¡POR FIN! Aquí tenéis un nuevo capítulo. Perdonad la tardanza. Llevaba tanto tiempo sin escribir que me ha resultado difícil comenzar. DATO: a partir de aquí entre capítulo y capítulo pueden pasan varios días.

Chapter 9

Aunque no tenga que ir a trabajar, Kate sigue levantándose temprano para organizar su nueva vida y la de Castle. Lo mal que lo pasó Castle con el percance del baño, le hizo ver que, por el momento, no podían dormir juntos, asique Kate se ha trasladado a la que era la habitación de Martha.

El loft está iluminado por la sutil luz del sol al amanecer, que le da al ático un suave tono anaranjado. El ambiente está inundado por el aroma a café recién hecho. Kate está sentada en la mesa contigua a la cocina, con su taza de café entre las manos y centrada en los papeles, hasta que la voz de Castle la saca de sus pensamientos.

-Kate, ¿puedes ayudarme?

Cuando levanta la mirada, ve a Castle parado en mitad del salón y con una gran mancha de sangre en la camiseta. Su mente se traslada automáticamente al disparo de él. Finalmente, sacude la cabeza para sacar esos recuerdos de su mente y se dirige rápida hacia él para ayudarle.

-Castle, ¿Qué ha pasado?- le levanta la camiseta para ver la herida.

-Se ha debido abrir mientras dormía- dice con un pequeño gesto de dolor.

-Quítate la camiseta y siéntate en el sofá, yo voy a por el botiquín para curarte.

Antes de volver al salón, Kate se detiene un momento, cierra los ojos, respira hondo e intenta calmar su pulso. Nada de eso evita que el corazón le dé un vuelco cuando le ve sentado y sin la camiseta. Vuelve a hacer el mismo procedimiento antes de arrodillarse delante de él para curarle.

En esa posición, un rayo de luz incide directamente en el rostro de Kate. Castle se asombra, nunca la ha visto tan hermosa como ahora. Le parece casi sobrenatural como brilla su piel, su pelo, sus ojos…Parece una diosa. No puedo dejar de mirarla, piensa.

-Tienes unos ojos preciosos- se anima a decir.

Kate le mira sorprendida, no se esperaba ese cumplido. No acierta a decir palabra, se limita a sonreírle y bajar la cabeza para que no la vea sonrojarse. Sigue notando sus ojos mirándola.

-Voy a cambiarte el vendaje.

-¡Ah!

-Lo siento, ¿te he hecho daño?

-No. Tienes las manos frías.

-Perdona- dice entre risas.

-Permíteme.

Castle estrecha las manos de Kate entre las suyas y comienza a acariciarlas para hacer que entren en calor. Kate siente como en la sala comienza a hacer cada vez más calor, pero rectifica, no es la sala sino su cuerpo. Vuelve a notar esa corriente eléctrica que surge entre ellos cada vez que se tocan, pero esta vez es diferente, esta vez es algo mutuo. Kate puede ver en los ojos de Castle que él también la está sintiendo, que también está recorriendo todo su cuerpo. Todo su ser le pide a gritos abalanzarse sobre él y besarle. Tiene la imperiosa necesidad de sentir sus labios, su torso desnudo y sobretodo, la erección que se le está empezando a formar y de la que él no se ha percatado. En ese instante suena el timbre de la puerta, lo oyen, pero ninguno de los dos quiere romper ese momento. Kate es la primera en reaccionar al oír a Martha gritar su nombre.

-Será mejor que vaya a abrir o echará la puerta abajo- le dedica una sonrisa antes de incorporarse, la cual es correspondida.

En el camino hacia la puerta, Kate reproduce en su mente lo sucedido y, aunque le ha gustado, decide que no puede volver a ocurrir. Lo único que conseguiría con esas escenas sería confundir más a Castle. Antes de abrir, cierra los ojos y respira hondo para intentar calmar sus pulsaciones y bajar la temperatura de su cuerpo.

-Hola Martha- se hace a un lado para que pase.

-Hola querida- nada más entrar se percata del percance de su hijo. – ¡Oh Richard! ¿Qué ha pasado?

-Tranquilízate madre. Solo se me ha abierto la herida, no es nada grave.

Kate volvió a arrodillarse frente a Castle para terminar de curarle y se miraron con una mirada cómplice.

-Martha, ¿quieres un café o algo?- pregunto Kate cuando hubo terminado lo que estaba haciendo.

-No, gracias. No voy a quedarme mucho tiempo. Solo he venido a darte esto- le pasa un álbum que traía en brazos. –Recordé que el médico dijo que sería bueno para él ver fotos.

Kate al abrirlo y ver las primeras fotos no puede evitar reírse.

