Corrector Yui Upgrade ver. 2.0.11
Capítulo 3: Turbo, el nuevo Corrector
Acto 11: Casino enROYAdo
*Yesterday love was such an easy game to play
*Now I need a place to hide away
*Oh, I believe in yesterday...
"Oye, ya repetimos el disco tres veces...", comentó aburrido Jerome Harrison a su conductor.
"¿Qué no es británico, Doctor?, ¿Que no todos los ingleses adoran a los Beatles?", contestó Bjorn quien iba al volante.
"Me gusta su música, sí. Pero hay límites.", agregó el científico, "Mira, permíteme.", el Doctor se estiró para detener el reproductor de CD de la camioneta. Presionó algunos botones más en el equipo de sonido y luego hizo algunos movimientos en su teléfono móvil. Entonces empezó a sonar 'Smells like teen spirit.'
"¡Oh! Todo un rockero clásico.", espetó Bjorn a la vez que adelantaba a un camión de carga que iba delante. "¿Y de qué ciudad es usted, Doctor?"
"Nací en Manchester, pero mi familia se mudó a Londres cuando terminé la escuela elemental. Desde entonces viví allá."
"Ya veo. Hace años me pasé por Inglaterra, pero no conocí Londres. Más bien era una ciudad llamada Newcastle.", comentó el conductor.
"Ah, sí, es un lugar muy famoso también, ¿y qué hacías allá si se puede saber?"
"Actividades de mi padre.", contestó lacónico Bjorn.
"Ah.", Jerome tomó una computadora de tableta y empezó a revisar algunos documentos en ella. De momento siguió con la plática, "¿Y tú Bjorn?, tu nombre me suena alemán, pero no tienes el acento."
"Yo soy de Holanda. Amsterdam, para ser precisos. Ahí me crié hasta los diez años, luego por varios motivos nos mudamos a Nagasaki."
Unos minutos después, empezó a sonar 'Enter the Sandman'. A Jerome no le apetecía escuchar metal en ese momento, por lo que estiró la mano para tomar su teléfono y cambiar de track.
"Un segundo.", pidió Bjorn, "¿Está controlando el auto estéreo con su móvil?"
"Algo así, en realidad estoy usando la entrada inalámbrica para usar el estéreo como bocina para la música de mi teléfono.", aclaró el británico.
"¡Vaya!, ¿Se puede ocupar un teléfono móvil para eso?", interrogó el chico. Aunque llevaba los anteojos, se podía saber que en verdad estaba sorprendido.
"¡Bjorn!, ¿De qué cueva saliste?", bromeó Jerome, "Prácticamente todos los modelos pueden hacerlo. Si quieres puedo enseñarte como hacerlo con tu teléfono."
"No tengo teléfono móvil.", lapidó el chico.
Jerome alzó una ceja y lo miró de reojo, "Ahora sí creo que eres un cavernícola."
"Mis amigos pueden llamarme a casa, y mi familia puede llamar a mi trabajo. No tiene objeto que me haga de uno de esos.
Jerome hizo sonar 'Highway star' en su aparato y lo devolvió a la bandeja multiusos de la cherokee, "Deberías reconsiderarlo. Uno de estos puede servirte para muchas cosas. Si quieres puedo ayudarte para que la agencia de la RedCom te lo facilite."
"Gracias, pero no creo que me haga falta."
"Te diré qué: Quédate este mientras me esperas en Tokio, y pruébalo. Ya después me dices si te sirve o no.", insistió el Doctor Jerome señalando al equipo celular.
"Vale, está bien. Acepto. Pero suba el volumen en esa.", Bjorn se refería a la canción 'Paranoid Android' que empezaba a tocar.
Dos horas después de aquella charla, Bjorn seguía jugando con el teléfono celular que le confiara el Doctor Harrison mientras descansaba a bordo de la camioneta aparcada en un callejón en el barrio de Asakusa. Habían llegado a Tokio hacía hora y media. El científico tenía por encargo del Profesor Inukai evaluar el rendimiento del hardware que habían instalado en los servidores de la Red Urbana Metrópolis de Japón a modo de sensor para prevenir los ataques virales. El conductor no se vería con su pasajero sino hasta las 5 de la tarde, así que el gadget sería su única compañía hasta la hora de marcharse. Luego de estar indagando en el contenido del teléfono, se sorprendió de la cantidad de música que llevaba el Doctor en el bolsillo. Luego exploró las aplicaciones y se entusiasmó con el más revolucionario software que ofrecía el móvil: los juegos. Así estuvo cerca de media hora pulsando la pantalla dentro de un puzle de diamantes, hasta que luego de tres sesiones en las que no estaba muy seguro de haber ganado o perdido, se aburrió y cerró el juego.
Pensó en probar la cámara y se bajó de la camioneta para estirar las piernas y buscar algo que mereciera la pena fotografiarse. No había mucha gente por las calles a esa hora, ya que las escuelas aún tardarían en acabar el día, y todavía no era tiempo de comer. A una calle de distancia, descubrió con agrado un bello jardín, donde se alzaba un templo de nombre Ushima. Al centro podía contemplarse un estanque donde patos y grullas se zambullían despreocupados de los pocos visitantes del jardín. El contacto con la naturaleza renovó el estado de ánimo del chico, ya había pasado tiempo desde que hubiera disfrutado de un rato libre así. Era un día frío, pero al menos, estaba despejado y el sol confortaba al que estuviera bajo su rayo. Bjorn rió para sí cuando miró a un anciano haciendo algunos ejercicios ligeros seguramente disfrutando del astro rey como él mismo hacía; le hizo pensar que estaba haciéndose viejo de forma prematura. Algunos pasos adelante, se encontró con uno de los famosos árboles de cerezo, pero no era la temporada como para que este hubiese florecido. Al llegar a los límites del lado opuesto del jardín, Bjorn decidió alejarse algo más, cruzó la calzada y se aproximó a las orillas del Río Sumida. A la distancia se veía alejarse un pequeño barco, era difícil saber qué clase de nave era. Bjorn recordó el teléfono móvil y lo sacó del bolsillo de su chamarra para probar la cámara.
"¡Oh, qué bien está esto!", dijo para sí el muchacho cuando miró la calidad de la imagen del aparato, empezó a manipular los controles y se sorprendió más de ver que podía hacer un muy decente zoom. Enfocó hacia el puente que atravesaba el río a unos cuarenta metros de su localización donde apreció los detalles del barandal con suficiente claridad, y también miró a un hombre con aspecto abatido apoyado en el barandal, luego se percató de una chica de singular aspecto, vestida como colegiala, aunque con un uniforme negro y algo que parecía un sable colgado del hombro. Luego de seguirla unos segundos con el objetivo de la cámara, Bjorn llegó a la conclusión de que debía tratarse de una cosplayer de las que tanto le habían hablado. Decidió devolver la atención al punto donde se distrajo.
"¿Ah?, ¿A dónde se fue...?", al voltear, el sujeto que había visto un momento antes ya no estaba, tampoco se le veía andando por el puente. Era algo sin importancia, pero capturó la atención del joven el hecho que desapareciera de manera tan súbita. Bjorn despegó la mirada del móvil un momento para observar con mayor cuidado el entorno. Saltó al notar cierta agitación en el agua, y una bufanda flotando. Fijó la mirada un instante más para determinar si estaba pasando lo que creía, y en cuanto notó una mano moviéndose cerca de la superficie, supo que no podía perder un segundo más. Se echó el teléfono al bolsillo de la chamarra, la cual dejó tirada a la vez que corría por la orilla del río, y por poco sus anteojos caerían al piso en lugar de la prenda, luego dio ligeras pisadas a sus talones para desprenderse de los zapatos. Cuando estuvo lo más cerca que podía acercarse a pie, sin dudar saltó al caudal y nadó tan rápido como pudo para ayudar al accidentado.
