Nubarrones sobrevuelan sobre un pequeño poblado con casas humildes de madera en la oscura noche, los susurros del viento, eran lo único capaz de oírse, el resto era solamente un tenso silencio.

No podía divisarse actividad alguna fuera de las viviendas. Incluso parecía que aquello era un pueblo fantasma.

En una colina a bastante distancia, alguien observaba el lugar de tétrico ambiente.

Sentía temor, miraba hacia todas las direcciones con nerviosismo, ¿es que podrían atacarle?

Pero no encontraba ningún indicio, solo un silencio sepulcral, interrumpido por el sonido del viento, y las hojas de los árboles que se mecían.

A pesar de aquello tenía una sensación muy extraña, era como si sintiera un aroma a muerte en el aire, de sangre y cadáveres putrefactos.

De un momento a otro, el pueblo estalló en llamas, como si no hubiese razón para aquello que sus ojos veían. Y estaba allí en medio del siniestro...por las puertas de las casas salían cientos de personas que corrían por sus vidas. ¿Qué estaba ocurriendo?, el sujeto intentó dirigirse a alguno de los sitios para brindar ayuda. Pero era como si no estuviese allí, los aterrorizados residentes huían e incluso lo llegaban a traspasar, como si fuese un espectro.

Entre medio del caos, una sombra de ojos rojos brillantes se divisa, acercándose en la misma calle de piedra en donde estaba parado el observador. Un sudor frío corrió por la espalda de este, y su temor se transformó en terror. Todo lo que estuviese entre él y el diabólico ser se movía en cámara lenta y era difuso. Con pánico intenta en vano escapar, pero no podía moverse, solo observar como el sombrío ser se aproximaba, portando una especie de báculo largo con tres puntas en un extremo.

Sus miradas se cruzaron, el corazón del aterrado observador latía cada vez más fuerte mientras apreciaba la malicia de esta, lo sabía: era el causante de aquellos estragos.

De repente, cuando ya estaban frente a frente, el arma del oscuro ente apuntó hacia donde se encontraba el sujeto, y lanzó el ataque.

Con la angustia al máximo, lo último que el recipiente sintió fue la cálida sangre que brotó de su pecho…[/I]

Es un día normal en el Santuario, situado en Grecia, un gran lugar con mucha arquitectura típica, las columnas de las construcciones de roca eran de gran diámetro, finamente talladas, y que soportaban el peso de los techos horizontales del mismo material, puestos a gran altura, que muchas veces presentaban detalles estructurales, tales como bellas cúpulas.

A los alrededores había muchas personas que entrenaban en batallas entre sí, o simplemente golpeando rocas.

Cerca del sagrado lugar, se encontraba el tranquilo pueblo de Rodorio, lugar donde muchas personas convivían de manera pacífica, y en ese momento, muchos se encontraban en sus labores diarias.

Al costado de una de sus pintorescas calles, se encontraba un grupo de cinco pueblerinos, hablando de diversos temas, cuando algo les llama la atención: Un hombre de ropajos color marrón, con casco de cuero y cuya sombra tapaba su rostro, transitaba, para así tocar la puerta de una humilde casa en la acera del frente. El sujeto era un soldado proveniente del Santuario.

Al abrirse la puerta, aparece una figura alta que al salir del sitio en donde estaba, se revela que era un hombre joven de largos cabellos castaño claro, ondulados. Sus ojos de color miel brillaron al reflejar la luz del sol. El tipo que presentaba un corte de bigotes elegante, se dispuso a oír lo que el visitante debía informarle. Mientras tanto, la brisa que pasaba por el camino mecía la larga túnica blanca que vestía.

El mensaje fue corto y claro, y los vecinos reunidos pudieron oírlo, la presencia del joven era requerida por el patriarca del santuario a la brevedad. Estos en ese momento no hicieron comentarios al respecto, solo observaron disimuladamente como tras su breve estadía, el soldado se retiraba, siguiendo el mismo camino por el que había llegado, y como el castaño muchacho –previamente dado un saludo a sus observadores y colindantes- regresaba a la pequeña vivienda.

-¿Por qué razón será que el patriarca requiere a Gamel?-Preguntó uno de los presentes.

-Quizá necesite mandar a algún sitio a alguien para recabar información-Sugirió una anciana del grupo.

-Recuerden que hace pocas semanas se convirtió en caballero-Recordó una señora quien al parecer, antes del encuentro había estado barriendo, por la escoba que llevaba en su mano.

-¿No es tan pronto como para una misión?, ¿qué tal si muriera?-Dijo un canoso que trabajaba de zapatero.

-¡No!, ¡por Athena!, espero que no suceda, al menos por ahora, es un buen vecino-Reprochó la gorda de escoba, mientras el resto apoyaba la idea.

-Parece que para eso están, aunque últimamente no ha habido mucho movimiento desde el Santuario-Respondió el primero de los parlantes.

-No puede ser que estén para morir, es cierto que muchos de ellos no llegan a viejos, pero si esto sucede es porque siguen sus principios-Aclaró una señora escuálida que al parecer, también era ama de casa.

-De todas maneras es triste oír que gente así muera, y más aún siendo jóvenes, que aún les queda mucha vida por delante-Manifestó la de mucha edad.

-Aunque es por los demás-Dijo brevemente el viejo.

-Es una pena que después de llegar hace un tiempo de las tierras en que entrenaba, ya pueda tener que irse-Expresó una.

-Vino desde una isla en el norte que se llama Svarvard, dicen que tuvo de maestro a un dragón de hielo-Comentó el anciano.

-¿Un dragón?, no bromees, solo deben ser rumores-Dijo la barredora.

-Es cierto, dicen que ese dragón es el menor de tres hermanos, el mayor vivía al sur de Noruega, y el intermedio en algún desierto de áfrica, y estos últimos eran un dragón de tierra y un dragón de fuego-Aclaró la más flaca.

-¿Cómo puede ser que un dragón entrene a un humano?-Expresó aún escéptica la gorda.

-Dicen que su mejor amigo también fue entrenado por un reptil de estos, y justamente en un desierto-Dijo la vieja al percatarse que a unos cuantos metros en la acera de enfrente, estaba este, contra un árbol y contemplando el cielo.

Por un momento todos quedaron en silencio, y observaron al curioso personaje. Su cabello azul claro era corto, aunque enfrente, a los lados de su cabeza dos mechones más largos eran mecidos por el viento. Su extraña y armoniosa mirada de colores celeste y verde agua reflejaba los rayos del sol, mientras veía unas aves en las alturas pasar. En su frente –y a modo de cejas- tenía dos medianos óvalos de color bordó, estos estaban enmarcados en un rostro de rasgos más bien delicados.

Por su manera de vestir, podía adivinarse que no era de aquel lugar de Europa –o al menos eso suponían-, llevaba una camisa gris estilo oriental, y en los bordes de esta era de un claro y apagado verde. Los pantalones eran del color predominante de la anterior. Colgado de su cuello por una fina cuerda negra llevaba un pequeño pedazo de un mineral violáceo y transparente.

-Solo son cosas que dicen, aún no puedo creerme algo así, menos viendo a alguien como él, ¿cómo es posible que alguien tan tranquilo sea entrenado por una bestia de esas?-Insistió la de la escoba, mientras volteaba disimuladamente hacia donde estaba el objetivo de su última frase.

-Puede ser como dices, quien sabe…-Concluyó el anciano para así acabar con el debate.

