Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.

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Dulac pertenece a Wolfgang holhbein en La Leyenda de Camelot.


[***]

[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)

0-0-0 cambio de punto de vista

"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos

Cursivas Recuerdos efímeros

"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje

* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)


Amor Silente

VII

[***]

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— ¿Qué va a pasar ahora?— susurró desde las penumbras de aquella habitación.

— No sé— contestó él mientras la aferraba contra sus brazos.

— Tenemos que salir de aquí.

— No podemos, cielo… El castillo está repleto de guardias en las entradas, ni siquiera tengo idea de cómo es que llegaste hasta este cuarto sin que te vieran.

— Creo que fue obra del destino...— contestó con una sonrisa mientras se acurrucaba en el pecho de su compañero.— todos creen que estoy encerrada.

— Ya veo— susurró él de manera calmada, aunque en esos momentos pensaba "creen que estas encerrada en algún cuarto". No tenía ni idea que horas antes había estado atrapada en un "calabozo".

— ¿Que vamos a hacer…?— masculló entre la oscuridad que los rodeaba.

— De momento nada. Mañana tengo que salir de aquí.

— No quiero…

— Pero la sentencia ya ha sido dictada. Se lo dije a tu padre…. Lo mucho que te amaba y te quería, pero él no ha querido escucharme. ¿Cómo va a escucharme si soy un simple caballero?

— No quiero que me dejes.

— Tampoco sé si pueda hacerlo… después de todo te lo he prometido. Voy a quedarme a tu lado.

— ¿Cómo?

— Todavía no tengo idea. Tal vez pueda ponerme a pensar un poco durante el exilio. No lo sé, estoy muy confundido.

Ella acarició su cabeza de manera tierna y revolvió los pocos cabellos que le sobresalían del vendaje.

— Link— lo llamó mientras le daba un beso.

El joven caballero se estremeció por completo, aquel contacto había sido demasiado cercano, no era como si no se hubieran besado antes, claro que no, pero ese beso había sido demasiado intenso y también tan duradero que tuvieron que separarse a causa de la falta de aire.

Fue una de esas pocas ocasiones en las que Sir Link maldijo ser una constante presa del oxígeno. Se viró de manera lenta atrapándola entre su cuerpo y la cama.

— Zelda, creo que estoy a punto de proponerte una locura— le dijo mientras la llenaba de besos.

— ¿Qué cosa podría ser una locura en estos instantes?

— Salir de aquí. Hacer lo que siempre me pedías. Huir fuera de este reino….

— Hagámoslo...— le susurró mientras cruzaba sus brazos alrededor de su cuello.— estoy dispuesta a dejarlo todo, no quiero vivir si estas lejos de mi lado.

El suave movimiento que había hecho dejó fuera de razón al caballero, ya nada importaba o por lo menos eso parecía, reclamó su cuerpo con numerosas caricias hasta llegar al límite de sus sentidos, pero entonces algo extraño cruzó por su mente.

— "Todo"… "Dejarlo todo"— la frase retumbaba en su mente de manera casi agobiante.

Agitó la cabeza con vehemencia para deshacerse del pensamiento, pero mientras le daba empujoncitos a su compañera con la cadera aquel pensamiento volvía de una manera mucho más fuerte.

Finalmente se detuvo, de cierta forma no podía soportarlo, era cierto que la amaba, pero no podía condenarla a una vida de exilio.

— ¿Qué sucede, Link?— le dijo ella al ver que se había detenido de manera brusca.

Él negó con la cabeza y se acurrucó en su pecho dejándola prisionera nuevamente entre su cuerpo y aquella cama.

— No te detengas— le suplicó de manera tierna.— quiero estar contigo esta noche.

— No Amor…

— No— replicó ella de manera triste y un poco decepcionada ante el arrepentimiento de su compañero.

— No… no de ésta forma. Sin importar lo que haya pasado, no es correcto. Por favor quedémonos tal y como hasta ahora— le pidió mientras la besaba en el cuello.

— ¿Cómo hasta ahora?

— Silentes….

— ¿Silentes…?

