Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 11: Feliz Navidad

—Siento que estás abusando del reposo absoluto —dije, cortando otro pedazo de cinta y pegándola al paquete con papel para envolver rosa y blanco brillante—. Apesto para estas mierdas.

Bella se rio desde su lugar en el sofá, llevándose la taza de chocolate caliente a los labios. Sí estaba abusando del reposo absoluto. Su trasero había envuelto cinco de los regalos pequeños de Pequeña desde su lugar sobre mí mientras me dejaba las jodidas cajas enormes de la casa de muñecas y los otros juguetes.

Con todo lo que había pasado, las compras de Navidad fueron dejadas para el último minuto. Y hechas en línea. Las cajas fueron mandadas a la casa de Charlie durante la última semana, yo las recogí hace unas horas luego de que Sofía se fuera a dormir. Era Nochebuena, y no sabía cómo carajo íbamos a terminar todo esto.

—Estoy haciendo los moños —dijo, agarrando uno de su regazo—. El hecho de que pueda hacerlo desde el sofá y no en el piso no es mi culpa.

Rodé los ojos, estirando una mano.

—Lánzame uno. Digo que este bebé ya está listo. Está cubierto, ¿cierto?

—Cubierto, sí. ¿Se ve bien? Eh. —Se rio lanzándome el moño. Lo pegué en la parte de arriba con otro pedazo de cinta y luego lo empujé debajo del árbol, agarrando luego otra muñeca.

Básicamente Sofía había obtenido una casa de muñecas, muñecas, un chingo de ropa, un par de juguetes más y una jodida tablet. En serio. Al parecer era para niños, pero seguía creyendo que era un poco ridículo que mi hija de cinco años obtuviera una tablet. Me iba a encabronar si no resolvía jodidos ejercicios de álgebra en poco tiempo.

Aunque puede que eso fuera esperar demasiado. Hace unos días la vi usar los dedos de sus pies para contar. Pero, quiero decir, hizo bien las cuentas

—Sabes que si logramos dormir antes de que ella despierte, será a lo mucho una hora —dije, mirando el reloj. Ya pasaban de las dos de la mañana y llevábamos haciendo esto desde las once. La niña tenía un montón de mierdas porque Bella se había emocionado mucho con el botón de añadir al carrito—. Aunque creo que estará feliz. Supongo que puedo vivir con una hora de sueño si sonríe como imagino que sonreirá.

—Sabes que sí lo hará —sonrió Bella, atando otro moño—. Es su última Navidad como hija única, quiero que sea especial. Me alegra mucho que tu mamá lo entendiera y se fuera a casa temprano. La mañana de Navidad debería ser… ya sabes, sobre nosotros.

Asentí.

—Sí, y ella lo comprende. Papá me mandó un mensaje de agradecimiento cuando ella llegó a casa. Estoy bastante seguro de que el viejo la extraña.

—Me siento tan mal por alterar sus vidas. Sé que no es mi culpa, pero ella no debería renunciar a su tiempo para cuidarme. De verdad espero que la doctora Uley me quite el reposo absoluto cuando la vea de nuevo. Sé que mi placenta no se ha movido, pero no puedo no hacer nada por otros cuatro meses.

—Haremos que todo funcione. Míranos ahora. Logramos terminar lo de Navidad mientras tú descansas. Esa es una hazaña jodidamente grande.

Desafortunadamente, la cita de Bella de la semana pasada no había mostrado ningún cambio. Su útero estaba creciendo, pero la placenta no estaba subiendo. La verdad yo ya esperaba esas noticias, pero a Bella le partió el corazón. Aunque la doctora Uley dijo que podría quitarle el reposo absoluto si Bella ya no sangraba más. No podría regresar a trabajar, pero podría caminar por más tiempo del que le tomaba ir al maldito baño.

—Cierto —suspiró—. La siguiente semana comenzaremos a planear el cuarto del bebé, supongo que eso es algo que puedo esperar.

—No será otro mundo rosado. —Sonreí—. Demonios sí.

Dejó de hacer pucheros y soltó una rápida carcajada. No era lo que quería, pero tampoco fue muy gracioso. Ella no estaba de ánimos por ahora, y no podía culparla. Aunque no dejaba que le afectara mucho. Sabía que se estaba volviendo loca, pero estaba feliz la mayor parte del tiempo. Sin embrago, yo había hecho mi misión hacerla reír lo más posible.


