Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.


[***]

[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)

cambio de punto de vista

"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos

Cursivas Recuerdos efímeros

"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje

* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)


[***]

Amor Silente

V

Ella se acercó a paso lento y con delicadeza se hizo un lugar en aquella ventana, tal y como sospechaba la vista era clara y perfecta…

[***]

—Te amo— le dijo ella sin vacilar ni un sólo instante.

Una pequeña frase, un sin fin de sentimientos desencadenados. La estrujó contra su cuerpo y de manera juguetona comenzó a besarla.

Ella rio con soltura mientras su cuerpo se desvanecía lentamente, por alguna razón estar con él la relajaba y hacia que se le olvidaran todos los problemas. Tal vez por eso era que siempre terminaban dormidos en los lugares más extraños, el jardín secreto no era la excepción, una vez que Sir Link comenzaba con sus juegos siempre terminaban en el césped recostados.

—También te amo— le dijo él con una gran sonrisa

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Link POV

El suave aroma de su piel me hacía enloquecer, sus lacios cabellos jugueteaban en mi cara y su linda voz me hacía ir al cielo.

La amaba tanto y disfrutaba estar a su lado, tanto que todo se me olvidaba, el hecho de que faltaran "tres días" y que la seguridad del reino dependiera de nuestras decisiones.

—"Esas cosas"— pensaba últimamente. —"Es todo tan injusto"

Pero en esos momentos los pensamientos habían desaparecido, ahí recostados amándonos mutuamente, la bese de manera ferviente hasta que la oí soltar pequeños gemidos, entonces sonreí, también le agradaba nuestro contacto, incluso por encima de la ropa sentir nuestros cuerpos tan cerca era agradable.

La mire directo a los ojos y como siempre le pedí permiso con una sola mirada, una mirada a la que ella asentía de inmediato con un cálido beso, mis manos recorrieron lentamente su cuerpo para acariciarlo. Me vire un poco para tratar de no aplastarla, nunca me daba cuenta de cómo o cuando sucedía pero de cierta forma siempre terminaba aprisionándola con mi cuerpo.

—"Tal vez sea el instinto"— pensé tratando de controlar el movimiento de mis caderas. Sabía muy bien que mi cuerpo buscaba desesperadamente al suyo. Pero aunque esas cosas me sacudían enteramente por dentro en mi mente y en mi corazón había algo mucho más importante, su seguridad y su felicidad.

No tenía idea de cuánto tiempo había pasado aunque no debería de haber sido mucho y tampoco era como si importara, podría haberme quedado ahí junto ella eternamente.

—Link— me llamó con voz un tanto extraña.

— ¿Que ocurre amor?— le dije con ternura deteniendo completamente a mi cuerpo para prestarle la atención debida.

— ¿No escuchas algo?...

[***]

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—Sir Link me está traicionando— su voz había sido como un bramido silencioso pero a la vez tan potente que el pequeño cuarto había quedado estremecido.

Ella lo miró de manera expectante y temerosa, nunca había escuchado tanto enojo en su voz ni visto tanto odio en su mirada.

Él nuevamente clavó la vista hacia aquel jardín al parecer Sir Link había tirado a su hija al suelo y ahora la provocaba para hacer cosas insanas, no la protegía sino que la guiaba por el mal camino de las tentaciones. A su vista aquella escena estaba clara como el agua, el caballero se estaba aprovechando de la princesa.

¿Y cómo no pensar eso?, si desde siempre su pequeña hija había sido muy ingenua.

—Esto se acabó— dijo de forma tajante.

El caballero que antes había visto la reina había vuelto con papel, pluma y tinta. La miró un poco asombrado y después de hacer una reverencia entregó al rey aquellos objetos. El hombre garabateó un poco y después de un rato clamó con voz firme.

—Que los escribas transcriban esto, y que las copias sean enviadas hoy mismo a los príncipes de los reinos vecinos, dígale al primer ministro que se encargue personalmente de supervisar esto, él bien sabe a quienes yo ya he escogido.

—Si alteza.

—En cuanto termine vuelva a mi lado, tengo una tarea para usted y para sus hombres.

Nuevamente asintió y volvió a salir por la puerta.

La reina miró a su marido. Un silencio sepulcral invadió el pequeño cuarto.