Bjorn tuvo que sumergirse un par de metros para alcanzar la mano del hombre caído y una vez sujeto, lo jaló a la superficie. Por momentos, temió que perdería el control de la situación y serían dos los ahogados, pero por fortuna, consiguió mantenerse a flote hasta sacar la cabeza del agua. No estaba acostumbrado a nadar en condiciones como aquellas, por lo que a mitad del camino de regreso a la orilla, se sintió cansado de súbito, pero la adrenalina resultó el combustible perfecto para consumar el rescate, ya en el extremo del río esperaban una pareja y una anciana que se dieron cuenta de lo que sucedía. La mujer más joven llevaba un teléfono celular en la mano, y se anticipaba para llamar a una ambulancia. El varón se acercaba para ayudar al menos a sacar al hombre del agua. La anciana se inclinaba a cierta distancia para recoger uno de los zapatos que dejara tirado el improvisado rescatista.
Dos horas y media más tarde, Bjorn seguía preguntándose cómo se había involucrado en tantos problemas. La ambulancia había llegado de manera oportuna para aplicar los primeros auxilios al desconocido. Los paramédicos insistieron en llevárselo al hospital para diagnosticar otras afectaciones, y por supuesto, también se llevaron a él para atenderlo.
En todo el trayecto, el hombre de aproximadamente cuarenta años, de cabello negro entrecano no dejaba de exclamar "¡No pude!, ¡no pude!", mientras lloraba amargamente, aún con la mascarilla de oxígeno puesta. Envuelto con un cobertor, Bjorn llegó a la conclusión de que si el hombre no se ahogó en el Sumida, seguramente se ahogaría en su propio llanto.
Como si no fuera suficiente, ambos fueron dados de alta al mismo tiempo, y los médicos pidieron con suma insistencia a Bjorn que acompañara al hombre a casa, quien no dejó de gemir lo mismo en todo el camino a bordo del taxi que los llevaba de regreso a Asakusa. Cuando llegaron a su destino, a una cuadra del templo de Asakusa, el desconocido se dejó caer deprimido en la silla de una cafetería. Solamente estaba a la vista el dependiente del lugar, todavía trapeador en mano preparándose para la faena de la tarde.
"Oye…", dijo al fin Bjorn, luego de que se acomodara en la silla de enfrente. "He estado cuidándote toda la tarde. ¿No podrías dejar todo tu drama y decirme de una buena vez qué fue todo eso?"
El hombre se absorbió la nariz de manera sonora. El desagradable ruido hizo voltear al empleado quien echó una mirada recelosa, pero fingiendo que no pasaba nada, regresó a su actividad. Un segundo luego, dijo sin mirar a su salvador y con un gritillo ahogado, "Yo... ¡quería morir...!".
Bjorn suspiró y se echó contra el respaldo de su silla.
"Yo...", con dificultad el interlocutor pasó saliva, "... pero no pude..."
"A esta hora, me pregunto si debí dejarte.", dijo secamente el conductor.
"Yo... en verdad lo lamento... sí quería quitarme la vida... pero en el último momento... me arrepentí.", tomó un puñado de servilletas de la mesa, se sonó la nariz, y con otras tantas, se secó las lágrimas de la cara, y siguió hablando con la voz temblorosa, "... gracias, no te había dicho nada hasta ahora... lo lamento..."
"Bueno, está bien. No te preocupes."
"Tadao... me llamo Tadao Ifume... debes estar preguntándote por qué decidí suicidarme..."
(Vieras que no...), pensó para sí Bjorn, mientras lo miraba a través de sus anteojos oscuros, cruzado de brazos.
"Estoy en una situación desesperada: hace unos meses empecé un negocio en la RedCom... una pequeña casa de apuestas, nada extraordinario... sin embargo, puse todo mi capital en este sitio. Hace un mes comenzaron los problemas... a mitad de la noche, un montón de virus empezaron a aparecerse en el sitio, ahuyentando a los clientes y dañando el establecimiento."
"¿Virus, dice?", por primera ocasión, el joven expresaba algún interés.
"Oh, sí. Virus... montones de ellos...", citó Tadao., "Cuando pasó la primera vez, un amigo me recomendó instalar un sistema de seguridad. Costó mucho dinero, y sin embargo no sirvió para nada, porque a los dos días volvieron a atacar mi sitio. Luego me sugirieron contratar una compañía de seguridad electrónica, y el resultado fue el mismo. Desde entonces para acá, los gastos iban en aumento por culpa de los daños y los ataques seguían. Como último intento, un experto me asesoró para descubrir los defectos en el sitio, para corregir los huecos vulnerables, pero tan pronto me dijo que todo estaba resuelto, otra vez los virus arrasaron con todo. Así se terminó toda mi inversión. Con los antecedentes de los ataques, ningún banco quiso hacerme algún préstamo... lo peor de todo son los problemas que he tenido en mi hogar por causa de todo esto..."
Bjorn había escuchado suficiente. No iba a desgastarse escuchando de problemas maritales, pero sí tenía la posibilidad de resolver la situación virtual del empresario. "¿Sabes algo 'Tardao'?, tengo unos amigos que podrían ayudarte con tus problemas."
"¿Eh?, ¡pero acabo de decirte que ya no tengo dinero!, no podría pagar por el servicio de nad-"
"Calma, creo que podemos arreglar algo con ellos."
Tadao rompió en sonoro llanto otra vez, justo cuando dos jóvenes secretarias iban a entrar al establecimiento para disfrutar de su hora de descanso, pero al ver al ruidoso señor, siguieron de largo, asustadas por la escena. "¡GRACIAS!, ¡buahhh!, ¡Primero me salvaste la vida y ahora quieres salvar a mi familia!, ¡buahhh!, ¿¡Cómo podría agradecértelo!"
Bjorn que estaba cruzado de brazos, se llevó una palma a la frente, sintiéndose avergonzado por todo el escándalo que lo involucraba. Y mientras pensaba en qué decir, el dependiente se le aproximó por la espalda. "Perdonen: si quieren quedarse aquí a desahogar sus problemas, tengo que pedirles que lo hagan en voz baja, y si fuera acompañado de alguna orden de consumo, sería mejor."
Tadao acompañó a Bjorn al otro lado del barrio para lo que cruzaron de nuevo el puente que había encontrado sus caminos aquella tarde. Cuando llegaron a donde el conductor había dejado la camioneta, ya estaba Jerome esperando a un lado del vehículo. Sobre el cofre de la cherokee había una bolsa de papel de un conocido restaurante de hamburguesas. "Taisha, ¿me puedes decir a dónde fue que te metiste?"
"Lo lamento de verdad, Doctor.", contestó el adolescente cabizbajo. En verdad le pesaba no haber cumplido puntualmente con lo que había acordado con su superior inmediato.
"Oh, por favor, no sea tan duro con el muchacho, ¡él es todo un héroe!", el empresario intervino para defender al chico que lo salvara.
"¿Ah?, ¿Quién es usted?", Jerome pintó su rostro de confusión.
A bordo de la camioneta, Bjorn explicó los detalles de lo que había ocurrido desde el momento que Tadao Ifume se tiró del puente, aunque era en realidad irrelevante. Sobre lo que sí ahondó fue en la parte del relato donde el sujeto le había contado de su problemática. Estaba tan concentrado hablando con Jerome, que no se percató del momento en que el empresario se adueño de la bolsa de la comida, y comió ávidamente la hamburguesa que el científico había comprado para el chico de lentes oscuros, así como se zampó al menos la mitad de las papas fritas.
