Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.
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[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)
0-0-0 cambio de punto de vista
"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos
Cursivas Recuerdos efímeros
"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje
* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)
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Amor Silente
IV
—"Un paseo bajo las estrellas"— Pensó Sir Link primer caballero de Hyrule, las palabras de la reina se habían quedado rondado sobre su cabeza.
Tomó a la princesa entre sus brazos y después la llevó a dar una bonita caminata, esa noche bajo las estrellas ambos fueron realmente felices, porque después de una larga charla los dos acordaron no volver a abordar dolorosos temas.
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Ese día todo era perfecto, el cantar de los pájaros, el sol brillante en el cielo y el plácido viento que se colaba entre los árboles del bosque.
La joven princesa abrió los ojos lentamente y sonrió ante aquel cálido abrazo, habían pasado dos semanas; tal vez las más hermosas de su vida, Sir Link siempre la llevaba de paseo y con excusas de ir a la ciudadela terminaban escapándose a los lugares más alejados. Aquella mañana se habían ido a las cercanías de los bosques de Hyrule, la joven princesa le había pedido a Sir Link que la acompañara a buscar unas cuantas flores para su madre aunque durante dicha tarea se habían puesto a juguetear como locos, se recostaron junto a un árbol y terminaron por quedarse dormidos.
Respiró tranquilamente y después se dio la vuelta para encontrarse con la cara de su joven caballero.
—"Que bonito se ve dormido"— pensó mientras se acurrucaba bajo su barbilla y lo abrazaba con vehemencia por la cintura.
Sir Link abrió un ojo y de manera juguetona le acarició la espalda recorriendo cada espacio de su delicado cuerpo, escuchó como se reía y después también le ganó la risa.
— ¿No me digas que tienes cosquillas?
—Está bien... no te lo diré
Volvió a pasar su mano por su espalda y su compañera lo miró con cara inquisidora.
—Qué bonita te ves cuando haces berrinche.
La princesa Zelda se ruborizó ante aquel comentario, estaba a punto de regañarlo pero él le regaló un tierno beso en la boca. Desde el día en que se habían declarado sus sentimientos Sir Link no se molestaba en ocultarle nada, al contrario, la princesa había descubierto que podía llegar a ser bastante travieso cuando se trataba de demostrar sus sentimientos.
—Ya déjame— le dijo tratando de librarse de su ataque de cosquillas
El joven caballero la liberó lentamente de su abrazo y sonrió a pesar de haber cortado la cercanía.
—Link eres peor que un niño, la próxima vez recuérdame castigarte.
—No, no quiero— le dijo sonriéndole burlonamente mientras se sentaba para mirar el cielo.— "Link"— grabó la palabra en su mente, cómo le gustaba que la princesa lo llamara sin su título, ser "Sir" desde siempre había representado un orgullo pero por alguna razón esa pequeña palabra últimamente le pesaba demasiado.
Sacudió la cabeza con vehemencia y trató de no pensar en cosas tristes, el "Sir" siempre protege al reino pero él solamente quería proteger a su princesa.
—"Una semana"— pensó, el tiempo ya casi se les había agotado, vio a la princesa Zelda levantarse y recoger su canasta de flores. Ya era hora de volver a casa.
No le gustaba la idea, pero se hacía tarde, y si no volvían hasta los guardias del reino sospecharían, se levantó de un sólo salto y corrió hasta donde estaba ella para abrazarla por la espalda al tiempo que le daba una pequeña vueltecita en el aire.
— ¡Ahhh!, ¿¡qué haces!?— primero gritó y después soltó una risa— ¡Link!
Volvió a ponerla cuidadosamente en el suelo pero no la liberó de su abrazo.
—No te vayas—Le susurró junto al oído.
—Pero mira el sol, ya es bastante tarde, no quiero que alguien sospeche y terminen separándonos.
—Sabias palabras— suspiró decepcionado, esperaba que la princesa le siguiera un rato más el juego.
—No estés triste— volvamos a mi jardín y te dejare dormir en mi regazo.
—Hecho— aceptó sonriente.
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Bajo la soleada tarde los vio volver sobre Epona, sonrió de manera discreta y después se fue a la cocina.
—Impa, prepárame un té y también uno para mi niña.
—Si alteza— respondió la nana gustosa.
—Y después llévalos a la biblioteca.
Salió de ahí rápidamente y caminó con paso constante.
