Corrector Yui Upgrade ver. 2.0.11
Capítulo 2: Adios, mis Queridas amigas
Acto 2: Yui Renuncia
Haruna prestó poca atención a las clases del día. El estado de Yui la tenia sumamente preocupada. La trigueña tenía la cara roja, y una mirada ausente, tampoco atendía a la maestra. Trataba inútilmente de concentrarse. Concentrarse en cualquier cosa, menos en lo que había pasado la tarde anterior.
En el mundo real, solo pasaron algunos minutos, pero los instantes dentro de la red fueron eternos. Quería evitar recordarlo o al menos nublar el pensamiento, pero solo conseguía que su pecho se estremeciera. Con dificultad pasaba saliva. Sus manos sudaban.
La situación se repitió durante las últimas horas en la escuela, nadie supo donde se fue Yui durante el receso. Akiko y Reiko preguntaron sobre la condición de su amiga a Haruna, que era la más cercana a ella. Sin embargo está dijo que no sabía que la había ocurrido. No obstante, lo sabía todo, pero sus compañeras de clase no podrían comprender la historia.
A la hora de la salida las dos mejores amigas de Yui trataron de darle alcance a esta última, pero desistieron al fin. Aquel día, la hija de la familia Kasuga, era igual a un fantasma.
Solo Haruna siguió sin dudar a la joven correctora. Le era positivo que las otras dos estudiantes no insistieran en buscarlas, o no podría hablar con Yui abiertamente. Tras recorrer varias calles, Yui estaba esperándola frente a la puerta de su casa.
"Yui..." La chica de cabello rosado se acercó a su amiga. Sabía que estaba experimentando la peor crisis de su vida.
"Ha... Haruna..." Yui la miro con los ojos hinchados. Estaban enrojecidos por el esfuerzo de contener las lágrimas.
"¿Quieres pasar?" Invitó la cortés damisela.
Yui asintió moviendo la cabeza. Las dos chicas entraron a la casa y de inmediato se dirigieron al cuarto de Haruna. Ambas se sentaron en el borde de la cama. Como era una tarde en especial fría y con mucho viento, Haruna prefirió no abrir las ventanas. Yui lucía descompuesta, sus manos y rodillas todavía temblaban. La conversación que se avecinaba, sería dolorosa.
"Lo sabes, ¿verdad?" Yui rompió el silencio.
"...Sí"
"¿A que estuve jugando todo este tiempo?" La joven cabizbaja no apartaba la mirada del piso.
"Yui, tu... ¿Por qué dices eso?"
"¿¡Por qué sucedió!, ¿¡Por qué!"
"¡No fue tu culpa!"
"¡Claro que lo fue! ¡Cometí un error!" La voz de la chica subió de volumen "¡Y... ni siquiera... pude... detener al virus!"
Yui no pudo contenerse mas, la voz se le quebró y las lagrimas brotaban recorriendo sus mejillas. Respiraba agitada y su cuerpo se convulsionaba. Apoyando los codos en sus piernas rompió a llorar cubriéndose la cara con las manos. Haruna nunca la había visto tan desesperada.
"¡Yui, amiga! No podías predecir que iba a pasar."
"¡Por lo mismo! No debí desperdiciar los poderes de los otros. ¡Así no habría pasado nada!
Yui guardó silencio, con el antebrazo derecho, frotó su cara tratando de secarse el rostro. Tras unos segundos, al fin musito:
"Haruna... lo he decidido: Voy a renunciar... No volveré a ser un corrector."
"¡No puedes hacer eso, Yui! ¡Los demás no podrán seguir sin ti!" Haruna se sentía impactada. No daba crédito a que su amiga, Yui Kasuga, se diera por vencida.
"¡Claro que pueden! ¡Y podrán hacerlo mucho mejor sin mí! Hay miles de personas que pueden dirigirlos como se debe." Yui Kasuga era única. El hada electrónica defensora de la red. No existía alguien que la igualara. Pero la moral, la hacía sentirse como un insecto indefenso... "Y NO VAN A COMETER LAS EQUIVOCACIONES QUE YO TUVE..." Se sentía inútil. Incapaz...
"¡Yui! ¡Basta! ¡Nadie habría evitado el desastre!" Haruna trataba por los medios a su alcance de hacer reflexionar a Yui.
"¡Haruna! ¡Solo quiero que no vuelva a suceder! ¡No quiero que mis amigos desaparezcan por mi culpa!"
Yui necesitaba de alguien, y Haruna estaba dispuesta a apoyarla. La gentil joven determinó que su amiga debía desahogarse primero. Después de eso, su mente estaría despejada y pensaría las cosas mejor. Yui se desplomó en el hombro de ella. Haruna la arropó con sus brazos, dándole el consuelo que tanto necesitaba en ese instante.
