Como siempre, antes de comenzar sólo diré que Full Metal Alchemist le pertenece a Hiromu Arakawa.


Capítulo 17: Diferenciar

Winry despertó pesadamente al sentir en sus ojos la luz del sol que entraba a través de su ventana. El día anterior había trabajado mucho, por lo que su cuerpo aún estaba resentido, además de haberse quedado dormida siendo ya de madrugada. Luego de salir corriendo de la habitación de los Elric se había tirado en su cama a mirar el techo y a pensar en lo que había hecho hacía sólo unos minutos.

Había sido sólo una venganza, pero era la más dulce de su vida… Hasta el momento. Ni siquiera se había dado cuenta del instante en que empujó a Ed para posicionarse sobre él. Sólo entonces se le ocurrió que podría vengarse, pero no había sido su impulso inicial… Allí, en la soledad de su habitación, se asustó y se emocionó en partes iguales. Eran sensaciones que ella no conocía, sentimientos que nacían de pronto al estar cerca del muchacho de los ojos de miel. No le disgustaban del todo, sólo la hacían sentir un poco incómoda.

Aún recordando sus cavilaciones de la noche anterior se levantó y fue a darse una ducha. Tal vez al dejar que el agua caliente le calmara los músculos, también se calmaría su cerebro.

Una vez ya vestida y peinada – se puso un vestido azul que se ajustaba hasta su cintura y luego caía en tablas que llegaban hasta la mitad de sus muslos y unas botas café con calcetines blancos y largos debajo (como las que usaba para ir a Central) y dejó su cabello suelto para que se secara – bajó hasta la cocina para desayunar algo. No tenía ganas de trabajar ese día, aunque sabía que tenía que darle los toques finales a la nueva pierna del ex alquimista.

Al llegar ahí sólo estaba su abuela. Tal parecía que Ed aún no había decidido levantarse, pero prefirió preguntar. No fuera a ser que el loco de la alquimia hubiese decidido salir de nuevo de viaje y no le avisara para evitar que lo matara o que lo atara a la cama... Atarlo a la cama… Detuvo su pervertido tren de pensamientos en ese punto.

- Abuela, ¿Ed aún no se ha levantado?

- Se levantó temprano y fue a visitar a su madre y espero que también a su padre – al ver el rostro de tristeza de la muchacha agregó – no quiso despertarte, dijo que te habías acostado ya de madrugada ayudándolo.

- Ya veo... – Le hubiese gustado acompañar a Edward, así habría aprovechado también de visitar a sus padres, pero entendió que el muchacho necesitaba un momento a solas con uno de los seres más importantes de su vida, sino el más importante – comeré algo y luego iré al taller a terminar la pierna de Ed – le avisó a Pinako mientras esta salía en dirección al jardín para darle de comer a Den.


Ed estaba sentado frente a la tumba de su madre y mirando de reojo a la de su padre. Era aún temprano cuando llegó, así que estaba solo en el cementerio de Rizembul.

Era extraño ver a alguien hablarle en voz alta a una lápida, pero lo que a él en verdad le hacía sentir extraño no eran las posibles miradas que le dedicaría la gente si lo viera, sino que el estar hablando con su madre en presencia de aquel hombre que había sido su padre. Si bien con el tiempo había aprendido a perdonarlo un poco por haberlos dejado a ellos y a su madre por un bien mayor (salvar a su país), aún le resultaba incómodo expresar sus sentimientos frente a él. Su madre era siempre la única que sabía todo lo que pasaba por su mente y su corazón y ahora, dado que las tumbas estaban una al lado de la otra, también tendría que aprender a hablar con Hohenheim.

- Así que como verás aprendí muchas cosas en el Oeste. Aunque tal vez no te habría gustado mucho ya que era bastante frío en realidad – sonrió cálidamente.

De tanto en tanto miraba la lápida de su padre. Era como si sintiera su mirada sobre su rostro, con esa sonrisa tonta que solía mostrar las pocas veces que los observó fijamente a él y a su hermano.

