Bueno, sí, ¡lo sé! Hace más de un año que no actualizo este fic, y la verdad hasta yo dudaba si algún día iba a seguirlo, pero hoy me di el ánimo y lo continué. Y les aseguro que pronto subiré el siguiente capítulo, pues me inspiré, así que espero que lo lean =D

IMPORTANTE: Los personajes no son míos...

SIMBOLOGÍA:

-…blabla…- son los diálogos.

/…blabla…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blabla…" son los pensamientos.

-O- cambio de escena.

Buenu, ahora los dejo con el chap!


Summary: Ella guarda el secreto que mantiene al mundo a salvo. Él es el encargado de protegerla a cualquier precio. Una historia fantástica no tiene cabida en este mundo, pero aún así existe… SxM, UA.

La Llave

Capítulo VI
Algo no está bien...

Miroku sintió los rayos dejar de caer y observó el cielo, sorprendiéndose al verlo despejado y sentir la luz de la luna. Hana logró moverse, pasándose la mano por una herida provocada por uno de los rayos en su brazo. Ambos levantaron la mirada al sentir los pasos de sus adversarios alejarse, mientras reían satisfechos.

– ¡Refnig, Bankotsu, esperen! – Gritó Miroku, mientras intentaba alcanzarlos.

– Monje, quédate dónde estás y atiende a la hechicera ésa… nosotros ahora tenemos otras cosas que hacer – Refnig rió con energía, mientras Bankotsu agitaba su mano, despidiéndose.

Miroku los miró desconfiado, sin entender porqué se iban, pero sabiendo que algo había pasado. Pronto se reunió con ellos Yushiko, llevando en sus brazos a Sango. Tanto Miroku como Hana se quedaron atónitos al ver al demonio cargar a la Hechicera, sin poder creer que la hubiese derrotado. Cuando había comenzado la batalla, sabían que sería difícil, pero Sango aseguró que podía contra Yushiko y ellos sabían que era verdad, pues su energía no era tan poderosa como para superar a la de Sango, ni su esencia tan maligna como para envenenar la de ellos. Pero ahora que lo veían así…

Miroku comenzó a correr tras ellos, esta vez motivado por algo más que la curiosidad: no iba a permitir que se llevaran a Sango, no iba a permitir que esta vez lo separaran de ella. Sin embargo, Kirara se cruzó en su camino, mirándolo con tristeza pero determinación. Miroku conocía muy bien a Kirara y pudo interpretar esa mirada: no debían seguir a sus enemigos pues Sango se había entregado a ellos.

– Kirara, no me pidas eso… sabes que debo salvarla.

La felina rugió, dando a entender que seguía órdenes de Sango y que no dejaría que los alcanzara. Miroku no quería pelear contra Kirara, pero sabía que si ella estaba decidida a impedirle el paso, debería hacerla a un lado. Le lanzó un conjuro, no muy poderoso, pero suficiente como para aturdirla y seguir su camino; pese a esto, era demasiado tarde, pues el trío que se llevaba a Sango había comenzado a alejarse del lugar volando, y así era casi imposible que Miroku los siguiera. Suspiró, resignado con la idea, molesto con Sango y Kirara y dolido por la situación.

Hana llegó a su lado, un poco confundida por cómo había actuado Kirara, pero con la idea fija de seguirlos a toda costa.

– Debemos alcanzarlos – dijo, observando a Miroku –. No pueden llevarse a Sango, tú lo sabes. Yo puedo llevarte volando, puedo hacer un conjuro que aguante el tiempo suficiente como para atraparlos… aunque sería mucho más fácil si intento manipular a Kirara, dado que por lo que vi, no va a querer llevarnos con Sango.

– No vas a hacerle nada a Kirara – respondió cortante Miroku, observando a Hana con detenimiento –. Ella sólo sigue órdenes.