Haruna no podía determinar si el frío que sentía era por la baja temperatura de la tarde, o por el nerviosismo. Su mejor amiga se había marchado algunos momentos antes. Pensó que sería un buen momento para tomar un baño. El suéter de la escuela estaba empapado por el llanto de Yui, así que tendría que lavarlo también. Sentía las manos heladas, por lo que a toda prisa se quitó el listón del cuello, desabotonó su blusa, se quitó la falda y de inmediato se metió al cuarto de baño. Mientras se quitaba la ropa interior, por reflejo miró su espejo para admirarse de la escultural figura que portaba. Sabía que era envidiada por muchas de las chicas en la escuela, y tenía muchísimos admiradores. No parecía interesarle, pero hasta ella poseía ese brote de vanidad.
El agua caliente cayó sobre la piel de la bella adolescente, con las manos empezó a masajear su cabello mientras se humedecía con el líquido. La desagradable sensación fría estaba disipándose, y ahora Haruna podía reflexionar sobre que pasaba dentro de ella: Siempre que asumió el cargo de corrector, se sintió insegura. Tenía un historial perfecto, y nunca falló en la batalla. Pero detrás de todo esto, existía un buen antecedente. Cuando fue llamada a ser la líder de los correctores por primera vez, se enteró de todo el esfuerzo que Yui había desempeñado en el que era su lugar. Se sintió incomoda reuniendo a las piezas de software, como una intrusa. Soportó como mejor pudo las negativas iniciales de Ecco y Paz. Pero su corazón casi se rompió cuando Synchro se rehusó deliberadamente a colaborar con ella. ¿Habría sido ella capaz de localizar a los correctores dispersos y ocultos en la red? No era tan improvisada o audaz como su amiga. Estaba convencida de que no. Por mejor capacitada ó hábil que la considerara el Profesor Mototsugu Inukai, ella no lo hubiera conseguido.
Para ella, Yui era el ejemplo único a seguir. Siempre salió airosa de sus batallas; por más incidentes que se hubieran cruzado entre ella y su objetivo, jamás se dejó vencer. Recordó cuando estuvo bajo el control del maligno Grosser y su poder era superior al del hada electrónica. Sin embargo, su rival sacó fuerzas de flaqueza y afortunadamente, recuperó la libertad gracias a ello. Estuvo también la ocasión cuando se enfrentaron a Ryo Kurokawa, o bien, a su espectro. Yui tuvo la ventaja de tener un poder mayor por 16 veces, pero implicó el mismo desgaste para ella, y sin embargo, utilizando apenas lo poco que quedaba de todos los correctores, y su propia vitalidad, vencieron la adversidad una vez más.
Estos pensamientos se abalanzaron en la mente de Haruna, porque con el retiro de Yui Kasuga, ella sería con toda seguridad la que tomaría el lugar de corrector elemental. Ese era el motivo de su nerviosismo. Estaba comprometida a llenar el abismal lugar en la tarea de preservar la paz de la RedCom.
¿Qué podría hacer ella? De las decisiones de ambas colegialas dependía todo un universo.
Shin'ichi Kasuga rozó con los labios la mejilla de su esposa, y subió a trompicones por las escaleras que daban a la planta alta de su casa. Sakura lo siguió para pedirle que no hiciera tanto escándalo, puesto que Yui debía estar dormida. Cuando Yui regresó a casa algunas horas atrás, argumentó que seguramente se había resfriado, fue su mejor idea para explicar evitar explicar su ánimo. Cuando la señora Kasuga la vio con la cara roja y los ojos llorosos, la envió a su cuarto y después le llevó comida. Luego avisó a su esposo: de no haberlo hecho, el jamás se lo habría perdonado. Cuando el papá de Yui recibió la noticia, salió corriendo de la empresa de diseño de software.
Cuando el Sr. Kasuga iba a irrumpir como solía hacerlo en el cuarto de su hija, su cónyuge alcanzó a cubrirle la boca. Ella sabía que cuando se trataba de su hija, él no era precisamente discreto. La pareja entró a la habitación, Shin'ichi mostraba una gran cara angustiada. Las luces estaban apagadas. Pero una voz los llamó:
"¿Mamá?" Era Yui. Los había escuchado aún con el sigilo de sus padres.
"¿Cómo estás, hijita mía?" El Sr. Kasuga se aproximó a la cama de su 'bebita'.
"¿Papa?" Yui que estaba recostada hacia el muro, se giró para ver a su padre. "Llegaste muy temprano."
"Tu mamá me contó que estas enferma. ¿Cómo te sientes?" El progenitor de la niña se sentó al borde de la cama.
"Ya... me siento mejor, papá..." La mano del hombre, se posó sobre la frente de su hija, después la deslizó entre el cabello.
