Muchas gracias por las reviews. Me alegra que la historia esté gustando. Aquí les dejo uno de los capítulos más esperados, no?

Chapter 16

Siento que las fuerzas abandonan mi cuerpo. Sé que mi hijo ya ha nacido. Puedo oír su llanto y la voz de Castle como si fueran un eco lejano. Sé que pronto me voy a desmayar y lo único que quiero es verle la carita antes de cerrar los ojos. Una potente luz me está cegando y veo todo borroso. Los párpados me pesan cada vez más. Oigo a Castle repetirme una y otra vez que es un niño. Intento mostrar mi felicidad, pero ya no tengo fuerzas. Ni siquiera puedo levantar los brazos para pedir que me acerquen a mi pequeño. Unas profundas ganas de dormir me invaden. La voz de mi marido desaparece y solo puedo oír un rápido, rítmico y molesto pitido. Después de unos segundos todo se vuelve negro.

(Horas antes)

La primera luz del día entra por la ventana y despierta a Castle. Este se remueve un poco en la cama y se levanta. Observa a Kate, que está profundamente dormida. Ha pasado mala noche, asique decide no despertarla y dejarla que descanse más. La incomodidad del embarazo le impide conciliar el sueño.

Tras prepararse un café, se sienta en su escritorio y comienza a escribir. El sonido de su móvil le saca de su tarea. Castle no se sorprende al ver que se trata de Jim. Últimamente llama mucho para preguntar por el estado de Kate.

-Hola Jim.

-Hola Rick, ¿cómo esta mi hija?

-Bien. Ha pasado mala noche y sigue durmiendo.

-¿Y el padre cómo lo lleva?

Castle suelta una risa ante la pregunta de su suegro.

-Hace dos días que salió de cuentas, asique puedes imaginarte mi impaciencia.

-Sí, me hago una idea. Yo estoy igual.

-¿Castle?- le llama Beckett.

-Kate ya se despertó, ¿quieres que te la pase?- dice mientras se levanta y acude a su llamado.

-Sí, por favor.

Al entrar, Castle ve a Kate sentada en el borde de la cama con ambas manos sobre la barriga y con gesto de dolor.

-Jim, te llamo en un rato- cuelga y se acerque a ella, arrodillándose para estar a su misma altura. -¿Qué ocurre?

-Creo que estoy teniendo contracciones.

-¿Qué? ¿Estás segura?

-Han pasado quince minutos desde la primera y siento como si me estuvieran retorciendo por dentro, asique si estoy segura.

-Vale. Entonces esto significa…

-Castle, ya sabemos lo que significa. Tenemos que cambiarnos, coger las cosas e irnos al hospital.

En menos de media hora ya estaban en el coche de camino al hospital. Desafortunadamente, el tráfico no estaba a su favor y los tuvo retenidos en un atasco unos diez minutos.

Al llegar, en poco tiempo Beckett está instalada en la habitación y conectada a todos los aparatos necesarios. Uno que marca sus pulsaciones, otro las del bebé y otro la intensidad de las contracciones. Mientras Castle camina de un lado para otro de la habitación hablando por su móvil. Al terminar acerca una silla a la cama de Kate y se sienta junto a ella.

-He llamado a mi madre y a Esposito, ellos avisaran a los demás. Les he dicho que vengan esta tarde, cuando el momento esté más próximo.

-Bien…-dice con los ojos cerrados y las manos agarradas a ambos lados de la cama, soportando una nueva contracción.

-¿Cómo lo llevas?- se incorpora hacia ella sin levantarse y coge su mano.

-Tú qué crees- le lanza una mirada asesina.

-Perdona, ha sido una pregunta tonta- se vuelve a recostar en la silla.

Durante unos segundos ninguno de los dos habla y se crea un silencio incómodo.

-No, perdóname tú Castle. No debí hablarte así. Es por el momento, me duele todo el cuerpo y no sé si voy a poder- baja la mirada para evitar que él la vea llorar.

Castle se levanta y se sienta en la cama, junto a ella. Coge su cara, obligándola a mirarle y quitando las lágrimas con los pulgares.

-Hey, no quiero oírte decir eso, ¿vale? Si vas a poder. Yo voy a estar a tu lado y no me voy a mover, además tú nunca has sido de las que se rinden fácilmente- ese comentario les saca una sonrisa a ambos. –Y si lloras, quiero que sea de felicidad, cuando nuestro hijo esté con nosotros.

Comparten un sutil beso cargado de emociones. El momento lo rompe la entrada de una enfermera, la cual viene para hacer un rápido chequeo tanto a la madre como al bebé. El examen termina con el dictamen de que la dilatación es rápida y que es posible que el alumbramiento se produzca en las primeras horas de la noche. El resto de la mañana transcurre sin novedades.

A primera hora de la tarde, reciben la visita de Jim y Martha. Antes de que Castle pregunte, Martha justifica la ausencia de Alexis diciendo que tiene un examen y que vendrá cuando salga. Para Beckett no pasa desapercibida la sombra de melancolía que hay en los ojos de su padre.

-Papá, ¿estás bien?

-Sí. Voy a por un café, ¿alguien quiere?

-Te acompaño- dice Castle.

-Se que está pensando en mi madre- dice Beckett una vez que su padre y Castle han salido.

-Querida, en este momento todos estamos pensando en ella.

-¿Tú también?

-Mmmm- asiente. –Richard me ha hablado de ella. Me hubiera encantado conocerla. Seguro que nos hubiéramos llevado estupendamente.

-No dejo de pensar en todas las cosas que se está perdiendo y en las que se va a perder.