Tras escuchar toda la historia, Jerome habló., "Bjorn, sé que tus intenciones son buenas, pero comprende que tenemos demasiado trabajo, y no disponemos de los recursos ni personal para salvaguardar un negocio de juego de la RedCom. En estos instantes tenemos una serie de prioridades qué atender."
"Doctor, lamento decirle que voy a insistir en que trabajemos con este señor.", afirmó el conductor.
"¿Y por qué lo crees?"
"Doctor, este sujeto ha estado sufriendo frecuentes ataques en su sitio durante ya un mes. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que ustedes registraron la última aparición de un virus en la red?"
"¡Cielos!, ¡ya te entendí!", espetó Jerome., "Significa entonces que hay un virus de patrón desconocido y que ha estado invisible a nuestro rastreo."
"¡Exactamente!", Bjorn dio un manotazo en el tablero de la camioneta.
Jerome se quedó mirando un momento a Tadao y le dijo a la vez que sacaba un tarjetero del bolsillo de su camisa, "Señor Ifume, vamos a ayudarlo. Contácteme mañana a medio día, y le explicaré lo que hay que hacer..."
Al mismo tiempo que el científico hablaba con Tadao, Bjorn se asomó a la bolsa de estraza para descubrir que su comida se había evaporado, (¡Vete a...!)
Dos días después.
"¿En qué estás pensando, Control?", preguntó Synchro a su colega. Ambos Correctores estaban ataviados en finos smokings. Control llevaba chaleco y corbata de moño blancos, mientras Synchro vestía chaleco plateado y una corbata larga a juego.
"A decir verdad, estoy preocupado por todo lo que ha sucedido en estos días. Las acciones intermitentes de los virus en la RedCom, y ahora el descubrimiento del Doctor Jerome con los ataques que jamás detectamos."
"Pero cálmate, muchacho,", intervino Paz a la vez que llenaba una fina pipa con tabaco. A diferencia de los otros dos correctores, él llevaba una vestimenta mucho menos formal, siendo solo un traje convencional con chaleco gris, corbata roja y su inseparable boina. "Justamente vamos para investigarlo."
"Y en qué manera", agregó Synchro mientras se repasaba las mancuernillas con los dedos.
Minutos más tarde, la blanca limousine en que viajaban nuestros amigos se detuvo ante las puertas de un lujoso y concurrido casino. Synchro, Control y Paz descendieron, y siendo guiados por algunos hombres de chaqueta roja, entraron en el recinto. Lo que ninguno de los tres correctores sabía era que Bjorn los vigilaba mirando por el espejo retrovisor del coche.
"¡Bienvenidos al casino Moneda de Oro!", exclamó Tadao Ifume, quien recibió a los software. La imagen del empresario era contrastante con el aspecto que Bjorn y Jerome le conocieron dos días atrás. El hombre vestía de jacket color marfil con corbata michi negra. "Por favor caballeros, permítanme mostrarles nuestra hospitalidad."
Control se adelantó un poco para poder hablar con el Señor Ifume en volumen moderado mientras sus compañeros fueron abordados por dos bellas mujeres ataviadas en vestidos largos como pate de la comitiva. "Señor Ifume. ¿No cree que podríamos destacar con todo este recibimiento?"
Tadao volteó un instante para saludar con una seña a un conocido que pasó al lado de ellos, y habló sin cambiar la expresión jovial de su rostro, "Por el contrario, el Doctor Harrison opinó que si actuábamos de esta manera, ustedes podrían pasar por clientes frecuentes e importantes, y no llamaría la atención su súbita presencia. La verdad es que estoy muy agradecido porque decidieron venir. Conseguí que un viejo amigo me hiciera un préstamo para reanudar operaciones; así que estoy jugándome el todo por el todo. Si hoy sucediera una tragedia, la única manera de pagar mis actuales dudas sería rematando mi casa, y con ello, me quedaría en bancarrota total."
"Haremos todo lo mejor que podamos.", ofreció Control al anfitrión.
"No tengo forma de agradecer todo lo que han hecho ya.", continuó Ifume, "Siéntanse como en casa. Pueden jugar si así lo desean, tenemos también un excelente espectáculo en el auditorio, y no dejen de probar los cocteles, no tienen desperdicio...", una joven pelirroja se acercó al propietario y le habló en voz baja. Tadao asintió, y se dirigió a Control de nuevo. "Señor, debo dejarlos, pero por favor, disfruten de su visita."
"Cuanta formalidad, ni siquiera pareciera que estuviéramos trabajando.", comentó el líder corrector a sus compañeros mientras estos miraban a su anfitrión alejarse acompañado de la pelirroja en vestido color esmeralda.
Unos minutos más tarde, Tadao recibió a Bjorn en la entrada, tal y como había hecho antes, aunque esta vez no los acompañaba alguna despampanante fémina. La indumentaria del chico era también menos formal que la de los correctores que le antecedieran, todo el traje en tonos oscuros y con una corbata de nudo tradicional. Él mismo había manejado la limousine en la que llegaran todos, pero en su calidad de apoyo, se mantendría al margen del resto; por lo que los correctores tampoco sabían que él estuviera cerca. "... amigo Bjorn, espero que disfrutes tu estancia. Disfruta de todo lo que 'La moneda de oro' ofrece con toda confianza. Espero que entiendas que no podrán darte alcohol, pero fuera de ello pide lo que gustes. En el bar pueden hacerte también las hamburguesas más deliciosas que hallas probado, ¡Nada que ver con esas cosas plásticas que te venden en la calle!"
(¿En serio?, igual te comiste la mía el otro día, ¿no?), pensó el conductor para sí mirando de reojo al empresario, a la vez que asentía con la cabeza. "Está bien, Señor Ifume. Si no le molesta, quiero dar una vuelta por al lugar."
"Claro, mi joven, amigo. Si necesitas algo, solo haz llamar a la Señorita Itsuki.", Tadao estrechó manos con el conductor y se retiró para dejarle el campo libre. Bjorn comenzó a pasearse por el establecimiento. No pasó mucho tiempo antes de encontrarse a Paz sentado ante una máquina traga monedas, jugando a un pausado ritmo. Realmente daba toda la pinta de un anciano pasando el tiempo con un mililitro de emoción, y como a su alrededor había más clientes del mismo rango de edad, cumplía perfectamente con el propósito de no destacar.
Dejando atrás las máquinas, el joven se deslizaba discretamente entre la gente que circulaba por las mesas de naipes, donde se celebraban juegos de pokar y blackjack. Por momentos se detenía ante las mesas que estuvieran jugando una mano para evitar que nadie lo persuadiera a jugar, mientras fingía tener algún interés en el juego. Lo cierto es que a él no le importaba en lo más mínimo la partida, sino que mientras se quedaba quieto, miraba con sumo cuidado el entorno; protegido por los lentes oscuros podía observar los pormenores del edificio.
Un momento más tarde, pasaba tras la espalda de Control que lucía muy concentrado en una sesión de blackjack. Al parecer era Synchro el que más se divertía en la mesa de la ruleta donde se aglomeraban muchos jugadores, todos cantando sus apuestas y deslizando fichas sobre el tablero, mientras la acompañante, una rubia de vestido púrpura animaba al corrector.