— ¿Porque tenía que ser él?— dijo con tristeza en la voz y rabia en la cabeza. — ¿Esto es lo que pasa cuando tratas a las personas como a tus hijos?

—No— contestó ella sin previo aviso.

Finalmente se viró para observarla.

— Daphnes, ¿Qué es lo que estás pensando?

—Nada— dijo secamente— sólo hago lo que debí de hacer desde un principio….

— ¿Vas a auspiciar una ceremonia de compromiso?

—Si…— volvió a decir secamente

Después la miró de forma extraña.

— ¿Cómo es que siempre sabes lo que pienso?

—Soy tu pareja, siempre debemos ir iguales ¿recuerdas?, aunque parece que durante mucho tiempo eso es algo que has estado olvidando. ¿Acaso te arrepientes. Daphnes?

—Por supuesto que no ¿Qué clase de locura es esa?

—Entonces ¿Por qué no me has llamado?, si no hubiera seguido al caballero, no sabría nada de esto, no me has consultado antes de enviar las cartas ni tampoco me has pedido opinión por adelantado… incluso cuando he estado a tu lado todo el tiempo.

Y por primera vez su cabeza descendió como no lo había hecho nunca…

—Lo siento— pronunció él— ¿Cómo puedo enmendarlo?

—También quiero elegir, también quiero tener una oportunidad de ver feliz a mi hija.

El silencio volvió a hacerse nuevamente en la sala mientras el rey visualizaba sus opciones, pero no había mucho que pensar acerca de ellas y de todas maneras a quien quiera que ella eligiera en nada las cosas cambiaria.

—De acuerdo— le dijo con una sonrisa sincera.

Se acercó para abrazarla pero ella mantuvo su distancia.

—Y también, — habló de manera lenta pero firme. — quiero que mi elegido tenga la misma oportunidad que todos.

—Así será— prometió el rey con voz solemne.

Finalmente ella levantó la mirada y le permitió acercarse.

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Zelda POV

— ¿No escuchas algo?

—No escucho nada— me dijo ronroneándome cerca del oído.

Pero los pasos fuera del jardín eran demasiado notorios.

—Link. Pon atención— le ordene.

Cerró los ojos por unos instantes y al abrirlos, su expresión se llenó de cierto recelo.

— ¿Qué estarán haciendo allá afuera?— dijo un poco molesto— es extraño que haya tantas personas en este lado del castillo.

—Sí. ¿No crees que haya pasado algo?

Movió la cabeza y negó efusivamente.

—No hay alarmas— me dijo con una sonrisa mientras me regalaba un beso.

Pero algo inquietante no me dejaba concentrarme, pase mi mano por su rostro y lo obligue a que nos irguiéramos.

— ¿Tienes miedo?, pero si estoy a tu lado, daría mi vida si es necesario para protegerte.

— ¡Cielos!, no digas eso, no me serviría de nada seguir viviendo si no estás a mi lado.

Se rio con algo de pereza antes de atraparme entre sus brazos y recostarme nuevamente en el césped, su cálida respiración chocó contra mi cuello y le acaricie la cabeza hasta que casi se quedó dormido sobre mi pecho.

Todo era tan perfecto hasta que de repente….

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¡Daphnes!, ¡QUE HACES!— gritó de manera un tanto asustada al ver lo que hacía su marido.

La bomba junto al muro estalló de manera estrepitosa y dentro del jardín Sir Link y la princesa se dieron un terrible sobresalto.

— ¡Rayos!— gritó el caballero poniéndose de pie de un solo salto. Tomó su espada que yacía en el piso y de manera ágil llevó a la princesa hasta sus espaldas.

La mortecina nube de humo se dispersó lentamente. Sir Link se puso en posición de ataque al ver aquel enorme agujero en muro.

— ¡No puede ser!, ¿¡de verdad hay enemigos en el castillo!?

Pero cuando la cortina de humo desapareció únicamente pudo ver ahí al rey y a la orden de los caballeros. Suspiró con cierto alivio y después vio a la reina con ojos mortificados.

—Alteza— dijo descendiendo cuidadosamente su espada.

Se acercó con pasos tambaleantes dejando a Zelda oculta tras el árbol y sólo después de corroborar que no se trataba de intrusos con algún camuflaje llamó con la mano a la princesa.

