Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.

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Dulac pertenece a Wolfgang holhbein en La Leyenda de Camelot.


[***]

[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)

0-0-0 cambio de punto de vista

"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos

Cursivas Recuerdos efímeros

"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje

* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)


Amor Silente

IX

[***]

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Link POV

De alguna forma el aire se sentía gélido, el sol del atardecer decencia con mucha cautela dándome una sensación de terrible nostalgia.

— ¿Qué pasa contigo, Dulac?, acaso tampoco puedes soltarme…No debí de haber venido.

Pero una sensación oprimía mi pecho, ¿de verdad era importante aquello que iba a decirme?

Mire nuevamente al horizonte, el columpio se balanceaba suavemente, la rama sobre la cual estaba sentado era firme pero aun así sentía como el viento la tambaleaba de un lado a otro.

Epona alzó las orejas. Un trote apresurado se escuchó desde la distancia, El Unicornio se detuvo de manera brusca bajo el árbol.

— ¡Sir Link, baje de ahí de inmediato!— clamó su voz.

—Escandaloso como siempre— no tenía ganas de nada, para mañana ni siquiera tendría el derecho de pisar mi amada tierra de Hyrule.

Bajé de un solo salto, él pareció espantarse ante mi locura, escuché algo así como "se quiere romper las patas", que importaba.

Su respiración se veía un poco agitada, se me plantó de frente y con gesto autoritario me devolvió la espada.

— ¿¡Le paso algo a Zelda!?— exclamé de manera asustada.

—Todavía no…

— ¿Todavía?— pregunté al ver su mano estirada esperando a que tomara el arma.

—El rey de Hyrule ha perdido la cabeza. Piensa casar a la princesa mañana mismo en la tarde.

— ¡Qué!— bramé desconcertado— ¡Pero como!, ¡Porqué así tan rápido!

—Dice que debe defender el honor de su hija. Sir Link ¿Va a permitirlo?

Mi corazón se detuvo por unos instantes.

—La princesa Zelda no sabe nada de esto, él literalmente planea que sea una sorpresa, no tendrá tiempo de reaccionar y cuando menos se lo espere estará en su fiesta de compromiso. Nuestra alteza la reina sólo sabe la verdad a medias, no tiene idea de que él rey planea casarla justo después de aquella ceremonia.

— ¿¡Cómo sabes todo esto!?— dije casi en trance.

—Mi hermano, Tomo.

Por un momento sentí un terrible mareo, Dulac no me mentiría…

—Los pretendientes llegaran mañana por la mañana, la fiesta de compromiso se efectuara por la tarde y la boda por la noche.

—Yo.. yo..— mi corazón se llenó de angustia al pensar a la mujer que amaba en brazos de otro hombre y además de manera obligada, no quería ni tampoco podía permitirlo así que llamé a Epona dispuesto a cabalgar hasta el castillo.

El Unicornio de Dulac se paró en dos patas impidiéndome el paso.

—Es una locura el lugar está repleto de guardias.

—Entonces deséame suerte.

Monté de manera rápida y cabalgué como loco hasta el castillo

[***]

Era tal y como él me había dicho, el lugar estaba lleno de guardias, y además armados hasta los dientes lo cual era normal si dentro de poco el castillo se llenaría con personajes importantes, los príncipes de los reinos vecinos y los invitados de la realeza. Bajo el manto de la noche dejé a Epona escondida tras unos Matorrales.

Relinchó de manera triste al ver que me marchaba.

—Perdóname… pero no pasas desapercibida— le quité la brida y la silla y las tiré ahí sobre el suelo.— Si algo me pasa… si no vuelvo, por favor no me esperes, eres libre— le dijé mientras la abrazaba por el cuello.

Sabía de antemano que no se iría pero me quedaba el consuelo de que si fallaba tal vez Zelda vendría a buscarla.

Las impenetrables murallas del castillo se presentaron ante mi como nunca antes, como un terrible obstáculo, y pensar que siempre me había sentido tan orgulloso, "las murallas de Hyrule, las mejores y más seguras en el mundo", aquellas que alguna vez me habían brindado seguridad y cobijo ahora también se convertían en mis enemigas.

