Titulo: The promises are silents

Traducción: "Las promesas son mudas"

Autora: Akitsu-chan (Aki_blossom en otro lugar)

Género: UA, Romance, drama, amistad.

Público: +16

Advertencias: Palabras mal sonantes, violencia muy suave, posible lemmon (Aunque con lo estrictos que se han puesto en el lugar quizás no llegue a escribirlo).

Derechos de autor: Este fic lo he creado sin ánimos de lucro y sin el fin de ofender a nadie, se ruega que no se publique en otras páginas o se hagan adaptaciones a otros personajes, a no ser que se haya obtenido el permiso del autor, en este caso, yo.

Publicado en: FanFiction y Mundo SasuSaku


Capítulo 1

17 años después…

Sakura había crecido, ahora tenía diecisiete años, casi dieciocho. Estaba en el último grado de preparatoria y solo le faltaba finalizar el último mes y medio y tendría que prepararse para asistir a la Universidad de Tokio.

Por otro lado, Sasuke se había convertido en un Universitario graduado habiendo acabado la Universidad hace poco, y ahora hacia pequeños recados en la empresa de su padre, para prepararse para subir al cargo después de dos años.

La vida de estos dos había sido más o menos apacible. En la vida del pelinegro, hubo tensiones, Itachi, su hermano mayor, había decidido renunciar al cargo de su padre y convertirse en el encargado de la comunicación de asuntos externos, por eso viajaba mucho y casi no ponía los pies en casa.

En la vida de Sakura, en cambio, habían cambiado muchas cosas. La madre de Sakura había fallecido, cuando la pequeña todavía tenía unos tiernos ocho años. Su querida madre murió en un accidente de tráfico, del cual salió viva, pero con un coma del que no sabían si despertaría. Después de dos horrorosos meses, tuvo una recaída y murió.

Su padre se había vuelto a casar, dos años después del accidente. Su nueva esposa era avariciosa y tenía mil caras. Desde entonces, Sakura pasó a ser el segundo plano de cualquier situación. Su padre y madrastra se dedicaban a incrementar sus riquezas tanto como podían, Sakura, quedó sustituida por el dinero que su padre ambicionaba.

Pero, a pesar de todo, Sakura no se dejaba pisotear, ya que tenía a muy buenos amigos, aunque solo una persona estaba enterada de todo lo que ocurría dentro de la casa Haruno. Sasuke y ella habían creado un fuerte lazo… de amistad. Sasuke apreciaba muchísimo a la oji-jade, pero Sakura no buscaba amistad, buscaba el amor del pelinegro, ya que desde hacía mucho, se vio cautivada por él. La pelirrosa hacia ya mucho que había asumido que el pelinegro nunca pensaría en ella más allá de una buena amiga.

La vida les había puesto muchos baches en el camino, pero, ellos sabían, que muy en el fondo, todo estaría bien mientras se tuvieran los unos a los otros.

Preparatoria de Konoha

—¡Sakura! —una voz chillona se coló por los oídos de Sakura, mientras la perteneciente de esa voz se abalanzaba encima de ella— ¡Ayúdame! No voy a poder acabar los deberes que nos puso Iruka-sensei—la desesperada voz de Ino Yamanaka, se metía en su cabeza.

Su mejor amiga desde la escuela elemental. Una rubia de ojos celestes admiradora del color violeta y para nada buena en lo referente a las matemáticas.

—Ino, tranquilízate, voy a ir a la biblioteca antes de ir a casa, si quieres te puedo ayudar, pero solo ayudar—repuso Sakura mirando por detrás de sus gafas a su amiga.

La cara de la rubia se iluminó—¡Arigatô! —agarró la mano de Sakura y se la llevó a rastras hasta la biblioteca. La sentó en una silla y después ella hizo lo mismo, mientras sacaba los libros y las libretas. Sakura miró con resignación a su amiga y a sus libros con gracia. A comparación de los pulcros libros de Sakura, subrayados con delicados trazos y con algunas anotaciones en el margen de la página, los libros de Ino estaban garabateados. Con un suspiro organizó su mente, Iruka-sensei había puesto ejercicios de algebra. El peor enemigo de su mejor amiga.

—Realmente odio al tipo al que se le ocurrió mezclar letras y números. Creo que los números son lo suficientemente complicados sin las jodidas letras de por medio. —refunfuñando, la rubia se dedicaba a aporrear con los dedos la calculadora.

