Capítulo 1
La luz del sol, cálida y escurridiza, se coló por entre las cortinas blancas de la habitación y acarició con suavidad el rostro de la joven que yacía dormida, como si intentara besar con sus rayos esa faz innegablemente hermosa. La chica se removió entre sus sábanas, desperezándose y abriendo sus ojos que rememoraban un par de piedras preciosas, con lentitud y parsimonia. Su educación, hasta le había enseñado cómo despertar y parecer una refinada señorita en cosas de segundos, tanto así que sus movimientos gráciles y elegantes ya eran parte de su rutina y los hacía por costumbre.
Deslizó con suavidad sus pies por debajo de las cobijas hasta que estos quedaron colgando de la cama, se estiró con gracia y acomodó sus largos y brillantes cabellos castaños con los dedos. Se levantó de un salto y cubrió su delgado cuerpo con una fina bata que su criada siempre dejaba a mano, después se acercó al tocador y lavó su rostro con el agua fresca que la misma había dispuesto en una jarra de porcelana. Su mirada se dirigió hacia el espejo donde un rostro conocido le devolvió la mirada, suspiró disconforme, sus rasgos le parecían demasiado angulados para una delicada dama como lo era ella, pero no tenía derecho a quejarse por ello. Sus ojos verdes, luego se dirigieron hacia la ventana y pudo deducir, por la cantidad de luz que se colaba por el visillo, que se le había hecho un poco tarde para dar inicio a sus actividades. Bufó molesta haciendo una nota mental para reprochar a su criada por no despertarla antes y salió de la habitación rápidamente para así no perder más tiempo.
La casa en la que vivía era realmente espaciosa, su madre le había comentado que antes solía estar llena de gente que la visitaba a ella y a su padre – el cual admiraba aunque no lo hubiese conocido –; pero desde su muerte, ésta había perdido todo el brillo, y ahora sólo las cobijaba a ambas y a su fiel criada Berta. Nunca entendió del todo la decisión de su madre por alejar a las personas, quizás se debía a que toda esa pompa, que significaban las reuniones de sociedad, le recordaban a su difunto esposo. Otras veces pensaba que Carla intentaba espantar a las visitas por otra razón, sin embargo no podía asegurar nada. Avanzó por los pasillos a paso veloz, arrepintiéndose de no haber puesto nada en sus pies, ya que el frío suelo le hacía sentir pequeños escalofríos, de todos modos no se detuvo y en un par de minutos estuvo en la enorme cocina donde un suculento desayuno la esperaba.
-Buenos días señorita Eren – saludó una anciana regordeta de baja estatura y cabellos color ceniza – ya estaba por ir a despertarla para que viniera a comer.
-Ya es bastante tarde, ¿acaso mi madre me permitió dormir más? – preguntó la joven mientras se sentaba a comer lo que la mujer la había preparado.
-En efecto, ayer la señorita llegó bastante tarde del compromiso de su amiga, es por esto que su madre decidió dejarla dormir un poco más.
-Eso significa que no estoy en problemas – se burló – anoche la fiesta estuvo adorable.
-Me lo puedo imaginar, su amiga Christa debió haber estado muy feliz.
-Lo estaba, Reiner es un buen hombre para casarse, además de guapo – comentó soltando una risita.
-Me alegro mucho por la joven Christa entonces – dijo Berta mientras ofrecía un tazón de leche tibia para Eren.
-Espero tener la misma suerte que ella – suspiró la muchacha distraída, luego comenzó a devorar los alimentos que le habían servido.
Berta se mordió el labio y no dijo una palabra más. Ya habían pasado 14 años desde aquella noche donde su patrona, Carla Jaeger, había decidido que su pequeño hijo sería criado como una niña; al principio estuvo en contra de esa locura, pero por lealtad y cariño hacía la joven madre, optó por callar. Con el paso del tiempo se fue acostumbrando a aquella extraña situación y hasta ella misma comenzó a educar a Eren para que se comportara como una real señorita de sociedad y, a estas alturas, ya nada se podía hacer. Habían hecho tan bien las cosas - incluso jamás habían dejado que la joven entendiera la diferencia entre un cuerpo masculino de uno femenino - que ahora el muchacho estaba convencido de que era una mujer y actuaba como tal.
