¡Por fin, lo sé! Perdón nuevamente por la demora, pero los estudios me han tenido muy ocupada, así que apenas tengo tiempo para escribir u_u...

Espero que la espera haya valido la pena, así que me dicen qué opinan con sus reviews ^^


La Llave

Capítulo V
Reencuentro y Despedida

– Por fin… Kirara, desciende en ese claro… – Miroku acarició el lomo de la felina, mientras ella obedecía.

– ¿Crees que es un lugar adecuado para nuestra estancia? – Preguntó Hana, mientras buscaba alguna esencia maligna por los alrededores.

– Creo que es lo suficientemente bueno como para que Kirara se recupere… sólo necesita un par de días, ¿no pequeña?

La felina produjo una especie de ronroneo, como asintiendo a la idea, y luego se transformó en la pequeña gatita para comenzar a lamer sus heridas.

– Debemos buscar medicinas para curar sus heridas… – murmuró la hechicera, observando a la gata; Kirara le lanzó una mirada de desprecio, mientras Miroku le acariciaba la cabeza a la minina.

– No, no podemos hacer eso… sólo Sango sabe cómo curar las heridas de Kirara, no me arriesgaré a intoxicarla o envenenarla por intentar algo que no sé… – Miroku se sentó en el suelo y llamó a su lado a la felina, ella obedeció, recostándose a su lado.

– ¿Olvidas que también soy una Hechicera? Puedo hacer lo mismo que ella sin que temas que cometa un error… nuestro entrenamiento debe haber sido muy similar, por no decir igual… – la muchacha se alejó de ellos, murmurando cosas que no llegaron a sus oídos.

Kirara ronroneaba suavemente junto a Miroku, lamiendo sus heridas y esperando a que Sango, su verdadera dueña, llegara para ayudarle con su dolor.

– ¿Crees que llegue antes de que debamos partir nuevamente…? – Preguntó Miroku, mirando el cielo, perdido en sus pensamientos. La minina maulló levemente en respuesta, deseando con todo su corazón que eso sucediera…

Pasaron un par de horas y ambos se quedaron dormidos: estaban agotados por el escape, además ambos habían perdido fuerzas en el encierro, en especial Kirara. Reposaban junto a un árbol, el mismo en el que se habían apoyado al llegar, durmiendo tranquilamente bajo un campo protector creado por Miroku con sus últimas energías. No tenían miedo, a pesar de que estar así era bastante peligroso y más aún en las condiciones tan vulnerables en las que se encontraban…

Una figura se acercó a ellos y se arrodilló junto a la felina que dormía profundamente, sacando algo de un pequeño saco de género; sonrió y acercó unas pequeñas hojas con un líquido rojo a una de las heridas patas de la felina… estaba a punto de untar el líquido en una de las heridas cuando sintió algo muy frío en su cuello.

– Aléjate de ella.

La voz fuerte, clara y decidida era de una mujer, que apuntaba un báculo helado como el hielo pero filoso como el acero a la garganta de la primera figura. Kirara despertó al escuchar la voz y simplemente maulló, saltando al brazo libre de la muchacha.

– ¡Kirara! ¿Estás bien? ¡Dios, cuántas heridas tienes…! ¡¿Qué diablos crees que le ibas a untar a Kirara en sus heridas?

El báculo no se había alejado ni un milímetro de la garganta de la figura. Miroku despertó sobresaltado y observó la escena, sorprendido.

– ¡Sango! ¡Estás bien! ¿Por qué apuntas tu báculo a Hana? – El monje las miraba, dudoso.

– ¿Hana es su nombre? ¿Qué hace con ustedes?

– Es una hechicera… nos ayudó a escapar de la prisión en la que estábamos… – Miroku no dejaba de observar la punta filosa del báculo, temiendo que al primer movimiento, terminara insertada en la garganta de Hana.

– ¡¿Y por qué estaba intentando darle veneno a Kirara? ¡El hecho de que seas hechicera no implica que tengas los conocimientos suficientes como para curar las heridas de una mononoke tan ancestral como ella! – Sango parecía furiosa y no alejaba su arma del cuello de la muchacha.

– Yo… lo siento, pensé que esas hierbas le ayudarían… – Hana murmuró lentamente, intentando disculparse.