— ¿Papá, ¡Que te pasa estás loco!? Acabas de darme un susto de muerte— le reclamó al ver que uno de los caballeros llevaba en las manos un par de bombas.

—Los dos, salgan de ahí ahora mismo— clamó con voz firme pero sin gritarles.

Sir Link y la princesa salieron con pasos cautelosos y se reunieron con el rey a unos cuantos metros fuera de los muros del jardín "Secreto".

—Ven, Zelda— volvió a hablar.

La joven princesa se acercó un poco intimidada. ¿Qué rayos había sido todo eso?, ¿A su padre le había ganado la demencia?, ¿Por qué su madre se veía algo angustiada?

Llegó a su lado y él la tomó con firmeza del brazo.

—Sir Link… no sabe cuánto me decepciona— clamó con cierto odio haciendo que el caballero se estremeciera.

— ¿Qué?— profirió Sir Link tratando de hilar cabos

— ¡Arréstenlo!

— ¡¿Qué?!— gritó la princesa

Y en menos de lo que pensaba se le había echado encima para atraparlo.

—Majestad ¿Qué está haciendo?— dijo el pobre Link algo asustado. Sus pensamientos se arremolinaban en su cabeza y de un momento a otro comprendió lo que pasaba. De alguna forma él y la princesa habían sido descubiertos.

—Llévenlo a la sala de los juicios.

— ¿¡Papá que haces!?

—Es un traidor del reino. Lo acuso por tratar de seducir a mi única hija.

—No por favor detente no es lo que piensas— clamó ella tratando de zafarse de su imperante agarre.

La reina cerró los ojos mientras sus parpados se estrujaban con cierta fuerza.

—Majestad, por favor permítame explicarle— decía Sir Link mientras los demás caballeros se lo llevaban a rastras.

—No hay nada que explicar Sir Link, lo vi con mis propios ojos. Me duele en el alma que precisamente sea usted un traidor, pero si quiere saber su condena de una buena vez, estoy dispuesto a decírsela.

El corazón le latió muy fuerte, tanto que estaba seguro que se escuchaba en todos los jardines, miró a la princesa Zelda todavía tratando de zafarse y suplicando a su padre con la mirada para que éste se detuviera.

— ¡Esta condenado al exilio!— clamó el rey en voz sonora.

Algunos de los caballeros presentes sintieron escalofríos al escuchar semejante palabra, la mayoría consideraba que aquello era la peor de las deshonras, incluso peor que la muerte.

—En consideración al reino y a los años en los que me ha servido, le perdonó la vida. Pero no puede quedarse en Hyrule. Además mi esposa me ha suplicado que le dé una prórroga de tiempo para que empaque y se vaya sin dejar ningún pendiente.

— ¡Papá!, por favor no, no. — pidió la princesa con voz ahogada.

El corazón de Sir Link se quebró al ver sus ojos tristes y suplicantes. Lo había arruinado todo y posiblemente a causa de algún descuido el cual no sabía en qué momento había cometido. ¿A caso había estado tan ensimismado en sus propios sentimientos como para no darse cuenta de las miradas insistentes de los caballeros y los guardias? No, no era eso. Un caballero a su lado lo miraba con cara burlona.

—"Envidia"— pensó mientras un odio profundo se gestaba en sus entrañas—"Sir". "Si tanto deseabas mi título te lo hubiera regalado".

Era cierto, había varios caballeros que no se conformaban con ser eso, ellos querían ser los primeros, pero lamentablemente sólo podía existir un "primer caballero de Hyrule". Sin Lugar a dudas Sir Link les estorbaba, sólo esperaban la oportunidad para que el ingenuo enamorado cometiera algún error en sus pasos.

—De todas formas llévenlo a la sala de los juicios que esto debe ser dictado ante el consejo— habló nuevamente el Rey Daphnes. — ¡Y ustedes!— clamó dirigiéndose a los seis que traían en las manos las bombas.— terminen de dinamitar ese muro que no quiero volver a verlo nunca.

La reina se llevó una mano al pecho, no podía creer que su marido se hubiera perdido entre tanta rabia.

— ¡Zelda!— gritó Link a lo lejos mientras lo arrastraban. Nuevamente ella trató de zafarse.

El rey negó con la cabeza y se la entregó a dos guardias.