Con cierta destreza trepé por la parte vieja de la muralla, ahí donde las imponentes piedras de basalto habían sido desgastadas a través de los siglos, las pequeñas hendiduras me servían de escalones.

— ¡Al diablo con los guardias!— Bramé de forma bajita,— esta muralla es lo peor de todo.

Un paso en falso y terminaría peor que muerto, me iba a dar un golpe tan fuerte que mi alma terminaría perdida en el limbo más allá del alcance de las Diosas.

Finalmente después de casi una hora alcance la cima, las luces fugitivas de las torres estaban al asecho.

—Bien Link— dije sintiéndome el estúpido más grande de todos— Ya subiste ¿¡Y ahora cómo bajas!?

Miré con cautela antes de saltar al pasillo de la muralla.

—Un guardia a la izquierda.

Suspiré de manera ahogada, se me estaban soltando las manos de las piedras, el fuerte agarre que había mantenido estaba cediendo poco a poco. El sonido de unos pasos hizo que me virara.

—Bendita Farore— dije al ver que el hombre se había ido.

Subí con cautela dibujando un mapa mental de todas las posibles salidas que conocía. Me lleve la mano a la espalda ¡Por qué demonios se me olvido tomar mi espada cuando Dulac me la ofrecía!, me gruñí a mí mismo de sobremanera.

Por primera vez en mi vida estaba haciendo las más grandes tonterías, no tenía plan ni armas, tan solo me estaba dejando guiar por mis sentimientos.

—Zelda… era tal y como me lo decías no soy capaz de verte con marido.

El exilio todavía sonaba horrible pero el valor que había tomado esa mañana había desaparecido, la había dejado en manos de la reina ¿Pero de que me servía si contra el rey nadie podía?

Bajé de forma furtiva hasta los jardines.

Las entradas estaban atascadas.

—Imposible— dije sintiendo una frustración enorme.

Me senté a esperar pacientemente pero no parecía haber señales de cambio de guardia, el amanecer pronto llegaría y yo todavía seguía ahí varado.

Después de que salió el sol e incluso después de muchas horas los guardias habían permanecido sin darme oportunidad a realizar ni una sola jugada.

Los príncipes vecinos y sus invitados comenzaron a llegar de forma lenta, el tiempo se me acababa.

—Zelda— susurré de manera firme.

La tarde cayó de manera inevitable, hubo un cambio de guardias pero venían en grupos muy numerosos.

Ya no podía seguir esperando.

— ¡Al carajo con esto!— gruñí saliendo de mi escondite y plantándomeles de frente, me había vuelto loco ¿iba a pelear a manos limpias?, bueno al fin y al cabo no era tan manco como para no poder hacerlo.

— ¡Que hace usted aquí!— dijeron acorralándome.

—Quince guardias en una sola entrada, pero bueno eso me pasa por andar entrando por las principales— ¿Y si hubiera elegido una aledaña?, pero habría tenido que rodear todo el castillo y el tiempo ya no estaba de mi lado.

Y pensar que sólo eran guardias, pero habían logrado hacer un círculo perfecto, a la derecha y a la izquierda, ya no podía arrepentirme y de todas formas ya no tenía salida. Tomé mi posición de batalla sabiendo de antemano que me llevaría conmigo unos cuantos golpes, eso sí tenía la suerte de no morir en el intento.

El ruido de la espada cortando el viento pasó muy cerca de mi cabeza, me agaché de manera ágil y le metí el pie al que había tratado de matarme, se cayó de nalgas y tuve que contenerme para no soltar la risa.

¿Hace cuánto que no sentía tanta adrenalina?, ¿un año?, ¿dos?, sin guerra civil a cuestas se me había olvidado lo que realmente significaba pelear por tu vida en combate.

—Y pensar que se está poniendo divertido, yo, definitivamente ya he perdido la cabeza.

