Capítulo 2
Eren entró a su habitación lo más rápido que pudo y se encerró en ella. Sentía su corazón latir desbocado, con tanta magnitud que no estaba segura si podría mantenerlo en su pecho o éste terminaría escabulléndose por su garganta y huyendo para nunca más volver. Llevó ambas manos a su rostro, cerciorándose de que el calor aun no abandonaba sus mejillas, lo que le resultaba bastante inconveniente en ese momento, luego cerró los ojos y sonrió, dejando escapar un sonoro suspiro.
No terminaba por creer lo que acababa de hacer, había conversado con un hombre, un perfecto extraño, sin el consentimiento de su madre y, aunque la plática sólo había durado unos cuantos minutos, el hecho de haber cometido tamaño acto de rebeldía, lograba que la adrenalina bullera por todo su cuerpo.
El hombre de ojos grises, se había portado como todo un caballero, haciendo gala de su estatus social y su importante participación dentro del ejército, despertando una admiración casi inmediata en la joven, la cual siempre se había sentido atraída hacia los temas militares, gracias a la historia de su padre que Berta siempre compartía con ella. Además, a pesar de su mirada severa y su estatura baja, el hombre le había parecido bastante atractivo y misterioso, eso hacía que el estómago de Eren diera un vuelco de emoción.
Respiró profundamente, tratando de calmar el torbellino de sentimientos que le atiborraban, tenía que calmarse, no podía salir de su habitación en ese estado si es que no quería que su madre o Berta, se percataran de lo que acababa de suceder y aquello debía mantenerse en secreto, tal y como lo prometió.
-Levi Ackerman – susurró la joven, ensanchando su sonrisa y abriendo los ojos para dirigirse hasta el tocador y refrescar su rostro.
El contacto de su piel con el agua fría ayudó para que su sonrojo disminuyera y su corazón empezó poco a poco a latir con normalidad. Levantó su rostro para encontrarse con su reflejo en el espejo y por primera vez un atisbo de vanidad se vislumbró en sus ojos, y recordó las palabras que el señor Levi le había dicho.
-"Es una joven hermosa, me encantaría poder volver a verla" – le confesó cuando a lo lejos pudo oír la voz de la criada llamándola. Señal de que debía retirarse.
Eren simplemente asintió, completamente ruborizada, incapaz de levantar la mirada ya que, era de muy mala educación permitir que sus ojos se encontraran con los de un hombre.
-"Mañana tengo clases de literatura en casa de los Arlert, a las diez de la mañana" – susurró y a toda prisa se adentró a la casa, rogando por que el otro hubiese entendido el mensaje.
La voz de Carla, solicitándola para ir a cenar, logró que la muchacha de una vez por todas se decidiera a dejar de lado ese cúmulo de emociones que le estaba llevando un gran esfuerzo controlar. Aun así, hizo todo lo posible por ocultarlas, le dio un último vistazo a su rostro, el cual por primera vez no le pareció tan desagradable y salió de su habitación, camino al gran comedor para compartir la cena con su madre.
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Los días pasaron raudamente, y Eren hizo de su pequeño secreto una rutina. Se levantaba cada mañana un poco más temprano que de costumbre, y se esmeraba cada vez más en lucir arreglada, aunque sin exagerar, para que ni su madre, ni su criada se percataran del cambio en su actuar. Aquella mañana probó un nuevo tipo de trenza que aprendió de Christa en una de las tantas reuniones en las que había compartido con ella, después del cuarto intento lo logró y sonrió con suficiencia, satisfecha por los resultados que se reflejaban en el gran espejo de su habitación y se giró sobre sí misma para salir, rumbo a la cocina donde su desayuno ya se encontraba servido en la mesa.
-Buenos días, señorita Eren – saludó la criada, amablemente, sirviendo la leche tibia para la joven.
-Buenos días Berta, debo comer rápido, me he retrasado esta mañana – dijo atropelladamente, mientras prácticamente engullía los alimentos.
-La señorita se ha atrasado mucho últimamente, quizás debería levantarse más temprano – acotó la mujer, sonriendo ante el desespero de Eren al comer – si la señora Carla la viera comer así, se molestaría.
-Lo sé – reconoció, bebiéndose la leche de un trago y levantándose de inmediato – desde mañana intentaré no retrasarme, adiós – se despidió con un ademán antes de salir, a toda velocidad, de la casa, rumbo a sus clases de literatura.
