Capítulo 3: Daños de Alma (II)

—... ¿Perla?—dijo Rafael, sin recibir respuesta alguna. Los tres estaban impactados, de la situación mísera y deporable de Perla...

Perla se encontraba acurrucada, en lo profundo y oscuro del hueco, tartamudeando y hablando incoherencias salidas de sus propias alucinaciones, gemía y jadeaba rápida e incesantemente, mientras a cada rato convulsionaba su cuerpo y temblaba leve pero pausadamente. Su antes brillante plumaje, es ahora opaco como la roca, sus ojos denotan depresión y desvelo extremo, su cuerpo estaba muy flacucho, desnutrido... Incluso ella se ha descuidado de su aseo, no se ha acicalado durante un tiempo, se miraba maltratada y con heridas recientes y sangrantes... Porque ella misma se lastimaba con sus propias garras, sus principales armas, manchadas con su propia sangre...

Rafael, con temor y prudencia, se acerca más hacia Perla, para poder observarla de cerca. Voltea, observando a Nico y a Fredy, traga saliva y sigue su camino... A Perla la tenía enfrente, pero su mirada estaba perdida, se mecía de un lado para otro, hablando incoherencias.

Rafael estaba ahora enfrente de ella, y podía escuchar su incesante y corta respiración, también podía apenas escuchar lo que murmuraba; pero el mensaje que recibía hacia sus conductos auditivos, lo dejaron prácticamente impactado...

— ¡Perla!... ¡Eres una escoria de ave, eres una desalmada!... ¡Porquéeeeee...!, ¡porqué lo dejastes ir! ¡porque lo asesinaste! ¡siento su sangre en mis alas!, ¡en mi cuerpo!, ¡en mi rostro!... ¡No debí dejarlo ir, no debí perderlo por un simple capricho infantil e inmaduro!... ¡Por mi culpa él está muerto!... ¡Blu te odia!... ¡Todos te odian!, ¡todos te quieren ver muerta por lo que le has hecho!, ¡nadie confía en mí!... ¡Nadieee..!, ¡Nadie cree en mí!. ¿Quien quisiera estar cerca de un ave, que arrolla a cualquier inocente vida, a su paso?... ¡La selva es peligrosa!... ¡Me matarán!, ¡me matarán!, ¡lo sé porque desearan vengarse... y me siento merecedora de tal castigo!... ¡Todos desean mi sangre derramada para saldar el crimen atroz que cometí... Y deseo con ansias ese día, sentir mis venas cortadas, mis entrañas sin lugar!... ¡me matarán!... ¡Matenme!... ¡Qué esperan! ¡aquí estoy!... ¡Je, je, je...!—ella murmuraba locamente, con una sonrisa socarrona y malvada, repitiendo la misma frase periódicamente, acurrucada en medio de la oscuridad, encerrada en su prisión demencial...

Rafael se arma de valor y estaba a punto de tocarla... Pero es interrumpido por la voz reconocible y cercana de su amigo Nico, quien sin aviso estuvo a la par de él; dándole un salto espantoso por el susto...

—¡Rafael!, ¡es peligroso!... ¡Ella está loca, no sabe ni siquiera en qué mundo se encuentra!... ¿Y si te ataca?... — dice Nico, a la par de Rafael.

—Pues... Solamente hay una manera de averiguarlo..

Rafael se acerca a solo unos cuantos centímetros de ella, luego la rodea y situado en su espalda cerca de ella, extiende su ala derecha sobre los hombros de Perla, con el fin de llamar su atención... —¿Perla...?

Pero Perla, inmediatamente reacciona violentamente y se cubre con sus alas, protegiendo su cuerpo, gritando de agonía...

— ¡Nooo!... ¡No me hagas daño por favor!... ¡ No fue mi culpa!... ¡No me mates...! ¡No me mates...! — empezó a gritar como loca, cubriendo su cabeza con sus alas, mientras se retorcía por todo el piso de la morada, levantando la basura y la suciedad con su plumaje... Estaba sucia, al igual que un puerco en la porqueriza...

Rafael enérgicamente la toma con dificultad, a pesar de sus movimientos errantes, pero abrazada la levanta, la toma de los dos hombros y la sacude desesperadamente, con el fin de traerla a sus cabales... — ¡Perla!... ¡Reacciona por el amor de Dios!... ¡Soy yo!, ¡Rafael!... ¡No tengas miedo, no vengo a hacerte daño, vengo a ayudarte!...

