Tristemente estaban los dos hermanos, solos y sin saber exactamente como harían para ir hacia tierras desconocidas, fuera de la Antártida, varios días habían pasado desde la última vez que habían visto a Gamel.

Hacía poco tiempo que el cielo se había oscurecido, era el perfecto contraste con las heladas tierras. No obstante, en el monocromático paisaje, destacaban grandes zonas iluminadas en las alturas, estas luces bailaban con entusiasmo y sus colores iban desde azul, pasando por tonos violáceos, y llegando a un verde eléctrico.

El viento soplaba en el desierto de hielo, levantaba y arrastraba nieve del suelo.

Dentro de este panorama, en medio de la nada, estaban Daeru y Kaira, entre la oscuridad. Podía distinguirse el cosmos azul blancuzco del caballero que no solo rodeaba a este, sino que también a la niña que se encontraba a su lado. Ambos estaban sentados, y la infante estaba recostada sobre su hermano, intentando conciliar el sueño. Los dos permanecían en silencio, cada quien sumido en sus pensamientos, aunque en ese momento sabían perfectamente que pasaba por la mente del otro: La sorpresiva despedida del anciano, y la duda si se encontraría con vida, o había sucumbido ante aquel sujeto al que en su juventud había enfrentado.

En cierto momento, Daeru siente en una de sus piernas humedad. Eran las lágrimas de la niña, a la que solamente al recordar aquellos instantes le causaba profundo pesar. No era la única, el caballero también se sentía de ese modo. No había palabras, lo único que pudo hacer este último en aquel momento, fue dar un abrazo a la desconsolada, intentando en vano animarla.

-Según lo dicho por el maestro, y lo que entiendo, cuando consiga dejar a Kaira en un lugar seguro, ese momento también será nuestra despedida. No puedo estar con ella cerca, si sé que puede ser víctima del enemigo en su búsqueda de la armadura.

Al parecer, a partir de ahora mi vida será solitaria, y lo comprendo…-Pensaba el caballero mientras perdía su mirada en la nieve del suelo.

-…En cuanto al enemigo, es casi seguro que debo de enfrentarlo, aunque me pregunto si estaré a la altura. En el pasado dos caballeros de plata tuvieron que enfrentarse a él, y aunque lograron vencerlo, no fue por mucho, no sé qué es lo que habrá hecho ese sujeto, pero si llegó a enfadar al maestro al punto de lo que relató, debo pensar que me expondré al mismo peligro.

¿Y qué hay de aquella técnica que dijo Gamel que era peligrosa?, ¿y su nerviosismo al saber que el malvado estaba cerca?...es evidente que me tendré que esforzar más del máximo para vencerlo…pero quizá no… ¡no puedo pensar en negativo!, por los datos parece ser una batalla perdida, pero no puedo dar por perdido algo que aún no comenzó-Terminó su reflexión, en verdad le inquietaba lo que sería la lucha con tal sujeto, y lo que sería capaz de hacer para robarle la información.

Oyó el crujir de un hielo que se despedazó a pocos metros de donde se encontraban. Ambos voltearon e intentaron reconocer la causa del sonido entre las sombras de la noche.

-Dar la espalda es de maleducados-Sintieron una voz decir desde aquella ubicación a la que miraban. Allí se pudo reconocer un rostro que denotaba maldad, de cabellos cortos que al parecer eran rojizos, la oscuridad no les permitío reconocer más. Los hermanos se levantaron y escudriñaron las penumbras alerta de lo que el sujeto podría hacer.

-¿Quién eres tú, y qué vienes a hacer aquí?- Preguntó Daeru al hombre que tenían frente suyo.

-Que pregunta más inocente, ¿a caso no es evidente que estoy aquí para que me digas en donde está la armadura de Ofiuco, y que además soy quien después de tener el dato les dará muerte?-Contestó el pelirojo, con una sonrisa maliciosa.

-Ya que dices que mi pregunta es evidente, ¿a caso la tuya no lo es?, juré no dar esa información al enemigo, y cumpliré con mi palabra-Respondió el muchacho, estado alerta de los movimientos del malvado, y teniendo en mente los temores que tenía al respecto de enfrentarse con aquel sujeto de cosmos maligno.

-Noto el terror en tus ojos, ¿acaso el objetivo de tu patético maestro era el de facilitarme la tarea de conseguir lo que me pertenece?, estás viendo al mal encarnado, a quien traerá el infierno a tu vida antes de lanzarte al mismo, a aquel que trae la miseria a las existencias, y al odio que acabará con Athena y todas las esperanzas de este mundo-Comentó el de ojos verdes. Eran autenticas declaraciones de guerra, aunque estaba en lo cierto cuando hablaba de que tenía temor a aquella situación. Era una confrontación en la que había estado pensando, y que sabía que sería difícil.

-Es cierto que temo, el miedo es natural, pero ya que tengo entendido de lo que eres capaz, debo intentar detenerte, si es que eres el mal encarnado como dices, quiero evitar cualquier sufrimiento de tu parte hacia los demás-Explicó Daeru.

-Qué curioso…ese viejo que maté creía lo mismo. Lástima que no pude darle un final más sanguinario-Comentó brevemente el sujeto, sabiendo muy bien que eso heriría a los dos hermanos.

Por su parte, el caballero ya intuía que algo así podría haber sucedido, en cuanto vio a aquel sujeto salpicado en sangre, y que podía ver que tenía sed de esta. Kaira, con aquellas palabras, perdió las pocas esperanzas que tenía de volver a ver al anciano, y de esta manera, estalló en lágrimas.

-¿Porqué?, es la pregunta, ¿por qué quieres hacer daño?, ¿pará qué necesitas esa armadura?-Respondió el muchacho intentado aguantar los deseos de atacar al sujeto y a su vez ponía su mano en la cabeza de la niña, que continuaba en su llanto, a modo de intento de contenerla.

-Preguntas demasiado, cuando la respuesta es muy simple, quiero ser el ser más poderoso, aún sobre el mismo Zeus. Y el porqué de hacer daño tiene muchas explicaciones: es divertido, solo le estoy haciendo daño a criaturas inferiores las cuales no valen nada, pruebo que soy más fuertes que ellas, además que el rojo de su sangre es un éxtasis para mis sentidos-Respondió el despreciable.

-¡Hablas como si fueras un Dios!, ¡y aún que lo fueras, no es justo tratar de esa manera a los demás!-Replicó el caballero que se oía enfadado, y era evidente que si no atacaba al malvado, era porque estaba consciente que era algo precipitado.

-Esa expresión…me recuerda a la de tu maestro hace muchos años…y supuestamente son caballeros… ¿en qué pensaba el santuario al dejar que se convirtieran en caballeros?, a criaturas tan insignificantes, que dicen luchar contra el mal, pero se dejan llevar por el odio como en este preciso instante lo estás haciendo. Al parece no tienen que elegir, y entrenan lo primero que encuentran-Rió maléficamente el sujeto, a lo que por un momento, Daeru permaneció cayado, intentando calmar aquella furia creciente al encontrarse con alguien así.

Aún no había visto de lo que era capaz -y esperaba no hacerlo de ser posible-, pero lo relatado por su maestro, y las mismas palabras de el pelirrojo le hacían ver que en verdad tenía un hombre completamente despiadado en frente suyo, muy peligroso para cualquiera que se encontrara cerca, capaz de destruir vidas o perjudicarlas sin sentir remordimiento alguno.