Bella y yo logramos terminar de envolver justo antes de las cuatro de la mañana, nos habíamos tomado un pequeño descanso en cierto momento porque nuestro hijo había estado pateando muchísimo y yo no podía perderme de esa mierda. Fue un milagro de Navidad que Pequeña no entrara corriendo en nuestra habitación hasta las siete y media. Estaba en estado de pánico porque había dormido más de lo que quería.

Aunque nosotros estábamos emocionados.

Luego de ayudar a bajar a Bella y acomodarla en el sofá, saqué todos los regalos de debajo del árbol —luego de tomarle una foto a Sofía con ellos— y los puse frente al sofá. Pequeña ignoró mi trabajo de envoltura. Claramente le importaba un carajo que no estuvieran expertamente envueltos como siempre. Amó cada regalo, incluso la ropa. Demonios, incluso se probó la mayoría entre regalos.

—¡Oh Dios mío! —gritó, arrancando el papel de regalo de la casa de muñecas—. ¡La consiguieron! ¡Sí!

Bella tomó una foto mientras nos reíamos de su emoción. Pasó los siguientes diez minutos diciéndonos todo sobre lo mucho que la quería y lo jodidamente increíble que era. Al parecer, era una casa de muñecas muy especial. ¿Por qué? No tenía ni jodida idea.

—¡Gracias! —dijo, lanzando sus brazos alrededor de mi cuello y abrazándome con fuerza—. ¡Los amo!

—También te amo, bebé —me reí entre dientes, palmeándole la espalda—. Aunque mami fue quien la consiguió. Supongo que Santa no pudo encontrarla, así que ella movió algunos contactos muy importantes para conseguirla.

De hecho, le ganó a alguien en una subasta por eBay y probablemente aplastó los sueños que otra niña tenía por la casa de muñecas. Esa era mi chica.

—¿Supongo que estás feliz? —preguntó Bella, sonriendo cuando Pequeña se subió al sofá para abrazarla.

Sofía asintió.

—¡Sí! ¡Muchas gracias!

—De nada, cielo. Qué te parece si terminamos, ¿de acuerdo? Recuerda que el abuelo y la señora Sue van a venir, y luego iremos a casa de Nana y Pawpaw en la tarde.

—¡Bien! ¿Cuál es el siguiente?

Nos costó dos horas en total para terminar de desenvolver todo. Hubiera sido menos tiempo si Sofía no hubiera jugado con todo al abrirlo, pero así era como ella hacía las cosas. Cada juguete y muñeca merecía atención especial, supongo. Luego de terminar, nos dio a Bella y a mí nuestros regalos.

A mí me dio una corbata nueva y un gorro para el trabajo y Bella obtuvo otra figurilla de sauce, el cual se había convertido en un regalo obligatorio desde nuestra primera Navidad juntos. Aunque esta era la primera vez que Sofía le daba uno y, como era de esperarse, hizo llorar a Bella. Probablemente fueron las hormonas, pero fue un regalo muy dulce. Idea mía, por cierto.

—Hmm, ¿qué es esto? —pregunté sonriendo mientras sacaba el regalo de Bella del árbol. Lo había escondido hace unos días, lo había metido bien entre las ramas donde ella no pudiera verlo—. Creo que es tuyo.

Me senté junto a ella, dándole la pequeña caja y me sonrió.

—Buen escondite —se rio.

—Incluso yo tengo que estirarme para alcanzarlo, así que sabía que no lo encontrarías.

Lo desenvolvió lentamente, teniendo cuidado de no romper el papel. Su sonrisa era tan jodidamente grande y lágrimas se agolparon en sus ojos cuando abrió la caja del collar. Era un pendiente de amatista circular con pequeños diamantes alrededor. Esta fue idea mía por completo, muchas gracias.

—La piedra de nacimiento de Sofía —dijo, sacándolo gentilmente de la caja.

—Si nuestro niño llega a tiempo, los diamantes representan su piedra de nacimiento. Lo planeé completamente. Lindo, ¿verdad?

Se rio suavemente, asintiendo mientras se limpiaba las lágrimas.

—Es perfecto, Edward. ¿Me ayudas a ponérmelo?

