Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 11: Fred, Frank y Frannie

—Edward… Edward… Edward.

Gemí, volteándome de lado para quedar de frente a una Bella muy despierta. Ella ya no podía dormir ahora, así que al parecer yo tampoco lo tenía permitido.

—¿Sí?

—Tiene hipo. —Sonrió y agarró mi mano para ponerla sobre su estómago—. ¡Es tan raro!

Yo en realidad no podía sentir el movimiento, pero él pateó cuando mi mano se posó sobre su estómago. Bien, valía un poco la pena no dormir para sentir esto. Carajo, tan sólo la risa de Bella hacía que valiera la pena.

—¿Cómo se siente? —pregunté, ladeando la cabeza para besarle los labios.

—Me hace cosquillas. Está posicionado muy abajo, en mi pelvis. Es tan raro. No puedo describirlo. Yo sólo… me encanta.

—¿Todavía te duele la espalda?

Asintió.

—Sí, pero no es tan malo cuando estoy de costado. Sólo no puedo ponerme lo suficientemente cómoda para dormir. Perdón por despertarte.

—Eh, viviré. —Me encogí de hombros—. ¿Pero te sientes bien?

—Sí, Edward.

—Sólo me aseguraba —me reí entre dientes, envolviéndola con mi brazo.

Dejó caer la cabeza en mi pecho, suspiró suavemente cuando sobé la parte baja de su espalda. Ahora estaba ya en su semana número veintisiete del embarazo, y su cuerpo le dolía en más lugares de los que yo quería pensar. La Doctora Uley le había quitado el reposo absoluto, pero todavía no podía trabajar porque su placenta no se había movido en lo más mínimo. Carajo, apestaba que probablemente tendríamos que lidiar con esto durante todo el embarazo. Incluso habíamos empezado a hablar sobre el hecho de que necesitaría una cesárea.

Bella y yo estábamos aterrorizados, pero nos apoyábamos el uno al otro para hacerle frente. Nos enfrentaríamos juntos a cualquier cosa que se nos interpusiera, pero no compensaba el hecho de que lo que debió haber sido el tiempo más alegre de nuestras vidas era, en realidad, aterrador. Cada día cuando estaba en el trabajo me preocupaba que ese fuera el día en que recibiría la llamada; esa diciéndome que estaba sangrando de nuevo, e incluso peor que antes. Desafortunadamente era una posibilidad.

Mamá se había regresado a casa cuando le quitaron el reposo absoluto, pero venía unas cuantas veces por semana para hacerle compañía a Bella y ayudar a planear el cuarto del bebé. La verdad deseaba un poco que mi madre estuviera aquí, una jodida locura, lo sé. Pero es que ella evitaba que Bella se esforzara mucho y yo tenía un poco de paz mental sabiendo que mi mujer era cuidada todo el tiempo.

Lo extrañaba.

Aunque sí me gustaba haber recuperado mi privacidad. Bella me dio una mamada esta noche luego de que Sofía se durmiera, y era agradable no temer que mi maldita madre entrara a mitad del acto.

—Creo que podría dormir si nos quedamos así —dijo Bella, mirándome con una suave sonrisa—. ¿Estás muy incómodo?

Negué con la cabeza, pasando mi mano por su cabello. En realidad, tenía sus brazos y piernas envueltos a mí alrededor como si yo fuera un tubo y no era para nada cómodo. Sin embargo, funcionaba si mentía, siempre y cuando ella estuviera cómoda.

—Estoy bien, Mordelona. Sólo cierra los ojos. Nos quedaremos así.

—Te amo. —Se levantó, presionando sus labios contra los míos—. Buenas noches.

—Buenas noches. Yo también te amo.


—¿Leíste toooodos estos libros, papi? —preguntó Pequeña, mirando el librero que tenía en mi oficina con ojos como platos—. Tienen que ser como… ¡un millón!

Me reí entre dientes, cerré un historial y lo cambié por otro.