—Ino, a ti todo te parece difícil, quizás, si pusieras más empeño en clase las cosas serían más fáciles—Sakura regaño tiernamente a su amiga mientras ella hacia pucheros.

—Demo, Sakura, a Iruka-sensei solo lo entendéis tu y Shikamaru, pero es tan vago que hasta le da pereza quedarse despierto, aunque yo diría que eso es de tontos.

—Bueno, pero no estaría de más intentarlo, si te niegas el beneficio de la duda solo estas poniendo barreras.

—Sakura… ¡eres tan tierna!

—Hai, hai, venga Ino, tu puedes con esto, que la algebra no te pisotee.

Y así pasaron toda la tarde, Sakura intentando explicarle todo a Ino e intentando no reírse de sus chistes malos sobre algebra.

—Muy bien Ino, ahora solo tienes que…—le sonrió esperando que la rubia acabara la oración que ella había empezado.

—¿Aislar la incógnita? —preguntó temerosa.

—Sí, muy bien—se apuró a escribir—Y ahora, aquí—con el lápiz señalé la operación, solo te queda sustituir estos valores para que la variable original cumpla la igualdad. —Terminó la indicación mientras, entusiasmada, su mejor amiga garabateaba la solución al último de los ejercicios.

—Sakura eres la mejor, creo que estoy empezando a aprender—cerró los libros y los cuadernos y me abrazó—¿Qué habría hecho yo sin ti?

Sonreí con malicia—Pues venir mañana llorando y pidiendo clemencia para que te dejara copiar los ejercicios.

Ella puso una falsa cara de indignación—Yo no te hubiera rogado, estoy segura que te los habría cogido sin más.

Reímos un buen rato, hablamos de las clases, de la universidad… y de él.

—¿Y todavía no se lo has dicho? —preguntó Ino.

—¿Dicho? ¿Decirle qué? —Pregunté haciéndome la tonta.

—No te hagas la tonta, me refiero a declararle tus sentimientos a Sasuke-san—Ino le tenía un gracioso respeto a Sasuke, aunque no sabía muy bien porque.

—No lo voy a hacer, Ino, el no me quiere de esa forma.

—Pero Sakura, dentro de cuatro años ¡zas! Estaréis casados y no le habrás dicho nada, y será uno de esos matrimonios que uno duerme en una habitación mientras el otro se la pasa en la otra ¿te imaginas que se enamora de alguien? ¿Y si te pide que estéis los dos con diferentes personas? —puse mala cara— a escondidas por su puesto, pero eso no cambia nada, todavía creo que deberías hacer el intento. Como mínimo, si te dice que no, te tendrá en consideración antes de hacer alguna tontería.

Estuve pensando un rato, quizás y solo quizás, Ino tenía razón. —¿Sabes Ino? Creo que lo voy a intentar—ella sonrió y empezó a molestarme con consejos y cosas por el estilo. —¿Y cuando lo harás? —Pensé un poquito sobre eso.

—Supongo que en cuando lo vea.

—Así me gusta, Sakura, ¡a por ello! —llegamos a la desviación, aquí nos separábamos. —¡Adiós Sakura! ¡Ten cuidado con que la mil caras no te coma! —reí ante el mote que le había puesto Ino a mi madrastra.

— ¡Y tu vigila por donde andas! —le dije justo antes de que chocará contra un poste de la luz y posteriormente despotricaba al poste que se le había cruzado en el camino. Oculté mi risa con una mano y me giré hacia la calle que me dirigía hacia casa.

Ino le había puesto un sobre nombre a su madrastra, la bruja de las mil caras, que la verdad es que se adhería muy bien a su forma de ser. Su madrastra, según la persona que se encontraba delante de ella era amable, coqueta, seria, hasta una madre amorosa de forma escalofriante, pero ella sabía que en el fondo su corazón era tan negro como el carbón, Ino la definía como una arpía.

—¡Oye, Sakura-chan!—el timbre de una voz familiar se acercaba seguido de el repiqueteo de unos zapatos al pisar el firme asfalto de la calle. Giró la cabeza y lo vio. Alto, rubio y con unos increíbles ojos zafiros y venia corriendo como si el mismo diablo le persiguiera. Su mejor amigo desde que tenía memoria, Uzumaki Naruto. Su nombre le recordaba a un enorme tazón de sopa humeante, lo que era gracioso, ya que su acomida favorita era el ramen. Naruto tenía la misma edad que Sasuke, y eran los mejores amigos, bueno, en su mundo.