Me pasó el collar y se giró. Deposité el pendiente en su pecho y rápidamente lo abroché mientras Pequeña inspeccionaba de cerca la pieza. Sabía que era mejor no decirle sobre esto porque la mayor parte del tiempo la niña no podía mantener la boca cerrada. A veces sí, pero usualmente no.

—Feliz navidad, Bella —dije, presionando mis labios con los suyos—. Te amo muchísimo.

—También te amo. —Sonrió—. Feliz navidad.


Luego de abrir el reloj nuevo que Bella me había comprado, pasamos la mañana jugando con Pequeña y sus juguetes nuevos hasta que ella empezó a bostezar y estuvo lista para tomar la siesta. Llevaba dormida una hora antes de que sonara el timbre señalando la llegada de Charlie y Sue. Ya que ellos tenían planeada una cena de Navidad con la familia de ella, nosotros habíamos cenado con ellos anoche y planeamos una comida ligera hoy para intercambiar regalos.

Era diferente a los años anteriores, pero… las cosas estaban cambiando. No me di cuenta de lo mucho que habían cambiado hasta que entré de nuevo a la casa, cargando las bolsas de despensa que saqué del carro de Charlie.

Sue tenía estirada la mano izquierda y sonreía mientras Bella la sostenía; sus ojos estaban clavados en el pequeño diamante colocado en el dedo de Sue.

—Dios mío —dijo Bella, alzando la cabeza para ver a Charlie—. ¿Se van a casar?

Charlie se quedó de pie frotándose las manos mientras asentía, sonreía de manera nerviosa.

—Se lo pedí anoche, Bells. Y-yo te lo iba a decir primero, pero… no planeaba pedírselo todavía.

Estaba jodidamente nervioso con los grandes ojos de Bella concentrados en él, ella tenía la expresión en blanco. O yo estaba a punto de sacar a Pornstacho de mi casa o ella estaba a punto de comenzar a sollozar. Mi apuesta estaba en los sollozos porque, bueno, últimamente lloraba mucho.

—Es que… —comenzó Bella, parpadeando rápidamente—. Estoy un poco sorprendida.

—Amo a tu padre, Bella —dijo Sue, estirando su mano hacia Charlie—. Nunca pensé que podría volver a ser tan feliz, pero lo soy. Él es un hombre amable, generoso y amoroso. No quiero nada más que pasar el resto de mi vida con él. Sé que es repentino y que te atrapamos con la guardia baja, pero espero que puedas estar feliz por nosotros. Te adoro a ti y a tu familia, y he amado ser parte de ella durante los últimos meses.

Los ojos de Bella se movieron entre ellos dos mientras yo me quedaba de pie en una esquina de la habitación, viéndola de cerca. Me enojaba que él la sorprendiera de esta manera, la verdad. Estaba jodidamente embarazada, embarazada con complicaciones. Lo último que necesitaba era estar estresada o molesta. Pero al mismo tiempo, sabía que no era mi lugar enojarme con él. Él merecía ser feliz, y lo era.

Después de todo, yo le puse un anillo a la mujer que amaba, y lo hubiera hecho sin importar si él o alguien más no lo aprobaban.

—No estoy molesta —dijo Bella, sacudiendo la cabeza mientras sus labios se curvaban ligeramente—. Estoy sorprendida, pero… si esto es lo que quieren, ¿quién soy yo para enojarme? Es algo bueno. Estoy muy sorprendida, pero feliz por los dos.

Charlie sonrió, su pornstacho se torció al acercarse unos pasos e inclinarse para abrazar con fuerza a Bella.

—Te quiero, hija. Jesús, eso fue terrorífico. —Se rio.

—Felicidades —dije sonriendo—. Ahora, uh… ¿qué hago con esto?

Alcé las bolsas y Sue se rio, tomándolas rápidamente de mis manos.

—Supongo que nos distrajimos un poco —dijo—. Comenzaré con la comida.

—Si me pones una tabla para picar en la mesa, te ayudaré —dijo Bella, levantándose del sofá. Me apuré en ayudarla, asegurándome de que estuviera bien de equilibrio antes de soltar su brazo—. Gracias. Mujer embarazada tropezándose no sería un buen recuerdo Navideño.

—Carajo, no —me reí, besando su mejilla—. Iré por Sofía. Estará triste por haberse perdido de esto.

—Yo voy por ella —dijo Charlie cuando me dirigí a las escaleras—. Necesito ver a mi calabacita.