-No cuestiono la decisión que hayan tomado conmigo, al contrario, estoy agradecido de que se me dé una oportunidad así, no sé si la merezco o no, pero si se me ha dado la confianza, voy a intentar no defraudar a quien me haya escogido-Reflexionó el caballero-Tu visión sobre lo que es luchar por Athena me parece un poco errada, eso no nos hace las personas más puras del universo…no…las personas estamos divididas entre el bien y el mal, decidir qué es lo que queremos seguir, está en nosotros. No seremos perfectos, pero podemos intentar estar lo más cerca posible del bien puro.

Reconozco que estas acertado en que por un momento estoy sucumbiendo ante el odio, pero no ves la otra parte, no deseo ser un ser oscuro, sino una luz, como aquella de allí, por eso voy a intentar ser yo quien me controle y no algo así-Agregó mientras señalaba hacia la aurora austral que iluminaba el cielo con sus vivos colores celestes y verdes.

La expresión del despiadado personaje al mirar al cielo, cambió, ahora su rostro no mostraba solo malicia, sino que furia. Quizá las palabras de Daeru le trajeron recuerdos que prefería olvidar.

-Muy bien…si quieres ser una luz, esta será tu oportunidad, ¡pero yo seré quien la apague y quien te sumirá en la oscuridad!-Respondió el sujeto, mostrando una sonrisa burlona y maléfica. Y tras la frase, extendiendo la palma de su mano, desde esta lanzó un rayo que en el entorno apenas pudo ser distinguido (por ser de color negro) por los rayos violáceos que a este recorrían a los lados.

El caballero tomó a Kaira y dando un salto a un lado pudo evitar el ataque, no obstante, vio la destrucción que este causó, ya que estalló en el suelo, levantando nieve a todos lados, y dejando un hoyo de gran diámetro y profundidad. Inmediatamente Daeru contraatacó, extendiendo su brazo derecho hacia el malévolo, haciendo que desde el cielo comenzaran a caer copos de nieve de gran peso, aunque lo que ocurrió, lo tomó por sorpresa…

Bolas de nieve del mismo tipo de técnica comenzaron a caer, bloqueando el ataque del muchacho y haciendo que entre los contendientes cayeran estrellas formadas por hielo, producto de los impactos.

-¿Sorprendido?, pareces la presa que ve a su depredador a último momento, y por lo tanto, la muerte que se cierne sobre ella-Rió el inhumano al ver en los celestes ojos de el caballero el desconcierto que este tenía por el hecho que el perverso había usado su misma técnica.

¿De dónde la había aprendido?, ¿Cómo?, ahora reafirmaba el que debía tener mucho cuidado con aquel sujeto, aquella había sido la primer sorpresa que había recibido, y estaba seguro que podrían llegar más.

No podía seguir luchando con Kaira cerca…no si podía salir lastimada. De modo que aunque pareciera un gesto cobarde, hizo que la nieve a su alrededor se abriera, de manera que cayeran, y así intentaría formar una especie de tubo que los engulliría y así huirían, no obstante, desde el suelo en la misma zona emergen grandes espinas de aspecto rocoso, en la noche no se podía apreciar su color, pero parecían negras. Las estacas golpean a los hermanos, o más bien a Daeru que protege a la infante, además un poco de la nieve ayuda a reducir el daño del impacto.

-Creo que con esto confirmo lo que creía, eres un miedoso, unas pocas palabras ya te dan miedo…pero eso no me interesa, debo llevarte ante el jefe, y lo haré a la fuerza, pongas o no resistencia. De nada sirve intentar escapar, porque de todas maneras se los impediré-Dijo el malvado usando la misma técnica. El caballero dando un largo salto hacia atrás evita el ataque y contraataca con el infierno de hielo, haciendo que las estacas se rompieran y fueran lanzadas hacia el pelirrojo. Ágilmente este las esquiva, aunque ahora tenía la gran avalancha encima. Cuando Daeru estaba casi seguro de que podría golpearlo con el gélido monstruo, algo lo sorprende, y es que el malvado lanza una ola de fuego de igual magnitud a la de la técnica helada. Ambas chocan, pero las llamas se imponen ante su rival, y se dirige a los hermanos.

-¡Toque de cristal!-Exclama el caballero, de esta manera del cielo se precipita una bola de nieve de gran tamaño y peso, que al chocar con el suelo levanta una formación de púas que marcan el sitio de la explosión. Al ser grande, esta sirve de escudo ante la candente técnica.

-Si no hago nada, nos va a matar…pero no podemos huir, ya que lo volverá a impedir. Si dejo a Kaira para que huya y yo continúo enfrentándome, podría haber secuaces que le harían daño, o el mismo malvado podría atacarla. Si continúo con ella aquí, es posible que salga lastimada o aún peor. Y si me entrego pero con la condición de que deje a Kaira escapar, y viendo como es, de seguro que mentirá y después la matará- Pensó el de largos cabellos negros, y es que la razón no era de menos, en ese instante sus vidas estaban en juego, aunque no pensaba en la suya, sino en la de su hermana, ya que el ojiverde lo quería a él con vida. De cualquier manera el proceder sería riesgoso. No tenía otra que medirse con el perverso personaje, y aún teniendo presente que podría no estar a su altura, en su mente rondaba lo que su maestro le había dicho sobre una técnica que podría resultar letal, el que este estuviese nervioso ante la inminente llegada del malvado, también el suceso del anciano y su amigo, dos santos de plata enfrentándose en la juventud ante el maquiavélico, y que pudieron salvar sus vidas y vencer por muy poco margen.

A pesar de todo estaba obligado a vencerlo si quería que Kaira se salvara, o de otra manera tendría que recurrir a esperar que los azares de la vida le ayudaran y que la niña huyendo pudiese salir de todo aquello.

Se quedó en silencio, pero no sin hacer nada: la nieve alrededor del maquiavélico se levantó con fuerza -intentaría aplastarlo con esta- el níveo elemento lo envuelve, y se precipita. Cuando el ataque culmina, el suelo estaba plano, como si no hubiese nada. Pero encuentra una nueva sorpresa, algo lo golpea en el hombro izquierdo, y después en la espalda, y seguía cayendo…para evitar esto, aún sin saber de qué se trataba, hizo que la nieve a su espalda se levantara, formando una especie de escudo. Cuando por fin se dio vuelta para ver de qué se trataba, divisó bolas de fuego que caían del oscuro cielo, y al impactar con su protección estallaban. Pero por ser llamas, agujereaban la coraza con facilidad. A varios metros halló la sombra del maquiavélico que se recortaba en la penumbra. ¿Cómo había escapado?, ¿qué significaba todo eso?, ¿Qué era lo que se aproximaba a él?, siente una especie de rugido que se le hacía muy familiar, pero cuando voltea a investigar de que se trataba, encuentra una avalancha casi encima suyo y de Kaira.

Lo único que pudo hacer fue levantar su cosmos para intentar que no les hiciera mucho daño, y esperar.

El monstruo arrasó con ambos, lanzándolos frente al siniestro personaje, el cual puso su pie encima de la espalda del muchacho que yacía boca abajo, y con la niña a su lado que se encontraba de la misma manera.

-Si buscas un poco de sinceridad…eres mucho más débil que tu "querido" maestro en su juventud, quizá también de anciano, y eso que era un debilucho. Ahora sí, dame esa información y te ahorrarás el que te mate de manera más tortuosa. Ya ves que bueno soy, dime donde está la armadura y te dejaré escoger como morir- Sonrió de manera maligna el tipo.

-Olvídalo-Respondió brevemente el caballero tomando la pierna que no estaba sobre si del malvado, y así corriéndola a un lado logró hacer que este cayera, así liberándolo. No perdió el tiempo, y de un salto con Kaira retrocedió.

-Eso fue muy osado de tu parte, por eso ahora seré yo quien escoja como morirás, aunque no sea ahora…-Dijo el sujeto tras levantarse de un salto, paso siguiente, a través de la oscuridad, Daeru divisó como el malvado tenía en su mano una bola incandescente de luz blanca, que fue arrojada instantes después hacia él.