—Los uso todos. Muchos tienen fotos. ¿Quieres que te preste uno?

Sí, eran fotos de la anatomía humana, pero aún así. A mí me gustaban los libros médicos de mi papá cuando era pequeño, así que quizás a ella también. Traje a Pequeña conmigo al trabajo hoy ya que la escuela tenía algo con los profesores y ella no tenía clases. Papá, mamá y Bella se habían ido hoy temprano a Seattle para elegir algunas cosas para el bebé, y Sofía no quería ir. Era un viaje ridículamente largo en carro, así que no la culpaba. Demonios, casi ni quería que Bella fuera, pero ella no me dejaría decirle que no. Además, papá también había ido, al menos tenía un doctor con ella.

Ese hecho me daba un poco de consuelo.

—Aquí hay uno del corazón —dije, sacando uno del estante para ella. Tenía unos cuantos diagramas, supuse que sería suficiente hasta que pudiéramos salir de aquí.

—Bien —dijo, tomándolo de mis manos y yéndose a sentar pacientemente en mi sofá.

Usualmente Pequeña era una excelente niña, pero era incluso mejor cuando la traía al trabajo conmigo. Supongo que era por estar rodeados de extraños o alguna mierda. Unas enfermeras se la habían robado esta mañana mientras yo hacía mis rondas, y la encontré con un chingo de calcomanías y una taza de jugo de manzana porque, de acuerdo con ellas, era jodidamente buena.

—Sólo tengo pocos historiales más en que trabajar antes de irnos, ¿bien? —pregunté.

—Uh-huh. ¡Esto es tan genial, papi!

Asentí riéndome.

—Yo también pienso eso. Gracias por ser una niña tan buena.

Me miró sonriendo enormemente antes de que sus ojos regresaran directo al libro. Intenté apurarme para terminar mis historiales, y estaba casi al final del montón cuando mi buscapersonas sonó. Gimiendo me lo saqué de la cadera y me di cuenta de que no podría dejarlo esto a nadie más.

Carajo.

—Amor, papi tiene que trabajar —suspiré, me paré de mi asiento y agarré mi bata—. Vamos a ver si alguien puede mantenerte entretenida, ¿de acuerdo?

Carajo, debí haberme ido luego de hacer las rondas esta mañana, pero el siguiente cirujano no estaría disponible hasta después de mediodía. Por supuesto, apenas eran las once, jodida suerte. Sofía no parecía estar molesta, aunque ella pensaba que yo tenía el trabajo más jodidamente bueno del mundo. Yo era para ella, después de todo, el papá más genial.

Llegamos a emergencias y estaba a punto de agarrar a alguien cuando vi a Charlie parado en el mostrador mientras llenaba un papeleo. Antes de poder decir una maldita palabra, Pequeña corrió hasta él y se pegó a su pierna.

—Calabacita —él se rio entre dientes, cargándola—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Viendo a papi trabajar. —Sonrió con orgullo—. Pude ver fotos de un corazón dentro de alguien.

Probablemente debí haber revisado mejor ese libro. Oops.

—Bueno, si esa no es la cosa más genial que he escuchado en mi vida, no sé qué más será. Es bueno verte, Edward. —Asintió.

—Igualmente, Charlie —dije—. Oye, ¿estás muy ocupado?

—¿La víctima del accidente de carros es tuya?

—Pronto lo será. Por supuesto, el único día que la traigo conmigo, tengo una cirugía de emergencia y Bella está en Seattle con mis padres.

—Bueno, puedo mantener entretenida a la calabacita por un rato, si necesitas.

Sonreí y asentí.

—Sería una gran ayuda. Espero no tardar mucho.

—No es problema alguno, hijo. ¿Qué te parece si vamos a arruinarte el apetito con algo de helado, Sofía?

Ella se rio, asintiendo frenéticamente.

—¡Sí! Te veré luego, papi. Te amo.

