Un caso muy especial…

Parecía ser un día como cualquier otro, nada fuera de lo normal. El detective Andley entró a su oficina para documentar los casos que habían sido resueltos. Abrió la primer carpeta y sonrió orgulloso de su trabajo, no había nada más satisfactorio para él que siempre dar buenos resultados. Algunos de sus compañeros lo consideraban antipático ya que se mantenía al margen de las relaciones personales con sus compañeros, pero tenía motivos suficientes para comportarse de aquella manera.

Desde niño tuvo que vivir en las calles, su familia fueron las pandillas de Chicago ¿Cómo era entonces que se convirtió en detective? Ni el mismo lo sabía, el destino quiso llevarlo por ese camino. Conoció a George Johnson cuando solo tenía diecisiete años de edad. Desde entonces ya nunca más estuvo solo, ninguno de los dos tenia a nadie más así que se hicieron compañía mutuamente.

Nunca olvidaría la tarde que todo comenzó, él, un ladronzuelo venido a menos, fue atrapado por uno de los mejores policías del área. Al principio fue tratado con rudeza, estaba asustado y avergonzado por haber sido pillado. Era la primera vez que se había atrevido a hacerlo, todo por el amor de una mala mujer que no valía la pena recordar. Veía el piso sintiéndose la peor basura del universo. A pesar de haber crecido sin padres, su abuela siempre le dio buenos consejos, le inculcó el amor y el respeto por la vida.

Fue entonces cuando la puerta del cuarto de interrogatorios se abrió y apareció un hombre de mirada compasiva y sonrisa amable. Era el único que le preguntó cómo estaba y desde entonces se ganó su confianza absoluta. Los meses que permaneció en prisión acudió todos los días a visitarlo .Con el paso de los días la admiración por el joven detective nació. Le debía todo a George pues confió en él cuando nadie más lo hizo. Le dio la oportunidad que la vida le había negado. Si él no se hubiese cruzado en su camino probablemente en esos momentos estuviera muerto o en alguna prisión de máxima seguridad.

Tomó entre sus manos una fotografía que estaba en su escritorio. Era del día en que lo ascendieron a detective. La mirada de George parecía que saliera del papel impreso a la realidad. Ese brillo que había en su mirada, se le veía orgulloso, jamás se lo diría, él simplemente lo sabía. Era un hombre de pocas palabras, pero él podía sentir el cariño que le tenía y con eso era suficiente. El golpeteo en la puerta lo sacó de sus pensamientos, sonrió al entender de quien se trataba.

-¿Se puede Albert? – preguntó.

-Por supuesto, no tienes ni que tocar – se acercó para saludar.

-Me alegra verte muchacho-le dio un fraternal abrazo – el jefe nos ha asignado un nuevo caso.

-¡Genial! – respondió con fastidio-¿De qué se trata?

-De un caso muy especial, la hija de un prestigioso empresario está desaparecida, tenemos que empezar con las investigaciones – le extendió la carpeta.

-¿Hay fotos de la chica? – preguntó abriendo el folder, analizó el reporte cuidadosamente.

-Sí, la foto está bajo el informe – respondió George-¿la encontraste?

-Si-contestó casi sin aliento al ver la belleza de la chica, parecía un ángel y pensar que estaba en quien sabe qué lugar.

-¿Sucede algo? – preguntó George al verlo perdido en sus pensamientos.

-Nada, solo que pienso que es una pena lo que ha de estar pasando esta joven – puso la carpeta sobre el escritorio.

-Sí, es demasiado joven y demasiado bonita – sonrió de lado.

-¡George!, es una chica extraviada, probablemente está pasando por cosas terribles – dijo arqueando la ceja.

-Sí pero aun así es bonita – rió a carcajadas al ver el rubor que cubría las mejillas del rubio.

Momentos después salían de la comandancia para hacer las primeras investigaciones. Albert se sentía muy dichoso de ser el compañero de George, quien mejor que su mentor para serlo además, era uno de los mejores detectives de Chicago. Todo lo que había aprendido se lo debía solo a él. El primer lugar al que llegaron fue la universidad. Tenían que interrogar a las amigas de la chica que fueron las últimas que la vieron así como el novio de la joven; esta última información decepcionó un poco al detective Andley.

Dos lindas jóvenes esperaban en la oficina de la dirección de la conocida institución. Una morena de ojos de zafiro algo tímida y una pelirroja guapísima que lo veía sin recato alguno. Las chicas abrieron los ojos de la impresión al ver al guapo detective entrar en la oficina, disimuladamente lo estudiaron de pies a cabeza. Era un hombre muy atractivo, sus ojos azules parecían transportar al mismo cielo con cada mirada, suporte, aquella rudeza de su rostro no evitaba el poder percatarse de sus finos rasgos, las dos ahogaron un suspiro.

-Buenos días señoritas soy el detective Johnson y el es mi compañero Andley, necesitamos hacerles algunas preguntas.

-Claro las que desee detective – respondió la coqueta pelirroja.

