Titulo: The promises are silents

Traducción: "Las promesas son mudas"

Autora: Aki_blossom

Género: UA, Romance, drama, amistad.

Público: +16

Advertencias: Palabras mal sonantes, violencia muy suave, posible lemmon.

Derechos de autor: Este fic lo he creado sin ánimos de lucro y sin el fin de ofender a nadie, se ruega que no se publique en otras páginas o se hagan adaptaciones a otros personajes, a no ser que se haya obtenido el permiso del autor, en este caso, yo.

Publicado en: Fanfiction & Mundosasusaku

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Capítulo 7

Demonios. ¡Sakura! Ven aquí rápido.

La nombrada dejó una pila de papeles en su lugar y fue trotando hasta llegar a una sala más grande a la interior, con todavía más pilas y mucho más desordenadas.

—¿Me mando a llamar, Tsunade-sama?

La rubia la miró con ojos cansados. Indicándole que se acercara. Brindándole un papel que Sakura agarró dejó ir un suspiro.

—Parece que nos tienen bien agarrados. No sé cómo salir de esta.

La pelinegra revisó los papeles. Eran un seguido de críticas al hospital en el que trabajaba. Todas dirigidas a la misteriosa persona que había realizado al menos cinco mejoras sanitarias y dos descubrimientos que dieron pie a numerosas investigaciones en menos de medio año.

—Aunque es normal que se preocupen por eso no creo que sea necesario hacer tanto revuelo. Lo que pasa es que quieren hundirme. —La mujer se puso de pie y rodeó su mesa haciendo repicar sus tacones. —No podré esconderlo mucho más, Sakura.

—¿El decir que tengo un caso grave de miedo escénico no ayudará, verdad?

—Más bien empeoraría. Ya puedo leerlo "Genio presenta pánico escénico". Perderíamos pacientes y me vería obligada a despedirte. Y sería idiota si lo hiciera.

Sakura sonrió amable a la mujer que la había cuidado más de media década. Ahora, a sus veinticinco años, Sakura Haruno ya no tenía el pelo rosa, ni se apellidaba Haruno, tampoco era una niña.

Habiéndose graduado en medicina a los veinte años en la prestigiosa Universidad de los Senju, conseguido el doctorado solo dos años después y la especialización en otros dos, Sakura se había convertido en una doctora altamente clasificada y calificada como genio, contratada por la misma mujer que la socorrió siete años atrás, después de haber decidido desaparecer.

Siendo la pareja de Tsunade el jefe de directores de numerosas agencias de detectives, comisarias y bufetes de abogados, era un hombre que podía conseguir casi lo imposible, pudo cubrir sus huellas, y al año de desaparecida se la dio por muerta públicamente. Jiraiya le prometió que centraría un grupo policial en Ryunosuke Haruno y el caso de su madre. Cuando tuvieran las pruebas necesarias sería entregado a un juicio. Pero era importante mantenerla segura. Por eso se le proporcionaron cambios de identidad, documentación… El hombre acostumbraba a decirle a Sakura que era como si ella misma hubiera forzado a protección de testigos abarcarla dentro de sus muros.

—Entonces muéstrame. Dale a esos buitres lo que quieren.

—Es peligroso.

—Seguir con vida es por si peligroso. Pero todo estará bien. He superado la mayoría de edad en todos los sentidos. He escalado en la sociedad ganando una pequeña fortuna considerable a la que ya tenía. Me he creado un nombre privado dentro de las sociedades médicas. No podrá herirme tan fácilmente esta vez.

La mujer la reprendió severamente con la mirada, pero en el fondo sabía que tenía razón. Si seguían así no podrían mantener sus investigaciones. Y la última relacionada con la inmunodeficiencia albergaba oportunidades y esperanzas de ayudar a muchas personas. No podía ni imaginarse tirar a su jefa a la calle solo por un par de críticas, ni tampoco dejar que su hospital se fuera a pique por ella tampoco.

— ¿Qué sugieres, Sakura?

— La gala benéfica en la que se me otorgará el premio de la salud, los últimos se recogieron en nombre del hospital, este podría aceptarlo yo en persona.

—No lo sé, no me parece una buena idea. Te reconocerán.

La pelinegra tocó un mechón de su cabeza. —Será interesante ver la reacción en algunos rostros conocidos. Además, necesito esto, Tsunade. Jiraiya podría atraparlo si empieza a moverse. Pero ese viejo zorro es más paciente que un caracol.

—Me preocupas. —La rubia se sentó en la silla de su oficina. —Todavía más porqué estás pensado en quitarte el tinte.

