Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 15: Hijo del padre

El quirófano había sido siempre mi segundo hogar. No había otro lugar en el mundo donde me sintiera más seguro y en control. Podía entrar siempre en uno y sentir que este era mi lugar en el mundo, esta habitación era donde hacía aquello para lo que era excelente.

Aquí era donde salvaba vidas.

Las brillantes luces y el aroma estéril siempre habían sido tranquilizantes para mí, pero… nunca me había sentido más ansioso y aterrorizado. No había consuelo en esta habitación con mi esposa recostada sobre la mesa y envuelta en sabanas azules con su estómago cubierto de antiséptico anaranjado.

—Edward —dijo Bella suavemente al sentarme junto a su cabeza. Miré los latidos de ella y de nuestro hijo. Sonreí bajo la máscara poniendo la mano sobre la que ella me extendía—. T-tengo miedo.

—Estarás bien —dije—. Emily sabe lo que está haciendo y yo estoy justo aquí.

Sacudió la cabeza con lágrimas cayéndole por los costados de la cara.

—¿Y si no puede respirar? Es demasiado pequeño… es muy pronto. No puedo perderlo.

No vamos a perderlo. Su probabilidad de sobrevivir es de noventa y nueve por ciento. Eso es —sacudí la cabeza—, es tan bueno como pudo haber sido en dos o cinco semanas. Si tiene algún problema para respirar, Jasper y el pediatra se encargarán de él, pero dudo mucho que los tenga.

—Prométeme que tú te harás cargo de él. Quiero que me digas que está bien.

Asentí acariciándole la mejilla.

—Puedo hacerlo.

La puerta se abrió de repente y la doctora Uley entró, metiendo rápidamente los brazos en su bata de cirugía. La mujer tenía experiencia, pero a veces ni toda la experiencia del mundo servía de nada. Ahora que estábamos en quirófano, mi preocupación pareció cambiar de mi hijo a Bella. Había una probabilidad muy grande de una severa hemorragia a causa de su condición, lo cual podía quitarme fácilmente a la mujer que amaba más que a mi propia vida.

La mujer que me hizo un mejor hombre. La mujer que me amaba incondicionalmente, con tanta facilidad y profundidad. Bella era mi mundo y así había sido desde el momento en que cambió el pañal de Pequeña esa noche hace ya tantos años. Yo cambié por Sofía, sí, pero… me mantuve así por ella. No podía recordar mi vida antes de ella y me negaba a imaginar una vida sin ella.

No sería una vida que valiera la pena vivir.

Ella hacía que la vida fuera increíble.

Ella hacía que fuera hermosa.

Ella era mi alma gemela.

Levantando la mano de Bella para besar sus nudillos, me paré del taburete y me acerqué unos pasos a Emily.

—No puedo vivir sin ella —dije sintiéndome a punto de quebrarme—. Júrame que puedes hacer esto y mantenerla a salvo.

Suspiró.

—Está en buenas manos, Edward. Haré todo lo que esté en mi poder para asegurarme de que salga de ésta. Su placenta está baja y en una posición peligrosa para un parto vaginal, pero tengo confianza en que puedo sacar a tu hijo y mantenerla bien. Sin embargo, ambos conocemos los riesgos, igual que ella. Estamos tomando precauciones.

Las bolsas de sangre estaban en el quirófano, listas para la transfusión de ser necesarias. Le rezaba a Dios porque no fueran a ser necesitadas, pero el verlas me daba un poco de consuelo. De hecho, al mirar la habitación supe que no había nada más que hubiera podido pedir.

Estábamos listos.

—Lo sé —dije asintiendo.

Sus ojos se arrugaron con una sonrisa antes de que yo regresara lentamente a mi lugar junto a Bella. Una enorme parte de mí realmente hubiera preferido estar al otro lado de la cortina, pero Bella me necesitaba con ella, y de ninguna jodida manera Emily me dejaría hacerlo.

Se lo pregunté.

Una vez más, mi mano encontró la de Bella cuando soltó un lento suspiro, mirando al techo.

—¿Qué tanto la amenazaste?

Giró la cabeza, revelando una pequeña sonrisa en sus labios y me reí entre dientes.

—No la amenacé. Sólo le dije que tú eres mi vida y que necesitaba estar seguro de que ella pudiera hacer esto.