- Me quedaré un tiempo aquí con Alphonse para consolidar nuestras investigaciones, así avanzaremos más rápido y podremos verificar si nos falta información, para conseguir ayudar a nuestros amigos, que tengamos que ir a buscar a otros lugares – el ex alquimista hablaba entusiasmado

Al terminar su monologo se sintió algo extraño. Era como si de pronto pudiese ver a sus progenitores observándolo hablar y dedicándole distintos rostros, pero con algo en común: no eran precisamente de felicidad. En su visión, su madre lo miraba con una extraña mezcla de orgullo y tristeza y Hohenheim lo miraba decepcionado y sacudiendo su cabeza en señal de negativa, como diciéndole "te pareces demasiado a mí". Creyó que estaba loco, pero entendió luego de un momento porqué su subconsciente le jugaba esa mala pasada.

Winry.

De nuevo dejaría a Winry. Era capaz de hacerlo si descubría que su viaje de investigación de dos años no había sido suficiente. Su estúpido padre tenía razón, muy a su pesar.

¿Pero qué podía hacer? Él no era el tipo de hombre que se quedaría para siempre en el mismo lugar. No estaba en sus genes. Muy en el fondo tal vez le gustaría quedarse toda su vida en un solo sitio, pero nunca se había sentido parte de un lugar en concreto desde que su madre había muerto. Nunca había tenido un hogar, llevaba años viajando. Era la única forma de vida que había conocido desde que, aun siendo un niño, se marchó con Alphonse y su maestra para aprender alquimia y desde ahí sólo se había asentado tiempo después para esperar a que su cuerpo se acostumbrara a sus nuevos miembros metálicos. Nada más. Nunca se había estancado en un solo sitio ni echado raíces.

¿Podría ir contra su propia naturaleza y asentarse en un lugar, viajando sólo cuando fuera realmente necesario? ¿Podría ser egoísta para con sus amigos y detener su investigación cuando ya estaba – según él mismo – tan cerca de ayudarlos?

Tal vez esas no eran las preguntas correctas, pensó de pronto.

La pregunta correcta era: ¿Sería capaz de abandonar a Winry tal como lo había hecho su padre cuando él y su hermano aún eran unos niños? ¿Sería capaz de sacrificar la felicidad de la persona que amaba más que a nada en el mundo por ayudar a los otros?

Sintió como si un relámpago le golpeara cuando cayó en la respuesta.

Sí. Era capaz. Y si algún día él y Winry llegaban a casarse y tener hijos, la respuesta no variaría. Él era igual a su padre.

Metió su mano en el bolsillo derecho del pantalón y extrajo una pequeña caja aterciopelada de color azul. Era su regalo para Winry. Pero dudó entonces de si él merecía regalarle eso a su amiga de la infancia. Sería como atarla a una vida de espera. Las probabilidades de que él hiciera lo mismo que su padre eran altísimas considerando lo parecidos que eran.

De pronto, como si de un sueño se tratase, sintió que alguien tomaba su mano y la cerraba alrededor de la pequeña caja que sostenía y que una voz le susurraba en su oído "Tú no eres igual a mí, gracias a Trisha, eres mucho mejor".

Sonrió con la mirada puesta en la lápida de su padre. El viejo tenía razón (o su subconsciente que sonaba como su viejo), él no era exactamente como su padre. Era parecido, sí, pero en sus venas también corría la sangre de su madre, era un Elric, y eso, tal vez no lo hacía mejor, pero lo hacía un poco distinto y eso – pensó – era suficiente.

Volvió a guardar la caja en su bolsillo, justo cuando sintió que alguien se acercaba a él desde atrás. Miró sobre su hombro y vio acercarse la figura de la persona que lo hacía pensar en cosas que hasta hace unos años ni siquiera se imaginaba.