Pequeña estuvo jodidamente emocionada con la noticia del compromiso. Demonios, ya había asegurado su lugar como niña de las flores momentos después de que Charlie y Sue le dijeran. No es que hubiera competencia, por supuesto. Nuestra comida consistió en sándwiches con lo que quedó anoche del pavo, pero fue jodidamente delicioso.

Cuando terminamos de comer, Sofía fue consentida de nuevo con más regalos de los que podía manejar. Fue una tarde agradable y tranquila para Bella. Yo estaba un poco preocupado de que hiciera mucho y terminara sangrando de nuevo, pero permaneció en el sofá o en una silla durante toda la tarde, obedeciendo a la perfección su reposo absoluto.

Luego de despedirnos de Charlie y Sue, finalmente nos vestimos y nos dirigimos a casa de mis padres para cenar. Era la primera vez que Bella salía de la casa a parte de las citas con el doctor, así que estaba extática por subirse al jodido carro. Pequeña, por otro lado, estaba algo deprimida por tener que dejar sus juguetes nuevos, pero se animó rápidamente cuando estacionamos en casa de mis padres.

—¡Asegúrate de que tenga cuidado en los escalones, Edward! —gritó mamá desde la puerta mientras yo sostenía la mano de Bella. Ella estaba perfectamente bien, pero… toda mi familia estaba jodidamente nerviosa por ella.

—¡Feliz navidad, Nana! —dijo Sofía, y pasó corriendo junto a nosotros hacia ella. Mi mamá la cargó rápidamente, besando su mejilla—. ¿No es bonito mi vestido?

—Muy bonito, cariño. Pawpaw está adentro con Ben y Felix. ¿Por qué no vas con él?

Pequeña asintió cuando la dejó sobre sus pies, y luego entró corriendo. Bella iba un poco más lento de lo normal, pero sólo para poder tener más cuidado. Luego de entrar, la acomodé en el sofá y ella tuvo que aguantar ver fútbol con papá, Emmett, los niños y yo.

—¿No hay cerveza para ti, Em? —pregunté, sentándome junto a Bella.

Emmett sacudió la cabeza suspirando.

—Nah, me puse de guardia este fin de semana para que todos los demás pudieran pasarlo con sus familias. Hoy en la mañana llegué a casa hasta las seis. Rose dejó que Ben abriera un videojuego para distraerlo.

—No extraño para nada eso de Edward —dijo Bella—. Quizá le llaman dos veces al mes.

—Bastardo con suerte.

—¡Papi! —gritó Ben boquiabierto mientras jugaba con Sofía—. ¡Me debes un dólar!

—¡Quiero un dólar! —dijo Pequeña.

Me reí a carcajadas mientras Emmett gruñía, sacando dos dólares de su cartera para entregárselos a los niños. El dinero de Pequeña cuando yo maldecía se iba a un tarro para la universidad, pero Rosalie hacía que Emmett le pagara a Ben directamente cada vez. Ja.

—Te odio, para que lo sepas —dijo, lanzándome dagas con la mirada mientras seguía riéndome—. Entonces, ¿cómo funciona esta cosa de no ser llamado del hospital? Creí que no querías estar fuera del quirófano.

Me encogí de hombros.

—Algunos días a la semana tengo operaciones programadas y de vez en cuando me tocan cirugías de emergencia. Aparte de eso, trabajo más que nada en emergencias. En realidad no me molesta. Las horas son buenas, así que casi todas las tardes puedo pasarlas en casa.

—Y escuché que el Doctor James programó su retiro para el final de mayo —dijo papá—. ¿Estás listo para ocupar la posición de jefe de cirugía?

Asentí sonriendo. Carajo, en realidad no podía esperar. Llevaba casi cuatro años trabajando ahí, esperando que esa promesa se cumpliera. Trabajé duro e hice muchas mejoras en el departamento de cirugía, así que sabía que esta vez me lo merecía. No me lo darían por mi padre.

—Cuando él y el doctor Valente me lo dijeron hace unos días, no podía creer que de verdad estuviera pasando. Estoy muy listo.

—Estoy orgulloso de ti, hijo —dijo papá—. De ambos en realidad. Emmett, estás haciendo un trabajo maravilloso como mi remplazo y sé que tú también lo harás muy bien, Edward.

—Gracias —dije.