La puerta del lugar en el que estaba Gamel, se abre, y este sale, para después cerrarla. En aquel momento no se había percatado de quien se acercaba, quien no era ni más, ni menos ese amigo que hacía un rato estaba bajo la sombra de un árbol cercano.

-Hola, ¿cómo te ha ido?-Saludó cordialmente este, mientras el tomado por sorpresa se sobresalta.

-Hola Telos, casi me matas de un susto-Rió el castaño, mientras se apoyaba en la puerta de madera, dando un respiro tras el sobresalto.

-Lo siento mucho-Se disculpó el peliazul.

-Descuida…¿qué te trae por aquí?-Preguntó entonces el de ondulados cabellos.

-Me enteré que también te convocó el patriarca-Respondió su amigo.

-¿A ti también?, me pregunto para qué será que nos necesita…-Expresó Gamel.

-Solo hay una manera de averiguarlo- Concluyó su interlocutor.

Así, tras saludar ambos con la mano a los reunidos vecinos, se alejaron del lugar, con destino al Santuario. Dejaron atrás al grupo de los que charlaban, quienes tras devolver el gesto de despedida, siguieron hablando entre ellos.

-¿Y?, ¿Qué has hecho últimamente?, estos días se te ha visto poco, por no decir nada-Preguntó el castaño.

-Pues…tras la puesta en duda de alguien sobre el tema de la armadura de cerberos ante el patriarca, y ante la insistencia, me mandaron a tierras lejanas y desoladas por varios días. Si demostraba que podía sobrevivir ese tiempo, entonces era posible que dejaran las dudas a un lado-Respondió el peli azul.

-Que sucios…ganaste la armadura limpiamente ¿y aún dudan?, el patriarca estoy seguro que no tiene dudas, y es lo importante.

¿A dónde te mandaron que pudiese ser más desolado que aquel desierto en Libia, donde estuviste mucho tiempo?-Dijo Gamel, sonando algo indignado.

-No hay problema en que duden, no a menos que defraude a quienes confiaron en mí, cosa que intentaré no hacer –Explicó el lemuriano –No es más desolado…bueno…quizá sí, era un lugar de bellos paisajes blancos, al sur, lejos de aquí, llamado Antártida-Agregó refiriéndose a la pregunta que le había sido formulada.

-Debió no haberte agradado mucho ese sitio, es el infierno de los vegetarianos, porque no crecen plantas, o eso al menos adentrándose en el lugar-Expresó el castaño.

-En ese sentido, tienes mucha razón, hay que recurrir a la caza, eso fue lo único que lamenté-Dijo el de extraña mirada -¿Y tú que has hecho?-Preguntó.

-Nada en especial, solo he estado entrenando más en el santuario, y cuando no estaba en eso, simplemente leía u observaba unos planisferios-Respondió el de ojos color miel –es como si todo estuviese en calma, que en el santuario se sigue con la misma rutina todos los días, es bueno porque de otra manera estaríamos enfrentando a alguien, pero también es aburrido en cierto modo, aunque tengo un mal presentimiento, muy malo, como si esta calma no durará mucho, he tenido pesadillas en las que alguien que desconozco causa caos-Comentó, a lo que su amigo se detuvo, y por un momento contempló el cielo.

-Hay que estar alerta entonces, cuando eso te sucede, es que en verdad no se vienen buenos tiempos, pero como una nube en el cielo, no estará por siempre en un mismo lugar, al final desaparecerá, para dar lugar al cielo azul. Así mismo, el mal que llegue no estará por siempre, y desaparecerá, dejando solo al bien-Dijo este, observando una nube gris que anunciaba lluvia.

-Estás en lo cierto, me gustaría advertir eso en el santuario, ¿pero quién me creería?, dirían que sería de locos creer en pesadillas de alguien como yo. Si tú me crees, es porque sabes el origen de esto-Lamentó Gamel, sabiendo lo que le dirían en el santuario al respecto de aquel muy mal presentimiento.

-Podrías plantearlo con el patriarca, a lo mejor te cree. Y si no lo hiciera, te ayudaré a convencerlo.

¿Te ha sucedido por aquella perla que el maestro te dio antes de morir, no es así?-Preguntó Telos después de dar unas palabras de ánimo.

-Creo que sí, aunque pensar en que llevo una perla en la cabeza que siquiera se en donde está, recordar al maestro, y pensar que ya pasaron más de quinientos años desde ese día, me pone un tanto triste-Volvió a lamentarse el castaño.

-Regeru, el wyvern de tierra, el mayor de tres hermanos, nuestro primer maestro, y al que le debimos mucho. Tienes razón, hace mucho tiempo que partió, pero no está muerto, su recuerdo sigue vivo-Respondió el muviano.

-De todas maneras me gustaría que estuviese aquí, para ayudarnos en lo que venga, si es que ese presentimiento es cierto-Suspiró amargamente el de ojos color miel.

-Está con nosotros, quizá no lo podamos ver, pero allí está dentro de nosotros-Reflexionó el peliazul apoyando su mano derecha en su corazón. Gamel por su parte, no respondió, simplemente recordó aquellos viejos tiempos, que a pesar de que hayan sido hace muchísimos años, le parecía que hacía poco lo había visto por última vez.

-Hace casi un mes que ganamos las armaduras, a decir verdad fueron batallas difíciles…bueno…tú lo hiciste ver sencillo- Cambió de tema el lemuriano.

-Sí, recuerdo ese día…-Respondió el castaño, de ese modo, comienzan a recordar lo acaecido…

El cielo se veía de un celeste intenso, la actividad del santuario difería a lo corriente, no se divisaban personas entrenando, era como si la mayoría hubiesen desaparecido. Solo se veía de tanto en tanto algún soldado que vigilaba.

En algún lugar entre las sagradas edificaciones, se siente el sonido de varias voces hablando sin orden, en torno a una plataforma circular con gradas de roca a su alrededor. La razón era que se estaban llevando a cabo luchas, para determinar quiénes serían los nuevos portadores de varias armaduras que en sus relucientes cajas de bronce o de plata permanecían en un elevado sitio, donde estaba parado un sujeto de larga y abultada túnica blanca de bordes rojos que observaba. Llevaba una estola verde, con detalles dorados, un casco del mismo color, cuyo principal detalle era una especie de dragón que tenía arriba, y un adorno que cubría la parte inferior del cuello también dorado, con una piedra celeste al medio, y pendiendo abajo el ornamento, otra rosa. Así mismo llevaba un gran collar con cuentas color verde, celeste y rosa. Lo más misterioso del personaje era su rostro, que estaba cubierto por una máscara inexpresiva de un verde oscuro.

Entre medio de todos los aspirantes a caballeros y los maestros de estos, lejos de destacar, se abren paso dos amigos quienes también buscaban lo mismo que el resto: obtener una armadura. Estos simplemente charlaban, a la vez que escudriñaban entre la gente, con el propósito de encontrar un lugar desde donde observar las batallas, y es que habían llegado con el evento ya empezado, pero sin que esto significara que retrasara en algo las cosas, simplemente habían llegado hacía muy poco de sus respectivos lugares de entrenamiento. El más alto y de cabellos castaños, desde el norte de las islas Svardvard en Noruega, el otro de apariencia gentil, desde algún lugar del desierto del Sahara en Libia.

-Pensar que hoy es la primera vez en tres años que nos vemos, y para este acontecimiento-Recordó el castaño, mientras se hacían un lugar entre medio del grupo de personas.