Rafael la abraza y la lleva hacia la luz, sorprendiéndose terriblemente en ese momento al tomarla, que la temperatura de su cuerpo es muy alta, que no podía caminar por sí sola... Lo que más lo sorprendió, fue que al verla muy bien a la luz, su rostro y sus ojos, estaban irritados e hinchados de tanto llorar, su cara estaba golpeada y con heridas serias y recientes, las piernas estaban laceradas cruelmente por sus propias garras, cuyas plumas conservan la sangre seca, prediciendo que ella se quiso quitar la vida desangrada...

...Perla acostumbró los ojos a la luz... y vio que era Rafael quien la tenía resguardada en sus alas. Lo observó por varios minutos a su rostro, para luego caer con su propio peso de rodillas, deshaciendo el abrazo; y lloraba con amargura, mientras abrazaba la cintura de Rafael con fuerza...

— ¡Ohhh... Rafael!... ¡Te eché de menos!... ¡Perdóname por favor!, ¡termina ya con mi vida, con mi miserable y asquerosa vida...! ¡Por favor te lo suplico!... ¡Ya no lo soportaré más, ya no aguanto con esta pena, con este dolor...! —Decía Perla, mientras lloraba frenéticamente... pero no pudo terminar con sus palabras, porque comenzó a convulsionar y a perder fuerza; para luego desmayarse y caer con golpe seco y fuerte al suelo.

Rafael la levanta, y la saca a la claridad; la examina y rápidamente tiene un pronóstico, sobre la salud de Perla...

— … Perla se encuentra en un estado de demencia temporal y el comienzo del picaje; producto de su depresión... Con fiebre alta y convulsiones hacen mala compañía... ¡Ohhh nooo!... ¡Ella está muy grave!... ¡Tenemos que auxiliarla!...

Luego, Rafael acomoda a Perla, para luego dirigirse donde se encontraban sus amigos...

— ¡Nico...! Ve donde Eva, dile de nuestra situación y el de Perla... ¡Y dile que vamos en camino!... ¡Y que habilite el nido de huéspedes del árbol!... ¡Está cerca de aquí... ¡Apresúrate...!

—¡Voy mas rápido que un rayo, Rafi...!— Dijo Nico.

Dicho y hecho, Nico se dirige hacia el arbol de Rafael; estaba dentro del santuario, así que no estaba muy lejos.

—¡Fredy!... ¡Ve y consigue hojas muy grandes y resistentes de banano!... La usaremos de camilla en el vuelo... Yo estaré aquí cuidándola...— dijo Rafael, dándole tarea a Fredy...

—¡Entendido Don Rafael!...

Dicho y hecho, Fredy rápidamente se fue a buscar las hojas a toda prisa, mientras que Rafael monitoreaba constantemente el estado de Perla... Fredy pudo encontrar muchas hojas cerca, así que rápidamente las llevo al nido...

—¡Aquí está lo que me pidió Rafael!...— dijo Fredy, mostrando las hojas de banano...

—¡Muy bien!... Ahora escucha... Extiende las más anchas en el suelo, luego acostaremos a Perla sobre las hojas y la envolveremos en las hojas; luego con las hebras de las hojas la aseguraremos y la cargaremos volando a mi hogar... ¿Entendido?

—¡Si señor!—dijo Fredy, de modo militar... A lo que Rafael le dio risa por su improvisación...

Hicieron todo paso a paso, como lo habían planeado; parecía un tamal del tamaño de una guacamaya. Así que Rafael la llevo afuera del nido, él estaba listo para cargar el peso, cuando Fredy lo evita...

—¡Rafael!... ¡Déjeme ayudarle con la carga!; ¡es por ayudar...! ¿No estará pensando mal... O sí?

—¡Ohhhh!... ¡Por supuesto que no!...—dijo Rafael, con una mirada sarcástica—¡Pero para qué negarme!... ¡Vayámonos y de prisa!

—¡Como usted diga!...

Dicho y hecho, Fredy vuela y toma el bulto con muchos ánimos, usando sus fuertes garras. Él pensaba que Perla pesaría... Pero al cargarla, se dio cuenta que no pesaba ni en lo mas mínimo para él...