– Pues no es así… – Sango bajó su báculo y éste volvió a la normalidad; luego sacó de entremedio de sus ropas una pequeña bolsa de género lila y de ella extrajo unas hojas de color azul. – Esto sí es medicina para Kirara… se llaman Label, ¿alguna vez habías oído de ellas?

– La verdad es que no…

– Pues es lo único que puede curar rápidamente las heridas de Kirara… hay otras cosas que pueden ser útiles, pero son secretos nuestros, ¿no pequeña? – Sango acarició la cabeza de la pequeña minina, mientras ella ronroneaba con cariño. Acto seguido, depositó las hojas en un pequeño pote de arcilla y murmuró unas palabras, mientras molía las hojas con sutileza; una vez lista la pasta, que quedó de un color blanquecino, la untó suavemente en las heridas de Kirara, que fueron curándose en cosa de segundos.

– Es algo fascinante – murmuró Hana, mirando con curiosidad lo que hacía la muchacha.

– Sí, lo es… ahora, Miroku, necesito hablar contigo – Sango le sonrió a la felina y se puso de pie, alejándose del claro.

Miroku la siguió, con curiosidad. Al parecer Sango estaba muy molesta con la compañía de Hana, pero seguramente luego de escuchar cómo habían sucedido los hechos, aceptaría que Hana era una buena chica…

– ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó la muchacha, mirando dulcemente el cansado rostro del monje.

– Bueno, luego de que nos dejaste, apareció Refnig y nos atacó; formé un campo de protección, pero de alguna forma logró atravesarlo y nos capturó, nos hizo dormir a Kirara y a mí… – Miroku suspiró, sintiéndose culpable – Cuando desperté estábamos los dos en una prisión, al norte de acá. Trataron de someter a Kirara para que te buscara y te llevara con ella a la prisión, pero ella se negó… salió muy herida por eso. Luego, Hana desafió a Refnig y cuando abrieron la celda para dejarla salir a pelear, pudimos escapar… aunque Refnig intentó detenernos, Kirara simplemente la embistió y ella se desvaneció en el aire… y logramos alejarnos y llegar hasta acá para descansar…

– Vaya… por lo menos lograron escapar… – Sango sonrió levemente, mirando hacia el claro en donde estaba Kirara.

– Sí… ¿y qué pasó contigo? – Preguntó Miroku, observando con curiosidad y cariño a Sango.

– Yo… cometí muchos errores… no debimos habernos separado, eso era exactamente lo que quería Refnig… tenía todo un plan, y al estar alimentada por la fuerza del ōgi osore, el miedo y la incertidumbre que yo sentía simplemente le daban ventaja y la hacían más fuerte… – Sango suspiró – Luego me di cuenta de que lo que me atacaba era una simple ilusión, un clon de la verdadera Refnig, así que acabé con ella… pero fue demasiado tarde, ya no sentía sus esencias…

– Pero no fue tu culpa, tú no tenías cómo saber lo que iba a pasar… – Miroku tomó las manos de la joven, tiernamente. – No deberías culparte…

– De todos modos, debí haberlo previsto… – Sango bajó su mirada, pensativa. – Luego, comencé a buscarlos, recorrí muchos lugares tratando de localizar su presencia, sus esencias… pero nada. Cada tanto me enfrentaba a demonios, espíritus y los derrotaba, con la esperanza de que iba a encontrarlos… la esencia del ōgi osore los hacía más fuertes de lo normal, y mi creciente miedo no ayudaba mucho con la situación… hasta que llegué a un río, un lugar sagrado en donde me encontré con Eri…

– ¿Eri? – Miroku arqueó una ceja. – ¿Quién es Eri?

– Una vampira de Lilium que protege el río sagrado del que te hablo… ella… – Sango no pudo terminar la frase.

– ¿Te encontraste con una vampira? ¡Sango, esos seres son muy peligrosos! – Miroku se sobresaltó con la historia. – En estos momentos puede estarnos siguiendo, incluso puede ser secuaz, cómplice o hasta esclava de Náraku…

– ¡Escucha! – Sango interrumpió a Miroku, defendiendo a la vampira. – Eri no era una vampira malvada… su esencia estaba pura, además no es un ser oscuro como los demás tipos de vampiros, me explicó que, aunque deben alimentarse de sangre y almas, lo hacen de seres que sufren para otorgarles el descanso eterno…

– Bien… supongo que ése no es el punto… ¿qué pasó en ese lugar sagrado? – Preguntó Miroku, tratando de cambiar el tema.