– ¿Seguro? ¿Y de quién? – Hana levantó una ceja, divertida. – No creo que Sango haya sido tan idiota como para entregarse a sus enemigos… ¿o sí? Lo más probable es que todo sea una trampa y Kirara está siendo manipulada por otra persona.

– Deja de hablar, ¿quieres? Sango decidió rendirse por alguna razón que desconozco, pero no me quedaré tranquilo hasta haberlo averiguado y tenerla de vuelta a mi lado. Kirara sigue sus órdenes, para mí eso es más que claro, conozco demasiado bien a las dos… y, aunque ahora no nos permita seguir a Sango, estoy seguro que luego será nuestra aliada más fiel en su búsqueda e incluso tal vez, la única que podría encontrarla.

Kirara ronroneó, apoyando a Miroku, mientras observaba con recelo a Hana. La hechicera se quedó de brazos cruzados, sin comprender el actuar de Miroku, pero confiando en que él sabría lo que hacía.

- O -

– Vaya, vaya… así que lograron traerla hasta acá – La fría voz de Náraku irrumpió en el cuarto al que acababan de llegar.

Había estado inconsciente todo el viaje, evitando de esa forma que supiese en dónde se encontraban; y hacía poco había comenzado a recuperar el sentido. El lugar en el que se encontraban era frío, oscuro y macabro, sus paredes despedían melancolía y sufrimiento mientras que el dolor parecía estar oculto en cada esquina de aquel pequeño cuarto.

– Señor, el plan resultó a la perfección… creo que ya no tendremos que preocuparnos por ese monje – Yushiko sonrió, satisfecho con la misión cumplida.

– De todos modos, me gustaría asegurarme de otra forma… estoy seguro que él no se dará por vencido – Náraku soltó una carcajada, mientras observaba el somnoliento rostro de Sango –. ¿No crees que podríamos divertirnos un poco, muchacha?

Sango lo miró con odio, sin poder hacer nada más, pues su cuerpo aún no recuperaba la movilidad por completo y estaba sin energías; por otra parte, habían sellado sus poderes para evitar que pudiese atacarlos y escapar, así que se encontraba completamente a merced de sus raptores.

– Señor… ¿entonces procederemos como habíamos planeado anteriormente? – Preguntó Refnig, sonriendo perversa.

– Así es… prepárenla.

– Bien, hechicera… ahora verás lo que realmente es bueno… – Refnig se acercó a ella, colocando su mano frente a su rostro y murmurando algo por lo bajo.

Sango comenzó a sentir un hormigueo recorrer todo su cuerpo, primero fue leve, luego comenzó a incrementarse hasta que dejó de sentir. Al poco rato, su cuerpo comenzó a moverse contra su voluntad, obedeciendo órdenes de alguien más.

– Así me gusta, obediente y sumisa… – Náraku soltó una fría carcajada, mientras la observaba con detenimiento. – Si sólo hubieses sido así desde el principio, nada de esto estaría pasando. Sin embargo, pronto terminará…

Yushiko y Bankotsu rieron junto con Náraku, mientras Refnig seguía manipulando a Sango.

– La diversión apenas a comenzado… – murmuró Refnig, sonriendo perversa.

- O -

"… Un par de semanas más tarde…"

Kirara sobrevolaba el área, buscando impaciente lo que había puesto sus sentidos en alerta. Se encontraba lejos del lugar en donde descansaban Miroku y Hana, pero aún así sus esencias podían sentirse con fuerza allí. Descendió con lentitud, observando con atención el paisaje, para no ser sorprendida por algún demonio o criatura que se aprovechara de su descuido. Llegó a la orilla de un río y pronto se percató que aquel era un lugar muy especial. Se echó junto al río, esperando con paciencia, pues sabía que pronto algo pasaría…

- O -

– ¿¡Kirara! ¡KIRARA! – Miroku gritaba, en busca de la felina que hacía bastante rato no veía. No había respuesta, parecía haber desaparecido.

