Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.
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Dulac y Mordred pertenecen a Wolfgang holhbein en La Leyenda de Camelot.
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[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)
0-0-0 cambio de punto de vista
"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos
Cursivas Recuerdos efímeros
"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje
* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)
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Amor Silente
VI
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Link POV
— ¡Zelda!— grite con desesperación al sentir que me apartaban de su lado.
Esos que antes habían dicho ser mis amigos ahora eran mis captores y por más que intente explicarles ninguno de ellos me prestó atención.
—"¿Que estoy haciendo?"— pensé para mis adentros.
Mire nuevamente sus caras, solamente uno tenía esa mirada. El resto de ellos …. El resto de ellos…
Sus ojos estaban llenos de tristeza.
Después de todo eran caballeros y las órdenes del rey eran absolutas. ¿Y si hubiera estado en su lugar?, ¿Habría hecho lo mismo?...
Puse todo mi peso sobre mis piernas y con un ágil movimiento logre liberarme. Los cinco se quedaron atónitos, me rodearon rápidamente y sacaron las espadas.
—Por favor Link— me habló Dulac* en tono dolido— no nos hagas ésto más difícil.
Su mirada estaba pañosa. A pesar de todo seguía siendo mi amigo, habíamos pelado codo a codo y ganado numerosas batallas. Con el resto no era diferente.
—Puedo caminar solo— clame con voz casi ahogada
Cuatro de ellos suspiraron, pero el quinto hizo una mala cara.
[***]
Me escoltaron hasta la sala de los juicios, el consejo todavía no había llegado y lo raro era que el rey tampoco, estaba casi seguro que venía tras nuestros pasos aunque posiblemente me había equivocado
Mis cuatro amigos se quedaron a mi lado mientras que el Sir envidioso se apartó en una esquina. Otros seis caballeros entraron en la sala y fueron a posarse en donde estaba el otro.
— ¡Suéltame!— escuche que una voz gritaba furiosa en los pasillos.
Vire mi mirada y vi a las altezas peleando. Mi majestad la reina estaba realmente enojada porque su marido se la llevaba a la fuerza.
No sé por qué pero algo un mi interior me impulsó a dejar mi lugar de reposo, tenía que detenerlo antes de que por mi culpa se ocasionara un terrible conflicto, pero entonces alguien me pateó por la espalda haciendo que cayera al suelo, los seis que antes habían entrado ahora me retenían en el piso.
— ¡Qué demonios hacen!— les grite con furia desmedida al escuchar que mi reina todavía gritaba.
¿Qué acaso no entendían? El rey Daphnes tenía hecha una furia la cabeza y no podía pensar correctamente, no me lo iba a perdonar nunca si es que llegaban a lastimar a mi reina.
— ¿¡Qué demonios haces tú!?— me bramó uno con cierto tono burlón a mis espaldas, pude sentir como Dulac y los otros también se crispaban ante el acto.
Nadie. Absolutamente nadie tenía el valor para interferir en aquella escena.
—¡ IMBECILES !, ¡Suélteme!, mi deber es siempre cuidarla!— brame con rabia.
—Usted "Sir Link"— añadió el que antes estaba en la esquina— ya no tiene deberes para con el reino. ¿O caso se le olvida que es un traidor?
—Mi deber esta con mi corazón, no con las leyes de los hombres. — reclamé con voz firme.
Me escabullí como pude, pero eran demasiados, uno de ellos me dio un codazo en el estómago y otro se aprovechó de la situación para arrebatarme la espada, les metí unas cuantas patadas pero solamente tres de ellos se cayeron. El resto se me abalanzó encima y no precisamente a manos limpias.
No tenía ni escudo ni espada y para rematarla todavía me sentía sofocado por aquel codazo.
— ¿Qué le pasa al primer caballero?— se rieron de forma burlona.
La mirada se me llenó de ira, no podía creer que aquello estuviera pasando, los que antes se habían caído al piso se recuperaron y de un momento a otro todos juntos me tenían sujeto.
Seis contra uno, definitivamente no era justo y además el séptimo se me acercó con la espada desenfundada y con aires amenazadores.