—Al calabozo del hielo.

— ¡QUÉ!— Gritó la reina sintiendo que el aire se le iba. — ¡DAPHNES!, ¡POR LAS DIOSAS, NO ESTAS HABLANDO EN SERIO!

—Este es un castigo, ella también debe aprender a respetar las leyes de nuestros ancestros.

La princesa Zelda se quedó pasmada. ¿Acaso eso era cierto?, ¿de verdad su padre planeaba encerrarla? ¿DE VERDAD IBA A DESTERRAR A SIR LINK Y APARTALO DE SU LADO?

—No te preocupes cielo, sabes que no es un calabozo en serio, y además voy a liberarle en dos días cuando deba ir a la fiesta de compromiso.

Las palabras de su padre rebotaban en su cabeza de forma desfigurada, no entendía nada y se sentía muy confundida. El calabozo o lo que fuera era lo de menos, a lo lejos en la distancia volvió a escuchar como Link la llamaba y una amarga lágrima se escurrió escapándose de sus ojos.

—No se atrevan— dijo con firmeza la reina interponiéndose en el camino de los guardias.

Los dos hombres se detuvieron.

Ella no podía creer que su marido hubiera llegado tan lejos, lo de Sir Link era de esperarse, volar el jardín secreto, eso había sido cruel pero encerrar a su hija era DEMASIADO.

—Ya basta— dijo el rey al ver la actitud que había tomado su esposa, la atrapó por un brazo y también se la llevó al castillo a rastras.

Los dos guardias que antes se había detenido siguieron su camino.

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Zelda POV

No podía creer que esto estuviera pasando, la voz de Link seguía en mi cabeza, también tenía ganas de gritar y clamar su nombre pero mi voz me había abandonado.

La pequeña ventana al ras de la superficie filtraba la poca luz de la luna, y la tenue oscuridad acompañaba mi llanto.

—"El calabozo del hielo"— pensaba hasta cierto punto en manera burlona.

Ciertamente la habitación se encontraba bajo tierra en los niveles subterráneos de castillo, pero no era un verdadero calabozo. Era el lugar en donde los reyes castigaban a sus hijos, pero no tenía nada de torturante, había una cama muy cómoda y una estantería con una pequeña colección de la biblioteca.

—"Hielo"— pensé nuevamente con sorna— "Que pésimo nombre"— clame para mis adentros.

A algún desequilibrado le había parecido gracioso ponerle de esa manera. "Es en donde se cumple la ley del hielo" solía decirme mi padre y me asustaba con esas cosas cuando era mucho más pequeña.

—Princesa. ¿Desea que le encienda los candiles?— habló uno de los guardias que custodiaban la puerta a través de una pequeña ventanita con barrotes

Me negué a contestarle, mire los grisáceos muros construidos con roca ígnea y nuevamente una lagrima se derramó por mi mejilla. Estaba atrapada y no podía hacer nada. ¿Y si Link ya se había marchado?

¿Me había quedado sola?

Un pequeño dolor punzante comenzó a recorrer mis rodillas, me había quedado ahí en el frío piso sin hacerle el menor caso a la cama.

—Link— volví a susurrar entre gimoteos, no podía creer que de verdad todo hubiera acabado de esa manera y justo cuando acabábamos de prometernos que estaríamos juntos toda la vida.

Una voz furiosa se escuchó afuera de la estancia y en momentos pude oír claramente como esa persona entraba azotando la puerta…

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Estaba realmente furiosa, había peleado con su marido por habérsela llevado a la fuerza, tomó una llave que guardaba en su cómoda y sin decir palabra fue y se encerró en su habitación privada. El rey le tocó la puerta durante cerca de una hora pero ella indignada se negó a abrirle negándole así el paso.

La tarde transcurrió lentamente y cerca del anochecer salió con cautela evitando hacer ruido con la puerta, cruzó los pasillos de manera rápida con esa agilidad gatuna que siempre la había caracterizado y al pasar cerca de aquella estancia vio como Sir Link por fin había sido liberado, dos guardias lo acompañaron hasta su habitación y después se retiraron con algo de cautela.

Respiró con algo de calma pues a pesar de todo su marido había respetado aquella prorroga.

