Título: The promises are silents

Traducción: "Las promesas son mudas"

Autora: Akitsu-chan o Aki_blossom (en otro lugar)

Género: UA, Romance, drama, amistad.

Público: +16 ~+18 (Calificado M, por si acaso hay mentes sensibles)

Advertencias: Palabras mal sonantes, violencia, muy posible lemmon.

Derechos de autor: Este fic lo he creado sin ánimos de lucro y sin el fin de ofender a nadie, se ruega que no se publique o se hagan adaptaciones a otros personajes, a no ser que se haya obtenido el permiso del autor... En este caso yo.

Publicado en: Fanfiction & Mundosasusaku (aunque por algun misterio desapareció de esta última)

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N/A: Me gustaría disculparme por el prolongado retraso, tomé un pequeño descanso después de las clases y la selectividad (prueba de acceso a la universidad) además, mi padre regresó por unas semanas de su trabajo en otro país (10.000 malditos y jodidos kilometros) Así que tan pronto todo este embrollo terminó empecé a escribir de nuevo. El capítulo siguiente consta de más de diez páginas de word, lo que para mí, es bastante largo. Nuevamente, dejen que me disculpe por el retraso. Sin más que decir, disfruten la lectura y no olviden transmitir sus opiniones en un review, como se suele decir, es el combustible de cualquier escritor.

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Capítulo 8

Su mundo se tambaleó. Violentamente, cabe decir. Y decidió aferrarse a la lógica, o… al profesionalismo. Cuando se acordó de respirar, lo hizo. Por su mente relampaguearon miles de imágenes nostálgicas que casi la hicieron llorar.

Al borde del colapso, en su límite, Sakura se aferró al pomo de la puerta… Si tan solo hubiera podido cerrarla… podría haber corrido y esconderse en algún rincón alejado de todo ese caos.

Pero no pudo ya que, enseguida que apartó la mirada de su hijo, Naruto empezó a llorar y a sonreír mientras la miraba.

Ella tembló cuando todas las demás miradas la observaron estupefactas, y cuando Mikoto se acercó a ella y la abrazó, casi sintió que no era real.

Poco después la morena se separó y la sacudió con histerismo. —Niña, te dije que no te fueras. Eres peor que tu madre.

Sakura la miró disculpándose. Y antes de hablar, tragó, imaginando que lo que engullía era su miedo—Era peligroso, Mikoto-san. —Su voz sonó un poco más insegura de lo que había planeado

—Por eso, precisamente. —Entonces empezó a llorar con intensidad. —Sakura, te declararon muerta. Lo anunciaron en las noticias, en los malditos periódicos... Tu padre declaró que tu cuerpo había sido encontrado.

Sakura no contestó, no hablaría acerca de eso, no ahora, un momento feliz como lo es un nacimiento no debería ser mancillado con malas sensaciones.

—Entró en un programa de protección de testigos. —Una voz la salvó antes de una segunda sacudida por parte de Mikoto.

—¡Ero-senin! —chilló Naruto

—Jiraiya-sensei— Minato despertando del shock momentáneo parpadeó sorprendido mirando al padrino de su hijo.

—Ah, Sakura, no sabía que conocieras a mi ahijado—El hombre se frotó su despeinado cabello para después suspirar cansadamente. —Lo siento, me la voy a llevar ahora.

Sakura, aliviada, asintió mientras se agarraba a la manga del traje de Jiraiya.

—Quieta.

Fue una orden, limpia y cargada de ansiedad. Profunda y grave, la voz de Sasuke paralizó completamente a Sakura. Escuchó sus pasos apresurados hasta ella, y notó la presión de sus dedos al agarrarla y girarla bruscamente hacia él.

Sus ojos negros como la noche siempre la habían hipnotizado, el misterio que le proporcionaban y la inspiradora misión que se había impuesto en su juventud de descubrir cada uno de sus centelleos la atrapaban tal y como una caja había enredado a Pandora. Sasuke la abrazó mientras escondía su cabeza en su hombro y temblaba.

Ah, esto se siente nostálgico, pensó Sakura. Aunque estuvo a punto de ceder, las palabras hirientes que le había chillado una noche, siete años atrás, le estallaron en la cabeza.

—Déjeme, Uchiha-san, no me toque.

Sakura lo empujó lejos de ella mientras esas palabras volvían a resonar en su mente.

Patética, eres patética.

—Sakura, por favor… yo…

Antes de que el hombre se le acercara de nuevo, Jiraiya la sacó del camino.

—Eres el hijo de Mikoto y Fugaku, y por eso no estás en el suelo, mocoso, pero vuelve a tocar a mi hija en contra de su voluntad y será lo último que hagas este día fuera de los barrotes de la cárcel. ¡Te lo advierto!