— ¡Rafael!, ¡ella no pesa nada!... ¡Es como si levantara a un polluelo...!— se quejó Fredy.

—¡No pesa porque esta desnutrida, no ha estado comiendo a como es debido, por eso dije que está grave!... Pero ahora, lo que nos interesa es ir a mi hogar lo más pronto posible... ¡Qué esperas... Vámonos!

—¡Entendido!...

Después de eso, ambos vuelan y abandonan el árbol, el hogar de Perla; en dirección al hogar de Rafael...


...Eva estaba esperándolos con impaciencia, junto con Nico. Ambos observaban con ironía, a los 21 niños que jugaban, sin percatarse los infantes de la situación grave en que se encuentran los adultos.

—... Si fuéramos como los niños; creo que jamás tendríamos rencores y preocupaciones, ¡siempre felices de la vida...!—dice Eva, mientras suspira con ganas...

—¡Tienes toda la razón... madame!...— Dijo Nico.

Después de un cierto tiempo, ambos, al observar juntos al horizonte; divisan a lo lejos, a dos aves y una maleta hecha con hojas. Luego, observan y enfoca con detenimiento... Y luego ambos se dan cuenta de quienes se trataban...

— ¡Eva!... ¡Ahi vienen!... Y traen una especie de... ¿Maleta?— dio Nico, incrédulo...

—¡Esa maleta ha de ser Perla!... Estuvimos en una situación similar de jóvenes, y siempre usamos este mismo método de transporte...— comenta con orgullo Eva con la iniciativa de familia.

… Rafael y Fredy llegan al árbol, donde se encontraba Eva, esperándolos en el hueco de huéspedes, ubicado arriba del nido familiar. Eva les indica el lugar y acomodan la maleta en el suelo. A continuación, deshacen los nudos para descubrir el cuerpo de Perla, temblando de fiebre y respirando aceleradamente, mientras continuamente convulsionaba con levedad. Eva se sorprendió, al mismo tiempo que se horrorizó, al ver la situación en que se encontraba Perla...

—¡... Con sólo verla, puedo decir que ella está muy grave!... ¡Rafael!, ¡trae agua!... ¡Necesitamos bajar con urgencia la fiebre...!—dice Eva, mientras Rafael hace caso... Luego escojen a dos de sus hijos, para poder tener más colaboradores...

—¡Paco!... ¡Pedro!... ¡Necesito que traigan agua de coco!... ¡Lo usaremos como suero para hidratarla...! ¡Pero yá...!

—¡Si mamá!— y ambos niños vuelan como rayos en busca de cocos...

—...¡Mi esposa ha de estar preocupada de mi!... Me tengo que retirar.—dijo Fredy, interrumpiendo aquel momento alterado y desesperante de la familia tucán, Eva escucha su voz atrás suyo, mientras lo observa y le devuelve una sonrisa...

—¡Eres un angel!... ¡Y gracias por tu ayuda querido!... Rafael ya esta muy viejo para esto...

—¡Te oí!— comenta Rafael en señal de protesta—¡Mi amor... Aqui esta el agua!... ¡Ah y se me olvidaba!— volteando a ver a Fredy—¡Gracias por tu ayuda!

—¡No es para tanto!... ¡Todo por mis amigos!... ¡ Nos vemos!— y Fredy vuela en dirección a su hogar.

Fredy se fue, dejando a Rafael y a Eva con el cuerpo de Perla... Perla estaba inconsciente, pero gemía y sus convulsiones eran intensas... Eva comenzó a manipular el cuerpo de Perla con sus alas, mientras que Rafael estaba parado, observandolo todo. Eva sintió esa mirada, para luego voltear a ver y mirarlo con incredulidad.

—¡Rafael querido...! ¿Podrías hacerme el favor de retirarte?... Haré cosas que sólo entre chicas se hacen... ¿ Me entiendes?... ¡ah... Y llama a dos niñas y que lleven el agua de coco...!

—¡Oh si, claro!... — dijo Rafael, mientras salia a prisa del hueco; retirándose a cuidar de sus niños y elije a sus hijas Sofia y Janeth como ayudantes de su madre.

