Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA. Así como a los demás autores ya mencionados al inicio de este fic.
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Dulac pertenece a Wolfgang holhbein en La Leyenda de Camelot.
Ben pertenece a Cornelia Funke en su libro El Jinete del Dragón
Atem es propiedad de Kazuki Takahashi en su anime y manga de Yu-gi-oh
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[***] Cambio de escena (cuando hay dos juntos significa que ha pasado mucho tiempo)
0-0-0 cambio de punto de vista
"En comillas y cursiva" referencias a otras frases/ Recuerdos
Cursivas Recuerdos efímeros
"Comillas entre diálogos" pensamientos del personaje
* Notas de la autora (marcadas en el intertexto con un asterisco* y con N.A. al final del capítulo)
Amor Silente
XI
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Link POV
Verlos a los cuatro parados justo ahí me hizo sentir un terrible escalofrío. ¿No les había causado ya los suficientes problemas?
— ¿Por qué se arriesgan tanto?— pregunté de manera casi dolida, mientras estrechaba a Zelda contra mi cuerpo.
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Zelda POV
Y entonces mi padre clamó de forma sonora y aterradora.
—Grupo de traidores ¡Cómo se atreven!
Sentí como Link se crispaba ante sus palabras, ya no éramos solamente dos metidos en un tremendo lío.
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—Traidores…— susurró la reina agachando la mirada.
—¿¡Por qué!?, ¡Por qué mis mejores caballeros me están haciendo esto!— gruñó el rey con rabia.
No entendía cómo era que las cosas habían terminado en éste escándalo, quería salvar a su hija del desprestigio y ahora gracias a las acciones de la reina y de los que alguna vez considero sus más leales sirvientes todos sus planes se habían ido a la basura, porque no simplemente habían hecho un escándalo, sino que también lo habían hecho en presencia de los personajes más importante e ilustres de los reinos vecinos.
—Precisamente por eso— Clamó Atem
—Porque somos caballeros— dijo Ben
—Porque somos leales— añadió Dulac
—Y también…Libres— terminó Sir Arthur*
Los cuatro habían hablado de manera solemne y sus voces se habían escuchado entre el silencio que había dejado a la multitud expectante.
— ¡Leales!, ¡En dónde está su lealtad!— gruñó el rey al frente de todos.
—Nuestra lealtad… nuestro deber. Siempre está en nuestro corazón y no con las leyes de los hombres.
Sir Link se quedó helado, esas palabras eran las mismas que él había dicho hace tan sólo unos días.
—No volveremos a ser espectadores ni mucho menos cómplices de una injusticia, ¿acaso no es nuestro deber siempre cuidar a la realeza?— clamó Atem y después dio unos cuantos pasos para alejar a los guardias que nuevamente se aproximaban de manera aterradora.
— ¡Ya basta!— volvió a gruñir Daphnes enojado. — Si se retiran ahora no habrá más consecuencias.
Pero para ese entonces los cuatro ya estaban en el frente dispuestos a dar su vida por seguir las órdenes de la reina.
—Alteza.— susurró Dulac mientras recordaba sus palabras la noche pasada— Preguntándonos si estábamos dispuestos a volver a su lado, incluso parece gracioso, igual que Sir Link, pareciera como si no nos conocieran. La orden de La Rosa Plateada siempre estará unida.
Entonces todo acabo muy rápido, los guardias se les echaron encima.
—Yo, Ben Wiesengrund, jinete del Dragón de plata. ¡Renuncio!— gritó mientras tiraba a uno de los guardias al suelo.
—Yo Atem de Altaír, caballero mágico del Reino. ¡Renuncio!
—Yo Arthur Pendragon, líder de la orden de Hyrule. ¡Renuncio!
—Yo Lancelot Dulac….. ¡Renuncio!
— ¿Estarían dispuestos a volver a mi lado?... ¿Estarían dispuestos a renunciar?, ¿A volver a la Rosa Plateada?, después de ésto se convertirán también en traidores, pero si vuelven a mi orden les aseguro que quedaran protegidos de la furia de mi marido.
— Incluso si no estuviéramos protegidos, nosotros siempre estaremos a su lado.
De manera extraña fue difícil saber quién de los cuatro había pronunciado el ultimo dialogo.
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Por primera vez ambos reyes enfrentaron sus miradas como nunca antes pensaron hacerlo.
—Entonces así termina todo— clamó el rey.
— ¿Cambiaras de opinión?
—No
—Entonces quizás… todo realmente haya terminado— dijo ella.
—Ese hombre junto a Zelda, está condenado a muerte.
El escalofrío recorrió la espalda de los caballeros de la Rosa Plateada.
—Ahora También es un miembro de mi orden— Clamó ella, ¿pasaras sobre mis derechos?