– Pues… – Sango continuó su relato. – Eri tuvo una visión para mí, y con ella me dio esperanzas, y luego de nuestro encuentro pude, por fin, sentir sus esencias, aunque muy débiles y alejadas de aquel lugar… – La muchacha suspiró, recordando las palabras de la vampira.

– ¿Y qué fue lo que decía esa visión?

– Las palabras de Eri fueron las siguientes: Sus compañeros están bien, pero no hay que confiar en todo lo que parece bueno. Una trampa la llevará hasta donde sus enemigos y jugarán con la vida de quien posee la clave… sólo la confianza en sus percepciones logrará sacar la venda de sus ojos… malentendidos y confusión no deben consumirla… La perseverancia y la confianza son el pilar que le da fuerza a su unión… no permita que se rompa… – Sango terminó de recitar, mirando a Miroku con preocupación.

– ¿No hay que confiar en todo lo que parece bueno? – Miroku se pasó la mano por la barbilla, pensativo. – Bueno, en ese caso deberíamos desconfiar de ella, es la que más posiblemente puede ser malvada… los vampiros no son seres de fiar.

– No lo creo, si el peligro fuera ella, ¿cuál hubiese sido la gracia de haberme hecho saber la visión? – Sango suspiró, cansada.

– Tal vez confundirte, provocar que creyeras lo que ahora crees… que ella es buena y la amenaza es otra…

– Creo que la amenaza está más cerca de lo que piensas… – Sango dirigió su mirada hacia el claro en donde esperaban Kirara y Hana. – Esa Hechicera no me agrada, hay algo en ella que me produce una sensación extraña… como de incertidumbre…

– Sango, creo que estás demasiado preocupada – Miroku tomó suavemente el rostro de la muchacha, para que dirigiera su mirada hacia él –. Hana no es malvada, nos ayudó a escapar… debes desconfiar de ella porque estuvo a punto de envenenar a Kirara, pero créeme que lo hizo con buenas intenciones…

– Aún así, no quiero confiarme demasiado… – Sango apartó las manos de Miroku de su rostro, seria. – Me parece muy extraño que hayan podido escapar gracias a ella…

– Sango… si no fuera por ella, estaríamos muertos… piensa en todo el daño que recibió Kirara en el poco tiempo que llevábamos ahí…

Sango suspiró, luego comenzó a caminar lentamente, dando por finalizada la conversación. Miroku la siguió, extrañado con su reacción, pero sabiendo que debía seguirla, acompañarla y luchar hasta el final con y por ella.

– ¿Y bien? – Hana se acercó a la pareja en cuanto los vio acercarse. – ¿Qué haremos ahora?

– Seguir nuestro camino… – Sango llamó con un gesto a Kirara, sin prestar mucha atención a la Hechicera – Tenemos mucho que recorrer aún.

– Supongo que sí… – Hana observó a Miroku y le sonrió tiernamente. – ¿A dónde iremos?

– ¿Iremos? – Sango la miró, extrañada. – Mira, te agradezco enormemente que hayas salvado a Kirara y a Miroku, pero eso no significa que vayas a acompañarnos en nuestra misión.

– Pero… – Hana miró suplicante a Miroku, quien no entendía la situación.

– Sango, creo que no hay nada de malo en que nos acompañe, es una gran Hechicera, y una mano amiga no nos vendría mal en estos momentos… – dijo Miroku, acercándose a Sango.

– Bajo tu responsabilidad queda, entonces – respondió Sango, mientras revisaba las heridas ya sanadas de Kirara –. Y espero que no tengamos problemas por esta decisión.

– Todo estará bien, pequeñita… – Miroku le sonrió, seguro de sus palabras.

– Eso espero… – murmuró Sango.

-O--

"5 días más tarde…"

Se encontraban dispersos, todos ocultos en distintas partes, escapando de sus adversarios: un demonio que era mucho más fuerte de lo que esperaban, Yushiko; el General del ejército de Náraku, Bankotsu; y la demonio que ya conocemos bien, Refnig. Ya llevaban varias horas intentando encontrar una manera de derrotarlos, pero no podían armar un plan pues les impedían reunirse.