El muchacho de cabellos negros, tomando a la niña, esquivó con un brinco el ataque que impactó sobre la nieve a las cercanías.

-Yo te ayudo-Expresó Kaira, que hacía rato solo observaba, suponía que la única manera de escapar era vencer a aquel tipo. Por su parte, Daeru no quería tal ayuda, porque esto incrementaba las posibilidades de que el sujeto la matara, aunque estaba consciente que de todos modos este no se apiadaría.

-Si hubiese alguna manera de que huyeras, me negaría, de hecho, no quiero que te expongas- Susurró el muchacho.

-¡Pero no quiero estar sin hacer nada!-Replicó la niña. El caballero solo respondió con un suspiro, y volteó hacia donde se encontraba el pelirrojo. Aunque este no dio tiempo de nada más, ya que casi instantáneamente, las oscuras rocas surgieron del suelo, la reacción de los hermanos fue fugaz, ambos las evitaron dando unos saltos.

Kaira fue hacia el malvado, Daeru sabía que debía darle apoyo, de manera que lanzó unos toques de cristal al maquiavélico, y este respondió de la misma manera, bloqueando su ataque que aún persistía. Fue entonces que la niña extendió su mano, y de la palma se formó una helada bola de nieve que lanzó al suelo, unos metros más adelante, esta al impactar estalló en cientos de cristales aguzados que fueron contra el maleante. Este iba a evitar la técnica fácilmente con el que era su equivalente, el ataque que usaba Daeru en ese momento, no obstante, no podía contraatacar, porque el de cabellos negros además de intentar asestarle un golpe con la explosiva nieve, también bloqueaba los copos que lanzara.

Los punzantes cristales entonces golpearon al maligno, que a pesar de esto dio un salto hacia atrás para esquivar los ataques del muchacho que también se le venían encima.

Con velocidad lanzó la gran ola de llamas hacia la niña que tenía a muy pocos metros, pero la acción fue contrarrestada con un infierno de hielo por parte del de ojos celeste cielo, aunque la bestia de fuego venció a su homónima gélida, el tiempo alcanzó para que la infante se alejara.

La técnica terminó golpeando nuevamente a otra horda de nieve que se abalanzó, así disipándose ambas fuerzas.

Ese cosmos, aquella infante a pesar de su corta edad parecía que estaba siendo entrenada, y tenía algo de potencial, al perverso le dio la impresión que la intención del anciano Gamel era que sus protegidos, ambos se pusieran al servicio de Athena.

-En verdad que estuvo agradable el tratamiento de acupuntura, y lo mejor es que fue indoloro. Enana, ¿a quién se le podría ocurrir que eso me haría daño?, eres solo una pequeña niña llorona, mejor vete a jugar a las muñecas…aunque…la sangre muy joven es más sabrosa-Rió y observó a través de la oscuridad de la larga noche a la niña. Y después de las burlas, entre las penumbras se pudo ver en la mano del siniestro personaje una esfera de aspecto cristalino y pulido que en su interior tenía como centro una especie de luz violeta que lanzaba pequeños rayos de energía hacia las paredes de la formación, y hacía que el resplandor de esta resaltara en el entorno. Esta fue la única referencia del lugar en el que se encontraba el maquiavélico en ese momento, y es que este velozmente se acercó al sitio en el que se encontraba la infante para, paso siguiente, arrojar el objeto.

Pero este no dio en su objetivo, sino que en Daeru, que se interpuso en su camino. El fino cristal se rompió, y el centro impactó en el pecho del muchacho, haciendo que aquellos finos rayos violáceos corrieran por todo su cuerpo. Por su parte, el recipiente sintió una pesadez extrema, era como si la fuerza que tenía no le alcanzara para moverse, aquella desagradable sensación fue en aumento. Pudo ver un resplandor azul blanquecino que salía de su interior, directamente de su corazón, y como humo se disipaba en el cielo. No sentía su propio cuerpo, no podía moverse, y las cosas que podía distinguir en el lugar, como las luces nocturnas del cielo, se veían a cada instante más borrosas, ¿qué era aquello?, ¿estaba falleciendo?, fueron preguntas que pasaron por su mente, antes que los morados rayos desaparecieran, y cayera inerte al suelo.

-Ja, creo que no lo resistió-Rió el malvado al ver al muchacho en el suelo, aparentemente muerto, de ojos cerrados y expresión seria en su rostro. Sus cabellos se mecían con el viento, mientras que la fina nieve que se levantaba producto de este, se acumulaba en pocas cantidades sobre él.

De todas maneras al perverso le pareció que tal ataque había sido un error, había asesinado a quien no debía, o al menos era su impresión. De todas maneras, tranquilamente y como si nada hubiese sucedido, se sentó en donde se encontraba, a esperar algo –si es que sucedía-

Por su parte, Kaira se dejó caer de donde estaba, no podía ser que ahora se había quedado sola, su hermano estaba totalmente inmóvil en el suelo, sin mostrar rastros de vida.

-¿Dónde estoy?, ¿Ya amaneció?, ¿Dónde está Kaira?, ¿Y aquel sujeto?...¡Kaira!-Exclamó Daeru levantándose rápidamente, estaba en un lugar que le parecía desconocido, "flecos de color verde" en el suelo se extendían por doquier, a muchos metros era lo único que divisaba. Lo único que le parecía medianamente familiar era el cielo diurno, se encontraba igual a como lo solía percibir desde donde vivía, pero en este caso se veía que el sol estaba sobre su cabeza, y no más cerca del horizonte como era normal para él.

¿Cómo encontraría a la infante en aquel sitio?, ¿Qué había pasado?, lo último que recordaba era aquel ataque recibido. Estaba totalmente desorientado.

Sin darse cuenta alguien que venía caminando por el lugar se acerca.

-¿Te has perdido?, ¿Necesitas algo?-Preguntó este atentamente.

-¿Dónde estamos?, juro que estaba en otro sitio, y sentí como si muriera. Lo sé, suena raro, pero es la verdad-Explicó apresuradamente el muchacho, mientras observaba a su interlocutor. Era un sujeto de estatura un poco más baja que la suya, vestía una capucha que lo tapaba enteramente, esta era de color marrón claro, de aspecto muy sucio. El rostro de aquel hombre permanecía oculto por sombras, lo único que le pareció ver fue su boca que se distinguía entre la penumbra. Dos largos mechones de pelo blanco azulado salían de la negrura, y se mecían con la brisa.

-Estamos en el medio de una pradera…¿a que es un lugar muy tranquilo? No veo que hayas muerto, solo me parece que no estás en tu cuerpo- Sonrió el tipo.

-¿Pradera?, si, es tranquilo, pero estoy buscando a mi hermana, ¿no la ha visto?-Preguntó Daeru sintiéndose más desorientado aún por las palabras de el amable sujeto, ¿en verdad no estaba muerto?, ¿estaba fuera de sí?

-Si-Respondió brevemente el encapuchado.

-¿Hacia dónde?, quisiera hallarla, es que está en peligro-Volvió a indagar el muchacho.

La respuesta del extraño sujeto comenzó con su mano derecha, que puso en su corazón.

-Dentro de tu corazón, síguelo, y te dirá el camino de regreso-dijo amablemente.

¿Cómo?, no comprendía del todo aquellas palabras, ¿cómo su corazón le diría a donde ir?

-No dejes que la desesperación de apodere de ti, si deseas encontrar el camino, estoy seguro que lo hallarás- Expresó el tipo ante el pensativo forastero –Qué tengas buen día-Sonrió, y se alejó.