—Hola cielo, Adiós Cielo— saludo y se despidió del rey de una simple manera mientras caminaba haciendo que éste levantara una ceja de forma dubitativa.
Atravesó los pasillos del castillo y finalmente llegó a los jardines.
Sir Link desmontó primero y después le tendió los brazos a la princesa de una manera bastante cariñosa.
—Hola— dijo la reina.
Y el joven caballero reaccionó con un poco de espanto, saludo con cortesía mientras hacia una leve reverencia tratando de ocultar sus últimas acciones.
—Sir Link necesito robarle a mi hija. — clamó.
La princesa suspiró un poco mientras él asentía de manera aparentemente alegre, las vio marcharse hacia el castillo y una vez que desaparecieron de su vista, se viró para abrazar a Epona llorando silenciosamente su pena. "Adiós al regazo de la princesa" pensó clavando la mirada en el suelo.
[***]
Al cruzar el umbral de la biblioteca se encontraron con el té servido, la reina le quitó a Zelda la canasta y esparció las flores por los floreros.
—Gracias.
—Al contrario, fue todo un placer— le dijo recordando la hermosa mañana que había tenido. — ¿A qué viene tanta urgencia?
—Quiero mostrarte algo. Mira— le dijo tendiéndole un libro— ya está terminado— agregó con júbilo.
—Vaya parece ser que con éste te entusiasmaste.
—Sí, lo lleve a empastar esta mañana.
La reina Ariane tenía una extraña afición, escribía libros y libros, y la mayoría eran novelas. La primera lectura que se les daba siempre la hacia la princesa Zelda y después de unas cuantas revisiones extras iban a parar a la biblioteca a una sección privada.
El libro que sostenía la princesa había sido comenzado hacia solo unos meses y tenía más de 900 páginas lo cual indicaba que su madre había trabajado en él con mucho esmero.
Abrió la primera página y sostuvo una sonrisa.
—Apuesto a que debe de ser una broma— dijo algo confundida.
—No. Podrá ser una novela pero está basada en hechos reales, hija mía estas asfalta en tus clases de historia.
—Puede ser— se sentó en un cómodo mueble y se zambulló en la lectura.
[***]
Afuera en el jardín Sir Link daba vueltas y vueltas, sin la princesa a su lado literalmente estaba libre de deberes, esperaba pacientemente a que volviera, pero… por más que esperaba y esperaba las horas pasaban y ella no aparecía. ¿Le habría pasado algo? ¿Qué era esa cosa tan importante que tenía que hacer con la reina?
Se revolvió en sus ideas hasta que finalmente decidió ir y echar un vistazo. Caminó sigilosamente por los pasillos.
La cocina estaba vacía, la sala real desolada, el salón de los tronos ¡intacto! ¿En dónde estaban? Pensó por unos instantes mientras volvía dar vueltas y vueltas.
— ¡La biblioteca!— clamó de repente, se tapó la boca con las manos al notar su grave descuido, y se regañó mentalmente por haber gritado casi de la nada.
En ese lugar todavía no lo había revisado, así que con paso presuroso fue a investigar. Curiosamente la puerta estaba abierta así que asomó la cabeza un poco para ver cómo estaban.
La reina se encontraba en un pequeño escritorio escribiendo, parecía que nada más con terminar ya se había embarcado en uno nuevo, así era ella, terminaba un libro y en acto siguiente comenzaba con otro.
La princesa Zelda por otra parte, se encontraba cómodamente leyendo, no sabía cuánto tiempo había pasado pero en ese lapso ya se había comido más de doscientas paginas.*
La culta mujer escuchó unos cuantos pasos, se distrajo un poco y miró hacia la puerta, ahí aparentemente no había nadie. Zelda permanecía quieta leyendo. observó a su reloj de arena y dibujo una sonrisa.
—Vaya— susurró— parece que todavía le queda algo de aguante.
— ¿Qué?— preguntó Zelda sin quitar los ojos de la lectura.
—También era un pequeño experimento, quería ver cuánto aguantaba.
— ¿Quién?— volvió a preguntar completamente distraída, se había sumido tanto en aquel libro que sus contestaciones eran casi automáticas como si la hubieran programado para decir aquello.
—Ya verás.
Pero no habló de nuevo, simplemente cambio de página.