Sango estaba oculta tras una roca, tratando de mantener su mente en blanco, concentrándose en impedir que Yushiko entrara en sus pensamientos…

– Vaya, vaya… Sango, la reencarnación de Ihasmye, un acumulo de magia y energía dentro de un cuerpo demasiado débil, pero muy hermoso… – Yushiko se acercaba lentamente al lugar en donde ella se encontraba, buscando su esencia. – Eres una joven muy lista y, al parecer, preparada para todos los desafíos que deberás enfrentar en tu misión. Sin embargo… es lamentable que… tanta belleza y poder se desperdicien en una causa perdida.

Yushiko destruyó la piedra que ocultaba a Sango, encontrándose frente a frente con ella. Era un demonio alto, delgado, de aspecto humanoide con largo cabello negro tomado en una cola alta, ojos completamente negros y piel pálida. Sonrió al ver la expresión de Sango, que lo miraba con sorpresa.

– ¡Ja! Por favor, pequeña Sango, no pongas esa cara… Vamos, diviértete un poco. ¿De qué sirve que tengas tanto poder a tu disposición, si no puedes usarlo como quieres? – Yushiko alzó su mano, formando en ella una nube de humo difuso. – Ambos sabemos que lo único que te gustaría es poder acabar con esta misión de una buena vez para poder disfrutar del amor y la felicidad que hace más de 500 años te rondan junto con el monje… pero tienes miedo de perderlo, temes quedarte sola, temes que una vez realizada la tarea que se les encomendó, él se aleje de ti para siempre y debas vivir en soledad… ¿de qué valdrían tantos sacrificios si jamás podrás disfrutar lo que le entregarás al resto del mundo?

Junto con esas palabras, el demonio dispersó el humo con su mano, formando una imagen en el aire. Al principio era muy difusa, pero en un segundo comenzó a ser más nítida: era ella, Sango, junto a Miroku, ambos luego de una dura pelea, a juzgar por sus heridas y sus cansados pero tranquilos rostros. Ambos se miraban a los ojos, con cariño, seguridad, alegría… Sango estiró su mano como tratando de alcanzar ese momento, queriendo estar en esa visión… pero de repente, el Miroku de la visión desvió su mirada, observando a lo lejos la silueta de otra muchacha, formando en sus labios una pícara sonrisa y alejándose de la Sango de la visión…

Sango apretó los puños, dolida con la idea.

– No tienes ni idea de lo que dices… – la muchacha desafió con la mirada a Yushiko, molesta. – Soy feliz con lo que hago, y cumpliré mi misión pase lo que pase…

– No te mientas… no eres feliz. Hace 500 años tenías todas las posibilidades de ganar ante Náraku, de hecho tenías muchas más que ahora… pero por temor a perder lo único que te había hecho feliz, descuidaste tu misión y terminaste como ya sabemos… – Yushiko desvaneció la visión, formando otra. – Eres demasiado buena, pero jamás podrás tener lo que el Monje Miroku desea en una mujer… Déjame mostrarte algo.

Yushiko sonrió, mientras la imagen comenzaba a ser nítida…

--O--

"Mientras, en otro lugar…"

Hana esquivaba con agilidad y gracia cada ataque de su oponente, un guerrero hábil en el uso de su alabarda Banryu y con una destreza que la deslumbraba.

– Eres muy bella, ¿por qué no mejor dejamos esta pelea y nos conocemos en profundidad? – El guerrero desvió un ataque, acercándose a la Hechicera.

– ¡Por favor, Bankotsu! Podría aceptar la invitación, pero sólo si te rindes – Hana sonrió, alejándose del guerrero.

– No puedo hacer eso… lo siento – Bankotsu comenzó a atacarla con la Banryu, mientras ella esquivaba los ataques –. Pero hagamos un trato: si gano, tendremos una cita.

– Pues… – Hana lo pensó un momento, mientras lanzaba una bola de energía al pecho de su oponente. – Me parece bien… y si yo gano, me quedaré con tu hermosa trenza.

– ¡Hey! ¿Crees que tendrás mi trenza? Que equivocada estás… acepto el desafío.