— ¡Que está haciendo!— clamó Dulac desde su sitio. Los demás caballeros que hasta entonces no habían interferido en aquella bochornosa escena, pusieron cara de espanto.
Patalee tratando de zafarme del agarre pero fue en vano.
Lo siguiente que escuche fue que mis cuatro amigos en el fondo gritaban de blasfemias, un dolor terrible me recorrió de arriba a abajo y cuando menos lo pensaba mi rostro y mi cabeza estaban sangrando.
Grite pero no de dolor sino más bien de la rabia.
—El exilio es un castigo amable— dijo golpeándome con el mango de la espada la cabeza.
Nuevamente sentí aquel liquido viscoso recórreme los cabellos.
Seguramente pensaba matarme. Un caballero con un corazón tan corrido ya no tendria nunca remedio.
—Mordred*, ¿en qué momento perdiste tu camino?— musite sintiendo que se me iba la conciencia.
Nuevamente vi el filo de aquella espada, al Sir envidioso y a sus seis compinches.
—"Se acabó"— pensé, solamente bastaba con que ellos argumentaran que me había amotinado y que me habían matado en defensa propia. A los otros cuatro caballeros seguramente nadie les creería, no solamente porque eran minoría sino porque tanto el rey como el consejo sabían que eran mis camaradas.. mis amigos.
Un enorme vacío me llenó por dentro
—Zelda…— pronuncie de manera queda, sentí que las lágrimas se me escapaban del rostro y después….
El frío... ¿El frío?
Las baldosas del piso estaban frías como el hielo. ¿Todavía sentía?, ¿Todavía no estaba muerto?
Me erguí de manera raída y mire con asombro aquella escena, Dulac y los otros me habían rescatado.
Justo en el instante en el que el que Mordred iba decapitarme el joven caballero había blandido su espada para desarmar al otro.
Durante algunos instantes, la sala se quedó en completo silencio. Uno de mis compañeros me levantó mientras que otro me alcanzaba mi espada.
Cinco contra siete…todavía no era justo.
—No vas a hacer justicia por tu mano— clamó uno de mis compañeros.
—Nuestro deber es obedecer al rey y no juzgar a nuestros semejantes.— refunfuñó otro.
— ¡Ninguno de ustedes es caballero!— gritó Dulac.— primero atacan por la espalda y después se aprovechan del desarmado, ¡Cobardes!
El otro grupo hizo una mueca de enfado, a parecer que les gritaran sus verdades en cara no les satisfacía en nada.
—Maldito Mordred— bufe con enfado. El cuerpo me dolía de pies a cabeza pero finalmente me había erguido.—Tú y yo… a solas. De verdad se nota que tienes algo pendiente. ¿Quieres mi título?
El otro rio con soltura y se adelantó unos cuantos pasos para después indicarle a los otros que no se metieran.
—Link, por favor no lo haga— me decía Dulac.
—Estoy muerto amigo…— le dije en voz baja.— En el exilio me espera una eterna condena. Sin Zelda…
Sus ojos reflejaron cierta tristeza, comprendió mis palabras y retrocedió unos cuantos pasos.
Mire a Mordred con odio, escupí varias veces en el suelo a causa de la sangre que se me había acumulado en la boca.
—Pequeño ingrato— dije a sabiendas que no me escucharía, muchas veces en el pasado le había salvado la vida.
Nos abalanzamos el uno contra el otro y en menos de lo que se pensaba aquel duelo había terminado.
Lo escuche caer pesadamente a mis espaldas y después a sus compinches corriendo hasta su lado.
Los otros cuatro caballeros se acercaron conmigo.
—Es por eso que necesitaba a más de tres compinches— dije burlonamente. Dulac y los demás me sonreían.
— ¡Qué demonios a ha pasado!— clamo uno voz anciana.
Los cinco nos viramos, tras el umbral de la puerta se encontraban los miembros del consejo….
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" ¡Suéltame!" le había gritado con voz enfurecida, con una voz que pocas veces en su vida él había escuchado.
La siguió por los pasillos pero al llegar a su habitación ella le cerró la puerta literalmente en la cara.