Los orbes jades de Sakura se abrieron divertidos. —Nunca me ha gustado el negro.

Entrecerrando los ojos la mujer se recargó en una de sus manos, inclinando su cabeza. —Eres cabezota, Sakura. Pero me alegro de que lo seas, podrías estar muerta si no lo fueras.

—Los dioses me dieron la virtud, yo solo la utilizo como agradecimiento.

—¿Se puede saber quién te enseñó eso?

Sakura agarró el pomo de la puerta dispuesta a abrirlo. —Un viejo pervertido.

Una vez fuera la joven, Tsunade descolgó el teléfono. —Entonces, Jiraiya, no le enseñes cosas tontas a la niña. ¿Lo has escuchado todo? —Preguntó.

—Sí. Creo que tiene razón. Y tampoco quiero meterme en su camino. Se parece en ti en eso. —La voz al otro lado de la línea se rió sin ningún preámbulo.

—Yo pararía, no me gustaría tener que remendarte mañana.

— Lo haré. ¿Quién soy yo para dudar de ti? —Su voz sonó sarcástica y algo divertida.

—Voy a colgar, idiota. Más te vale que todo salga bien y que tengas al cretino que le hizo la vida difícil a mi niña.

—Lo tengo, Tsunade. También es mi niña.

—No lo creo. —Rió Tsunade mientras cortaba una de las rabietas de su pareja.


—¿Estás segura que estás bien, Hinata?

La pelinegra miró a los ojos ansiosos de su esposo. Mientras le apretaba su mano contra la de ella. —Cálmate, Naruto-kun. Aún no salgo de cuentas, y no estoy enferma ni soy inválida, —se acarició una redonda panza con la mano que aun tenía libre —solo estoy embarazada, y la última vez que me informé, andar no estaba en la lista de "prohibido". —Bromeó.

—Mujer, eso puede cambiarse, solo necesito un bolígrafo que funcione y ya está.

—No seas insensato. Puedo acudir a una gala benéfica, además, he invertido tiempo, dedicación y esperanzas en este proyecto. Quiero saber quién es el responsable anónimo, y hoy se descubre todo, no voy a perdérmelo.

El rubio casi gruñó, pero solo pudo sonreír a su encantadora mujer. Se habían casado hacía tres años e iban a tener a su primer hijo o hija en menos de un mes.

—¿Y Sasuke? —desvió el tema Hinata.

— No conseguí hacerlo venir. —Su humor se desvaneció un poco. — No estaba de humor hoy. Ya sabes, saber que perdió a Sakura-chan por culpa de esa… no voy ni a insultarla, no merece el esfuerzo.

Hinata también se sintió triste. —¿Cuánto hace ya desde…

—Siete años. Hoy es —sería su cumpleaños, Hinata.

La pelinegra entendió entonces el motivo de depresión de su esposo. Ella no había conocido tan profundamente a la pelirrosa como para saber los detalles de su vida. Pero la tenía en gran aprecio en sus recuerdos. La recordaba alegre, vivaz, y con algo especial que la hacía brillar.

—¿Cómo le llamaremos?

El rubio miró extrañado a la mujer de ojos grises. —Pensaba que no sabías si era niño o niña.

—No lo sé, pero podemos pensar más de un nombre.

Hinata intentaba animarle, y él lo sabía. Sonrió con ternura y le acarició la mano que sostenía con un pulgar.

—Pero no le pondré Ramen a mi hijo o hija. Ese no lo voy a aceptar.

El rubio rió y después le robo un pequeño beso a su esposa. —Como me conoces. Pero no iba a decir eso.

—¿Entonces?

—Arashi si es hombre, Yuuki si es mujer.

—¿Y eso? Lo tienes muy claro.

El rubio le sonrió.

—Arashi significa tormenta, después de una tormenta siempre hay un sol radiante ¿verdad? Quiero que nuestro hijo sea así. No importa cuántas tormentas tenga en su vida, quiero que sea capaz de brillar.

Emocionándose, Hinata parpadeó para evitar las lágrimas. —¿Y Yuuki?

—Porqué era la palabra favorita de Sakura-chan, de pequeños siempre me soltaba que tendría una niña hermosa y que la llamaría Yuuki, decía que tendría el valor que a ella le faltaba y que siempre sería feliz.

—Me parece bien. —Hinata atrajo a su esposo. —Nuestro bebé será hermoso, y tendrá el nombre perfecto.

El rubio rió y apretó con calidez la mano de Hinata.

—¿No llegamos tarde, esposa?