La criada hizo un ademán con su cabeza, negando. Todo hubiese salido a la perfección si no fuera porque, para sorpresa de todos los que conocían el secreto, Eren ya a sus catorce años, se había convertido en una doncella por lo menos hermosa; poseía rasgos delicados, cabello lacio castaño y suave. Su piel era tostada, pero eso no le quitaba delicadeza a su modo, y todo aquello era coronado por ese par de ojos aguamarina, grandes y expresivos que quitaban el aliento de solo observarlos. Su ausencia de curvas femeninas eran los de menos y perfectamente disimulables con los corsé y los exagerados vestidos que solían usar las jóvenes de su estatus; realmente nadie se esperaba aquello, como tampoco Carla se esperó que su hija sería el deseo de muchos hombres para convertirla en su esposa. Hombres a los cuales la madre rechazaba educadamente, aunque no sabía por cuánto tiempo más podría continuar con la farsa, sobretodo porque Eren ya estaba comenzando a soñar con el día en que podría formar una familia feliz, al lado de un buen esposo – como su Padre – y darle nietos a su Madre para que le hicieran compañía. Berta, aunque no quería ver sufrir a nadie, estaba segura que estaban tambaleándose sobre un castillo de naipes, el cual, en cualquier momento se desmoronaría de manera faustuosa y absolutamente dolorosa.
Para Eren, la actitud de su criada pasó desapercibida, ella estuvo todo el tiempo disfrutando de la comida y poca atención le prestó a la mujer. Es por esto que, cuando hubo terminado, se levantó de inmediato y dando las gracias, se retiró hacia su habitación para colocarse una vestimenta adecuada y así salir a reunirse con sus amigos e ir juntos a sus clases. Berta mantuvo su silencio y la observó marcharse, moviéndose graciosamente, completamente ajena a la verdad. Suspiró resignada por ello y comenzó a lavar los trastes sucios.
Ese día, Eren optó por un vestido ligero color cielo, era uno de sus favoritos, precisamente porque la dejaba moverse con mayor libertad que aquellos que usaba para las reuniones de sociedad. Si tenía que reconocerlo, a ella le gustaba mucho más pasar sus días en los prados, haciendo alguna actividad al aire libre con sus amigos, que tener que encerrarse en alguna gran mansión, donde tenía que comportarse con refinado carácter para ser aceptada por los otros; no obstante estaba consciente de que su madre esperaba mucho de ella, puesto que la sobreprotegía de tal forma que llegaba a ser enfermizo. Vigilaba su dieta para siempre mantenerla delgada, cuidaba su cabello y piel para que fuesen perfectos y siempre estaba pendiente de que su modo de hablar fuese suave y melodioso, como el susurro de una brisa de otoño. Sinceramente odiaba la insistente sombra de su madre sobre ella, tanto así que más de una vez se vio tentada a desobedecerle, pero sus impulsos se veían eclipsados por su sentido del deber y respeto a su progenitora; después de todo, Carla la estaba educando en ausencia de un padre y merecía ser admirada por eso.
La joven continuó su marcha, llegando al centro del pueblo en que vivía y dirigiéndose directamente hasta la casa de uno de sus amigos; uno chico de baja estatura, cabellos rubios y ojos azules intensos que respondía por el nombre de Armin Arlert; el cual siempre le esperaba junto a una de las doncellas más bellas del pueblo, su amiga Mikasa Ackerman; una joven de ojos y cabellos negros, piel lechosa y labios rojos que sobresaltaban entre tanta blancura. Eren debía admitir que más de una vez se había sorprendido a sí misma observándola, pero es que nadie podía negar que la belleza de la muchacha rayaba en lo excelso, por lo que sentirse atraído hacia ella era algo normal, o eso quería creer.
Solían reunirse en la casa de Arlert ya que éste recibía clases particulares de literatura – privilegio que pocos poseían – y si había algo que Eren adoraba, era aprender sobre relatos antiguos que hablaban de situaciones remotas y mágicas. A la castaña le gusta soñar, y un buen libro era una excusa perfecta para entregarse a ello. Decir que convencer a Carla para que la dejara participar en aquellas lecciones fue una tarea complicada, era quedarse cortos, había estado insistiéndole día tras día, sin parar, durante más de dos meses para que accediera a su petición, con la condición de que sólo saldría de casa para la clase y en cuanto ésta terminara, volvería inmediatamente. Quedaba estrictamente prohibido cualquier tipo de retraso o desvío de cualquier tipo, fuera cual fuese la situación. La castaña había aceptado de inmediato sus condiciones, consciente de que era lo mejor que podía conseguir. Suspiró pesadamente mientras pensaba en todo lo que había tenido que pasar para poder estar ahí en ese momento, su madre podía ser absolutamente sofocante si se lo proponía.
