Corrector Yui Upgrade
Capítulo 5: Una nueva realidad
Acto 18: Investigación
Un mes atrás, después del ataque en la Red Urbana de Japón
Control, I.R., Synchro y Follow, entraron precipitadamente a la sala de chat, solo Paz los seguía por detrás caminando pausadamente. Anty y Ecco se encontraban ya en el lugar junto a Harrison e Inukai quienes atendían las heridas del más joven. El conflicto por el ataque masivo de virus en la R.U.M. Japón había concluido apenas unos momentos antes.
"¡Correctores, muy buen trabajo!", felicitó el director a su equipo.
"¡Profesor! ¿Ya regresó corrector nueve?", preguntó Follow ansioso.
"¡Queremos conocerlo!", agregó entusiasmado I.R.
Los Correctores hablaban de la desconocida quien de súbito había intervenido en la batalla del parque de Sojoji, donde en una rápida acción eliminó todos los núcleos virales que se habían atravesado
Anty se levantó de la mesa y se dirigió a sus compañeros. "Control, amigos será mejor que se tranquilicen y tomen asiento."
Todos permanecieron callados y con una gran confusión en el rostro. Inukai respiró profundamente e hizo el anuncio a sus muchachos.
"A quien Anty, Follow y Ecco vieron, no es la pieza de software nueve."
"¿¡QUÉ!?" Respondieron los recién llegados, no menos que desilusionados. En seguida Inukai agregó:
"No tenemos la menor idea de quien eliminó a los virus en la R.U.M."
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Marzo, un mes después del ataque en la Red Urbana de Japón
Los pasos de Mototsugu Inukai resonaban por entre los pulcros pasillos del sitio que visitaba. El piso pulido reflejaba con nitidez la imagen del científico que avanzaba con una expresión dura en la cara. Le incomodaba estar en medio de esos pasillos de muros blancos, fríos y hasta ese momento hostiles. A pesar de todo, esto se había convertido en una rutina a la que con todo desagrado tendría que acostumbrarse.
Al final del corredor, tuvo que detenerse un instante al frente de una compuerta de aluminio pulido, con un emblema similar al yin-yang. Una media docena de rayos de luz roja recorrieron su cuerpo a modo de identificación, y al fin, la puerta se abrió deslizándose hacia arriba. Dentro de la nueva habitación, se encontraba una más cálida sala con alfombrado rojo, paredes y muebles de cedro finamente barnizados. En el centro de la habitación, se encontraba una niña de aproximadamente 10 años, vestida con un jeans deslavado, una blusa amarilla y un chaleco moteado tipo leopardo. Al varón le sorprendió en especial su color aquamarina en el cabello y ojos.
"¡Yoo-hooo!", saludó la joven con una sonora voz y con una señal de 'V' en la mano. "¡Saludos, abuelo-san!"
Inukai se sorprendió con el peculiar saludo, "¿Abuelo-san? Eh…", el escenario le resultaba en especial extraño al hombre, quien esperaba ser recibido por la indiferente mujer británica que siempre estaba en la recepción del sitio. Tratando de reponerse, se inclinó un poco para poder hablar con su interlocutora en un esfuerzo por ser amigable, "¿Quién eres tú, pequeña?"
La niña dio un paso hacia atrás, buscando abrir espacio entre el recién llegado y ella, extendió un brazo y con la palma de la mano alzada y espetó con mucha seguridad, "¡Mi nombre es Nosdet, Sexto Oficial del Escuadrón de Respuesta NorthCom!, ¡Señor!"
En seguida la niña rompió su marcial saludo y rodeó a Inukai mirándolo con atención, "¿Así que usted es el Profesor Mototsugu Inukai? Me asombra un poco, siempre pensé que los abuelos japoneses eran todos flacos y con cara de iguana, pero usted parece alguien muy fuerte. En fin, ¿Vamos a la reunión?", invitó ella con una leve caravana al tiempo que las puertas a su espalda se abrían en par.
El científico anduvo un par de minutos con la niña a un lado. Un ventanal a la derecha de ellos mostraba un amplio panorama de la ciudad de Londres a la luz del medio día. El Profesor miró el escenario abstraído cuando se percató que su anfitriona le hablaba.
"Perdón ¿qué me decías?", preguntó Inukai.
"Le preguntaba si quería probar alguno de los té que tenemos en la cocina, hay muchos deliciosos. Le traeré el que quiera en unos minutos. Dígame qué le gustaría."
"¡Eres muy amable!", sonrió el hombre todavía sorprendido por lo que ocurría, "Elije por mí el que más te guste, estoy seguro de que será perfecto."
"¡Perfecto! Pase usted a su reunión", la niña señaló las puertas que tenían ahora a un lado, "y yo regresaré en unos minutos con su té.", y así la pequeña echó a correr. El paso de sus zapatillas apenas era audible.
Las puertas de madera se abrieron, invitando al Director de la RedCom 1 a la sala de reunión asignada.
*Profesor Mototsugu Inukai.*, enunció una cordial voz. *Sea usted bienvenido.* El científico tomó asiento en una silla al frente de un tribunal donde se encontraban no menos de 20 personas, en gran parte de edades avanzadas.