Una rodada, una vuelta, una patada por la espalda, un gruñido sordo proferido por el que había tirado de bruces.

La sonrisa de la victoria, "Zelda, cómo me hubiera gustado que me vieras pelear en serio".

—Pero ya se acabó.— dije con voz cansada, por más voluntad que tuviera mis manos no iban a atravesarles las armaduras y mis golpes no eran tan eficaces como sus espadas.

Lo supe y lo había sabido desde siempre, la cosa fue que el pensamiento se hizo más evidente cuando comencé a tener demasiadas heridas, una espada paso muy cerca de mi rostro, me quede completamente helado al ver que había logrado romper de tajo todos mis vendajes.

Por primera vez en horas pude abrir mi ojo derecho, las imágenes se veían nubladas y no me ayudaba mucho con la vista periférica, era peor que tener un punto ciego así que por seguridad preferí cerrarlo.

—Bonita cicatriz la que te han dejado— se burló uno a carcajadas.

Nuevamente había perdido el aliento y maldije por debajo el hecho de haberme quedado tanto tiempo fuera de la guerra, me había vuelto flojo he indeciso y las consecuencias se habían hecho más que evidentes.

El circulo comenzó a cerrase amenazantemente, el filo de una de las espadas atravesó mi pantorrilla, nuevamente maldije mi suerte, ahora ya ni siquiera podía párame, miré con horror hacia el futuro… que cruel destino.

¿Será cierto que si cierras los ojos al final las cosas duelen menos?

De todas formas ya no había nada, bajo el manto de la oscuridad proporcionado por mis parpados se irguió un funesto pensamiento, "Perdóname Zelda", no solamente había fallado sino que también me había muerto torpemente en el intento. Lo único que realmente rogaba era que no la dejaran ver mi cadáver, tal vez se compadecerían y se desharían de mi cuerpo antes de que ella se enterara.

Un ajetreo se escuchó desde el mundo externo, los guardias comenzaron a blasfemar de manera recia y algo inteligible, por inercia abrí lentamente los ojos, todavía estaba vivo, pero los había cerrado tan fuerte que ahora mi visión estaba completamente nublada, el ojo izquierdo se emparejó al derecho dejando ante mí una escena confusa repleta de sombras.

Los guardias que habían estado frente a mí cayeron, pronto no hubo más enemigos, sólo el silencio absoluto, cuatro sombras blancas se presentaron ante mí con un aura sumamente agradable, una de ellas se adelantó y me tendió la mano.

[***]

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Cuando le tendió la mano sus ojos no podían creerlo, parpadeó un par de veces antes de poder reconocer el símbolo bordado en sus capas.

—Se le olvido esto. — dijo el joven con una sonrisa burlona.

Sir Link extendió la mano, la espada había vuelto a su verdadero sitio.

— ¿Qué hacen aquí ustedes?

—Estamos de encargo— clamó una voz bajo una de las capuchas.

—Así que… ¿De verdad se volvió loco?, entrando por la puerta principal y sin arma.

Sir Link agachó la cabeza, de verdad que había sido una tremenda tontería pero..

—…Ya no me queda tiempo— gruñó al momento de incorporarse.

— ¿Te damos un aventón?— clamó el encapuchado que le había dado la espada con una sonrisa.

Sir Link lo miró de forma inquieta, de manera extraña su capucha no parecía encajar con su tamaño.

— ¿Por qué están ayudando a un traidor?, acaso no les ha quedado claro… no quiero su ayuda, no quiero que salgan embarrados en esto.

— ¡Acabamos de cargarnos a quince guardias!, creo que ya estamos embarrados en esto.

—¿Y si los matamos?, tal vez así no habrán el pico.

—¡Silencio ojos verdes!, no estés diciendo sandeces y tonterías.— clamo el encapuchado más bajito.

Su compañero gruñó haciendo berrinche.

— ¡Se metieron con uno de los nuestros!, ¡Morirse es lo mínimo que merecen!, ¿o acaso crees que esa herida la hicieron en son de advertencia?— clamó dirigiendo la mirada hacia la pantorrilla del primer caballero.