Eva, después de observar la ubicación de su marido, y de recibir el agua de coco de parte de sus hijas, rápidamente uso sus alas e hizo presión en el vientre de Perla, luego bajó hasta llegar cerca de la entrepierna... Perla gemía inconsciente, con cada toque, el dolor alteraba su cuerpo. Eso hizo que Eva se asustara... así que con sus facultades, sus remedios... Y administrándole agua, trata de salvarle la vida, a un alma que corre un peligro de muerte...


Las horas pasaban, el crepúsculo había caído... Nico se había ido porque debia de atender el Club; solo quedó Rafael con sus hijos en el nido descansando dentro del nido familiar... Pero su mente jamás dejó de descansar, porque sabe muy bien, que Perla de esta, no iba a librarse, su muerte era segura y con muy pocas probabilidades que viva...

"Solo hace falta que Perla muera, que deje este mundo con el daño que ha ocasionado para ella misma y esta historia se convertirá en una triste leyenda urbana... Solo espero e imploro al cielo, que Eva haga el mejor de su trabajo, y no deje que esta joven avecita muera de la peor manera... con el corazón muerto de la agonía, el remordimiento, y la tristeza... Por favor, que no muera..."—Rafael comentó dentro de su mente, suspirando en silencio... hasta que una voz muy conocida lo llamaba desde afuera...

—¡Rafael... Ven un momento!—manifesto Eva.

—¡Ya voy mi terroncito de azucar!—Responde mientras aparta a los niños y los deja descansar en el nido. Llega al borde y vuela en dirección hacia el otro hueco, arriba del nido familiar. Ahí estaba Eva afuera con un rostro lleno de cansancio, fatigada. Rafael observa a su esposa jadeante de respiración... No dijo nada, su mirada estaba baja... Rafael comenzó a respirar aceleradamente, el temor que poseía hace un momento, comenzó a surgir sin control; la tristeza recorrió su ser...

—¡Linda!... ¿Y Perla?, ¡cómo se encuentra...! ¡No me digas que ella ha...!

Eva, al escuchar a su marido, sube su mirada, pero sacando una sonrisa socarrona, como divirtiéndose del momento...

—¡No seas ave de mal agüero Rafael!—dijo Eva, de modo sarcástico y burlón—¡Es un milagro que soportara tanto sufrimiento!... Ella estará bien, la fiebre ha disminuido, los escalofríos y las convulsiones han desaparecido... El agua de coco ayudo mucho en esto, pero esta inconsciente, preveo que despertaría en dos o tres días quizás; por lo tanto, nos turnaremos para darle agua cada dos horas para mantenerla hidratada... ¡Tu la vigilaras esta noche!... ¿Entendido?

—¡Si mi amor!... — hizo caso Rafael, a sabiendas de lo que es capaz su esposa si desobedecía... Y con eso, Eva se fue a dormir, dejando a Rafael con Perla... Toda la noche...


Días Después...

Así trascurrieron los días, cada quién cuidaba y alimentada a Perla, lentamente se recuperaba de sus heridas, vendadas con hojas; ambos se turnaron, día y noche, cuidándola celosamente para evitar una decaía. Pero un día...

Era una mañana como cualquier otro día, Rafael se había dormido, sentado en una de las paredes del hueco, roncando levemente... Pero el cuerpo azul comenzó a mover su cabeza levemente, respiraba agitadamente, gemía del dolor que comenzó a invadir sus nervios en esos momentos... Perla estaba despertando...

— ¡ummm...! ¡Hayyy... Haayyy... Hayyy...!— se quejaba Perla, adolorida, tratando de abrir sus ojos.

Eva entró por sorpresa al nido, llevándose la grata sorpresa de encontrar a su marido dormido y Perla delirando del dolor... Así que fue a donde Rafael y con un ala lo golpeó del pico...

—¡RAFAEEELLL!—De un grito despierta a Rafael... reaccionando de terror al descubrirlo su avecita...

—¿Que pasa cariñito?...¡No volverá a pasar... no me volveré a dormir!—dijo Rafael, todo aturdido y somnoliento...

—¿Eres un idiota o te haces?... ¡No ves que Perla esta despertando...!— protesta Eva

—¿¡Quéeee!?...— de un solo salto, Rafael se levanta asustado; y ambos se dirigen a donde estaba reposada Perla, delirando, tratando de volver en sí.