-Eren, qué gusto verte – saludó Armin en cuanto vio a la chica llegar a su casa.
-Hola – respondió con soltura, con sus amigos a veces olvidaba su educación refinada.
Armin simplemente sonrió ante la naturalidad de su amiga y la invitó a pasar. En la sala de estudios de la casa del rubio ya los estaba esperando Mikasa, que ese día usaba un hermoso vestido color jade y su cabello negro estaba exquisitamente recogido en un peinado bastante complicado. Eren se le quedó mirando, como tantas otras veces le había sucedido, admirando la facilidad que tenía su amiga por verse elegante y delicada como una flor de verano. La chica la saludó con una reverencia y una tímida sonrisa, minutos después hizo acto de presencia el maestro y las clases dieron inicio.
Eren estaba emocionadísima, ese día no sólo las clases habían estado muy interesantes, sino que también, el profesor le había obsequiado un libro de cuentos clásicos muy hermoso. El hombre se lo había entregado con la condición de que le mandara una nota a su madre – la cual le hizo jurar que no leería – la castaña estaba tan feliz, que poco le importó hacer ese favor para él.
-¿Qué crees que diga la nota? – preguntó Armin cuando el maestro se hubo retirado – ¿no te da curiosidad?
Eren se encogió de hombros y guardó la nota entre las páginas de su nuevo libro. Para ser honestos, curiosidad no le faltaba, pero para su mala suerte, había hecho una promesa.
-Quizás quiera pedir tu mano – comentó Mikasa, completamente seria – supe que está soltero.
-No… no creo que sea eso – Eren curvó una pequeña sonrisa y bajó la cabeza, avergonzada – sabes que no soy tan popular como tú.
-Que aún no hayan ido a pedir tu mano, no significa que no vaya a suceder – intervino Armin, un tanto acostumbrado a esa conversación.
-Supongo que tienes razón – la chica suspiró y jugueteó con uno de sus mechones castaños – bueno, debo irme a casa.
-¿Por qué no nos acompañas a pasear al pueblo? – sugirió la otra muchacha.
-Sabes que no puedo hacer eso, mi madre se enfurecería – respondió abatida.
-Deberías convencerla para que un día lo hagamos – esta vez fue Armin quien habló.
-Quizás, algún día – Eren sonrió – pero ahora debo retirarme, hasta mañana – hizo una pequeña reverencia y acto seguido se retiró.
Camino a casa, la joven no pudo evitar pensar en la conversación que acababa de tener con sus amigos. A sus 14 años recién cumplidos, era la única chica del pueblo que no había sido cortejada ni solicitada en matrimonio por ningún hombre. Mikasa, por ejemplo, tenía su misma edad y ya contaba con alrededor de diez pretendientes, de los cuales se elegiría, obviamente, al más adinerado para casarse con ella. De todos modos compararse con la joven Ackerman era algo irrisorio, estaba convencida que jamás sería tan hermosa como ella, no con ese cuerpo tan plano e insípido; sin embargo, estaba el caso de Christa, la cual ya tenía un prometido y su cuerpo tampoco era tan curvilíneo como el de la morena. Chasqueó la lengua, en un gesto para nada femenino y luego se reprendió mentalmente por eso, quizás esos arranques que sufría de vez en cuando eran los culpables de todo. Tampoco es que pudiera evitarlos, al fin y al cabo se presentaban de manera espontánea. Sin darse cuenta, sus pasos le habían llevado de vuelta a su hogar, prácticamente sin percibir del tiempo transcurrido, que casi siempre se le antojaba eterno y tedioso. Sonrió esta vez, agradecida de que su mente estuviese ocupada para sortear el camino sin desesperarse.