*Señores Concejales, algunos de Ustedes no habían tenido la oportunidad de coincidir con nuestro homólogo de la RedCom 1. Se encuentra con nosotros el Profesor Mototsugu Inukai. Él es el pionero en el desarrollo de los entornos virtuales de quinta generación, Coordinador General del proyecto de la RedCom, y director del sistema de respuesta conocido como los 'Correctores', el organismo de defensa de la RedCom piloto.*, quien hablaba por el micrófono en el centro del estrado, era un hombre blanco calvo y delgado, de aproximadamente 45 años. La voz del hombre era seria y calmada. *Profesor, me permitiré comenzar la reunión presentándole al Señor Donald Woodrow, Administrador General de la Red Urbana de San Francisco.*
Un hombre caucásico entrecano de poco más de 50 años se levantó en la tribuna y empezó a hablar con la voz amplificada por un segundo micrófono en la solapa. *Mototsugu Inukai, francamente no sé por dónde empezar: Hace dos meses se reportaron perturbaciones en nuestro sistema, en específico el sitio de la Torre Transamérica sufrió daños irreparables. El acuerdo comercial que teníamos con el Banco Internacional Epox quedó seriamente comprometido luego del incidente. Invertimos mucho tiempo y recursos para que un equipo forense especializado consiguiera recuperar alguna información que nos llevara a descubrir a los responsables de todo. Finalmente fue hace dos días que el equipo a cargo logró presentarnos esto:*
Delante del Profesor un holograma proyectó ante su vista una serie de imágenes en video. En cada una de las tomas aparecían figuras distorsionadas en movimiento, pero siempre con el fondo de la imagen muy claro. Las figuras extrañas se desplazaban entre los cortes de video hasta que en un punto, estas iban abandonando el edificio a la vez que este empezaba a caer y las llamas envolvían el escenario. *¿Qué nos puede decir de esto, Profesor?*, cuestionó el americano. *No es necesario aclarar qué es lo que acaba de ver. La tecnología de protección visual sigue siendo exclusividad suya y de cierto modo el sello distintivo de su trabajo. Ningún laboratorio ha conseguido imitar su proceso. Ahora díganos: ¿Por qué decidieron demoler la torre?*
"Caballeros", empezó a hablar Inukai, "puedo reconocer a mi equipo en las imágenes que presentan, pero me temo que el estudio no ha sido lo suficientemente meticuloso. La destrucción no ha sido obra de mis correctores, sino de la nueva variedad de núcleos virales que invadieron su sistema. Sería mucho más claro si la investigación que ha emprendido su compañía profundizara más en la búsqueda de las eviden-",
*¡De eso nada!*, espetó el interlocutor alzando la voz, *Gastamos ya demasiado en el laboratorio, y no necesitamos más pruebas para saber qué está sucediendo.*
"Profesor Inukai", comenzó a hablar otro de los hombres desde su lugar, el delgado brazo de este temblaba al estirarse para alcanzar el micrófono. Cuando Mototsugu advirtió las facciones del sujeto, cayó en la cuenta del porqué del comentario de Nosdet momentos atrás, por la parte de 'cara de iguana'. "Cómo sabe, soy el encargado de la RedCom 2 de Japón. Profesor, estoy seriamente... consternado por todos los últimos acontecimientos. La afectación en la Red Urbana nos ha significado una pérdida cuantiosa, claro que nada más importante que la credibilidad que hemos perdido con los inversionistas.", la voz del funcionario se hizo más áspera, por lo cual hizo una pausa, dio un sorbo a un vaso de agua que tenía sobre el escritorio, y de reojo descubrió las señales de aprobación del resto de los asistentes, en seguida continuó, "Profesor, más allá de quién originó los daños; lo qué ha sucedido me orilla a pensar que su equipo carece de lo necesario para confrontar la actual crisis."
Inukai tenía respuesta a ello, pero se abstuvo de hacerlo. Durante los siguientes minutos, escuchó pacientemente a cada uno de los funcionarios que tenían algo para decirle. Pese a lo agotador que resultaba el bombardeo de quejas, lo más abrumador vendría de la persona más pasiva hasta ese momento.
*Profesor Inukai.*, Seaman tomó la palabra, *Luego de considerar todos los incidentes ocurridos por la intervención de su equipo, es mi deber anunciar que esta mesa directiva le prohíbe interferir a usted y a los integrantes de su equipo de respuesta en cualquier asunto de seguridad dentro de la Red Urbana metrópoli.*
"Admito que a la vez me sorprende y me esperaba una moción cómo la que están imponiendo.", comentó Inukai. "En efecto no soy alguna autoridad en la jurisdicción de la Red Urbana Metrópolis y al mismo tiempo no existe ley qué me impida auxiliar a sus usuarios cuando existen peligros cómo lo son los virus de última generación qué los han venido atacando."
El silencio se hizo en la sala. El director americano meditó un instante antes de replicar. *Es verdad que no hay legislación sobre este supuesto en las leyes internacionales, sin embargo todavía son aplicables las demandas por daños y perjuicios a nuestra Red. Profesor Inukai, en verdad se lo digo: No intente jugar con nosotros.*
*Hágale caso, Mototsugu.*, Habló el hombre de aspecto asiático qué sé localizaba a un escaño al frente de los americanos, *Sería lamentable que el Director General de la RedCom sea sancionado con una acción penal.*
"Lo tendré presente, caballeros.", Mototsugu se levantó de su asiento y se dirigió a la salida. "Sin embargo, espero que ustedes también consideren qué mi grupo y yo no nos haremos de la vista gorda si los usuarios están en riesgo.", por un momento el científico pensó en emitir una enardecida amenaza hablando también en términos legales, pero la razón lo llamó a no hacerlo; sería un comodín qué se guardaría para el momento que pudiera necesitarlo.
George Seaman miraba serio al Profesor Inukai mientras este cruzaba las puertas de regreso al corredor. Aunque sé sorprendió al escuchar la aguda voz de Nosdet quién atravesó frente a la puerta a paso presuroso con un platito y una taza en las manos. "¡Abuelo-san! ¡No se vaya! ¡Le traje un té muy rico! ¡No se enoje por los viejos peos' de allá adentro!"
