Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
A Few More F Words
Capítulo 14: Fe
—Jodido Jesucristo —gemí mirando las pilas y pilas de ropa de bebé que estaban en la ya terminada habitación—. ¿Qué, esto lo vestirá por los primeros dos años?
—Uh… creo que unos cuantos conjuntos son para dieciocho meses —Bella se rio, sentándose en la mecedora—. Supongo que me consintieron un poco.
Me reí entre dientes, sacudiendo la cabeza incrédulo. ¿Un poco consentida? El baby shower de Bella había vestido a nuestro hijo por dieciocho meses, y eso era sin agregar las cosas que ella ya había comprado. Yo sólo estaba agradecido por no haber tenido que asistir a ese fiasco.
—Entonces, ¿estamos listos?
La habitación gris con azul clarito había sido terminada la semana pasada, y yo estaba bastante seguro de que teníamos todo lo necesario para este niño. Desde el asiento para el carro y la carriola hasta pañales en almacenamiento, lo teníamos todo, muchísimo más de lo que recordaba que Pequeña había necesitado. Teníamos cinco semanas hasta la cesárea programada de Bella —la cual era seis días antes de su fecha de parto real— y todo parecía estar pasando jodidamente rápido.
Un mes.
Mi hijo llegaría en un mes.
—No, todavía quiero conseguir unas cuantas cosas —dijo al mirar la ropa y los regalos—. Tienes el viernes libre, ¿no?
Asentí sentándome en el brazo de la mecedora.
—Sí, ¿por qué?
Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras se acariciaba el estómago.
—Bueno, hice un trato con Sofía. De hecho, tus padres me ayudaron un poco. Carlisle le dijo que extrañaba a Reese, y le preguntó que si podía llevarla una tarde. Con un poco de negociación, logré asegurarnos una noche de cita… la cual podría incluir un poco más de compras.
—Noche de cita, ¿huh? ¿Una cita de verdad o quedarnos aquí?
A pesar de que ella ya no estaba en reposo absoluto, todavía no nos habíamos aventurado mucho fuera de la casa. Me había acompañado en unos cuantos recados, pero aparte de la casa de mis padres, la de Charlie y el viaje a Seattle, no hubo nada más. La verdad, a mí me gustaría pasar una tarde afuera, comer en algún lugar agradable y estar solos.
Dentro de poco, esa ya no sería una opción durante un tiempo.
—Estaba pensando en ese increíble lugar italiano frente al mar en Port Ángeles. —Se mordió el labio, se veía malditamente esperanzada; como si yo pudiera negarle algo.
Le sonreí asintiendo.
—Creo que eso suena genial, Mordelona. ¿Y Sofía está de acuerdo?
—Sí, pero no para pasar la noche. Ella espera que regresemos a casa de tus padres a las nueve. ¿Estás seguro de querer ir? Ella sólo tiene medio día de clases, así que pensé que podríamos recogerla en la escuela e ir con tus padres, hacer algunas compras y luego tener una cena tranquila.
Ir de compras sonaba jodidamente horrible, pero sobreviviría.
—Estoy seguro. Creo que es una buena idea —dije, agachándome para besarla.
Acarició mi mejilla y sonrió cuando me aparté.
—Eres maravilloso, para que lo sepas.
—Sí, jodidamente increíble seguro. —Sonreí—. Ahora, ¿qué demonios hacemos con estas mierdas?
—Toda la ropa necesita ser lavada y las otras cosas guardadas. Seguirás siendo maravilloso y me ayudarás, ¿verdad? Quiero decir, sí logré sacarte del baby shower.
Me reí entre dientes, asentí al ponerme de pie y ofrecerle mi mano. Se levantó con un gemido, estirando la espalda.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo inflamada y adolorida… y enorme —se rio.
De hecho, no estaba ni de cerca tan grande como pensaba. No me malinterpreten, su estómago estaba de tamaño perfecto para tener treinta y cinco semanas, pero se veía jodidamente increíble. ¿Conocen esas mierdas sobre el resplandor que dice la gente de las mujeres embarazadas? Bueno, Bella es la única mujer en la que he notado eso. Era la mujer más preciosa del mundo, y siempre lo sería.
