Bueno, sé que me he demorado un montón en actualizar este fic, la verdad ha sido demasiado, pero como dije una vez, jamás dejaría una historia sin terminar. Así que acá les traigo el siguiente chap, espero les guste ^^

IMPORTANTE: Los personajes de InuYasha NO me pertenecen, todo lo demás SÍ.

SIMBOLOGÍA:

-…blabla…- son los diálogos.

//…blabla…// son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blabla…" son los pensamientos.

--------------------O-------------------- cambio de escena.


La Llave

Capítulo IV
La Hechicera y la Vampira

¡Señorita, sálvenos por favor!

¡No nos deje morir a manos de ese demonio!

¡¡¡NOOOOOOOOO!!!

Sango se despertó, agitada. Otra vez los sueños de su vida pasada la invadían, reprochándole lo que no había sido capaz de hacer. Miró a su alrededor y observó a Miroku durmiendo, y a Kirara observándola desde un rincón.

– Ven aquí, pequeña– murmuró, haciéndole un gesto a la minina–. No te preocupes, estoy bien… está vez cumpliré mi misión… no volveré a fallar.

La gatita maulló, comprendiendo a su dueña. Era pasada la medianoche, la luna iluminaba el sector con sus claros rayos. Dormían a la intemperie, tranquilamente protegidos por un campo sagrado creado por Miroku, y la celosa vigilia de Kirara. No habían tenido ninguna novedad, ya llevaban 3 días de viaje y nada anormal había sucedido. Eso era raro. Sango pensaba que Náraku estaba tramando algo grande. Acariciando tiernamente la cabeza de Kirara, la muchacha se volvió a recostar para dormir un poco más. Aún les quedaba mucho por recorrer, y necesitaban tener las energías suficientes.

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Al día siguiente...

Miroku despertó, sobresaltado. Estaba recién amaneciendo, pero tenía un mal presentimiento: algo rondaba los alrededores. Se concentró, tratando de buscar algo inusual y luego...

– ¡Sango!– Miroku la remeció bruscamente, despertándola.– ¡Vamos! Algo está mal, debemos irnos... ¡Ahora!

Sango se puso de pie rápidamente, sintiendo el peligro. Kirara estaba atenta, lista a transformarse ante el primer movimiento. De pronto, una fuerte explosión alrededor, miles de escombros fueron despedidos, y rayos y bolas de fuego destruyeron el campo protector, intentando atacarlos directamente. Sin embargo, Sango logró crear otro campo, más fuerte que el de Miroku, logrando contener el ataque. A continuación, Kirara los subió a su lomo, emprendiendo el vuelo y alejándolos del lugar.

– Kirara, llévate a Miroku lo más lejos que puedas, manténganse apartados de este lugar– ordenó Sango, decidida.

– Pero... no puedes ir sola. Te acompañaré– replicó Miroku, observándola.

– No, esta vez no– Sango sonrió levemente–. Sólo por ahora, debo ir sola. Es peligroso. Te prometo que volveré.

Y sin más palabras, saltó del lomo de Kirara, descendiendo ayudada por magia para no estrellarse en el suelo. Miroku la miraba, dubitativo, mientras Kirara aumentaba la velocidad para alejarse lo más rápido posible: la felina sentía peligro cerca. Lamentablemente, no logró alejarse lo suficiente.

– ¡Kirara, maldita mononoke! ¡Detén tu vuelo!– Una voz fría y cortante interrumpió el vuelo de la felina.

– ¿Kirara?– Miroku trataba de distinguir de dónde provenía la voz para encontrar una dirección en la cual huir.

– Ambos están acabados... ¡¡díganle adiós a sus miserables vidas!!

Decenas de rayos comenzaron a caer sobre ellos. Miroku creó un campo protector para defenderse de los rayos, pero era justo eso lo que esperaba su agresor.

– ¡Jajajaja! Bien, monje, ahora estás en mis manos.

– ¡Refnig!– Miroku intentó hacerle frente, pero ya era demasiado tarde.

– Lo siento, nene... eres un hermoso chico, me encantará desgarrar tu piel... dulces sueños, tontos.

A continuación, todo se volvió borroso para Miroku, mientras Kirara caía inconsciente en picada al suelo. "Esto no puede... estar pasando..."

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Sango llegó al suelo, buscando la esencia de esa presencia maligna. De cierta forma, la encontraba familiar y eso la asustaba. Siguió concentrándose, preocupada por la situación, las cosas al parecer eran peor de lo que había esperado. Cerró sus ojos para buscar mejor…

Una fría risa interrumpió su búsqueda, revelando la presencia de alguien… alguien a quien ella conocía muy bien.

