Chapter 12
Viernes. Son las 8 de la mañana. Beckett está despierta en la cama dando miles de vueltas intentado encontrar la posición más cómoda. Hasta que se queda bocarriba con las manos sobre su vientre. Apenas ha dormido porque no paraba de pensar, una y otra vez, en lo sucedido anteriormente. Y si...y si, no dejaba de repetirse a sí misma.
A los pocos minutos, su móvil vibra intensamente sobre la mesilla de noche. Beckett lo coge y observa que es un mensaje de Esposito, diciéndole que ha habido un asesinato y la dirección donde se ha cometido. Beckett no puede estar más agradecida. Esto es lo necesita ahora, un buen asesinato que la distraiga un poco.
Tras arreglarse y maquillarse, para ocultar los signos evidentes de haber dormido poco, baja las escaleras dirigiéndose a la cocina, donde se encuentra con Castle.
-Hey, buenos días- dice él percatándose de su presencia y con una felicidad evidente
-Buenos días, Castle.
-Tienes cara de cansancio, ¿has dormido bien?
-Pues no. Me costaba conciliar el sueño. Tú, sin embargo, parece que has dormido como un bebé. Estás muy contento.
-Sí, hoy me he levantado de buen humor.
-Y, ¿puedo saber por qué?
-He comenzado a recordar- dice Castle con una sonrisa, la cual se transmite rápidamente a Kate.
-¿¡Qué!? ¿De verdad?- Beckett aún no se lo cree. Por fin hay avances. -¿Qué has recordado?
-¿Sabes el barco que tengo en mi despacho, el que está junto a la ventana?- Kate asiente. –Pues he recordado que me lo regalo Meredith en nuestra luna de miel.
Beckett intenta disimular su desilusión. La alegría se va tan rápido como había venido. Se esperaba que hubiera recordado algo relacionado con ellos.
-¿No te alegras?- le pregunta Castle.
-Sí, claro que me alegro. Es un gran avance- dice con una sonrisa forzada.
-No lo parece.
Beckett ignora el comentario y coge las llaves y su chaqueta preparada para irse.
-No me esperes para comer- dice antes de salir.
En el viaje de ida al escenario del crimen, Beckett intenta no pensar en lo sucedido y centrarse en el caso.
Al llegar, Esposito y Ryan no tardan en darle la enhorabuena.
-Gracias chicos. Veo que las noticias vuelan- dice dirigiendo una mirada acusadora a Lanie.
-Chica, estaba muy contenta y quería contárselo a alguien.
Tras realizar su observación personal del cadáver y de la zona y haber ido con Esposito a hablar con los testigos, se marcha a comisaría para comenzar con la investigación y localizar a los familiares de la víctima.
Por su parte, Castle no para de preguntarse porque Kate había reaccionado de esa manera. "He recordado. Debería de haberse alegrado y no…" Su monólogo interior se interrumpe cuando repara en que Kate se ha olvidado su bolsa. Ve en ello una oportunidad de acercarse a la comisaría y hablar con ella.
Para su sorpresa al llegar a la esquina de la 12th observa, en la acera de enfrente, a Kate abrazada fuertemente a un hombre. Castle no sabe cómo actuar ni que pensar. No sabe si alguna vez le han roto el corazón, pero debe ser muy parecido a lo que siente ahora. Lo único que se le ocurre hacer es rehacer el camino y volver al loft.
Beckett, después de despedirse de Rob, su mejor amigo en el instituto, entra en la comisaría y empieza a organizar la pizarra para el nuevo caso. Antes de asignar tareas, decide llamar a Martha.
Primer toque…segundo toque…tercer toque…
-¿Diga?
-Hola Martha. Soy Kate.
-Hola querida.
-¿Te pillo en mal momento?
-No. Estoy en el descanso de las clases. ¿Qué quieres?
-Quería saber si te viene bien quedar hoy para comer juntas.
-Sí, claro. Pero ¿qué pasa con Richard?
-Ya es mayorcito, se las arreglara sin mí.
-Oh, vale. Ya entiendo. Te parece bien a las 1:30 donde siempre.