"No tienes fiebre... el descanso te ayudó a reponerte. Un simple virus no va a poder con mi pequeña Yui..."
Comentario muy inoportuno. La chica apretó la mandíbula y pasó saliva antes de contestar.
"Claro... que no... ¿Recuerdas que cuando me enfermo, suele darme mucha hambre?"
"Desde luego." Los padres de Yui intercambiaron una sonrisa, "¿Quieres bajar con nosotros?"
"S... si" dijo la pequeña, aunque la voz se le quebró ligeramente.
La trigueña se levantó de la cama, y dio un rápido abrazo a su papá. Y sin encender las luces, salieron de la habitación camino a la cocina. Yui Kasuga había recuperado la calma y su última determinación estaba tomada.
Al día siguiente, Akiko, Reiko, Haruna y todos se sorprendieron con el drástico cambio en el comportamiento de la chica. No, Yui no era la risueña de siempre, ni mucho menos, pero ese día en específico, su cara era de seguridad. Sus amigas la desconocieron a la hora del almuerzo, ya que su actitud era muy seria. Como si se hubiese transformado. Por algunos momentos, se distanciaba, y perdió algunos comentarios de la plática.
Pasaron las horas hasta que la campana de la torre del Colegio Scroll anunció el final de las clases.
"¡Yui!" Haruna dio alcance a su querida amiga. Estaba muy preocupada por ella.
"Haruna." Yui la miro con una pequeña sonrisa en los labios. "¿Sabes? Voy a visitar al Profesor Inukai. Quiero darle las gracias."
"Yu..." Haruna lo sentía venir "¿Quieres decir que..?" Su mayor miedo estaba cristalizándose frente a ella.
"Lo siento..." Haruna no supo cómo reaccionar cuando su mejor amiga le dio un beso en la mejilla. Era el sello. El sello que al romperse, dividiría la vida de ambas en uno de sus más especiales ámbitos.
"Nos vemos." La trigueña se alejó algunos pasos, se giró y levanto su brazo derecho agitándolo para despedirse de su amiga.
"Si..." No había viento, y el sol estaba radiante durante esa tarde. Pero la señorita Kisaragi cruzo los brazos para abrigarse del terrible frío del que era presa. No podía evitar un temblor en sus piernas, la helada en sus brazos y la desagradable sensación de tener congelada la nariz. El destino eligió que ella fuera el Ángel de la red, y tarde o temprano este momento llegaría. No había nada que hacer, dos mundos se equilibraban sobre sus frágiles hombros.
Minutos más tarde, Yui llamaba a la puerta del laboratorio del profesor Inukai. Él mismo la recibió, y la condujo a su despacho. La joven explicó sus sentimientos e ideas al hombre a quien debía sus poderes virtuales. Mototsugu la escuchó con la debida atención y mostraba comprender todo lo que la muchacha tenía que decirle. Finalmente, la adolescente expresó su deseo de renunciar.
"¿Lo has pensado bien, Yui?", Él sabía que esa decisión le significaba a la trigueña desprenderse de mucho.
"Sí, profesor. Rescue pagó mi error. No quiero que los demás sufran el mismo destino, tan solo porque yo soñaba en ser una princesa mágica...", Se desprendía de sus amigos. Aquellos a los que sentía haberles fallado.
"Nadie te culpa de lo sucedido, Yui. De hecho, la culpa ha sido mía por no prepararlos a tiempo. El virus que los atacó no ha sido clasificado aún. Pero estoy seguro de que la próxima vez..." Mototsugu Inukai ansiaba poder dar una esperanza a su joven amiga, hacerle ver que ella no era incapaz. No así, Yui meneó la cabeza lentamente en negativa.
"No hay próxima vez para Corrector Yui, Profesor."
"Sí... te comprendo."
Inukai ya se había planteado que sucedería si uno de los correctores se perdiese, como había sucedido con Rescue. Tenía un plan preparado para reparar la falta, pero nunca pensó en el impacto que tendría para el corrector elemental, Yui en este caso. En el interior se sentía muy apenado. No perdía a una, sino dos amigas que representaban mucho para él. Pero debía cargar ahora un peso mayor: Sus dos queridas amigas estarían cerca de los suyos si él hubiera anticipado sus planes de actualización.
La separación de Yui crearía un vacío irreparable, no en el sistema de correctores, sino en los sentimientos de aquellos que lo conformaban.
"Vamos." Invito el profesor.
El prestigiado científico activó su ComCon a la vez que la joven para reunirse con los 7 programas correctores restantes por última vez.
Inukai y su gente tendrían una labor titánica para estabilizar a los programas de corrección, pero eso se relegaba a segundo plano; la salud de la escolar se vería comprometida si la obligaban a seguir.