Perla estaba despertando lentamente, comenzó a abrir sus ojos, pero había mucha luz y encerrada en su hogar debilitó sus ojos en la oscuridad, asi que le costaba mucho, su vision era borrosa, empañada; mientras jadeaba, paulatinamente comenzó a enfocar su entorno y a ver a todos lados... Hasta que distinguió a dos aves conocidas, la cual a una de ellas le tenia miedo por un incidente que tuvo en el pasado y se ganó su temor; así que solamente los observó con desconfianza, jadeaba de miedo mientras trataba de hablar... Pero estaba demasiado débil aún para parpadear, así que sus ojos permanecían entreabiertos.

—¡D..D...Donde... Estoy! ¡en dónde me encuentro!... ¡N...No me hagas daño Eva!... ¡Por favor, no me lastimes, trataré de salir...!—dijo Perla con mucha dificultad y miedo, tratando de mover su cuerpo pero sin respuesta alguna, no podía mover ni un sólo músculo... Eva se sienta a la par de ella, mientras acaricia su cabeza con su ala, para que Perla tenga confianza en ella...

—¡shiiih!... ¡Querida, por favor no hables ni trates de moverte!... ¡Estas demasiada débil... Estabas a punto de morir!. Debes de descansar mi niña, tienes suerte que sigas viva...— dijo Eva en murmuro, mientras Perla se relajaba poco a poco por los arrullos de Eva, generando un poco de confianza, para luego cerrar sus ojos y volver a dormir...

—¿Eva, cariño?... ¡Me culpo por no haberla ayudado hace mucho...!, ¡hubiéramos evitado todo esto!...—dijo Rafael, mientra Eva lentamente se levantaba, dejando a Perla durmiendo con tranquilidad, sintiéndose triste e impotente...

—... Creo que comenzando con no haber pensado en golpearla, hubiéramos evitado este incidente; pero el daño está hecho, y esperemos que Perla luche por su vida y se mejore... Es un milagro que haya sobrevivido, espero que valore esta oportunidad que Dios le ha concedido...


Pasaron las semanas... Perla comenzó a recuperar sus fuerzas, comenzó a volver a la normalidad; paulatinamente recuperaba su movilidad y sus heridas sanaron casi por completo; aún tenía que engordar porque, a pesar de la alimentación forzosa que recibía de los dos tucanes, ella aún estaba flacucha, perdió su forma sensual y joven, sustituyéndolo con el cuerpo de una vieja decrépita. No se sentía segura de sí misma, el dolor de su cuerpo iba desapareciendo, pero no el dolor de su corazón, de su alma. Ella no dirigía la palabra a ambos tucanes, no decía nada... estaba muda a su conveniencia. Eso preocupó a los tucanes, ya que la Perla que conocieron en el pasado, aquella ave dinámica y vivaz... Ahora esta ave no poseía vida, su mirada era neutral a muerta, sus movimientos eran restringidos, a pesar que recuperó hasta el caminar.

Pasó una tarde de un cierto día después, Rafael y Eva iban, como de costumbre; visitar a Perla y ver cómo estaba su situación; pero luego, ambos se sorprendieron con temor, que Perla estaba fuera del nido, levantada, en una rama cercana, mirando el atardecer... La pareja se acercó atrás de ella, Perla estaba ubicada en la punta de la rama, suspirando mientras frotaba con sus alas el rostro. Ella sintió la presencia de las dos aves, pero no le importó en lo absoluto, siguió mirando el triste horizonte de un sol de atardecer, ocultándose entre las nubes negras de tormenta.

—¿Perla?... ¿Que te pasa? ¿porqué lloras?... —dijo Rafael, el cual es respondido por el silencio absoluto...— Perla... Si quieres podemos hablar... Puedo ayudarte en lo que quieras, sabes que siempre me has contado como amigo... ¡Te podemos ayudar!...

Perla volteó a ver a la pareja de tucanes...Pero a Rafael se le rompe el corazón, la tristeza invadió su alma... Perla estaba maltratada de su plumaje, sucia; sus lágrimas escurrían por sus mejías desde sus ojos rojos... Sus alas estaban decaídas, y su aspecto era horrible... Caminó con dificultad, arrastrando sin ánimos sus garras, a donde se encontraba Rafael... Y frente a frente, y de un llanto amargo, lo abrazó y lloró sobre sus hombros... Y empieza a desahogar sus emociones...