—Eres perfecta. —Sonreí, presionando mis labios en su sien.
Sólo nos tomó dos días el lavar toda la ropa de bebé, las mantas y las toallas, y guardarlas en el cuarto o almacenarlas en cajas en el garaje. Luego de haber arreglado todo eso, Bella decidió seguir adelante y empacar las bolsas para el hospital. Bueno, re-empacarlas… de nuevo.
No podía mantener a mi esposa fuera de sus pies ni intentándolo, así que no lo hice. La doctora Uley dijo que estaba bien, y yo estaba muy jodidamente seguro de que esto era la mierda de hacer el nido que había leído. Cada noche después del trabajo, llegaba a casa con un nuevo pedido de mover algo. La mesa cambiadora estaba unas pulgadas demasiado hacia la derecha, la cuna estaba demasiado cerca a la pared, y las fotos en las paredes no estaban lo suficientemente derechas.
Y luego de que la habitación del bebé parecía estar bastante bien, algo más no lo estaba. Era un ciclo sin fin, pero yo me dejaba llevar.
—No entiendo por qué todavía no tiene nombre —dijo Pequeña desde el asiento trasero mientras manejábamos a casa de mis padres—. ¿Puedo ponerle el nombre? Porque en sedio me gusta Hunter.
Bella me lanzó una sonrisa, sacudiendo ligeramente la cabeza. Ese nombre había salido de la lista hace semanas, junto con otros diez.
—Es que todavía no nos decidimos, cariño —dijo—. Aunque tenemos mucho tiempo aún. Tendrá un nombre pronto.
Honestamente yo dudaba eso. Me gustaban todos los nombres de nuestra lista, pero Bella no podía decidirse y tenía miedo de elegir un nombre que no encajara con nuestro hijo. Era comprensible, así que tenía la sensación de que no tendría nombre hasta que lo sostuviéramos en nuestros brazos.
Recientemente yo me había acostumbrado a decirle mi pequeño. Quiero decir, después de todo complementaba a Pequeña.
—Quizás este fin de semana buscaremos más nombres —dije, mirando el retrovisor—. ¿Te parece?
Asintió.
—¡Uh-huh! Reese está maullando de nuevo.
El maldito gato no se había callado desde que la metimos en la transportadora, con excepción de unos silenciosos momentos que usó para recuperar su fuerza. Al parecer no le agradaba mucho viajar, lo cual fue sorprendente. Pero así fue como convencimos a Sofía de que nos diera una noche a solas, así que no tenía otra opción más que soportar los molestos llantos que venían de atrás. En realidad me sentía un poco mal por la bola de pelos.
No había estado muy feliz al acceder a un gato, pero Reese no era tan mala. Seguía más que nada a Pequeña o Bella a todas partes, nosotros fraternizábamos alrededor de las cinco y media cada mañana antes de mi footing. Yo bebía café y ella se sentaba en el piso, comiendo su comida en silencio. Esta mañana la encontré acurrucada alrededor de mis zapatos, lo cual… sí, la gata era algo linda.
Me estaba encariñando.
—Ya casi llegamos —dije, entrando en el largo camino de entrada de mis padres—. Aunque no estoy seguro de que sea una gata viajera.
Pequeña se rio.
—Nop, pero Pawpaw la extraña. Quizá debamos ponerla conmigo de camino a casa, ¿sí? Sólo tiene miedo.
—Lo pensaremos, siempre y cuando prometas no sacarla —dijo Bella y me reí un poco. Con un demonio. Sofía tendría a la gata en su regazo a los cinco minutos y luego estaría cubierta de rasguños.
En cuanto estacionamos en casa de mis padres, Pequeña desabrochó rápidamente su cinturón y saltó sobre el asiento hacia la parte trasera de la SUV de Bella. Para cuando abrí la escotilla para dejarla salir, ya tenía a la gata acurrucada en su pecho.
—Ya no quería que tuviera miedo —dijo cuando alcé una ceja—. ¿Te la llevas?