Afuera de la entrada Sir Link se tiró al piso. Ya sabía en donde estaba su princesa, ahora sólo era cuestión de esperarla, pero nuevamente el tiempo pasó de manera implacable y cuando menos se dio cuenta ya se encontraba caminando de un lado para otro.
Adentro de la biblioteca la reina sonreía, pero dejó se escribir súbitamente, vaya pequeña broma… ahora ya no podía concentrarse, el sonido de los incesantes e inconscientes pasos del caballero la distraían de sobremanera.
Se levantó con parsimonia sin que siquiera Zelda se diera cuanta y caminó directo a la puerta.
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Link POV
Esa baldosa me parecía conocida, de un momento a otro me percate del movimiento y de los incesantes giros que daba.
¡Rayos!, otra vez estaba caminando en círculos sin darme cuenta, últimamente mi propio cuerpo dejaba de pedirme permiso y cuando menos lo pensaba ya estaba haciendo las cosas.
Nuevamente mire la misma baldosa, ¿Porque todavía no había dejado de caminar como poseso?, me gruñí mentalmente haciendo ver mi enfado. ¡Ya basta!, tenía que dejar de hacer círculos en el suelo o definitivamente alguien se daría cuanta pues a ese paso seguramente iba a dejar por ahí alguna marca.
Respire profundamente, tratando de que mi cuerpo me obedeciera.
—"En la siguiente vuelta me paro"— pensé efusivamente
Y cuando mi cuerpo giró se detuvo de golpe pero no porque yo se lo hubiera ordenado…..
— ¡Alteza!— clame de la forma más amable que pude pero mi voz me había traicionado.
—Sir Link— me hablo con firmeza— ¿¡Quiere por favor dejar de dar vueltas!?, me está mareando.
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La reina avanzó hacia la puerta y cuando salió al pasillo se encontró al caballero dando vueltas y vueltas entre cavilaciones, ni siquiera se había percatado de su presencia y al parecer no pensaba detenerse porque una vez que llegaba al extremo del pasillo giraba efusivamente para dar otra vuelta.
Suspiró de manera cálida. ¿Tal vez aquello había sido demasiado? Tenía que detenerlo o definitivamente haría un hoyo en el piso… ¿Pero cómo?, De la forma más simple, así que se paró en el centro del pasillo por donde tarde o temprano el caballero pasaría.
— ¡Alteza!—Clamo él completamente sorprendido.
Definitivamente no se esperaba verla, mucho menos que se le plantara ahí de frente.
—Sir Link— le habló con firmeza— ¿¡Quiere por favor dejar de dar vueltas!?, me está mareando.
—Yo..yo— trató de hablar pero todas las frases se le habían desarticulado.
La reina suspiró. Lo tomó por el brazo y lo introdujo a la biblioteca.
Zelda seguía completamente abstraída y ni siquiera se dio cuenta de cuando fue que ocurrieron aquellos hechos. Lo último que supo fue que un peso inesperado se había hecho presente en aquel mueble en el que permanecía sentada, había sido un tanto brusco así que se obligó a si misma a apartar los ojos de la lectura.
—¡Sir Link!— dijo con voz sorprendida, no esperaba que al abandonar el libro fuera a él lo siguiente que vería.
La reina irguió una ceja de forma traviesa.
—Estaba bastante inquieto ahí afuera así que mejor te lo traje— habló tratando de no reírse.
El pobre caballero había sido arrastrado desde el pasillo hacia la biblioteca y cuando menos lo pensó la Reina ya lo había sentado al lado de Zelda.
La princesa Zelda lo miró con mucho cariño el pobrecito estaba completamente avergonzado, se le notaba porque la cara se le había vuelto completamente roja.
—"Que cruel eres madre"— pensó por unos instantes, pero a los siguientes simplemente estaba sonriendo, era agradable tenerlo cerca sin tener que ocultarse.
—"¿Y ahora qué hago?"— pensó el pobre caballero. Después sintió que le daban un golpecito en la cabeza, se viró de inmediato y descubrió a la reina pasándole un libro.
Era grande, verde y muy viejo. En la portada se leía Historia de Hyrule. Parpadeó un par de veces antes de recibirlo y después miró a su alteza con ojos dubitativos.
—Tarea…
— ¿¡Tarea!?— tenia años sin escuchar esa escalofriante palabra.
—Vamos a aprovechar el tiempo— dijo con una sonrisa un tanto maliciosa— Sir Link, usted va a demostrarle a mi hija que la novela que está leyendo está basada en hechos reales.