Al término de media hora, Bjorn ya había recorrido todo el salón de juegos, y estaba convencido de haber localizado ya los accesos y salidas por lo que se decidió entonces a acercarse al área de espectáculos para seguir su inspección. El salón de eventos era una cálida sala a media luz, amueblada principalmente con mesas para dos personas, con manteles rojos y velas decorativas, siendo por supuesto ocupadas en su mayoría por parejas que disfrutaban del concierto de Michel Bleu, un famoso artista virtual dedicado a la música de Grandes Bandas. Su forma era enteramente humanoide, aunque sus manos y cara eran perfectamente blancos. Su rostro carecía de rasgo alguno, pero un patrón de lucecillas de color verde se encargaba de dibujarle una cara. Un traje de dandy con todo y sombrero completaban el cuadro del cantante.
El corrector humano tomó asiento en una de las pocas mesas desocupadas a la vez que trataba de observar todo lo posible en el entorno, pero con la poca iluminación y lo deslumbrante de los reflectores sobre el cantante, le dificultaban la labor. Meditó por un momento si llegado el caso, le pediría a la tal Itsuki que lo ayudara a investigar los pasillos reservados al servicio del casino.
Mientras pensaba en ello, alguien se acercó por su espalda y preguntó con una delgada voz, "Perdón, ¿está ocupado este asiento?"
Bjorn tomó un segundo en caer en cuenta que le preguntaban por la silla desocupada que estaba a su lado. Pensando en que seguramente alguien necesitaría la silla para acomodarse con sus amigos, le fue fácil responder. "No, no está ocupado, es todo suyo."
Para sorpresa del corrector, una mujer algo mayor de 20 años se acomodó en la silla justo en el mismo sitio donde se encontraba. Miró de reojo a su alrededor y descubrió que no había lugares disponibles, por lo que ya no consideró algo descabellado que esa desconocida se acomodara a su lado. La chica de inmediato llamó al camarero alzando un brazo, y este llegó en cuestión de segundos, para tomar la orden de un Blue Hawai para ella, y un jugo de naranja para Bjorn. Poco después la canción terminó y todos aplaudieron al cantante, quien agradeció humildemente inclinándose hacía el público. Luego un flacucho cyborg anunció que habría un intermedio, por lo que la luz de la sala aumentó de intensidad.
"Gracias", dijo la mujer en dulce tono dirigiéndose a su joven anfitrión de mesa, "No sabes cómo me gusta la música de Michel Bleu. Incluso pensé que no llegaría a tiempo, pero gracias por ayudarme.", la muchacha usaba un sencillo vestido negro, lo bastante informal como que cualquiera pensara que los dos ocupantes de la mesa eran realmente pareja. La joven tenía largo cabello negro recogido de manera que en apariencia solo le llegaba a los hombros adornado con un discreto broche de rosa blanca, profundos ojos color castaño claro y una dulce sonrisa aperlada, "¿Eres alguna especie de hombre solitario?", preguntó ella mostrando interés en su expresón.
"Algo así. A decir verdad, estaba esperando a un amigo, aunque me avisó que todavía demorará un rato.", mintió él, y sintió la necesidad de mostrar algún interés en la plática pero solo para preservar la apariencia, dado que estaba apurado por investigar más del casino, "¿y tú?, ¿solo vienes por el espectáculo o también tienes una cita?"
"Como te decía, me encanta Michel Bleu, y es que sus canciones me inspiran. El mundo real me deprime...", al tiempo que empezó a hablar, Bjorn se arrepintió de haber preguntado; un planteamiento así significaba que un largo y tedioso monólogo se dejaría venir. "... la universidad me agobia también, y a menudo me siento desmotivada.", la chica dio un sorbo a su coctel, y se quedó un instante mirando hacia el escenario sin fijarse en nada particular, suspiró silenciosamente para sí, y se giró para mirar al corrector, "... ah... es curioso que alguien use lentes oscuros en un lugar como este, pareces guardaespaldas o vigilante."
"¡Ja!", espetó Bjorn con falso humor, "No, no, no, nada de eso. En verdad tengo problemas con la luz intensa. Tan solo soy un mecánico automotriz con deseos de darse la gran vida, aunque sea en el mundo virtual."
"Ya veo, señor mecánico.", retomó la chica con una mirada dulce a la vez que alzaba su copa, "O sea que también te gusta alejarte del mundo y refugiarte en las maravillas de la red.", antes de que Bjorn pensara en una respuesta, la invitada depositó la bebida en la mesa y siguió hablando en apariencia consigo misma, "Me pregunto si tú también tienes problemas en casa... Yo sí, por eso prefiero estar en la red... Mamá se aburrió de que mi padre fuera un perdedor y se fue de casa; ahora él actúa como si nada estuviera pasando. Se hace el hombre importante con su trabajo, y a mí nadie me hace caso. ¿No crees que es deprimente?"
"Sí lo es.", contestó el corrector sin devolverle la mirada., "Realmente un padre estaría muy triste al saber que sus hijos lo llaman perdedor."
"¿Eh?, ¡Pero no me refería a eso!", replicó ella, luchando por no escucharse de más exaltada, "¡es mi madre la que se fue, y no tengo la menor idea de a dónde pudo marcharse, mientras que el estúpido de mi padre hace la vista gorda!"
"¿Y ella nunca mencionó algún sitio en especial donde pudiera estar resguardándose, o sus motivos para irse?", a la vez que hablaba, el corrector aprovechó para estudiar la sala donde se encontraba en ese momento que las luces estaban encendidas. Con seguridad iba a necesitar el apoyo de Itsuki para pasar tras bambalinas.
"No. Tenía tiempo sin hablar con ella.", admitió la mujer para luego pasar saliva con el objeto de no dejar que su voz se quebrara, "Eso es algo de lo que más me enoja."
"Caray. No creo que sea justo juzgar a tus padres sin conocer sus motivos. ¿Me equivoco al pensar que tampoco has hablado con tu padre?", agregó el varón.
La sonrisa de la muchacha se había desvanecido, y en su lugar podía notarse como ella estaba mordiéndose el labio, no contrariada, pero sí incómoda. Pasó un momento más en silencio y tras hacer algunas muecas, sonrió nuevamente para dirigirse a su anfitrión. "Perdón... acabo de conocerte y ya estoy abrumándote con mis problemas, te suplico que me disculpes."
"No ha pasado nada.", afirmó Bjorn con un tono tranquilizante en la voz.
"Gracias, señor mecanico.", de forma algo tosca, la joven se puso en pie, "Creo que iré a distraerme un poco por ahí mientras empieza nuevamente Michel. Ignoro si te veré más tarde, pero gracias por escuchar mis tonterías. ¡Ah!, y perdón por mis modales, en verdad lo lamento; mi nombre es Atsuko, puedes llamarme así, ¿y cómo te llamas tú?"
"Bjorn; Bjorn Taisha."
Atsuko abrió los ojos de forma desmesurada, "Ah... espero que no te moleste que te llame por tu apellido."
"Sé que es complicado pronunciar mi nombre, así que no hay ofensa.", le reconfortó el conductor.
La muchacha hizo una ligera reverencia a modo de despedida y se dirigió a la sala de juegos. Cuando hubiera salido, Bjorn se puso en píe y se decidió a buscar al enlace que le había ofrecido el señor Ifume, la desconocida señorita Itsuki.
Apenas Bjorn pisó la sala, y se encontró de frente con una escena inesperada: Control era llevado por un par de hombres de traje y corbata negra, ambos eran de considerable estatura y muy mal encarados. El corrector era llevado por los brazos de los dos gorilas quienes permanecían callados ante las quejas del corrector de software, "¡Deben creerme!, ¡yo no estaba haciendo ningún tipo de trampa!, ¡la culpa es de su tallador, por ser tan lentooo!"