—Cielo, por favor ábreme— le decía.
Pero no obtuvo respuesta tras aquella puerta, se quedó ahí parado tocándole cerca de una hora pero fue completamente en vano. Por primera vez en muchos años se sentía realmente mal, el estómago se le había revuelto y un malestar en general invadió su cuerpo.
— ¡Santo cielo!— escuchó que decía la servidumbre mientras pasaba por uno de los pasillos.
—Viste, eso.
—Lo vi.
—Sir Link es una fiera.
—Había escuchado que era fuerte, ¡Pero lo viste!, tumbó a los tres casi de un sólo golpe.
El rey Daphnes abrió como platos los ojos, había escuchado la conversación a medias, pero supuso de inmediato que era lo que había pasado.
¿Sir Link se había escapado?
[***]
— ¡Qué demonios ha pasado!— rugió la voz de uno de los miembros del consejo cuando él y sus acompañantes entraron en la sala de los juicios.
La escena los había dejado atónitos. Un caballero estaba medio muerto en el piso mientras que otro tenía la cabeza hecha un completo desastre.
El rey Daphnes entró con premura a la sala y al ver al primer caballero en ella suspiró con cierto alivio. Escaparse de un juicio antes de ser juzgado hubiera ocasionado que en lugar de exilio le declararan automáticamente la pena de muerte.
— ¡Que pasó!— dijo con cierto enfado.
—Señor— se adelantó Dulac.
El rey lo miró de manera furiosa, sabía que él y los otros tres eran amigos del caballero pero confiaba en su buen juicio y también en que no lo defraudarían.
—Mordred Señor— volvió a hablar— Él, quiso hacer justicia por su propia mano.
—Es mentira— refutó uno de los compinches del aludido.
—Si, es mentira.— lo solapó otro.
—Ustedes, ¡Malditos!— gruñó al ver que los otros trataban de hacerle una mala pasada.
—¡Basta!— Gruñó el rey.
—Pero Señor…— una mano se posó sobre su hombro, se viró para ver quién era y encontró a Link negándole con la cabeza.
—Por favor basta— le suplicó— vas a meterte en problemas, deja que me hunda yo solo, al fin y al cabo que ya he sido exiliado.
—Pero Link… no puedo.
— ¿Acaso tu nos abandonaste cuando más te necesitábamos?— profirió otro de sus amigos acercándosele.
—No Arthur, pero entiendan esto es diferente.
—No lo consiento— dijo Dulac en voz bajita para que el rey no los escuchara.
Daphnes ordenó al resto de los caballeros que se marchara y que se llevaran a Mordred a la enfermería, ya después escucharía las otras versiones de los hechos, pero en ese instante llamó al consejo para ponerse de acuerdo y dictar correctamente la sentencia.
—Ese estúpido— clamó el caballero de nombre Arthur, él y los otros tres se habían quedado al lado de Sir Link.
— ¿Porque?.. ¿Por qué tenía que abrir la boca?, todo hubiera sido tan fácil si se hubiera mantenido callado.
—Dulac— le habló Link— ¿Lo sabias?
—Si— musitó con tristeza.
— ¿Y porque tú no dijiste nada?, también te estas convirtiendo en un traidor— dijo de manera un poco burlona.
—Amar no es un pecado. Somos tus amigos. ¿De verdad crees que no nos íbamos a dar cuanta?
—Solamente un ciego no habría podido verlo— también musitó Arthur— es decir, bastaba con ver tu cara cada vez que la princesa te saludaba.
Un leve rubor cubrió el rostro del joven caballero, los abrazó con fuerza a ambos y después los otros dos también se unieron al pequeño grupo.
—Gracias chicos— musitó— los quiero…. Cuídense mucho y también cuídenme a mi princesa.
—Si— susurró Dulac cerrando los ojos.
—Ahora por favor váyanse, no quiero que por mi culpa tengan más problemas.
Los cuatro asintieron y se retiraron de manera lenta, Link detuvo por un momento a Dulac y con cierta sonrisa le entregó su espada.
—También ésta— clamó con cierta sonrisa – úsala para proteger las cosas que amas.