—Vida, ¿huh?

Asentí.

—Eres la única mujer a la que he amado. Y por muy confuso que alguna vez fue el amor, nunca podría vivir sin ello.

—También te amo, Edward. Gracias.

Bufé sonriendo.

—Gracias a ti. Gracias por amarme, por amar a Sofía y por cargar a nuestro hijo. Espero que sea igual a ti.

—¿Por qué, porque tienes miedo de tener un niño igual que tú? —se rio suavemente.

—Demonios sí. Sofía es suficiente.

—Quizás un poco. —Asintió—. Ahora, ¿me besas?

—No tienes que pedirlo.

Bajé mi máscara y agaché la cabeza, capturando sus labios con los míos por un breve momento antes de que alguien se aclarara la garganta.

Cabrona.

—Es hora de tener un bebé —dijo Emily mirando a Bella sobre la cortina—. ¿Lista?

Bella asintió y apretó la mano en la mía.

—Sí… ¿lo alzarás para que lo pueda ver de inmediato?

—Por supuesto.

Después de repetir brevemente lo que Bella podía esperar, Emily agarró un escápelo y yo me alcé un poco, mirando sobre la cortina. Vi con atención como le hacía el primero de los muchos cortes a mi esposa. Pensaba en cada movimiento que ella haría antes de que lo hiciera, manteniéndome un paso adelante. Cuando llegó al útero de Bella, contuve el aliento.

—Ya casi está aquí —dije bajando la vista para encontrar los ojos de Bella.

—Oh Dios mío —susurró—. Por favor, que esté bien.

Volví de nuevo la vista cuando Emily sacaba su cabeza y… no tuve palabras para describir el maravilloso momento. Las lágrimas ardían en mis ojos mientras ella le succionaba la boca y nariz antes de sacar su cuerpecito, alzándolo.

—¡Ya llegó! —anunció justo cuando el más suave llanto comenzó a escucharse, haciéndose más y más ruidoso de manera gradual. Era el sonido más hermoso del mundo.

—¡Está respirando! —lloró Bella—. ¡Oh Dios, Edward! ¡Es precioso!

—Él… lo es —susurré asombrado sonriendo de oreja a oreja—. Bella, es increíble.

Asintió sollozando al verlo.

—Es Owen.


Bella sólo pudo ver a nuestro hijo por treinta segundos antes de que él fuera pasado a Jasper. Ella soltó mi mano, diciéndome que fuera en cuanto él desapareció de su vista. Rápidamente me paré de mi asiento, siguiendo a Jasper hacia la incubadora térmica.

—APGAR en un minuto es ocho —dijo sobando a mi hijo mientras el pediatra lo examinaba—. Suena como si tuviera un par de pulmones bastante sanos en él.

Asentí aclarándome la garganta.

—Dios, míralo.

Santa mierda, él era indescriptible. Él era… perfecto. Estaba rosa y era ruidoso y estaba enojado hasta el infierno, justo como se suponía que debía estar.

Y su cabeza estaba llena de cabello rojo, igual que Pequeña de bebé.

—Es hermoso, Edward —dijo Jasper palmeándome el hombro—. Lo pesaremos y lo mediremos, y luego podrás tenerlo de regreso.

Asentí mirando de cerca cada movimiento suyo y del pediatra con mi hijo. Mientras lo pesaban, miré a Bella y sus monitores.

—¿Cómo está ella? ¿Cómo va el sangrado?

—La verdad, un poco peor de lo que había esperado —dijo Emily mirándome a los ojos—. Estoy intentando controlarlo.

Mi corazón estaba partido en dos direcciones, pero con una mirada hacia mí hijo, y al ver que estaba bien, me apresuré al lado de Bella. Su presión sanguínea era más baja que antes, no de manera peligrosa aún, pero más baja. Puse la mano contra la mejilla de Bella, girando su cabeza hacia mí.

—Owen está muy bien —dije—. Su APGAR de un minuto es ocho, lo cual es increíble dada su gestación. Está rosa y se mueve mucho, le grita a Jasper que lo deje en paz porque te quiere a ti. Tiene cabello rojo, Bella. Mucho en realidad.

Sonrió suavemente al llorar.

—Haces bonitos bebés pelirrojos. ¿Está bien?

Asentí.

—Está perfecto.