Ambos siguieron peleando, como si fuese un divertido entrenamiento…

--O--

"Al mismo tiempo, un poco más allá…"

Miroku atacaba con su báculo a Refnig, quien lo enfrentaba con su espada, sacando chispas de ambas armas, cada vez intentando hacerle daño a su oponente.

– ¡Ahora eres más hábil que hace 500 años, monje! – Refnig logró apenas esquivar un ataque directo de Miroku. – Espero que eso sea de ayuda esta vez.

– Claro que lo será, además hace 500 años no peleé contra ti, no puedes decir si soy o no más hábil – Miroku se alejó de un salto de la demonio, lanzando unos pergaminos que ella destruyó con su espada.

– Tal vez no te enfrentaste a mí, pero observaba cuidadosamente cada pelea que tenías… te conocí mejor de lo que te hubiese conocido incluso Sango… – Refnig lanzó unos rayos, que Miroku pudo detener con un campo de protección.

– Dudo que me hayas conocido mejor que ella… – Miroku, molesto con la idea, lanzó un conjugo mucho más potente que los anteriores. – Ella es la más cercana a mí.

– No digo que sea lejana o indiferente a ti – Refnig sonrió, desviando el conjuro con dificultad –. Tampoco que no te conoce… pero sí me he dado cuenta de que es muy diferente a ti. Demasiado…

– ¿A qué te refieres con eso? – Miroku arqueó una ceja, confundido.

– Tú disfrutas la vida, lo he visto… esa es tu esencia… o por lo menos lo era – Refnig sonrió maliciosamente –. Pero luego de que compartiste tu existencia con Sango, comenzaste a perder esa felicidad por vivir… dejaste de ser tú.

– No digas tonterías, eso no es cierto.

– ¡Oh, vamos! Sí lo es… por eso, ahora te sientes tan feliz cuando estás con Hana… no creas que no te he observado en esta vida también – Refnig lanzó un ataque eléctrico a Miroku, él lo esquivó de un salto –. Te alegras con ella porque Hana es como tú antes de mezclar tu existencia con Sango: disfruta la vida, es feliz con todo lo que hace, aún si esto pone en riesgo su vida… ella te ha devuelto la alegría que hace tiempo perdiste.

– No es cierto, no perdí la alegría al estar con Sango…

– No lo puedes negar… mírala ahora, incluso peleando se ve feliz, lo disfruta… ¿no te gustaría que ella compartiera esa alegría contigo? ¿No te gustaría estar con alguien que disfrutara cada momento junto a ti, que fuera feliz con lo que hace? – Refnig se quedó mirándolo, esperando la respuesta.

Miroku no dijo nada, simplemente observó a Hana luchando contra Bankotsu, un poco más allá. Era cierto, Hana disfrutaba todo lo que hacía, incluso las batallas, de la misma forma en que él había disfrutado su vida mucho tiempo atrás.

Era verdad que había perdido eso al tener que acompañar a Sango, porque ella, aunque era alegre, solía preocuparse por todo y no disfrutar cada detalle al máximo… además, con el tiempo Sango había perdido esa alegría inicial, reemplazándola con una constante preocupación y un sentimiento de incertidumbre que lograron apoderarse del corazón de él también. Ese cambio había permanecido en su alma hasta ahora, incluso en su reencarnación, y al estar con Hana había recordado cómo era vivir disfrutando cada cosa que sucedía… eso le gustaba, era feliz disfrutando su vida, pasara lo que pasara, y así era como quería seguir…

– El silencio es respuesta suficiente para mí… – Refnig sonrió aún con más malicia y luego alzó su espada, el cielo se cubrió de nubes grises y comenzaron a caer rayos de ellas. – Ahora, ¡Bankotsu, es suficiente entretención por hoy! ¡Acaba con ella de una buena vez!

A lo lejos, Bankotsu sonrió al escuchar la orden, observando perversamente a Hana.

– Ya escuchaste, pequeña… lo siento mucho, pero no tendrás mi trenza – Bankotsu alzó su Banryu y murmuró unos palabras ininteligibles, apuntó la punta de la alabarda a la hechicera, que lo observaba atónita, y luego sonrió, terminando el conjuro.