-Sí, genial.
-Pues entonces nos vemos allí. Tengo que colgar, va a comenzar mi próxima clase. Hasta luego querida.
A Beckett no le da tiempo a despedirse. Se queda mirando fijamente la hora en el móvil. Aún queda mucha mañana, pero espera que pase rápido.
Aún falta media hora para la hora acordada, pero Beckett ya espera a Martha en el restaurante. Para pasar el tiempo se entretiene mirando a las personas que pasean por la calle. Se fija en una pareja que camina abrazada y después en una mujer con un carrito. Se ríe ante el hecho de sentirse identificada con esas personas y de cómo describen su presente y su futuro. La voz de Martha la saca de sus pensamientos.
-Hola otra vez. Me alegra que hayas llamado para comer juntas. Necesito una charla de mujer a mujer.
-Yo también.
-Va, suéltalo. ¿Qué es lo te preocupa?
Beckett a veces olvida que Martha es como su madre y no puede ocultarle nada.
-Antes quiero darte una noticia. Estoy embarazada.
-¡Oh querida! ¡Eso es fantástico! ¡Es una gran noticia! ¡Qué feliz me hace!- Martha se tira literalmente a abrazarla. –¿Lo sabe Richard?
-No. De él te quería hablar.
Beckett le cuenta a Martha todo lo sucedido con Castle esa mañana.
-Estoy empezando a perder la esperanza. ¿Y si nunca se acuerda de mí?
-Seguro que lo hará. Escúchame Kate- le coge las manos- ahora no puedes derrumbarte. Ahora debes de ser fuerte, por ti y por esa criatura.
-Lo sé Martha, pero hay días, como hoy, en los que lo único que quiero es salir corriendo y alejarme de todo eso.
-Y ¿Por qué no lo haces?
-No puedo dejarle solo.
-Sí que puedes. Y en mi opinión es lo que deberías hacer. Tengo una idea: este fin de semana me voy a Los Hamptons, ¿por qué no te vienes?
-No Martha, de verdad.
-Pues entonces quiero que tengas esto.- saca de su bolso un conjunto de llaves –Es una copia de las llaves de mi piso. Quiero que me prometas que si vuelves a sentirte como hoy irás a pasar el fin de semana allí.
Beckett las coge, apreciando el bonito gesto que su suegra ha tenido con ella.
-Te lo prometo.
Al llegar a comisaría, Esposito y Ryan tienen nuevas pistas sobre el caso, por lo que casi toda la tarde la pasa entre detenciones, hablar con testigos e interrogatorios. Solo cuando deciden terminar la jornada tiene un rato de descanso.
-Hey Beckett, ¿te encuentras bien?- le pregunta Esposito.
-Sí, solo estoy un poco mareada.
-Así no puedes conducir. Yo conduzco y te acerco a casa.
Durante el viaje, Beckett cierra los ojos para intentar que se le pase su malestar. Agradece el silencio de Esposito. No dejaba de pensar en lo que le había dicho Martha. Quizás tenía razón y lo que necesitaba era alejarse unos días. Mete la mano en el bolsillo de su chaqueta para comprobar si tenía las llaves de ambos pisos.
Al entrar al loft no espera encontrárselo totalmente a oscuras, excepto por la escasa luz que salía por debajo de la puerta cerrada del despacho de Castle.
-¿Castle?
Un fuerte ruido, procedente del despacho, la asusta y decide ir a mirar. Al entrar se lo encuentra todo patas arriba, todo tirado por el suelo.
-Castle, ¿qué ha pasado?
-Nada, déjame- dice inquieto.
-No me pienso ir hasta que no me expliques que ha sucedido aquí.
-Por favor Kate, déjame solo
-¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan alterado?
-Pues me pasa de todo- dice con un tono más alto. –Pasa que ya estoy harto de esta jodida situación y que quiero recuperar la memoria de una vez.
-Yo también Castle, pero…-le interrumpe.
-Lo dudo mucho.
-¿Qué quieres decir con eso?-dice totalmente aturdida por el comentario.