—Sigo enojado contigo por mentirme sobre la cantidad de papeleo que tendría, pero gracias. —Emmett sonrió.

Mamá rompió su regla más grande y absoluta en el mundo y dejó que todos comiéramos en la sala para que Bella pudiera quedarse en el sofá. También montamos aquí la mesita para los niños, pero Pequeña y Ben estaban enojados por no poder sentarse en el sofá. Fue tranquilo, relajante y agradable.

Bella se la pasó muy bien con todos, lo cual yo sabía que ella extrañaba. Y gracias al jodido Dios, no hubo ningún ataque al corazón o episodios de sangrado que parecían perseguir nuestras reuniones familiares. Fue la manera perfecta de pasar la festividad.


—Um… ¿qué te parece este? —preguntó Sofía, acostada entre Bella y yo en la cama mientras señalaba un nombre en el libro.

—¿Cuál es? —pregunté.

—Tyler. Me gusta Tyler para el nombre de mi hedmano.

Bella besó su cabeza y asintió.

—Lo anotaremos, cielo.

Era Nochevieja y estábamos acostados en nuestra enorme cama, pasando el tiempo hasta que el reloj diera las doce viendo nombres de bebés. Este era el primer año que dejábamos a Sofía mantenerse despierta para este momento, y estaba jodidamente sorprendido porque parecía que sí lo iba a lograr. Sólo nos faltaba una hora más y ella estaba completamente despierta.

Estaba bastante seguro de que Bella le había dado azúcar o alguna mierda.

—Entonces, ¿cómo va la lista ahora, amor? —le pregunté mientras ella escribía el nombre más reciente.

No sabía si elegiríamos un nombre de esos o no, pero ya había concientizado a Bella de que su nombre no sería Edward. Nunca ni en un millón de jodidos años.

—Hunter, Miles, Aawon…

Aaron —la interrumpí—. Sé que puedes decirlo si te concentras.

Bufó rodando los ojos.

—Aa-run. Aaron.

—Buena niña.

—Como sea, Aaron, Chase, Owen y Tyler. ¿Cuál es tu favodito, mami?

—Me gustan todos, cariño —Bella sonrió—. No sé, quizá tengamos que esperar hasta que lo conozcamos para ponerle un nombre.

—¿Quién me puso mi nombre?

—Kate lo hizo —suspiré, abrazándola un poco más cerca—. Sofía es el nombre perfecto para ti, así que me alegra que lo eligiera.

Se encogió de hombros.

—Desearía que ustedes hubieran elegido mi nombre.

—Yo también.

—No me gusta Kate. Desearía haber crecido en la panza de mami como mi hermano.

Ella no había expresado mucho enojo sobre este tema, así que lo había estado esperando en algún momento. Aunque no esta noche. Me atrapó con la guardia baja, Bella estiró el brazo para apretar mi mano sobre el hombro de Pequeña.

—Es normal sentir enojo, Sofía —dijo Bella, sonriéndole con tristeza—. Sé que descubrir lo de ella fue un gran shock para ti, pero no cambia nada.

—¡Sí-aja! —gruñó, aplastando la lista de nombres—. Lo van a amar más que a mí. Ustedes pueden elegir su nombre y sentirlo en tu panza. No es lo mismo. No me sentiste.

—Eso no significa que te ame menos —dije—. ¿Recuerdas? Creciste en su corazón.

—No es lo mismo. —Rodó los ojos—. ¿Por qué tienen que tener otro bebé? Ya no quiero un hermano o una hermana. No quiero un bebé porque le van a poner nombre y va a ser más importante que yo.

—Eso no es verdad, Pequeña. —La sostuve más fuerte contra mi pecho, pero ella me echó a un lado, bajándose de la cama antes de poder detenerla—. Oye, estamos hablando.

—No. —Lágrimas llenaron sus ojos y su labio inferior sobresalió—. No tengan al bebé.

—Lo vamos a tener, corazón —dijo Bella, sentándose—. que es confuso para ti luego de lo que te dijimos, pero no cambia nada. Lo juro. Vamos a tener otro bebé porque tenemos mucho amor que dar. Papi y yo te amamos la misma cantidad que amaremos a tu hermano. El hecho de que él crezca en mi vientre y tú no… el amor no es diferente. No lo amaré más que a ti. Tenía miedo de que te sintieras así.