-Estás en lo cierto…aunque no estoy seguro de que hacer. No quiero herir a alguien solo por el hecho de que es lo necesario para obtener la armadura, no es el motivo como para algo así-Manifestó el peliazul.

-¿Sabes algo?, eso es algo por lo que desde el día que partimos por distintos rumbos me he preocupado. Desde el primer día en que nos conocimos supe que tenías deseos de ayudar a los demás, cuando decidimos entrenar para luchar por Athena, y me enteré de lo de hoy, siempre supe que dirías algo así. Sin embargo, no está dicho en ningún lado que en las batallas deba correr sangre. Así que puedes pensar en alguna manera para ganar, sin que implique lastimar, o al menos mucho-Explicó el de ojos color miel a su amigo.

-Ya se me ocurrirá algo, aunque al fin y al cabo, lo que importa no es desde que lugar luches por Athena. Da igual si eres caballero, soldado, o un pueblerino más, porque cada quien aporta lo suyo, aunque no sea evidente-Sonrió este.

-De todas formas, si no das lo mejor, al menos no hagas que la batalla sea fácil para tu rival. Quizá estando en cualquier lugar sin importar si eres caballero o no puedes ayudar a la diosa, pero ten en cuenta que si logras conseguir esa armadura, podrás cumplir con el objetivo que te pusiste, y además te ayudará a luchar por los demás-Sugirió Gamel, mientras observaba una de las peleas.

-No, no me dejaré vencer, hacer eso no sería una buena manera de ganar la armadura para quien deba luchar conmigo, además, tienes razón, sería de mucha ayuda, pero tampoco hay que obsesionarse con la idea-Respondió Telos, al tiempo que desviaba su mirada, hacia el cielo, mientras tanto, parecía que el castaño se pusiese tenso por algo.

-¿Has oído eso?-Preguntó este, al tiempo que su rostro no ocultaba que lo que fuere, no eran buenas noticias.

-¿A qué te refieres?, disculpa, es que me distraje…-Respondió con calma el lemuriano.

-Escuché a alguien comentar que tu rival se ha adelantado, y ya ha matado a los otros cuatro aspirantes a la armadura que buscas, al parecer su perfil concuerda perfectamente con cerberos, su sed de sangre es insaciable, ten mucho cuidado, es sádico en su manera de matar.

Lo único que se interpone entre ésa armadura de plata y él, eres tú, ya era sabido que en estas batallas muchos no sobrevivirían, ya que no todos perdonan la vida, y estás en uno de esos casos. La única posibilidad de que no salgas en pedazos es que ganes.

Ten cuidado, no pierdas…-Imploró el ojimiel, mientras imaginaba la grotesca escena.

-Gamel, amigo mío…no puedo saber cómo saldrán las cosas, por lo que no puedo asegurar que salga vivo de esta, de todos modos, gracias por advertirme. Haré lo posible para no terminar descuartizado. Y si no es eso posible, entonces al menos es bueno saber que andas bien-Dijo tranquilamente el peliazul.

-No digas eso…desde el principio estaba asumida la posibilidad de que esta sea quizá la última vez que nos veamos con vida, después de todo yo tampoco sé si sobreviviré. Pero estando a minutos de eso, ya es más difícil de aceptar, pero si queremos luchar por Athena, es una situación que debemos sortear-Se lamentó el castaño.

-Tú lo has dicho, de todas maneras no hay que tomar eso como una realidad, sino como una posibilidad. Te deseo la mejor de las suertes, aunque probablemente no la necesites. Al parecer es tu turno-Sonrió Telos.

-¡Eso debió doler!-Comentó el castaño sobre lo último que su amigo había dicho, ya que uno de los combatientes había dado el último golpe de la batalla que se estaba llevando a cabo, y esta había finalizado, por lo que el patriarca estaba entregando la armadura correspondiente al ganador.

La atención de los presentes, entonces se puso en él, y en otro sujeto corpulento de cabellos cortos y negros, y de estatura aún mayor que la del castaño.

-Este tipo es buen aspirante para la armadura de la ballena, solo le falta cantar como una-Pensó con cierto humor el de ojos color miel refiriéndose al tamaño del que sería su rival.

-No, no puedo dejarme intimidar, con confianza es que podré vencer, el tamaño no siempre significa que sea el más apropiado para algo-Se dijo, recuperando las ganas que por ese breve instante había perdido.

-¡Animo!, si el que cultiva un campo pierde el ánimo al ver que llega la sequía, y por ello deja la actividad, nunca tendrá seguro si podría haber salvado sus plantaciones-Sonrió el peli azul.

-Esclareceré esa duda, ¿sobreviviré a la sequía?, ¿o moriré de inanición?-Respondió el castaño con una sonrisa de desafío, y entonces se dirigió a donde debería entablar la batalla, seguro de su estrategia, y con bastante esperanza, a pesar de la charla sobre el riesgo que corrían de morir, si solo ponían la atención en esa idea, hasta tomarla como un hecho, en la realidad se daría con más facilidad.

Así las personas observaron la que sería la ante última lucha, las predicciones de quien ganaría ese encuentro estaban divididas, muchos creían que el más grande y robusto acabaría de manera bastante sencilla con el de menor talla –pero aún alto-, otros creían que este último ganaría.

-Ustedes dos son los únicos aspirantes a la armadura de Cetus, es por eso que han debido entrenar aún más. Personalmente les he comunicado eso a sus maestros hace más de un año.

Es hora que demuestren su valía, y enorgullezcan a la constelación por la que luchan. Pueden comenzar-Dijo el patriarca.

-¿Solo dos?-Se preguntaba Gamel, al menos ya tenía una respuesta a lo que había sido su entrenamiento, que se había parecido más a una tortura, llevada a cabo por una wyvern de hielo con tendencias sádicas que era su maestra.

-Daegea…es por eso que todo este tiempo me habías dado retos como el de robarle una presa a los osos polares (para después devorarla tu sola), nadar con las morsas en el océano helado, liberarme de amarras en medio de un terreno con osos polares cerca, caminar casi sin abrigo por hielos delgados sobre el agua…siempre creí que me encargabas esas cosas solo por verme morir, y a veces parecía que era para ver correr sangre en el lugar…o las veces que me castigabas amarrándome en algún sitio en la intemperie y me dejabas sin comida por un día.

Eres una loca psicópata, pero gracias a eso ahora tengo más esperanzas de ganar-Recordó con una sonrisa mientras imaginaba el rostro de la dragona, de escamas blanco azuladas, penetrantes ojos amarillos, grandes cuernos doblados hacia atrás de eterno hielo, prolongaciones del mismo material que salían de su mandíbula superior hacia abajo pareciendo dientes, como los aguzados que tenía en su boca que exhalaba aire frío.

De pronto algo interrumpió sus pensamientos, sentía como su cuerpo se elevaba por los aires…su rival lo había lanzado, y esperaba abajo para asestarle un fuerte golpe en la cabeza que probablemente terminaría la lucha.

Al parecer por la intensión, no sería una batalla sin fin de herir o matar, pero el castaño ya tenía pensado cómo vencer a su rival, inspirado en recordar a los que fueron sus dos maestros, Regeru, el wyvern de tierra, y su hermana Daegea, la wyvern de hielo. El primero, enseñándole cosas sobre la vida, y legándole antes de su muerte, el don de ver malos sucesos del futuro, para así intentar evitarlos. La segunda, enseñándole lo ruda que puede ser la vida, que hay que tener la valentía y la fuerza para afrontarla, y ayudándole a desarrollar la mayor parte de las técnicas que conocía.