La criada simplemente la observó con semblante serio y negó con la cabeza, mordiéndose el labio para no decir nada que pudiese perjudicarla, la joven Eren podría engañar a su madre todo lo que quisiera, pero a ella era imposible y ésta estaba segura que, en el actuar de la señorita se escondía un secreto. La mujer bajó la cabeza con tristeza y dirigió su mirada hacia el jardín que daba a la parte trasera de la gran casa y posó sus ojos en las rosas rojas que tanto esmero le dedicaba Eren, en ese momento sólo pudo rogar al cielo que la burbuja en la que vivía su pequeña ama, no se destruyera jamás, aunque estaba segura de que eso era un imposible.
Lo cierto es que la chica de ojos verdes, no estaba atrasada, de hecho contaba con tiempo de sobra para recorrer el camino hasta la casa de Armin a paso lento y aun así, no llegaría tarde, es más, incluso podría compartir una taza de té con sus amigos, quizás entablar alguna amena charla y compartir opiniones sobre la clase anterior, todo esto antes de que el profesor de literatura se hiciera presente. Sin embargo, sus intenciones eran otras y, era por esto, que ahora se encontraba caminando lo más rápido que sus piernas le permitían – hubiese corrido, si eso no fuese completamente en contra de su buena educación – para aprovechar, lo máximo posible, esos minutos que se estaba regalando para encontrarse con aquel hombre que la esperaba todos los días, religiosamente, bajo la sombra del mismo árbol, en ese pequeño parque que se encontraba cercano al centro del pueblo.
Entre más se acercaba al punto de encuentro, más nerviosa se sentía, el corazón le latía con violencia, las manos le sudaban y su estómago se encogía, logrando que se arrepintiera de haber desayunado, cosa que le estaba pasando todas las mañanas desde que tuvo su primera "cita" con el señor Levi. De todos modos, no podía quejarse de ello, amaba la sensación que toda esta circunstancia provocaba en su interior, las mariposas en el estómago, combinado con la adrenalina y el miedo a ser descubierta. De vez en cuando el arrepentimiento, al pensar en la decepción que podría sentir su madre si supiera de sus andanzas, le abrumaba, pero en cuanto su mirada verdosa se posaba en ese rostro serio y atractivo, simplemente todo dejaba de importarle.
Cuando ya le quedaban pocos metros para llegar, disminuyó el paso, para dar la impresión de casualidad, alisó su vestido color marfil y acomodó los cabellos que se hubieron desordenado durante la carrera y sonrió encantadoramente, deteniéndose justo al frente de Levi, quien la esperaba con el mismo semblante que para otros les pudiese resultar atemorizante, pero para ella era completamente atrayente.
-Buenos días – saludó Eren, alzando su mano para que el otro la tomara.
-Buenos días – correspondió al saludo, sosteniendo la delicada mano, más tiempo del necesario, para luego depositar un suave beso en el dorso.
La joven no pudo evitar ruborizarse, a pesar de que intentaba verse segura frente a Levi, no podía actuar con normalidad. En parte se lo debía a su estricta educación, al esmero que tanto su madre como su criada pusieron para convertirla en una doncella admirada y aceptada en la alta sociedad; pero por otro lado, estaba segura de que Levi Ackerman, era especial, aunque aún no sabía del todo en qué sentido. Lentamente deslizó su mano hasta que el contacto de sus dedos se hubo interrumpido y se giró para darle la espalda a su acompañante, luego caminó hasta una de las bancas del parque y se dejó caer grácilmente sobre ésta, luego levantó la mirada hacia el hermoso paisaje primaveral que se presentaba ante sus ojos.
-El parque cada día luce más radiante – comentó la chica, con un tono soñador – la primavera es mi estación favorita, ya que puedo ver todo florecido. ¿Cuál es su estación favorita? – preguntó para dar inducir a la charla.
Levi la contempló por unos instantes, maravillado por la naturalidad con que la joven se desenvolvía. Llevaban viéndose a escondidas por alrededor de dos semanas, y si bien al principio la conversaciones eran cortas y bastante incómodas, poco a poco Eren se fue soltando ante su presencia, hablándole de diversas cosas, demostrándole que no era solo una chiquilla bonita, sino que también refinada y de muy buena educación. Lentamente sus actitudes frescas le fueron encantando y ahora ya no podía negar que estaba completamente prendado de la muchacha. Se acercó a la banca donde Eren estaba sentada y se posó a su lado, procurando no rozarla, para que no se sintiera ofendida con su atrevimiento, luego pasó aire por sus pulmones y miró en la misma dirección que esos ojos aguamarina tan bonitos.