(Caramba... ni siquiera puedo hacer nada por él sin delatarme...), gruñó el conductor para sí, para luego levantar la mirada buscando al resto de los correctores, esperando que alguno interviniera, pero a lo lejos solo distinguió a Synchro nadando en la multitud de los jugadores de ruleta y al viejo Paz con su aburrida rutina en las tragamonedas, sin que ninguno de los dos pareciera darse cuenta de lo que pasó. Lo que Bjorn ignoraba es que ambos software tenían la facultad de saber lo que ocurría, pero también conocían a Control, y eran conscientes de eran la clase de problemas en los que su líder solía involucrarse; por ello, cada uno por su lado hicieron una imperceptible mueca burlona.
Mientras el conductor reflexionaba sobre si llamar la atención de los correctores para que sacaran de apuros a Control o buscar a Itsuki y completar su inspección, una gritería se escuchó dentro del auditorio, y segundos después, la gente que ocupara el lugar salió en estampida, huyendo de una lluvia de chispas y polvo.
"¿Qué diablos?", exclamó uno de los vigilantes que escoltaban a Control al percatarse del escándalo. El instante de distracción fue más que suficiente para que Control desapareciera de su vista, y llegara al lugar donde Paz esperaba dando voces a la gente para que se tranquilizaran.
"¡Control, llévate a Synchro a investigar, yo me quedo aquí para cubrir la salida de las personas!", espetó Paz a su líder.
"¡Era el plan de todas formas!", contestó el corrector de viento, pero las exclamaciones de los concurrentes interrumpieron los planes. Los correctores se giraron y descubrieron que varias de las máquinas tragamonedas habían cobrado vida, y de alguna manera habían adquirido largas patas que les permitían moverse rodeando a la gente y a los propios correctores.
*pac* *pac* *pac*, las máquinas comenzaron a lanzar monedas desde sus buchacas, que salían disparadas como balas. Control apenas consiguió interponerse en el camino de los tiros para proteger a varios inocentes.
"¡Ya te ayudo!", exclamó Synchro que de un movimiento se despojó de la levita que vestía quedando con su uniforme de batalla, y desenvainó su espada de llamas.
Al mismo tiempo, el humo y las cenizas dificultaban la visión dentro del auditorio, por lo que Corrector Turbo avanzaba con dificultad entre los restos de las mesas, sillas, jarrones y demás escombros. Al menos no se había encontrado con ningún herido hasta ese momento. Por el área del escenario, pudo percatarse de que había alguien erguido, pero no podía divisar su aspecto. *¡Oh!, ¿Pero qué veo?, ¡Tenemos más público!*, un par de ojos luminosos brillaron entre el humo, y antes de que él pudiera razonar nada, la onda de choque producida por un grito lo hizo volar.
*¡Qué bello público tenemos hoy!*, exclamó el ente desconocido, quien se giró para mirar de nuevo a la mujer que tenía acorralada contra la pared, que era nadie menos que Atsuko, quien a su vez temblaba asustada al ver a su admirado Michel Bleu amenazándola. *¡Tú te mereces un aplauso!*
Instintivamente, la muchacha se tiró al piso justo a tiempo para que la mano del ciborg apenas pasara zumbando sobre su cabello para estrellarse en el muro abriendo un boquete en este.
*Eso no fue amable.*, dijo el descontrolado software mirando a la chica, y de inmediato trató de alcanzarla con la misma mano, *¡Recuerda inclinarte cuando te aplau-!*, Un cuchillo se estrelló con el brazo del software intérprete. *¿¡EH! ¿Quién se atreve a interrumpir el espectáculo?*
"¡Déjala en paz!", gritó Turbo desde los escombros con una rodilla en el suelo.
*Ja, ja, ¡público difícil!*, Bleu dio un largo salto para alcanzar al corrector humano, *¿qué tal un poco de danza?*, en cuanto tocó piso, le propinó una certera patada en el pecho, que lo lanzó rodando contra la barra del bar.
"¡Atsuko!", gritó dolorosamente Turbo a la chica que tratara de proteger, "¡Vete de aquí!, ¡Trataré de detenerlo!"
*¡El espectáculo todavía no termina!*, anunció el software agresor a la vez que se acercaba de nuevo al corrector.
"¡Doctor Jerome, pasó de nuevo! El radar no está registrando a los atacantes como virus.", informó Paz, quien sostenía el equipo de detección que hubiera estado usando en las últimas misiones, estando refugiado detrás de uno de los mostradores,
*Trata de registrar tanto como puedas de su patrón, Paz. ¿Cómo están las cosas con tus compañeros?*
"Están haciendo lo mejor que pueden, pero no parece que podrán detener el ataque ellos solos. Necesitaremos a Corrector Haruna.", afirmó el anciano. A su vez, Synchro se infiltraba entre los enemigos y conseguía golpearlos con su espada, pero el arma tan solo rebotaba en la superficie de las máquinas alteradas mientras que Control trataba de contenerlos empleando su poder de viento.
*Me encargaré de llamarla, resistan.*, Jerome concluyó la comunicación.
Dentro del auditorio, Corrector Turbo se impulsó desde el piso para sujetar a Bleu por la pierna cuando este trataba de alcanzar a Atsuko. *¡Ah! ¿Quieres otra canción? ¡Te voy a complacer!*, el cyborg dio una patada hacia el techo, con lo que el humano salió despedido hacia arriba, para caer violentamente.
Todo adolorido, Turbo levantó un poco la mirada para buscar a Atsuko, quien para su decepción seguía arrinconada contra el mismo muro sentada en el piso y aún temblando, con una mirada profundamente temerosa. Su cabello caía por completo por sus hombros y ya suelto hasta su cintura.
*¡Es hora de que caiga el telón!*, espetó Bleu al prepararse para un nuevo salto, esta vez con blanco en la cabeza del corrector.
Un grito emergió por detrás de ellos, "¡Corrector, Iniciar YA!", y un puñado de estrellas doradas surgieron por detrás de los girones de la tela encima del escenario. El alterado cantante electrónico desvió su salto para evitar el ataque.
*¿Quién eres, estrella invitada?*, Bleu habló usando un micrófono que sacó de la manga derecha de su traje.
"No está nada bien que lastimes a la gente que quiere divertirse. Todos ellos trabajan muy duro, y no es justo que los dañes. Por ello te voy a enviar al cesto de la basura.", Corrector Yui apareció sobre la duela con una mirada severa hacia su enemigo.
*Una entrada espectacular.*, aclamó Bleu, *Te mereces todos los reflectores.*, y son más arrojó el micrófono hacia lo alto del escenario y contra las luminarias que había sobre Yui, haciendo que el cable de este se enredara en su armazón, para luego tirar de este y provocar que se viniera abajo. La trigueña por muy poco libró la trampa tirándose de pecho fuera del entablado.
"¡Cuidado! ¡Ruédate, hadita!", Yui sin pensarlo dos veces giró sobre su costado con lo que evitó el pisotón de Bleu que dejó una grieta donde estuviera la cabeza de ella. Se incorporó tan rápido como pudo y trató de abrirse espacio saltando hacia atrás.
(¡Ahora!), "¡Corrector, Iniciar ya!", y el hada electrónica atacó a su oponente.
"aa-aa-aa-aa-AA-AAA", Bleu emitió un sonido que asemejaba una entonación, la cual no lastimó los oidos de la corrector, pero sí rechazó con suma potencia todo lo que había delante de él, incluidas las estrellas doradas y a ella misma.
La chica de cabello castaño aterrizó en medio del montón de escombros. Bleu la miró y saltó en su dirección, más al ir ascendiendo fue interceptado por Corrector Turbo que tan solo consiguió desviarlo un poco llevándose el humano la peor parte.