-¡Oh, que ricura!

-Verdad que sí- dice con una gran sonrisa en la cara. –Te lo dejo para que lo vayáis mirando. Yo me marcho. Tengo clases y no quiero llegar tarde. Ciao.

-¿Qué es?- pregunta Castle en cuanto su madre se marcha.

-Son fotos, de cuando eras pequeño- se sienta junto a él.

Entre risas, los minutos que pasan viendo las fotos transcurren rápido. Kate piensa que sería mucho más divertido verlas con Martha, ya que ella podría contar la historia de cada foto. Hay una que le hace especialmente gracia, en ella aparece Castle junto a su madre, él con 5 años, vestidos, respectivamente, de caballero y dama del siglo XIX.

-Espera- le dice a Kate antes de que pase la siguiente página. –Esta foto.

-Que, ¿la recuerdas?

-No

-¿Entonces?- dice impaciente por saber el motivo de esa reacción.

Castle se acomoda mejor en el sofá de manera que se queda enfrente de ella. Kate hace lo mismo.

-Cuando estaba en coma tuve un sueño. En ese sueño estaba en un parque, en unos columpios jugando con un niño- Kate se tensa. –Y ahora que he visto esta foto, me he dado cuenta que el niño de mi sueño se parece mucho a mí de pequeño.

Kate se levanta bruscamente. ¿Será verdad todo lo que ha dicho Castle?, ¿y esos columpios de los que habla?, ¿serán los suyos?, ¿y ese niño?, ¿será…? Por mucha fuerza que intenta hacer no puede impedir que las lágrimas salgan de sus ojos.

-Kate, ¿por qué lloras?- en su cara y en su voz se nota la preocupación. Pregunta tonta. Sabe perfectamente porque llora. El sueño significa algo. Quiero preguntárselo, pero sabe que no debe. Cuando esté preparada ella se lo dirá.

-Déjame un momento- sube las escaleras y al rato se oye una puerta cerrarse.

Ya dentro de la habitación, Kate no para de moverse de un lado a otro. No deja de preguntarse a sí misma si ese niño será…ni siquiera se atreve a decirlo. No quiere hacerse ilusiones, pero quiere saber más. Quiere saber el color de sus ojos, de su pelo, su sonrisa, si se le veía feliz y una infinidad de cosas.

Después de mucho meditar, decide contárselo todo a Castle. Tiene que saberlo. Asique antes de bajar, se refresca la cara para intentar aparentar que no ha estado llorando todo ese tiempo.

-Castle, ¿quieres dar un paseo?

-Emm sí, claro- dice, extrañado por su propuesta y por su actitud después de lo ocurrido.

Kate camina rápido. Castle la sigue de cerca. No entiende a qué viene tanta prisa. Comprende, en ese momento, que no es un simple paseo, Kate le está conduciendo a algún lugar. Le quiere enseñar algo. Después de mucho andar, Beckett se para y se queda mirando un punto fijo.

-¿Te suenan?

-Son…son los columpios de mi sueño.

Beckett le dedica una sonrisa y reanuda la marcha, dirigiéndose hacia los columpios y sentándose en uno de ellos. Castle hace lo mismo.

-Para que salgan en mi sueño deben de ser especiales para mí.

-Para los dos- Castle la mira interesado. –Aquí te pedí tiempo para poder tener la clase de relación que quería, aquí me di cuenta de que no podía guardármelo más y tenía que decirte lo que sentía y aquí- sonríe al recordarlo- me pediste que me casara contigo.

-¿Aquí me declaré?- Beckett asiente. –Me gusta. No hay mejor sitio para declararse que un lugar especial para las dos personas. Oye, ¿qué hay del niño?

-La noche anterior a tu disparo estuvimos hablando sobre el tema de ser padres y decidimos que era el momento.

-¿Quieres decir que el niño de mi sueño es nuestro futuro hijo? ¿Una clase de sueño premonitorio?

-No lo sé Castle. Me gusta pensar que sí.

-Sabes, yo también lo creo. Tengo su imagen muy nítida y puedo decir, sin equivocarme, que también tiene rasgos tuyos.

-¿De verdad?

-Sí. Sus labios, su sonrisa y el color del pelo eran como los tuyos- se miran durante unos segundos. –Pero será mejor no hacernos ilusiones, solo el tiempo dirá si estamos en lo cierto.

-Tienes razón.

-Que te parece si volvemos al loft e intentamos averiguar la contraseña de mi portátil- se levanta y extiende la mano hacia Beckett. Kate duda un instante, pero al final decide aceptar su invitación de volver al loft cogidos de la mano.

-Me parece genial.