Suspirando estiré mi mano para tomar la gata, y ella pidió firmemente las dos manos. Joder, quería y acurrucaba a Reese más de lo que me hubiera imaginado, tan protectora como cualquier niño podría serlo con un animal.
—De acuerdo, dos manos —dije, estirándolas y tomando a la gata de ella.
Me miró de cerca, bajándose de la parte trasera mientras yo sostenía a la gata contra mi pecho. Casi quería pretender tirar a la bola de pelos sólo para molestarla, pero tenía la sensación de que Bella se enojaría conmigo. Prefería no tener a mi muy embarazada mujer enojada, así que no lo hice. Cuando Pequeña estuvo fuera del carro, tomó a Reese y corrió por los escalones hasta sus abuelos que la esperaban.
—¿Estás bien? —pregunté, tomando la mano de Bella mientras ella se acariciaba el estómago.
Asintió.
—Sí, estoy bien. Es que él está muy activo.
Puse mi mano sobre la suya, sintiendo a nuestro hijo patear de nuevo. Dios, era la sensación más increíble del mundo y honestamente lo extrañaría cuando estuviera aquí… aunque cargarlo sería mucho mejor.
Nos quedamos con mis padres por un rato antes de dejarlos solos con Sofía y Reese. Bella ya sabía exactamente cuáles tiendas quería visitar antes de nuestra cena temprana, así que empezamos de inmediato. Al parecer, necesitábamos más mierdas de bebé.
En realidad no las necesitábamos, si me preguntan.
—¡Aww! ¡Edward! —sonrió alzando un mameluco—. ¡Parece un cárdigan! Se vería tan propio.
Alcé la ceja, riéndome ante el ridículo traje.
—Se cagará en él, pero muy… propiamente, estoy seguro.
—Es bonito y lo quiero —dijo, soltándolo en la canasta que yo cargaba antes de mirar otro estante y decir "¡Aww!" por milésima vez.
De repente estaba muy agradecido de que ella hiciera la mayor parte de las compras en línea o con mi madre y hermana porque esto no era tan divertido para mí como para ella. Aunque una sonrisa estuvo pegada en su rostro durante todo el tiempo, así que pude lidiar con ello.
Y, quiero decir, algunos de los juguetes eran algo geniales. Compré un set de Lego, incluso aunque no podría jugar con él por algunos años… a menos de que convenciera a Pequeña de jugar conmigo.
Cerca de las seis Bella finalmente terminó las compras, llenando la cajuela de la SUV con una docena de bolsas. Nuestra reservación no era hasta las siete, pero nos pudieron acomodar temprano. Habíamos visitado este restaurante muchas veces a lo largo de los años, y, de hecho, aquí fue donde ocurrió nuestra primera cita de verdad.
—Dios, todo se ve increíble —dije; estaba casi babeando en el menú.
—Mmhmm —murmuró Bella—. Necesito salsa Alfredo extra con mis palillos de pan. Es el pedido de tu hijo.
Sonreí.
—Sí, estoy seguro de que sí.
—¡Sí lo es! —se rio suavemente—. Ya dejó las cosas raras, ¿sabes? Creo que se merece mucha salsa Alfredo.
Sólo había tenido que salir a mitad de la noche en pocas ocasiones durante el último mes, lo cual fue agradable. Si ella de verdad quería culpar al niño por esto, la dejaría. Además, yo también podría pedir doble salsa.
—Es tan lindo salir de verdad contigo —dijo Bella sonriendo al poner su mano en la mesa. Puse mi mano sobre la suya, asintiendo para mostrar que estaba de acuerdo—. La casa es genial y todo, pero siento que he estado un poco encerrada.
—Lo sé, Mordelona. —Para ser justos, no era su doctora la que la hacía quedarse tanto en casa. Era yo. No quería que manejara —especialmente cuando sólo le faltaba un mes— y me sentía mejor sabiendo que estaba en casa—. Lo siento.
—Oh, no, no lo sientas —dijo frunciendo el ceño al sacudir la cabeza—. Hubiera pasado todo mi embarazo en reposo total si fuera necesario. No te culpo por quererme en casa porque incluso si tú no lo quisieras, yo sí. Estoy… algo aliviada de que esto casi termine, aunque extrañaré tenerlo en mí. Sólo lo quiero sano y salvo.