—Jiraiya-san, por favor, ahora no, no en un nacimiento…

El murmuro de Sakura hizo rechinar los dientes a Sasuke.

La pelirrosa giró la mirada, apartándola hacia el pasillo. Al hacerlo se topó con los ojos miel de su tutora, quien todavía en traje de gala, tomó su muñeca y con un elegante movimiento puso a la pelirrosa detrás de sí.

—¡Sakura! Esto no ha terminado. —La mirada furibunda de Sasuke recayó en la mujer rubia de dos coletas. —¿Quién se cree que es?

Empujó a Jiraiya y con su mejor cara aterradora gruñó a todos en la sala. —Soy la directora de este hospital, Jiraiya sal de aquí. ¡Ahora! Y ustedes, cinco minutos y fuera, solo una persona en este cuarto a la vez. ¿Entendieron?

Después dirigió su mirada a Sakura, quien todavía estaba en shock. —Sakura, haz el favor de ir al quirófano de la segunda planta, hay complicaciones con una de las operaciones y tengo algo que hacer. Hazme ese favor. —Dirigió una última mirada a los presentes de esa sala. —Por cierto, felicitaciones por el nacimiento. —La directora del hospital sonrió amablemente y cerró cuidadosamente la puerta detrás de sí.

Instantáneamente, la habitación cayó en un pesado silencio solo roto por los llantos de un bebé con buenos pulmones.

Sakura fue detenida por Tsunade en la segunda planta y la empujó hacia las escaleras de emergencia, situadas al exterior y metálicas, del hospital.

No habló durante un buen rato mientras examinaba el estado de Sakura. —¿Sakura? Cielo, respira.

Sakura le hizo caso mientras sentía que su mundo se le derrumbaba de nuevo. —Kami…

La joven médico hundió su cara entre sus manos mientras respiraba apresuradamente.

—Sakura, venga, uno, dos, tres…—Tsunade le acarició la espalda.

—Cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… —Suspiró largamente. —Creo que ya está. Lo siento.

—No te disculpes, tú tonta. —La regañó levemente. —¿Seguro que no necesitas algo?

Sakura negó efusivamente. —¿La sala de operaciones?

—Nah, mentí. — Tsunade movió la mano desinteresadamente mientras le enviaba a Sakura una mirada de complicidad.

En ese momento, Sakura se sintió aliviada, aliviada de caer desmayada en frente del jardín de Tsunade Senju siete años atrás.

La mujer se fue primero alegando que tenía cosas de las que encargarse. Sakura, en cambio decidió quedarse un rato más.

Pensó, pensó mucho y divagó entre sus recuerdos de su infancia y adolescencia. Siempre terminando en el mismo desagradable recuerdo y una voz susurrante que se repetía una y otra vez.

Eres patética. Patética, patética…

Rió con ironía. En ese mismo momento se sentía patética. —De verdad… Soy patética. Mira que quedarme echa un ovillo en las escaleras de emergencia…

Sakura le habló al aire sin esperar respuesta. Hablar consigo misma le hacía ver la realidad con más claridad, con más objetividad y la hacía sentir mejor.

Soltó un gruñido enfadado. —¡¿Por qué diablos tenía que encontrarme con todos ellos a la vez?! ¡Maldición!

Naruto era una cosa, sabía que se volvería loco pero en ningún momento la presionaría. Exactamente lo mismo con su familia, y qué decir de Hinata, estaba segura que ella le ofrecería toda la comprensión que pudiera caber en su pequeño ser.

Los Uchiha ya eran otro tema. No quería imaginarse como el objetivo de ninguno de ellos. Mikoto no la dejaría sola hasta saber cada detalle de lo ocurrido. Fugaku no diría nada, pero mantendría un ojo sobre ella, e Itachi intentaría darle unos oídos para los que ella no tenía la intención de hablar.

Sasuke… Sasuke la perseguiría por culpa. Compadeciéndose de sí mismo la buscaría para satisfacerse a sí mismo, para encontrar el perdón.

Miró hacia arriba, encontrándose con los escalones metálicos del hospital.

—¿Y quién me perdonará a mí? —Sakura empezó a derramar lágrimas. Habían pasado años desde la última vez que había llorado. —Maldito seas, Sasuke, te las llevaste y me las devolviste. Es injusto.

Cuando Sakura terminó de calmarse eran las nueve de la mañana y solo quería quedarse en un rinconcito y que el sueño la engullera.

Pero como todo en ese día, nada ocurrió como ella quería.