—Naruto ¿Cómo estás?

—Bien, ¡estupendamente! ¿Quieres que te acompañe a casa? —preguntó atropelladamente.

Naruto acostumbraba a ser muy protector en cuando a la oji-jade se refería. Era como un terrible hermano mayor que le gruñía al primer hombre al que se le acercaba a Sakura. Entonces la Haruno se fijó en una persona que venía corriendo con la respiración acelerada.

—Hinata…—Sakura dirigió su mirada, ahora furiosa, a Naruto, mientras él miraba a Hinata intentar llegar al punto en donde estaban los dos.

La pobre llegó a duras penas. Hinata era una mujer bastante delicada en lo que incluían los deportes o el ejercicio físico. Hinata, resumiendo, era todo lo contrario a Naruto. Relajada, serena y daba una gran sensación de calma, cuando estabas a su lado parecía que todo lo malo pasaría, convirtiéndose en una pesadilla muy alejada de la realidad.

—Na-Naruto-kun, corres muy rápido—dijo intentando normalizar su respiración.

—¡Hinata! —El rubio corrió hasta su lado y le acarició con ternura el hombro—Gomen Hinata, a veces se me pasa que no todo el mundo puede ir tan rápido como yo. ¡Perdona!

Mientras Hinata se sonrojaba un poco y él intentaba disculparse, Sakura se iba enfadando.

—Na-ru-to… ¿¡cómo pudiste echar a correr si estabas en una cita con Hinata!? —Sakura chilló indignada con el rubio, ¿A quién se le ocurría dejar a su novia tirada? A Naruto, por supuesto. Los dos se pusieron rojos al escuchar la palabra cita, estos dos eran novios desde hacía dos años, pero parecían dos adolescentes a los que nunca había besado nadie.

—Bueno, es que ya es muy tarde… y pues eres Sakura-chan…—Se removió inquieto intentando excusarse—Y mi hermanita no puede ir sola tan de noche—finalizó, muy convencido de que había sido la mejor razón del mundo.

Sakura lo miro mal, algo así como si le hubieran salido dos cabezas. —Yo puedo ir perfectamente sola, Naruto.

—Demo…—Sakura lo cortó

—Aun así, como sé que te pondrás pesado y nos harás, a mí y a Hinata, querer asesinarte…—Puso mirada maléfica en esa última parte—… Aceptaré tu tonta excusa, nii-chan. Así que Hinata, perdón por interrumpir. —La oji-perla se sobresaltó en escuchar su nombre, pues cuando esos dos se ponían a pelear era mejor estar a un radio de seguridad. Se revolvió con timidez.

—No te preocupes Sakura-chan, después de todo vamos en la misma dirección. —añadió con una sonrisa tímida.

La mirada de Sakura se suavizó —lo siento, de veras.

Caminaron por las calles, ahora solo iluminadas por las farolas y las luces de las casas. Hinata y Sakura charlaban mientras Naruto intentaba hacerse notar contando historias "graciosas" sobre sus padres.

Sus padres, Minato y Kushina Uzumaki, aunque el apellido es el de su mujer, por lo que pude averiguar, si Minato-san quería ser el marido de Kushina-san, debía renunciar a su apellido y llevar con orgullo el nombre de Uzumaki. Eran como fuego y agua, Kushina era el fuego. Con su fuerte temperamento podía arrasar con cualquier cosa si se lo proponía, en cambio, Minato era la pacífica agua fría, que apagaba los incendios del fuego de su esposa.

—…y entonces vio el desastre de la cocina ¡el aire se puso tenso y casi puedo jurar que vi como su cabello serpenteaba mientras sus ojos se teñían del color rojo de la sangre! —A los chicos les pasó un escalofrío al oír la última parte del relato, en momentos como ese era mejor tener a Minato-san cerca, o tener un medico alrededor.

A lo lejos se podían ver las luces de la mansión, y casi sin tener conciencia, desaceleré el pasó, aunque no serviría de nada, prefería tener unos cuantos segundos más de libertad. El aire gélido de la noche me golpeó las mejillas y aspiré hondo.

—Adiós chicos, nos veremos pronto. —Me despedí de ellos y enredé los dedos a la manija del portón hecho de madera, al estilo tradicional. Suspiré una última vez y abrí. Las puertas rechinaron mientras eran arrastradas, como si no quisieran ser abiertas, como si no me quisieran adentro.

Llegué a mi destino.