— Así es como somos…así es como nos hemos amado, así es como ha sido siempre, un Amor Silente

— Quedarnos tal como hasta ahora— repitió ella mientras lo abrazaba…

Link la dejó aprisionada contra su cuerpo y así se quedaron el resto de la noche.

[***]

Esa mañana el castillo estaba en completo silencio. Salió de la alcoba real de manera presurosa, durante la noche no había podido hablar con el rey porque se encontraba molesto y muy reacio.

Se dirigió a su habitación privada, miró de un lado a otro esperando a que nadie la viera y justamente cuando iba a tocar la puerta ésta se abrió de forma inesperada.

Un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo y se adentró de forma inmediata en aquella estancia. La habitación estaba desierta, en el piso a un lado de la cama yacían tiradas las llaves que la noche anterior le había entregado a su hija.

— Zelda… ¿A dónde te fuiste¡— clamó de manera preocupada, salió de ahí inmediatamente y con disimulo la buscó a través de los pasillos.

"No puede ser", pensó con vehemencia en su cabeza. Aunque aquello era la única cosa que podría haber pasado. Sabía que Zelda se había ido a buscar a Sir Link, pero posiblemente no había podido llegar hasta su cuarto, es decir, no era posible, no con el castillo al tope de guardias y caballeros.

Bajó hasta el calabozo del Hielo y después de una inspección rápida, suspiró con alivio al ver que Zelda no se encontraba ahí de nuevo.

Pero… ¿En dónde estaba?, ¿Con Sir Link?.. ¿¡En serio!?

Subió rápidamente a través de los rebuscados pasillos y al llegar a la puerta del caballero tocó de una forma casi sigilosa.

— Sir Link…— lo llamó

Por breves instantes no hubo respuesta.

— "Mis Diosas"— pensó con cierta clemencia.— Sir Link por favor, conteste.

Nuevamente no hubo una respuesta. ¿No estaba?, ni Zelda tampoco. A lo mejor se habían fugado sin que nadie se diera cuanta y si eso era cierto, era probable que nunca más en su vida volviera a ver a su hija.

El alma se le fue del cuerpo y justo cuando las piernas comenzaban a temblarle escuchó una voz que provenía de atrás de aquella puerta.

— ¿Qué ocurre, Alteza?— clamó de una forma amable pero muy perezosa.

— Sir Link... por favor, venga— lo llamó de manera suplicante— necesito su ayuda no puedo encontrar a mi hija.

— Entiendo— volvió a decir de manera calmada.

Tan calmada, que a esas alturas la reina ya sabía que adentro estaba Zelda, de otra forma ya habría visto salir corriendo al noble caballero.

[***]

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Zelda POV

Desperté sintiendo una sensación cálida y confortante.

— "Ese aroma"— pensé de manera alegre, sabía que era el de mi Link incluso antes de abrir los ojos.

Las imágenes del día anterior recorrieron mi memoria.

— "Fue un sueño"— pensé de manera tranquila mientras lo abrazaba y recorría su espalda con delicadeza.

El contacto hizo que él también despertara lentamente, su respiración lenta y muy pausada me hicieron pensar que mi último pensamiento había sido cierto.

— "Una pesadilla"— creí de firme manera. Seguramente aquello había sido producto de mi loca imaginación, era más probable que me hubiera quedado dormida en el jardín secreto… en los rincones perdidos de la pradera de Hyrule.

Pero la superficie en mi espalda era demasiado acolchonada, eso me confundía, mis manos siguieron su curso por un pequeño sendero de su cuerpo que yo bien sabia llevaba hasta su despeinada melena. Una superficie rugosa interrumpió mi recorrido y fue entonces cuando abrí los ojos.

La angustia me invadió repentinamente.

— No fue un sueño— susurré mientras se me escapaban las lágrimas. La primera cosa que había visto al despertar era su cabeza llena de vendajes, nuevamente los recuerdos de la noche anterior me torturaron.

"No pierdas la calma", me repetía mentalmente, lo abracé de manera tierna y esperé a que despertara, seguramente algo se le ocurriría. Pero… ¿y si no?, el sol apenas había salido, pero era una clara señal de que él ya no debería de estar en donde estaba. Seguramente estaba muy cansado y si su memoria estaba tan confundida como la mía las cosas podían ponerse feas.