"¿¡Cómo dijo esa niña!?", murmuraron algunos de los presentes, esperando haber escuchado mal. Algunos otros de inmediato se mostraron ofendidos. Seaman tan solo pudo llevarse la palma a la frente lleno de vergüenza. Las incómodas expresiones sé vieron interrumpidas por una sonora carcajada de uno de los presentes. Se trataba de un varón de cabello entrecano, con anteojos de tamaño regular; a diferencia del resto de los concejales, en vez de saco de vestir llevaba suéter de lana.
"¡Ja! ¡Pero qué maravilla!", aun riendo, se giró a la derecha para hablar con la mujer que estaba sentada a su espalda. "Viste eso, Jenna? Hay que pedirle a George que nos fabrique una igual para MiroSoft!"
"Francamente, Señor Conrad, no debería tomarse a la ligera lo que acaba de hacer. Pagar 21 millones de dólares para reparar los daños que provocaron los del grupo de Inukai... esto va a resultar poco favorable para sus finanzas personales.", replicó discreta Jenna Hawkings, la asistente personal del mayor accionista del grupo: Conrad Tristan.
"Bah, gran cosa, no podré comprar un Lamborghini nuevo este mes.", dijo despreocupado el hombre del suéter.
"Ha sido muy generoso de tú parte pagar para salvar a Inukai, Conrad.", comentó uno de los hombres a su lado. "Aunque me parece que el precio ha sido exagerado para que tan solo tu sobrino William no se quedara sin trabajo."
"Esto no tiene que ver con que William trabaje con él.", aclaró el accionista. "Inukai es una persona que ha dedicado una vida al trabajo por la RedCom, e inclusive ya hizo frente a dos crisis qué tuvieron a la red al borde de una pérdida total. ¿No creen que merece un mínimo voto de confianza por ello?"
"Usted le está dando un sentido nuevo al significado de confianza.", apuntó un hombre más robusto qué lo que fuera Inukai con corto cabello ensortijado y poblado mostacho. Vestía un poco discreto traje verde que contrastaba con su tostado color de piel.
"Al contrario que todos ustedes, yo diría que deberían estar agradecidos con Inukai: él puso todos sus recursos para proteger todo lo que ustedes dejaron olvidado. Lo que voy a decirles sonará a comentario resentido, pero no me importa: Todos ustedes migraron sus sistemas de nuestro software a plataformas nuevas y más seguras a decir de sus desarrolladores; pero no pasó más de una década para que una nueva generación de virus computacionales los tomara a todos descuidados, y ahora que ha quedado expuesto lo vulnerable que es la Red Urbana, ustedes no están buscando a quién se las hizo, sino a quién se las pague."
Todos los presentes volvieron a callar. La reflexión de Conrad era atinada y hasta incómoda para algunos.
"Mototsugu Inukai ha hecho lo que podía. Desafortunadamente no ha sido suficiente para enfrentar la nueva situación.", Seaman habló en un tono conciliador y sereno. "Es cierto que hubo omisiones, pero ya hemos adoptado las medidas precisas. Ahora será mejor apartarlos a él y a su grupo del camino y procurar que nuestras relaciones continúen sanas.
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Lunes, una semana antes del fin de cursos.
"Jarrod, hola, que bueno saber de ti.", espetó Jerome al contestar su teléfono móvil. Jarrod Detner era el esposo de su hermana, con quienes no había tenido contacto desde que él se mudara a Tokio, siguiendo el proyecto de la RedCom.
"¿Cómo has estado, viejo? Todos te echamos de menos.", respondió el interlocutor de Jerome del otro lado del mundo.
"Contento de escucharte, cuñado. ¿Qué hay de nuevo en Newcastle?"
"A decir verdad, no sabría por dónde empezar. La compañía se ha vuelto loca desde que firmamos con SAIKO."
"Phew.", interrumpió Jerome para comentar, "Eso fue un movimiento en grande."
"Ni que lo digas. Me encomendaron viajar a Osaka para presentar la estrategia de coordinación la próxima semana. A decir verdad, esta llamada tiene mucho que ver con eso."
"Soy todo oídos.", afirmó el asistente de Inukai.
"Verás, esta es una semana complicada para todos, pero es indispensable que Larissa me acompañe a este viaje; formalidades empresariales, tú sabes."
"Sí, por supuesto que lo entiendo.", Larissa Detner, originalmente Larissa Harrison, era la hermana mayor de Jerome, una profesora de primaria en Newcastle, dama apacible y cautelosa, pero siempre afectiva.
"Bien, tus padres están de viaje en Belfast, por lo que no podemos pedirles que nos ayuden con Brandon. Entonces Larissa pensó en que viaje con nosotros tras preguntar si tú podrías apoyarnos cuidando de él durante el fin de semana.", Brandon Detner, el primer sobrino de Jerome. La última vez que se habían visto fue en el aeropuerto de Cambridge, cuando Jerome partía invitado al proyecto de la RedCom con su mentor de Doctorado.
"¿La próxima semana, dices?", Jerome abrió la agenda en su computadora. Miró con atención a las fechas señaladas en el calendario y tras unos segundos de silencio contestó ahogando el regocijo que acababa de surgir en él. "Sí, tengo tiempo disponible. Puedo quedarme con él durante la próxima semana."
"Qué excelente noticia.", agregó Jarrod. "En verdad te lo agradezco."
"Pierdan cuidado. Hay muchas cosas que ver y hacer por aquí, así que Brandon no tendrá tiempo para aburrirse.", aseguró el científico.
Tras una breve despedida y algunos encargos de saludos familiares, los británicos colgaron. Jerome miró pensativo por su ventana. En el lapso de unos minutos, llegó a la conclusión de que tenía mucho que hacer en su condominio tan pronto como volviera.
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Martes, una semana antes del fin de cursos.
