Titulo: The promises are silents
Traducción: "Las promesas son mudas"
Autora: Akitsu-chan (Aki_blossom en otro lugar)
Género: UA, Romance, drama, amistad.
Público: +16
Advertencias: Palabras mal sonantes, violencia muy suave, posible lemmon (Aunque con lo estrictos que se han puesto en el lugar quizás no llegue a escribirlo).
Derechos de autor: Este fic lo he creado sin ánimos de lucro y sin el fin de ofender a nadie, se ruega que no se publique en otras páginas o se hagan adaptaciones a otros personajes, a no ser que se haya obtenido el permiso del autor, en este caso, yo.
Publicado en: FanFiction y Mundo SasuSaku
Capítulo 3
El despertador sonó.
A alguna hora de la mañana, el moreno abrió los ojos, unos increíbles ojos negros que parecían un pozo profundo, alargó la mano hacia la mesa que tenía al lado de la cama e intentó apagar el ruido del molesto aparato.
La gracia es que lo intentó.
.
Mikoto estaba, como cada mañana, haciendo el desayuno para sus queridos bebés. Porqué ayer llegó su niño grande, y había venido para quedarse como mínimo unas cuantas semanas.
¡Estaba tan feliz! Preparó un bonito trío de bentos, uno para cada hombre de la casa. Y los empaquetó dentro de las maletas y bolsas que se llevarían al trabajo. Tan emocionada estaba, que hizo una enorme y rojiza ensalada de tomates, con un ejército de onigiris en cada una de las bandejas encima de la mesa.
Los tres estarían durmiendo ahora, arropados entre las cómodas cobijas de sus camas, y no se despertarían hasta que ya fuera demasiado tarde para desayunar en casa, una triste y desesperante realidad a la que Mikoto ni quería atenerse.
Pero su sonrisa llena de orgullo y suficiencia no decía lo mismo, esta vez conseguiría que todos desayunaran juntos, con discusiones o lo que fuera de por medio.
Porque, como ella había planeado, sus dos hijos y maridos, se despertarían de una forma poco ordinaria, y a la vez.
Y un ruido sordo pero sonoro retumbó por toda la casa.
Sonrió, todo había salido bien.
.
Como cada mañana apoyaría su mano en la mesita y después tantearía entre la oscuridad buscando el reloj. Pero esa mañana era diferente.
Nadie interferiría entre Mikoto, ni hoy ni nunca.
En vez de apoyarse en una superficie lisa y palpable, se apoyó en el invisible aire, que se le escabulló entre los dedos, haciendo que Sasuke —y cualquier de los otros dos hombres durmientes— se derrumbaran contra el suelo, provocando un golpe mal encajado en toda la cara.
—Maldición— el moreno apartó a patadas las sabanas entre las que había estado arropado previamente, maldiciéndolas, a ellas, al despertador y a la estúpida mesa que había desaparecido. Se levantó, y palpando las paredes encendió la luz.
Y allí estaba, la maldita mesa, con el ruidoso despertador, con una maldita nota pegada a él.
Para Sasuke-chan, baja a desayunar, y ni se te ocurra volver a la cama. Con amor, tu Kaa-san
Sasuke no supo que era lo mejor, si arrugar la nota y después tirarla a la papelera, o despedazarla y tirarla por el retrete. Así pues cogió la primera opción, la que le llevaría menos tiempo, después de todo todavía tenía que apagar el despertador.
Una vez preparado bajó despacio las escaleras, mientras bostezaba. Estaba increíblemente cansado, ayer se quedó hasta tarde pensando en su mejor amiga, porque tenía que decirle una cosa muy importante. Ya no esperaría más, se lo diría hoy. Y con ese pensamiento entró en la cocina, encontrándose con su padre, con los ojos cerrados y expresión seria, intentando conciliar el sueño disimulando estar esperando. A su lado se encontraba su hermano mayor, que al contrarío que este no disimulaba su sueño, más bien lo mostraba más de lo que tendría. Con una mano agarrando su cabeza, este cabeceaba en la mesa.
Se sentó mascullando un buenos días, a lo que su padre le respondió asintiendo con la cabeza e Itachi levantó la mano que le quedaba libre, murmurando algo parecido a un 'buenos días baka otouto' a lo que Sasuke dirigió una molesta mirada, pero estaba demasiado cansado para responder.