"Tendrá que abandonar Hyrule, si es que no quiere enfrentarse a la horca."

Las palabras de mi madre vagabundearon por mi cabeza. Un terrible terror me recorrió el cuerpo y a pesar de que quería quedarme a su lado no quería que nada malo le pasara.

— Link… despierta, cielo, despierta— le hable mientras lo movía.

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Link POV

— ….Cielo, despierta.

— Estoy despierto

Lo estaba, llevaba una hora sin poder conciliar el sueño, escuché que susurraba algo así como "no fue un sueño". Desde el fondo de mi corazón también hubiera deseado que lo fuera.

Me acurruqué en su pecho esperando a que nuevamente me acariciara, pero su voz sonaba preocupada.

— Es temprano— susurré de manera queda,— todavía tengo una hora— le dije mientras ocultaba mi rostro en su cuello.

Respiró de manera un poco más tranquila y volvió a acariciarme la espalda.

— Perdóname…

— ¿Por qué?

— Por ser tan descuidado… si tan sólo… si tan sólo hubiera visto el odio en sus ojos, nada de esto estaría pasando.

— No entiendo.

— Lo sé, ya no importa— le susurré — ¿Te estoy aplastando?

— Si… mucho— me dijo de manera graciosa.

— Ya lo sabía, desde hace buen rato que perdí toda la fuerza de mi cuerpo. Perdóname.

— No importa. No sabes lo mucho que me encanta tenerte cerca.

— También me encanta tenerte cerca. Acaríciame – le pedí de forma suplicante aunque no hacía falta que lo hiciera, sus tiernas manos volvieron a recorrer mi cuerpo brindándome esa sensación cálida y segura.

Unos pasos se escucharon a la distancia, Zelda se crispó un poco pero con la mirada le indiqué que no tuviera miedo.

— Tranquila— le susurré. Si era necesario saldríamos por la ventana para que nadie la descubriera, aunque posiblemente ahí también estaba lleno de guardias, pero en mi armario tenía una capucha así que aunque me vieran a mí no permitiría que a ella la descubrieran, en bastantes problemas ya la había metido como para que de pilón la descubrieran con un traidor del reino.

Los pasos se detuvieron y un suave toquido rozo la puerta…

— Sir Link.

— " ¡Alteza!"— clamé para mis adentros, no sabía si contestarle o quedarme callado fingiendo que no estaba.

— Sir Link por favor, conteste.

El tono de su voz sonaba preocupado. No podía hacerle esto… no, no a ella, me había salvado la vida y me había acogido en su familia de manera cariñosa.

— "¿Qué estoy haciendo?"— pensé mientras mi corazón se partía en pedazos.

Miré a Zelda, la amaba tanto pero no podía seguir lastimando a otras personas, además mi princesa también parecía preocupada ante el tono en la voz de su madre.

— ¿Qué ocurre, Alteza?— clamé de una forma amable tratando de no demostrar mi nerviosismo.

— Sir Link... por favor, venga— me llamó de forma suplicante— necesito su ayuda no puedo encontrar a mi hija.

— Entiendo— volví a decir de manera calmada.

Zelda me estrujó entre sus brazos y entonces me concentré para poder levantarme, durante esa hora que estuve despierto sólo había pensado en una cosa, "¿cómo sacar a Zelda de mi cuarto?", había tan pocas posibilidades de hacerlo sin peligro y ahora milagrosamente la reina tocaba a mi puerta.

Me levanté con parsimonia usando las pocas fuerzas que mi cuerpo tenia, mi princesa me miró de forma suplicante y le di un beso en los labios antes de poder abandonar la cama. Suspiré de manera profunda antes de abrir la puerta con cautela.

Entonces la vi, su cara de preocupación nuevamente me rompió el alma.

— "Tonto ingrato"— me gruñí mentalmente, ¿cómo era posible que le hiciera daño a una de las personas que más quería?

Miré hacia amos lados del pasillo, estaban desiertos y no había señal de presencias cercanas, fue entonces cuando abrí por completo la puerta.

— ¡Santo Cielo!, Sir Link ¿Qué le ha pasado?— profirió al percatarse de mis vendajes.