— ¡Silencio!...Él tiene razón, deja de decir tonterías, es verdad que hasta cierto punto los guardias se pasaron, pero no vamos a rebajarnos a su nivel.

Bajo la gruesa capucha sonrieron unos bonitos ojos violáceos, se acercó al caballero herido y con destreza rasgó un pedazo de su capa para después ponérselo a modo de vendaje. Una pequeña luz color verde también emanó de sus manos y segundos más tarde la herida en la pierna de caballero había sanado.

—Es provisional y es posible que cojees un poco, ya sabes que la magia de sanación no es mi fuerte.

—Toma— dijo Dulac quitándose su capa y poniéndosela encima.

—Nosotros nos encargamos de esto— dijo el otro apuntando a los quince hombres desmayados en el suelo.

— ¡Oye cocinero!— gruño el encapuchado de ojos verdes— asegúrate de que por lo menos llegue a la sala de los juicios.

Después el caballero exiliado levantó la mirada. Los demás la siguieron casi por inercia.

—Zelda— profirió Sir Link con alegría al ver pasar a la joven por uno de los pasillos aledaños, Impa la llevaba bajo custodia, seguramente la hora había llegado. Sir Link puso los ojos tristes al percatase de la expresión en el rostro de la princesa, incluso desde la distancia podía ver perfectamente que había estado llorando.

Un extraño tirón lo sacó de sus cavilaciones, Dulac lo jalaba por el brazo y ahora lo dirigía hacia el interior del castillo.

—Asegúrate de volver para nuestro encargo— se escuchó una voz tras ellos.

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Link POV

Bajo la protección de su capucha pasé completamente desapercibido.

—Ahora si— me dijo mientras nos deteníamos frente a la gran puerta— Te deseo suerte, el resto está en tus manos.

—Gracias… yo, no sé cómo pagarte.

—No sé de qué hablas, querrás volver a verme como Mozo de cocina, sin ti no sería nada de lo que soy ahora.

—Y por mí también vas a dejar de ser lo que eres ahora, no sé si la suerte todavía este de mi parte pero si fallo, diles que te golpee para quitarte la capucha.

—Antes muerto.

—Entonces seré yo quien lo diga.

Sonrío de alegre manera y se alejó a través de los pasillos.

Cuando abrí la puerta de la sala de los juicios el chirrido sonó de manera estridente, un terrible escalofrío me recorrió la espalda pero por fortuna nadie dentro de la estancia pareció notarlo, el lugar estaba atiborrado de invitados, en los asientos de las filas centrales los personajes importantes permanecían sentados mientras que el resto de la multitud permanecía parada aledaña al gran pasillo.

De manera precavida me colé entre la gente hasta llegar a uno de los dos grandes pilares que estaban hasta el frente de la estancia, a cinco escasos metros estaba mi pequeña Zelda, su mirada vidriosa se había esfumado pero sus ojos todavía parecían vacíos.

Impa que hasta entonces la había acompañado la dejó en el centro del escenario frente a su padre y sus pretendientes.

Mi corazón latió muy lento y de manera extraña parecía como si el tiempo también se hubiera detenido.

—"Zelda"…— permanecía muy quieta escuchando el glorioso discurso de su padre.

—Una Alianza que forjara el destino de Hyrule— clamó el rey entre su discurso.

Agache la mirada de forma triste… ¿De verdad estaba haciendo lo correcto?, había llegado tan lejos y mi corazón y mi cabeza todavía se debatían, tantos años luchando por el reino y ahora sin más estaba por convertirme en un terrible enemigo.

—Corre…— susurré de manera triste, no tenía guardias ni caballeros a su lado… nadie, nadie que la retuviera.

Solamente permanecía ahí parada. Sin mirar a ningún lado.

—Zelda… tú, realmente has aceptado tu destino— proferí al darme cuenta que su mirada ya no buscaba una salida, su cuerpo inerte sólo me decía una cosa "Ya todo ha terminado".

