Penúltimo capítulo. Quiero pedir disculpas de ante mano por si alguien se molesta por los saltos temporales de este capítulo y del próximo. Gracias por seguir leyendo.

Chapter 21

3 años después

Castle espera fuera de la escuela de educación preescolar a que salga su pequeño torbellino y se abalance sobre él.

Alex comenzó la escuela el año pasado y desde el primer día no hubo problemas. Es un niño muy sociable y pronto hizo amistades. No tardó en acostumbrarse a su nueva rutina: levantarse, desayunar, ir al colegio, esperar la hora de la salida y después tener el resto del día libre. Siempre se levanta con ánimos y dice que está más cerca de la "escuela de los mayores".

El timbre suena por todo el recinto y todas las madres se agolpan en la salida para recibir a sus hijos. Alex suele ser de los más rezagados, asique Castle se queda más atrás. Cuando algunas madres, o tal vez niñeras, ya se han ido y solo queda él y otras tres mujeres, le ve salir. A ambos se les ilumina la cara nada más verse.

-¡Papá!- dice corriendo hacia él.

-¡Hey! Aquí está mi campeón- lo coge por debajo de los hombros y lo levanta del suelo. –¿Por qué siempre sales de los últimos?- le pregunta cuando le deja en el suelo.

-Tengo que recoger mis cosas. Si lo hacemos bien la señorita Chapman nos pone un punto verde.

-¡Ah! ¿Y hoy te lo han puesto?- Alex asiente moviendo la cabeza repetidas veces. –Eso es genial. -le coge de la mano y comienzan a andar.

-¡A hombros, papá!- dice después de un rato caminando.

-Pero poco tiempo, ¿vale? Que ya no tengo veinte años- lo sube a sus hombros y le agarra de las rodillas.

-Cuando yo tenga veinte años quiero ser tan fuerte como tú.

-Lo serás, hijo- lo dice con una sonrisa.

Hoy, a diferencia de los demás días, se pasan a recoger a Beckett e irán a casa de Jim, porque hoy es un día especial. Hoy el abogado se jubila y, a diferencia de otras personas, lo quiere celebrar con su familia ya que lo considera una nueva etapa en la que disfrutar de la vida.

Las puertas de la doce se abren y aparece Beckett. Alex sale corriendo hacia ella, casi llevándose a un hombre por delante. Kate se agacha y abraza a su hijo.

-¿Has pillado a algún malo hoy, mami?

-Hoy no se han dejado pillar. ¿Y tú, te lo has pasado bien en la escuela?

-Sí. Hemos hablado de nuestras familias y tenemos que hacer un dibujo sobre ella.

-¡Que guay! Cuando regresemos a casa lo haces. Ahora vamos a casa del abuelo.

Durante todo el trayecto Alex fue cantando esas canciones que enseñan en las escuelas y que, quieras o no, se te acaban pegando por lo rítmicas que son y después no paras de tararearlas sin darte cuenta.

Con su costumbre da salir corriendo cuando ve a la gente, Alex se lanza sobre Jim, haciendo que este por poco no perdiera el equilibrio.

-Ten cuidado- le regaña Kate mientras le quita el abrigo.

-Mamá me ha dicho que ya no vas a trabajar más.

-Así es.

-¿Y qué vas a hacer entonces?- pregunta con su habitual curiosidad.

-Pues tenía pensado pasar más tiempo con un jovencito que se llama Alexander, irme con él un fin de semana a mi cabaña y enseñarle a pescar, por cierto, ¿le conoces?

-¡Soy yo! ¿Has oído mami? ¡El abuelo va a llevarme a su cabaña! ¿Me dejara?- le dice ahora al oído.

-Yo la convenceré- le guiña un ojo y le revuelve el pelo.

Matan el tiempo de la tarde con un café tras la comida y con algunas partidas de un juego de mesa tras la siesta de Alex. Un juego por parejas en el que padre e hijo cayeron derrotados varias veces. Como es normal, Alex se enfadó, pero se le pasó enseguida cuando sus padres le explicaron que no siempre se puede ganar y que hay que tener deportividad.