—Eso me temo— dictó él con voz dolida mientras la miraba a los ojos.— ¿crees que derrumbando a los guardias de esta sala has ganado?— dijo con tono de voz triste, nunca creyó que su esposa le fuera a hacer eso.— Pero ni los mejores caballeros de Hyrule pueden derribar a todos sus compañeros.
—Lo sé… y ellos también, pero sólo cinco personas fueron capaces de cambiar nuestro destino, solamente cinco fueron quienes terminaron la guerra civil de Hyrule. ¿Olvidaras lo que hicieron sólo porque no puedes tener tu cabeza en orden?… Daphnes tú… de verdad ya me has olvidado.
Entonces suspiró, no quería seguir con esto, no quería que aquella celebración terminara en una masacre.
—No lo he hecho… ¿Quieres que viva?
—Y también que sea feliz.
—Sólo puedo concederte un deseo y también a Zelda.
La llamó con la mano, pero la princesa tuvo miedo de volver, la última vez que lo había hecho se habían llevado a su Link a rastras.
—Sabes bien que no saldrá de aquí vivo, pero si vuelves te prometo que lo dejare marcharse, ya basta de locuras hija, no dejes que éste penoso incidente siga su curso y cause cosas peores.
El corazón de Zelda se detuvo por unos instantes.
— ¿Es una promesa?
—Es una promesa— clamo él con voz verdadera.
Sir Link la estrechó entre sus brazos.
—Por favor— le suplicó ella— no quiero verte morir— le dijo mientras acariciaba la cicatriz de su rostro.
—De todas formas lo haré… si puedo cambiar mi vida por estar un minuto más a tu lado, eso me parece justo.
—Por favor no lo digas— dijo de forma dolida mientras se zafaba.
La tomó del brazo con insistencia.
—Déjame Link— clamó con firmeza
Su corazón se rompió en pedazos, sabía que si la soltaba todo realmente terminaría, pero de alguna manera no podía detenerla.
Y mientras sus dedos se deslizaban dejando que la mano de la princesa se le escapara, una lágrima de verdadera amargura corrió por su rostro. Nuevamente como pocas veces en su vida estaba llorando.
El rey lo miró atentamente, solamente su ojo izquierdo podía demostrar su tristeza, la rosácea cicatriz que cubría su rostro se volvió aún más presente. Estaba más que evidente que su ojo derecho ya nunca más seria lo que alguna vez había sido.
Algo muy en el fondo de Daphnes se quebró por dentro al ver esa escena.
El primer caballero llorando mientras su mano se aferraba con fuerza a la de la princesa, pronto de manera lenta los dedos de Link se fueron quedando sin agarre.
—Se ha dado un buen golpe jovencito, ¿Acaso no le ha dolido?, hasta mis mejores guardias a veces lloran con este entrenamiento.
—Me ha dolido, es cierto, pero no puedo llorar por algo tan simple.
—Entonces ¿Por qué se llora?
—Todavía recuerdo a mi padre, todavía recuerdo algunas cosas que él me dijo.
Finalmente los dedos de ella lo abandonaron pero las lágrimas jamás lo harían.
—Llora cuando termine tu vida, llora cuando hayas perdido algo de verdad valioso, cuando sientas que tu mundo realmente ha terminado. Cuando no quede nada más que tu alma perdida en el vacío.
La princesa avanzó de manera lenta con la cabeza baja hasta llegar al lugar en el que antes había estado, su mirada nuevamente había quedado vacía.
—Ahora váyase. —Clamó el rey.
Link no se movió ni un centímetro, había agachado la cabeza pero incluso en esa posición todos podían ver que seguía llorando, no había gemidos ni movimientos bruscos pero las lágrimas de su ojo izquierdo no paraban.
— ¿Acaso no quiere su vida? —Preguntó el rey lleno de desconcierto.
Entonces simplemente susurró "no, ya no la necesito"
Un viento cálido y triste se hizo presente haciendo pequeños remolinos alrededor del escenario, los caballeros miraron a Atem de forma algo inquisitiva.
—Todavía no puedo— susurro él también— mi magia no me obedece si mis sentimientos son más fuertes.
Y de verdad estaba triste, escuchar esas palabras también le había dolido "Ya no necesito mi vida", desde cuando algo como eso era factible.
—Entonces te quedaras solo— dijo la reina. — mira bien a tu hija, ¿crees que esa que tienes ahí todavía es Zelda?, es un cuerpo al que le quitaste el alma.
Llamó a sus caballeros, Dulac la abrazó por la cintura y recargó su cabeza en su hombro, los otros tres simplemente lo siguieron.
—Y creía que sólo eran rumores— cuchicheó uno de los pretendientes de Zelda.— entonces es cierto, que los caballeros de La Rosa Plateada son los adoptados de la Reina.
