Mica: Hola a todos, les traje el segundo capítulo de esta historia. Así que les dejo que lean, yo estaré al final, como siempre. ^_^
Mikey corría lo más rápido que sus piernas le permitieran, ya quería estar en su propia casa. En cuanto llego a su casa, ya sabía dónde estaba cada uno de sus familiares. Donnie estaba en su laboratorio, haciendo quien sabe que cosas, sus otros dos hermanos en el dojo (lo sabe gracias al sonido que proviene de esos lugares, respectivamente) y su sensei de seguro está meditando en su propio cuarto. Sonrío, al parecer tenía tiempo de bañarse antes de tener que hablar con sus hermanos y justificar su ausencia. Se dio vuelta y estaba por empezar a caminar, pero…
-Mikey…- lo llamo alguien atrás de él. La tortuga de naranja se dio vuelta lentamente y se encontró con su hermano Donnie, quien estaba mirándolo fijamente sin poder reaccionar.
-Donnie…Jejeje…- rio nervioso, poniendo una de sus manos en su nuca. No sabía que decir exactamente. -…p-puedo e-explicarlo…- pero Mikey fue callado de golpe. Su hermano se lanzo (prácticamente) hacia él y lo abrazo, tirándolos al piso a los dos. Donnie abrazaba a su hermanito con fuerza, feliz de que este en casa. Mikey sonrío levemente y le correspondió el abrazo, rodeando el cuerpo de su hermano mayor con sus brazos. Se separaron un poco, lo suficiente como para verse a la cara. Donnie hizo lo primero que se le vino a la mente.
-¡CHICOS!- grito Donnie. Mikey sonrío divertido, tapándose los oídos ante semejante grito. En seguida, Raph y Leo llegaron para ver que le había pasado a su hermano.
-Demonio Donnie, ¿a que vino semejante grito?- pregunto Raph malhumorado, pero con tan solo mirar quien estaba con Donnie, su mal humor se fue y ambos (Leo y él) se quedaron en silencio total.
-Hee…¿Qué onda, bros?- fue lo único que se le vino a la mente a Mikey. Leo fue el primero en reaccionar y, al igual que Donnie, se lanzo a abrazar a su hermanito. Raph sacudió levemente la cabeza y se acerco a sus hermanos, sentándose al lado de Donnie (él y su orgullo -_-U). En cuanto Leo y Mikey se separaron, el más pequeño se volteo a mirar a su hermano cabeza dura.
-¿Qué? ¿Por qué me miras así?- pregunto la tortuga de rojo. Mikey rio levemente y esta vez, se lanzo él a abrazar a su hermano. -¡Oye!- se quejo pero no separo a Mikey de sí mismo, sino que le devolvió el abrazo, atrayéndolo contra su cuerpo. Lo que no sabían, era que el Maestro Splinter los estaba viendo con una sonrisa. Después de tantos abrazos, Mikey se fue a bañar antes de que sus hermanos lo llenaran de preguntas. Cuando volvió a la sala, sus hermanos estaban esperándolo sentados en el sillón. El se sentó junto ellos. Lo llenaron de preguntas, tal y como él sabía que iba a pasar, pero el contesto algunas nomas. El resto del día se la pasaron juntos, incluso a la noche durmieron todos juntos en la cama de Mikey (a petición de este). A la mañana siguiente, todo fue común y corriente: el desayuno, el entrenamiento, el almuerzo, sus pasatiempos y el momento más esperado para Mikey, la cena.
-¿Seguro que no quieres venir, hermano?- volvió a preguntar Leo, algo inseguro. Mikey, después de cenar, le había dicho que no estaba de ánimos para ir a patrullar.
-Si Leo, no te preocupes. Me voy a quedar aquí y por ahí, vaya a dar un paseo por la alcantarilla- le respondió Mikey, encogiéndose de hombros. Realmente estaba ansioso. Los tres hermanos se miraron entre sí, inseguros.
-Está bien, Mikey- Donnie le sonrió con cariño.
-Pero lleva tu celular por las dudas, enano- dijo Raph, cruzándose de brazos. Leo se acerco al menor y le acaricio la cabeza con cariño.
-Cuídate, hermanito. Volveremos lo más pronto que podamos. Avísanos si pasa algo- dicho esto, las tres tortugas salieron de la guarida. Cuando sus hermanos se fueron, Mikey se fue a su habitación corriendo. Agarro una mochila, puso un par de cosas ahí (junto a su celular) y salió de su cuarto. Puso sus Nunchakus donde debía y se acerco a donde estaba sus sensei.
-Mostro Splinter…- lo llamo. La rata se volteo a ver a su hijo, levanto una ceja curioso al ver la mochila que tenía su hijo.
-¿A dónde vas, hijo mío?- pregunto extrañado.
-Voy a dar un paseo por las alcantarillas, llevo mi T-Phone por las dudas y mis armas- explico lo más rápido que pudo Mikey. Su sensei no dijo nada, pero termino asintiendo. Mikey, feliz de la vida, abrazo a su padre y se fue corriendo. -¡Nos vemos después, sensei!- se despidió. Siguió corriendo, recordaba bastante bien el camino. En cuanto llego a una zona determinada, apuro un poco más el paso. -¡Kim!- llamo el menor a su amiga. Se detuvo por un momento y miro hacia los lados, buscando a su amiga.
-Aquí estoy, Mikey- hablo su amiga saliendo de entre las sombras y acercándose a su amigo.
-¡Kim!- Mikey abrazo a su amiga, feliz de verla. –Cumplí con mi palabra, volví y traje un par de cosas- hablo Mikey sentándose en el piso. Kim rio levemente y se sentó en frente de la tortuga. Mikey abrió su mochila y saco un par de cosas, poniéndolas entre ambos (en el piso). -Ten- le extendió un cuadro a su amiga. Ella lo agarro y lo miro.