-Invierno – contestó sin apartar la vista de ese punto perdido en el horizonte.
-El invierno es una época muy triste – acotó Eren, en un suave murmullo – no entiendo cómo puede gustarle el frío, yo prefiero la cálida brisa primaveral – dijo mientras sonreía ampliamente.
-En invierno suelen haber momentos de tregua, nadie quiere luchar bajo una tempestad – explicó.
La sonrisa de la joven se desvaneció y por primera vez en el día se atrevió a levantar la mirada para encontrarse con el perfil serio de Levi, lo evaluó, como si intentara sonsacar algún sentimiento que le diera sentido a aquel funesto discurso. No logró encontrar nada tras ese semblante endurecido por la batalla. Derrotada, volvió a dirigir la vista hacia el paisaje.
-Mi padre murió en batalla, no tuve la oportunidad de conocerlo – confesó con melancolía.
-Conozco la historia de Grisha Jaeger – reconoció el hombre – es todo un ejemplo para nosotros los soldados, debería estar orgullosa de él – agregó, intentado subir el ánimo de la muchacha con sus palabras.
-Lo sé, pero mi madre poco me ha hablado de él, salvo lo mucho que le dolió perderlo y mi criada al parecer también forma parte de ese extraño pacto de silencio – Eren dejó escapar un suspiro y sonrió, aunque esta vez con tristeza – sé que fue un gran hombre, pero me es imposible hacerlo parte de mi historia, es simplemente un desconocido, un cuadro colgado en la pared de mi sala.
-Yo podría comentarle lo que sé – sugirió Levi – son sólo algunas historias sobre batallas heroicas y sus legados en cuanto a estrategia de guerra, pero si lo desea, puedo hablarle de ello.
El rostro de la muchacha se iluminó de inmediato, Levi no pudo evitar sentirse atraído por esa inocencia, aquella facilidad con que la castaña parecía alegrarse con los detalles más mínimos. Le gustaba Eren, era hermosa y pura como aguas cristalinas. Muy dentro de sí deseaba ser el indicado para proteger esa alma virgen, para que jamás se enterara de las penurias de la vida, que no viviera los tormentos de la guerra, la sangre ni la muerte. Ese era su pensamiento más egoísta, pero la quería para él, encerrarla dentro de su propia burbuja y mantenerla feliz e intocable hasta el fin de sus días. Su pensamiento fue tan irrisorio que sintió ganas de reír, mas no lo hizo, se limitó a rozar la punta de sus dedos con las de la muchacha, la cual no se negó ante el contacto, incluso entrelazó su índice y meñique con los de Levi.
-Me encantaría escuchar esas historias – murmuró y un ligero rubor cubrió sus mejillas.
El hombre en ese momento, realmente deseó besarla, y lo hubiese hecho si no fuera porque justo en ese instante, Eren palideció e interrumpió el toque de sus manos bruscamente, mientras se levantaba de la banca en la que estaban, completamente aterrorizada.
-Mikasa, Armin – dijo con nerviosismo.
El soldado dirigió su mirada hacia donde esos ojos verdes estaban viendo, encontrándose con una hermosa joven de cabellos negros y un muchacho rubio, a los cuales ya conocía con anterioridad. Se exaltó ante el escenario de verse descubierto y delatado, de todos modos se mantuvo con su semblante impasible, quizás con esa actitud lograba amedrentarlos.
Eren se giró hacia Levi y le dedicó un semblante lleno de angustia, éste le devolvió la mirada y se levantó, posicionándose a un costado de ella, listo para apoyar a la joven si era necesario, ya que estaba consciente de que su honor podría verse mancillado si el pueblo se enteraba de sus andanzas y él no estaba dispuesto a ser el culpable de la vergüenza de la castaña, no si pretendía convertirla en su esposa. Y motivado por ese propósito es que se quedó ahí, esperando por esos dos chiquillos que se acercaban cada vez más y más completamente incrédulos ante lo que veían.