Mike Hiragisawa dio un largo sorbo a su café. Era en particular una tarde fría y la temperatura invitaba a permanecer encerrado. Por la ventana de su estudio se podía escuchar la gritería de los alumnos de Scroll que pasaban su hora de gimnasia aún con el mal tiempo.
Tenía trabajo por hacer para el boletín escolar, pero no tenía ganas de apresurarse con ello. La labor de investigación estaba casi completa, no debía ocuparle mucho tiempo el organizar los papeles sobre el escritorio para que uno de los otros colaboradores lo transcribiera y enviara a publicar. Más que un simple sentimiento de apatía, se trataba de que el joven no conseguía concentrarse en su tarea ya que varias ideas revoloteaban en su cabeza desde hace días. Luego de un poco fructífero intento por ordenar sus pensamientos, sacó un cuaderno de dibujo de su mochila. Lo abrió y recorrió las páginas hasta llegar a la parte media, donde se alojaba su más reciente boceto, aún inconcluso. Tomó el lápiz con punta más suave de su colección y retomó sus trazos. Alargó las líneas que daban forma a la cara y después se dedicó a repasar el cabello, como si quisiera detallar cada hebra. De pronto volvió a la cara para agregar un detalle que se reavivó en el cerebro del muchacho: Un lunar sobre el pómulo izquierdo.
El pulso de Mike se aceleró mientras miraba el dibujo y más de una vez tuvo que cuidar que el sudor que escurría por su frente no fuese a arruinar la que era ahora su ilustración preferida.
"Mike, ¿estás aquí?" Preguntó una voz al momento que la puerta del privado se abría. El muchacho cerró el cuaderno de golpe. El profesor de lengua, que era también el coordinador de los medios de comunicación dentro del colegio, se asomó en el cuarto buscando a su discípulo.
"Sensei Sato.", respondió el chico.
"Hola, Mike; quiero presentarte a alguien:", el profesor Sato entró al lugar seguido de una chica de corta estatura y con el cabello de color verde, "Ella es Akiko Yanagi, solicitó unirse a nuestro club con el fin de apoyar en la elaboración del boletín del colegio."
"Pero al club sólo pueden ingresar alumnos del tercer grado, ¿No es así, profesor?", Comentó Mike.
"Es cierto, sin embargo esta amiga es bastante buena en lo que a investigación se refiere. Por otro lado, ella prácticamente se ha graduado del segundo grado.", el docente se dirigió a la joven alumna, "Akiko, te dejo con tu nuevo compañero." El profesor volteo a ver a Mike, "Ella hará todo lo que necesites, Mike. Muéstrale como trabajar, ¿bien?"
"De acuerdo." Dijo el chico mientras guardaba el cuaderno en su mochila.
El profesor cerró la puerta dejando a los estudiantes solos.
"¡Me da mucho gusto verlo, superior!", La joven se acercó para estrecharle la mano, sin embargo Mike la detuvo poniendo frente a ella un paquete de hojas y folletos.
"Tu primer trabajo es organizar este material por área geográfica."
"¿Uh? Sí, superior." Akiko tomó la papelería, y se giró para darse cuenta de que no había más que un escritorio para trabajo y el resto del mobiliario no la ayudaría. "Este... ¿Dónde voy a trabajar yo?"
"Puedes pedir lo que necesites al Profesor Sato.", contestó el muchacho sin inmutarse.
"Ah... está bien. Iré a buscarlo entonces. Regreso en un momento.", la chica salió de la sala disimulando el enojo que sentía por la desagradable recepción.
Sintiéndose libre de intrusos, Mike fijo la mirada en el monitor apagado delante de él. Tras unos instantes encendió la computadora y estableció conexión a la RedCom. Lo primero que hizo fue buscar el nombre que no salía de sus pensamientos: Ai Shinosaki.
Entre los resultados de la búsqueda encontró algunas menciones por las obras presentadas por la Academia MSI, pero tras descartar dicha información, descubrió para su decepción que no había información personal ni de contacto. Se detuvo un momento para reflexionar que habían al menos dos personas que la conocían lo suficiente, las dos chicas del segundo grado de las cuales solo recordaba el nombre de Kisaragi gracias a su fama. No obstante, descartó la idea de preguntarles, ya que seguramente cuestionarían el porqué de su interés.
Entonces, Mike reanudó la investigación indagando en la página web de la Academia MSI, esperando saber dónde se encontraba el Instituto y su calendario; pensando en buscar más de cerca lo que buscaba.
En breve, descubrió que las instalaciones de la Academia se ubicaban en la ciudad de Kioto, y tal como lo esperaba, los cursos terminaban la semana siguiente. Se cuestionó a sí mismo si sería precipitado llevar a cabo su plan de forma tan inmediata.
Los pensamientos del joven se vieron interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose, cediendo el paso a Akiko y al maestro Sato, quienes llevaban un banco y una mesa respectivamente.
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Dos horas más tarde, Mike Hirahisawa deambulaba por los campos deportivos del colegio, procurando encontrarse con uno de sus conocidos.
"¿Puedo hablar contigo un momento?", preguntó Mike a Takashi Fuji. Era la hora de reunión de los clubes, por lo que Takashi vestía el uniforme de soccer.
"Hola, superior. ¿Qué lo trae por aquí?", respondió de buen ánimo el solicitado.
"Mira... Tengo un problema y necesito pedirte un favor."
"¿De qué se trata?", Takashi se mostraba muy dispuesto.
"Voy a... hacer un viaje a Kyoto, uh, y eh, no tengo, ah, quiero decir, necesito una tienda de campaña. ¿Puedes prestarme la tuya por esta semana?"
"¡Qué mala suerte!", replicó el estudiante de segundo grado llevándose la mano tras la cabeza, "Yo tampoco tengo."