Miroku comenzó a recorrer los alrededores, buscando la presencia de Kirara. No podía haberse ido muy lejos… ¿o sí? Era extraño que se hubiese alejado mientras ellos descansaban. De pronto sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Acaso le había pasado algo malo?

– ¿Miroku?

La voz de Hana lo sobresaltó, se volteó rápidamente, preparado para atacar… pero se encontró con una desconcertada muchacha, observándolo apoyada en un árbol cercano. Se relajó un poco, bajando la guardia. Extrañamente, con ella se sentía tranquilo, seguro…

– ¿Has visto a Kirara? – Preguntó Miroku, recordando que la minina no aparecía aún.

Hana negó lentamente con la cabeza, luego observó a su alrededor, como buscando entre los arbustos alguna señal de Kirara, pero sin encontrar nada.

– ¿No crees que… tal vez, manipulada por algún secuaz de Náraku, se haya marchado? – Preguntó, temerosa, la hechicera, mientras se pasaba las manos por el cabello, peinándose.

– ¿Qué quieres decir con eso? – Miroku la miró fijamente, molesto con la idea.

– Pues que… su comportamiento de aquel día no deja de parecerme sospechoso… – Hana eligió cuidadosamente las palabras, tratando de ser lo menos agresiva posible. – Quiero decir, aún me cuesta creer que haya permitido, así nada más, que esos demonios se llevaran tan fácilmente a Sango… ¿o no?

Miroku se pasó la mano por la barbilla y pensó unos segundos. Podía ser posible, pero estaba más que seguro que a Kirara no era tan simple manipularla.

Mientras pensaba en las probabilidades de que eso fuese cierto, un pequeño gruñido llamó su atención y vio a Kirara acercándose en su forma de tigresa, mirando amenazadoramente a Hana. Miroku se acercó lentamente a la felina, intentando descifrar las intenciones y pensamientos ocultos tras su mirada. Hana mantenía la vista fija en los fieros ojos de la mononoke, desafiándola a atacarla. Kirara rugió, enseñándole sus dientes y con el pelaje erizado. Miroku comprendió entonces que Kirara estaba a punto de atacar a la hechicera.

– Kirara, espera… ¿qué estás haciendo? – Preguntó el monje, intentando llamar la atención de la felina. – Hana no es nuestro enemigo, ella nos ha ayudado y acompañado todo este tiempo…

– O eso es lo que ella te ha hecho creer.

Una voz femenina, bastante suave y sutil, le respondió a Miroku, como si fuesen los pensamientos expuestos de Kirara. Hana y Miroku alzaron la vista, buscando de dónde provenía la voz. Kirara no bajó la guardia, rugiendo nuevamente para llamar su atención. Miroku y Hana intercambiaron miradas, confundidos.

– Miroku, tu misión es acompañar y cuidar a Sango… ¿no? – La voz nuevamente los interrumpió, alzándose esta vez más fuerte. – Al permitir que esta hechicera formara parte de sus vidas, dejaste de cumplir tu misión y descuidaste todo lo que debías cuidar… Kirara intentó advertírtelo cuando estaban escapando de esa cárcel, pero como obediente mononoke tuvo que seguir tus órdenes… y Sango también percibió que su compañía no era buena para ustedes… sin embargo, no confiaste en ella, sino que te dejaste engañar por la falsa sonrisa y seguridad de esta muchacha y dejaste sin opción a Sango…

De pronto, desde el cielo, descendió una muchacha de cabello castaño claro y ojos verde turquesa, observando fijamente a Miroku. Él le devolvió la mirada, extrañado de que ella supiese esos detalles que ni Sango sabía. Tal vez fuese porque…

– Tú… ¡¿Tú estás manipulando a Kirara? ¿Eres tú la que nos está tendiendo una trampa, no? – Miroku se puso en alerta, preparándose para atacar a la muchacha que acababa de aparecer frente a ellos. – Eres tú la que ha estado planeando y manipulando toda esta situación desde el principio, ¿o me equivoco?