El caballero tomó la espada, agachó la mirada y después salió de aquella sala sintiendo una enorme tristeza.
—Adiós maestro— susurró mientras se alejaba. Absolutamente nadie lo había escuchado.
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Daphnes miró al caballero con cierto recelo.
— ¿Sir Link?
—Señor.
— ¿Cómo se declara?
—Culpable…
El consejo se quedó absorto ¿acaso el caballero no pensaba defenderse?
—Pero señor, no me declaro culpable por seducir a su hija. Me declaro culpable por amarla con toda mi alma y también por haber renunciado a mis deberes como fiel caballero de Hyrule, es verdad que desde hace tiempo mi corazón me impide proteger a este reino.
Un silencio se apoderó de aquella estancia.
El rey y el resto del consejo dictaron la sentencia. Tenía menos de dos días para abandonar Hyrule y solamente esa noche lo dejarían dormir en el castillo. Temprano por la mañana a una hora después de salir el sol tendría que marcharse si es que no quería ser ahorcado.
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Link POV
Tal y como esperaba el rey Daphnes dictó aquella cruel sentencia, dos de sus guardias me acompañaron por los pasillos hasta llegar a mi habitación, seguramente para evitar que husmeara por ahí y me fuera a otra parte o tal vez el rey temía que incluso a esas alturas se me ocurriera ir y raptar a Zelda.
Cerré la puerta bajo llave con cierta desgana y me tumbe en mi cama.
—Zelda— susurré de manera queda. Quería tanto verla, pero ¿quién sabe en dónde estaría?, seguramente que el rey no la había dejado ir a su cuarto, es decir, era un lugar demasiado obvio y además si saltaba por las cornisas del castillo podía llegar fácilmente a sus aposentos.
Que estúpida idea. No, seguramente ahí no era en donde estaba.
Sentí que me agobiaba el sueño y otra vez el sabor metálico invadió mi boca, me estaba atragantando pero de alguna forma no me importaba.
—¿Zel… en dónde estás?— algo húmedo me recorría el rostro.
Finalmente quede vencido por el cansancio, escuché un leve toquido sobre la puerta, quería levantarme pero mi cuerpo se había vuelto sumamente pesado.
¿Cuánto tiempo había pasado?...
La cerradura de la puerta giró insistentemente como si alguien en el exterior tratara de abrirla.
Cierto miedo me invadió de repente, si me había quedado dormido las cosas podían llegar a ponerse muy feas, no me importaba ser decapitado, ahorcado o lo que fuera, pero no quería que eso sucediera en el castillo, no tan cerca de Zelda..
—Link— escuche que su voz me llamaba.
—"Seguramente estoy soñando"— pensé, aun así mi corazón se llenó de alegría. Pero… ¿y si no era un sueño?
La esperanza de aquello hizo que utilizara casi todas mis fuerzas, me levanté como pude y caminé de manera tambaleante hasta la puerta. Mi cuerpo entero agonizaba por la pelea de hace unas horas pero aun así me obligué a mí mismo a seguir adelante. Quería verla, tal vez aquello había sido una mala pasada de mi cansancio pero el tan sólo pensar que era cierto me daba todas las fuerzas que necesitaba.
El rumor de ciertos pasos se escuchó a lo lejos, la puerta crujió un poco como si le hubieran recargado algo de peso.
—"¿Guardias?"… "No… es peor que eso"— no había sonido metálico como el que se solía escuchar cuando golpeaban los adornos de sus botas. Los pasos parecían mucho más ágiles.
Un escalofrió recorrió mi cuerpo, seguramente se trataba de los compinches de Mordred. ¿Y si Zelda estaba ahí afuera?
Apresuré el paso, pasé la llave con premura, giré la manecilla del picaporte y al abrir la puerta, me llevé una gran sorpresa. La princesa de verdad estaba ahí, tenía la espalda recargada en la puerta y cuando la abrí se fue hacia atrás a causa de su propio peso, la atrapé entre mis brazos y le cubrí la boca para evitar que produjera algún sonido.
—Shhh— le susurré sintiendo miedo de perderla.