"Ya veo.", contestó el superior sin disimular una mueca de enfado. "Bien... Gracias de cualquier manera.", cuando estaba por emprender su retirada, Takashi lo detuvo.
"¿Quieres que le pregunte a los demás? Quizá alguno de los chicos podrá ayudarte."
"¿Ha-harías eso por mí?", para Mike, esa oferta abría las nubes de par en par.
"¡Claro! Para eso somos los amigos ¿No crees? Además te debemos una por el trabajo de Tokio. Eres muy bueno, Hiragisawa."
Hiragisawa se quedó mudo un instante, para nada le era habitual que un compañero lo halagara de esa manera, por lo que no estaba seguro sobre qué decir al respecto. "Ah... gracias." Y eso fue todo lo que pudo expresar. Aunque su voz denotaba su confusión, la palabra era sincera.
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Miércoles, una semana antes del fin de cursos.
Mototsugu Inukai y Control se encontraban en un exótico restaurante localizado en la red de espionaje. El líder corrector se mostraba molesto por la demora de su contacto.
"¿Te sientes mal, Control?", preguntó el humano al notar la incomodidad de su acompañante.
"No, profesor. Es sólo que me desespera la tardanza de Q.", Q era el súper espía más famoso de la RedCom, y a pesar de su alias era popular, era muy pocas las personas quienes en realidad lo habían visto, siendo Control único en tener contacto frecuente con él.
"¿Es la costumbre del agente actuar así, no es cierto?"
"Lamento decir que sí.", admitió Control, y enseguida agregó, "Profesor Inukai, ¿usted cree que el espectro de Kurokawa siga residiendo en algún lugar de la red?"
"Es sumamente probable, Debemos recordar que él era el único capaz de manipular los núcleos de Bogles.", contestó el científico.
"Me preocupa pensar que el poder de todos nosotros juntos no fue suficiente contra él. ¿Qué se propondrá esta vez? Él sabe que no puede cambiar nada ya en la RedCom."
"También he estado pensando sobre ello: Tengo la teoría de que su memoria pudo perderse después de que Corrector Yui lo iniciara. Si fuera ese el caso, es muy seguro que olvidara también que él ya no está vivo."
En ese momento, un hombre de color con traje negro, corbata esmeralda y anteojos oscuros tomó asiento en la misma mesa. Se trataba del espía Q. Saludó brevemente a sus anfitriones al tiempo que tomaba asiento a la derecha de Control. "Señores."
"Tardaste algo más de lo habitual. ¿Qué nos tienes?", Preguntó el líder corrector.
El espía respiró hondo de forma discreta antes de responder. "No es fácil decirlo. Descubrí algo que les será muy interesante, pero lo más seguro es que surgirán nuevas incógnitas: Hubieron muchos sitios donde me hablaron sobre Ryo Kurokawa y sus escondites. Toda esa información data de hace meses. Cuando investigué en esos lugares, pude confirmar que él desapareció repentinamente, ustedes saben mejor que nadie por qué."
"¿Usted cree que Kurokawa haya cambiado sus referencias para ocultarse?", Se preguntó Control.
"Es muy posible... si eso fuera cierto, tendría que estar consciente de su situación; lo cual significa que no perdió la memoria. Sin embargo, me parece extraño es que siga empleando el virus Bogles. Sus nueves invenciones están muy por encima en el nivel ofensivo."
El agente Q preguntó, "Ese virus 'Bogles', ¿Cuándo lo clasificaron?"
El líder corrector respondió: "Fue hace tiempo... unos 6 meses del mundo real. El mismo Profesor Inukai le dio el nombre oficial."
El agente Q meneó la cabeza para indicar que comprendía todo. Entonces agregó, "Descubrí un grupo de Hackers alojados en Cambridge que reunieron alguna información sobre el trabajo de Kurokawa, aunque es poco lo que recabaron.", Q sustrajo un mini disco del bolsillo interior de su saco y lo deslizó suavemente sobre la mesa hacia Inukai, "En este reporte se hace hincapié en un software de nombre clave 'Telaraña', el cual se dice podía alterar el código de cualquier software, incluidos los virus. Era una tecnología muy avanzada para ese entonces, incluso se rumoraba en los medios que Seaman Tech pretendía adquirirla para sus productos de seguridad."
El profesor intercambió mirada con Control, "¿Alterar programas?"
"Lo mismo que hacía Bogles.", afirmó el corrector de viento. "¿Entonces es posible que fuera originalmente un antivirus?"
Mientras Control e Inukai reflexionaban sobre las teorías que surgían, Q extrajo un segundo mini disco, lo colocó en la mesa y continuó.
"Será mejor ir a su laboratorio. Ahí podré explicarles lo que deben observar de esto."
Alrededor de media hora después, los tres hombres llegaron al cuartel general de los correctores. Como era costumbre en esos momentos, no había nadie en los alrededores. Tan sólo se toparon con William Tristan, quien apenas los saludó y se apartó de inmediato debido a su carga de trabajo.
El grupo entró a la sala de chat y Mototsugu instaló el disco en su computadora. En la pantalla maestra se desplegó un paisaje de lo que parecía Tokio.
El agente Q empezó a narrar, "Lo que estamos viendo es la grabación de una cámara de seguridad instalada en el mirador de la torre de Tokio. Es la única con la colocación apropiada para mostrarnos algo. ¿Podría avanzar la reproducción unos ochenta minutos, profesor?"
Instantes después, la estática imagen sufrió un cambio: de las arboledas surgieron núcleos moth y shock. El espía continuó, "Ese es el momento cuando los virus atacaron a sus correctores. Ahora avancemos unos diez minutos más."