La vuelta de su padre y de Castle disipan esos pensamientos. Se alegra al ver a su padre más alegre. Sabe que Castle le ha animado. Busca su mirada y cuando la encuentra le susurra un "Gracias", a lo que él responde con un "Siempre."

Como era de esperar, a medida que pasaba la tarde los dolores fueron aumentando y Kate está cada vez más incómoda. Todos se ponen alerta cuando la enfermera entra para realizar un nuevo chequeo.

-Kate, prepárate. En unos minutos te vamos a llevar a la sala de partos.

-¿Ya?- dicen al unísono Castle y Beckett.

-Sí- se acerca a la cama y pulsa el botón de llamada. En poco tiempo un compañero entra. –Avisa al equipo y que dispongan la sala dos.

A partir de aquí, para Castle todo se acelera.

Tras haber peleado con la ropa esterilizada obligatoria, se encuentra en esa fría y a la vez cálida sala, junto a Kate, cogiéndola de la mano, mirándola a los ojos, llorando y sufriendo con ella, dándole fuerzas.

Minutos eternos pasan hasta que el dolor se disipa y da paso a la felicidad más extrema.

-Enhorabuena, es un niño- dice el médico.

La alegría solo se refleja en el rostro de Castle. Beckett está tirada en la capilla, con la mirada perdida y totalmente pálida. En ese momento, todos los aparatos comienzan a pitar.

-¿Qué ocurre?- pregunta Castle.

-¡Doctor, hemorragia interna!

-¡Presión arterial disminuyendo!

-¡Saquen al marido de aquí!- ordena el médico.

-¡No!- un ayudante le empuja hacia la salida. -¡Quiero quedarme con ella! ¡Kate! ¡Kate!

Ya fuera de la sala, la impotencia de Castle es visible en sus ojos, en sus gestos y en su caminar. Se quita la ropa quirúrgica con rabia y la tira al suelo. Decide volver a la habitación, ya que ahí, frente a la puerta, esperando y martirizándose, no le hace bien. Al entrar, aparte de su familia, también están Lanie y los chicos. Estos al ver su cara saben que algo no va bien. Castle, como le es posible, les explica lo sucedido.

-¿Señor Castle?- una mujer mayor y a la que había identificado como la comadrona llama su a atención.

-Yo. ¿Cómo está mi mujer?

-Puede tranquilizarse. Su mujer está estable. Hemos detenido la hemorragia y le hemos hecho una transfusión a tiempo. Enseguida la traen.

-¿Y mi hijo?

-Está perfectamente- una sonrisa aparece en el rostro del escritor al saber que los dos están bien. –Necesito que me diga el nombre del niño.

-No lo sé. Lo íbamos a elegir juntos. ¿No puede esperar a llegue ella?

-No, lo siento.

-Alexander- dice Lanie. –Kate me comento que si era niño quería que se llamara como su padre.

La mujer toma nota y Castle le pide que anote un segundo nombre, el cual llevaba barajando varias semanas.

Después de un rato de espera, vuelven a instalar a Beckett en la habitación. Aún está dormida. Se quedan con ella hasta bien entrada la noche. Con la promesa de Castle de que si hay novedades los llamará se marchan. Castle acopla uno de los sillones cerca de la cama para vigilar el sueño de Kate, pero pronto el cansancio pasa factura y sé queda dormido.

A la mañana siguiente, una suave voz comienza a sacarle de su descanso.

-Castle…Castle…

Se frota los ojos para despejarse y enfoca la mirada hacia el lugar de donde procede la voz y entonces la ve.

-Kate…-se lanza a abrazarla. –mi vida que bien que por fin estés despierta. ¿Cómo te encuentras?

-Bien…un poco agotada.

Castle rompe el abrazo y toma la cara de ella entre sus manos, mirándola fija e intensamente, con la emoción visible en sus ojos.

-Por un momento pensé que te perdía.

-Eso jamás.

Se inclina sobre ella y la besa delicadamente. En ese momento entra una enfermera con Alex.

-Buenos días. Les traigo al pequeñín, que ya es hora de que esté con sus padres.

-Gracias- dicen al unísono.

Castle se acerca a la cuna y le contempla, acariciando mientras tanto sus pequeñas manos.

-Es un niño.

-Sí, lo sé. Fue lo último que escuche antes de desmayarme.

-Hola enano- se inclina hacia él y le coge en brazos, meciéndolo.

Beckett admira la escena, obnubilada por la imagen. Sus dos hombres. Alex lanza un quejido que les hace reír a los dos.

-Creo que quiere ir con su mamá.

Con mucho cuidado, Castle pone a Alex en los brazos de Kate. Esta no puede evitar que alguna lágrima se escape al mirarlo. Repasa con el dedo toda su carita y sonríe ante el movimiento innato de él de agarrarlo. Ve, en su diminuta muñeca, el identificador con el nombre.

-Alexander Johann Castle- lee Kate. –Te lo ha dicho Lanie, ¿a que si?

-Sí.

-¿Y Johann?

-Es el masculino de Johanna. Me parece apropiado que nuestro hijo lo lleve. ¿Te gusta?

-Me encanta. Es perfecto. Todo él es perfecto.

Se vuelven a besar, esta vez más profundamente. Se quedan toda la mañana mirando pasmados a su hijo, riendo cada gesto de él, compartiendo miradas y besos fugaces y disfrutando de la más plena y pura felicidad que puede sentir un ser humano.

Un pequeño susto que ha acabado bien. Gracias por leer. Nos vemos en el siguiente.