– ¡Sango! La maravillosa reencarnación de Ihasmye, ¿no? La que, supuestamente, salvará al mundo del mal y de mi señor Náraku… – Refnig la observaba desde la rama de un árbol, al parecer divertida. – ¡Eres un desperdicio! ¡Jamás podrás cumplir con tu misión! No tienes ni la mitad de las habilidades y poderes de Ihasmye…

– Y tú no tienes ni la mitad de los poderes de Genfir – Sango la enfrentó con la mirada, lista para defenderse ante el primer movimiento de la demonio.

– ¡Ni la menciones! Esa hechicera era sólo un estorbo en esta tierra, menos mal que mi señor Náraku convirtió su alma en mí…

– ¡Cállate! ¡Genfir era una gran hechicera! ¡Y lo sigue siendo, estoy segura que ella aún vive en ti!

– ¡No digas tonterías! – Refnig lanzó un ataque eléctrico, molesta. – ¡No me mezcles con esa basura! Soy mucho más poderosa que ella, y te lo demostraré ahora.

Sango se defendió lo más que pudo, pero había algo distinto en Refnig, algo que la preocupaba mucho…

Con dificultad, Sango logró esconderse de la demonio, para pensar algo que hacer y analizar la situación. Sentía miedo…

¡Cómo no lo había pensado antes! Refnig estaba siendo alimentada por el ogi osore y sacaba mucha fuerza de eso, se aprovechaba de los sentimientos negativos… mientras más preocupada y temerosa estuviera ella, más poder tendría Refnig…

– Te encontré.

La demonio enterró su espada al lado de la cabeza de Sango, asustándola y dejándole un pequeño rasguño en su mejilla derecha.

– Oh, estás herida… qué pena. Pero no importa, dentro de poco no sentirás nada – Refnig levantó nuevamente su espada, para dar un ataque directo.

Sango cerró sus ojos, buscando la fuente de la energía maligna y se percató de algo… con su báculo encendido en fuego, atravesó el cuerpo de Refnig con fuerza. La demonio se desvaneció completamente, mientras una carcajada inundaba el lugar.

– ¡Vaya, vaya! Hasta que por fin te percataste del engaño – la voz de Refnig ahora parecía salir de todas partes –. Aunque es un poco tarde, ahora el monje y tu estúpida mononoke están en mi poder… gracias por la entretención, nos vemos pronto.

La presencia maligna desapareció, mientras el lugar volvía a la calma. Sango contuvo las lágrimas, golpeando el suelo con fuerza. ¡Cómo no se dio cuenta antes! Ahora Miroku y Kirara estaban en peligro, todo porque ella había insistido en separarse…

Intentó buscar sus esencias, pero no obtuvo ningún resultado. Cada vez era peor, cada oportunidad que tenía de completar su misión, terminaba arruinándola… y ahora había puesto en peligro la vida de los dos seres que más apoyo le habían dado, siempre… Miroku y Kirara.

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Al parecer, la fuerza del monje está retornando lentamente. La mononoke despertó hace bastante, pero no ha intentado liberarse… simplemente se quedó viéndome por unos instantes y luego se dio la vuelta, ignorándome por completo… es muy extraño. – Una voz femenina parecía poner al tanto a alguien sobre la situación de ellos.

Bien, creo que está esperando órdenes… que jamás llegarán… – Una fría voz masculina le respondió a la anterior, soltando una helada carcajada. – Ahora, Refnig, ¿qué es lo que sigue en el plan?

Esperar a que el monje despierte… estoy segura que todo saldrá a la perfección…

Miroku se despertó, escuchando las voces a lo lejos… se enderezó, sobándose la cabeza. Tenía un dolor horrible, pero necesitaba salir de ahí antes de que fuera demasiado tarde. No tenía su báculo ni ningún elemento mágico consigo, seguramente se los habían arrebatado mientras estaba inconsciente. Cerró los ojos para concentrarse y lanzar un conjuro cuando alguien se lanzó sobre él, impidiéndolo.

– ¡Ni se te ocurra! – Una joven de bellos ojos azules y cabellos castaños lo observaba, agitada. – ¡Si lanzas cualquier ataque a esa reja, se te devolverá! Y si no sucede eso, dañarás a la mononoke que está en la celda contigua… ¿Entiendes? Nada de magia, conjuros, hechizos, trucos o cualquier otra cosa que se te ocurra… estamos atrapados. ¿Lo tienes? – Ella lo observó esperando una respuesta, Miroku asintió con la cabeza, ella sonrió y agregó: – ¿Algo que quieras preguntar?

– Ehm… sí… ¿podrías quitárteme de encima? – Miroku le sonrió, ella se sonrojó como un tomate.