Inukai procedió. En el instante que la reproducción continuó normalmente, una mancha apareció y desapareció repentinamente de la pantalla. "Eso es lo que quiero que vean. Regresemos unos segundos y veámoslo cuadro por cuadro."
Control e Inukai observaban sin parpadear el monitor. Finalmente, una figura muy grande y borrosa, manchaba la imagen. El cuarto y quinto cuadros eran diferentes. Dos formas semi redondas se abrían espacio en la figura. El líder corrector dijo asombrado, "¿Eso-eso era un ojo?"
"Así parece...", Respondió Inukai.
"La figura pasó frente a la cámara durante ocho cuadros, la tercera parte de un segundo. Yo diría que lo que fuera, es muy rápido, y a juzgar por ese ojo, es muy grande.", Q concluyó agregando, "Control, siento decirlo, pero esto es todo lo que averigüé sobre este asunto. Necesitaré más tiempo para averiguar la identidad y las intenciones de este presunto corrector.
"¡Un momento!", reaccionó Control, "Profesor, usted dijo que Seaman Tech tomó cartas en el asunto de la Red Urbana. ¿Puede que ese supuesto corrector sea uno de ellos?"
"Hm... Es una posibilidad, aunque pienso que si lo fuera, lo habrían mencionado. Lo que más me intriga es que su procedimiento es muy similar al de Haruna." Mototsugu suspiró profundamente y concluyó: "Lo que importa ahora es dar prioridad a la búsqueda de Ryo Kurokawa antes de que signifique un peligro para la RedCom otra vez."
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Jueves, una semana antes del fin de cursos.
La tripleta compuesta por Takashi y sus amigos esperaban en la entrada del Colegio Scroll. Ya habían pasado dos horas desde que terminaron las clases, pero por aquella ocasión, decidieron quedarse hasta tarde. Finalmente, vieron que Mike Hiragisawa salía del ascensor y los tres fueron a su encuentro.
"Buena tarde, Superior.", Saludó Ichitaro.
"Ha pasado tiempo sin vernos, Superior Hiragisawa.", Comentó Ireto.
"Co... ¿Cómo están?", contestó el chico ligeramente desconcertado.
"Estábamos esperando para entregarte esto.", Takashi extendió el brazo en actitud de darle algo a Mike. Cuando las manos de ambos se separaron, el mayor tenía un llavero marcado con el número 104 y un papel manuscrito. Aún más desconcertado, preguntó.
"¿Qué es esto?"
"Conseguimos la tienda de campaña y todo el equipo de campo, pero hay que ir por ellos a Kyoto. Además, quien nos prestó esto nos dijo que podías ocupar el departamento si pensabas quedarte."
"¿Quién dijo eso?"
"Ja, Ja, no estoy muy seguro, pero creo que es un amigo de una amiga de una amiga mía." Por lo chusco de la expresión, los tres amigos rieron.
"Yo... Gracias.", dijo Mike mirando las llaves en su mano.
"Fue Yui la que consiguió esto para ti. Agradécelo a ella.", Comentó Ichitaro.
"Si, tienen mucha razón."
Los muchachos se despidieron y se dispersaron tomando el camino a sus casas.
Mike se sintió aliviado. Podría viajar a Kyoto sin preocuparse por hospedaje, ya que originalmente pensaba improvisar un campamento, pero ahora estaría mucho mejor en un lugar fijo. Pese a que los planes marchaban mejor de lo que él esperaba, en su mente apareció una duda que lo inquietó momentáneamente. Definitivamente no acostumbraba tratar con las personas, mucho menos pedía favores. De hecho, acudió con Takashi y los otros porque eran las únicas personas con quienes tenía una mínima convivencia dentro del colegio. Estaba sorprendido por la buena actitud de aquellos compañeros. Recordó entonces como Takashi le había dicho algunos días antes 'Para eso son los amigos'. Extrañamente, empezaba a sentirse de una manera especial con esos muchachos del segundo grado.
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Noche del jueves
Jerome Harrison entró a la sala de descanso en el los laboratorios centrales de la RedCom1. En cuanto cruzó la puerta, su olfato se vio invadido por el humo de tabaco, lo cual le anticipaba que se encontraría a William Tristan sumamente meditabundo. Tal como lo esperaba, descubrió un cenicero atiborrado de colillas, un emparedado a medio comer en su envoltura y una taza de café que seguramente habría sido rellenada al menos una media docena de veces.
"¿Cómo estás?", saludó el rubio desde la mesa. Usaba anteojos para leer mientras escribía notas en la hoja desbordada de un cuaderno.
"Amigo, lamento hacerte esperar hasta esta hora.", respondió Jerome a la vez que se acercaba a la cafetera para servirse.
"No importa, créeme.", William depositó el cuaderno en un portafolios que tenía al pie de la mesa. Cuando su compañero tomó asiento delante de él, empujó suavemente una carpeta que descansaba sobre la superficie de aglomerado color madera. En la portada se leía 'Laboratorio de Inteligencia Artificial, Proyecto NeuroBioVirtual, Estudio de la paridad neuronal para complemento de sistemas I.A., copia de trabajo.'
"¿Y bien? ¿Qué opinas?", inquirió el británico mientras agregaba crema a su café.
"Es algo demencial. Es tan demente que me hizo cuestionarme sobre qué tan viable es. Y me hizo pensar tanto en ello, que me hace creer que es en verdad posible."
"Me alegra saber que los tres compartimos el punto de vista.", mencionó Harrison mirándolo satisfecho.
"No del todo: Ella estaría convencida de esto. Tú quieres creerlo por ella. Yo lo creo posible, pero no afirmaría que sea viable.", aclaró Tristan.