- ¿Te molesta si me acerco? – preguntó la rubia dulcemente. No quería molestar a Ed en un momento tan íntimo

- Para nada – el muchacho sonrió alegremente – Ven, siéntate a mi lado.

- Gracias – dijo la chica devolviéndole la sonrisa – Buenas tardes – les habló a las lápidas frente a ella lo que hizo que Ed sonriera. Ella era increíble.

- ¿Viniste a ver a tus padres? – Preguntó el muchacho mientras la ayudaba a tomar asiento, no sin antes haberla mirado de pies a cabeza. Ese vestido que traía era demasiado corto para dejar que se acomodara sola y correr el riesgo de que algún imprudente viera más de lo que debía.

- Sí. Pero la verdad es que vine a buscarte – respondió sonrojada al notar la mirada del muchacho sobre su cuerpo – La abuela me dijo que saliste muy temprano y ya casi es hora de comer.

Puso rostro de sorpresa ¿Comer? ¿Cuánto tiempo llevaba perdido en sus conversaciones y cavilaciones? Miró su reloj de plata y notó que era ya pasado medio día.

- Cuando noté lo mucho que tardabas – continuó la muchacha mientras él guardaba su reloj – pensé que sería mejor venir a buscarte o venir a ver si necesitabas algo.

Edward la observó a los ojos durante algunos minutos y sonrió para luego mirar alternadamente la lápida de su madre y de su padre.

Lo comprendió entonces. Él no era como su padre. No se iría sin decir nada dejando a Winry con sus esperanzas. Si volvía a emprender un viaje no sería a menos de que fuese indispensable y volvería apenas pudiese. O incluso tal vez hasta la llevaría con él.

Y Winry definitivamente no era como su madre (sin desmerecer lo grandiosa que había sido esa mujer). Si él tardaba mucho, ella iría a buscarlo, no sólo para satisfacer su propia necesidad de estar con él, sino para apoyarlo (y causarle problemas) aunque él no lo pidiera, tal como lo hacía cuando aún eran niños. Su extrovertida personalidad no le permitiría no saber de él.

- Será mejor que nos vayamos Win o la abuela nos dejará sin comida – dijo él de pronto con una gran sonrisa en su rostro y poniéndose de pie.

- ¿No prefieres que me vaya y te deje unos momentos más a solas? Puedo avisarle a la abuela que llegarás más tarde – dijo ella mientras hacía ademanes de levantarse

- No es necesario. Ya hable con mis padres lo suficiente por hoy – dijo Ed mientras sonreía y le tomaba la mano ayudándola a ponerse de pie – Win…

- ¿Qué sucede Ed?

- Te amo – dijo sorprendiendo a la muchacha, esas muestras de cariño eran aún extrañas viniendo de él. Tal vez ese era Ed en realidad.

- Yo también te amo Ed – le sonrió y lo abrazó por la cintura apoyando su cabeza en el pecho del joven Elric.

Ed devolvió dulcemente el abrazo, envolviendo el cuerpo de su chica por los hombros y acercándola más a él.

Mientras la abrazaba y disfrutaba de su calor, pensó en que las cosas entre ellos si funcionarían después de todo. Estaba seguro. Cayó en la cuenta de que ningún ser era igual al otro y que las historias no siempre debían repetirse. Ellos no eran iguales a sus padres.

Él era Edward Elric y ella era Winry Rockbell y no había nadie más en el mundo que se pareciera a ellos.

Nada ni nadie lo obligaría a separarse de la chica que estaba junto a él, lo que lo hacía diferente a su padre y, aunque lo hiciera, nada ni nadie le impediría a esa chica seguirlo al mismo infierno, lo que la hacía diferente a su madre.


Hola a todos!

Espero no haberlos hecho esperar mucho con este capítulo y de verdad espero que les guste :)

Muchas gracias a todos por sus comentarios y por seguir esta historia. No saben lo feliz que me hacen cada vez que veo que existen nuevos comentarios y seguidores de esta historia.

Un beso y un abrazo grande a todos! Nos vemos :D