– Sí, sí… lo siento… yo… – la muchacha se salió de encima de él y se sentó a su lado, avergonzada por la situación.

– No te preocupes… además, fue agradable.

– Eres un atrevido.

– Hace tiempo que no me lo decían…

– Me llamo Hanako, aunque casi todos me dicen Hana; soy hechicera. Supongo que usted debe ser Mamoru-sama, el guardián… ¿no?

– Sí… Mamoru Miroku, monje y guardián, aunque supongo que no estoy cumpliendo bien mi misión en estos momentos… – Miroku fue interrumpido por un rugido de dolor proveniente de la celda de al lado. – Kirara…

– Pobre bestia… la han tratado de doblegar toda la mañana, desde que despertó… pero ha seguido decidida a no hacer nada de lo que le piden – Hana suspiró, preocupada –. Sólo espero que su dueña venga a rescatarla antes de que acaben con ella…

Miroku agachó la cabeza, preocupado. Kirara estaba sufriendo, ambos estaban prisioneros de Náraku y Refnig y además, no sabía si Sango estaba bien…

– Disculpa… ¿cuánto tiempo llevo aquí? –Preguntó él, preocupado.

– Sólo dos días… – Hana guardó silencio al ver que alguien se acercaba.

– ¡Bien, monje! Es bueno que hayas despertado… ¿Te gusta el lugar? Sé que es poco acogedor, pero si cooperas podrás tener algo mejor… si no quieres ayudarnos, será mejor que no desperdiciemos más tiempo y me lo digas ahora… – Refnig sonreía perversa al otro lado de la reja.

– ¿Cooperar…? – Miroku la observó, dudando. – ¿Cooperar en qué?

– Necesitamos que la mononoke salga a buscar a Sango, pero no ha querido hacernos caso…

– Estás loca, ¿no? Es una trampa, jamás los ayudaré en eso… – dijo Miroku.

– Como quieras, entonces… – Refnig hizo tronar sus dedos y un rugido cortó el aire con dolor. – Tendré que acabar con ambos para ver si el olor de su sangre o su esencia la atraen hasta acá…

– ¡Maldita demonio! – Gritó Hana, acercándose a la reja. – ¡Eres una desalmada!

– Ah, aún sigues con vida… pensé que habías muerto de hambre… Y sí, no tengo alma… ¿quieres volver a enfrentarte conmigo? – Refnig parecía divertida con la idea.

– Déjalos en paz, no sacarás nada con acabar con ellos… – murmuró Hana, observando al monje.

– Hermosos sentimientos, pero no valdrán la pena… ¿acaso prefieres que te mate a ti y con eso atraiga la atención de la hechicera? – Refnig rió con crueldad. – Bien, veamos qué tanto puede llamar la atención tu esencia…

– Esta es su oportunidad… abrirán la reja, deben escapar… no hay otra forma – murmuró Hana, mientras Refnig volteaba ordenando que abrieran la celda donde ellos se encontraban.

La hechicera depositó en la mano del monje un pequeño cristal y luego la reja comenzó a abrirse lentamente. Miroku observó el cristal y sonrió: era un amuleto mágico de protección muy poderoso. Les serviría para escapar, pero no para enfrentar las defensas del lugar…

Se preparó para atacar cuando la reja estaba abierta y Hana estaba frente a Refnig, lista para pelear. Lanzó una serie de conjuros que lograron destruir las defensas de las celdas, llegó junto a Kirara y la observó: la pobre felina estaba muy herida, pero no permitió que eso le impidiera ponerse de pie y llevarlo en su lomo. Miroku subió, apretando con fuerza el amuleto.

– Kirara, debemos salvar a Hana – ordenó Miroku al oído de la mononoke, ella hizo un movimiento brusco con la cabeza –. Por favor, ella nos ayudó a escapar…

Kirara gruñó, pero bajó rápidamente y subió sobre su lomo a la joven hechicera, mientras Miroku los protegía de los ataques de los demonios del castillo. Emprendieron el vuelo lo más rápido que podía la felina. Kirara no se preocupó por el dolor y agarró velocidad rápidamente para escapar.

– ¡Crees que te escaparás de mí, maldita mononoke! – Refnig apareció frente a ellos, tratando de detenerlos.

Kirara la observó menos de un segundo y luego embistió hacia ella, haciéndola a un lado y alejándose. La demonio de desvaneció, mientras ellos se alejaban.

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Sango seguía buscando, sin resultados. Nada, en el ambiente no había nada que le indicara dónde podían haber ido Miroku, Kirara o Refnig. Se había enfrentado a varios demonios en esos dos días que llevaba buscándolos, todos esos demonios se habían hecho fuertes al absorber la esencia del ogi osore, todos intentaban manipularla a través de sus miedos, pero ella de alguna parte sacaba fuerzas para acabarlos y seguir su búsqueda.