—¡Porque soy así!... ¡Deje escapar al ave que más amaba, al ave de mis sueños!... ¡Lo humillé, e hice que creyera, que sentía algo por mi, yo misma me mentía que no lo amaba!... ¡Maldita mi miserable vida, !... ¡Maldita mi asquerosa libertad!... ¡Yo sólo sirvo para nada!... Yo, no tuve el valor ni siquiera de corresponderles con una palabra de mi pico, de no hablarles... Porque de mi boca salen las cosas más inmundas de mi alma negra, siento que mis palabras matan la felicidad de las aves que me rodean... ¡Ahora, por culpa de mi orgullo, estoy condenada a estar sola!... ¡Para siempre...!

Luego, Perla separó del abrazo, tomó con fuerza su cabeza con sus alas, halándose ferozmente su cresta, queriéndoselo arrancar de un tirón; mientras negaba con su cabeza... — ¡No... No...! ¡NO!. ¡No quiero ser libre!... ¡No quiero mi orgullo...! ¡No quiero mi vida, ni esperanzas, ni caridad, ni el cariño o el repudio de ustedes!...¡Solo quiero... Lo único que deseo! ¡lo único que cambiaría de pago con mi muerte, con mi alma...¡ ¡Solo quiero...! ¡Solo quiero...! ¡Que... Vuelva... Por favor! ¡Que vuelva...! ¡Que vuelva... Blu!.

Perla se tiró al piso de la rama, llorando con lágrimas de amargura... Rafael y Eva escaparon a llorar, de la forma expresivamente deprimente de las palabras de Perla; inercialmente Rafael la recoje del suelo, la toma de los hombros, y la mira fijamente, cara a cara... — ¡Perla... No te atormentes!... ¡Todos cometemos errores!... Lo que hicistes hace ya dos años es imperdonable... Pero hasta para eso siempre hay una oportunidad... ¡y sigues viva por eso!.. ¡Aprovéchala!, ¡Enmienda tus errores!... ¡ Y no los vuelvas a cometer...! ¡Quiero que vuelvas a la vida, que cambies... que vuelvas a sentir la calidez del amor... del amor de tus amigos, de quienes te rodean...! ¡Sé felíz, no desperdicies esta oportunidad de seguir con vida, siempre sonríele a la vida, siempre alegra tu alma!... ¡Ya no te quyiero ver llora, necesito una sonrisa tuya!... ¿Me entiendes?. —dijo Rafael mientras con sus alas, seca las lagrimas de los ojos a ella. Perla sonrió y juntos se levantaron, pero el cielo dejó caer sus propias lágrimas, así que los tucanes llevaron a Perla hacia su nido, mientras los tucanes volvían al suyo, a resguardar a sus hijos en sus sueños, en una noche que sería larga y tormentosa. Perla pudo dormir, al igual que sus salvadores Rafael y Eva con sus hijos; esperando la venida de un prometedor y nuevo dia, soñando las nuevas aventuras que traerían consigo... A pesar de ello, Perla, aún con dolor; recuerda el rostro y el cuerpo de Blu, su voz, su torpeza y alegría... Imaginando y soñando con ese amor que hubiera sentido si ella nunca hubiese intervenido de esa manera... De sus ojos cerrados y durmientes, una lágrima triste recorrió su rostro lentamente, cayendo hacia el suelo, reflejando un tintineo como una estrella, con la poca luz que hay...

— "Solo deseo una cosa... Deseo volver a ver a Blu, deseo volver a ver su cuerpo, su rostro, su sonrisa... Deseo experimentar aquel amor que me hubiese dado él, y aprender de él; corresponderle con la entrega de mi corazón, con la entrega de mi cuerpo, de mi calor, de mi amor... Solo deseo, por lo menos saber, cuál fue su suerte o su destino, y si tengo la oportunidad de merecerme ese amor que tanto sueño cada noche... Jamás dejaré de esperarlo incluso hasta el final de mis días, incluso al caer a la locura... Estés donde estés Blu... Sólo te diría que te amo tanto y te extraño tanto... que sólo deseo un sólo beso tuyo, para volver a vivir, para volver a renacer, para creer en tí. Te amo Blu... "


Mientras tanto... Esa misma noche...