-Muchas gracias-Respondió Daeru, y se quedó meditando aquellas palabras.

No estaba muerto, pero no estaba en su cuerpo, ¿entonces en qué lugar se encontraba?, si no estaba en su cuerpo entonces no tenía corazón, ¿o quizá no se refería al órgano físico?, debía permanecer con mesura ante la situación. ¿Pero cómo estar tranquilo sabiendo que alguien quiere asesinar a alguien a quien aprecias?...corazón-apreciar, allí estaba la respuesta. No iba a dejar que el pelirrojo se saliera con la suya, no podía, ya había acabado con su maestro, no podía quedarse allí y dejar a la niña a su suerte…no podía dejar que mataran a alguien más que quería, no si aún podía evitarlo…

¿Otra vez?, esa sensación de que todo se volvía borroso…otra vez cayó…

-¡Daeru! -Exclamó la niña al ver que el muchacho se incorporaba, de manera algo costosa, pero estaba con vida.

-¿Qué fue todo eso?, regresé, Kaira…no puedo dejar que te haga daño este sujeto que mató al maestro, no puedo permitirlo-Pensó el muchacho, viendo hacia el siniestro personaje. Aunque sentía algo extraño, estaba más débil, era evidente, le había costado levantarse…pero no se daría por vencido.

-Así que regresaste…que suerte, ahora si puedo hacer que me digas en donde está la armadura, y después si puedo matarte. En verdad eso si fue bastante sorprendente…lograste sobrevivir después de ese ataque, no muchas personas han podido jactarse de ello…-Comentó el malvado mientras volvía a levantarse. El tiempo transcurrido desde el ataque había sido muy corto, de hecho no había alcanzado para que la niña se levantara e intentara hacerle frente al pelirrojo.

-¿Sobrevivir?-Dijo descolocado Daeru, ¿eso significaba que aquel ataque era el que su maestro le había descrito?, entonces si eso era cierto…su vida se acortaría, pero no llegaba a comprender en términos de tiempo cuanto sería.

-En fin…ahora si podemos acabar con esto…-Sonrió malévolamente el sujeto despiadado, e hizo que del suelo bajo los hermanos surgieran las aguzadas rocas oscuras. Estas fueron evitadas al igual que las anteriores a lo largo de la batalla, pero en este caso el ojiazul tuvo dificultades, ya que si bien esquivó las espinas, cayó mal, haciendo que rodara por la nieve.

Las hostilidades no cesaron, y el perverso mandó una gran ola flamígera hacia los combatientes.

Kaira lanzó una gran bola de nieve frente al fuego, pero los afilados cristales poco hicieron. Daeru se volvió a levantar e hizo que un gran "chorro" del níveo elemento surgiera del suelo, esta vez la horda de llamas cedió ante la insistencia de su oponente. Pero aquello fue casi como una puñalada para el muchacho que cayó de bruces al suelo…su cosmos se había debilitado. De todos maneras, en aquel momento aquello poco le importó, y se volvió a incorporar con un poco más de dificultad. La razón era otro ataque del malvado, esta vez toques de cristal. Así comenzó a contraatacar de la misma manera, mientras se acercaba lo más rápido posible a la niña, que de todas maneras intentaba evitar las bolas de nieve que cayeran.

Al fin pudo llegar, pero algunos ataques lograron golpearlo, y volvió a sentir que se debilitaba.

El pelirrojo continuó insistiendo, el muchacho solo pudo continuar en donde estaba, pero para evitar que le hiciera daño a Kaira, siguió el contraataque.

La niña aprovechó el momento, y volvió a usar la única técnica que conocía, golpeando al ojiverde con los aguzados cristales. A pesar del impacto, este continuó de pie, y con un salto se perdió a la vista de los hermanos, la noche en ese momento no ayudaba.

De repente, el temor llegó, y es que un rayo negro salió de la nada y golpeó a Kaira lanzándola lejos, su destino estaba sellado…

Daeru no había podido hacer nada, en ese momento se encontraba cada vez más débil.

-¡Kaira!-Exclamó, no podía ser… la esperanza que por un momento había regresado, se había esfumado en un solo momento. Pero no pudo seguir lamentándose por mucho, ya que oscuras rocas aguzadas surgieron, levantándolo por los aires y dejándolo caer pesadamente en el suelo.

-Ahora ya está, no tienes razón para seguir aquí, es hora que me digas en donde está la armadura de oro-Dijo fríamente el diabólico personaje. Por un momento no recibió respuesta, el muchacho continuaba lamentándose, el pelirrojo le había sacado toda razón de alegría, no había matado a una, sino a las dos personas que más apreciaba. Poco a poco su cosmos azul blanquecino comenzó a envolverlo con más fuerza.

-¡¿Cuál es tu nombre, y por qué demonios has hecho eso?!-Preguntó con evidente furia el ojiazul levantándose.

-Yo que tu cerraría la boca, no estás en posición de replicar nada. Pero si te interesa saberlo, mi nombre es Morten-Dijo de manera burlona el malvado.

-En ese caso, la respuesta ya la sabes, no diré nada sobre el lugar de la armadura, y poco me importa si puedo o no replicar, eso no interesa si es ante ti, no mereces respeto alguno…-Respondió Daeru mientras su cosmos prácticamente actuaba como llamas.

-Si querías hacerme daño, si querías hacerme enfurecer…¡Lo has logrado!-Rugió el muchacho mientras la nieve alrededor del lugar comenzaba a temblar. Del suelo se levantó un auténtico infierno de hielo, el rugir de la nieve se hizo casi que ensordecedor, la gran avalancha pasó sobre su invocador, y se dirigió a su víctima. Morten atacó con una ola de fuego, pero esta ante la magnitud de su rival cedió, de manera que el malvado fue arrasado.

El enfurecido muchacho sabía cuál sería la consecuencia de aquel ataque, y de hecho, ya lo estaba sintiendo, su cosmos descendía más que en los casos anteriores, y es que al parecer el malestar aumentaba proporcionalmente a cuanto cosmos usara, y en ese momento estaba empleando la mayor cantidad posible.

Poco a poco, y por tercera vez en lo que iba de la batalla, todo comienza a verse borroso, intentó seguir consciente, pero acabó por desmayarse.

Un punzante y repentino dolor en la espalda hace regresar en si al caballero. Este descubre que se encontraba atado de manos y también de codos, en una especie de cueva, pero de paredes de roca y no hielo como conocía. Además, estas estaban formadas por bloques idénticos del material. Eran de color gris oscuro. Algo que le decía que aquello había sido creado con manos humanas fue que la sala era cuadrada.

Una luz amarillenta iluminaba el lugar, y provenía del fuego que surgía de una barra de color marrón que estaba en la pared que estaba tras de sí.

Vio algo rojo en el suelo…era sangre, ¡su propia sangre!, volteó a ver y pudo comprobar que era consecuencia de lo que sintió en su espalda, un latigazo, pero lo que no pudo creerse es quien sostenía el objeto…¡Morten!, había sobrevivido. Este le mostró una sonrisa de burla. Además había varios guardias.