—También te amo, Pequeña. Sé buena con el abuelo. —Besé su mejilla, haciéndole suaves cosquillas en el costado.

—Sí. Adiós.


Afortunadamente, las heridas de la víctima del accidente de carros no eran muy severas. La mujer tenía una laceración esplénica que necesitaba ser reparada, pero no tardé mucho haciéndolo. Entré y salí en poco más de una hora, y luego encontré a Pequeña y Charlie en la cafetería. No fue nada sorprendente ver que ella había tomado como rehén el celular de él y estaba jugando un juego mientras él trabajaba en su laptop. Tecleaba lentamente, y no pude evitar carcajearme de su concentración.

—Terminé, corazón —dije, sacando la silla junto a ella. Me agaché para besar su mejilla y ella al parecer ganó el juego que había estado jugando.

—¡Gané, papi! ¡Mira! —gritó—. Abuelo me dejó descargar un juego de competencia. ¿Me lo descargarías tú también?

—Claro, Pequeña —me reí entre dientes—. Ahora, ¿ya te arruinaron completamente el apetito?

Sonrió.

—Comí helado, pero sigo con hambde. ¿Vamos a comer?

—Sí, vamos. ¿Quieres venir, Charlie?

—Si me aparta de esta jo-tonta cosa, demonios sí —dijo, cerrando de golpe la laptop—. La maldita cosa ni siquiera funciona.

—Casi dijiste la palabra con J —dijo Pequeña, viéndolo de cerca—. Papi tiene que poner un dólar en mi cuenta para la universidad cuando dice eso.

—¿Qué, entonces ya tienes suficiente para ir a Harvard? —se rio—. Me alcancé a detener, enana. Quizá para la próxima.

—Maldición y demonios también son malas palabras. Aunque mierda es peor. Papi dice eso mucho.

Ladeé la cabeza viéndola con ojos entrecerrados.

—Um, ¿disculpa?

—Oops. —Se tapó la boca con las manos, riéndose.

Pornstacho me sonrió sacudiendo la cabeza. Sí, eso era mi culpa, pero ella sabía muy bien que no debía decir esas palabras, incluso si alguien más lo hacía. Aunque él no las dijo. Claramente el control sobre mi boca no era tan bueno como pensaba.

Al menos Bella no presenció esto.

—No tienes permitido decir esas palabras, Pequeña —dije, dándole la mirada más estricta que pude hacer. Aunque era jodidamente horrible para eso, incluso más cuando su labio inferior sobresalía y me miraba con esos ojos—. ¿Qué se dice?

—Lo siento, papi. No lo haré de nuevo. Lo pdometo.

Suspiré pero asentí.

—Bien, pero si lo haces de nuevo te quitaré algo, ¿entendido?

—No lo haré. ¿Podemos ir ya a comer con el abuelo?

—Sí, deja voy a cambiarme primero. ¿Me esperan afuera, Charlie? Podemos llevarnos mi carro si quieres.

Asintió.

—Me parece bien. Vamos, calabacita.

Se puso de pie, ofreciéndole su mano. Ella la tomó rápidamente, yéndose con él mientras yo subía para cambiarme en mi ropa normal. Le dije a una enfermera que me llamaran si mi paciente tenía alguna complicación, y luego salí hacia mi carro.

Fuimos a un restaurant en la ciudad, tuvimos una comida bastante decente mientras Pequeña me ponía al corriente sobre todo lo que ella y Charlie habían hecho mientras yo estaba en cirugía, y luego comenzó a hablar sobre su cumpleaños, para el cual faltaban sólo cinco días.

Mi niña estaba a punto de cumplir seis, y, carajo, yo no podía creerlo. Sentía que fue apenas ayer cuando la vi meterse pastel en la boca durante su primer cumpleaños, pero no era así. Los años habían pasado muy rápido, y pronto enfrentaría este problema con otro hijo.