Pequeña lloró mientras yo me movía en la cama y envolví mis brazos a su alrededor antes de que pudiera intentar irse. Lo intentó como había pensado, pero la sostuve con fuerza. Carajo, no sabía cómo manejar esta mierda.

—Está bien, bebé —dije, besando su cabeza mientras lloraba—. ¿De verdad estás enojada con nosotros por tener otro bebé? ¿De verdad crees que podríamos amarte menos? ¿No te amamos lo suficiente?

—¡No sé!

—Te amamos más de lo que las palabras pueden expresar —dijo Bella, estirando el brazo para tomar su mano—. Las cosas cambiarán, pero nuestro amor por ti no. Mi amor por ti no puede cambiar jamás. Eres mi hija, hayas crecido en mi vientre o no. Sólo estás asustada, ¿no?

Pequeña asintió en mi pecho, acurrucando su cabeza contra mí. Mi corazón se hizo jodidos pedazos, dolía por mi bebita. Desearía no haberle dicho sobre Kate, pero el mentirle sólo hubiera empeorado este enojo en unos años.

—Está bien tener miedo cuando las cosas cambian —continuó Bella—. Tengo miedo, ¿sabes? Estoy muy emocionada porque llegue tu hermano, pero es un gran cambio. Aunque sé que será un buen cambio. Tú lo amarás tanto, y papi y yo los amaremos igual a los dos, una cantidad que nunca podré expresar en palabras.

—¿No me amarías más si creciera en tu panza?

Sacudió la cabeza sonriendo.

—Es imposible. ¿Desearía que hubieras crecido en mí? Por supuesto, pero no podemos cambiar el pasado. No te tendríamos a ti; en toda tu perfección, si las cosas fueran diferentes, y no te cambiaría por nada en el mundo.

Pequeña se soltó de mis brazos y gateó hasta Bella, abrazándola con fuerza.

—Quiero que siempre me ames, mami.

—Te juro que así será.

—¿Llevas mucho tiempo preocupada por esto, bebita? —pregunté.

—Algo. —Se encogió de hombros—. Sé que soy especial, pero no soy especial como el bebé.

—Ambos son diferentes y especiales a su manera. No hace que uno sea más especial que el otro. Cuando crezcas, me entenderás mejor, y sé que en cuanto conozcas a tu hermano, lo amarás.

—Sí lo amo. Es que… no sé. Estoy asustada.

Bella besó su sien, asintiendo.

—Y ambos estamos aquí para hablar sobre tus miedos. Nunca te escondas de nosotros, ¿bien? ¿Te sientes mejor?

—Supongo. ¿Puedo ir a verlo cuando vayan al doctor la siguiente vez?

Los ojos de Bella se encontraron con los míos cuando se encogió de hombros.

—Creo que sería buena idea.

—Yo también —dije—. En realidad, creo que te gustará. Es bastante genial verlo.

Pequeña sonrió.

—¿Él me verá, como cuando hablamos por la cámara con otra gente?

—No, la tecnología no ha avanzado tanto todavía —me reí entre dientes—. Pero cuando nazca, puedes decirle que lo viste por un monitor en mami, ¿de acuerdo?

—Eso es genial.

Luego de calmarla, guardamos el libro de nombres de bebés y pusimos caricaturas hasta que faltaban diez minutos para la media noche. Agarré el jugo de manzana y copas de abajo, sirviéndonos un poco a cada uno mientras nos sentábamos en la cama para el conteo regresivo. En cuanto cayó la bola, besé a Bella y le soplé un beso a Sofía en la mejilla, haciéndola reír.

—¡Feliz año nuevo! —gritó, chocando su copa de jugo de manzana con las nuestras antes de tomárselo.

—Feliz año nuevo, princesa —sonreí—. Este va a ser un año increíble, ¿no?

—¡Síp! ¡Y el siguiente año me voy a quedar despierta porque esto es maravilloso!

Bella y yo nos reímos suavemente, compartiendo otro beso. Este año nos traería a nuestro hijo y nuestra familia estaría completa. Pequeña se ajustaría con el tiempo y no tenía duda de que amaría a su hermano cuando lo conociera. Siempre y cuando no intentara cambiarlo de verdad por otro niño en el hospital, todo estaría bien.

Aunque sí podía imaginarla intentándolo.


Nos quedan 6 capítulos. La siguiente actualización será el viernes 13 de junio.

¡Gracias por sus comentarios!