Daeru no respondió, solo volvió a observar el sitio en el que se encontraba…frente suyo había algo formado por un gran bloque de piedra vertical en la parte de atrás, otro de menos tamaño horizontal abajo, y dos aún más chicos a ambos lados de la anterior y verticales. Sobre esto que era un trono –cosa que desconocía- se encontraba otro sujeto, ver la máscara que llevaba en su rostro le generó una sensación de nerviosismo:

Esta poseía dos ojos redondos de irises rojos, entre medio de estos surgía una prominente nariz roja. A los lados de las narinas surgían unas líneas amarillas que rodeaban las partes antes mencionadas, llegando a la frente, lugar desde el que salía una especie de hojilla roja de tres puntas hacia arriba. El resto que cubría el rostro era predominantemente rojo, cambiando a negro a los lados de la hojilla y un poco más arriba terminando en color verde. A los lados de la máscara había unas formaciones torneadas que al llegar a la altura del mentón se doblaban hacia arriba y de ellas surgían una especie de pequeñas alas. Pero sin duda, algo que le daba ese tono inquietante estaba en su boca, que mostraba una sonrisa sin labios. Sus colmillos eran largos, pasaban la altura del mentón. Pero además tenía otros dientes aguzados a los lados de la boca que saliendo desde la mandíbula inferior, llegaban a la altura de los saltones ojos.

Los cabellos del sujeto eran de un verde negruzco y surgían desde atrás de la máscara.

Vestía una larga capa de color gris oscuro que ocultaba manos y pies.

-Muy bien ahora que has despertado, es hora de que digas de una vez por todas donde se encuentra la armadura dorada que tu patético maestro escondió-Exigió Morten.

-No voy a decir nada al respecto, ¿en dónde estoy, y quienes son ustedes?-Preguntó Daeru, aunque un latigazo le provocó dolor.

-No te estoy dando una opción, es que debes decirnos en donde está-Replicó el malvado. En ese momento, el enmascarado se levantó del trono.

-Esta es nuestra guarida, en la Antártida, oculta bajo una colina de nieve. Yo soy Arsen, el líder de nuestro grupo, quien reina en el infierno de estas tierras y en otro más allá del mar, seguidores de Lucifer, necesitamos esa información, que nos ayudará a vencer a quienes se interpongan con nosotros, incluida la diosa por la que luchas-Explicó.

-¿Y pretenden que les diga en donde está la armadura?, ya les dije que no diré una palabra al respecto del lugar en donde está-Dijo el muchacho aún envuelto en el dolor de todo lo acaecido.

-Si no lo dices, tu espalda pasará a no tener piel como superficie, sino que carne viva-Respondió Morten dando otro azote al débil prisionero.

-No me importa, pueden descuerarme si así lo desean, ya da igual lo que me pueda pasar-Manifestó el triste caballero.

-Si así lo deseas…-Dijo el pelirrojo abriéndole otra herida con el látigo al cautivo.

-Morten, no podemos matarlo si es que deseamos saber la ubicación de la armadura-Se dirigió Arsen al ojiverde. –De todas maneras me parece que delatarás el lugar de lo que buscamos, porque ahora me dirás todo lo que quiera saber-informó a Daeru moviéndose rápidamente y extendiendo el dedo índice de su mano derecha, pasando al lado del prisionero. –Ahora de una vez por todas, dinos todo lo que sepas de la armadura, y el lugar exacto en donde se encuentra-Indagó. Por su parte el caballero se encontraba de cabeza baja, la sombra ocultaba sus ojos. Permaneció cayado por un momento, hasta que por fin respondió:

-La armadura de ofiuco es de oro, aunque no sé que es el oro porque nunca lo he visto en mi vida. Es un objeto problemático, y lo más importante del asunto es que deberían a aprender a respetar la privacidad-Sonrió con gesto de burla. Todos estaban sorprendidos, se suponía que ante la técnica de su jefe, el cautivo debía responder sin poner objeción.

-No te burles de nosotros-Ordenó el pelirrojo golpeando otra vez al ojiazul.

-Tu maestro te preparó bien para esto, ¿no es así?...en ese caso…Morten, te encargo que le muestres el lugar en el que permanecerá probablemente hasta su fin, y te dejo encargado de que lo tortures hasta que revele la información…-Tranquilamente expresó el de intimidante máscara, y así regresó lentamente hasta su trono, lugar en el que después se sentó.

-Sí señor, haré todo lo que pueda para que esta escoria hable-Respondió el siniestro.

-Sé muy bien cuanto disfrutas de esa tarea, pero por favor, esta vez no buscamos matarlo, al menos por ahora. Mientras que viva, la tortura puede ser de la manera que gustes-Explicó Arsen.

-Entendido-Respondió brevemente el pelirrojo, entonces le dirigió una sonrisa de burla al caballero, tomándolo del largo y negro cabello. –Ahora vamos-Agregó, entonces comenzó a arrastrar al muchacho hasta donde lo torturaría incansablemente.

Atravesaron un largo corredor y varias salas incluidas en este. Daeru por su parte soportaba aquel dolor, mientras era arrastrado, también dejaba un rastro con la sangre de sus heridas que corriera en aquel momento.

-Muy bien, ya llegamos-Informó Morten con una sonrisa, lanzando al infortunado con una patada hasta un rincón, y después poniendo la antorcha con la que iluminaba el lugar, en un lugar especial para ello en la pared.

La sala era pequeña, como las que ya habían atravesado, el ancho del corredor era mayor que el de la mitad de la sala, lo que significaba que prácticamente era una extensión de este. Las paredes eran del mismo material que el de la sala en la que había despertado, idénticas, lo único que era diferente era que estas estaban manchadas de sangre por doquier.

-Ahora, como ya sabes, debes de decirme en donde está la armadura-Dijo el malvado dando un latigazo al indefenso caballero.

-Ya te dije, no voy a decir una palabra al respecto. Creo que además, afortunadamente no podrán hacerle daño a la diosa Athena, ya que ella no ha nacido aún, desconozco el año exacto en el que estaremos, pero de todas maneras se eso, y aunque en un principio me decepcioné por no haber nacido en una época en la que estuviera en la tierra, ahora me alegro de ello, ya que no podrán hacerle daño -Contestó el azotado con ese consuelo, a pesar de su dolor. Un nuevo latigazo abrió otra herida en su espalda.

-¡Troglodita!, para informarte sobre algo más, estamos en el año mil seiscientos cincuenta y siete, por lo que tenemos mucho tiempo para preparar nuestra ofensiva-Dijo el cruel sujeto mientras con su dedo índice derecho tomaba un poco de la sangre que emanaba de la herida del prisionero, y con esta en la pared escribió el año del que hablaba.

-De todos modos estamos pensando matar a Athena, aunque falte mucho tiempo, hay que prepararse para ello. ¿Qué dices?, ¿De qué manera crees que deberíamos acabar con su vida? Quizá algo simple como asfixiarla, o por más espectáculo degollarla…pero de todas maneras me parece algo simple, así que sería más divertido clavarla al suelo con largas varas de madera que la atraviesen en medio, su corazón, sus brazos, piernas y demás. O ahora que se me ocurre sería mejor desmembrarla-Comentó mientras reía malévolamente.

-Si solo las distancias del tiempo no me lo impidieran, intentaría que no consiguieran su objetivo a toda costa, y de hecho, haré un aporte para que eso no suceda-Respondió Daeru mientras la congoja y la furia se apoderaban de él. Podría estar herido, pero no iba a tolerar que alguien se burlara de esa manera, aún pudiendo sobrevivir a aquello, jamás llegaría a la época en que planeaban el asesinato, pero de todas maneras no podía quedarse sin hacer nada. El aire a su alrededor comenzaba a descender de temperatura y su cosmos volvía a hacerse visible, aunque no llegó a la magnitud que hizo que se desvaneciera.

-Has eso y de seguro volverás a desmayarte-Rió Morten mientras continuaba tranquilo en el sitio en donde se encontraba. El muchacho estaba consciente de ello, pero no le interesaba, le daba igual morir o vivir, en aquel momento estaba extremadamente triste, prefería intentar vencer al perverso personaje, de manera que continuó. En el suelo comenzó a formarse nieve que después lanzó en una avalancha.