—Yo también —dije sonriendo.
Nuestra mesera trajo otro plato de Alfredo y una canasta de palillos de pan; nuestro tercer platillo, de hecho.
—Vamos a darle una muy buena propina —susurró Bella, sonriendo al partir un palillo y remojarlo.
Yo sólo me reí por su emoción, me encantaba verla tan feliz. El que fuera por salsa Alfredo no importaba. Después de todo, estaba jodidamente deliciosa.
—¿Qué te parece si intentamos hacer esto de nuevo antes de que él llegue? —pregunté—. Aunque puede que tengamos que traer a Sofía.
Asintió.
—Creo que suena como una genial idea. Gracias.
—De nada. Te amo.
—También te amo. ¡Y, oh Dios mío, esto está buenísimo! Tenemos que pedir algo para llevar para mi bocadillo de media noche —se rio.
La cena fue jodidamente increíble. Se sintió muy bien el sólo relajarme, reír con mi esposa y hablar sobre el futuro cercano. El trabajo últimamente se había puesto un poco loco con las preparaciones para que yo tomara el puesto de jefe de cirugía, y el pasar un buen momento con Bella me hizo olvidar la pila de papeles en mi escritorio.
—Oh —suspiró Bella mientras esperábamos el postre. Se removió un poco antes de comenzar a levantarse torpemente del asiento—. Iré al baño, ¿de acuerdo?
Fruncí el ceño, notando su expresión de preocupación.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo que realmente tengo que ir.
El realmente no era una exageración, al parecer, ya que se tambaleó lo más rápido que pudo lejos de la mesa. Mientras la esperaba revisé mi teléfono, asegurándome de que el hospital no había llamado. Aunque tenía libre el día de hoy, estaba de guardia. Casi nunca terminaban necesitándome, así que no me sorprendió no encontrar textos ni llamadas perdidas. Aunque el no tener correos sí me sorprendió.
Mientras volvía a meter el teléfono en mi bolsillo, levanté la cabeza y encontré a Bella caminando lentamente de regreso a la mesa. Sus ojos estaban bien abiertos y se acunaba el estómago, temblaba ligeramente.
Me levanté rápidamente de mi asiento, estabilizándola.
—¿Qué pasa?
—E-estoy sangrando —susurró con miedo y lágrimas se formaron en sus ojos—. Más que la última vez.
Mi corazón pareció detenerse por un momento cuando sus palabras me llegaron. Carajo, no podía hablar mientras que los pensamientos se aceleraban en mi mente, intentando entender lo que acababa de decir.
Es muy pronto.
Nuestro hijo está en peligro.
Bella está sangrando.
—Estás sangrando —dije, regresando a la realidad—. Mierda, siéntate. —Con mucho cuidado la ayudé a sentarse en la silla mientras ella temblaba y las lágrimas comenzaban a fluir libremente por sus mejillas.
—Necesitamos ir al hospital.
—Estamos a sólo unas calles de distancia. Voy a acercar el carro, ¿de acuerdo? Sólo respira… todo estará bien.
Carajo, no sabía si estaría bien. Con su placenta previa, sabíamos muy bien que había una posibilidad de más sangrado, pero… era jodidamente aterrador. Nuestra tarde había sido tan maravillosa, pero ahora, carajo. Esta era la última cosa que Bella y nuestro hijo necesitaban. Era jodidamente pronto.
Podría perderlos… a ambos.
Y yo no iba a dejar que eso pasara, así que aparté mi miedo y formulé un plan. Dejé a Bella por un minuto para informarle a la anfitriona lo que había pasado. El gerente estuvo de inmediato con ella y me dijo que no me preocupara por nada. Rápidamente acerqué lo más posible el carro a las puertas antes de correr dentro por Bella, encontrando con ella a otro patrón mientras se aferraba a su estómago, llorando suavemente.
—¿Has tenido contracciones? —pregunté arrodillándome frente a ella.
Sollozó, asintiendo lentamente.
—He tenido Braxton Hicks, pero… no han sido muy fuertes. Tengo semanas sintiéndolas. J-juro que no han sido fuertes.