"No podrás negar que las condiciones en su momento no eran las más adecuadas para desarrollar un proyecto así, pero tenía una perspectiva muy clara de la dirección que tomaría el desarrollo de nuestra I.A. en los años que vinieron.", comentó Jerome y dio un sorbo a la taza de café.
"Sí, su visión a futuro es sorprendente. No por nada fue una de las estudiantes más destacadas del Profesor.", admitió Tristan. Tomó la cajetilla de cigarrillos y ofreció a su interlocutor, quien no aceptó. Se llevó uno de los últimos a la boca y lo encendió.
"Quiero intentarlo.", dijo el científico inglés con determinación.
William lanzó una larga bocanada de humo a un lado y respondió, "Sabía que dirías algo así. Amigo, eres la persona más cautelosa que conozco, sin embargo siempre te convertiste en una bomba cuando se trataba de ella.", William miró por un momento a la loza sobre ellos, pintada de un impecable color blanco, iluminada por largos focos luminiscentes. Había dos mesas más detrás de ellos, cada una podría acomodar a 8 personas. Se preguntó a sí mismo si alguna vez se habrían ocupado todas ellas, ya que el personal del laboratorio difícilmente rebasaría a las 15 personas, y definitivamente sería raro que más de 2 coincidieran en sus descansos. "¿Acaso ya tienes un receptor?"
Jerome respiró largamente y con una mirada incómoda dijo, "Está por llegar."
"No me jod... acaso te refieres a...", el cigarrillo saltó de la boca de Tristan al piso. "¿Y la contraparte presencial?"
"Ya contamos con él. Hablé con él esta tarde mientras estuve preparando su proceso de actualización."
"Claro... ¿cómo no lo pensé antes? así que vas a ocuparlo a él.", una nueva columna de humo salió de los labios del americano. "Ecco. Sí, supongo que será el más compatible.", tomó la taza de café que ya estaba frío, pero sin importarle, lo bebió hasta el final, y cuestionó a su colega. "Jerome, ¿por qué esta obsesión? ¿Por qué quieres llevar a cabo un experimento tan arriesgado? ¿Piensas poner en juego una vida humana? ¿Y para qué? ¿Para llevar a cabo un sueño de estudiantes?"
"Esto va más allá del romance, William.", Jerome se despojó de los anteojos que usaba y se masajeó el área de la nariz entre los ojos. "Hay mucho que puede ganarse en esto. La ciencia médica ha estado avanzando en el campo de la neurología a pasos agigantados. El desarrollo del NBV sería el par ideal. Si pudieras manejar la paridad a voluntad como lo leíste aquí, ¿Cómo crees que impactaría a la calidad de vida del ser humano?"
"Eso suena bonito, ¿pero qué dice tu parte de sociólogo? Estoy seguro de que hay muchas consecuencias que deben considerarse antes de hacer al NBV una opción para la gente."
"Sé que hay efectos colaterales, pero eso depende de las personas. Siempre ha dependido de ellas. Tenemos tecnología extraordinaria, pero está en las manos de quien la usa el cómo hacerlo. La medicina salva o mejora vidas, pero queda de cada uno como utilizar esa vida, también te puedo hablar de l-"
"¿Y tú?", interrumpió William, "¿Qué esperas obtener de todo esto? ¿Tu paz interior? ¿Concluir tu trabajo conjunto?"
"Sé a qué te refieres: Sí, comenzó como el trabajo de los dos. Pero esto ya no es su trabajo póstumo, sino que es la base de mi propio proyecto. Ella estará aquí siempre", Jerome llevó la mano a su pecho palpando por encima del corazón, "pero no pienso quedarme hasta este estudio, porque yo quiero aportar algo al mundo. Esta es la base.", entonces estiró el brazo para tomar la carpeta que al pie portaba la leyenda: 'Tyan, Natalie; Harrison, Jerome '
William Tristan se puso de pie. Tenía un aspecto cansado. "Has pensado las cosas mejor de lo que creí. Si me hubieras dicho que tu objetivo era un homenaje para Nat., me opondría a que continúes. Pero veo que has dejado de perseguir fantasmas, y eso me da gusto.", entonces cambió su expresión por una sonrisa determinada, "Jerome: te ayudaré a concretarlo."
"Esas son fantásticas noticias. Te lo agradezco, amigo.", sonrió de vuelta el británico. "Mañana te explicaré lo que haremos."
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Viernes, una semana antes del fin de cursos.
La clase de física estaba por terminar, sólo 10 minutos y el día finalizaría. Yui se distrajo al escuchar una conocida alarma en el lugar vecino. Se trataba del ComCon de Haruna, llamándola a la acción.
De inmediato, la chica de largo cabello rosa pidió permiso para salir al baño, mismo que le fue negado por el poco tiempo que restaba para salir. Con susurros, Yui le aconsejó usar el comando en su mismo lugar, puesto que la pulsera era muy sensible a la voz. Haruna quedó inconsciente sobre su escritorio, mientras su amiga disimulaba la situación. Sabía que su amiga era lo bastante diestra para resolver la emergencia, por lo que seguramente volvería a tiempo para el timbre de salida.
No pasaron más de 20 segundos, cuando Kisaragi recuperó el conocimiento.
[¿Cómo lo hizo? ¡No pasó ni un minuto!], se preguntó Yui asombrada por esa rapidez.
Más tarde, cuando las clases terminaron, y mientras caminaban de regreso a casa, la trigueña preguntó llena de curiosidad a su amiga:
"Haruna, me sorprendió mucho la rapidez con la que volviste. ¿Qué fue lo que ocurrió?"
"A decir verdad, yo no hice nada. Y es que cuando llegué, el problema ya se había resuelto."
"¿Pero cómo lo hicieron los correctores? Sólo tú puedes iniciar a los virus, ¿no es verdad?"