Cuando llegan a casa Castle y Beckett se preparan una copa de vino y se acomodan en el sofá, junto a Alex que está apoyado en la mesa haciendo su tarea de dibujar a su familia. Kate lee descansando su cabeza sobre el hombro de Castle mientras este escribe y le da dulces besos en el pelo.

-Mamá, ¿tú tienes hermanos?- pregunta de repente y sin levantar la cabeza del dibujo.

-No.

-¿Y tú, papá?

-Tampoco, ¿por qué lo preguntas?

-Porque yo si quiero tener un hermano. Quiero que la familia sea más grande. ¿Puedo tener un hermano?- dice lo último mirando a su padre, que junto a Kate se ha incorporado sorprendido por la petición de su hijo.

-Alex, esa decisión no la puedo tomar yo solo, también tiene que decidir mamá.

Ahora se encara hacia ella esperando una respuesta.

-Amm…Alex…yo…-dice con la mirada baja y visiblemente nerviosa y tensa. –Tu padre y yo…amm…lo hablaremos en otro momento, ¿vale?- y tras decir esto se levanta y camina con paso ligero hacia el dormitorio.

Castle se queda extrañado por la reacción de su mujer.

-¿Se ha enfadado?- le pregunta su hijo con un deje de tristeza en la voz.

-No…no. Sigue con el dibujo, yo voy a hablar con mamá.

Al abrir un poco la puerta la ve sentada en el borde de la cama con los codos sobre las rodillas y tapándose la cara con las manos.

-¿Kate?

Al oírle se levanta rápidamente, quedando de espaldas a él mientras se limpia las lágrimas con el torso de las manos.

-Sabes que delante de mi no tienes que ocultar las lágrimas- la coge de las manos. –Sabíamos que este día iba a llegar. Ya lo habíamos hablado, pero tu reacción me ha hecho dudar. ¿Quiere tener otro hijo?

-No lo sé, Rick- deshace el agarre de sus manos y se separa unos pasos de él. –Ahora mismo solo sé que tengo miedo, mucho miedo.

-¿De qué?

-Casi muero en el parto de Alex. Tengo miedo de que la próxima vez sea peor y no puedan hacer nada por mí. No quiero dejar a mi hijo sin madre el mismo día que nace.- dice de corrido, sin apenas aire y comenzando a llorar otra vez.

Castle corre a abrazarla, ahogando su llanto en su hombro. Le acaricia la espalda y el pelo y le susurra cosas para tranquilizarla. Cuando el llanto cesa, la coge de los hombros y la separa de él para poder mirarla.

-Eso no va a ocurrir.

-No lo sabes. Ya tengo una edad y el riesgo es mayor.

-Lo sé. Pero no podemos permitir que el miedo nos impida realizar nuestros sueños. Eso lo deberías saber tú mejor que nadie.

Si las miradas mataran, ahora Castle estaría muerto. Kate decide dejar pasar el comentario y acabar con la conversación antes de que diga que haga empeorar las cosas.

-Es la hora del baño de Alex- intenta salir de la habitación pero Castle la detiene de un brazo.

-Ya me encargo yo. Tú quédate aquí y relájate.

Esta vez Kate se deja caer al suelo y apoya la espalda en los pies de la cama. Sabe que Castle tiene razón, y por mucho que le haya dolido el último comentario también tiene razón. Por culpa de sus estúpidos miedos tardo cuatro años en darle una oportunidad y se prometió a si misma que nunca jamás dejaría que los miedos vencieran, y este caso no sería menos.

Minutos más tarde Castle baja con Alex, el cual ya tiene su pijama puesto. Lo sienta a la mesa donde su cena ya está preparada.

-Yo no tengo apetito- dice Castle, acercándose hasta ella.

-Te conozco bien y sé que después de la discusión no tendrías hombre, igual que yo.

-Kate, lo siento. Yo no quería decir eso. Este tema es muy importante para mí y…

-No pasa nada, Rick. Está todo bien.

-¿De verdad?

-Si- le da un suave beso en los labios. –Te quiero.