Bajo a los niveles inferiores y al entrar en el pasillo que conducía al "calabozo de hielo" apartó bruscamente a los guardias.

— ¡Majestad!

— ¡FUERA!— gruñó con voz firme y amenazadora

Los guardias que custodiaban aquella "Celda" se apartaron de inmediato.

Buscó con la mirada la llave y al encontrarla colgada en uno de los cinturones de los guardias se acercó fieramente y la arrebató de su sitio sin siquiera pedir permiso.

Al pobre guardia literalmente se le cayeron los pantalones y salió de aquella bochornosa escena sintiendo la vergüenza más grande de su vida.

— ¡FUERA!— volvió a gruñir con ojos realmente amenazantes al ver que dos de los guardias se apostillaban contra la puerta.

Ese había sido su último intento antes de que la reina Ariane los hiciera salir despavoridos como perros con el rabo entre las patas.

Abrió la puerta y le dio un empujón tan brusco que está literalmente términó azotándose contra las paredes de la estancia.

Adentro la princesa Zelda estaba arrodillada en el piso llorando.

— ¡Mami!— clamó al tiempo que se levantaba y corría hasta sus brazos.

—Ya cielo… no llores, te tengo.

—Mami, me quitaron a mi Link— le dijo llorando.

—Ya sé cielo, vamos, vámonos.

La abrazó fuertemente estrechándola contra su pecho y la sacó de aquel sitio.

—Una palabra de esto y todos juntos se van a la horca— amenazó a los guardias.

Los pobres hombres tragaron saliva y se quedaron temblando mientras la veían desaparecer por los pasillos.

Caminó de la manera más rápida que pudo y se llevó a la princesa cautelosamente por los pasillos hasta llegar a su habitación privada, una vez adentro la sentó sobre la cama y le tendió la llave de la puerta.

—Por favor, no salgas. Enciérrate con llave hasta que pueda hablar con tu padre.

Zelda se limpió las lágrimas y asintió con la cabeza.

— ¿En dónde está Link?

—Todavía está en el reino pero no sé si podamos hacer algo, el consejo ya lo ha juzgado y seguramente a más tardar mañana tendrá que abandonar Hyrule, si es que no quiere enfrentarse a la horca.

—Es mi culpa— dijo derrumbándose

—No cielo, esto no es tu culpa, es culpa de las leyes de los hombres y también de la avaricia— añadió recordando el rostro de aquel caballero. Sin importar los resultados, en cuanto terminara todo aquello sin dudar un segundo ella misma lo despediría.

—Es mi culpa— volvió a decir cubierta de llanto.

—El deber de los caballeros es cuidar de la realeza, no seguiré tolerando esto. Por favor enciérrate, mañana te busco.

Fueron sus últimas palabras antes de cerrar la puerta y dirigirse a la habitación de su marido.

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Zelda POV

Las palabras de mi madre me hicieron pensar en una sola cosa.

"Todavía está en el reino"

—Todavía está en el castillo.

Solté las llaves que me servirían para cerrar la puerta y salí de ahí de manera apresurada.

—"En el castillo"— pensaba— ¿Dónde?— me susurraba a mí misma.

En esos instantes todo estaba confuso en mi cabeza, pero recordé algo, mi madre me había dado las llaves por una sola razón, y esa era evidentemente que yo no debería de estar fuera, se suponía que estaba en el "calabozo".

—Nadie busca en los lugares obvios— me regañe mentalmente después de haber hurgado en varias de las habitaciones. — si se supone que estoy encerrada, entonces mi padre de seguro no le vio el menor problema en dejar a Link en su cuarto. De verdad que soy tonta.

Me escabullí entre los pasillos y milagrosamente burle a la mayoría de los guardias, al llegar al piso en donde se encontraba la habitación de Link camine con mucha cautela.

— ¿Por qué aquí no hay guardias?— susurre de manera bajita.

Una extraña imagen se había pegado a mi mente, en los pisos inferiores había visto grupos enteros de hasta tres en cada esquina.

—Cobardes— musite sintiendo cierto dejo de rabia. Seguramente tenían miedo de que Link les hiciera algo, después de todo lo habían condenado al exilio por traición pero no precisamente eso lo convertía en un criminal y según las leyes del reino bajo ese castigo no podían mantenerlo ni cautivo ni atado.