"Es que no fuimos nosotros. El Profesor Inukai no está muy seguro, pero parece que hay nuevos correctores de otro país en la red.", Afirmó Haruna.
"¿¡Qué!? ¿Correctores de otro país?", Yui abrió desmesuradamente los ojos. Nunca imaginó que existieran más guardianes de la RedCom y mucho menos que fueran extranjeros.
Haruna comprendió el asombro de su amiga y pensó que su curiosidad merecía una explicación, "Después del ataque a la red de Tokio, los dueños dijeron que tomarían medidas contra los hackers, aunque advirtieron que no debíamos intervenir frente a los suyos."
"¿Se atreven a amenazarlos después de todo lo que hicieron por ellos?", Yui ahora se sentía ofendida.
"No hay nada que podamos hacer. Si no evitamos meternos dentro de su territorio, podrían expulsarnos y causarle problemas al Profesor Inukai.", concluyó la pelirosa suspirando.
"¡Pero qué malagradecidos!", murmuró la trigueña.
Ambas amigas llegaron a la esquina donde siempre se separaban, Haruna entonces cambió el tema de la plática.
"Yui, ¿Quieres que nos reunamos el fin de semana para estudiar química?"
"¡Claro! Eso me ayudará mucho. Esta última semana me va a acabar." La chica se refería a la semana de exámenes finales.
"Lo harás bien, amiga. No tienes por qué preocuparte.", aseguró Kisaragi
"¿Puedo pedir algo?", Yui tenía en mente una propuesta algo extraña para la sesión de estudio de la semana. "¿Podríamos ir a la colina para estudiar?"
"¿En la colina? Estará bien para variar, pero ¿por qué allá?", preguntó Haruna afable.
Yui relató con detalle sobre la promesa que tenía que cumplir a Shun. La joven de cabello rosa asintió a la petición de su amiga con una sonrisa, y acordaron verse al día siguiente.
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Sábado, última semana de curso.
"Confirmado, el Profesor Inukai está en Tokio y volverá hasta el próximo martes.", anunció William Tristan, tan pronto colgara el teléfono.
"Gracias por ayudarme con la montura del equipo.", dijo Jerome a su colega. "No lo habría logrado a tiempo sin ti."
"No ha sido nada.", el americano levantó la manga de su bata de laboratorio y miró su reloj. "Dos horas. Creo que es tu turno, amigo."
"Es cierto. ¿Qué harás tú mientras tanto?"
"Supervisaré el proceso de la número 9, su proceso de criogenia me tiene impaciente."
"Je, es como si esperaras un hijo, ¿no es así?", comentó Jerome en tono burlón.
"Pareciera.", reconoció William. "Pero basta de eso, no hagas esperar a tu invitado.", entonces volteó a ver la silla reclinable donde un jovencito descansaba con un virtualizador en la cabeza y luego de darle una mirada a aprobación a su compañero, salió de la sala.
"I.R. ¿Estás ahí?", llamó Jerome colocándose una diadema de micrófono y ante la computadora.
*Hola, Doctor Jerome.*, respondió I.R. desde el interior de la RedCom, *Qué gusto me da verlo.*
"¿Cómo va todo? ¿Se registró algún problema durante el proceso?"
*Ninguno. El chico está perfectamente bien.*
*Debo decir que es un chico encantador, Doctor.*, agregó Anty quien entró a cuadro.
*¡Hola, tío Jerome!*, espetó una voz más. De momento el científico no pudo verlo, pero sabía que se trataba de su sobrino.
"Brandon, ¿cómo te sientes?", Harrison se sintió sumamente feliz de escucharlo con el ánimo de siempre.
*Me siento un poco raro. Nunca había usado la RedCom de esta forma.*, comentó el chico. *¿Vas a venir también, tío?*
"Estoy un poco ocupado ahora, pero en cuanto me sea posible estaré contigo."
*Bueno... ¡está bien! Los amigos que acabo de conocer son geniales.*, dijo la voz del niño.
"Te divertirás mucho, creeme.", agregó el Doctor Harrison. "Te veré más tarde."
Cuando cerraron la comunicación, Jerome cerró los ojos. Se sentía aliviado ya que acaba de quitarse un enorme peso de encima.
El suave sonido de movimiento a su espalda lo hizo abrir los ojos con sobresalto. Se giró ansioso para ver como Brandon se incorporaba en el asiento. Con cuidado se tocó la cara y luego se retiró el virtualizador de encima. Brandon era un muchacho caucásico de aproximadamente diez años, con cabello castaño claro y ojos de color aceituna. En un principio, la mirada del chico se percibía extraviada, miró en todas direcciones, y tras un momento, se detuvo al reparar en el Doctor Harrison.
Jerome y el niño se sostuvieron la vista por un momento. En el espacio de un minuto, la sonrisa se dibujó en cada uno de ellos.
"Ho- hola, Doctor.", musitó el pequeño.
Fascinado, el británico respondió, "Hola, Ecco. Bienvenido al mundo real."
Un nuevo camino se abre para la ciencia, ¿hasta donde podrán llegar las aspiraciones de Jerome? ¿Cuáles serán las consecuencias de su descabellado experimento? No te pierdas el próximo episodio de Corrector Yui Upgrade 2.0.11, "¡La primera invasión!"
N. del autor: En el episodio anterior "Ritmo y geometría, parte 2", este episodio fue anunciado como "El ensayo de Ecco: Un mundo en tus manos" siendo este nuevo acto titulado originalmente como "¿Dónde está Kurokawa?", sin embargo, una vez que fue re editado el contenido, los títulos fueron también modificados. Honestamente cuando publiqué por última vez, no había considerado una actualización tan severa. Espero no haberles causado una gran confusión.
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