—Shhh, todo está bien. Necesitamos irnos y llamaré a la Doctora Uley de camino, ¿de acuerdo?
—¿Y Sofía? Se molestará si pasamos mucho tiempo sin llamarla.
—Llamaré también a mis padres.
—Bien —suspiró estirando las manos—. Estoy muy asustada.
Carajo, yo también, pensé.
—Todo saldrá bien.
Llegué al Olympic Medical Center en tiempo récord, la SUV patinó hasta frenar. Las cosas pasaron muy rápidamente en cuanto llegamos. Bella fue llevada directamente a la unidad de partos, y un grupo de gente estuvo ahí para cuidarla, por llamado de la Doctora Uley. Cuando hablé con Emily dijo que se acababa de ir, pero regresaría enseguida y arreglarían todo para nosotros.
No hay necesidad de decir que así fue. Una enfermera con una silla de ruedas nos esperaba en la entrada principal.
Bella no estaba sangrando horriblemente, pero era más que el chorrito que había tenido antes. Era suficiente para decirme que probablemente nuestro hijo nacería pronto. Cada pequeña cantidad de sangre que salía de ella, era sangre que nuestro hijo no estaba recibiendo, y sin eso, él moriría.
—Mientras esperamos a la Doctora Uley, vamos a mirar tu placenta —dijo su enfermera Chelsea cuando conectó los monitores fetales mientras el técnico del ultrasonido le movía a la máquina.
La mano de Bella se apretó en la mía y asintió.
—¿Él está bien?
—Pronto lo sabremos —dije ofreciéndole una sonrisa de consuelo. Bueno, tanto consuelo como pude reunir. Estaba jodidamente aterrado, pero sabía que Bella estaba peor. Tenía que ser fuerte por ella—. ¿Cuánto más tardará Emily?
—Estoy segura de que llegará en cualquier minuto —dijo Chelsea cuando un tum llenó la habitación—. Y la buena noticia es que el latido de su hijo es perfecto.
Sonrió bajando la bata de Bella mientras las lágrimas picaban en mis ojos. El sonido era… era jodidamente increíble. Miré el monitor con toda mi atención, concentrándome en el perfecto latido. La verdad nunca antes me había sentido tan aliviado en mi vida.
—Está bien —lloró Bella poniendo la mano sobre su estómago—. Estás bien, bebito.
Asentí aclarándome la garganta.
—Y así se va a mantener. ¿Verdad, pequeño? —puse mi mano sobre la suya, acariciándola suavemente.
—Oh —jadeó Bella apretando mi mano por un breve momento. Se relajó lentamente y exhaló—. Eso… eso dolió.
Mis ojos estaban abiertos como platos, veía con Chelsea el monitor. Había tenido una jodida contracción. Por el monitor no parecía haber sido muy fuerte, pero aun así. Era jodidamente peligroso para Bella ponerse en labor de parto con su placenta cubriendo parcialmente el cérvix. El sangrado podría salirse de control rápidamente y nuestro hijo sería privado del oxígeno que necesitaba. Era el peor escenario posible. Cualquier minúscula posibilidad de que el sangrado se detuviera y el embarazo de Bella siguiera se había desvanecido.
Nuestro hijo nacería esta noche.
—N-necesito llamar a mis padres —dije sacando el teléfono cuando el técnico de ultrasonido puso el transductor en el estómago de Bella.
—Por favor —dijo Bella limpiándose las lágrimas—. Y también a mi papá.
Sostuve su mano y asentí al llevarme el teléfono al oído.
—Todo estará bien —dije por lo que parecía ser la milésima vez, rezándole al jodido Dios por no estar mintiendo.
Mis padres y Pequeña se estaban subiendo al carro incluso antes de colgar el teléfono, y Charlie dijo que usaría las luces y sirenas para llegar aquí lo más rápido posible. Lo que había sido una noche tan increíble era ahora mi peor pesadilla, y todo lo que podía hacer era esperar que mi mujer e hijo estuvieran bien.
Me sentía tan malditamente inútil.