Hinata se soltó de repente. —Naruto… más te vale que lleguemos y todavía no haya terminado.

Igual que el inestable estado emocional de una embarazada, el ambiente de ese momento cambió.

—Seguro que todavía están allí, Hina.

—Date prisa, Naruto.

La elegante futura mamá ya estaba sentada en el asiento de atrás de una lujosa limusina.

—Voy.


—Feliz cumpleaños número veinticinco, Sakura.

El viejo Jiraiya se acercó y abrazó a Sakura en un tierno abrazo de oso. Y le apretó la nariz como acostumbraba a hacer cuando ella estaba nerviosa.

—Todo estará bien, Sakura, no te preocupes.

—Estás preciosa. Te sienta bien. —Tsunade apareció por la puerta y le dio un vaso de agua. —Pensaba que no te gustaba el negro.

Y es que, ahora, Sakura se había quitado el tinte negro pero llevaba un vestido color ónix, era ajustado en la zona del tórax y por el abdomen empezaba a ser un poco más amplio. No tenía mangas sino que unos finos lazos partían desde el centro del pecho y se unían detrás de su cuello. No llevaba joyas, y su lacio pelo rosa estaba recogido en una bonita coleta con el adorno que Tsunade le había regalado esa mañana. Con adornos de plata y tallada de forma que, unidas, las piedras formaban la estructura de una delicada flor de cerezo.

—Es una gala, y el negro es el color más indicado. —Respondió mientras se alisaba la falda.

—Bueno, querida, estás perfecta.

—Gracias, Jiraiya.

—¿Te acuerdas del discurso?

—Perfectamente.

—Bien. —Finalizó Tsunade. —Entonces sal allí y déjalos boquiabiertos.

—Por aquí, Sakura-san. —Le dijo un hombre del servicio.

—Voy.

Sakura lo siguió. Con los nervios a flor de piel. Oyó la voz grave del patrocinador de la gala.

—Entonces, damas y caballeros, demos la bienvenida a la joven médico que con solo veinticinco años ya tiene una gran carrera en el arte de la medicina. Recibámosla con los oídos bien abiertos y unos cálidos aplausos.

El sonido de las manos chocando entre sí la engulló. Y entonces pensó como de asustada estaba hacía siete años. Recorriendo miles de quilómetros con apenas una mochila con provisiones y una vieja bicicleta. Un mechón rebelde escapó del sencillo recogido y bailó delante de ella. Lloró cuando se tiñó el cabello, aún más cuando lo cortó. El pelo la conectaba a su madre. Sonrió, llena de una seguridad en sí misma que no recordaba haber sentido nunca.

Divisó al patrocinador. Era un hombre entrado ya en edad avanzada, era más bajo que su metro setenta y cinco, tenía el pelo lleno de canas y una dulce mirada. También era asquerosamente rico. Y eso le interesaba al hospital, su dinero sería necesario para las investigaciones y para la inversión de numerosas innovaciones tecnológicas.

Ahora, lo que le tocaba hacer a Sakura era convencer a todos los ricos allí de lo importante que era invertir en la medicina, hacerse amigos del hospital y hacerse patrocinadores del hospital.

Volvió a escuchar al patrocinador, esta vez, diciendo su nombre completo.

—Aquí está, señores, Sakura Senju.

Deslizándose armoniosamente por la pasarela, Sakura se posicionó enfrente de la gran pantalla donde el patrocinador acababa de presentar las diapositivas de la gala benéfica.

Sakura se posicionó el micrófono a poca distancia de los labios y empezó a hablar.

—Señores, señoras… Estamos aquí, esta noche, para crear un futuro, crear la oportunidad para él. No hay mucho que decir. Las investigaciones que se han hecho han dado sus frutos, y todos nuestros planes están teóricamente testados. Ahora solo nos queda actuar. —Las primeras diapositivas mostraban una lluvia de gráficos, tablas y fotografías de diversos mecanismos tecnológicos que habían usado.

Sakura continuó hablando, lenta y cuidadosamente, teniendo cuidado de no alzar demasiado la voz, ni de reducirla, intentando gesticular lo justo, ampliar sus expresiones. Seguía todos los pasos que le había enseñado alguna vez Tsunade, quien siendo la directora del hospital siempre había sido la responsable de dar conferencias.

Llegó el momento de la última diapositiva, en esta se trataba el último proyecto del hospital. En el que participarían algunos de sus compañeros, ya que Tsunade le había obligado a dejar los proyectos para refinarse en medicina. Ahora que ya se había expuesto, no tenía porque preocuparse de estar frente al público, y eso, le encantaba.