El malvado permaneció inmutable, hizo que una especie de tubo de fuego lo envolviera, y esperó el ataque que a pesar del fuego lo golpeó, aunque claramente su fuerza había sido reducida.

Por su parte, nuevamente el caballero comenzó a perder el conocimiento, hasta que producto de esto, se desplomó.

-¿Qué te creías, que con eso me vencerías?- Se burló el malvado mientras quitaba un poco de nieve que permanecía en sus hombros.

Desmayado, el prisionero no respondería, y además en su precario estado, no escaparía sin que lo vieran y atraparan antes. De modo que el pelirrojo decidió volver hacia donde estaba Arsen, para discutir que camino de tortura podría ser más útil con el muchacho.

Otra vez, el desvanecido regresa en sí, aunque ahora se encontraba en una situación más difícil por su poco cosmos, sus dos intentos de ataque al malvado Morten habían sido fallidos.

La única luz de una antorcha iluminaba el sitio en que un herido Daeru se encontraba. Podía sentir la humedad en su espalda que era su propia sangre que había impregnado el viejo buzo que vestía y se había enfriado.

Tras los sucesos acontecidos, se sentía deprimido, y solo. Aquellas personas que tanto apreciaba que eran Gamel, su maestro y Kaira, su hermana en sentimiento, ya no se encontraban allí. Pero no importaba cuan mal estuviera, cuanto quisiesen golpearlo, no les diría si quiera una palabra sobre lo que buscaban. Igualmente le preocupaba que de alguna manera consiguieran que el delatara la ubicación de la dorada armadura. Hasta ahora había respondido bien y comprendía más sobre por qué tantos años había sido entrenado. Una técnica del tipo de la que el jefe de aquellos maleantes había usado, podría haberle obligado a brindar la valiosa información sin inconveniente alguno.

Observaba el frío suelo de roca sobre el que se encontraba, impregnado de la sangre de las numerosas personas que habían sido torturadas anteriormente, y de la suya propia que yacía como recordatorio de su promesa. Pensaba en que hacer, si podía llegar a dormirse, temía que de alguna manera dijera algo, jamás había hablado en sueños, pero siempre podía haber una primera vez.

Eso era...en su silencio estaba la respuesta, ¿pero a qué costo?

-No debo dudar, pero también tengo que evaluar las consecuencias a futuro-Se dijo el caballero, la manera de hacerse imbatible en ese reto era perder uno de sus sentidos, bueno, quizá dos, no obstante, pensar en lo que debía hacer, y lo que sería su vida –de poder continuarla-, lo ponía nervioso.

-Si no puedo hablar, no diré en donde se encuentra la armadura, pero tampoco lo podré informar en el santuario, en el caso de poder escapar. La otra opción que tendrán es la de hacerme escribir. Pero en el momento en que lo hagan, podré intentar huir. Si quieren a toda costa que les proporcione la información, harán lo posible por no matarme...

En ese caso, la decisión está tomada-Concluyó Daeru, y dio un suspiro, tras su análisis de la situación. Con eso estaría un paso más cerca de lo que en ese momento se consideraba, una tumba: silenciosa y triste, recuerdo de una vida que se fue.

Como si hubiese escuchado los pensamientos del prisionero, al rato, la antorcha se apagó. Dejando aquella escena como un espejo del interior del desgraciado.

Entonces miró melancólicamente hacia atrás, a una pequeña abertura que hacía de ventana a lo alto de la pared de roca, donde a través de esta se divisaba el nocturno cielo y las luces de colores verdes, violáceos y azules que danzaban en este con la alegría que al caballero le faltaba.

Tras esto quedó viendo entre la oscuridad hacia el techo… ya era hora.

Cerró los ojos, y dentro de su boca estiró tanto como pudo su lengua hacia un lado, que como un condenado a decapitación quedó bajo las muelas, que como una guillotina servirían para el bizarro propósito. No tenía intensiones de detenerse, sin importar el dolor, comenzó aquel sacrificio sin regreso atrás. Mientras con fuerza mordía al músculo, podía sentir dolor, así como el ferroso sabor de la tibia sangre que emanaba y que en hilos se escurría a ambos lados de su boca, para caer finalmente en el suelo, lugar al que momentos más tarde también fue a parar la amputada lengua.

Ya estaba…no había retorno… pero ahora el fluido escarlata no dejaba de emanar. No moriría por ello, ya tenía pensada una solución temporal, intentó levantar su ya debilitado cosmos y así comenzó a congelar la parte problemática. Después de aquello, súbitamente volvió a sentir como su cosmos se volvía más débil que antes.

-Tengo el extraño presentimiento que si dejo eso allí, todo esto podría ser en vano-Pensó mientras al tanteo intentaba tomar el trozo de sí que yacía inerte en el suelo con la boca, ya que las cuerdas que tenía atadas no le permitían usar los brazos. En cuanto lo logró, y aunque tampoco quería hacerlo, se la tragó.

Con un dolor casi que insoportable, vuelve a mirar hacía la pequeña abertura de la pared que mostraba el cielo. Creía y esperaba que aquello que había hecho fuese lo correcto...

-Gamel, Kaira, de haber sido posible, hubiese preferido ser yo quien sufriera su destino, y que ustedes sobrevivieran, en el caso de que no hubiese ocurrido esta situación, por eso espero que se encuentren en donde se encuentren, estén mejor. Por mi parte, también he muerto, aunque esté vivo, el Daeru que conocieron se fue con ustedes, como a la nieve que se la lleva el viento...

De todos modos, gracias por todo lo vivido, por más vacío que mi corazón se encuentre, esos recuerdos los atesoraré en lo más profundo de mi alma.

Continuaré hasta el final, en memoria suya…

Una última lágrima por ustedes, por quien fui, y no seré, es lo último que esta tumba puede hacer -Reflexionó sobre su plano meramente espiritual, entre la oscuridad y con la cabeza gacha, que con sus negros cabellos ocultaban sus ojos. Ojos, que al suelo dejaron caer el líquido y puro cristal, y que se mezcló con su sangre…

Entre tanto, Morten regresaba hacia el lugar por los fríos pasillos. Por si acaso debía ir hacia donde se encontraba Daeru, ya que el que se haya apagado la antorcha que allí había podría significar que el prisionero había escapado.

En la sala anterior a la que el desgraciado se encontraba sacó una antorcha de una caja de madera que estaba llena de estas. Y con el fuego de la que estaba en la pared, la encendió. Rápidamente yendo después de esto al lugar de los hechos.

No fue difícil percatarse de la sangre que desde los extremos de la boca corría en hilos que convergían en el mentón, lugar desde el cual el rojo fluido caía en gotas hacia el suelo. El maleante ya supuso de lo que se trataba. De modo que se acercó y miró hacia Daeru seriamente, la mirada que este le devolvía reflejaba melancolía y furia contenida. El malvado apoyó la antorcha sobre el sitio en el que estaba su predecesora.

-¡Desgraciado!, si no fuera porque sabes dónde está la armadura ya habría acabado con tu inútil existencia hace mucho-Gritó el maleante mientras tomaba al herido del cuello y con un violento golpe lo apoyaba contra la pared.

-Dime que no lo hiciste-Gruñó. A lo que el caballero respondió con una sonrisa, que terminaba de confirmar lo que ocurrió.

-¡En ese caso te va a pesar, vas a desear no haberlo hecho!-Rugió Morten y con un puñetazo en la mejilla lanzó contra la pared opuesta al ahora mudo. Después tomó el látigo que había dejado en un rincón y comenzó a azotarlo brutalmente.

Cada uno de los golpes abría dolorosas heridas, más al prisionero no le importaban los castigos que recibiera, ya nada de lo que hicieran sería peor tortura que haber visto a Keira morir a manos de quien ahora pretendía extraer una información que no le daría, sus lágrimas ya habían secado y no volverían a escurrirse.