-Creo que nuestro matrimonio no era tan feliz como me has hecho creer. Te veías con otro hombre ¿verdad? y yo lo descubrí. Y el que yo haya perdido la memoria te da la oportunidad para volver a verte con él sin que yo me entere. Pero te he visto con él esta mañana.
-Esto es lo último que me esperaba de ti Castle. Está claro que la imaginación no la has perdido.
-¿He acertado o no?
-Será mejor que me vaya- ahora la propuesta de Martha le parece de lo más acertada.
-Quiero que me lo digas- la coge del brazo, obligándola a retroceder y mirarle a los ojos.
-Solo te voy a decir una cosa.- se suelta del agarre –El chico con el que me has visto es gay.
Coge su bolsa, la cual había dejado sobre el sofá al entrar, y antes de salir se gira para volver a mirarlo.
-Llámame cuando se te pase este ataque irracional de celos- y se marcha dando un gran portazo.
Castle vuelve a quedarse solo en medio del salón, maldiciéndose por la estupidez que acaba de cometer. No sabe si dejarle espacio y hablar con ella mañana o correr a pedirle perdón. Decide bajar y solucionar el tema cuanto antes.
Al llegar a la calle la ve subirse a un taxi y comienza a correr detrás del coche para intentar alcanzarlo. Procura no perderlo de vista, cosa difícil ya que hay más taxis y también tiene que ir pendiente de no chocarse con la gente.
Después de correr durante varios minutos y sentir que el corazón se le iba a salir de pecho, se detiene. Ha perdido de vista al taxi, pero no piensa rendirse. Entre la falta de hábito de correr y el aturdimiento de estar perdido, comienza a marearse. En ese momento, un coche da un petardazo, lo que hace que Castle se tire al suelo en un movimiento involuntario e inconsciente. Este ruido hace que en la mente de Castle se desencadenen imágenes de la mañana de su disparo y estas, a su vez, liberan otros recuerdos, creando un efecto mariposa en el interior de su cabeza.
Castle se levanta y continúa la carrera. En su mente se agolpan los recuerdos: su primer día en el internado, en la universidad, la publicación de su primer libro, el nacimiento de Alexis, el día que conoció a Kate, cuando la besó por primera vez, la noche que comenzó su relación, cuando le pidió matrimonio, la boda, la luna de miel, etc.
Mientras corre llama varias veces a Kate, pero no obtiene respuesta. Después llama a Lanie, pero esta le dice que no está con ella. Como último recurso llama a su madre, que le comenta que es posible que esté en su piso. Ante la respuesta de su madre, Castle aumenta el ritmo.
Nada más llegar al piso, Beckett busca entre la ropa de Martha con el propósito de encontrar algo más cómodo que ponerse. Tras una ducha rápida se prepara una infusión para intentar relajarse. Antes de meterse en la cama llaman a la puerta. Para su sorpresa, al abrir, se encuentra con Castle. Este no tarda en ir hacia ella, coger su cara entre sus manos y besarla.
-Lo siento Kate, perdóname. He sido un completo imbécil.
-Castle…
-Sabes que yo no quería decir esas cosas.
-Castle…
-Pero ya todo se ha acabado. Todo vuelve a ser como antes.
Beckett le mira sorprendida ante esa declaración. Acaricia su cara e examina su mirada detenidamente para asegurarse de que es él realmente.
-Sí, eres tú- se abraza a él sin importarle que esté completamente sudado. –Te he echado muchísimo de menos
-Y yo a ti cariño. Te prometo que no volveré a dejarte sola- la besa de nuevo.
-Eso espero, porque no quiero cuidar yo sola a nuestro bebé.
Castle deshace el abrazo y la coge de los hombros, totalmente boquiabierto.
-¿Qué?- acierta a decir. –¿Estas…?
-Dilo
-¿Embarazada?- dice esperando expectante la respuesta.
-Sí
Una gran sonrisa ilumina el rostro del escritor.
-¡Oh Kate! ¡Es genial! No puedo ser más feliz. Te quiero.
-Yo también te quiero.