— Nada… no importa— tampoco tenía caso decírselo a ella.— Aquí esta Zelda— le dije con cautela.

La vi con intenciones de pasar y entonces la retuve tomándola por el brazo con el mayor de los respetos posible.

— Por favor…— le supliqué— no vaya a regañarla, bastante ya ha llorado por mi culpa.

— No puede estar aquí, Sir Link— me dijo con tristeza bajando la mirada— si no se apresura mi marido va a mandar a ahorcarlo.

— Lo sé… y también que ya no tengo derechos— le hablé en voz queda— pero… aun así, ¿Puedo pedirle un favor?, será el único y también… el ultimo.

— Dígame.

Me aparte de su camino. Zelda se levantó un poco temerosa de la cama, caminé hasta su lado y la tomé de la mano hasta llevarla con su madre, entonces por primera vez tomé la mano de la reina y la uní con la de la princesa.

— Por favor apártela de éste sitio.

— Link— profirió Zelda.

Una lágrima resbaló por mi mejilla, le di un último beso en la frente, y sin tomar ninguna cosa como equipaje salí de aquel cuarto. Ya no tenía nada.

La escuché tras mis espaldas clamar mi nombre, pero no volteé, sabía que si lo hacía perdería la poca voluntad que me quedaba…

[***]

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La reina lo miró marcharse con el corazón herido, tal y como él le había pedido no regañó a Zelda.

— Link… no te vayas— profirió la princesa entre lágrimas.

— Vamos— habló con simpleza, pero la princesa ya se había caído arrodillada al suelo— ¿O es que quieres que su esfuerzo sea en vano?

Negó con la cabeza y se levantó como pudo.

[***]

El viento afuera del castillo era un poco gélido, Sir Link avanzó con pasos pesados ante las miradas acosadoras de todo el mundo.

En el arco principal de la entrada estaba Dulac y cuando el ex caballero pasó a su lado lo retuvo por un brazo.

— ¿A dónde ira?

— No tengo idea.

Le susurró algo al oído, Sir Link ladeó los ojos, como si no estuviera del todo de acuerdo.

Se soltó de aquel agarre y tras atravesar el umbral silbó de manera estridente, los que estaban presentes en los patios lo miraron con cara confundida, sólo Dulac sabía que aquel sonoro silbido no era causado por la locura.

El relinchido sonó estridente incluso desde la distancia.

— ¡Un caballo se ha escapado!— gritó un hombre rechoncho.

La yegua se detuvo en seco al llegar junto a su jinete, Sir Link negó al hombre con la cabeza.

— El corcel pertenece al reino— clamó cuando llego junto al ex caballero.

Pero él volvió a negar con la cabeza.

— Ella no— dijo con voz casi ahogada.

Dulac se acercó de manera desafiante.

— El rey Daphnes dijo que Sir Link podía llevarse sus pertenencias— le refutó al hombre que cuidaba las caballerías— Epona le pertenece.

— Gracias Dulac… no voy a dejar que me quieten mi regalo— dijo abrazándose al cuello de la yegua, de un momento a otro en su mente sólo estaba la princesa, el recuerdo fue tan nítido y a la vez tan lejano, la princesa Zelda sonriéndole alegremente diciendo feliz cumpleaños con las riendas de la potranca entre las manos.

Finalmente le gruñó un poco a al hombre y de manera ágil se hizo con la montura, no hicieron falta las palabras ni las explicaciones para que de repente Epona emprendiera carrera.

Se perdió tras el horizonte mientras todos en los patios se quedaban expectantes. ¿Sería la última vez que verían al primer caballero?

[***]

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Zelda POV

— Link… no te vayas— proferí sin poder evitar que se me salieran las lágrimas.

— Vamos— me hablo mi madre, pero ya no tenía fuerzas y me había caído arrodillada al suelo— ¿O es que quieres que su esfuerzo sea en vano?

Negué con la cabeza y me levanté como pude.

Verlo irse fue la cosa más difícil por la que haya pasado en mi vida, me había prometido que estaríamos juntos, mi corazón le creía pero mi cabeza daba vueltas repitiéndome una y otra vez "En el fondo él es un caballero".

Había una alta probabilidad de que no regresara creyendo que lo que hacía era por mi bien y por el de Hyrule.