Miré sobre la cortina de nuevo, viendo lo que Emily le hacía a mi esposa. La placenta ya había sido sacada, pero Bella no estaba teniendo contracciones, lo cual causaba la hemorragia que yo temía. Los minutos avanzaron lentamente —mi corazón estuvo acelerado durante todo el tiempo—, mientras Emily trabajaba y le daban otra ronda de medicamentos a Bella.

—Está bajo control —dijo Emily finalmente, alzando la vista para verme luego de unos minutos—. ¿Cómo te sientes, Bella?

—Estoy bien —dijo casi sin perturbarse por el terrorífico momento. Carajo, gracias a Dios que al parecer no perdió mucha sangre—. ¿Puedo tener a Owen?

Sonreí suspirando aliviado.

—Sí, iré por él, Mordelona. —Me agaché para besar su frente antes de pararme.

Jasper estaba meciendo a Owen, hablándole con suavidad.

—Pesa cinco libras y nueve onzas, y mide dieciséis pulgadas —dijo levantándolo con cuidado—. APGAR de cinco minutos es nueve.

Estiré los brazos y él puso a mi hijo en ellos con gentileza. Estaba cargando a mi hijo. Mi saludable, hermoso y enojadísimo hijo. Y lloré, joder, de verdad lloré.

—Hola pequeño —dije—. Te amo muchísimo, y estoy increíblemente feliz de conocerte. Aunque apuesto a que quieres a tu mami, ¿huh?

Un grito fue su respuesta, y lo tomé como un "demonios sí". Caminé con cuidado con él de regreso a Bella mientras su enfermera le movía la manta y la bata sobre el pecho. Bajé a Owen y ella rápidamente pasó su brazo sobre él y sobre mí.

—¡Edward, se parece a ti! —dijo—. Hola bebito. Hola. Soy tu mami y te amo. —Lloró mientras yo le pasaba el pulgar por la frente, no me atrevía a obstruir su vista de nuestro hermoso hijo.

—Entonces… ¿Owen?

Asintió.

—Le queda, ¿no?

—Sí, le queda. Te amo, Bella. Muchísimas gracias.

—También te amo. —Sonrió.


Bella pudo quedarse con Owen en el pecho durante el resto del procedimiento, con mi ayuda, por supuesto. La pérdida de sangre la había debilitado, y aunque no fue una cantidad masiva, fue suficiente para requerir una transfusión. Aunque ella pareció no perturbarse con ello, y estuvo completamente enamorada de nuestro hijo, nuestro saludable y hermoso bebito.

—Está muy bien —dijo Jasper examinando a Owen una vez más antes de que transfirieran a Bella a recuperación—. Vamos a vigilar de cerca su nivel de saturación de oxígeno y su temperatura corporal, pero siempre y cuando mantengan el contacto piel contra piel o lo tengan cobijado, deberá estar bien.

Asentí sonriendo y extendí la mano para darle un apretón a la suya y palmearle la espalda.

—Gracias Jasper. No sé qué demonios hubiera hecho sin ti.

Soy el mejor enfermero del hospital. —Sonrió—. Me quedaré por un rato y los revisaré cuando estén acomodados, ¿de acuerdo?

—Gracias —dijo Bella cargando a Owen contra su pecho mientras la preparaban para transportarla—. Edward, deberías ir a dar las buenas noticias.

Quería gritar esto desde el jodido techo, pero al mismo tiempo odiaba la idea de dejarla a ella y a Owen.

—Iré cuando estés acomodada.

Alzó las cejas, dándome su haz-lo-que-te-estoy-diciendo mirada. Era un poco aterradora.

—¿Por favor, ve?

—Bien —suspiré agachándome para presionar mis labios contra los de ella. Owen decidió terminar su momentáneo silencio, así que rápidamente me aparté—. Sí, sí, supongo que ahora es tuya.

Bella se rio.

—Estoy segura de que sólo quiere la bubi. Te amo.

—También te amo. Y te ves jodidamente preciosa.

—¡Ja! —bufó—. Si me estás adulando para que te deje cargarlo, los piropos no te llevarán a ningún lado. Podrás cargarlo más tarde.

De hecho, sí se veía increíble cargando a nuestro hijo, pero… sí quería cargar al niño. Aunque ella se dormiría en algún momento. Luego de besarla a ella y a Owen una vez más, salí de quirófano hacia la sala de espera. En el momento en que abrí la puerta, todos saltaron de sus asientos y Sofía corrió hacia mí.