—Necesitamos prepárate de inmediato, Bella —dijo la Doctora Uley mientras mi esposa lloraba, sacudiendo la cabeza—. No podemos desperdiciar nada de tiempo, no contigo teniendo contracciones.
—Necesito tiempo con mi hija —rogó Bella—. Sólo veinte minutos, ¿por favor?
—Deberían llegar pronto —dije mirando el reloj—. ¿Qué te parece si primero te ponen la epidural y luego nos das unos minutos antes de llevársela a quirófano?
Emily suspiró mirando el monitor.
—El latido de su corazón está estable por ahora, pero no hay garantía de que se quedará así por mucho tiempo. Te prepararemos, Bella, y luego diez minutos, ¿de acuerdo? Es todo lo que puedo aceptar conscientemente.
—Lo acepto. —Bella asintió fervientemente—. Gracias.
—No me agradezcas todavía porque te llevaré de inmediato si algo cambia. Traeré al anestesiólogo para prepararte. Edward, tú también necesitas prepararte.
—Sí —dije poniéndome de pie—. Sólo necesito cambiarme, ¿de acuerdo? Volveré en seguida.
—Bien —dio Bella jalándome hacia ella—. Te amo.
—También te amo, Mordelona. —Me agaché, presionando mis labios con los suyos. Me sostuvo contra ella y, por unos breves segundos, sentí confort—. Vamos a conocer a nuestro hijo.
Sonrió con lágrimas en los ojos.
—Hubiera estado de acuerdo con esperar pero… siempre y cuando él esté saludable, estoy emocionada por verlo finalmente.
—Estará perfecto.
Ella estaba de treinta y cinco semanas y cinco días. No era el mejor momento para que naciera, pero tenía una buena probabilidad de estar perfectamente saludable. Sería un poco pequeño, un poco débil quizá, pero su posibilidad de supervivencia era alta; extremadamente alta, de hecho. El único problema serio era sacarlo a tiempo.
Me apuré para ponerme el uniforme quirúrgico, aventando mi ropa en mi viejo casillero que seguía usando de vez en cuando antes de apurarme en regresar con Bella. Cuando estaba a punto de entrar en la sala, noté a Jasper corriendo en friega por el pasillo; claramente había recibido el mensaje que le mandé hace minutos.
—Santa mierda, amigo —dijo Jasper jadeando—. Estaba a punto de irme esta noche. ¿Cómo está ella? ¿Cómo está el bebé?
—Aguantando —suspiré—. Estoy jodidamente feliz de verte.
Me palmeó el hombro con una sonrisa apareciendo en su rostro.
—Yo cuidaré al pequeñito.
Cuando planeamos la cesárea, Bella y yo acordamos que, ya que Jasper era enfermero —y no familia directa— lo queríamos en el quirófano para nuestro hijo. Seguía siendo enfermero de cuidados intensivos aquí, pero había pasado los primeros años luego de salir de la escuela en pediatría. Él se aseguraría de que nuestro bebito estuviera bien, y ahora yo necesitaba eso más que nunca.
Necesitaba alguien que yo conociera y en quien confiara para que cuidara a mi hijo.
—Gracias —dije—. Van a llevarse a Bella pronto. ¿Puedes ir a revisar si mis padres están aquí y traer a Sofía por mí? La Doctora Uley dijo que Bella podría tener diez minutos con ella.
Asintió.
—Por supuesto. Dile que yo llamaré a Alice.
—Gracias.
Cuando él se fue, yo regresé a la sala. Chelsea seguía con Bella, vigilando de cerca el rimo cardiaco de nuestro hijo. Tomé mi asiento de nuevo y Bella envolvió rápidamente mi mano con la suya; era el único consuelo, además del estable tum, que ambos parecíamos tener.
Le conté lo de Jasper mientras esperábamos al anestesiólogo, que llegó en diez minutos. Joder, odié ver a Bella con dolor durante el procedimiento, pero fue hecho rápidamente. De hecho, el doctor terminó y yo ayudaba a Bella a recostarse justo cuando Pequeña entró corriendo en la habitación frente a Jasper.