Caminé junto a mi madre hasta su habitación privada y al entrar me senté en la cama con la cabeza terriblemente adolorida.

— ¿Qué voy a hacer si no regresa?— clamé en voz alta sin importar que ella estuviera a mi lado. También me había llevado las manos al rostro tratando de no perder la cordura.

— No lo sé… no puedo contestarte eso, yo mejor que nadie sé que lo que sientes no es un capricho. ¿Por qué te enamoraste de un caballero?

— No lo sé, tampoco lo he visto como un caballero, para mí solamente es el hombre que más amo.

— Mañana tu padre organizara una fiesta.

— ¿Una fiesta?... ¿Con todo este alboroto?

— Una fiesta por todo este alboroto, él no planea decírtelo pero yo si voy a contarte, es una fiesta de compromiso.

La sangre se me puso helada al escuchar esa palabra.

— Después de todo mañana es precisamente el día… mañana termina el mes que te dio de plazo.

— Es cierto— por unos instantes lo había olvidado.

— Los príncipes de los reinos vecinos, ya estaban avisados de ante mano, tu padre daba por obvio que de verdad no elegirías a alguien para marido.

— De verdad que no iba a hacerlo— susurré de manera queda— ¿cómo podría teniendo a Link a mi lado?, ¿cómo podría elegir a otro cuando mi corazón le pertenece?

— Si él no vuelve entonces ya no importa.

El corazón se me detuvo por unos momentos al escuchar esas palabras.

— Aunque no sé si sea bueno que vuelva, tu padre le cortara la cabeza si después de mañana tiene un pie sobre la Tierra de Hyrule.

— Ya todo se ha acabado… ¿cierto?

— Eso me temo, ¿De verdad quieres que se arriesgue? ¿De verdad esperas que pierda la vida?, porque eso es lo que ocurrirá si vuelve— dijo en tono triste.

— No, tampoco podría seguir viviendo.

— Y si te lo pido. Ya déjalo.

— No sé si podría.

— Pero sólo así él viviría.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, "solo así viviría", tal vez era cierto y si de verdad lo amaba tal vez lo mejor sería aceptarlo, aunque mi corazón no estuviera listo una parte muy dentro en mi cabeza todavía sabía lo que hacía.

— Voy a perder la cordura… Me quedare en Hyrule— clamé como una afirmación.— pero en el futuro sólo podrán verme como una reina Loca.

— Es porque has decidido no ser feliz con otro. Tú misma te condenas. ¿Todavía confías en tu madre?

— ¿Todavía?... desde siempre has sido la única.

— Entonces todo está hecho, dejaras a Link y tomaras a quien yo te escoja como prometido.

La miré de forma expectante ¿De verdad estaba hablando en serio?

— Tu padre me ha cedido un derecho. Yo puedo escoger a uno de tus candidatos y ese candidato tiene el mismo derecho que los otros.

Se levantó con cierta pesadez, caminó hasta la puerta y se viró de forma lenta antes de cerrarla.

— Confío en que esta vez si te quedes en el cuarto.

La puerta se cerró con un ruido estridente y entonces me quede a solas…

[***]

Las horas pasaron de forma implacable, la tarde fue sumamente eterna y la noche aún más agonizante. Cuando salió el sol Impa entró por la puerta.

— Olvide cerrar con llave— me maldije en voz alta acostada desde la cama— se supone que estoy en el calabozo por favor no digas nada.

— Princesa, su padre ya sabe que está en este cuarto.

— ¿Quién se lo dijo?

— Mi señora la reina, habló con él justo esta mañana.

— ¿Se ha enojado?— pregunté con desgana, con una voz carente de emociones.

— Sólo un poco, últimamente el rey se sorprende demasiado ante las acciones de su madre.

— Mi alto sentido de la irresponsabilidad la ha vuelto rebelde, es porque su sentido materno también se ha vuelto loco, debiste ver como dejó a los guardias el otro día.

Un pequeño silencio se hizo en la estancia, Impa entró en el baño privado y escuché claramente como abría la regadera.

— He venido a arreglarla— clamó dejándose de rodeos— venga le ayudare con el baño— me dijo tratando de levantarme.