Carajo, esto era una locura. Y eso sin siquiera mencionar que ahora yo me encontraba más cerca de los cuarenta que de los treinta.

—Entonces, ¿Bella ya se decidió sobre las cosas para el cuarto del bebé? —preguntó Charlie, agarrando una papa frita del enorme plato entre nosotros.

Pequeña estaba ocupada, hundiendo su propia papa en la malteada de chocolate que tenía frente a ella. Bella le había enseñado ese asqueroso hábito.

—Creo que se decidió entre dos temas diferentes, pero quería ver los diseños antes de comprar algo —dije—. No pudo hacer esto con Sofía, así que se está tomando su tiempo para hacer decisiones. La verdad yo no lo entiendo.

—Yo tampoco —dijo, sacudiendo la cabeza—. Pero, quiero decir, al menos está distrayendo su mente. Ella está… bien, ¿cierto? Últimamente no he recibido muchas noticias.

Me encogí de hombros.

—Por ahora sí lo está, pero la verdad no sé cómo serán los siguientes meses. No me sorprendería que tuviera que regresar al reposo absoluto conforme avance el tiempo.

Él hizo una mueca y suspiró suavemente.

—Es una pena. Está tan emocionada por esto, pero ahora es como si estuviéramos a la espera de que algo malo pase.

—Nada malo va a pasar —dijo Pequeña, sonaba completamente segura—. Si mami necesita cidugía, papi la hará mejorar. Sigo diciéndole a su pacenta que se mueva, pero no escucha.

—Bueno, eso no está bien. —Él sonrió con tristeza, alborotándole el cabello—. Necesita escucharte, cariño.

—Duh. —Rodó los ojos, haciéndonos reír suavemente a los dos—. ¿Puedo tener otdo papel para pintad?

Asentí.

—Pediré uno, bebé.

En cuanto estuvo distraída por un remplazo nuevo, Charlie y yo hablamos un poco más sobre la condición de Bella antes de que él tuviera que regresar a la estación. Lo dejé junto a su patrulla en el hospital, y luego Sofía y yo nos fuimos a casa.

Llamé a Bella mientras manejaba, poniéndola en altavoz por las bocinas del carro mientras nos contaba a Pequeña y a mí lo que había comprado. Al parecer también había una pequeña sorpresa para Sofía. Por supuesto, eso puso feliz a nuestra niña.

—Nos pondremos en camino luego de una tienda más, llegaré a casa entre las siete y ocho —dijo Bella.

—¿Te sientes bien? —pregunté.

—Sí. Un poco cansada, pero estoy bien. Tu papá no me dejó caminar mucho, y me hizo sentarme muy seguido. Básicamente es una versión más vieja y quizás un poco más atractiva de ti —se rio.

—Eso me hiere en lo profundo, Mordelona. Lo más profundo.

—Él dice que es verdad. ¿Estás en casa?

Giré en la esquina, asintiendo para mí.

—Estoy entrando en nuestra calle ahora. Llámame cuando se pongan en camino ¿bien?

—Lo haré. Los amo.

—¡También te amo, mami! —gritó Pequeña desde el asiento trasero.

—También te amo. Adiós —dije, terminando la llamada.

Apenas comenzaba a nevar cuando entré al garaje, lo cual por supuesto significó que Pequeña quería jugar en la nieve. Luego de arroparla con su traje para la nieve y botas, nos dirigimos al patio trasero para que pudiera divertirse.

—¿Podemos hacer un mono de nieve, papi? —preguntó, agachándose para agarrar la nieve del piso.

Ayer había nevado unas cuantas pulgadas y parecía que para mañana tendríamos unas cuantas más, aunque nada muy grave, según el reporte del clima. Pequeña aventó la mano, dejando que la nieve cayera lentamente mientras yo asentía.

—Tendrá que ser un mono de nieve bebé —dije, arrodillándome y comenzando a hacer la bola—. Quizá mañana podremos hacer uno más grande, ¿sí?