"Oh, es verdad, me estaba olvidando de mis fans. ¡Pero prometo compensarlo!", la malevola sonrisa del cyborg se encendió en una viva luz roja. A pesar de que hubo agudizado su atención, le velocidad de Bleu volvió a rebasarlo y esta vez fue el micrófono el que le diera en la cara, y para más el androide lo pateó en el estómago antes de que cayera al piso.
"¡Iniciar ya!", Corrector Yui atacó por segunda ocasión tratando de ganar la espalda a Bleu, pero el objetivo se evadió saltando vigorosamente ejecutando un perfecto giro mortal hacia atrás.
Tras el movimiento, sorprendió a la trigueña arrojándole el micrófono que le pegó en la mano, despojándola del báculo. Bleu levantó una rodilla y alzó los brazos hacia los lados a la altura de los hombros. El androide empezó a girar sobre su eje cada vez a mayor velocidad hasta casi convertirse en un pequeño tornado, el cual se dirigía peligrosamente hacia Corrector Yui.
La chica trató de apartarse del camino, pero pronto su espalda se encontró con una pared, ¡No había escapatoria!
"¡HAAA!", Corrector Turbo corrió hacia el rincón donde el hada electrónica estaba acorralada, disparó el arpón de su equipo auxiliar contra la parte más alta de la pared y ayudándose del cable saltó sobre la cabeza de Bleu, aterrizó a un lado de Yui, con el brazo libre la rodeó por la cintura, retrajo el cable y la sacó del paso en el momento que los veloces manotazos del cyborg arremetieron contra el muro.
"Estuvo muy cerca.", suspiró aliviada la trigueña que veía desde arriba como la pared era despedazada.
"Lo bueno es que eres más ligera de lo que aparentas.", agregó el otro humano que todavia la tenía sujeta.
"No sé cómo debería tomar eso.", musitó la chica lanzándole una mirada asesina.
"¿Estás segura de que tu ataque puede detenerlo?", interrogó Turbo.
"Siempre ha funcionado, pero él es demasiado fuerte.", admitió la adolescente.
"El verdadero problema no es su fuerza, sino su velocidad.", comentó el conductor sin apartar la vista de su enemigo. "Se mueve demasiado y es ágil, creo que la fuerza le viene del peso... No estoy seguro, pero trataré de darte algo de tiempo para que lo atrapes.", en ese momento, Bleu aminoró la velocidad de su giro en medio de una nube de polvo, luego de dejar una gran brecha en el muro. "¡Vamos!"
Corrector Turbo se impulsó con las piernas contra el muro, y extendió su cable para pendular de nuevo sobre su persecutor. Cuando tocó el piso, liberó a Yui e invocó su comando, "¡Modo de evasión, Ahora!"
*¡Otra entrada espectacular!*, Bleu recuperaba el equilibrio tras el último ataque, y en seguida tomó el impulso necesario para alcanzar al corrector, *¡Permíteme hacerte una ova-*, en una fracción de segundo se percató de que algo estaba fuera de lugar. Levantó la vista y se dio cuenta de que el Shelby Cobra de Turbo acababa de materializarse justo arriba de él. *Oh, diab-*
La pesada máquina de tonelada y media cayó encima del cyborg, inmovilizándolo.
*¡Esto no va a detenerme, chicos bobos...!*, gruñó el cantante cuyo brazo y cabeza asomaban debajo del vehículo.
(¿¡Va a levantar eso!), pensaron los dos correctores a la vez.
*...mentira, sí puede.*, admitió el robot dejando caer la frente resignado.
(...), Bjorn intercambió una expresión incrédula con la hada electrónica, "... Acaba con esto de una vez."
"u-jum.", fue la breve respuesta, todavía confundida de la muchacha. Recogió el báculo que había dejado momentos antes y se dispuso a atacar.
"¡Corrector!, ¡Iniciar, Ya!", del bastón de Corrector Yui emergieron un montón de estrellas doradas que al fin acertaron en el blanco.
*Oh... ¡Se acabó el show...¡*, balbuceó Michel Bleu con cierta nostalgia en la voz. Luego levantó la cabeza enunciando, *¡Gracias totales!*, y el problemático robot se quedó apagado.
Los dos correctores se desplomaron aliviados luego de la complicada batalla. Corrector Yui cayó sobre sus rodillas para luego sentarse en sus piernas, y Turbo reposó acuclillado. El varón volteó la mirada a la chica.
"Sí que te pegó fuerte.", fue hasta ese momento que la trigueña se percató de que el visor del chico estaba estrellado y él tenía un pómulo amoratado. En el fondo sentía que los golpes que él había recibido eran más que merecidos por menospreciar a los seres de la RedCom, como lo había hecho antes. Estaba segura de que esa sería una útil lección de respeto. Aún cuando experimentaba cierta satisfacción por haber detenido a un enemigo tan duro como resultó Bleu, mantuvo una actitud indiferente hacia su colega.
"No fue tan duro.", devolvió el muchacho sin apartarle la vista, y dibujó una discreta sonrisa en los labios.
(Vaya, la típica respuesta del 'gran macho'. Que te aproveche entonces.), con un gesto de enfado en los labios, Yui le apartó la mirada. Sin embargo, Turbo no prestó atención a la cara de ella al observar algo.
"¿Pero acaso eso es...?", Bjorn se incorporó y se aproximó al androide bajo el automóvil para retirarle una rosa blanca que estaba pegada a su nuca. Él estaba seguro de haber visto ese adorno en otro sitio. "... Tú...", sobresaltado, volteó en todas direcciones buscando algo. Al no encontrarlo, invocó su comando, "¡Modo de defensa, Ahora!", el automóvil se desvaneció de encima de Bleu y el corrector comenzó a correr rumbo a la salida, no sin antes mencionarle a Corrector Yui. "Esta vez me salvaste, estamos a mano."
La trigueña se quedó con la respuesta en la boca mientras veía al sujeto alejarse. ¿Había sido eso alguna forma de agradecimiento o qué? Cogió un guijarro del suelo y lo lanzó con todo su enojo en la dirección por la que se había marchado él.
Afuera de casino, Paz y Control hacían lo posible por desalojar a la gente del lugar en orden, luego de que las máquinas atacantes volvieran a su estado inanimado, siendo que el núcleo del ataque había sido Bleu, que acababa de ser derrotado por los humanos momentos antes. Synchro seguía adentro buscando a posibles heridos, cuando descubrió a la joven Atsuko andando a toda prisa, inclusive se había despojado de sus zapatos.
La mujer se dio cuenta de la presencia del corrector. Juzgó por su traje que seguramente estaría con los que se habían quedado en el auditorio, por lo que presurosa le avisó, "¡Oye tú!, ¡Hay un robot fuera de control allá adentro!, tus amigos están peleando con él.", un instante después se abrió paso entre la gente aglomerada en las puertas del establecimiento.
(¿¡Amigos!), Synchro miró hacia la puerta que le señalaran. Estaba desconcertado ya que ignoraba que hubiera más guardianes además de Control, Paz y él mismo.
En la misma entrada se encontró de frente con Corrector Turbo, quien lo rodeó con un apenas audible, "Lo siento, voy deprisa."
(¿Un corrector? ¿Pero quién es él?), se preguntó el esgrimista, que nunca antes había visto a ese miembro. Cuando volteó, se asombró por toda la destrucción visible, y cerca de lo que quedaba de escenario, descubrió al maltrecho cyborg Bleu.
Al acercarse al robot inactivo, su olfato se llenó de una fragancia que resultaba familiar, un aroma que echaba mucho en falta, (¿También aquí?, ¿Viniste a salvarnos otra vez?).