Cruzó al gran jardín que rodeaban la casa y miró a su alrededor, notando que a las rosas rojas, las cuales adoraban toda el ala este del jardín, les hacía falta una podada y un poco de agua, tarea que siempre le gustó hacer, así que hizo una nota mental para realizar ese trabajo en cuanto bajara un poco el sol para que éste no dañara su piel. Detuvo su andar frente a la puerta y se prestó a abrirla, sin embargo alguien se le adelantó. Un extraño hombre de vestiduras militares, baja estatura y cabellos negros que salía, aparentemente molesto de su hogar, no advirtió la presencia de Eren sino hasta que la pasó a llevar con el hombro haciéndola perder el equilibrio. Habría caído de bruces al suelo, pero el extraño hombre alcanzó a asirla y estabilizarla, posando sus manos en los hombros de la chica, acción que los obligó a ambos a mirarse a los ojos por unos segundos.
-Lo siento – se disculpó la muchacha, bajando la vista inmediatamente, en parte por educación y en parte porque los ojos grises del otro le hicieron ruborizarse.
Pasó un tiempo antes de que el hombre reaccionara, pero cuando lo hizo, cortó el contacto inmediatamente y se dio la vuelta para retirarse.
-No se preocupe, la culpa fue mía – dijo mientras se alejaba.
Eren simplemente le siguió con los ojos, absolutamente cautivada por aquel enigmático individuo.
-o-
Hanji Zoe era una mujer, por lo menos excéntrica, única heredera de una gran rama de mujeres dedicadas a la medicina natural. Su madre, la partera oficial del pueblo, le había traspasado todos sus conocimientos a lo largo de su vida, reconociéndole que estaba preparada para ejercer y seguir sus pasos, momentos antes de morir. Es por esto, que ahora la mujer de cabellos y ojos castaños, nariz angulosa y un defecto de visión que también formaba parte de las tantas cosas que había adquirido de su progenitora; estaba encargada de tratar todas y cada una de las dolencias que pudiesen aquejar a cualquier individuo que habitara el pueblo. Sin embargo, no sólo había heredado conocimientos médicos de parte de su madre, sino que también, muchos secretos. Y, presionada por tener noción de cosas que nadie más sabía, es que se encontraba en esos momentos intentando, infructuosamente, hacer entrar en razón a su obstinado amigo, quien acababa de visitarla, más molesto que nunca antes.
-Ya déjalo Levi, si la señora Jaeger se ha negado a tu petición, dudo que puedas hacerla cambiar de opinión – la mujer le extendió una taza de té y se sentó a su lado.
-Ni siquiera quiso oír mi oferta, simplemente se negó y me pidió, amablemente, que me retirara – el hombre aceptó la infusión y le dio un pequeño sorbo, el sabor amargo del té en sus papilas le relajó un poco.
-Te advertí que eso sucedería – comentó Zoe, suspirando – Carla jamás va a comprometer a Eren, contigo, ni con nadie.
-Pues lograré que cambie de opinión – aseguró.
Hanji meneó la cabeza y resopló cansinamente, a veces deseaba poder contar la verdad, pero su pacto de silencio era tan inquebrantable como lo sería un secreto de confesión para un sacerdote. De todos modos, tenía que convencer a su amigo, si no podía hacerlo a través de la verdad, lo conseguiría por otros medios.
-Resígnate, es lo mejor – aconsejó, recibiendo un bufido como respuesta – hay muchas otras doncellas hermosas en el pueblo, en el reino mismo que te aceptarían gustosas como esposo. Supe que la hija menor de la familia Ral está disponible, es una joven muy hermosa, por lo que he escuchado.
-Dudo que sea más hermosa que Eren – replicó Levi, obstinado.
-No entiendo, por qué tanta tozudez con respecto a ella si sólo la has visto una vez – Hanji se acomodó sus lentes, un tanto frustrada.
-Dos veces – corrigió el otro, curvando una pequeña sonrisa al recordar el incidente de esa misma tarde.
-Eso no es suficiente – contraatacó.
-Lo es para mí – respondió tajante.
Ciertamente Hanji tenía razón, con sólo haber visto a la muchacha un par de veces no era suficiente para obsesionarse a tal grado. Sin embargo, precisamente era eso lo que le había sucedido. Eren se había adentrado en sus pensamientos, desde el primer instante en que la vio, en aquella fiesta a la que había asistido la noche anterior.