Después acercó una mano y abrió el libro en un tercio de su contenido.
—Empiece por aquí— le dijo con tono de voz todavía burlón.
Sir Link miró atentamente la página, una pequeña leyenda al centro y arriba decía: La Era del Héroe del Tiempo, suspiró de manera inevitable y trató de que su respiración no sonara muy cortada mientras la reina volvía apaciblemente a su escritorio y se reincorporaba a sus antes interrumpidas tareas.
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Zelda POV
Cuando vi a mi madre darle un golpecito en la cabeza con el libro para después entregárselo volví a pensar "que cruel eres". Se notaba a leguas que el pobre Sir Link había dejado esos andares hace bastante tiempo.
Lo sentí suspirar de una manera un tanto pesada y comprendí que en un primer momento no le había agradado del todo aquella idea, sin embargo no pasó demasiado tiempo antes de que algo en aquella extraña circunstancia lo hiciera sentirse cómodo, es decir, estábamos sentados en el mismo sitio uno al lado del otro y con el mejor pretexto del mundo para que nadie pensara cosas extrañas si es que llegaban a vernos.
La sonrisa burlona de mi madre podía verse a kilómetros de distancia… me pregunto ¿En que estaría pensando?, a veces no entendía su sentido del humor y su actitud me daba a pensar un montón de cosas ¿A caso ya se habría dado cuenta de mis sentimientos?, era posible aunque poco probable porque como miembro de la realeza estaba segura de que aquello sería algo que rechazaría. Una princesa y un caballero rotundamente enamorados era una idea que ni en un millón de años se aceptaría.
Cuando menos lo pensé sentí un leve peso sobre mi hombro, Link se había recargado un poco sin darse cuenta, lo mire atentamente, estaba completamente sumido en aquella lectura tal y como yo lo había estado minutos antes de que él llegara.
Arqueó una ceja de manera imperceptible, cambió la página y volvió a hacer el mismo gesto, seguramente ahí en esa lectura finalmente había encontrado aquel nombre. Cuando vi la primera página de la novela también me había sorprendido e incluso había preguntado si aquello era una clase de broma. Pero mi madre tenía razón estaba basada en un hecho histórico; uno que yo debería de tener siempre en mente, no había podido recordarlo hasta que inevitablemente pase de la página cien y las imágenes se vinieron a mi cabeza, esa novela… estaba basada en la época del héroe del tiempo, ¡que cabeza la mía! si miles y miles de veces me lo habían contado "Tu nombre debe de ser un orgullo porque te lo pusimos en honor a una de nuestras más valientes gobernantes"
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Descubrir que a Link le gustaba leer fue todo un acontecimiento, ahora tenía bastantes excusas para estar más tiempo a su lado sin que nadie sospechara nada.
—"Tres días"— pensé de manera preocupada mientras paseábamos por los pasillos del castillo. El tiempo realmente ya se nos había terminado, tres simples días era lo que restaba para que el plazo que me había dado mi padre llegara a su fin, después de eso inevitablemente quedaría comprometida con alguien que seguramente ni siquiera conocía.
Me abrace inconscientemente de Link colgándome de su brazo, aquella era una idea que no soportaba… "compromiso" ¿Y después? El inevitable matrimonio. Compartir mi vida con alguien a quien definitivamente no amaba me revolvía el estómago. Todavía tenía posibilidades de fugarme pero siempre que se lo proponía a Link él negaba vehementemente con la cabeza, "dejaríamos desamparada a toda la gente de Hyrule" me decía. Entonces suspiraba y odiaba tener que admitir que aquello era cierto, y en esos momentos pensaba ¡Por qué rayos no tuve hermanos o hermanas! Alguien que me reemplazara en aquella pesada tarea, ser hija única siempre había sido de lo más difícil…
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Link POV
Últimamente siempre estaba distraída, seguramente pensaba en lo mismo que yo "El tiempo se nos agotaba" y no había nada que pudiéramos hacer al respecto.
—"Ojala también tuviera una ocarina mágica"— pensaba con vehemencia. Pero aquel objeto sagrado se había perdido inevitablemente en el transcurrir de las eras.
La sentí colgarse de mi brazo y entonces estuve completamente seguro de que su mente pensaba en aquello.
—Vamos a mi jardín secreto— me dijo un poco triste.— quiero abrazarte un rato pero no puedo hacerlo delante de tanta gente.