Rápidamente cerré la puerta y la oculté en el punto ciego, la voz ronca del caballero me amenazó casi de inmediato.
Los seis venían a hacerme frente, estaban furiosos por lo que había pasado en la sala de los juicios.
Estaba harto, nuevamente deje de contenerme, abrí la puerta y con paso firme me les plante de cara, los seis retrocedieron al mismo tiempo, estaba desarmado pero daba igual porque ninguno de ellos lo sabía.
Suspiré mentalmente al ver que los cobardes se marchaban sin el menor percance, aun así refunfuñé un poco al tiempo de volver a mis aposentos y cerrar la puerta. Escuché que Zelda me llamaba y cuando me vire me atrapó entre sus brazos.
La vida volvió a mi cuerpo, también la acurruque entre mis brazos y sin siquiera pensarlo le di un beso en la mejilla, aunque tal vez no era precisamente lo que ella necesitaba, me atrajó hacia su rostro y nos dimos un beso en los labios.
Una extraña expresión cruzó por su cara como si aquel beso no le hubiera sido del todo grato, sus ojos se posaron en mi rostro y de un momento a otro la vi llorando.
—¡Por el amor de Nayru!, Link ¿Qué te pasó? ¿Qué te hicieron?— profirió mientras me abrazaba.
—Nada— le susurre, no tenía caso contarle todo lo que había pasado— Me pelee con unos caballeros— le contesté con simpleza.
—¡Por las diosas!, ¡Mira nada más como te han dejado!.
—Shhh…— trate de clamarla, no quería que nos escucharan.
Entendió mi gesto de inmediato, se apartó de mi lado y rebuscó algo entre los cajones de mi cama.
— ¿Qué haces?— pregunte, quizás de la manera más tonta posible, mi mente funcionaba de manera tan raída que ni siquiera recordaba que tenía medicinas y vendas en esa parte de mi alcoba.
—Ven— me dijo mientras me tomaba de la mano y me guiaba al baño.
Me obligó a lavarme la cabeza y proferí un pequeño gemido ante el ardor que me causaban las heridas ante el contacto del agua fría, pero ese pequeño dolor fue lo último que sentí esa noche, sus manos me curaron la cabeza de una forma tierna y acogedora.
Pero al final me miró con cierta tristeza y terminó por vendarme también el ojo derecho, ya casi no me acordaba pero Mordred me había tirado ahí su primer sablazo de odio.
— ¿Te duele?— preguntó con la mirada pañosa.
—Ya nada me duele— le contesté aprisionándola contra mis brazos.
La lleve hasta la cama y me quedé ahí recostado con ella mientras las horas pasaban de una forma implacable….
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Continuara...
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N.A.: *para los que tengan curiosidad Dulac en realidad es Sir Lancelot, jajaj si ese de las leyendas del rey Arturo, básicamente lo tome prestado de la versión de Wolfgang holhbein en La Leyenda de Camelot.
*Y bueno como ya había metido a Dulac en la sopa Mordred solo era el extra xD aunque termino por volverse una pieza importante.
Comentarios del Fic:
Bueno la siguiente informacion ya no esta en mi Profile aunque alguna vez menciones que este fic era mitad Crossover, bueno seguramente ya se dieron cuenta de que a partir de aquí comienza esa parte de la historia. Bueno en realidad no es un crossover propiamente dicho lo que sucede es que de un momento a otro se me ocurrió darle un buen papel a esos cuatro caballeros y tome prestados unos cuantos personajes que no son propiamente de la leyenda de Zelda, es decir que básicamente están descontextualizados aunque siguen guardando su personalidad y algunas de sus características, exceptuando a uno jajaja creo que después se darán cuenta de quien es porque es muy fácil de reconocer.
Junto con la reina, Sir Arthur es el único otro O.C. que hay en esta historia aunque hace referencia también a las leyendas artúricas realmente no lo tome prestado de ninguna otra parte y me pareció divertido darle una personalidad propia xD.
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Comentarios del capitulo:
Respecto a este capitulo en particular sólo estoy esperando a que las fans de Link no me decapiten jajaja (Risita nerviosa ^ ^).
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