-Necesitamos saber ¿Cuándo fue la última vez que vieron a la Srita. White? – prosiguió Johnson.

-Pues yo…la verdad…-respondió la morena nerviosa.

-La vimos ayer por la tarde, dijo que se reuniría con su novio-se apresuró a responder la pelirroja-¿Verdad Annie?

-Si Elisa, así fue – respondió bajando le rostro.

-¿Saben dónde podemos localizar al joven?-preguntó Albert.

-Claro, ese vago siempre está en el bar DeVille ¿saben en dónde está? – dijo con indiferencia.

-Por supuesto – respondió el rubio-¿Por quién debemos preguntar?

-Por Terry, ahí todos lo conocen ¿es todo?¿o te puedo ayudar en algo más? – se acercó provocativamente al rubio y George se aclaró la garganta.

-Es todo en lo que puede servirme señorita – dijo apartándola suavemente – les dejo mi tarjeta por si tienen alguna información.

-Bien-sonrió altiva tomando la tarjeta – entonces nos vamos…Annie.

Las dos jóvenes salieron. George reía divertido por la escena que presenció. Aquello era bastante común, cada que había féminas que interrogar prácticamente se arrojaban a los brazos de su compañero y amigo

-¿Qué es tan divertido? – preguntó molesto.

-Nada – soltó una carcajada – sigues siendo un imán para las mujeres.

-¡George!-exclamó molesto – mejor vayamos al bar.

Cuando entraron a ese sitio fueron centro de las miradas de los visitantes del lugar. No era difícil darse cuenta cual era su profesión, con tan solo verles los rostros serios se podía percibirse. Se acercaron a la barra en donde señalaron al joven que buscaban. Estaba junto a la barra, era un chico alto de cabello largo y ojos azul intenso, sostenía una guitarra entre sus manos con aire despreocupado, se acercaron a él y le mostraron la placa.

-¿Terry? – Preguntó Johnson y el joven asintió – estamos investigando la desaparición de su novia, la señorita White.

-¿Candy? – preguntó arqueando las cejas.

-Por Dios-Albert sonrió de lado-¿tiene usted otra novia?

-Claro que no, pero ella creo que ha roto conmigo – se encogió de hombros.

-¿Cuándo fue la última vez que la vio?-Cuestionó Johnson.

-No...Creo que fue ayer por la tarde, quedamos de vernos pero se fue muy molesta – dijo meneando la cabeza.

-¿Molesta? ¿Como si quisiera huir? – preguntó Albert.

-No, estaba molesta conmigo, pero eso es personal…

-De acuerdo le dejamos nuestra tarjeta. Si recuerda algo más comuníquense inmediatamente con nosotros.

Cuando estaban en el auto compartieron sus puntos de vista. A Albert le parecía que los jóvenes sabían más de lo que decían saber pero George pensaba que solo uno de ellos sabía lo que estaba ocurriendo en realidad. Descartaron la idea de un secuestro ya que no existía ninguna llamada de rescate pero aun era prematuro sacar esas conclusiones. Había algo mucho más al fondo de todo ese embrollo. El timbre del móvil los sobresaltó. Andley recibía un extraño mensaje.

-¿Qué pasa? – exclamó George.

-Es un mensaje dice lo siguiente: Detective Andley si quiere saber donde se encuentra la señorita White por favor vaya a esta dirección. Espero sea prudente. Acuda sin la compañía de nadie más. Gracias. Espero haberle sido útil.

-¿No pensaras ir solo?

-¿Por qué no?, si vas te pondrías en riesgo.

-De acuerdo pero te esperaré a una distancia considerable, si no regresas, iré a buscarte.

-Como digas George, entonces ¿vamos? – el hombre asintió.

Llegaron a una villa apartada, Albert dejó el auto a una distancia considerable. Se adentró en la propiedad con cautela pero no había sonido alguno. Aquel lugar lucía abandonado como si tuviera mucho tiempo de no recibir visitantes, solo apreció un auto deportivo en la entrada trasera lo cual le llamo mucho la atención… quizás era el auto de su informante. Con pistola en mano se dirigió hacia la puerta pero nuevamente se encontró con el silencio.

Llego a un viejo salón. Fue entonces cuando se percató de que alguien discutía, al parecer era un hombre y una mujer. Sigilosamente se acercó a la puerta de donde salían los murmullos, escuchó atento lo que decían…

-Te dije que sería arriesgado – dijo el hombre.

-Pero ¿qué más podíamos hacer?¡Si al menos no fueras un inútil!

-Ahora resulta que soy el culpable – protestó.

-Vamos cariño, no te molestes ya le mandé el anónimo al viejo – respondió la mujer.

-Eso espero porque la verdad, no me gusta que exista una investigación, así que entre más pronto termine esto, mucho mejor.

-Lo lograremos, esa tonta nos servirá para algo, te lo dije fue buena idea que la enamoraras…

-Pero si de boba no tiene nada, nos descubrió.

-Un pequeño detalle pero al final lograremos nuestro propósito.