En cuanto Mikasa y Armin quedaron frente a la pareja, se hizo un silencio incómodo, el cual sólo se veía interrumpido por la respiración agitada de Eren y las miradas llenas de reproche de los recién llegados hacia los otros dos. Sin embargo, Mikasa decidió que lo mejor era hablar de una vez por todas y así aclarar el torbellino de dudas que se había impuesto entre ellos.
-¿Qué haces aquí, en compañía del señor Levi? – preguntó la muchacha, con el ceño un tanto fruncido, haciendo que Eren recordara el parentesco entre ella y Levi.
-¿No es obvio acaso? – intervino el soldado – estaba conversando con la señorita – agregó con indiferencia, restándole importancia al asunto.
Los dos jóvenes miraron a Eren, la cual se ruborizó por completo y bajó la vista, nerviosa.
-Somos amigos – respondió en un susurro a las dudas implícitas en los ojos de sus amigos.
Armin los escrutó por unos segundos más. La forma en que los vio, tan cerca y compartiendo miradas cómplices, luego el sonrojo de la chica al responder una simple pregunta, fue suficiente para entender, de inmediato, que lo que decía su amiga no era del todo cierto. Podría jurar que su madre no estaba al tanto de esta supuesta amistad, ya que estaba segura que la señora Carla jamás aceptaría que su hija, virtuosamente educada, se reuniera a solas con un hombre ya adulto. Eso estaba en contra de todas las tradiciones y, por un momento, pensó que quizás la castidad de la muchacha ya había sido ultrajada por el señor Ackerman, mas descartó esa posibilidad al percatarse de que los ojos de Eren seguían siendo tan transparentes como siempre. De todos modos, lo que la joven estaba haciendo no era estaba bien y debía parar con eso lo antes posible.
-No creo que, encontrarse con Eren a solas sea lo más correcto, señor – dijo el rubio con ese típico tono de sermón que caracterizaban a sus palabras.
-Por favor Armin, no seas descortés – hablo la castaña, intentando mantenerse firme, aunque vanamente.
-Armin tiene razón Eren, ¿acaso tu madre sabe de esto? – Mikasa también decidió ser parte del reproche hacia su amiga.
-No lo sabe – reconoció, mordiendo su labio inferior – por favor no le digan nada a ella, ni a Berta – suplicó con un hilillo de voz.
-Eren, no podemos ocultar esto, lo que estás haciendo no es correcto – insistió el joven rubio. Entendía la desesperación de su amiga, pero no podía ir en contra de sus principios.
La chica estaba al borde de un ataque de pánico, no quería que su madre se enterara de la verdad y que por esto la odiara, no podría soportar la decepción en los ojos de su madre, ya que lo único que deseaba en el mundo era que se sintiera orgullosa. Sin embargo, tampoco deseaba dejar de ver a Levi, mucho menos ahora que estaba segura que en su pecho se estaba gestando un hermoso sentimiento hacia ese hombre, por lo que renunciar a él era algo absurdo. Levantó el rostro y lo dirigió hacia el soldado, buscando un poco de apoyo en sus ojos grises profundos, éste simplemente le sostuvo la mirada e hizo un ligero ademán con su cabeza para tranquilizarla, luego se acercó hasta los amigos de Eren para hablarles directamente a ellos.
-No es necesario que delaten a la señorita con su madre – dijo con total seriedad – lo último que desearía es dañar la reputación de esta hermosa dama y, supongo que ustedes tampoco lo quieren – el hombre se acercó a Eren y tomó su mano con suavidad para besarla – no me volveré a acercar a usted, así que puede estar tranquila – finalizo, la chica lo miró sorprendida. Pero prontamente se percató de una casi imperceptible sonrisa se había curvado en sus finos labios y entendió que ésta no sería una despedida definitiva – Adiós, señorita.
-Adiós, señor Levi Ackerman – se despidió la muchacha y sonrió con complicidad. Acto seguido, el hombre se alejó de los tres jóvenes.
-Espero cumpla su promesa, o que hable con tu madre primero si quiere acercarse a ti – comentó Armin, mientras observaba la figura del otro hombre perderse de su vista.
-Sí – Eren soltó un pequeño suspiro, el cual no pasó desapercibido para sus amigos, mas decidieron ignorarlo – vamos a clases, se nos hará tarde – dijo sonriendo, esperanzada porque su corazonada de que volvería a ver a Levi fuese cierta.
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-¿¡Qué hiciste qué!? – exclamó la mujer de cabellos cobrizos, soltando un chillido tan agudo que por un momento Levi creyó que los cristales de las ventanas cederían.