Era cierto, todos incluyendo a Sir Link habían sido huérfanos de guerra, la mujer del rey los había acogido convirtiéndolos en su familia.
—Me quedare con mi familia Daphnes… ¿Y tú con quien te quedas?
Nuevamente miró a Link, realmente no pensaba moverse ni un centímetro.
—Elige Zelda y terminemos con esto— clamó el rey de manera cansada.
—No elegiré padre… me quedare a tu lado, pero no puedo elegir prometido, y mucho menos estando frente a la persona que amo, incluso si no vuelvo a verle, incluso si lo destierras de estas tierras, mi lealtad hacia él será eterna, aun cuando mi cuerpo sea tomado por otro y me quede para morir aquí en Hyrule.
— ¡Eres una verdadera deshonra!— gruñó con voz severa
Levantó el báculo de los juicios, la reina lo miró con asombro.
Todo paso tan rápido que muy pocos se dieron cuenta de lo ocurrido.
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Zelda POV
Cuando menos me di cuenta lo vi alzar esa cosa.
—"Padre… ¿de verdad estas tan colérico?"— susurre mentalmente con cansancio.
Cerré los ojos para no sentir el golpe, era probable que de alguna forma después de eso terminara desmayándome, en el mejor de los casos podría terminar muerta y no tendría que sufrir el dolor de tener que vivir sin mi Link, sin mí amado caballero, tampoco necesitaba de mi vida si no podía estar a su lado.
De manera extraña sentí como alguien se aferraba contra mi cuerpo, era como si la gravedad hubiera desparecido y como si mi ser entero hubiera dado por completo la vuelta.
Un ruido estruendoso resonó en toda la sala como si una especie de cristal se hubiera roto en mil pedazos.
Abrí los ojos sintiendo el calor protector de sus brazos.
— ¡Link!... Por las diosas ¡Que has hecho!
Mi mirada se llenó de terror al ver su cabeza, el báculo de los juicios se había estampado justo sobre ella.
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Cuando el báculo de los juicios se alzó en el aire, Link sintió un terrible escalofrío, su cuerpo antes paralizado se llenó de adrenalina y corrió hasta abrazar a su princesa.
Con el tiempo justo lo único que alcanzó fue a darle la vuelta, de tal forma que su propio cuerpo había quedado como un escudo.
El cristal del báculo se estrelló contra su cabeza rompiéndose en miles de pedazos y ocasionado un ruido muy sonoro.
La multitud se quedó callada, los príncipes vecinos aterrados. Y la reina por alguna extraña razón soltó un suspiro de alivio.
El joven caballero la sujetó de forma temblorosa incluso después de que todo ya había pasado.
—¿Estas… bien..?— le preguntó él de forma atemorizada.
En su vida se había imaginado que el rey atentaría contra su propia hija.
De manera rápida inspeccionó la cabeza de la princesa y al no encontrar rasguño alguno respiró de alivio.
— ¡Que si estoy bien!, ¡tu cabeza está sangrando!— le dijo ella con tono preocupado.
— ¿Estás bien?— volvió a preguntarle mientras buscaba minuciosamente sobre su cabellera.
— ¿Qué te pasa?, ¿Estás loco?, me vas a matar de un susto, no vuelvas a hacer eso. — gimió casi entre lágrimas.
— ¿Hacer qué?
—Poner tu vida antes que la mía, no entiendes que me muero cada vez que te pasa algo.
—Pero mi vida te pertenece. — Le dijo con ternura mientras chocaba su frente con la de ella — Si algo malo te pasara sufriría incluso más que estando en el mismísimo infierno.
—Por favor no sigas… vete, vive y vete que todavía puedes ser feliz, rehacer tu vida… volver a ver el mundo.
— ¡No voy a dejarte con el rey loco!
— ¡El rey Loco!—Gruñó Daphnes.
Entonces la reina soltó una carcajada.
—Te lo mereces— le dijo Ariane con una sonrisa.
Hacia tanto tiempo que no veía reír a la reina que no pudo evitar también reírse para después suspirar de manera ahogada.
—Ahora si ya se acabó todo. Sir Link usted ha ganado. —gruñó el rey con cierta aspereza.
El caballero lo miró de forma inquisitiva mientras abrazaba a Zelda de forma protectora.
—Pero créame. Es verdad cuando le digo, que si me hubiera dejado golpear a mi hija nunca se lo hubiera perdonado, por mucho ella lo amara y lo quisiera.
—No entiendo de que habla— le dijo aun con ganas de gruñirle
—El báculo de los juicios acaba de romperse sobre su cabeza— dijo la reina mientras se acercaba. — Acabas de demostrar que tu amor es verdadero.
— ¿De que estas hablando, madre?— preguntó Zelda todavía preocupada.