Toqué con suavidad la puerta esperando a que solamente él fuera quien me escuchara. No hubo una contestación inmediata y comencé a preocuparme. ¿Y si no estaba ahí? ¿En dónde iba a buscarlo?

Posé mi mano sobre el picaporte y lo gire de manera quedita esperando a que no produjera ningún ruido, pero mis intentos fueron fallidos, la cerradura estaba con llave y al tratar de abrirla sentí con escalofríos que el pestillo había provocado un ruido estruendoso.

—Link— susurré tratando de no elevar demasiado la voz.

Unos leves pasos se escuchaban a corta distancia y tras las esquinas de los pasillos se dibujaban numerosas sombras.

—"Guardias"— pensé con mucho miedo.

Inconscientemente había dejado las llaves que mi mamá me había entregado, si alguno de ellos me veía seguro que me devolvía al calabozo y aunque corriera de vuelta a aquella habitación privada seguramente no me daría tiempo de buscar las llaves para poder cerrar la puerta.

Mi espalda fue a dar contra la entrada de aquel cuarto, no sabía si correr o seguir insistiendo, posiblemente Link no se encontraba ahí adentro o de lo contrario ya habría acudido a mi llamado.

Tragué saliva cuando vi aumentar de tamaño a aquellas siluetas y casi exhale un grito al sentir que el soporte de mi espalda desaparecía.

Pero algo me había cubierto la boca, lo siguiente que vi fue que la puerta se cerraba delante de mí y que una suave mano estaba posada sobre mi rostro.

—Shhh— me dijo también con mucho miedo.

Los pasos se detuvieron tras la puerta y una voz ronca se escuchó al otro lado. Aquellos brazos protectores me ocultaron tras la puerta (en ese típico punto ciego en donde casi nunca nadie buscaba) y después él la abrió con cierta parsimonia.

Pude escuchar como la voz del otro hombre resollaba palabras de una manera un tanto inteligibles. Amenazas, blasfemias y también uno que otro insulto. El corazón se me partía a pedazos, estaba casi segura de que en cualquier momento uno o varios de ellos terminarían por echársele encima.

El temblor de mi cuerpo me hizo perder un poco la calma, pero mi corazón volvió a latir normalmente cuando él decidió encáralos de manera fiera.

Al parecer aquellos hombres no se lo esperaban pues al igual que muchos en el reino siempre habían tenido aquella imagen en la cabeza que representaba a Sir Link como un joven sereno, manso y tranquilo, al cual podían decirle cualquier insulto sin el menor miedo a que él les respondiera.

Sin embargo hasta cierto punto también estaban conscientes de su fuerza, después de todo no por nada se había convertido en primer caballero, y además, ¿Por qué otra razón irían a buscarlo en grupo? ¡Cobardes!

Dio unos cuantos pasos al frente y el grupo entero salió corriendo.

—Tsk— escuché que mascullaba, nunca en mi vida lo había escuchado rechistar de esa manera, aunque tampoco había tenido la oportunidad de verlo pelear en serio.

Cerró la puerta de un sólo golpe y después dejó escapar un suspiro.

—Link— lo llame y él se viró de inmediato.

Lo atrapé entre mis brazos y él me envolvió entre los suyos. Las lágrimas se me salieron, por unos momentos más y pensé que no iba a volver a verlo en mi vida.

Me dio un beso en la mejilla y después pasé mi mano derecha por su cabello, había algo extraño se sentía húmedo y un poco viscoso pero no le di importancia, lo atraje hacia mi rostro para darle un beso en la boca.

Un sabor metálico me sacó cierto desconcierto. Fue entonces cuando puse atención a su rostro, el corazón me dio un brinco y las lágrimas se me salieron de los ojos.

—¡Por el amor de Nayru!, Link ¿Qué te paso? ¿Qué te hicieron?...

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Continuara...

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Comentarios de capitulo:

huy! creo que las cosas se han puesto un poco feas para el pobre Sir Link, ¿De verdad los caballeros serán sus enemigos?

bueno tendrán que esperar al siguiente capitulo para descubrirlo xD.

Ven alguien si noqueó a alguien, bueno no precisamente pero...jajaja pobre guardia, que la reina le haya bajado los pantalones creo que eso nunca se le va a olvidar. (diosas soy muy mala)