Porqué como algunos pocos sabían, los hombres Uchiha tenían un muy mal despertar. A veces lo digerían mientras andaban medio dormidos por la casa, y otras veces era mejor apartarse de ellos. Sakura le decía que al despertarse parecía un gato perezoso, pensó. Sakura, una de las pocas personas que lo había visto despertar. Y la otra persona, sin contar a la familia, había sido el dobe de Naruto, pero él era igual o peor con él, las únicas fuerzas capaces de despertarle eran su madre, Sakura, Hinata y el Ramen.
Resopló con frustración al oír los pasos de su madre acercarse a la mesa. Su padre abrió los ojos, deslizándolos hacia la puerta, Itachi se despertó gracias al "suave" toque que le di en la pantorrilla. Me fulminó con la mirada, mientras yo le veía sonriendo de lado. Era difícil ver fulminar a mi hermano.
— ¡Buenos días! —con entusiasmo, mi madre nos sirvió el desayuno mientras hablaba sobre la buena mañana que hacía y lo bueno que era que nos hubiéramos despertado temprano, así podríamos estar un momento juntos y ponernos al día.
Fugaku masticaba pacientemente uno de los trozos de tomate mientras que escuchaba hablar a su esposa. Se la veía feliz, el haber madrugado había valido la pena. Y sabía que sus dos hijos, a pesar de verse molestos, pensaban lo mismo.
Itachi acababa de tragarse un buen mordisco de una de las bolas de arroz de su madre. Estaba deliciosa, como a él le gustaba. Su madre era la única que le podía hacer disfrutar de la comida, bueno, casi. Sonrió al recordar la primera vez que la pequeña pelirrosa le hizo una bola de arroz, esta estaba tan salada que tuvo que beber más de una botella de agua. Después empezó a llorar, diciendo algo parecido a 'he envenenado a Tachi-niichan' entre sollozos e hipos. Finalmente terminó por comerse la bola de arroz con gusto a sal, pensando que así ella pararía de llorar. Después de eso le preguntó a la niña si podría parar de llorar. Ella la miró sonriente ya sin ninguna lágrima y le contestó orgullosa:
¡Yo no he llorado! ¡Es solo que quería que Nii-chan se comiera mis lágrimas para que su estomago sanara, Kaa-chan siempre dice que las lagrimas purifican los venenos del alma! Perdón por envenenarte ¡Itachi-nii! La próxima vez lo haré mejor.
Después de eso siempre le traía bolas de arroz cada vez que iba a visitarles. Esa era la segunda persona que le había hecho feliz con su comida, su tierna e inocente imouto.
Por otro lado, Sasuke ya había terminado de comer, y ahora se estaba tomando el fuerte té verde que se tomaba casi todas las mañanas. El té era el sustituto del café, porque si su madre pillaba a alguno de ellos tomar café dentro de la casa no duraría mucho tiempo vivo para contarlo. —el café es una sustancia tonta y adictiva que lo único que aporta es estrés, el té puede hacer lo mismo mientras te hace bien a la salud— eso era la definición del café para Mikoto.
Desayunados y ahora más despiertos, Itachi y Fugaku marcharon a las oficinas. En cambio, Sasuke, se quedó esperando a que su madre terminara de recoger la mesa.
— ¿Hoy no vas con tu padre? —extrañada por tener a Sasuke todavía sentado en la silla.
—No. Hoy me dio el día libre, también voy a ir a buscar a Sakura…
Mikoto sonrió con intenciones, como siempre hacía cuando mencionaba a Sakura, no sé porque lo hará…
— ¿A Sakura-chan? ¿Qué acaso tenéis una cita?
Me atraganté con el té que estaba bebiendo. — ¡¿Qué?! ¡Okaa-san, te he dicho muchas veces que no salgo con ella! ¡Y también te he dicho que no me gusta nuestro compromiso, pero no me haces caso!
— ¡Demo, Sasuke-chan yo también te he dicho muchas veces que te vas a casar con ella, le hice una promesa a su madre! ¡Y tú tampoco me haces caso!
Un duelo de miradas se interpuso en el plan de una buena y pacifica mañana de Mikoto.
Se estuvieron mirando hasta el cansancio, nadie de los dos quería perder, pero un duelo, no pueden haber dos ganadores. Sasuke cerró los ojos reprimiéndose para no elevar el tono de voz. Mikoto ganó el duelo. Sasuke suspiró con pesadez, quería decírselo primero a Sakura pero…
—Okaa-san, tengo novia —Mikoto sonrió con felicidad, por fin esos dos eran novios— y no es Sakura.
—Eso—pensó Mikoto—no es lo que esperaba.
Y por primera vez en su vida, Mikoto, se quedó sin palabras.