— Sí, que buena idea. ¿Me harías un favor?

— ¿Alteza?

— Llena hasta el tope la tina, tal vez así sea más fácil ahogarme.

— Su madre dijo que diría eso, por eso es que me ha mandado.

Refunfuñé de manera sonora, ya ni siquiera a morirme tenía derecho.

[***]

"Link" pensé con insistencia mientras me miraba aquel bonito vestido, era precioso casi parecía algo destinado a una novia.

— Como me hubiera gustado usarlo para ti— susurré mientras Impa me guiaba por los pasillos.

Definitivamente ella siempre fue mi segunda opción de guardaespaldas.

Nos dirigimos directamente a la sala de los juicios, ahí era en donde desde tiempos inmemoriales se celebraban ese tipo de ceremonias, el cuarto estaba repleto y el acomodo era muy diferente al de siempre, dos largas hileras de asientos estaban acomodadas a lo largo del pasillo principal, al fondo de la estancia se erigía una estatua de la Trifuerza un símbolo sagrado para los de mi familia.

En primera fila también estaba mi padre con una sotana real muy adornada y también el báculo de los juicios, una reliquia que servía quien sabe para qué cosa y que sólo se conformaba del báculo dorado con una extraña esfera de cristal brillante adornando la punta. Junto a él estaban parados cinco de los príncipes vecinos de nuestro reino. Bajé la mirada de manera resignada.

Recordé las palabras que Link me había dicho hace unas semanas, era cierto todos eran igual de jóvenes.

— "Link … por favor ya no vuelvas"— clamé desde mi corazón de forma herida y agobiada. Si regresaba no sólo corría el riesgo de matarse sino que también se llevaría una desagradable sorpresa.

Caminé de manera firme hasta el frente. Mi padre anunció el inicio de la fiesta mediante un discurso solemne y conmovedor que me hubiera emocionado de no ser porque ahí en donde alguna vez había estado Zelda ahora solamente estaba un cuerpo sin alma, sin emociones, carente de sentido ante su propia vida y ajeno a su propia existencia.

Escuché atentamente hasta el final de aquellas palabras.

— Y ahora hija mía. Elige.— habló como si de verdad no le importaran mis sentimientos, si es que por ahí quedaba todavía alguno.

Bajé la cabeza y simplemente me quede ahí parada.

Aceptaba mi destino pero definitivamente no elegiría, y además… ¿en dónde estaba el supuesto elegido de mi madre?, no es como si en algún momento le hubiera dado preferencia pero de alguna forma sentía curiosidad por saber qué tipo de persona era la que me había traído. Y ahora que lo pensaba… ¿En dónde estaba ella?

Mi padre gruñó ante mi actitud, pero yo me mantuve firme. Mi corazón ya había elegido a esa persona y no estaba entre estos candidatos.

Los príncipes también me miraron de forma impaciente.

— ¡Que terrible descortesía!— la voz se había escuchado desde el fondo haciendo eco hasta los más recónditos lugares.

Me viré lentamente.

Ella caminaba con seguridad hasta el centro del escenario.

— Daphnes ¿A caso vas a romper tu promesa? O es que ya olvidaste que me cediste un derecho.

— ¿De verdad lo has traído?— preguntó mi padre con asombro.

Ambos miramos a sus espaldas.

Mi madre invitó a alguien con la mano. Un encapuchado blanco le dio alcance hasta el centro, en su hombro derecho pude ver grabada la insignia de la casa real de mis abuelos maternos.

El desconocido pareció mirarme fijamente por debajo de su capucha.

Había algo… algo que me impulsó a caminar unos cuantos pasos.

Ese perfil… esa sonrisa…

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Continura...

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Comentarios del Capitulo:

De aquí en adelante vamos a estar dando saltos en el tiempo, parece que faltan algunos capítulos pero en realidad ya estamos en las ultimas partes de la historia, se ha vuelto un poco larga porque fue necesario narrar todos los puntos de vista :D

para el siguiente capitulo que pertenece a uno de los dos extras de la historia, son libres o no de leerlo (ya que no afecta demasiado en la trama general) pero les recomiendo que de éste por lo menos si lean la ultima parte ;)