De todas maneras, no podría poner a prueba lo que había ideado, si no evitaba ese golpe que podría ser mortal.

-Es hora de ganar esa armadura-Dijo el hombre de cabello negro pensando que esa batalla sería ganada por el que golpeara primero, además que estaba seguro que con un ataque así, su contrincante no podría seguir luchando.

Del suelo surge un aire frío que cubre los alrededores del campo de batalla-a tal punto que algunos espectadores comienzan a sentir frío- y de este se comienza a formar con rapidez nieve, como si brotara del suelo. En un chorro se levanta una gran cantidad de esta, y "engulle" al castaño, cayendo posteriormente en el ahora nevado campo de batalla. Era como si el gélido elemento se hubiese tragado a su invocador.

El corpulento rival se haya confundido, pero sabía que en el espeso manto nevado que se había formado, se encontraría a quien debía vencer, por lo que por precaución y con fuerza lanzó un puñetazo hacia el níveo suelo, por si lo planeado era un ataque sorpresa y tenía la suerte que justo fuese de ese lado. No obstante, no llegó a concretar la acción, ya que justo desde el lugar que golpearía salió un fuerte chorro de agua hacia él, que lo empujo e hizo que cayera.

Sin dar tiempo si quiera a levantarse, sale Gamel desde el hoyo dejado por el torrente de agua, como catapultado, con una gran bola de nieve en sus manos y que a cada instante aumentaba de tamaño.

-¡Toque de cristal!-Exclamó lanzando el ataque, que dio de lleno con el contrincante caído dando un estallido y haciendo que este quede rodeado por hielo, que hacia afuera se proyectaba como puntas, dando la impresión de que fuera un erizo de agua en estado sólido.

-¡Infierno de hielo!-Anunció entonces el que sería su último movimiento, y aún sin dejar margen a defensa alguna. Toda la nieve que cubría el lugar se juntó para formar una avalancha que cayó con violencia sobre el inmovilizado sujeto, quien junto a varios trozos del hielo que tenía encima, voló, dando con una capa de nieve que cayó antes del resto en el suelo, que cubrió al hombre dejando solo su cabeza fuera.

El sujeto al no haber podido defenderse de tal ofensiva, estaba inconsciente, pero Gamel no lo mataría, si no le gustaría que a él lo mataran, no haría lo mismo con los demás, al fin y al cabo, como Telos había dicho, no era una ocasión como para ello.

Todos quedan viendo atónitos aquella victoria avasallante y veloz, si bien sabían que ambos contrincantes eran buenos, no se habían percatado que quizá el primero en dar un golpe sería quien ganaría.

-Era de esperarse que en una batalla en donde ambos combatientes estaban igualados en poder, el que primero lograra hacer la diferencia sería el que alcanzara la victoria.

Desde hoy puedes hacerte llamar Gamel de Cetus, un caballero de Athena, que estará allí para luchar en pro de mantener la paz en el planeta.

Ten en cuenta, no utilices la armadura con otros fines que no sean ese-Dijo el patriarca.

-Lo prometo, daré todo de mí por el bien del santuario, y en nombre de la diosa Athena-Respondió Gamel, tras recibir la plateada caja en donde se encontraba guardada la armadura y dar una reverencia al cabeza del santuario, y después se retiró hacia el lugar en el que antes de comenzar aquella batalla se encontraba, aún con muchos viéndole con sorpresa. Se había ganado el respeto de otros que con cierto temor se corrían para dejarlo pasar.

Tras la contundente victoria del ahora merecedor de la armadura de Cetus –la ballena-, quedaba la última batalla, la que definiría quien sería el portador de la armadura de Cerberus-el guardián del infierno-

El duelo llamaba la atención por el hecho que todos, a no ser por Gamel, ya tenían seguro quien sería el ganador, y es que comparando entre los dos combatientes, uno carecía totalmente del perfil como para llevar el ropaje que simbolizaba a aquella criatura cánida de tres cabezas, mientras el otro si lo tenía, además de sus antecedentes. El primero era un desconocido, mientras el otro ya había ganado notoriedad, al vencer a los otros cuatro aspirantes a la armadura, además de matarlos.

-Donovan, Telos, son los últimos en luchar en este día, solo quedan ustedes dos, después que los demás fueron vencidos, tras un acuerdo de los cinco que se encontraban en el santuario en ese momento para adelantar las batallas.

Es ahora que se definirá quien de los dos ganará el derecho a llevar la armadura de Cerberos, y luchar así en nombre de Athena.

Entonces los dos combatientes se acercaron al círculo en donde se llevan a cabo las batallas, por un lado, estaba el peliazul, por otro un sujeto de más estatura, de expresión ruda en su rostro de rasgos toscos, cuyos ojos castaño-rojizos reflejaban crueldad.

-Las batallas por la armadura de la liebre han sido la semana pasada…creo que te has equivocado de lugar-Se burló el último, comparándolo con aquel animal.

-Ya me parecía que me había olvidado de algo…-Respondió el lemuriano tomando con cierto humor, lo que el otro había dicho para molestarlo, pero que estaba lejos de hacerlo.

Uno de los soldados del santuario se acerca, trayendo dos cadenas que en cada uno de sus extremos tenía una bocha metálica con púas. Al llegar al lugar en que se encontraban los combatientes, le dio una a cada uno, y después se fue.

-Ahora, pueden comenzar-Permitió el patriarca.

-No sé qué te habrá llevado a luchar por esta armadura, pero de todas maneras va a correr sangre, de nada servirá la prorroga que tu maestro pidió, para que las batallas se realizaran hoy. De seguro solo postergó tu derrota, es hora de pelear-Sonrió con toque siniestro el rudo.

-Me niego…-Dijo Telos, mientras dejaba caer la cadena que tenía en el suelo –…estoy aquí porque es lo necesario para ganar el derecho a la armadura de Cerberos, sin embargo, no estoy aquí para hacer daño a alguien, que en este caso eres tú, ni menos hacer que corra sangre. En todo caso…que sea la mía-agregó.

-¡Que así sea!-Respondió Donovan, mientras lanzaba la espinosa bola de metal con fuerza hacia su rival, el cual para sorpresa de todos evito el objeto corriéndose un paso al costado, dejando el ataque pasar, y además tomó la cadena que le seguía a la bocha con una mano.

-Si no me vas a atacar, eso significa mi victoria…-Dedujo el de aire siniestro y de cabellos castaño claro antes de ser interrumpido.

-Te equivocas, eso no significa que me rendiré…si ves hacia aquel lado, tienes un camino para llegar hasta aquí, pero no es el único, allí hay otros. De igual manera, no hay un solo método para llegar a la meta, sino muchos-Explicó el muviano indicando los senderos a su alrededor que conducían al lugar en que tomaba lugar la batalla.

-Está bien, en ese caso, mi camino es el de matar a quien se interponga en mi camino, así que despídete-Dio como respuesta el de ojos rojizos, mientras jalaba de la cadena, para que su contendiente la soltara, y así seguir el asunto, no obstante, este no lo hacía.

De esa manera, y precavidamente, el de ojos castaño-rojizos suelta la cadena, pero corre directamente al tranquilo personaje que tenía en frente, y tomando la cadena que este se había reusado a usar, y estaba en el suelo, intenta dar un golpe directo. Primero con una de las bochas, después con la otra, pero en ambos casos, es evadido con mucha facilidad por el lemuriano, quien dé un salto se aleja al otro lado del círculo.