—¡Mami! —lloró. Rápidamente la atrapé en mis brazos, abrazándola con fuerza mientras me sentaba en la cama con ella. Habían lágrimas cayendo por sus rojas mejillas cuando sus ojos miraron el aterrador escenario—. ¡Él viene muy pronto!
Bella asintió sonriendo tristemente.
—Está un poco impaciente, corazón. Aunque va a estar bien.
—¿Y tú?
—Oh, yo también voy a estar bien. ¿Verdad, Edward?
—Mami estará bien —acordé besando la mejilla de Sofía mientras ella sollozaba—. Sé que te asusta que esté pasando tan rápido, pero los bebés suelen hacer las cosas de acuerdo a su propio horario.
—Él necesita meterse en problemas por esto.
Me reí entre dientes admirando lo simple que ella hacía esto.
—Sí, también pienso eso.
—Tendremos que castigarlo cuando sea un poco más grande —bromeó Bella—. Pero, ¿no es un poco emocionante que podamos conocerlo esta noche?
—Uh-huh, pero tú tienes que estar bien. ¿Lo prometes?
—Lo juro. Incluso con una cruz sobre el corazón.
—Yo estaré con ella, bebé —dije—. Pronto tendremos que irnos, pero, ¿qué te parece si te acurrucas con mami por unos minutos?
Miró a Bella con cautela antes de alzarse en mi regazo y susurrar.
—¿La lastimadé?
—No, cariño. —Sacudí la cabeza, sonreí y me puse de pie con ella, ayudándola a acomodarse junto a Bella—. Todos esos cables nos dicen cómo está tu hermano y los tubos son para mamá, así que sólo no los jales, ¿de acuerdo?
—Bien —dijo acurrucándose lo más cerca de Bella que podía y acostando la cabeza en el pecho de su mamá.
Bella sonrió con lágrimas en los ojos una vez más, pasando su brazo alrededor de Sofía. Los tres platicamos durante los diez minutos, los cuales pasaron demasiado rápido. Ella preguntó por el bebé, sobre lo que le pasaría y cuándo podría cargarlo. Ni una vez preguntó cómo algo de esto la afectaría. En realidad sólo se preocupó de hablar sobre su hermano.
El momento que habíamos estado esperando por meses estaba aquí. Nuestra vida como la conocíamos ya se había terminado, y Pequeña no tenía reparo de ello. Puede que de vez en cuando se pusiera un poco celosa —y vendría más con el tiempo—, pero estaba haciéndolo mucho mejor de lo que yo había imaginado. Carajo, no podía esperar para ser hermana mayor.
—Te voy a cargar después de mami y papi —le dijo al estómago de Bella, dándole un beso de despedida—. Soy tu hermana mayor, así que podré hacerlo antes que todos. ¿Verdad, mami?
Bella asintió, pasando la mano sobre el cabello de Sofía.
—Por supuesto, cielo. Yo estaré en cirugía por un rato, pero en cuanto salga, papi irá por ti y podrás cargarlo. Haremos que Nana espere.
Sonreí pensando en la devastada expresión de mi madre por estas noticias.
—Estoy seguro de que sobrevivirá… espero.
—Sí lo hará —dijo Pequeña—. Adiós, mami.
La cargué para que pudiera abrazar a Bella y darle un beso; el abrazo duró lo más posible.
—Te amo mucho, muchísimo, cariño —dijo Bella llenando la mejilla de nuestra hija con más besos—. Te veré muy pronto.
—También te amo, mami. —Me permitió apartarla y luego me abrazó con fuerza—. Por favor, asegúrate de que esté bien —susurró en mi oído.
Sonreí y asentí.
—Prometo que lo haré. Te amo, Pequeña.
—También te amo.
Jasper se acercó y Pequeña se fue a sus brazos sin queja alguna, dándole a mi mejilla un último beso. Cuando se fueron, Chelsea regresó con otros miembros del equipo y preparó rápidamente a Bella para transferirla.
—¿Lista? —pregunté acariciándole la mejilla.
Asintió y sonrió con lágrimas en los ojos al responder.
—Sí.
Parece que este bebé ya no quería esperar.
Siguiente capítulo: viernes 27
¡Gracias por sus comentarios!