Los latigazos no cesaban, y eran intercalados con puntapiés y golpes de puño, podía sentir el calor de la sangre que emanaba, humedecía y teñía de rojo sus viejos ropajes, y no podía hacer nada al respecto.

Le hubiese gustado que todo aquello fuese solo una pesadilla, más no era la realidad.

En algunos momentos esperaba a que el maquiavélico le diese un golpe fatal, para así acabar con todo aquel calvario, pero pensaba en que no podía ser tan cobarde y rendirse de esa manera. Debía de haber alguna manera de escapar. Aunque si intentaba contraatacar, no era seguro que el malvado lo dejaría así como así. Y podría morir fácilmente a manos de él.

De modo que a pesar de que no era una opción agradable, decidió recibir la golpiza sin oponer resistencia.

Morten continuó castigando al prisionero por lo que había hecho, además que de esa manera descargaba su furia y hacía daño a alguien que quería haber matado antes, pero por el tema de la armadura no podía hacer. Igualmente disfrutaba lastimándolo, y ya lo había logrado tanto físicamente como espiritualmente.

Daeru por su parte resistía como podía. Aquel extraño ataque que había usado el malvado -que parecía estar relacionado con su disminución abrupta de cosmos- además de la pérdida de sangre, el frío, y el dolor lo estaban llevando al límite de sus fuerzas. ¿Acaso su maestro ya sabía que debería pasar por algo así?, de ser así no lo culpaba, la razón de todo aquello justificaba tal sufrimiento. En carne propia estaba sintiendo lo mismo que le pasaría a miles de personas si por cobardía revelaba la ubicación de la armadura dorada de ofiuco. Podrían literalmente destrozarlo, mutilarlo, desangrarlo, amenazarlo de muerte, pero si con ello se evitaba que quien portara el ropaje matara sádicamente a inocentes, estaba dispuesto a enfrentar los riesgos.

En cierto momento, después de aquella breve golpiza, que al desgraciado le pareció más tiempo, el maquiavélico personaje se detiene.

-Bueno, lamento no poder continuar con esto, porque de hecho es muy divertido, pero el jefe ha ordenado que no te matemos. Ya vamos a encontrar alguna otra manera de que nos digas lo que queremos saber-Dijo Morten dando un puntapié en el estómago, que dejó a Daeru en el rincón que estaba antes de que llegara el malvado. Tras esto el maquiavélico sujeto se fue de allí. Tenía que informarle a Arsen sobre lo que había ocurrido, y de allí definir la estrategia que seguirían ahora que el prisionero no podría decir una palabra.

Entre tanto, el caballero solo podía observar el suelo donde algo de su propia sangre yacía, debía huir, ya sabía que tanto si se quedaba como si intentaba una fuga, moriría tarde o temprano, o al menos con la segunda opción tendría al menos una chance de sobrevivir. Pero primero debía soltarse de aquellas sogas que estaban atadas fuertemente en la muñeca y en los codos, y que le impedían el movimiento. Para ello debía depender de su escaso cosmos y de que este pudiese congelar y quebrar las cuerdas. Tenía que juntar fuerzas ya que a duras penas se pudo levantar.

Un cosmos celeste blanquecino comenzó a surgir a su alrededor, y comenzó a congelar tanto las ataduras, como el suelo a su alrededor. En cierto momento intentó golpear las sogas contra la pared, y estas volaron en cientos de pedazos de hielo. Pero su cosmos volvió a decaer y esta vez más debilitado de lo que se encontraba antes.

Tras haber conseguido liberarse, no podía quedarse en aquel lugar, si lo atrapaban, de seguro que esta vez lo sujetarían con más cosas, además que por el problema que estaba pasando, no se podía permitir seguir perdiendo cosmos de aquella manera.

Temblequeando consigue incorporarse, y se apoya contra la ensangrentada pared. Con mucho esfuerzo comienza a moverse, debía salir de allí. Por lo que tomó el camino contrario del corredor al que había ido Morten. En la sala contigua a donde había sido torturado estaba oscuro por lo que aprovechó para escabullirse. No obstante debía tener cuidado con no hacer ruido, y ver donde estaban los guardias.

Atravesó lo más rápido que pudo la sala, y tras llegar al otro extremo, se fijó para todos lados, y pudo ver al final del corredor una luz de antorcha y en el camino distinguió la figura de un guardia que se recortaba. Debía analizar qué hacer. Podría regresar y enfrentarse a la furia de Morten que sabía que volvería a intentar empeorar el infierno que estaba viviendo, o encontraba rápidamente una forma de intentar burlar al vigilante. En su estado no podía enfrentarse a él. O si no tenía otra, debía hacer un esfuerzo y medirse a él con su ya escaso nivel de cosmos, pero esto llamaría la atención de más centinelas y le quitarían la oportunidad de escapar.

Tenía que evaluar sus posibilidades, cuanto máximo, podría atacar una vez, cosa que sería demasiado arriesgada teniendo en cuenta su estado y comparándolo con el del guardia. La única escapatoria estaba quizá al final del corredor…pero en ese momento vio una pequeña abertura en la pared -como aquella en la que observó el cielo nocturno en donde antes se encontraba- que le dio una pequeña chispa de esperanza, si conseguía hacer un boquete más grande, era posible que escapara. Pero de todos modos, esta no se encontraba a una distancia segura, y aunque lo estuviera, el ruido al agrandar la abertura llamaría la atención.

-Tengo que pensar rápido… ¿qué prefiero? ¿Quedarme en donde estaba, o intentar huir?, ¿enfrentarme al guardia, o intentar abrir un boquete en la pared y escapar?-Pensó el muchacho, teniendo en cuenta que cualquiera de las decisiones podría implicar llegar al fin de su miserable vida–lo recuerdo…este lugar está dentro de una ladera, es lo que dijo el sujeto de máscara, por lo que puede ayudarme a escapar-hizo memoria -…entonces está decidido lo que haré, aunque deberé pensar si abro el agujero allí, o en donde me encontraba. A lo mejor la noche e incluso el poco cosmos que poseo me ayuden a escabullirme, aunque al ver mi estado, es difícil que soporte la temperatura del exterior….pero deberé de hacer el esfuerzo.

Si regreso, estaré quizá más al alcance de Morten, pero si me arriesgo aquí, estaré más cerca del guardia, aunque supongo que es mejor que la primera opción-concluyó.

De manera que costosa, pero cuidadosamente, comenzó a acercarse, amparándose en la oscuridad reinante.

-¡¿Quién está ahí?!- Gritó el soldado viendo hacia el lado donde estaba Daeru, tras el sonido de una caída que este intentó evitar producto de su débil situación. Se encontraba en problemas, sabía que una confrontación podría terminar en que lo volvieran a apresar. Tenía que pensar rápido. Lo único en ese momento que hizo fue guardar el más profundo silencio que pudo, y ponerse lo más cerca de la pared posible.

-¡¿Quién está ahí?! , ¡Qué responda!- insistió el guardia, sin recibir respuesta de ningún tipo. Ese momento fue crítico para la fuga que el caballero tenía pensada, debido a que aún desconfiando, el vigilante tomó la antorcha que estaba cerca de él, en la pared, y se dirigió con paso lento hacia donde estaba el prisionero. Si no se le ocurría algo, Daeru sería descubierto, y debería medirse ante el soldado.

Si esperaba, el desenlace sería obvio, si se acercaba también. Su única posibilidad estaba en juntar lo que le quedaba de sus mermantes fuerzas, y así abrir el boquete allí mismo.

De esa manera, con decisión comenzó a levantar su cosmos, lo que lo hizo totalmente visible, aún si el soldado no tuviese la luz de la antorcha.