-A ver qué te parece esto…-Dijo Donovan, al tiempo que hacía que púas de mediano espesor pero altas, se levantaran del suelo a los alrededores de su contrincante.

No obstante, nuevamente el ataque fue evadido, con un largo salto hacia un lado en donde no habían salido aún.

Esa batalla no sería simple –como el rudo había pensado en un principio-, y es que hasta ahora, a lo único que se había dedicado su contendiente, era a evitar cada uno de sus intentos de ataque. Aún no había mostrado más que ello, pero tenía la confianza que de todas formas, si asestaba un golpe, ganaría, después de todo, su rival no parecía más que un simple debilucho, que por algo debía solo evadir los embates en su contra.

Entonces comenzó a revolear la cadena que tenía, para después acercarse e intentar asestar un golpe que por el impulso sería más grande. La reacción del lemuriano fue la misma, evitar lo que le lanzara. Pero esta vez fue diferente, ya que tras fallar un golpe, el rudo con cierto enfado por no poder hacer correr sangre, intentaba golpear con la bocha del otro lado de la cadena, y así sucesivamente, pero su rival era muy escurridizo…de todas maneras insistía, con fuerza y furia en cada cadenazo que asestaba.

Entre tanto, los observadores estaban expectantes ante algún golpe del castaño claro hacia el peliazul.

El ataque cesó, pero no de la manera que todos esperaban, sino que muy astutamente Telos soltó la cadena que mantenía en sus manos desde que Donovan la había dejado, y por el hecho que este último estaba concentrado en asestar un golpe, no fue hasta que tropezó con la cadena, que se percató de las intenciones de su contrincante. Tras aquello, el muviano no perdió el tiempo, y de un salto de alejó hacia el otro lado del círculo en donde luchaban.

-¿Tú solo quieres hacerme enfadar, no es así?-Dijo de manera furiosa el de ojos rojizos mientras se levantaba, esta vez con las dos cadenas, una en cada mano. Entonces volvió a arremeter de la misma manera que había hecho antes, pero esta vez lanzando un golpe con cada cadena. El resultado seguía invariable, era evadido con bastante facilidad, de todas maneras insistió.

Largo rato permanecieron en aquel juego del gato y el ratón, uno atacaba, el otro evitaba y de a ratos de un salto se alejaba más.

Muchos espectadores estaban aburridos, por las acciones repetitivas de los contendientes, otros continuaban expectantes, entre ellos Gamel.

-¿Qué te tramas con eso?, has algo, ese sujeto no te perdonará la vida, no es momento para solo esquivarlo-Pensó.

De todas formas, la escena se mantuvo por varios minutos, ¿que se tramaba el lemuriano con aquello?, ¿estaba haciendo tiempo para algo?, o ¿simplemente evadía ya que estaba sin plan?

Tras la espera de todos llega un cambio en la batalla, si bien la misma escena se mantenía, había un agregado. A los alrededores del círculo, surgieron llamas de colores que iban desde el blanco, pasando por el celeste, y llegando al azul. Aquello impidió a muchos ver qué era lo que ocurría con los combatientes, e incluso en los que estaban cerca de la escena, generó de manera inmediata una sensación de calor abrasador.

Donovan se detuvo en lleno, estaba dándose cuenta de lo que su rival quería, y lo peor es que él había cooperado, ya lo estaba sintiendo, esas ganas de asestarle un golpe al lemuriano, no le hicieron preocuparse de que estaba cansándose. El sudor corría por su frente, sensación de calor aumentada por el abrazador fuego que rodeaba el campo.

Creía que aquello había sido una vil trampa, no podía dejar que alguien ganara sin luchar, y que lo dejara en ridículo de esa manera. En verdad el pacífico personaje no lo había golpeado nunca en todo el encuentro, solo mostró astucia al hacer que el mismo fuera el que se atacara y de manera tan silenciosa. Pero hacía falta algo más que agilidad y una estrategia para vencer, necesitaba poder, pensó el castaño claro, y se lanzó nuevamente al ataque, aún con las dos cadenas entre sus manos.

Un golpe…dos…tres, tuvo que detenerse, si seguía haciendo eso se agotaría aún más rápido. Al parecer, no podría moler a golpes con las bochas a su rival, tal y cómo había hecho con algunos de los otros que venció y mató, por lo que debería encontrar otra forma.

Hizo que desde el suelo bajo el peliazul, salieran púas de roca, que parecían estacas de punta aguzada. A pesar que su contendiente las evadiera haría que más salieran, hasta que sin lugar para huir, por fin pudiera asestar un golpe.

La idea parecía buena, de esa manera no tendría que moverse desde donde estaba y podría aguantan el sofocante calor reinante.

Poco a poco, el campo de batalla fue pareciéndose más a un alfiletero, o un erizo. El espacio fue haciéndose cada vez más escaso. Haría del peliazul una brocheta, pensó.

En uno de los saltos para evitar los ataques, las llamas a los alrededores desaparecieron, y el lemuriano hizo que una candente bola de fuego que cayó del cielo, chocara con la punta de una de las filosas piedras, estallando, de manera que después de ello, cayó en la base que se había formado por esto, con la misma calma que había tenido en todo el combate.

Igual, el rudo no dejaría que se saliera con la suya, y atacó con otra aguzada que salió de entre medio de otras que estaban a los alrededores del peliazul, pero cuya punta iba dirigida hacia este. De un salto el tranquilo personaje la evitó, no obstante, y por primera vez en lo que iba en la batalla, fue golpeado por una de las espinosas bochas que lanzó Donovan, que dio bajo las costillas a la derecha. Entonces voló violentamente directamente hacia donde estaban muchas otras rocas filosas, pero la altura de aquella especie de tupido bosque de estacas que se había formado no mostró qué había ocurrido precisamente.

El rudo sujeto creyó que con eso había sido suficiente para vencer a su rival, debido a que ya debía ser brocheta, al caer en alguna de las rocas que lo rodeaban.

-¡Lo sabía!, ¡¿por qué demonios insististe en evitar a ese sujeto en vez de atacar?!-Se lamentó Gamel al ver la escena.

Pero el patriarca aún no había dado la victoria a nadie, desde el elevado y privilegiado lugar en el que estaba pudo observar que ocurría…aún no había un ganador.

El peliazul se las había arreglado para caer entre dos de aquellas estacas de roca que llenaban el círculo. De todas formas había sido herido por una de las férreas espinas de la bocha que lo había golpeado, eso era evidente al ver un poco de sangre impregnar la camisa gris clara de estilo oriental que llevaba.

Intrigado por el hecho que el patriarca no dijera una palabra, fue que el de ojos marrón-rojizo, decidió hacer que todas las estacas de roca que pululaban volviesen a hundirse en el suelo, para así ver que había ocurrido.

Lo que imaginaba que podría observar no se había cumplido. Creía que podría ver a su rival agonizante clavado por varias de las rocas. En vez de eso, allí estaba tan alegre como siempre lastimado, pero aún no vencido.

-No creí que alguien como tú soportaría más que eso, de todas formas estás herido. Eso significa que puedo golpearte de nuevo. Y si lo hago, date por muerto, porque correrá más sangre. De los dos soy el único que puede llevar esa armadura-Dijo con rudeza, sin embargo, su rival no se inmutó ante los dichos, solo observaba el celeste cielo con blancas nubes.

-Cerberos, el guardián del infierno, que curioso que esa sea una de las armaduras de los caballeros de Athena…símbolo de algo contradictorio a los designios de la Diosa… ¿no debería ser quizá el guardián de la paz?-Reflexionó.