Dos halcones volaban bajo la incesante lluvia, les dificultaba volar pero eran muy fuertes y ágiles bajo una tormenta... Ellos felizmente hablaban acerca de la cacería del día... Hasta que de repente, uno de ellos observa una silueta muy rápida por el horizonte, desapareciendo entre las nubes...

— ¡Hey!... ¿Vistes eso?

—¡Ver que!... ¡Yo no veo nada!, ¡mejor cállate y acelera el vuelo, me estoy congelando del frío...!

De repente y por sorpresa, escucharon un graznido aterrador, asustando a ambas aves y poniéndolas alerta... Pero atrás de ellas... Un ave caía en picada al suelo, y de manera supernatural, se desvía rápidamente y se estabiliza horizontalmente, atrás del rumbo de los dos halcones, sin dar a conocer lo que era debido a que portaba un túnica oscura puesta. Con una velocidad increíble y ágil, toma a un halcón por el cuello, y desaparece entre las tinieblas... Sin que se diera cuenta su compañero...

—¡Hermano!... ¡Tenemos que volar bajo para poder defendernos y...!—pero para su sorpresa, no hay ningún hermano a la redonda... Había desaparecido.

—¡Oh por Dios! ¡Que és lo que está pasando aquí... !—el halcón vuela mas rápido hasta no aguantar, bajando hacia la parte boscosa de la selva, con el fin de refugiarse entre los árboles y ver quién era el atacante... Pero todo eso, era en vano.

El ave oscura... Mira fría y fijamente con sus ojos, tal que el reflejo de su presa se podía ver en sus dos ojos... Rápidamente y con crueldad, cae de picada y justamente entrando el halcón entre los árboles, con sus garras lo toma por el cuello, privándolo del aire; y lo arrastra a cielo abierto, demasiado alto. El halcón trata de luchar por su vida ante su depredador desconocido, pero era en vano; el ave es mucho más fuerte que el, se cansaba y le faltaba el aire. Luego, el ave desconocida se detiene y levanta con su garra y con las fuerzas de sus corpulentas piernas al halcón... Teniéndolo y mirándolo frente a frente. El halcón prácticamente se horroriza, se aterra al darse cuenta, al ver lo que realmente era esa criatura bajo la capucha , esa criatura que ronroneaba y graznaba macabra y levemente...

—¡No es posible!... ¡Es imposible... ¡Eres... Eres...! ¡Eres un guaca...! —pero no dijo nada más, cuando el ave entierra una de sus filosas garras profundamente en el pecho, y luego lo degolla ferozmente con su pico, sin oportunidad de terminar la oración, lanzando el cadáver a tierra. Sus garras y su pico estaban llenos de sangre, los lamía y los saboreaba como si fuese miel.

Mientras vuela, divisa a lo lejos la estatua de Cristo Redentor, y en unos de sus brazos, el ave gira de espalda, toma con las garras el brazo, cuyo impulso y un movimiento en un angulo recto de todo su cuerpo, se suelta, gira tres veces y cae aterrizando en el brazo con fuerza. Este sujeto estaba provisto de una túnica, muy pocas partes de su cuerpo eran visibles, detallando entre cada relámpago, el color de sus plumas completamente azules de su vientre formido y de sus fuertes alas, su rostro estaba oculto, sin poderse distinguir el tipo de ave que era. La lluvia ni el frio no hacia efecto sobre el, y sólo, desde bajo la capucha de su túnica...pronuncia una frase pausadamente y con mucho odio y crueldad, rasgando sus garras en el concreto sólido, lacerando cruelmente y sin dificultad, el brazo del monumento...

—¡Te... Encontraré!... ¡Te castigaré...! ¡Y te mataré... Lentamente! ¡Solamente reclamaré tu sangre y tus entrañas!... Solamente vengo a cobrar lo que me debes, y lo pagarás con tu sangre... Maldita traidora y miserable... ¡Maldita Perla!... — lo único que se escuchó después, fue un graznido horrible y agudo, al instante que salta y automáticamente emprende vuelo, desapareciendo en cuestión de segundos.

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