la mano.

—Pero eso no es divertido, princesa. Mami no puede hacer muchas cosas contigo por ahora, y te mereces divertirte un poco. Todavía faltan cuatro meses hasta que llegue el bebé. No podemos pasar todo ese tiempo preocupándonos sobre lo que podría pasar. Incluso si mamá necesita cirugía, estará bien. Papi se asegurará de eso.

—¿Lo pdometes? ¿La harás sentid mejor?

—Por supuesto, corazón. Eso es lo que hacen los papis.

Obvio, no sería yo quien hiciera la cesárea si Bella la necesitaba, pero me aseguraría de que estuviera bien. Bella no estaría en peligro si se llegaba a eso. Puede que yo no sirviera para construir y arreglar cosas en la casa, pero, ¿ser cirujano? ¿Cuidarla de esa manera? Era increíble en ello y ni una maldita cosa le pasaría a Bella si se llega a eso.

—¿Puedo degdesad mañana tempdano? —preguntó.

Asentí.

—Iré por ti cuando estés lista, puedes llamar para asegurarte de que mamá está bien hoy en la noche. Es sólo una noche. Lo prometo. Con una cruz en mi corazón.

—Supongo —suspiró—. Pero no tendé que volved a idme antes de que el bebé llegue, ¿entendido?

Me reí entre dientes extendiendo la mano.

—Trato.


Luego de una larga despedida con Bella, la cual incluyó a Pequeña diciéndole a su placenta que se moviera, mamá finalmente metió a Sofía al carro. Estaba algo sorprendido de que el explicarle toda la situación y prometerle cuidar a Bella haya funcionado. Pequeña era más inteligente de lo que me daba cuenta. Debí saber que sólo tenía miedo de dejar a su mamá, pero no fue así.

Aunque nunca más volvería a subestimarla.

—Ahora me siento algo mal por querer una noche a solas —dijo Bella, moviendo sus piernas en el sofá para poder sentarme—. Sabía que últimamente había estado muy apegada a mí, pero no me había dado cuenta de que tenía tanto miedo de dejarme.

—Es una niña lista —dije, poniendo sus pies en mi regazo para darles un masaje. Sí, le daba masajes. Obviamente era el esposo del año—. Sabe que algo está mal, así que pensó que irse sería una mala idea. Supongo que pensamos de manera similar. Yo odio dejarte para irme a trabajar.

—Aww, ahora me siento mal por ambos. Estoy bien. Quiero decir, me siento genial. Odio estar sentada todo el día y no hacer nada cuando tengo la energía. Quizá mi placenta escuchará a Sofía

Asentí riéndome.

—Fue muy exigente. Aunque creo que la asusté con eso.

—¿Por qué?

—Le conté sobre la posibilidad de una cesárea, cirugía. Me hizo prometer que te haría mejorar, lo cual de todas maneras planeaba hacer.

—¿Tú la harás? —preguntó, alzando una ceja—. Estoy bastante segura de que eso no está permitido.

—No, pero estaré ahí y sé lo que estoy haciendo, así que intervendré de ser necesario. Puedo asegurarme de que mis dos chicas, y pronto mi niño, están sanos. Ese es mi trabajo. —Estiré la mano para acariciar su estómago mientras mi mano izquierda seguía en su pie—. Puedo cuidarte de esa manera, y juro que lo haré.

—Nunca he dudado de eso. Cuando Sofía está enferma, no quiero que nadie más que tú la cuide, incluso cuando estás muerto de miedo y dudas de ti mismo. Sé que nos cuidarás. Aunque en lo que concierne a las cosas de la casa, no te dejaría acercarte a un martillo ni por todo el dinero del mundo. —Se rió.

—¡Nunca me dejarás olvidar cuando colgué esa foto!

Cuando nos mudamos aquí, intenté terminar algunas cosas en la casa que Bella quería. Bueno, nunca nadie me dijo que necesitabas encontrar un poste para poner un clavo en la pared. Mi papá me explicó procedimientos quirúrgicos, no de decoración. Golpeé el clavo con el martillo e hice un jodido agujero en la pared. Bella se había reído durante una hora, y luego sacó la mezcla para arreglarlo antes de colgar ella misma la jodida foto.

—Nop. —Sonrió, poniendo su mano sobre la mía—. Pero está bien. Yo colgaré las fotos mientras tú salvas las vidas de las personas.

—Soy buenísimo en eso, sabes. —Sonreí, pero luego de repente sentí algo moverse debajo de mi mano. Abrí los ojos como platos al ver su estómago—. Él…

—¿Lo sentiste? —preguntó boquiabierta—. ¿También lo sentiste?

Asentí fervientemente mientras me reía.

—¡Joder, me pateó! ¡Bella! ¡Pateó!

Puse mi otra mano en su estómago, rezando por otra patada. Nunca antes lo había sentido moverse, aunque ella llevaba semanas sintiéndolo. No podía… santa mierda, no podía explicar cómo me hacía sentir.

—Patea de nuevo para papá, bebito —dijo ella, la voz se le rompió por la emoción—. Vamos. Te has estado moviendo para mí, así que hazlo para él.

—Oh Dios mío —dije asombrado, sintiéndolo de nuevo—. Es tan fuerte. No puedo… no puedo creer que lo sentí. Santa mierda.

—Se siente raro, ¿verdad? Es como… es como un aleteo. Creí que todavía no podrías de sentirlo.

—Yo también. —La miré sonriendo de oreja a oreja—. Es increíble. Bella, nuestro hijo está moviéndose. Quiero decir, sé que estoy diciendo lo obvio, pero, ¡joder, se está moviendo!

—Síp, y lo está haciendo sólo para su papi.

Besé su estómago una y otra vez antes de llevar mis labios a los suyos. Estaba extático. Estaba en el mejor momento de mi maldita vida porque él se movió. Mi hijo se había movido para mí, y fue la sensación más increíble del mundo. Casi me había olvidado de que esta noche me harían una paja. Quiero decir, todavía lo quería, pero justo ahora no podía alejar mi mano de su estómago.

Esto era la cosa más importante del mundo para mí en el momento.


Lamento la demora.

Espero que les haya gustado el capítulo, ¡gracias por sus comentarios! Nos quedan 7 capítulos de esta historia.

No olviden pasar por el grupo Traducciones:FungysCullen13