Asentí con la cabeza, el hecho de que estuviéramos tan juntos en si ya era peligroso, uno de los guardias nos miró con cierto recelo cuando pasamos a una distancia muy poco prudente de su puesto de vigía.
—"Esas miradas inquisidoras"— pensé casi con desprecio.
Incluso mis colegas (Los caballeros) nos habían visto con mala cara en las últimas semanas. ¿A caso se notaba demasiado nuestra relación? Me despabile de inmediato sintiendo un terrible escalofrío. Las leyes eran muy claras, a los traidores del reino sólo les esperaban dos cosas; la primera era la muerte y la segunda el exilio. Ambas sonaban horribles y por raro que pareciera para mi significaban lo mismo, daba igual si me mataban o si me exiliaban porque estar lejos de mi chiquita significaría el fin de mi vida.
Con el pesar de mi alma la aparte de mi brazo, la idea me desagradaba tanto que cada que tenía que hacerlo sentía retorcijones en el estómago.
—"Lo siento"— le dije con triste mirada.
Pero ella me respondió con una sonrisa, también estaba consciente del peligro que corríamos.
Cuando menos me di cuenta ya estábamos en el jardín secreto. Abrió la puerta con sus palabras mágicas y entramos sintiendo que le oxigeno volvía a nuestros pulmones….
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—Link— me habló mientras me abrazaba— Faltan tres días— me dijo sin rodeos.
—Lo sé— conteste de manera un poco cortante.
—Vámonos… por favor vámonos.
También lo había pensado y no era tan difícil, bastaba con que saliéramos discretamente con Epona y al llegar al pradera emprendiéramos carrera, el problema estaba en que…..
—Ya sé que tengo responsabilidades para con el reino…— habló tristemente.
Bueno el problema estaba precisamente en eso.
—Pero no quiero estar con alguien que no amo… quiero estar contigo.
—Vas a estar conmigo— le prometí. — ya te dije que no pienso abandonarte.
Me miró con carita seria, ambos sabíamos lo que aquellas palabras significaban.
— ¿Estás dispuesto a convertirte en mi amante?— me dijo con una sonrisa.
Asentí con la cabeza, aquello era algo más que obvio, lo había pensado en incontables ocasiones y la respuesta siempre había sido la misma, desde el día en que le dije "voy a quedarme a tu lado".
—Además voy a protegerte. ¿Qué pasa si a tu padre se le ocurre escogerte a un marido idiota? He visto a tus pretendientes, los príncipes de los reinos vecinos tienen cierta fama y de buenas a primeras se les nota desde lo lejos que son unos estúpidos machistas.
Parpadeó un par de veces al parecer había notado mi tono de enfado.
—No quiero que nadie te haga daño. Si alguno se atreve a lastimarte me van a valer cacahuate las leyes del reino. Y tampoco voy a permitir que te obliguen a hacer algo que no quieres.
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Zelda POV
Hablaba con tanta seriedad que no pude evitar reírme y cuando lo hice puso una cara desconcertante.
—Ay Link— le dije secándome las lágrimas, no sólo se me habían salido de la risa sino también por lo que él me había dicho. –me acabas de confesar que no te importaría ser mi amante, pero no creo que seas capaz de verme con marido.
Suspiro de manera pesada como si acabara de darse cuenta de sus propias palabras.
Nuevamente sentí la necesidad de decírselo "vámonos". Pero en el fondo también sabía que aquella era una tonta idea porque ninguno de los dos sería capaz de vivir en paz sabiendo que dejamos a todo el reino en la ruina.
"Ruina" la palabra sonaba un poco fuerte, pero si nos poníamos a pensarlo eso era lo que ocurriría en un futuro. Si me iba la línea de sucesión desaparecería y Hyrule perdería el equilibrio por el cual durante tantos años había luchado, nuestros países vecinos solamente tenían cara amable pero en el fondo eran ambiciosos, ¿Por qué no iban a aprovecharse de una situación así? Un país sin heredero sonaba a un trozo de tierra fácil que podía ser conquistado en cualquier instante como si para ello bastara con estirar la mano y simplemente tomarlo.
La idea de la fuga desaparecía al instante de mi cabeza, y además no sólo estaba Hyrule también estaba mi madre. ¿Sería capaz de abandonarla? ¿A ella? ¿A Impa? Incluso me cuestionaba el hecho de poder abandonar a mi padre, porque era terriblemente estricto y duro, pero lo quería, ese era un hecho innegable.