Me despegué del pilar que me ocultaba, mis pasos trastabillaron torpemente haciendo que ciertas personas en la multitud gruñeran, mi corazón vacío se quebró entre su propio silencio.

—"Ya no me estas esperando…"

De manera lenta me dirigí hasta la salida, ¿Qué había estado haciendo durante tanto tiempo?, ¿porque cedí a mis instintos?, ¿Por qué dejé que tanta gente buena y amable se involucrara?, ¿Por qué no había podido aceptar la realidad como Zelda?

Bajo mi capucha toqué mi pecho herido y me abrí paso entre la multitud que todavía protestaba un poco porque la movía de su sitio.

A tres metros se encontraba la gran puerta, era tan sencillo como salir y perderme de nuevo, pero mi corazón me reclamaba fervientemente… "Por favor una última mirada" me pedía.

—Una última mirada… un último deseo.

Me viré lentamente hacia el centro del pasillo.

—Y ahora hija mía. Elige— clamó el rey de forma sonora.

Ella agachó su mirada.

Una pequeña risa de felicidad se me escapó de la boca, no podía evitar mirarla de manera tierna.

—Mantendrás tu fidelidad a toda costa…— susurré de manera alegre.

Di la vuelta de forma cansada.

—También mantendré la mía… siempre… para siempre.

Y entonces de manera extraña ella estaba ahí parada enfrente de mi camino, irguió una traviesa sonrisa y me llamó solo con la mirada, incluso bajo la capucha me había reconocido. Caminé de manera lenta hasta llegar a ella.

—Sir Link…

—Alteza.

Una vez más me sentí como un caballero y mi cuerpo se inclinó con naturalidad ante su presencia.

— ¿Por qué no está junto a la princesa?— pregunté de forma curiosa, un evento tan importante y la reina apenas si se había presentado.

—Tengo una misión importante. — Dijo posando una mano sobre mi cabeza. — ayer por la mañana me pidió un favor ¿Cierto?

—Sí. Lo hice.

—Usted dijo será el único y también, el ultimo.

Asentí con la mirada.

—Esta vez seré yo quien se lo pida… puede que no sea el único, pero si será… el ultimo.

La miré de forma expectante, ¿un favor?

—Volverá de forma humilde al lugar al que pertenece.

—Al lugar al que pertenezco…— susurré de manera queda.

—Por lo menos por este día volverá a mi lado.

—Sí, lo haré— contesté con firmeza sin siquiera pensarlo.

—Será peligroso… es posible que pierda su vida.

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Sus profundos ojos azules no reflejaban duda alguna.

Ella le tendió la mano y después él se irguió con ligereza.

—Venga— le dijo de forma seria.

Sir Link avanzó a sus espaldas abriéndose paso entre la multitud expectante, algunas personas gruñeron un poco, ¿Quién era tan torpe para interrumpir así en tan importante ceremonia?, los bobos pensamientos se acallaron cuando se dieron cuenta de que era la mismísima reina quien se abría paso entre ellos.

Finalmente llegaron hasta el gran pasillo.

— ¡Que terrible descortesía!— su voz se había escuchado desde el fondo haciendo eco hasta los más recónditos lugares.

La princesa un poco confundida se viró de forma lenta, mientras su madre caminaba con seguridad hasta el centro del escenario.

—Daphnes ¿Acaso vas a romper tu promesa? O es que ya olvidaste que me cediste un derecho.

— ¿De verdad lo has traído?— preguntó el rey con asombro.

Durante unos instantes todos miraron a las espaldas de la reina.

Ella invitó a Sir Link con la mano. Y él de forma obediente y bajo la protección de la capucha blanca le dio alcance hasta el centro.

La multitud lo miró acercarse, él ignoró a todo ese mundo externo y simplemente le dedicó una mirada a su princesa, no sabía lo que hacía ni tampoco lo que la reina pretendía, pero de la manera más sincera confiaba en ella.