-Así es querida, dinero y tú y yo huiremos hacia el mar, por cierto ¿Dónde está la princesa?

-En la última habitación bien atadita… ¿no te gusta esta sensación? siento la adrenalina corriendo por mis venas.

-Oh cariño, ya sé lo que buscas – la besó con intensidad.

Albert observó toda la escena desde el pequeño agujero de la cerradura. No podía creer el cinismo de esos dos chicos, demasiado fríos para su edad… lo más sorprendente era de quien se trataba, nada más y nada menos que la tímida morena de la universidad y el despreocupado chico del bar. Envió un texto rápido a George en lo que subía las escaleras para auxiliar a la chica. Aquellos dos estaban muy entretenidos en sus demostraciones de cariño.

Finalmente, cuando estuvo frente a la puerta de la habitación al final del pasillo, al intentar abrirla se dio cuenta que estaba cerrada con llave por lo que tuvo que usar la fuerza de su cuerpo para abrirla. Procurando hacer el menor ruido, al fin la puerta se abrió, la chica dio un salto sobresaltada mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Él le hizo una seña para que guardara silencio. Se acercó a ella para desatar sus manos y su boca.

-¿Estás bien? – Susurró en voz baja, ella asintió asustada – soy el detective Andley, te sacaré de aquí.

En unos segundos la propiedad estaba rodeada de patrullas. Albert salía con la joven abrazada a su cuerpo mientras los delincuentes salían esposados ¿Quién diría que sus amigos resultarían ser los culpables? En cuanto la chica vio a su padre corrió a sus brazos con alivio, el hombre lloraba desesperadamente… Le agradeció con la mirada al joven detective mientras se acercaba a George.

-Muy bien muchacho, ¡lo lograste nuevamente! – le palmeó el hombro.

-Creo que siempre hay alguien dispuesto a colaborar – sonrió.

-Más bien una chica interesada en volverte a ver – le señaló a la pelirroja que se encontraba con el padre de la chica.

-¡George! – exclamó molesto.

-Vamos es muy linda, no quiero morir sin conocer a tus hijos.

-Lo dices como si fueras un viejo – soltó una carcajada.

Días después, Albert se encontraba en su despacho llenando el reporte de ese caso especial, como le había llamado George. Suspiró al ver nuevamente la imagen de la chica, en realidad era demasiado hermosa. Los culpables habían sido puestos tras las rejas. Annie confesó que lo había planeado todo en complicidad con su novio Terry después que su familia quedara en la ruina. El plan original era que el chico seduciría a la joven millonaria, se casaría con ella y le quitaría parte de su fortuna pero cuando ésta los descubrió en un acto desesperado, llevaron a cabo el secuestro. Meneó la cabeza pensando que no solamente en los barrios pobres se formaban los delincuentes. El golpeteo de la puerta lo sacó de sus pensamientos.

-¿Se puede detective Andley? – él volteó para encontrarse con la rubia de ojos brillantes.

-Por supuesto Srita. White – se puso de pie de un salto.

-Por favor llámeme Candy – dijo extendiéndole la mano.

-Sera un placer…Candy – le sonrió – puedes llamarme Albert.

-De acuerdo – bajó el rostro sonrojada – solo vengo a darle las gracias por acudir a rescatarme.

-En realidad todo se lo debo a un mensaje anónimo.

-La verdad, fue mi prima Elisa quien lo envió, ella tenía sus sospechas.

-Pues me alegra que lo hiciera, lamento mucho que tuvieras que pasar por algo como eso.

-Pero gracias a Dios todo está bien, mi padre quiere que lo invite a comer este sábado, a usted y a su compañero por supuesto.

-Será un placer – respondió sin dejar de sonreír – asistiré con gusto.

-Bien, entonces debo irme – dijo dando vuelta para salir.

-Albert…

-Candy…

Sonrieron por haberse llamado al mismo tiempo

-Lo siento ¿me decías? – se disculpó apenado.

-Pensaba que quizás…bueno yo…-murmuró nerviosa-¿te gustaría salir a tomar una copa?

-Creí que nunca te atreverías – sonrió de lado – acepto encantado.

Salieron de la oficina conversando amenamente, unos ojos negros veían con satisfacción aquella escena… presentía que si él llegara a faltarle a su muchacho, éste nunca más estaría solo.

FIN….

Chicas muchas gracias a quienes han dejado sus comentarios,hemos llegado al final de estas facetas escritas por su servidora y amiga pero las invito a leer las de mi amiga Mayra Exitosa...se divertirán lo aseguro...Esto surgió gracias a ella en un reto para la GF y la verdad me divertí muchisimo escribiendolas a pesar de que nunca había escrito algo a contra reloj,pero bueno de eso se trataba

Mis especiales agradecimientos a : CandyFan,Elisa,Clau Ardley,Liovana,Laila,Gatita Andrew,Sabrina Weasley,Angdl,Rose Grandhester,Josie,Friditas y a todas aquellas que se han tomado la molestia de leer

Muchas gracias nenas Saludos y Bendiciones para todas ustedes nos leemos en la proxima!