Suspire pesadamente, abrace a Link del cuello y lo bese con mucha vehemencia, él correspondió a mi gesto de manera tierna y agradable.
Necesitaba aquello más que nuca, sentir sus besos y sus suaves caricias, olvidarme del mundo y ponerme a volar un rato entre la calidez de sus brazos.
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Ariane no podía evitar sentir pena cada vez que los veía tan desanimados. La biblioteca les había sentado de maravilla en los últimos días pero aun así ella sabía que ambos pensaban en eso, después de todo su marido lo había dicho claramente "un mes" no más, y de esa forma en menos de tres días su hija quedaría comprometida porque sabía de ante mano que el rey tenia elegidos a sus candidatos desde antes que se llevara a cabo aquella prorroga.
Caminó con cierta pereza mientras pensaba "Daphnes se ha vuelto un hombre completamente ciego".
En esos momentos un caballero pasó corriendo a su lado sacándola de sus cavilaciones, no la había saludado ni tampoco hecho reverencia, un hecho que resultaba completamente extraño. Lo miró de manera inquietante mientras corría…
—"Algo urgente"— pensó, pues de otra forma no se explicaba que un caballero la hubiera ignorado. Tampoco era como si necesitara o quisiera sus atenciones. Pero la reina era muy observadora y siempre captaba a fondo todos los pequeños detalles.
Pero había algo más, algo extraño y muy desconcertante, si algo urgente había pasado, entonces…. ¿Por qué aquel caballero había salido desde el fondo del castillo? ¿En los jardines pasaban cosas extraordinarias? ¿o tal vez se les había colado algún enemigo?
Lo último era completamente improbable porque si fuera así los vigías de las torres ya habrían hecho sonar las alarmas. Se quedó pensando por unos momentos…
—"Los jardines"— en aquella dirección solamente se encontraba uno que podía ser de importancia.
Se dirigió rápidamente hacia el lugar que sospechaba, el jardín "secreto" de Zelda. La entrada estaba correctamente cerrada y por unos instantes aquellas ideas locas desparecieron de su cabeza hasta que de un momento a otro escuchó un rechinido.
Viró la vista de manera inquietante hacia arriba. En los altos muros del castillo había una ventana que pertenecía a una habitación que llevaba innumerables décadas olvidada al igual que muchas otras en la parte sur del viejo castillo. Durante años se había despreocupado de ella porque nadie entraba a esa habitación y también porque era probable que la única llave permaneciera perdida al igual que muchas otras. Aun así la odiaba porque daba una perfecta vista a un lugar que debería de ser privado y la odió aún más cuando después de aquel rechinido vio abrirse la ventana.
El corazón le latió de manera pesada y con cierto esfuerzo se internó raídamente en el castillo, vio avanzar por los pasillos al caballero que antes no la había saludado; esta vez se detuvo e hizo una pequeña reverencia, ella asintió como le era costumbre y durante ese pequeño lapsus de tiempo lo miró atentamente, su uniforme antes limpio ahora estaba lleno de polvo.
Suspiró. Subió unos cuantos pisos y al internarse en los pasillos de las plantas altas descubrió a la funesta puesta abierta. Como era de esperarse la llave no estaba en su sitio, pero para su poca fortuna tampoco hacía falta. La añeja puerta había sido forzada y se notaba que para ello no habían hecho el menor esfuerzo, la vieja madera corroída por los años parecía haber cedido de una sola patada.
Se asomó de manera lenta y vacilante sobre la desgastada jamba, tras aquel umbral junto a la ventana estaba parado su marido. Alzó la cabeza y caminó de manera majestosa hasta poder alcanzarlo.
El rey escuchó aquellos pasos, los conocía, sabía muy bien quien era. Aun así permaneció en su lugar, escrutando aquella escena de manera casi implacable.
Ella se acercó a paso lento y con delicadeza se hizo un lugar en aquella ventana, tal y como sospechaba la vista era clara y perfecta…
.
.
Continuara...
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N.A.*uhh, doscientas páginas son muchas pero pensemos en que no estaban escritas a máquina jajaja.
Comentarios del capitulo:
¿Han escuchado decir que la Tormenta siempre viene después de la calma...?
Bueno esta fue la calma antes de la Tormenta.