Estaba dirigiéndose a una sala que tenían en el hospital que usaban para descansar, ella planeaba dormir un poco antes de que se desmayara de agotamiento. Cuando iba directa hacia la puerta que abría ese cuarto, una mano la agarró, empujándola nuevamente hacia las escaleras de emergencia del exterior.

Cuando Sakura consiguió echarle la mirada a la persona que la había arrastrado hasta allí, notó como nuevamente se quedaba sin aire.

Pero esta vez no se estremeció, no le pareció que el mundo se derrumbaría en cualquier momento. Sintió un rayo de luz esperanzador, ella rió mientras las lágrimas volvían a brotar por sus ojos.

—¡Ino!

Ella se aferró a Sakura como si fuera a desvanecerse. Y la pelirrosa le correspondió el abrazo.

—Kami-sama, Sakura, te eché tanto de menos. Te necesité tanto. —Ino rió mientras acomodaba sus manos alrededor de su cara. —Pero mírate, estás hermosa, un poco sollozante y mocosa, pero igual estás muy guapa.

—¿Tú me lo dices? Estás igual que yo, Ino-chan.

Ino se sentó en uno de los escalones y arrastró a Sakura con ella. —Bien, Sakura, escúpelo.

—¿El qué exactamente, Ino?

—Lo que quieras. No me importa. Puedes decirme que te has convertido en algo parecido en un genio de la medicina u otras tantas cosas impersonales de ti, pero que sepas que Shikamaru y yo nos hemos informado bien antes de salir disparados hacia aquí. Así que cuéntame algo que no sepa.

—¿Shikamaru está aquí? —Preguntó algo emocionada.

—Sí, su novia estuvo presente en tu gran aparición de anoche. Quien iba a pensar que la joven promesa que había revolucionado la medicina del país de fuego sería la cerebrito de la clase de Iruka-sensei. Yo, al menos, no me lo esperaba.

—Oye, no puedes soltar que el vago de Shikamaru tiene novia y continuar como si nada, Ino.

—Bueno, ha pasado mucho tiempo. Aunque lo vago aún lo lleva pegado a su problemático ser... Se llama Temari, su novia, quiero decir, se conocieron hace creo cinco años, y tardó alrededor de tres en ahorrar la energía suficiente para "poder permitirse estar en una relación problemática"… ¡Por Kami, todavía no sé qué hace Temari para aguantarlo!

Sakura se respaldó en el hombro de Ino disfrutando del largo monólogo de su mejor amiga.

—Te extrañé mucho, Ino. —Bien, ella no sabía que decir.

—Yo también, baka. La próxima vez que quieras huir de casa avísame para que no me dé un paro cardíaco. —Después se hizo el silencio. —Oye, —dijo Ino—no sé qué pasó exactamente—con ese vejestorio digo— o con el idiota de los monosílabos. Lo único que sé es que ibas a venir, después cambiaste de idea, desapareciste y después de unas semanas nos anuncian tu explosiva muerte… Kami, no me lo creí porqué sabía que llevabas tiempo amenazando —aunque medio en broma medio en serio— en irte de casa. Así que pensé en que solo era una tapadera del viejo para quedarse con el dinero de tu madre. —Ino sorbió su nariz y se limpió una pequeña gota salada. —Realmente me alegra que tenga el sexto sentido de las mujeres tan desarrollado. —Se burló. —Ah, cierto, ¿sabes? Si pasa algo con el baka de los monosílabos tienes que saber que siempre estoy dispuesta para ir y darle otra charla de su vida. Ya le di unas cuantas cuando te fuiste, puedo aumentar la cuota anual.

Sakura miró aterrada a Ino. —Qué… ¿Acabas de decir lo que acabo de oír?

—Oh, ¿Sobre de regañar al pequeño y arrogante Uchiha? Sí, no sabes lo divertido que es hacer reventar su burbuja de ego masculino. Solo debía mencionar "Sakura", "tonto" y "estúpido" en la misma oración. Claro que, cuando dije que era imposible que estuvieras muerta me ficharon de tener algún problema de apego y de no querer ver la realidad…—Ella bufó con enfado. —Idiotas ingenuos y crédulos... Solo Shikamaru me creyó. Y estoy segura que Mikoto oba-san también tenía una pequeña sospecha de que todo... todo ese maldito embrollo fuera una artimaña de él.

Sakura asintió. —Así fue. O eso supusimos. —Ella empezó a contarle la versión resumida de la historia. — Después de que huyera fui directo a ver a Sasuke. Simplemente debía decirle que me iba. Pero la cosa no acabó bien.

—Me lo imagino. En tu supuesto funeral no paraba de decir que fue su culpa. Que si te hubiera aceptado tal y como eras no te hubieras marchado en ese taxi que voló en pedazos, muy dramático. — Ino la miró sospechosamente.—No entendí lo de "aceptarte tal y como eras". —Ino la miró inquisitivamente.