Los aplausos pausados y calmados englobaron toda la gala en un estado de elegancia. Sakura inclinó su cuerpo e hizo una reverencia, agradeciendo a la gente haber tomado parte de su tiempo para ir allí.

Al empezar a retroceder, para bajar de la pasarela y volver con Tsunade y Jiraiya algo la detuvo.

—¡Ya viene!

—¡Hinata! ¿Qué hago, qué hago? ¡Un médico!

Sakura giró sobre sus talones al escuchar la estridente voz y la paró en un rostro conocido. ¿Ese era Naruto? Y esa mujer que acababa de romper aguas y estaba respirando exageradamente mientras miraba con profunda frustración al hombre que chillaba en una convención y gala sobre medicina por un médico que la atendiera era Hinata.

Agarró el celular que había escondido en su sujetador, nunca fallaba, y marcó el número de una ambulancia. Estaban al lado del hospital así que no tardarían.

Fue hacia Tsunade y Jiraiya con prisa. Tsunade estaba ordenando a los encargados del servicio que ayudaran a la futura madre a llegar a una sala para que pudiera sentarse. Sakura vio como sus viejos amigos desaparecían por la puerta de esa sala.

—Acabo de llamar a la ambulancia, cúbranme.

—¿Sakura?

—Voy al hospital, atenderé ese parto.

—Pero…

La mujer no acabó la frase, porque Sakura ya se había dirigido al exterior, dónde se encontraba una ambulancia con las luces parpadeando incandescentes.

—Chicos, seguidme, me parece que algo está mal en el parto.

—¿Quién es? —Preguntó mientras la seguían por el edificio. —Me refiero a usted, ¿Amiga, hermana?

—Sakura, soy médico en el hospital Senju, voy a asistir el parto.

Asintieron, ya que ellos mismos eran de ese hospital.

Legaron a la puerta, qué Sakura abrió sin detenerse. Los ojos nerviosos y ansiosos de Naruto se clavaron en ella, sorprendiéndolo. —¿Sakura-chan?

Casi ignorándolo, Sakura se posicionó al lado de Hinata. —¿Cuantas semanas?

La pelinegra dudó al responder, sorprendida y aturdida de ver a una persona que para ella, estaba muerta, pero contestó. — Treinta y cinco casi treinta y seis.

Sakura chasqueó la lengua. —Chicos, es prematuro, daros prisa.

Los dos paramédicos cogieron a Hinata y la subieron a la ambulancia.

El rubio todavía estaba aturdido y seguía de pie al lado de Sakura, quien, frustrada por su inactividad le dio un golpe en la cabeza.

—Sube y quédate con tu mujer, Naruto.

—Sakura, ¿eres tú? ¡Pero si estás muerta! —La señaló.

—Obviamente, no. Después te lo cuento, ahora sube.

Girando la cabeza de Sakura a Hinata, Naruto finalmente se subió a la parte trasera de la ambulancia.

El paramédico cerró las puertas y le dijo a Sakura que subiera en la parte delantera.

—Masato, arranca.

—Agárrense.

No tardaron en llegar al hospital, y antes de que el conductor bajara le dijo que llevaran a la mujer a la sala de partos de la planta doce.

Ella se adelantó y se preparó, se puso el traje y se esterilizó. Antes de que Hinata entrara escuchó los gritos de Naruto diciendo que le dejaran entrar.

—Lo siento, señor, espere allí afuera.

Lo oyó protestar, pero no hubo más problemas.

Se acercó a la camilla y empezó a ladrar órdenes. Dejó que la enfermera le conectara a una vía y le inyectara lo necesario. Pidiendo a un ayudante que le recogiera bien el cabello, Sakura dio el mandato de iniciar.

—Hinata, escúchame, tendrás un parto complicado, pero te prometo que tendrás a tu bebé en brazos una vez esto termine, no dejaré que os pase nada.

Los ojos de la pelinegra se llenaron de lágrimas. —Confío en ti.

El parto siguió su curso, y después de ocho horas largas, a las siete y un minuto, un bebé varón lloró al mundo por haberle sacado de la comodidad del vientre de su madre demasiado pronto.

Sakura respiró aliviada mientras veía como le hacían el seguido de pruebas al pequeño Uzumaki, y le limpiaban. Mientras, ella, se centraba a atender a Hinata, quien acababa de perder el conocimiento. Tomó el pulso y miró a las máquinas a las que estaba conectada. Nada anormal, solo estaba cansada y se había dormido de puro agotamiento.