Tenía miedo, no sabía que había pasado con sus compañeros y temía lo peor. Si no era capaz de sentir su esencia era por dos cosas: o los habían encerrado en un lugar donde sellaran su magia, o estaban muertos.

Rogó que no fuese lo último, mientras llegaba a la orilla de un río. Miró su reflejo en el agua y sonrió amargamente: se notaba decaída y sin fuerzas, muy distinto a como había estado hacía unos pocos días atrás. Se llevó la mano al pecho y apretó con fuerza un pequeño colgante de plata, el amuleto que había usado para librarse del demonio que los perseguía a través del bosque, cuando ella aún no sabía quién era realmente Miroku…

De pronto el agua se tornó de un tono rosado y lila y una pequeña muchacha de cabello castaño claro y ojos verde turquesa se asomó, observando a la angustiada hechicera.

– ¡Oh, Ihasmye! – La muchacha agachó la mirada, respetuosa. – ¿Qué la trae por estos caminos abandonados y olvidados con el tiempo por la sociedad?

– Perdón, ¿nos conocemos? – Sango ladeó la cabeza, confundida.

– ¡Perdón! Usted debe ser la reencarnación, no es necesario que me recuerde… Soy Erika, aunque todos me llaman Eri… Soy la guardiana de este Río, y además una vampira.

– ¿Una vampira? – Preguntó extrañada Sango, pues sabía que los vampiros eran criaturas oscuras y que rondaban de noche, alimentándose del alma y la sangre de los seres vivos.

– Sí, como lo oye – Eri le sonrió amablemente –. Debe pensar que los vampiros son seres oscuros y todo eso, pero no siempre es así… verá, soy una vampira de lilium. Somos una raza que, aunque debemos alimentarnos de almas y sangre, no hacemos el mal. Preferimos obtener nuestros alimentos de animales moribundos o de almas que vagan sin sentido y sólo sufren… de esa forma, les otorgamos descanso eterno y tranquilidad a ellos y al mundo también…

– Oh, ya veo – Sango sonrió, el mundo aún podía sorprenderla–. ¿Y por qué debes custodiar el Río?

– Porque es lugar sagrado. Esta agua es capaz de mostrar el futuro y las soluciones a los problemas de la gente, pero sólo a través de mí. Si no hay una conexión real entre quien quiere saber y yo, no hay visión.

– Vaya… eso es sorprendente… – Sango volvió a mirar su reflejo en el agua, notando la tristeza en su mirada.

– Y tengo visiones sobre usted – Eri sonrió, tomando suavemente la mano de Sango –. Sus compañeros están bien, pero no hay que confiar en todo lo que parece bueno. Una trampa la llevará hasta donde sus enemigos y jugarán con la vida de quien posee la clave… sólo la confianza en sus percepciones logrará sacar la venda de sus ojos… malentendidos y confusión no deben consumirla…

Sango cerró los ojos, tratando de captar la totalidad del mensaje. Eri soltó su mano, mientras murmuraba las últimas palabras:

– La perseverancia y la confianza son el pilar que le da fuerza a su unión… no permita que se rompa…

Una brisa fresca recorrió el lugar, Eri se sumergió en el agua y luego salió, llevando consigo una pequeña concha.

– Esto es para usted, es un Samel. Contiene tranquilidad para cuando necesite pensar y esperanza, para cuando no vea salida posible. Es el mayor regalo que le puedo dar, espero pueda guiarla en el camino.

– Muchas gracias… espero que esto me ayude a encaminarme correctamente – Sango sonrió, recibiendo el Samel–. Muchas gracias también por las visiones… las necesitaba. Espero algún día poder devolverte el favor.

– Claro que lo hará… no se preocupe por eso, mientras usted esté bien… será suficiente para mí – Eri sonrió una vez más, luego se despidió con un gesto de su mano y volvió a sumergirse. El agua se tornó clara de nuevo y Sango sólo vio su reflejo en la superficie del Río.

El ambiente en ese lugar realmente era muy particular, demasiado tranquilo, pero era obvio si era un lugar sagrado. Sango se concentró nuevamente en encontrar la esencia de Miroku y Kirara, y esta vez sintió algo… débil, pero eran sus esencias y estaban muy lejos. Rápidamente emprendió el camino, quería verlos y asegurarse de que estuviesen bien…


Muchas gracias a todos por la paciencia, espero les guste la historia. Trataré de actualizarla junto con mi otro fic, espero poder lograrlo XD

¡Saludos y nos leemos pronto!