Pero de todas maneras, destruir la pared que lo separaba de los helados campos, no era lo único que haría: De un momento a otro, liberó una honda fría desde su cosmos, que recorrió el pasillo, congelando al guardia, y el resto de este lo usó en invocar su técnica más poderosa, el infierno de hielo. Desde el suelo que lo rodeaba, se comenzó a formar nieve, que al agolparse formó una gran avalancha que chocó con violencia contra la construcción, y logró abrir un gran agujero.

La puerta de salida ya estaba abierta…

Tras la acción, el caballero cayó de bruces al suelo. No podía levantarse, estaba muy débil, pero de todos modos debía continuar. Así que casi que arrastrándose salió del lugar, y sin desearlo, al estar ya sobre la ladera, cayó, precipitándose velozmente hacia suelo llano. Más no podía quedarse allí, sino que debía seguir. Así que de manera demasiado costosa, casi que tortuosa, se logró incorporar entre temblequeos, y continuó su camino.

Ahora debía evitar que lo atraparan, y decidir cómo llegar hacia Grecia, aunque en el estado -que concordaba tanto física como espiritualmente- en el que se encontraba, le decía que era posible que no resistiera tanto.

- De tener más fuerzas me golpearía, no puede ser que no llegue hacia Grecia. Soy un fracaso, apenas hace poco me he convertido en caballero, y en la primera misión importante que es la de mantener esa información fuera del alcance de Morten y los demás, estoy muerto, o cerca.

Maestro, creo que te has equivocado, soy un deshonre para usted, para Athena, y la misma constelación del Pez Volador-Reflexionó Daeru, con su vista perdida en el cielo nocturno, mientras que a la vez avanzaba con dificultad.

-No obstante, me mantendré firme hasta el final, si ahora he de morir, no será rindiéndome hacia el enemigo, sino con la mirada en alto-Concluyó.

Sabía que a pesar de que no se percibiera sonido alguno del mar, o aunque no viera rastro de agua líquida que se reflejara -con las luces danzantes- en el horizonte, la costa no estaba tan lejos. A pesar de su resignación, no perdería nada más con ir e intentar llegar a Grecia. Le hubiese gustado que Gamel estuviera allí para indicarle el camino. Estaba desorientado totalmente, ¿las tierras a las que debía ir estaban muy lejos?, ¿Cuánto tiempo le llevaría la travesía?, ¿cómo haría para atravesar el mar?

Quizá era mejor dejar esas preguntas para después, si es que llegaba hasta la costa, porque eso no era seguro. Ahora en lo único que debía pensar era en alejarse del sitio en el que se encontraba.

No tuvo que caminar mucho entre la espesura de la noche, hasta que encontró una ladera. Para ahorrarse el caminar por un tramo así, se dejó caer, si no fuera por su débil estado, disfrutaría de aquella experiencia, ya que no estaría con tanto frío como en aquel momento.

Ya abajo, se volvió a incorporar de manera tortuosa, y continuó avanzando un tiempo más.

En ese lapso, por su mente pasaron muchas cosas que había vivido: la alegría que solía tener en compañía de su hermana y su maestro, que eran la única familia que había tenido, los momentos divertidos, aquellos quizá aburridos, las salidas hacia la costa para pescar, las largas caminatas acompañadas por el sol en verano, los entrenamientos, todo le parecía ya algo distante y añorable, pero que en un poco lapso de tiempo alguien pudo destruir.

También entre sus pensamientos regresó el de aquella extraña experiencia que tuvo tras el ataque que ahora estaba haciendo a su vida caminar al borde del precipicio. Como la esperanza había parecido regresar, para finalmente morir en un instante. Sin arrepentirse de la decisión que había tomado al aceptar aquella misión de su maestro, pensó que hubiera sido de él si la respuesta hubiese sido no. Si bien era posible que Gamel hubiese muerto por culpa de Morten, quizá Kaira estaría aún con vida.

¿Y qué tal si aquel grupo de sujetos diabólicos nunca hubiese existido?, ahora continuaría aquella vida alegre que se había ido.

¿Qué habría pasado si Athena hubiese vivido en aquella época?, eso no lo tenía entendido.

Largo rato pasó, hasta que divisó la costa. Ahora si podía ponerse a pensar que hacer.

Aunque de un momento a otro, percibió que alguien se acercaba. Debía apurarse, así que continuó su sufrida caminata hasta que se encontró cerca de la helada agua de la costa.

Los pasos en la nieve estaban cada vez más cerca, sabía que estaba siendo perseguido.

-¿Qué puedo hacer ahora?, ¿dónde esconderme?, si no estuviera tan débil los enfrentaría, pero cada vez que levanto mi cosmos es como si se redujera más-Pensó Daeru al detenerse porque tenía al gélido océano frente suyo, y una mediana capa de hielo sostenía su peso.

-Ya te hemos encontrado, ahora regresarás a la guarida quieras o no, tú única oportunidad de no ir allí será que de una vez por todas me digas en donde está esa armadura, claro que en tu estado podríamos eliminar esta opción-Dijo Morten que estaba unos metros detrás del caballero junto al soldado, ambos bloqueaban el paso.

Ahora Daeru se enfrentó otra vez a la incógnita de que hacer, había prometido por Athena el no debelar aquella información que sabía que si era obtenida, podría ser perjudicial para los demás. Aunque el que fuera una promesa, no era lo único que lo impulsaba a no indicar en donde estaba el ropaje, sino que también lo había asumido como una responsabilidad por la cual daría todo.

Tenía en cuenta que si moría en aquel lugar, no podría llegar con el patriarca en el santuario, y aquella información se perdería quizá para siempre. Por el contrario, si regresaba con los maleantes estaban las posibilidades de que de alguna manera extrajeran la información, más allá que ahora no había manera de que dijera una palabra, o que con tanta tortura lo matarían.

¿Qué debía elegir?, ¿ir con los delincuentes, o lanzarse al mar y morir congelado o devorado por algún animal?...

Su decisión estaba tomada, y no fue muy difícil...volteó hacia Morten y el soldado, y con la cabeza negó la propuesta. En su mirada se unían la furia por lo que le hicieron a Keira, y a Gamel, el dolor que esto suponía, y la impotencia por no poder haber hecho nada al respecto. Prefería tener una muerte llena de sufrimiento (que no era peor que su realidad), a brindar información a gente la cual sabía lo que era capaz de hacer en el nombre del mal, si aquel era su final, al menos el paradero de la armadura no llegaría a malas manos.

Entonces tomó una última y sufrida bocanada de aire y con un salto hacia atrás se lanzó al mar. Morten intentó evitar aquel suicidio por parte del caballero del pez volador, pero por su distancia no llegó a tiempo para tomarlo, y lo último que pudo ver del prisionero fue un resplandor en el agua, y una mancha de sangre que allí flotó, producto de las múltiples heridas que tenía.

-¡Maldito pescado volador!-Gritó el pelirrojo con furia, y es que ahora, la única fuente de aquella información había muerto, y con eso casi en un cien por ciento se había esfumado la posibilidad de conseguir la armadura de oro.

-¿Que haremos ahora?-Preguntó el secuas.

-Tendremos que dar la noticia, el idiota prefirió morir y hundirse en el olvido, no siento su cosmos...y ya estaba muy débil. ¡Que sea comida de los animales carroñeros!, ¡ahora vamos!-Dijo de mal humor el malvado sujeto.

Así, maldiciendo se alejaron, dejando atrás la costa, y la tumba de aquel caballero que a pesar de tener todo en su contra, pudo evitar, aun a costa de su vida, que aquellos malvivientes lograran sus oscuros propósitos…