Se quitó los guantes y la mascarilla y fue a ver el pequeño Uzumaki.

—¿Está bien, Suzu?

La enfermera alzó la cabeza y le sonrió con la mirada. —Es pequeño, pero para ser prematuro es grande, pesa más de dos mil gramos, crecerá sano y fuerte, Sakura-san. Pero no sería mala idea tenerlo en la UCI hasta que alcance el peso habitual.

Sakura asintió. —Haremos esto, Suzu. Chiwa-san —se dirigió a una rubia de pelo corto que rodeaba los treinta— Llévala a la dieciséis—Sakura envolvió al pequeñín y lo vistió. Asegurándose de que estuviera bien abrigado y caliente, sacó el pequeño bebé de la sala de operaciones.

—Felicidades, es un varón.

Se acercó sin vacilar a Naruto y le tendió al pequeño al padre. Él lo acunó, en sus brazos y notó su gran sonrisa de felicidad.

—Es muy pequeño. —Alzó la mirada y la escaneó. —¿Y Hinata?

—Está descansando, voy a llevarte allí en un momento pero antes necesito que contestes a lo siguiente: Dime, su nombre será…

—Arashi, Uzumaki Arashi.

Sakura sonrió con ternura. —¿Hinata te ha dejado decirle tormenta? Seguro que no sabe que es por uno de los mangas que leíamos cuando éramos críos.

El rubio enrojeció mientras parpadeaba. —¡Sakura-chan!

—¿Sí? —preguntó dudosa.

—¡Estás muerta!

—Naruto, dame a Arashi, voy a llevarlo a la UCI, después pasaré a revisar a Hinata.

—¡Qué! ¿Por qué? ¿Está enfermo? Y no evadas mi pregunta.

—No. Pero es prematuro, estará en una incubadora hasta que alcance el peso y estemos seguros que no hay problemas. Pero el diagnóstico es bueno, Naruto. Ahora ve hacia la sala de la derecha, sigue por el pasillo y entra en la habitación dieciséis. Hinata está dormida y le gustará que estés allí.

Sakura acompañó a Naruto hasta la puerta. Y antes de entrar en la habitación la detuvo. —Sakura-chan, tenemos que hablar.

—Sí. Pero no ahora. Voy a instalar al pequeño Arashi en una incubadora y os lo traeré a la habitación en unos minutos.

Aunque el rubio tuvo sus reservas, asintió antes de acariciar suavemente la cabecita del niño y le entregó a la pequeña tormenta. —No escapes, Sakura-chan, porque no te dejaré.

—No lo iba a hacer, Naruto, pero ahora no es el momento.

Sakura lo vio suspirar antes de girar y dirigirse a la planta de la UCI. Pidió una incubadora para el pequeño y especificó la habitación a la que debían llevarla. Sakura dejó que se lo llevaran y ella aprovechó para sentarse un momento.

Paseó sus manos por su pelo, despeinándolo y ahogando un grito frustrado. Si bien había decidido mostrarse ante la sociedad otra vez, no significaba que estaba ansiosa por encontrarse tan pronto con Naruto. ¿Qué había sido esa situación? Había actuado con confianza sobre si misma porque lo último que necesitaban unos padres primerizos era un médico tembloroso como un flan, pero ahora podía desvanecerse nuevamente.

Al reflexionar sobre esa idea, Sakura se abofeteó con las dos manos, sus mejillas ardieron pero se despertó. Ni de coña. No caería en un estado de trance depresivo. Se había prometido a si misma nunca más volver a renunciar a algo, y hacía poco había decidido que era hora de enfrentarse a su pasado para poder avanzar hacia su futuro sin fantasmas persiguiéndola.

Así que se levantó y se dirigió decidida hacia la habitación dieciséis. Empezaría explicándole todo a Naruto y a Hinata.

Pero no había imaginado que se encontraría con —con todos en la habitación. Con la familia Uzumaki y Uchiha al completo. Minato y Kushina, Naruto, Mikoto y Fugaku, e Itachi y… por Kami-sama, también estaba Sasuke.

Todos tenemos un momento en la vida en el que pensamos, sinceramente: ¡Mierda, estoy jodida!

Ese era su momento.

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Eso ha sido un capítulo de 3.400 palabras minna-san!

Tardé en regresar pero lo hice a lo grande ne¿?

¿Cómo ha estado el capítulo? Suficientemente bueno¿?

Espero no tardar tanto en el siguiente, pero no prometo nada, llevo meses intentando no morir entre tanto estudio T^T

Buena suerte, minna-san!

Ja ne~