Sakura suspiró mientras colocaba una mano en su barbilla y miraba aburrida lo que había delante— Creía que estaba metida en una pandilla de delincuentes.

Uno, dos…

—¡¿Qué qué?! —Ino chilló y estuvo despotricando un buen rato. —Ese condenado idiota… Debí haberlo golpeado más fuerte.

Sakura no dijo nada ante la mención de un golpe al Uchiha.

—Probablemente, sí, y espero que fuera con el puño cerrado... bueno, el resumen es que de alguna forma llegué hasta Kagoshima con mi bicicleta…

—¿Kagoshima, dices?

—Sí.

En bicicleta...

Sí.

Joder.

—Exacto. Tardé unos tres meses en llegar. Me llevé el suficiente dinero para comprar una tienda de campaña e ir abasteciéndome por el camino. Kioto, Nagoya, Osaka, Fukuoka… Después fue Nagasaki y finalmente me desmayé en el jardín de la casa de campo de Kagoshima de Tsunade Senju... a causa de un resfriado. Mi objetivo era llegar a Hiroshima y contactar con un amigo de mi madre, pero al llegar me encontré con los típicos tipos trajeados, así que seguí huyendo… de esa forma terminé siendo regada por los aspersores de Tsunase-sama.

—Lo siento, Sakura, debió ser horrible.

Ella negó mientras sonreía. — No. A pesar que pasé miedo por si él me atrapaba, lo disfruté, era libre, Ino. Por primera vez en mi vida. Conocí a un montón de gente amable que me ayudó. Me quedé ayudando en un templo Shinto ayudando al equipo de reconstrucción haciéndoles la comida o la colada, un grupo de ancianos que se reunía allí cerca para jugar al Shougi, empezaron a insinuar que era toda una promesa japonesa. Que un joven no se convertía en adulto sin haber limpiado su alma haciendo un viaje en bicicleta hasta un extremo de Japón. Yoryogi-san no paraba de decir que me parecía a su esposa cuando era joven, Matsukomi-san me dijo que él también había hecho el famoso viaje en bici. Me ayudaron, me dieron un techo, de comer, un trabajo, mapas, indicaciones y recomendaciones… Me sentí viva, Ino, nunca antes me sentí tan bien. Después… después conocí a Tsunade-sama, y ella me escuchó cuando le suplicó que no llamara a nadie, que no podía decir que estaba viva. Entonces llegó Jiraiya-jiji, el me recomendó un programa especial de protección de testigos, supervisado por él mismo. A cambio, yo colaboré en su investigación en contra mi padre…

Ino me abrazó. —Me alegro por ti, Sakura, que de todo lo malo hayas podido triunfar y sobreponerte a los idiotas que intentaron impedirte ser feliz.

—Yo también me alegro, Ino. Y aun más de saber que sigo contando con tu horrible carácter, cerda.

—Sí, en realidad, todo el mundo debería estar agradecido para-conmigo, frente.

Sakura rió aún sin soltarse del abrazo con Ino. —¿Y bien? Ahora, escúpelo, Ino.

Ino rió con confidencia. —¿Por dónde empiezo?

—Serás, cerda. ¡Empieza por el pedrusco que tienes en el dedo! No creas que no me he dado cuenta de esa aura de recién casada.

Ella sonrió feliz. —Nunca se te escapa una, ¿ne?

Allí empezó la avalancha de charlas con Ino Yamanaka. Charlas con su mejor amiga que había dejado olvidadas en el fondo de sus recuerdos.

Casi con admiración, sonrió cuando Ino le dijo que, aunque le dijeron que no serviría de nada y que teóricamente no podía ser hecho, ella había pegado el grito al cielo objetando a que no se casaría si en el nombre de dama de honor principal no había el nombre de Haruno Sakura.

Sakura rió hasta el punto de dolerle la barriga y notar doloridos los músculos de la cara. —En verdad, Ino, te extrañé mucho.

Ella asintió satisfecha. —Bien, de otra forma patearía tu trasero... Y por cierto, también te voy a convertir en madrina en cuando atrape a Sai con buen humor, así que prepárate.

Ella lo haría. Y también sería bueno que el hombre llamado Sai lo hiciera. Aunque, después de todo, la acción de casarse con Ino le daba mucho que admirar de ese misterioso hombre.

Sakura rió otra vez, imaginando a una Ino en estado embarazada-quisquillosa-y-hormonal, imaginando, que esas risas nunca se acabaran.

Imaginando… Que esa dicha siempre estaba junto a ella…