-No entiendo a lo que quieres llegar con esas palabras…de todos modos, si no te puedes proteger a ti mismo, menos lo harás con los demás-Se burló Donovan haciendo referencia a la herida que el peliazul tenía.

-No te preocupes, una herida puede sanar. Mi deseo es proteger a los demás, y servir a la Diosa Athena, sin importar si con eso arriesgo mi seguridad-Sonrió Telos.

El rudo personaje no respondió, y es que aún sentía calor, a pesar de que las llamas invocadas por su rival habían desaparecido…o quizá no lo habían hecho…observó hacia atrás de si, comprobando que se equivocaba, había una línea de medianas llamas, que su contrincante había hecho surgir, probablemente mientras estaba concentrado en atacar.

Aún no terminaba de recuperarse del cansancio que supuso aquellos ataques constantes que realizó con las cadenas, y el calor del fuego que aumentaba la extenuación, pero que importaba, no iba a dejar que nadie le quitara la armadura de la bestia de tres cabezas.

Corrió hacia su contrincante, dispuesto a matar, junto a su cadena, y la que el lemuriano se reusó a usar, no importaba si lo intentaría evitar, con estacas de roca detendría su escape, o terminaría por atravesarlo, en ese momento le daba igual como lo mataría.

En cambio a lo que pensaba, el recipiente del ataque, simplemente se quedó en donde estaba. La primera bocha cayó, y con gran precisión, tomó con su mano la cadena, evitando así que la espinosa siguiera su curso y lo golpeara. Ahora la otra era lanzada hacia él, pero simplemente tomando la bola con punzantes salientes que había evadido, por la zona donde salía la cadena, consiguió que la esfera que venía en su contra chocara con la que sostenía, deteniendo así el golpe. E instantáneamente tomó la que llegó por la cadena, ahora las dos armas estaban en manos de ambos adversarios al mismo tiempo.

Donovan no dijo nada, estaba arto, por lo que hizo que una roca aguzada surgiera del suelo para golpear al peliazul. No obstante, este se corrió, y el ataque fue a dar en una de las cadenas que sostenían, así rompiéndola. Pero a ninguno le importó, ya que el asesino de los otros cuatro aspirantes volvió a hacer que surgiera otra estaca, que tuvo el mismo impacto que la anterior, pero sobre el otro arma. Las dos cadenas con bochas habían sido partidas.

Con la herida ya demostrando que no era pequeña por el sangrado que demostraba, el lemuriano pone su mano izquierda -para intentar evitar que el fluido escarlata emanara libremente- sobre esta, y se aleja de un salto.

El de ojos castaño-rojizos soltó las partes de las armas que tenía en las manos, y corrió hacia el amable sujeto. Al llegar le dio un fuerte puñetazo en una mejilla, no obstante comenzó a notar que todo a su alrededor se estaba viendo borroso. Con el otro puño golpeó nuevamente a su adversario en la otra mejilla, sin que este opusiera resistencia, esta vez de manera suave, ya que el castaño claro terminó por desmayarse tras el calor y la extenuación a la que se había expuesto.

Telos no lo dejó caer, sino que antes que eso ocurriese lo tomó con el brazo derecho, dejándolo después de ello en el suelo. La batalla había llegado a su fin, sin consecuencias fatales.

Los espectadores estaban decepcionados con el resultado de aquel enfrentamiento, y las reacciones no se hicieron esperar.

-¿No se supone que las batallas son para elegir al más capaz?, ¡en el campo de batalla no se va a cuidar a los enemigos!-Gritó alguien del tumulto.

-¡Es la batalla más aburrida que he visto en estos días!-exclamó otro.

-No sirve para nada más que esquivar-Dijo alguien más, entre los murmullos que se oían.

-No siempre el más fuerte físicamente es el más capaz, si su fortaleza radica en lo que han dicho, no tiene que ser un impedimento, al contrario, es solo una muestra de alguien gentil, quien a pesar de ser una batalla por una armadura, en la que es usual que al perdedor le cueste la vida, se las ha ingeniado para seguir sus principios-Intervino el patriarca, quien hasta ese entonces había permanecido callado, cosa que de a poco hicieron los que habían mirado las batallas-Telos de Cerberos, recuerda que la armadura no ha de ser usada para fines egoístas-le dijo entonces al peliazul.

-Prometo defender la paz en este mundo, aún con mi vida-Respondió breve el amable con su típica calma, y tras hacer una reverencia hacia quien le hablaba, perdió su mirada en unas nubes a la lejanía.

-En verdad no esperaba ese método que usaste para conseguir vencer a ese sujeto…por cierto…¿esa herida que te dejó se encuentra mejor?-Preguntó Gamel quien recuperó un poco el ánimo que había perdido tras recordar al gran wyvern de tierra que fue casi como un padre para ambos.

-Sí, mucho mejor, no resultó ser tanto como a primer momento pareció-Sonrió el lemuriano.

-Gracias por intentar recuperar mi ánimo…es que hoy tras el sueño que tuve que me preocupa, no ando del mejor humor…-Reveló el castaño.

-Descuida, lo que importa es que tenemos un indicio que algo sucederá, de seguro a medida que ocurran los hechos irás descubriendo lo que significaba, y podremos intentar detener al que según tu sueño traerá el caos-Dijo Telos en un intento por calmar al ojimiel.

-Lo siento, no puedo evitar pensar en lo que sucederá si no detenemos a ese sujeto, aún no puedo estar tranquilo…sé que muchos morirán…recuerdo su mirada…no sé porqué me transmitió terror…hay algo maligno tras esta-Respondió el de ondulados cabellos.

-¿Diabólico querrás decir?-Preguntó pensativo el muviano.

-Sí, me dio la impresión que ese sujeto es alguien perverso y sin compasión-Afirmó el castaño.

-En ese caso, si lo encontramos, la batalla será dura…-dijo breve el peliazul.

Tras aquellas palabras continuaron el resto del camino hasta el santuario en silencio. Gamel aún preocupado, pensando en si le creerían algo así, o si cuando le tocara enfrentarse a ello, si es que lo hacía, estaría a la altura del caso, o simplemente sería una víctima más. Telos, en contraste, tranquilo disfrutando del paisaje, con cierta intriga sobre el porqué del llamado del patriarca, y también sobre cómo se manifestaría el sueño de su amigo.

De esa manera, llegaron hasta destino, no obstante, tuvieron que atravesar por muchas edificaciones, hasta dar con el sitio en donde se encontraba el sumo sacerdote. Una espaciosa construcción de estilo griego.

-Aquí estamos Patriarca, ¿para qué solicitaba nuestra presencia?-Preguntó Gamel, mientras hacía una reverencia en saludo, al igual que su camarada.

-Necesito que cada uno cumpla una misión, en un lugar que fue conocido ya por uno de ustedes…me refiero a la Antártida. Una tierra desolada al sur, cubierta de nieve. Estas razones podrían favorecer a que el mal se escondiese en esos parajes. Es por eso que necesito que alguien se establezca en ese lugar, y cuide de él como si de una vida se tratase…-Dijo el Maestro del santuario-…Tras meditarlo, es que tomé la decisión de quien le encomendaría esa tarea, alguien quien ya conoce algo sobre las condiciones que le esperan…te he escogido a ti, Gamel de Cetus-Agregó.