-Tu familia…- susurro ella, sin despegar la vista de la foto. En esta se veía a cuatro tortugas y una rata. Mikey estaba en frente, a su lado una tortuga con una banda roja (Raph) lo abrazaba por los hombros, ambos tenían una gran sonrisa. Atrás de ellos, había dos tortugas más, una con una banda violeta (Donnie) y la otra tenía una banda azul (Leo). Ellos también se abrazaban por los hombros, con una gran sonrisa. Uno de ellos (Leo) tenía una de sus manos sobre el hombro de Mikey, mientras el otro (Donnie) tenía su mano apoyada en el hombro de la tortuga de rojo (Raph). Atrás de ellos estaba una rata, este tenía una sonrisa amable.
-Sí, tú me dijiste que querías ver una foto de ellos- dijo Mikey con una gran sonrisa. –Oye, prometiste que si venia hoy y te traía una foto de mi familia, tú me dirías tu historia- ella le devolvió la foto a Mikey y lo miro con una sonrisa triste.
-Por favor, no me temas- pidió ella, suplicante. Mikey ladeo la cabeza, confundido.
-¿Por qué debería temerte?- pregunto confundido.
-Por favor, solo prométemelo- volvió a suplicar ella.
-Está bien, te lo prometo- dijo Mikey, con una sonrisa. Kim respiro profundo.
-No soy humano…- empezó ella. Mikey no podía estar más confundió. -…realmente estoy muerta, morí hace unos meses- bajo la cabeza triste.
-¿Qué…?- Mikey miro fijamente a su amiga. -¿E-estas m-muerta…?- ella asintió. -¿P-pero como…es e-eso p-posible?- Mikey sacudió la cabeza, confundido. –D-digo…a los f-fantasmas no se les p-puede tocar p-pero yo p-pude tomarte la mano y…recién te a-abrase- Mikey se tomo la cabeza entre sus manos. -¡Esto es…impresionante!- exclamo al final, subiendo las manos hacia arriba. Kim levanto la cabeza de golpe, totalmente sorprendida.
-¿Q-que dijiste?- pregunto sorprendida. No se esperaba esa reacción. Mikey la miro y le sonrió.
-Que no me molesta en lo absoluto que seas un fantasma- le contesto Mikey. –Pero hay algo que no entiendo…- dijo pensativo Mikey. Kim suspiro aliviada.
-¿Cuál es tu duda?- pregunto curiosa Kim. Mikey la miro.
-¿Por qué todavía estas aquí?- pregunto Mikey. Kim lo miro, no había entendido bien la pregunta. –Digo, mis hermanos y mi padre me dijeron que cuando uno muere, dependiendo si es buena o mala, se va al cielo o…haya abajo- Mikey apunto hacia abajo, con una sonrisa nerviosa.
-Pues…no lo sé. Un día estaba con mi familia y al otro, cuando desperté, estaba aquí- respondió ella, pensativa. Se quedaron en silencio un momento.
-Entonces no recuerdas como te moriste… ¿y tampoco sabes por qué no te has marchado?- pregunto Mikey con timidez. Kim quedo un momento en silencio pensando su respuesta, ella jamás se había preguntado la razón por la cual se quedo en el mundo.
- Solo sé que… hay algo que tengo que hacer… algo muy importante…- sus ojos mostraban desconcierto. –Pero no recuerdo que es…- ambos se quedaron en silencio, hasta que a Mikey se le vino una idea.
-¡Ya se!- exclamo la tortuga, con una gran sonrisa en el rostro. Kim lo miro atentamente. -¡¿Po que no vamos a mi casa y averiguamos por internet, haber si hay algo de tu muerte?!- le pregunto emocionado por su día. Kim se le quedo viendo.
-¿A t-tu c-casa…?- pregunto Kim lentamente, apuntando hacia su amigo. El asintió con una gran sonrisa. -¿Y qué haremos con tus hermanos? ¿Les dirás de mi?- pregunto ella, algo insegura. Desde que había despertado ahí, ella no se había movido y ahora tener que ir a la casa de su amigo, se le hacia un poco incomodo. Mikey quedo pensativo, no le gustaba tener que mentirle a sus hermanos ni a su padre.
-¿Te molestaría que…se los dijera?- pregunto preocupado. Kim sonrío y negó con la cabeza. Mikey sonrío enormemente y junto rápidamente sus cosas. Agarro por ultimo su T-Phone y miro la hora, 2:00 de la mañana.
-¡Pues entonces, vamos!- digo Mikey, agarrando la muñeca de su amiga y empezando a caminar, arrastrando a la chica. –Espero llegar antes que mis hermanos- pensó Mikey, sin dejar de caminar.
-Espero que todo se resuelva- pensó Kim, siguiendo a su amigo. Cuando ellos desaparecieron, de entre las sombras, unos ojos rojos como la sangre se dejaron ver a través de las sombras.
-No te escaparas tan fácil de mi, pequeña- dijo una voz bastante tenebrosa. Lo siguiente que inundo aquella zona, fue una risa escalofriante y tenebrosa.
Mica: Espero que les haya gustado. Recuerden que acepto ideas y personajes, también criticas y/o malas. Ho por cierto, en cuanto termine (y pueda -_-U) subiré el siguiente capítulo de esta historia y de "La figura misteriosa". Jejeje, chau gente bonita y nos leemos otro día.
P/S: Se que me van a decir: "empieza una cosa pero no termina otra" pero les aviso que subiré una historia de Sonic. Ahora sí, adiós ^_^