—¿Ya está aquí? —preguntó—. ¿Mami está bien?

Sonreí asintiendo al cargarla.

—Owen Charles Cullen nació a las ocho con dieciséis. Pesa cinco libras con nueve onzas y mide dieciséis pulgadas. Es… es jodidamente perfecto. Sus pulmones están muy bien, de hecho, su gritos son atronadores.

—¡Oh, Edward! —exclamó mamá lanzando sus brazos a mi alrededor, apretando a Pequeña entre nosotros—. ¡Estoy tan aliviada!

—Felicidades, hijo —dijo papá—. Apuesto a que es hermoso.

Asentí.

—Sí, realmente lo es.

—Charles, ¿huh? —preguntó Charlie riéndose suavemente—. ¿Bella eligió todo su nombre?

—De hecho, sí —me reí—. Pero le queda. Ya sabíamos cuál sería su segundo nombre, pero apenas nos decidimos en Owen. Bueno, ella lo hizo.

—¿Y cómo está ella?

—Está bien, pero sí perdió una buena cantidad de sangre —suspiré—. Fue aterrador, pero se resolvió rápidamente. Le van a dar una transfusión ahora para ayudarla.

—¿Qué pasó? —preguntó papá.

Tomándome unos minutos para sentarme, les conté cómo había pasado todo, desde el restaurante hasta el quirófano. Podía contar con una mano las veces en que me había sentido así de aterrorizado, aunque probablemente exageré en un millón de ocasiones. No había nada más inimaginable que la idea de perder a mi familia; de perder a Bella.

Ella era mi roca, simple y sencillo.

—Me alegra que todo esté bien —dijo mamá—. Así que, ¿cuándo podremos conocerlo?

—¡Yo lo voy a cargar primero! —gritó Pequeña—. ¿Verdad, papi? ¿Verdad?

—Sí, es verdad —me reí cuando los ojos de mamá sobresalieron—. Bella se lo prometió, mamá. Tú podrás cargarlo después de ella.

—Bien —suspiró con una sonrisita—. Entonces, ¿por qué no llevas primero a Sofía y Charlie?

—¿En serio? —preguntó Charlie—. ¿Es-estás segura, Esme?

Ella asintió.

—Es tu hija, por supuesto que estoy segura. Nosotros podremos verlos pronto a ella y a Owen.

—Todavía me gusta más Hunter —dijo Sofía.

Alcé la ceja y me quedé boquiabierto.

—No, uh… no hay que decirle eso a mami, ¿de acuerdo?

—No se lo diré, pero Hunter sería mejor. Sólo digo.

Sí que se lo diría a Bella.


El momento en que Sofía conoció a su hermano por primera vez quedaría grabado para siempre en mi mente. La felicidad en su rostro cuando lo vio, cuando él le apretó el dedo, y el amor del que rápidamente le habló hizo éste uno de mis momentos favoritos de esta increíble vida.

—¿Por qué duerme tanto? —preguntó, estaba sentada en una silla junto a la cama y lo cargaba conmigo arrodillado junto a ella, viéndolos de cerca.

—Él ha pasado por mucho, cariño —dijo Bella—. El parto es algo traumático para los bebés, así que se está recuperando. Estará más alerta en unos días.

Ella asintió, quitó la mano que tenía debajo de la cabeza de él —yo rápidamente estiré mi mano para sostenerla— y le pasó los dedos por la frente.

—Es bonito.

—Sí lo es —dije—. Y no tiene para nada una cabeza de alíen con forma de patata.

Bella ahogó una carcajada, tapándose la boca con la mano.

—¿Qué?

—Dije que no la tiene —sonreí—. Es perfecto.

De acuerdo, tenía un poquito de cara de alíen, pero casi treinta y seis semanas en un útero le causaban eso a cualquier niño. Era algo que debía esperarse, pero no se mencionaba. Aunque para mí él era hermoso.

—¿Lo quieres, abuelito? —preguntó Sofía.

Él sonrió.

—Sólo si estás lista para soltarlo, calabacita.

—Sí, lo cargaré otra vez después. Te amo, Owen. —Bajó la cabeza para besar suavemente su frente. Él se removió en sus brazos, haciéndola apartarse rápidamente con los ojos bien abiertos—. ¿Lo hice enojar?