"¡Lo siento!, ¡Perdón!", Corrector Turbo se abría paso entre la gente a las afueras, a la vez que buscaba con los ojos a Atsuko entre todos esos rostros asustados y confundidos. Antes de darse cuenta, ya estaba fuera de la multitud y a su espalda, Paz lo veía con curiosidad. De reojo, el humano descubrió al anciano y omitiendo que jamás se presentó, le hizo la pregunta.
"¡Usted!, ¿Vio a una chica joven de vestido negro, delgada y de pelo negro muy largo?"
"Sí, la vi, muchacho. Salió con mucha prisa y se subió en un coche azul.
"¡Modo de evasión, Ahora!", espetó Turbo y su automóvil se materializó en la calzada. Saltó hacia la portezuela y abordó la unidad. A la vez que encendía el motor, Paz se subió al asiento del copiloto. "¿A dónde cree que va usted?"
"Soy un corrector al igual que tú, además no viste por donde se fueron."
"Trato hecho. Pero le advierto que no manejo despacio. Póngase el cinturón."
"¡Paz!, ¿a dónde vas?", gritó Control, pero su llamado se vio ahogado por el rechinar de las llantas del Shelby que arrancó en veloz carrera.
"Cherry, conéctate al control de tráfico y localiza el auto que describe este hombre.", ordenó Turbo a su auxiliar.
*¡En seguida, capitán!*, C.S. comenzó su trabajo. *En la siguiente calle debemos seguir a la derecha, a una calle, giro a la izquierda y habrá que subir a la vía rápida.*
Corrector Turbo dio una amplia vuelta siguiendo las instrucciones de su navegante.
"Se acabó, estamos a salvo.", dijo el conductor del Torino color azul que redujo su velocidad cuando se creyó seguro mientras circulaba por la autopista.
"¿¡En que estabas pensando!", explotó Atsuko quien iba a su lado, "¡Michel Bleu enloqueció por completo y casi me hace polvo!"
"Mira, en verdad lo lamento. No imaginé que iba a tener una reacción como esa. Pero esta fue la última vez que tengamos que hacer algo como esto.", al volante iba un muchacho de la misma edad que ella, de cabello semi largo teñido de rojo, con gruesas gafas y traje gris, de físico regular, ligeramente pasado de peso.
"Está bien. La culpa fue mía, solo cumpliste lo que te pedí, y espero que esta sea de verdad la última vez. ", la mujer se hundió en su asiento, y agachó la cabeza. Difícilmente podría saberse si estaba cansada o triste.
"¿Qué es eso que se acerca?", preguntó para sí el pelirrojo al notar 4 luces por el retrovisor.
*¡Son suyos, capitán!*, avisó C.S.
"¡Ahora me la van a pagar!", espetó Corrector Turbo.
"¡Espera un segundo!, ¿Qué piensas hacer?", interrumpió Paz.
"Les daré un ligero golpe en el guardafangos para que ellos solos se estrellen."
"¡Pero qué barbaridad estás diciendo!, ¡Qué bueno que vine contigo!", el corrector anciano alzó las manos y materializó un peculiar rifle. "Esto puede anular el sistema eléctrico del auto. Trata de darme un buen ángulo para pegarles con esto."
Conscientes de que el cobra iba tras ellos, los tripulantes del Torino aceleraron la marcha.
"Prepárese, abuelo, vamos a agitarnos mucho.", Turbo imprimió presión en el pedal acelerador. Paz tuvo que aplazar su tiro por la vibración del coche. Pasado el efecto, los correctores no tuvieron problemas para mantener el asedio y la colocación contra su presa.
Paz accionó el gatillo, y una gran garra salió disparada, la cual se incrustó en el porta equipaje del automotor azul.
"¿¡Qué pasa, por qué te detienes!", gritoneó Atsuko.
"¡El auto dejó de responder!, debieron neutralizar el sistema con algo.", explicó el varón, "Estamos acabados."
Razón no le faltaba al prófugo. Estando en la autopista, con protección de altos muros, no había más que las cintas asfálticas a la vista y ninguna forma de escapar. El escapista no tuvo más opción que frenar suavemente el vehículo hasta detenerse.
De vuelta en el casino, más de la mitad de la gente se había marchado, pero no faltaban los curiosos que miraban expectantes a los correctores que permanecían junto a Tadao Ifume.
La curiosidad de los presentes se acrecentó en el momento que el cobra giró en una esquina aledaña y a paso lento se detuvo ante la casa de juego. Hombres y mujeres se empujoneaban para ver mejor lo que sucedía. Paz y Turbo bajaron del auto. El humano empezó a dar su explicación, "Señor Ifume, atrapamos a los culpables de los ataques a su casino.", Paz hizo los honores abriendo la puerta del asiento trasero del auto, descubriendo a la pareja capturada.
"¡Atsuko!", el señor Ifume se mostró aterrado al ver a la chica.
"¿Usted la conoce?", increpó Control.
"¡Ella es mi hija!", confesó el empresario con la voz quebrada a la vez que una lágrima rodaba por su cara.
Minutos después, Paz liberó a los presos de las esposas que les había puesto. Y la joven tuvo que enfrentarse a su padre, aún con un par de docenas de los indiscretos clientes detrás de ellos.
"... Hija... ¿por qué hiciste esto?", comenzó Tadao con una profunda tristeza.
"¿Por qué crees, papá?, ¡porque abandonaste a tu familia por estos estúpidos juegos!", Atsuko estaba sumamente tensa, su pálido color permitió que el enrojecimiento le destacara más en la piel.
"¿Cómo puedes decir que las abandoné?", Ifume abrió desmesuradamente los ojos ante la declaración de la chica.
"Si fue por eso que mamá se fue de la casa.", recriminó la chica mientras la demás gente intercambiaba miradas y comentarios casi monosílabos.
"¡No hija!, ¡Espera!, ¿qué te hace pensar que tu mamá se fue?"
"Me lo dijo la tía Ami, ella me contó que no la ha visto en semanas. Yo misma investigué por mi cuenta y mi madre sigue desaparecida mientras tú sigues rodeándote de estas... tipas y sigues en tus juegos idiotas de la red.", los nervios traicionaron a la joven y rompió en llanto.
"Atsuko, no...", Tadao abrazó a la muchacha que en el primer momento trató de librarse de él, pero en breve cesó su rechazo. "Hijita, la tía Ami siempre ha tergiversado las cosas para propiciar los conflictos, pero la realidad es que tu mamá no se ha ido a ningún lado... ella está en el hospital, muy enferma."
"¿¡Qué dijiste!", la chica rompió el abrazó y sujetó a su padre por las solapas clavándole la mirada, "¡con más razón!, ¿Qué haces aquí perdiendo el tiempo, cuando ella te necesita?, ¿Y por qué no me habías dicho nada?"
"No es tan fácil como parece, Atsuko.", explicó el señor apesadumbrado, "Sabía que tus exámenes finales estaban cerca, no quería que te preocuparas y perdieras tu año. Por otro lado, el tratamiento que necesita tu mamá es sumamente costoso. Así que no podía dejar de trabajar. Puede sonar extraño, pero el juego no es un pasatiempo para mí. Mantener un casino no es una tarea simple, aunque resulta redituable cuando lo sabes hacer."
"¿Y mamá?, ¿dónde está ella?", insistió la delgada joven.
"Te llevaré a donde está cuando vengas a Tokio.", prometió Tadao. "¿Quién es el muchacho que te acompaña?"
"Él es Kato...", con las mejillas más rojas agregó, "... mi... él es mi no-vio..."
"Kato...", Ifume miró al pelirrojo con severidad. Al hombre le desagradó el hecho de que su hija estuviese saliendo con alguien, pero comprendió que debía armarse con un corazón bondadoso en un momento como ese. Observó en los ojos de su congénere y entendió el dolor que había en su interior. Él no querría angustiarla haciéndole prohibiciones. Tras un momento, relajó su expresión. "¿Él es quien programó a los virus?"