-Y yo a ti.

Tras la cena los tres se sientan en el sofá a ver la televisión. Kate se apoya en Castle mientras tiene a Alex entre sus piernas, el cual se ha quedado dormido al rato de tumbarse. Beckett disfruta de esos momentos de la noche en los que se encuentra rodeada de su familia y puede perder sus manos en el pelo de sus dos hombres.

Se levanta con Alex en brazos y sube a acostarlo. Lo arropa junto a su inseparable oso de peluche, le aparta el flequillo, le da un beso en la frente y; como todas las noches, deja la puerta un poco entreabierta. Cuando regresa abajo, Castle aún se encuentra en el salón.

-Me voy a la cama, ¿vienes?

-Sí, te esperaba.

Castle se puso su ropa de dormir y se metió en la cama esperando a su mujer, que llevaba un rato en el baño. No pudo evitar pensar en cómo estaban las cosas. Kate le había dicho que estaba todo bien, pero él seguía notando cierta tensión entre ellos. Se obligo a dejar de pensar en eso, cerró los ojos y se dispuso a descansar.

-Rick…

La voz de Kate en un todo sensual le hace abrir los ojos y mirar hacia donde está ella, sorprendiéndose a si mismo encontrándola vestida con un precioso conjunto de ropa interior de encaje negro.

-Wow...¿y ese conjunto?

-Lo compre para nuestro aniversario, pero creo que hoy la ocasión también lo merece- dice mientras levanta la sábana y se sienta a horcajadas sobre él.

-¿A si?...ah…¿Y qué celebramos?- dice entre jadeos cuando siente que ella se frota contra su entrepierna, que empieza a crecer.

Kate mete las manos por dentro de la camiseta y se echa hacia él, quedando a escasos centímetros de su boca.

-Celebramos que vamos a por uno más- separa un poco su cara para mirarle y le sonríe.

-Te has decidido…Me alegra mucho.

-Sí. Quiero tener otro hijo y no quiero que el miedo gane. Sigo asustada por lo que me pueda pasar, pero tú me ayudaras a superarlo ¿verdad?

-Claro que si, amor- la besa y en un rápido movimiento la deja debajo de él. –Siempre.

Con esta última palabra se entregan a la pasión y al deseo de traer un nuevo miembro a la familia.

10 meses después

Sus pequeños pies, que aún no llegan al suelo desde el sofá, se balancean nerviosos. Por más que su abuela o su hermana le piden que se tranquilizase o le ayudan a distraerse, él no deja de preguntar que cuando llegan sus padres y su hermanita. Sí, su hermana. Vera. La había visto en el hospital, pero poco tiempo, al igual que a sus padres. Hoy regresan a casa después de varios días allí y tiene muchas ganas de verles.

Alex pasó todo el embarazo junto a su madre. Le gustaba la idea de hablar y que su hermana pequeña pudiera escucharle, incluso le cantaba y leía cuentos con su lectura de principiante y casi inexperta. En ocasiones también ayudó a su padre a decorar la nueva habitación.

Está tumbado en el suelo jugando con unos coches cuando oye la puerta. Se incorpora rápidamente y se lanza a su padre, quien lo coge en brazos y lo abraza.

-Os he echado mucho de menos.

-Y nosotros a ti.

Se abraza también al cuello de su madre, y es entonces cuando se da cuenta de que tiene a su hermana en brazos. La ve con su ropita blanca, con sus manos sobre su pecho y bien arropada por una manta.

-Hola Vera- dice en un susurro. Solo para ellos dos. –¿Puedo cogerla?

-Sí, pero con mucho cuidado- le dice Kate.

Castle, aún con él en brazos, lo sienta en el sofá. Tras explicarle como tiene que poner los brazos la colocan en ellos. Al principio protesta, pero enseguida se acomoda. Alex no deja de mirarla y durante unos segundos Vera abre los ojos. En esos pocos segundos se produce lo que más tarde él describiría como una promesa sin palabras. Una promesa de que estaría siempre ahí para ella, que la protegería y que no dejaría que nada ni nadie le hiciera daño.