—No, está bien —dije tomándolo de sus brazos—. Eso fue él diciéndote que también te ama.

Cuando le pasé a Charlie su primer nieto, la mirada en sus ojos no tuvo precio. El hosco hombre tenía lágrimas en los ojos al susurrar un hola.

—Dios, es increíble, Bells —dijo asombrado.

—Yo también pienso eso —dijo ella sonriendo cuando Pequeña se le unió en la cama.

—Gracias por ponerle mi nombre.

—Fue el único nombre que en realidad pude elegir —se rio—. Quería que tuviera una parte de ti porque… tú siempre has estado ahí. Eres un padre increíble y la razón por quien soy ahora. Necesitabas ser honrado y Edward estuvo completamente de acuerdo.

Asentí.

—Le queda y se sentía bien.

—Es un honor —dijo—. No puedo expresar lo feliz que me hace. Estoy muy orgulloso de ti, niña, de los dos. Han criado a una buena niña y sé que lo harán igual de maravilloso con este pequeño.

—Aprendimos de los mejores —dijo Bella—. Somos afortunados al tener padres tan maravillosos.

Luego de unos minutos con él, Charlie me regresó a Owen y me lo quedé para mí luego de que él se llevara a Pequeña. La enfermera y el doctor de Bella habían llegado, y todo se veía bien así que dijeron que la podrían mover a una habitación de verdad. Ella se veía exhausta y claramente comenzaba a sentirse incómoda, pero, carajo, nunca se quejó.

Obviamente mi esposa era muchísimo más fuerte de lo que yo alguna vez podría ser.

Me sentía mal por acaparar al niño —aunque la verdad no tan mal como debí haberme sentido—, así que se lo regresé luego de que nos acomodaron en una habitación. Tampoco tardó mucho en descubrir cómo amamantar. Luego de un poco de ayuda por parte de la enfermera para empezar, ella parecía estar completamente tranquila, aunque se preocupó de que él no estuviera obteniendo lo que necesitaba. Luego de asegurarle de que sí lo estaba, ella se relajó un poco y sólo nos quedamos viendo a nuestro recién nacido.

—¿Puedes creer que nosotros hicimos esto? —preguntó sonriendo al acostarme junto a ella en la cama.

—Recuerdo el increíble sexo, sí —me reí—. Aunque, en serio… es maravilloso. No puedo creer que esté bien. Quiero decir, esperaba que lo estuviera, pero es un gran alivio saber que así es. Estaba volviéndome loco del miedo.

—Yo también —suspiró—. De verdad desearía poder haberlo cargado un poco más. Yo… siento que me presioné demasiado.

Sacudí la cabeza, abrazándola con más fuerza cuando las lágrimas llenaron sus ojos.

—No, no lo hiciste. Ya era tiempo y no pudiste haber evitado tu condición. Él está perfecto, lo cual es todo lo que importa. Y ahora no tenemos que esperar.

—Es cierto. Edward, antes de que tus padres entren… sólo quiero decirte algo.

—Lo que sea.

Tomó mi mano y le dio un apretón viendo a nuestro hijo.

—Te culpas por cosas que hiciste en el pasado. En más de una ocasión has dicho lo agradecido que estás conmigo por haberte dado una oportunidad, pero no creo que te des cuenta de lo agradecida que estoy yo. Miro a este bebito, y me enorgullezco de saber que tú eres su padre. Cambiaste tu vida en un momento porque una niñita dependía de ti. Muchos hombres no lo hubieran hecho.

»Tienes dificultades, pero está bien. Estoy agradecida por saber que mi esposo, el padre de mis hijos, renunciaría a cualquier cosa por nosotros. Te amo por más razones de las que podría explicar y estoy demasiado exhausta para enumerarlas —se rio suavemente sacudiendo la cabeza—, pero… sólo quiero que sepas lo orgullosa que estoy de ti y que no hay nadie más en este mundo con quien pudiera estar que me hiciera sentir tan feliz, tan amada, tan segura como tú me haces sentir.

—También te amo, Bella —dije besando su sien—. Soy el hombre más afortunado del mundo porque te tengo a ti y a nuestros hijos. La paternidad es lo mejor que me ha pasado en la vida. Me llevó a ti.