El implicado intervino en la plática. "Bueno, para ser precisos, no son virus lo que fabriqué."
"Bueno, está bien.", interrumpió Ifume, "¿Por qué no hablas con mis amigos los correctores sobre tu invento?"
Control se acercó al universitario quien se puso nervioso, "Acompáñame, hay alguien que está muy interesado en conversar contigo."
"¡Papá!, ¡no dejes que se lo lleven, yo soy la culpable de todo, yo..."
"Tranquilízate, hija. No irá a ningún lado. Solo quieren hacerle unas preguntas. Te lo garantizo."
Uno de los clientes se acercó a los familiares. Se trataba de un hombre de edad madura, de físico cuadrado. Un nacimiento de bigote blancuzco contrastaba en su tez morena. "Perdón por la intromisión, pero escuché que su esposa está hospitalizada...", Tadao y Atsuko lo miraron rebosantes de interés. "...bueno, yo conozco al ministro de salud, así que si me lo permite, creo que podría ayudarlos."
Padre e hija seguían perplejos mirando al caballero parado ante ellos. El señor Ifume le susurró a ella, "Atsuko, pellízcame.", sin mediar palabra, la joven obedeció, y en cuanto Tadao sintió el pinchazo, solo acertó a responder. "¡Por favor!"
Mientras que la situación de los Ifume parecía arreglarse, Corrector Turbo regresó al interior del destrozado casino. Dentro del auditorio fue alcanzado por Synchro quien le llamó lacónicamente. "Oye."
"¿Qué hay?", Bjorn respondió sin voltear. Recorría el sitio con la mirada. En medio de la destrucción solo resaltaba el 'inconsciente' Michel Bleu.
"¿Corrector Yui estuvo aquí?"
"Sí. Ella fue la que detuvo a ese tío de allá.", Turbo señaló al cyborg con apenas un movimiento de cabeza. "Por tu pregunta deduzco que tampoco la viste cuando se marchó.", el humano se dirigió a la salida. "En fin, también me voy."
"¿Terminó tu trabajo?", cuestionó el corrector de fuego.
"Yo solo conduzco, y ya hice mi corrida de hoy."
A Synchro no le agradó la respuesta del novato, pero se abstuvo de cuestionarle nada más al percatarse del gran moretón en su cara.
De vuelta en el mundo real, Bjorn abrió lentamente los ojos, estaba recostado en su cama. Sentía un fuerte dolor de cabeza pero se olvidó rápidamente de eso al descubrir una mancha de sangre en el cobertor. Se llevó la mano a la cara y supo que la sangre salió de su propia nariz. Sumamente aturdido se levantó y pasó al baño para limpiarse el rostro. Al tiempo que juntaba el agua del grifo entre sus manos, empezó a meditar sobre lo que estaba pasando. Si eso le había ocurrido por un mal golpe, ¿qué pasaría si alguien lo hería de gravedad en el mundo real?
*Sweep* *Sweep*, Cherry se mostró en el ComCon del muchacho. *Capitán, ¿se siente bien?*
"Sí, ardilla. Solamente me siento fatigado.", mintió Bjorn sin dejar que ella llegara a verle la cara. "Por cierto, ¿de dónde salió esa chica, Corrector Yui? Inukai y los otros me hablaron de todos los software y de esa otra chica Haruna, pero nadie mencionó a esa Yui."
*Lo siento capitán, desconozco los detalles, pero sé que en algún momento fue miembro del sistema corrector. Espero que me perdone, decidí llamarla cuando Corrector Haruna no respondía al aviso del Doctor Harrison.*
"No te preocupes. Si no lo hubieras hecho, seguramente yo estaría convertido en alfombra ahora."
El teléfono sonó. Bjorn salió del baño y descolgó. "¿Diga?"
*Chico, te saliste de la red.*, abordó el Doctor Jerome de inmediato.
"Sí, estaba sintiéndome un poco mal.", argumentó el corrector humano.
*Entiendo... Bien, llamé para decirte que el Señor Ifume está muy agradecido por la ayuda. También su hija te envía saludos.*
"Espero que la madre de Atsuko se mejore pronto.", comentó el chico casi para sí.
*Esperemos que sí.*, concordó el científico, *Bjorn, debo dejarte, voy a platicar con el yerno de Ifume. Antes de que lo olvide, ¿quieres que pida el teléfono celular para tí?*
"Gracias, Doctor Harrison, pero sigo pensando que esos aparatos traen demasiados problemas.", por supuesto, el joven hablaba de algo mucho más allá que los servicios del teléfono, recordando que todo había comenzado por una simple prueba del móvil.
El mecánico quitó el cobertor manchado de la cama y volvió a tumbarse. Miró al techo de su alcoba repasando los detalles que tantas veces había listado ya, como la extraña mancha de humedad que asemejaba el perfil de un león sentado, la diminuta grieta en el aplanado y que cualquier día se convertiría en un trozo de yeso desmoronado en el piso, aunque el bobo pasatiempo era tan solo un relleno en sus pensamientos.
(Ser un corrector es un trabajo peligroso... Aunque hay cosas que hacen que todo valga la pena...)
Y con esa simple conclusión en la cabeza, además de un persistente dolor, Bjorn Taisha cerró los ojos tratando de dormir.
"¡Estoy hablando en serio!", insistía William Tristan, en su video conferencia. "¡Nadie está culpándote!"
"¡Doctor, en verdad se me cae la cara por la vergüenza!", del otro lado, Haruna Kisaragi miraba con una expresión de que rompería a llorar., "Cuando me llamaron estaba a mitad de una pieza de piano. Mi nuevo tutor no permitió que me detuviera... Ni siquiera cuando le dije que tenía estómago delicado como excusa."
"¡Entiendo!, fue humillante para ti. Por eso insisto en que no tienes por qué sentirte mal por lo de hoy. Afortunadamente la situación pudo solucionarse, no llores..."
"¿Y si vuelve a pasar?, ¿cómo puedo ayudar si tengo al tirano de Sendo tras de mí?"
"Ahm... Algo se nos ocurrirá... ¡No te preocupes más, jovencita!", (Profesor Inukai... ¡Regrese pronto, por favor!), el americano maldijo la hora en que se decidió a dejar de fumar. Podría haberle dado un buen uso a un cigarrillo en ese momento.
'Casino enROYAdo' llegó a suplir un capítulo que nunca me decidí a escribir cuando empecé Upgrade hace años. En esencia quería colocar a la tercia Control, Synchro y Bjorn en un club para adultos, donde estarían en múltiples problemas entre bellas mujeres. En aquel momento terminé descartando la idea pues no quería comprometer la clasificación PG13. En esta edición de la serie decidí retomar la idea de reunir a los hombres del equipo pero el escenario cambió de un burdel a un fastuoso casino, dejando el tema de las seductoras señoritas a un lado; además de que incluí a Paz en el grupo. Por otro lado, Michel Bleu es una especie de cameo parodia de un cantante real y como pista, diré que las iníciales del personaje concuerdan con el artista verdadero, ¡Ah!, me olvidaba de que también hay una pequeña referencia a un cantante latino en una expresión del robot. Espero que este especial les haya gustado, y los invito a seguir esta aventura la próxima semana.
Tokio se convierte en el centro de la atención cuando la Red Urbana de Japón abre sus puertas al mundo. Haruna busca el momento para hablar seriamente con Yui. ¡El peligro en la RedCom tiene muchas formas! No te pierdas el próximo miércoles 13 de marzo, Corrector Yui Upgrade: Royal Pacific.