Levi Ackerman, era un hombre de 23 años, recién nombrado capitán del ejército de María, título que consiguió con trabajo duro y esfuerzo, sobretodo porque provenía de la línea más pobre de su linaje – la misma a la que pertenecía Mikasa – por lo que, conseguir las cosas, no estaban fáciles para él. Se dedicó a su carrera con tanto ímpetu que postergó formar familia hasta que tuvo lo que siempre deseó; un puesto importante en el ejército a base de sudor y sangre.
El día anterior, decidió ir a una fiesta de compromiso a la cual le habían invitado, ya que el padre del novio al igual que él, formaba parte del ejército, aunque en otro escuadrón. Fue con la intención de distraerse un poco, ya que la última campaña en la que se habían enfrascado, resultó ser particularmente descarnada, sufrió muchas bajas y tuvo que reconocer que los habían vencido de manera humillante. Debía de agradecer a Dios porque siguiera con vida.
La celebración era, por decirlo así, bastante aburrida, no conocía a nadie más que a los otros altos mandos de la milicia, con los cuales, obviamente, no tenía deseos de conversar. Así que se decidió por ir en busca de la mujer de gafas que acababa de llegar en compañía de su esposo; el ex comandante Erwin Smith, un hombre alto de cabellos rubios y ojos azules y profundos como el cielo, quien se vio obligado a retirarse al ser herido de gravedad en batalla y ahora se dedicaba a la política. Con ellos compartía una relación de amistad bastante consolidada, ya que a la castaña la conocía desde pequeños y Erwin había sido su superior tiempo atrás. Era por esto que prefería pasar el tiempo hablando con ellos y con alguna que otra amistad de la pareja que con sus otros conocidos.
Fue así como supo que, el ambiente distendido y las conversaciones banales que compartía con los presentes, era lo que precisamente necesitaba en ese instante. Se dejó llevar y se permitió relajar sus facciones, beber una que otra copa de vino y, por primera vez en mucho tiempo, hasta hizo vida social con la madre de la novia; una mujer rubia de rasgos amables y al parecer muy feliz de que su hija ya estuviese comprometida. Si tenía que ser sincero, el matrimonio era algo que él jamás se había planteado y es que no estaba interesado en eso; suponía que era de esos hombres que iban de una cosa a la vez y por ahora su trabajo en la milicia lo era todo, por lo que no se sentía preparado para dar aquel paso. No obstante, la vida siempre suele dar giros inesperados, eso fue lo que le sucedió a Levi esa misma noche cuando la vio. Se encontraba conversando con Hanji cuando ésta le señaló a la novia, una jovencita tan rubia como su madre y de rostro angelical, pero no fue eso lo que llamó su atención, sino que inmediatamente se encontró perdido observando a una de las amigas de la jovencita, una joven de cabello castaño y una sonrisa tan bella que iluminaba todo a su paso, fueron sólo unos segundos que la contempló, aunque para él se le hicieron sempiternos. Se embriagó con esos ojos color aguamarina, con sus modos y gestos, con sus movimientos etéreos y con esa risa maravillosa digna de un ser divino; Levi entendió en ese momento que, si nunca antes se había interesado por compartir su vida con una mujer, se debía a que estaba esperando por ella.
Torpemente se acercó, nuevamente a la señora Renz y le preguntó, guardando la mayor discreción posible, por la identidad de la muchacha, quedando sorprendido al enterarse que era la hija de Grisha Jaeger, toda una leyenda en la milicia. Todo aquello lo interpretó como una señal y decidió, en ese mismo lugar, que Eren Jaeger – que hermoso nombre para aquella chica – sería suya, la convertiría en su esposa.
Hanji no quiso seguir discutiendo con Levi, quizás lo mejor, por ahora, era ir directamente a hablar con Carla y advertirle sobre lo peligroso que era continuar con la farsa en que convirtió la vida de su hijo, ya que, estaba segura que no conseguiría hacer declinar la decisión de Levi por desposar a Eren. Prefirió, entonces, levantarse de su sitio y alzar la ya vacía taza que le había ofrecido al hombre y le miró derrotada.
-Cumplo con advertirte que, si insistes en ese tema, sólo conseguirás salir decepcionado – sentenció.