El soldado, quien había decido ir a visitar a la doctora, y ahora se encontraba sentando el uno de los grandes y costosos sillones que poseía, terminó por contarle sus peripecias durante las últimas semanas, sin embargo ahora no estaba del todo seguro si esa había sido una buena idea. Sobretodo juzgando la airada reacción de la mujer al enterarse.
-Lo que oíste, me acerqué a Eren por mi cuenta – repitió el aludido molesto, odiaba tener que decir las cosas más de una vez.
-Pero, eso es una locura, no debes acercarte a ella, ¿qué dirá la señora Jaeger si se entera? – Hanji caminaba de una lado a otro de su sala y gesticulaba exageradamente con sus brazos – aléjate de Eren, búscate a otra chica que te convenga, pero a ella déjala en paz.
-No entiendo por qué dices que ella es intocable, sólo porque su madre sea sobreprotectora no significa que sea un mal partido – replicó, acariciando el puente de su nariz, Hanji siempre lograba sacarlo de quicio.
-Simplemente no puedes estar con Eren, eso es inadmisible.
-Si no me das una buena razón para desistir de hacerla mi esposa, no voy a escucharte – Levi arqueó una ceja y siguió con la mirada a su amiga, hasta que ésta detuvo su frenética caminata para soltar un resoplido pesado.
-No puedo hablar de eso Levi, hice una promesa – confesó la mujer, después se acercó hasta donde estaba el otro y se dejó caer a su lado, tomando asiento.
-Pues entonces no voy a desistir, Eren será mi esposa, ya lo decidí.
-Vas a resultar lastimado con todo esto y no sólo tú, la señorita Jaeger también.
-Es un riesgo que estoy dispuesto a correr – sentenció, haciendo caso omiso a las advertencias de Hanji – ahora si me permites, debo retirarme – Levi se levantó y despidió de su amiga con un ademán bastante frío – saluda a Erwin de mi parte.
-Lo haré – dijo en un susurro y observó al otro partir, completamente derrotada.
Estaba consciente de lo dañino que podría resultar todo ese asunto si es que Levi continuaba con la intención de conquistar a Eren, tenía que actuar antes de que la tormenta se desatara frente a sus ojos, para destruir todo a su paso. Lo peor de todo es que podía asegurar de que ya le era imposible convencer al obstinado soldado, por lo que su única opción era contarle a Carla sobre lo que acababa de conocer para que ésta reaccionara de una vez por toda y se dignara a contar la verdad, porque pensar que podría seguir con su mentira hasta el final de sus días era insostenible y, entre más tiempo tardaba en abrirle los ojos a su hija, más fuerte sería el golpe para ella cuando se enterase del porqué de su madre de rechazar a todos los hombres que pedían su mano.
-Sólo espero que no te enamores Levi, ni que enamores a Eren – murmuró para sí con tristeza, luego tomó todas sus cosas y salió a atender a los pacientes que tenía programados para ese día.
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Ya habían pasado cuatro días desde la última vez que pudo reunirse con Levi y, desde aquella mañana, en la que fueron descubiertos por sus amigos – los cuales logró convencer para que guardaran silencio – es que no sabía nada de éste. Lo esperó en la placita a la mañana siguiente, pero él no apareció y lo peor de todo es que a los pocos minutos de su llegada, Armin fue en su búsqueda para asegurarse de que no estuviese en compañía del mayor, entendiendo así, que ya no podría reunirse con él de esa forma. Los siguientes dos días, estuvo esperando por alguna señal, alguna nota o mensaje secreto que le indicara dónde estaría el otro esperando por verla, se sorprendió a sí misma, más de una vez, fantaseando con los distintos escenarios que su mente creaba, en donde se reunía con Levi y charlaba con él hasta que el sol se escondía en el horizonte. Lo extrañaba más de lo que creyó posible, a pesar de que solo habían pasado un par de días nada más y eso la abrumaba y sobrecogía simultáneamente.