—¡Bien! ¡Iré por una zanahoria bebé y pasas para sus ojos y boca!

Entró corriendo rápido en la casa antes de que yo pudiera decirle algo más, y me quedé riéndome mientras comenzaba a hacer el mono para ella. Cuando regresó, hizo una pequeña bola para su cabeza y luego comenzamos juntos con la parte de en medio. Nuestro producto final era de unos dos pies de altura y la zanahoria bebé para su nariz también era pequeña, haciéndolo verse jodidamente ridículo.

—¿Cómo vamos a ponerle? —preguntó Pequeña mientras yo lo cargaba cuidadosamente del patio para ponerlo en el porche.

—¿Qué te parece si tú decides?

Se sentó en una de las sillas llenas de nieve mientras yo comenzaba a quitar con una pala la nieve que acababa de caer en el porche. Cada vez que alzaba la vista, ella parecía estar sumida en sus pensamientos, mirando insistentemente al mono de nuevo. Carajo, era simplemente adorable.

—Hmm, ¿qué te parece Fred? —preguntó—. Y luego mañana cuando hagamos a su papá puede llamarse Fwank y no sé todavía cómo se llamará la mami.

Me reí entre dientes y asentí.

—Me gustan esos nombres, cielo. Fred, Frank y todavía no sabemos.

—Quizá otro nombre con F. ¿Cuál es un nombre de niña con f?

Recargué la pala en la casa, acercándome para sentarme junto a ella.

—¿Faith? ¿Frannie? ¿Florence? Tengo que esforzarme para pensar en más.

—Me gusta Frannie. —Asintió palmeando la cabeza de Fred—. Mañana te haremos a tu mami y papi, Fred. Aunque necesitamos zanahorias grandes para ellos.

—Conseguiremos unas grandes —me reí entre dientes, envolví mis brazos alrededor de ella y la puse en mi regazo—. Ahora, vamos a calentarnos y a poner una película, ¿bien?

—¿Podemos ver Hedcules? No la he visto desde que mami estaba en cama. Eso fue como…, hace para siempre.

—Así es, ¿no? ¡Hace para siempre! —me reí, soplando un beso en su mejilla mientras me ponía de pie con ella en mis brazos.


Odiaba admitirlo, pero me gustaba Hércules. Además, Pequeña no la había visto un millón de veces como algunas de las otras películas, así que ningún pensamiento suicida apareció en mi cabeza. Se acurrucó conmigo en el sofá, acostando su cabeza en una almohada que tenía en mi regazo mientras la película avanzaba.

Eran estos momentos los que amaba más de ser papá: el tener cerca a mi niñita y pasar tiempo con ella. La verdad, me importaba una mierda que las únicas películas que veía en estos días eran de caricaturas o el hecho de que llevaba meses sin salir con Jasper y Emmett. No lo extrañaba, como había pensado que haría hace tantos años.

Me encantaba que Sofía dependiera tanto de mí y que me viera como si yo colgara de la maldita luna. Me encantaba saber que un día, ella recordaría momentos como estos y sonreiría, recordando que yo hacía todo lo que ella quería. Quizá le decía a diario que la amaba, pero el demostrárselo significaba más que esas palabras.

Siempre le demostraría que ella era mi mundo entero, igual que Bella y su futuro hermanito. Y ni una maldita cosa lograría cambiar jamás eso.


Este fue un capi más que nada de transición, aunque para mí fue bonito ver interactuar sólo a Edward y Sofía como al principio de la historia. El siguiente capítulo será el cumpleaños de Sofía, ¡nuestra Pequeña cumple seis años! Y será Bella POV.

Por cierto, nos quedan sólo 5 capítulos antes de tener que despedirnos de esta historia. Ya están todos traducidos y se irán actualizando los viernes.

Espero que les haya gustado, ¡Gracias por sus comentarios!