-No necesito de tus consejos, si no vas a ayudarme a tenerla, pues simplemente mantente al margen – Levi se cruzó de brazos y frunció el ceño, pensativo.
Si no podía convencer a la madre, quizás debería optar por otras alternativas, eso le emocionaba un poco, el hecho de que cortejar a Eren fuese tan difícil, le hacía quererla con mayor intensidad y él nunca ha sido de aquellos que se rindan al primer intento. La muchacha de ojos aguamarina sería su esposa, aunque tuviese que ir en contra de la tradición y las buenas costumbres.
-o-
Como ella misma prometió horas antes, en cuanto el sol disminuyó su brillo abrasador, salió con tijeras y regadera en mano a embellecer sus queridas rosas. Se posó frente a ellas y como su madre le enseñó, comenzó a cortar tenazmente y en los lugares precisos, para que aquellas flores pudiesen exhibir en su totalidad la hermosura natural que éstas poseían.
Siempre llegaba a un nivel de concentración envidiable cuando realizaba labores que le interesaban, es por esto que la joven no se percató de la presencia de alguien que se acercaba lentamente a sus espaldas, sino hasta que escuchó una voz grave y segura llamarla por su nombre. Eren se volteó un tanto asustada, esa voz le era desconocida e inquietantemente demandante, sus piernas temblaron visiblemente cuando su mirada se encontró con los mismo ojos grises que le habían hecho sonrojar esa misma tarde.
-Di-disculpe, ¿qué hace aquí? – preguntó la muchacha, bajando la mirada en señal de respeto.
-Sólo quisiera hablar con usted, señorita – respondió el extraño, haciendo una reverencia y extendiendo su mano para que Eren le facilitara la suya.
La chica le correspondió el gesto, estirando su mano temblorosa, estremeciéndose con violencia cuando sus dedos hicieron contacto con los de aquel hombre y aquellos finos labios depositaban un pequeño beso en el dorso de esta.
-¿Qué me responde?, ¿me otorgaría aquel honor? – solicitó amablemente – sólo unas cuantas palabras y me retiraré.
Eren pareció sopesar las palabras de aquel individuo y lo contempló por unos instantes, había algo en el fulgor de sus ojos que le hacían confiar. Es así que tímidamente movió su cabeza de forma positiva y con este gesto consintió, inconscientemente, ser cortejada por aquel hombre de cabellos negros.
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Y bueno, aquí tenemos el primer capítulo de este fic, es una especie de introducción al nudo de la historia, por lo que quizás no haya quedado muy emocionante, aun así espero les sea de su agrado.
Quisiera agradecer la recepción que le han dado a este nuevo proyecto y muchas gracias por todos y cada uno de los comentarios que me han dejado. A continuación responderé a los guest :3
Yuchuh: Me alegra que la trama te haya enganchado, la verdad es que esto es un drama así que existe la posibilidad de que haya un poco de angt, aunque no sería predominante (no soy muy partidaria del angst solo por hacer sufrir a las lectoras). Muchas gracias por comentar, espero leas este nuevo capítulo.
Guest1: Si tengo que ser sincera, creo que no entendí tu comentario o tú no entendiste mi historia =s. De cualquier forma espero este nuevo capítulo sea más esclarecedor para ti y que la idea sea de tu agrado. Si no es así no importa, te agradezco el tiempo que te tomaste para leer y comentar. Gracias ^^.
Guest2: Jajajaja bueno sí, básicamente es un Eren travestido aunque suene un poco mal si lo exponemos así. Bueno aquí ya se da inicio a la "relación" que se va a ir dando entre Eren y Levi, espero te agrade este primer acercamiento. Muchas gracias por leer y comentar, me emociona particularmente que me sigas desde antes. ¡Besos!
Fujoshi chan: No sé qué contestar, supongo te pareció interesante xD. Gracias por dejarun review de todos modos. Disfruta el nuevo capítulo.
Ale: Pues ya está la continuación y no te preocupes que lo voy a seguir, pase lo que pase xD. Muchas gracias por leer y dejarme un review. ¡Besos!
Bueno, por ahora me despido, como siempre agradecimientos especiales a BloomyLee por betearme (No sé qué sería de mí sin ti *w*).
¿Opiniones?
Nos leemos~