-¡¿A mí?!-Preguntó el castaño con tono de incredulidad y que evidenciaba que aquella noticia no había sido de su agrado. Si hubiese podido no exclamar aquello, lo hubiese hecho, y más siendo frente al mismísimo patriarca, no obstante, aquella fue una reacción casi que involuntaria, de la cual se avergonzó tras haberla dicho-…¿está seguro de su elección?, es cierto que he vivido gran parte de mi vida en tierras Árticas, como lo son Svardvard, no obstante, no dejo de ser un simple caballero novato…su santidad, siento negarme a esta tarea, pero considero que no podré sobrellevar tanto silencio, incomunicación y soledad sin quedar loco en el proceso… -explicó.

-Todos hemos sido novatos alguna vez, recuerda que con aquella batalla que ganaste te comprometiste a luchar en pro de Athena. Además, por palabras de tu maestra, se reconoció el potencial que tienes, otorgándote una armadura de plata. Si aún piensas que eres solo un novato, puedes dejar tu ropaje, y regresar a Noruega, no obstante, no creo que Daegea esté contenta si tomas esa decisión-Dijo inmutable el patriarca.

-No, de hecho es capaz de comerme crudo si hiciese eso…-comentó con aire cómico al respecto Gamel-…Si, mi deber es luchar por Athena…¿pero de que le sirve un caballero demente?, ¿para qué fueron esos años de entrenamiento si no podré aprovecharlos?, no me niego porque usted lo pida, sino porque no servirá de nada-Objetó.

-Señor, ¿podría intervenir?-Pidió Telos, quien hasta ese momento se había dedicado a oír lo que decían.

-Puedes hacerlo-Aprobó el sumo sacerdote.

-En ese caso, me gustaría pedirle permiso para algo…si pudiese tomar su lugar para ir hacia esas tierras heladas, ya conozco algo de estas-Reveló el de amable sonrisa.

-¡Me niego!, no quisiera que tomaras mi lugar…y menos a sabiendas que fue una tortura para ti-Exclamó Gamel, antes de volver a callarse, avergonzado por aquella irrupción.

-¿Qué tanto deseas ese cambio de lugar, y por qué?-Preguntó el patriarca, sonando como que aceptaría la petición.

-Tanto como sea necesario Señor…si puedo evitar que un "hermano", mi mejor amigo, sufra de manera innecesaria, lo haré. Y no por el hecho de haber vivido en un lugar con el mismo clima, significa que será lo mismo-Explicó el peliazul.

-No…ya lo he dicho…me niego…si con eso querías convencerme lo has logrado…di mis argumentos…pero si de todas maneras alguien debe ir, ese seré yo-Intervino, esta vez de manera seria y más calmada el castaño, quien se había resignado al pensar lo que ocurriría si continuaba con su negativa.

-Ese no era mi fin, por lo que mi propuesta sigue en pié-Reveló Telos, lo que generó cierta tensión, sobre la determinación que tomaría el sumo sacerdote al respecto.

El silencio del Patriarca parecía interminable para los dos caballeros, a pesar de que fue breve. El deseo de evitar que el otro fuese a aquel lugar era mutuo y grande…

-He tomado una decisión…teniendo en cuenta sus argumentos, considero que lo mejor será que ambos vayan hacia la Antártida, después de todo se dice que es un lugar demasiado grande como para que uno solo pueda vigilarlo…complementando las habilidades de cada uno, es que podrán rastrear los problemas que se presenten. Además nadie quedará demente…-Dio a conocer el sumo sacerdote.

Por un momento los caballeros de plata se quedaron en silencio, Gamel intentando pensar en que no podía seguir poniendo peros ante el mismísimo cabeza del Santuario, y menos por el hecho que no le agradara ir a aquel lugar, Telos en que debería acatar la resolución aunque no era lo que buscaba precisamente, pero comprendía las razones.

-Acepto la decisión su señoría, aunque aún me resta por saber el porqué original de su llamada-Dijo.

-Llegar hasta esas tierras tan distantes con los medios actuales insumiría mucho tiempo, y no estaría exento del riesgo de no arribar a destino. Es un lugar prácticamente desconocido al cual no muchos están dispuestos a ir. Por eso la tarea que te asignaría sería la de llevar a Gamel a ese sitio, teniendo en cuenta que ya has estado allí-Reveló el Patriarca.

-Comprendo…en ese caso aún la tarea sigue siendo la misma, con la única diferencia que iré pero sin regreso…-Respondió el peliazul.

-¿Hay que partir a la brevedad no es así?, en ese caso, con su permiso, me retiro-Dijo el castaño haciendo una reverencia, y después se fue sin decir más palabras o sin siquiera oír si recibía una respuesta.

-Señor, no defraudaré su confianza, con la que estoy agradecido, tanto ante las dudas de los demás como ahora.

También he de retirarme, que tenga un buen día- Se despidió amablemente Telos al tiempo que como su amigo, que ya estaba ausente del lugar, se inclinó en señal de respeto. Y después salió de la sala.

Ya afuera continuó unos pocos metros y bajó unas grandes escaleras. Al lado de una de las imponentes columnas del lugar, se encontraba Gamel, observando a la lejanía, pensativo.

-Creí que ya te habías ido-Dijo el lemuriano.

-No…simplemente no tenía nada más que decir…-Respondió a secas, y tras aquellas palabras ambos caminaron en silencio por el trecho que quedaba hasta la salida del Santuario.

Era evidente que había algo que molestaba al castaño, Telos no sabía exactamente si sería por el hecho que no quería ir a ese lugar, porque él haya intervenido en el asunto y generado la situación en la que ahora se encontraban, o quizá por las cosas que deberá dejar atrás por ir a la Antártida.

Si, algo pasaba, se reflejaba en su mirada triste…

-¿Qué te ocurre?-Preguntó el peliazul.

-Algo-Dijo brevemente y con amargura el de ojos color miel.

-Si es por haberme involucrado en el asunto que hablabas con el patriarca, perdóname, expliqué mis por qué…-Se disculpó el amable.

-…No tenías porque haber hecho eso…sé que no es un lugar al que vayas a disfrutar ir…tendremos que recurrir a la caza y pesca…eso no te agrada…yo…lo siento, pero es que…-Intentó explicar Gamel antes de ser interrumpido.

-No tienes porque disculparte, descuida…comprendo tus razones como para no querer ir.

El patriarca tiene razón con lo que ha dicho, una zona olvidada como aquella debe de ser un buen escondrijo para quien tuviese malas intenciones, su clima hostil desanima, y puede hacer llegar a la conclusión de que nadie querría establecerse allí.

Te escogió a ti porque has vivido parte de tu vida en el ártico, en condiciones similares, y además confió en tu buen desempeño…-Dijo Telos antes que ahora el castaño lo interrumpiera.

-¿Pero porqué a mi? Soy solo un santo de plata novato al cual podrían aplastar fácilmente…podría haber ido un caballero de oro…si surgían problemas los podría solucionar rápidamente…-Inquirió.

-"Podría" es solo una posibilidad. Por algo participaste en la batalla por la armadura de la Ballena, y no por la del Pez austral como al principio harías…además el rango no es lo importante, no por ello aquí alguien es más que el resto-Animó el lemuriano.

-No tengo ni la más remota idea del porque…quizá Daegea amenazó al Patriarca con devorarlo…-Bromeó el de ojos color miel-¿Y qué hay de ti?, tu también estas en el mismo caso que yo, participaste directamente por la armadura de Cerberos, y no por la del Lobo como harías…quizá eso aumentó más la desconfianza de los demás hacia ti, quienes ya no te creían capaz para recibir una armadura de bronce-Agregó.