La muchacha quedó paralizada, mientras los rayos comenzaban a caer cerca de ella. Miroku no lo pensó dos veces y se dirigió hacia la muchacha, esperando poder llegar antes que algún rayo la alcanzara…

--O--

– ¿Lo ves? Pudiste ver cómo Miroku no dudó en ir en su ayuda, además… dejé que también vieras sus pensamientos – Yushiko observaba la imagen formada por el humo, en donde se veía lo que pasaba con Hana y Miroku.

– No… nada de lo que me has mostrado es cierto – Sango no dejaba de observar cómo Miroku abrazaba a Hana, mientras la protegía con un campo para evitar los rayos.

– ¿Eso crees? – Yushiko soltó una carcajada, divertido. – Si no es cierto, entonces podemos dejar esa visión de lado y seguir peleando… ¿o preferirás ir a salvarlos? Aunque creo que ambos pueden estar muy bien solos… al fin y al cabo, tú estás llena de preocupación e incertidumbre en tu corazón

Sango lanzó un poderoso conjuro a Yushiko, dejándolo paralizado.

– No me subestimes. Mi corazón tiene muchas más cosas que eso – Sango lo observó furiosa, mientras él se reía.

– No soy yo el que piensa eso… así que no te preocupes por mí… no es a mí a quien le arruinas la existencia con esos sentimientos, así que estamos bien… ¿no?

– ¡Eres un…!

– Antes de que termines tu frase, te advierto que mientras más te entretienes conmigo, más peligro corren esos dos… – Yushiko deshizo el conjuro de un golpe, interrumpiendo a la chica. – La paralizada Hanako no recuperará su movilidad en mucho tiempo y las fuerzas del monje no van a durar tanto como para seguir aguantando los ataques de Refnig y Bankotsu…

– ¿Y qué propones entonces? – Sango lo miró analíticamente, desconfiando de la situación.

– Bueno… a mi señor Náraku no le interesan esos dos… sólo te quiere a ti – Yushiko extendió su mano, ofreciéndole un trato –. Vienes con nosotros y nos olvidamos del monje y la hechicera.

Sango miró insegura la mano de Yushiko, pero luego un grito de Miroku llamó su atención. Era verdad, todo lo que acababa de ver y leer en los pensamientos de Miroku era verdad… siempre había sabido que él era tan distinto a ella, pero se conformó con pensar que polos opuestos se atraen, sin imaginar que Miroku realmente necesitaba alguien con quien disfrutar la vida…

Durante esos días que habían compartido con Hana, había visto cómo cambiaba el semblante de Miroku al estar cerca de ella, se veía más tranquilo, más feliz de lo normal… tenía celos de ella, de lo que provocaba en Miroku, pero no podía negarlo, era cierto. Observó con tristeza la imagen que le ofrecía el humo de Yushiko, viendo como el campo protector de Miroku se iba debilitando.

– Está bien… iré con ustedes, pero primero déjenlos en paz.

Yushiko alzó su mano y la tormenta eléctrica se desvaneció, abriendo paso a la luz tenue de la luna. Sango hizo un gesto y Kirara se acercó, con la mirada triste y suplicante.

– Lo siento Kirara, pero debo hacerlo… es por su bien – Sango acarició dulcemente la cabeza de la felina, mientras sus ojos se humedecían –. Quiero que cuides a Miroku de cualquier peligro… esa será tu nueva misión, ¿entendido? – Sango se secó una de sus lágrimas, la minina ladeó la cabeza, mirándola con tristeza. – Aquí dejó nuestros secretos, enséñaselos a Miroku sólo cuando sea necesario… te extrañaré, Kirara… Adiós.

Kirara maulló, como llorando con la despedida, pero luego se alejó, entendiendo la decisión de su dueña, pues la conocía demasiado bien.

Yushiko sonrió con malicia, mientras Sango cerraba los ojos y se entregaba a eso.

"Miroku podrá terminar con esto… y al final será feliz sin mí aprisionando su alma…" pensó la muchacha, mientras todo se volvía negro.


Espero les haya gustado. No dejo agradecimientos porque estoy subiendo apurada, pero ustedes son quienes me dan energías y ánimos para seguir escribiendo, así que muchas gracias por leer y comentar ^0^

Saludos, espero que nos leamos pronto~