—Tu padre realmente cambio de opinión en el último momento, el báculo de los juicios es una prueba máxima, solamente alguien que dice la verdad se enfrenta a él y sale con vida, los grandes reyes de antaño solían utilizarlo para saber si sus sucesores eran dignos.
— Eso quiere decir que…
—Sir Link pasó la prueba, el cristal ya lo ha tocado y por lo tanto tiene el derecho máximo de convertirse en tu marido.
—Sólo son tonterías— dijo el rey— es un báculo común y corriente, quería ver si de verdad estaba dispuesto a dar su vida para proteger a mi más grande tesoro.
—Fuiste muy lejos esta vez Daphnes no creas que te perdonaré tan fácilmente. Y no menosprecies los tesoros de tu familia, ¿Acaso no te ha demostrado Zelda que de verdad existe la magia?, ese báculo es verdadero.
Los miembros del consejo se levantaron, hicieron un gesto cauteloso mostrando sus aprobaciones.
—La ceremonia ha concluido, pero me temo que no habrá boda— anunció el rey.
Pronto la multitud se retiró desilusionada, los guardias en el suelo despertaron de manera raída como si hubieran estado sumidos en un extraño sueño.
Los prometidos de Zelda se retiraron realmente furiosos.
— ¡Esto es un insulto!— bufó uno de ellos.
—Pero el caballero también era un candidato— dijo graciosamente el único que se había quedado en la sala. — Dale las gracias, si la princesa te hubiera elegido el rey también te hubiera golpeado— y después se echó a reír de manera graciosa.
Los otros se retiraron furibundos, y el rey suspiró con pesadez severa.
— ¿Usted no está enojado?— preguntó curiosamente al candidato que quedaba.
El muchacho no contestó sólo se acercó a Sir Link quien todavía estaba en trance sosteniendo fuertemente a Zelda.
—Sir Link— lo llamó haciendo que este irguiera un poco la mirada.— Es usted mi héroe— clamó con una sonrisa— mi padre me obligó a venir a esta ceremonia a sabiendas de que estoy muy enamorado de una muchacha de mi reino, es verdad que es una persona humilde pero yo la adoro, de ahora en adelante no volveré a tener miedo, voy a luchar siempre por defender a la persona que amo.
Le tendió la mano de forma amistosa y el caballero la tomó todavía muy confundido. Lo vio alejarse de manera gustosa irguiendo una sonrisa.
— ¿Entonces ya todo ha terminado?, ¿No es necesario el plan B alteza?— Preguntó Dulac con algo de ansias.
Ella negó con la cabeza.
— ¡Link!— un grito ahogado resonó en toda la sala.
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Zelda POV
Un terrible escalofrió me recorrió entera cuando sentí caer el peso muerto de su cuerpo sobre el mío, el peso fue tal que terminé arrodillándome en el suelo, sujetándolo fuertemente tratando de que no se cayera.
— ¡Link!, ¡Que tienes, que te pasa!
Los caballeros de la Rosa Plateada se acercaron para ayudarme. Atem le pasó las manos por encima y lo inspeccionó cuidadosamente utilizando su magia.
— ¡Maestro!, ¿Qué le ha ocurrido?— preguntó Dulac muy preocupado al ver que mi Link ya no reaccionaba.
Atem negó con la cabeza y me lo entregó en brazos. Lo abrace fuertemente y llore mientras lo aferraba contra mi cuerpo.
—No me dejes— clamé sollozando.
—No… no tiene nada, no llore princesa, solamente se ha desmayado.
Entonces todos suspiramos de alivio.
— ¿Es por el golpe en la cabeza?— preguntó Ben el menor de los caballeros.
—Es probable.— susurró el joven mago.
— ¡P…Pero, pero si no le he pegado con fuerza!— clamó un poco asustado mi padre— ¡el cristal en el báculo, se supone que es de utilería!
—Tal vez— dijo Arthur mientras se acercaba para ayudarme a cargar a Link— Pero Mordred ya lo había golpeado desde antes, sin contar a los guardias de la puerta y el hecho de que quizás no ha comido en días, el cristal o lo que sea sólo fue la gota que derramó el vaso, el pobrecito ya estaba en sus últimas.
—La cabeza le está sangrando demasiado, será mejor que lo atendamos antes de que de verdad muera— clamó Atem en un tono algo preocupado pero divertido.
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Continura...
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N.A.:* Las épicas frases de Mugetsu jajaja es cierto que en realidad son mías pero la original está en mi otro fic el de Los Caballeros de Hyrule.
Comentarios del Capitulo:
ohhh! ya se nos ha acabado la historia solamente queda el siguiente capitulo, que tristeza ¡Cielos, ahora ya no quiero que se acabe! TT_TT creo que me encariñe demasiado con este fic.