Aquella tarde se decidió a no ir a sus clases de literatura, no tenía ánimos para salir, además que tampoco se sentía con la capacidad de concentrarse en las palabras de su profesor. Se levantó un poco más tarde y le dijo a su criada que no se sentía bien para asistir, la anciana asintió y le llevó el desayuno a su habitación. Pensó en quedarse en cama todo el resto del día, no sería la primera vez que fingiera enfermedad para holgazanear un poco y descansar de sus deberes o para saltarse alguna aburrida reunión a la cual no quería asistir, además, su madre siempre parecía entrar en un ataque de pánico ante la mínima dolencia que pudiese presentar y Eren, había aprendido a aprovecharse de vez en cuando del carácter obsesivo de Carla. Sin embargo, una corazonada le dijo que no debía quedarse en cama esta vez y resolvió seguir sus instintos; se vistió con un vestido cómodo, lavó su cara y peinó sus cabellos al paso y, alegando que ya se sentía mejor, salió hacia el jardín para sentarse a leer el libro que su profesor le regaló semanas atrás, en la terraza donde algunas veces se reunía a tomar el té con algunos amigos o su madre.
Su presentimiento estaba en lo correcto, ya que no pasó mucho tiempo hasta que sintió que alguien la llamaba por su nombre, una voz grave que conocía muy bien y que le encantaba oír. Buscó por todos lados hasta que sus ojos se encontraros con aquellos que deseó ver durante los últimos cuatro días. Se levantó disimuladamente de su lugar, procurando que nadie pudiera verla y se acercó a Levi quien se había escabullido nuevamente para poder entrar a visitarla sin ser advertido, ahora esperaba por ella resguardado tras un gran árbol.
-Buenas tardes señor – saludó la muchacha, sonriendo ampliamente – pensé que ya no volvería a verlo.
-Eso sólo lo dije para despistar a sus amigos, mas nunca fue mi intención – respondió el soldado, inclinándose en señal de saludo.
-Me alegra mucho volver a verlo – las mejillas de Eren tomaron un hermoso color carmín ante la confesión – de verdad lo extrañé.
-No podría dejar de verla, sin embargo me ha sido difícil poder dar con la oportunidad para hablar nuevamente con usted – Levi se paró con rigidez y dejó que su semblante se endureciera – creo que ya no debemos continuar con esto, es necesario que demos el siguiente paso.
-No entiendo, ¿a qué se refiere? – Eren comenzó a temblar de ansiedad, sobre todo por la seriedad que el otro había imprimido a sus palabras.
-A lo que me refiero, es a esto – el soldado sacó una pequeña caja de su bolsillo, dentro de la cual habían un sobrio anillo de oro blanco – Eren, hágame en honor de ser mi esposa.
La joven no reaccionó de inmediato, se quedó estática en un principio, sopesando lo que acababa de oír, tratando de averiguar si no estaba soñando o se encontraba perdida en una de sus tantas fantasías. Pero todo era real, y una felicidad que jamás había experimentado se apoderó de su ser, logrando de algunas lágrimas rebeldes resbalaran por sus mejillas. Sonrió y acortó la poca distancia que la separaba de ese hombre que acababa de cumplir uno de sus más grandes sueños.
-Sí, acepto casarme con usted, Levi Ackerman – dijo la muchacha, luego sintió cómo el otro la tomaba por la cintura y sellaba el momento con un suave y dulce beso. Su primer beso.
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Wii, por fin pude actualizar, me costó mucho escribir este capítulo ya que es un poco fluff y no estoy segura de si eso me resulta. De todos modos espero les guste, aunque debo advertir que no todo será color de rosa de ahora en adelante (ya me conocen jeje).
Quiero agradecer todos sus comentarios y la buena recepción que le han dado a este nuevo proyecto, a continuación contesto a los queridos guest.
Rinaloid: Me alegro que te haya gustado lo que va hasta ahora de historia, y bueno ya está el nuevo capítulo, ojalá lo disfrutes. Muchas gracias por comentar ^^.
Guest: No estoy del todo segura si la situación será graciosa cuando Levi se entere, pero lo que sí puedo prometer es que será un momento muy fuerte dentro de la historia. Estoy feliz de que el fic te haya parecido interesante y ojalá sigas leyendo. Gracias por tu review, saludos.
Valtari: La verdad es que no me interesa ser parte de tu staff, no es mi intención al escribir. De todos modos te agradezco que te hayas pasado por aquí y que comentaras. Te invito a seguir leyendo. Saludos.
Eso es todo por ahora, como siempre agradezco a BloomyLee por su apoyo incondicional.
¿Opiniones? No publicaré hasta que llegue a los ocho mil comentarios… no es cierto xDDD
Nos leemos~
