CAPÍTULO 4: LA HAS CAGADO NENA, A VER COMO SALES DE ESTA.

Desperté una vez más en el mismo sitio, aunque esta vez no había nadie a mí alrededor. Me senté en la cama con mucho cuidado de no provocarme un dolor en la pierna. Comprobé la herida, estaba vendada, intente levantarme y a duras penas pude. Lo intente de nuevo y esta vez lo conseguí. Fui cojeando hasta la puerta, la abrí y allí estaba, Héctor Barbossa, mirándome y, la verdad, la miraba que me echaba no era precisamente una de esas miradas que dices "mamá..., vale, no corro peligro"; sino más bien una de esas que dice "la has cagado nena, la has cagado".

¿Se puede saber que narices haces levantada mujer? ¿Y a dónde te crees que vas con esa pierna?

Aaaah...yoo...puees...

¿Ah, tu, pues, que? ¿Vas a hablar bien de una vez o tengo que obligarte?

Tan solo quería ver el barco, lo único que se de él es el nombre y me pica mucho la curiosidad. ¿No es nada malo no? ¿O también eres de los que piensan que las mujeres dan mala suerte en un barco?

No digas tonterías enana, primero, no puedes salir con esa pierna, segundo, no puedes salir sin mi permiso y tercero, si creyese en eso ahora mismo estarías en el estómago de ese cocodrilo. Así que déjate de tonterías y vuelve a la cama. Bastante tengo con tener que vigilar que no te abras la herida mientras estás en la cama como para que ahora también te tenga que vigilar mientras pululas por mi barco.

Vaale, perdón. Pero no era para tanto...

(con mirada asesina) ¿Cómo dices? ¿Te gustaría que te tirase por la borda?

¡Perdón! ¡Perdón! Ya me callo y me acuesto.

Así me gusta, obediente.

Me dirigí lo más rápido que pude a la cama y me recosté. Fue entonces cuando me di cuenta de lo grande que era el camarote. A parte de una cama, que aunque no era de matrimonio era bastante grande, había una mesa que supuse que sería multiusos, un par de sillas y un enorme ventanal desde el que se veía el mar. El camarote al parecer estaba situado en la popa del barco ya que si te asomabas podías ver el rastro que dejaba el barco sobre el mar y como poco a poco te alejabas más y más.

También me di cuenta de que el Capitán Barbossa llevaba entre sus manos una bandeja con lo que parecía un cuenco y una manzana (manzana, como no). Se acercó a la cama y se sentó, colocando con cuidado la bandeja sobre mi regazo.

Come y duerme, mañana vendrán a comprobar tu herida.

Muchas gracias.

Déjate de tonterías de agradecimientos y comienza a pensar un buen plan para que no te abandone en la próxima isla.

No se crea que no lo he empezado a hacer ya, aunque según tengo entendido es usted muy astuto, deberé andarme con cuidado.

Jaja (digamos que no es una risa a carcajadas, sino más bien una risilla entre dientes) es usted más inteligente de lo que aparenta señorita Yolanda, creo que hasta me planteare tener cuidado. (espera, ¿señorita Yolanda? ¿Dónde ha quedado lo de mujer, o mocosa? Me da la impresión de que hasta me acabare llevando bien con el) Deje la bandeja a los pies de la cama cuando termine. Ah, y si ha sido capaz de levantarse e ir hasta la puerta yo de usted pensaría rápido.

Y dicho esto, se fue, a su ritmo porque le faltaba una pierna, pero se fue. Y ahí me quede yo, pensando en una idea que me permitiese entrar en su tripulación, hacerme amiga de él, hacer que no me dejase tirada y no ser una carga. Sí, se lo que pensáis, LO TENIA JODIDO.