La princesa se acercó unos cuantos pasos y a esa distancia él no pudo evitar sonreírle.

—Aceptaras como candidato a quien he traído— clamó ella con cierta superioridad.

—"¿Candidato?... ¿ceder un derecho?"— La mente de Link estaba sumamente confundida.

—Una vez más te pregunto… Daphnes, ¿romperás tu juramento?

—Es un juramento real, así que no debería, siempre y cuando él cumpla con las condiciones… el emblema en su hombro derecho sólo me demuestra algo, tu elegido es uno de mis caballeros… uno que alguna vez perteneció a la orden de La Rosa Plateada…

La reina asintió.

El rey irguió una sonrisa sin siquiera imaginar quien era él que estaba oculto bajo la capucha.

—Estas segura de que lo propones, no negare que ya es un candidato, aunque sepa que no está dentro de los criterios establecidos, no conozco a ningún caballero de La Rosa Plateada que sea lo suficientemente joven.

—Que observador…— susurró— es cierto que descarte el criterio de edad para mi elegido.

— ¿Me dirás por qué lo hiciste…?

—Estas pronto a darte cuenta.

Y mientras ellos debatían con cierta ligereza, nadie notó que la princesa se había estado acercando.

De pronto se puso a llorar de la nada y la multitud completa incluyendo a los reyes posaron su atención en ella. Corrió de forma desesperada y se abrazó al encapuchado.

No podía creerlo su madre le había traído a Sir Link como elegido, él la acurrucó contra su cuerpo y también le devolvió el abrazo.

—También me has reconocido a pesar de mi capucha… —susurró de manera alegre.

—Como podría no hacerlo… pero tenía miedo, pensé que mi mente me estaba jugando una mala pasada. ¿Por qué… porque no me lo dijiste?

—Acabo de entérame. Parece que sin querer dejé que me arrearan a este sitio.

Después de un rato ya no pudo contenerse y lo besó de manera tierna.

—Creo que Zelda ya eligió— protestó la reina.

Muchas personas se quedaron con la boca abierta, ¿Quién rayos era ese extraño? Y ¿Por qué la princesa de Hyrule le demostraba tanto cariño?

Cuatro de los cinco príncipes de los reinos vecinos miraron la escena indignados, pero uno de ellos se reía discretamente de manera bajita, también había visto la mirada vacía de la princesa y rogaba desde el fondo que no lo eligiera a él para casarse.

La mano de la reina comenzó a ponerse temblorosa al ver la mirada furibunda de su marido, después de aquel beso la princesa se aferró al cuello del caballero y sin más remedio terminó cayéndosele la capucha.

Su rubio cabello quedó al descubierto, los presentes que sabían lo que había ocurrido en los últimos días se quedaron helados.

—¡Arréstenlo!— gruñó el rey de sobremanera.

Los guardias se abrieron paso entre la multitud en forma amenazante.

Será peligroso… es posible que pierda su vida.

En cierta forma las palabras de la reina ahora se hacían presentes en su cabeza.

Y entonces un profundo chasquido resonó en toda la sala, La reina también había rechistado con ayuda de su mano. Un viento extraño apareció de la nada y formó una barrera delante de ellos.

Los guardias retrocedieron, y de manera casi mágica, salidos de la nada había cuatro encapuchados rodeando al caballero y a la princesa.

— ¡Ustedes!—Clamó Sir Link asombrado.

—Que no te lo dije… que estábamos de encargo.— expresó uno de ellos con una vocecita burlona…

Un terrible alboroto se hizo entre la multitud ¿Qué rayos era lo que estaba pasando?

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Continura...

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Comentarios del capitulo:

¡Huyyy por las Diosas! jajaja creo que este es el que todos habían estado esperando. Bueno como nota personal quiero añadir que definitivamente es mi favorito. xD

Espero que también les guste y que lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo.

* Vaya parece que se nos ha acabado la historia, el que se viene después del extra es prácticamente el capitulo final y el que queda bueno podría decirse que parece como un pequeño epilogo.