-Tampoco sé la respuesta a esa pregunta…solo sé que si de armaduras de plata se trataba, deseaba tener la oportunidad de intentar conseguir la de Cerberos, ya que mi deseo es transformar a la bestia en el guardián de la paz, el amor y la esperanza. Pero como dije un día, no importa desde que lugar luches por Athena, porque cada quien aporta lo suyo, por más pequeño que sea…-Sonrió el de apacible mirada.

-Sí, suena extraño que entre las filas de los caballeros de la diosa, exista una armadura que recuerde al can de tres cabezas que es guardián del infierno del mismo Hades…de todas maneras creo que llegarás a tu meta, ya que no te imagino como el reflejo de lo que es en verdad esa bestia-Dijo Gamel

-Por cierto…no le informaste nada al patriarca sobre ese sueño que tuviste…me parece que puede ser algo importante…-Cambió de tema el lemuriano.

-Telos…puede que tú lo creas, porque ya has presenciado una vez un caso igual, además que sabes sobre ese tema de Regeru, ¿pero a caso te parece que todos lo creerían?...pensarían que estoy loco…

En fin…¿Cuándo partiremos hacia esas tierras? –Preguntó el castaño.

-No lo sé, ¿qué tal mañana en la mañana?-Sugirió el peliazul.

-Sí, es buena idea, es mejor que partir ya, porque necesito ese tiempo para asimilar el hecho de que es posible que no regrese a Rodorio en mucho tiempo, o quizá ya nunca-Aceptó y lamentó el castaño- Además que quiero escoger unas cosas para llevar-Agregó.

-Si quieres te ayudo-Se ofreció amablemente Telos.

-Gracias, pero no necesito ayuda-Suspiró, con cierta tristeza por tener que abandonar aquel lugar en el que se encontraba, el de ondulados cabellos.

-Está bien, solo preguntaba-Sonrió el lemuriano.

-Bueno...creo que será hasta mañana en la mañana...-Se despidió Gamel mirando hacia las casas del Santuario que ya quedarían atrás.

-Hasta mañana...y anímate, mientras lleves los recuerdos de este lugar en el corazón, jamás nadie te los podrá quitar-Animó el peli azul.

-Solo si me arrancan el corazón-Dijo con un tanto de humor el castaño, intentando sonreír-Adiós…-Finalizó, mientras comenzó a caminar, con el objetivo de dirigirse hacia Rodorio.

Telos salió del camino, y se alejó lentamente del lugar, observando la naturaleza a las afueras del santuario.

-Ya no hay que hacer, más que despedirme de este lugar…esperar que los nuevos horizontes puedan traer alegrías, y no solo sentimientos negativos, como tristeza…

Si no me hubiese negado al principio, ahora estaría visualizando que podría hacer para no enloquecer…que no haya sido así tiene su parte positiva y negativa, de esta última lamento demasiado el que por mi culpa alguien tenga que pasar por esa experiencia dura, aumentada aún más por el hecho de tener que arrebatar vidas inocentes en el proceso…

La pregunta será si soportaré tal tormento…el desafío de las tierras antárticas, y la culpa que en mi genera lo que causó mi actuar…entiendo el deseo de Telos de ayudar, pero ese sacrificio de su parte lo va a llevar a algo que se lo mucho que no le gusta hacer…cazar… -Se dijo Gamel

-Pronto lloverá…será mejor que me apure-Pensó al observar los negros nubarrones que había, y tras ello corrió hacia Rodorio…

Hacía horas que la tormenta continuaba su caída, desde el cielo gris.

Gamel se encontraba dentro de su pequeño hogar, la luz de una vela sobre un plato blanco, en medio de una mesa de madera, era lo único que iluminaba la escena. La habitación estaba abarrotada de libros, las estanterías que estaban contra las paredes, no daban abasto, de manera que muchos se encontraban apilados en el suelo de manera desordenada.

-Es triste saber que quizá no vuelva nunca más a este lugar…un pueblo agradable…en vez de eso estaré en un lugar que no solo desconozco, sino que hace poco se tiene indicios de su existencia…no puedo decir que deteste esas tierras…aún no he estado allí…aunque si es similar al lugar en donde nací, supongo que no tendré problemas…

¿Qué llevaré de lo que tengo aquí?...en la Antártida de nada me servirán todos estos libros…-Pensó mientras miraba un planisferio al cual le faltaba el frío continente.

-Quizá pueda buscar algún libro que sea de utilidad…necesitaré un mapa…sé que no hay uno del lugar al que vamos, pero al menos no me sentiré tan lejos de todo…y podría ser de utilidad…-Continuó, a la vez que escudriñaba los estantes y las pilas de libros en el suelo, hasta que vio uno que en especial le llamó la atención

-Eso es…el diario en que escribía hace muchos años…cuando el maestro aún vivía…en él tengo muchos recuerdos, e incluso enseñanzas que nos dejó…como esa técnica…¿pero en dónde habré escrito sobre ello?-Se preguntó mientras buscaba página tras página -en donde su letra de infante abundaba- la información, que si bien conocía, quería simplemente recordar…

"Hoy ha sido un día tranquilo, cómo siempre Telos se quedó observando hacia los árboles, animales y el cielo, Regeru se fue de caza, y dijo que se comió un ciervo de dos bocados. Por algo es que le tuve miedo cuando nos conocimos…¡nos quiso matar!...aunque ahora todo va bien.

Cuando estaba anocheciendo, y antes de ir a dormir, nos dijo que nos enseñaría una técnica que será muy útil, se llama amatistas del alma, su poder depende del corazón de quien lo use, entre más bueno, más fuerte se vuelve…aunque nos advirtió que si estamos débiles mejor no atacar con eso, porque exige mucho al corazón…me pregunto cómo será…"-leyó

-Pensar que nunca he tenido que atacar con eso…no obstante ya vi su poder…es grande, tal como bien dijo el maestro…aunque me da curiosidad de saber qué pasaría si se salteara esa recomendación que dio…supongo que se podría morir ante la exigencia que supone la técnica…será mejor no averiguarlo…

Creo que llevaré esto…me agrada recordar esa parte del pasado. Solo a veces…pero me da fuerzas…pensar que caminaba por el mundo sin otro objetivo más que el de sobrevivir, y ahora ya tengo un por qué…-Se dijo mientras ponía en una bolsa de tela el objeto. Después se acercó hacia la ventana que daba hacia la calle de piedra.

-Lluvia…parece que se despide de mi…es cierto…quizá nunca más vuelva a ver una…

Son cosas que por lo general se dan por sentadas, pero solo cuando las estas por perder aprecias…-Reflexionó, observando la copiosa caída del agua-…no, no puedo pensar negativamente...como bien diría Telos: "En un día como este, ver hacia las negras nubes no lo es todo, también está la lluvia, un regalo a la tierra que cae desde el cielo"-.

Lejos de aquel lugar se encontraba justamente el lemuriano, en una gran pradera de verdes pasturas, las cuales eran mecidas por la acción del viento, y humedecidas por el aguacero. Observaba hacia un frondoso árbol que se encontraba a varios metros, con la paz que lo caracterizaba reflejada en sus ojos, al parecer sin que le molestara el hecho que se estaba mojando.

- El sonido del agua que cae… es una gran melodía natural…que tranquila se oye…-Sonrió a la vez que levantaba su cabeza, cerraba sus ojos y sentía las frías gotas de agua que sobre si se precipitaban…