La muchacha de ojos turquesa lo miró, sin reflejar sorpresa ni miedo en su mirada. Por el contrario, se veía muy serena y tranquila. Sonrió levemente, mostrando unos finos pero sobresalientes colmillos en su dentadura. En ese momento, para Miroku las cosas fueron aún más claras.

– Eres esa vampira que confundió a Sango…

– Yo no la confundí, por el contrario, la orienté para que pudiese reunirse nuevamente con ustedes – la vampira, sin alterarse ni un poco ante el casi seguro ataque de Miroku, le mantuvo la mirada unos pocos segundos antes de continuar –. Como debes saber, mi nombre es Erika, o simplemente Eri, y sí, efectivamente soy una vampira, pero de Lilium. He venido hasta acá respondiendo al pedido de ayuda de Kirara. La situación está bastante mal, al parecer, pero tú no vas a confiar en mí.

– ¡Claro que no! ¡Todo el mundo sabe que no se puede confiar en los vampiros! – Hana lanzó un conjuro bastante poderoso contra la vampira, quien lo esquivó ágilmente.

Hechicera, el asunto no es contigo – Eri hizo un leve gesto con su mano y Kirara se lanzó sobre Hana, inmovilizándola –. ¿Podemos hablar, Miroku?

– Deja a Hana en paz, ella no es una amenaza para nosotros – Miroku miró furioso a Kirara, dándole la orden con energía –. Y no tengo nada que tratar con seres oscuros como tú, no quiero que embriagues mi mente como lo hiciste con Sango.

– No quiero engañarte, de hecho es todo lo contrario: quiero aclararte las cosas… por favor, no tenemos mucho tiempo – Eri intentó calmar a Miroku, pero él no estaba dispuesto a dialogar.

– No me interesa lo que tengas que decir, no quiero escucharlo – Miroku, decidido, atacó a Eri con su báculo –. Simplemente deshaz tu hechizo de manipulación sobre Kirara y vete.

Eri esquivó con dificultad los ataques de Miroku, sin decidirse a defenderse. No era su intención pelear, pero él no le estaba dejando otra salida. Cuando ya no podía resistir más el ataque sin defenderse, algo ocurrió.

Es hora de actuar.

Una bola de fuego golpeó a Eri en la espalda, alejándola de Miroku. Eri alzó la mirada hasta el origen del ataque y sus ojos se abrieron por la sorpresa.

¡Aléjate de Miroku, maldita vampira, y déjanos en paz!

La figura de Sango apareció entre las sombras, con los puños encendidos en fuego. Eri murmuró un "Oh, no…", mientras Miroku observaba anonadado a la recién llegada.

– ¡Sango, escapaste! – Él mostró un gran alivio en su rostro, acercándose a la muchacha para asegurarse de que no fuese una ilusión.

Sango lo miró y le dedicó una sonrisa… por un momento, Miroku la sintió fría, pero luego pensó que había sido sólo su impresión. Kirara, sin embargo, no se decidía a acercarse y gruñía a la recién llegada, sin creer que fuese su dueña.

– ¿Están bien? – Sango observó a sus compañeros, preocupada por ellos. – Lamento haberme tardado tanto en escapar, pero… no fue muy fácil. ¡Kirara, deja a Hana! Ahora, si me permiten, quiero acabar con esta vampira antes de que escape, luego charlamos.

Dicho esto, sus manos volvieron a encenderse en fuego, atacando sin vacilación a Eri, quien apenas podía esquivar los ataques. Y por primera vez, Miroku pudo ver miedo en los ojos de la vampira y dudó. Nunca había visto a Sango tan decidida a acabar con su enemigo como ahora. Por un momento, compartió el miedo de Eri y estuvo a punto de intervenir.

La vampira en ningún momento atacó, sólo esquivaba con dificultad los ataques y buscaba escapar. Pero en un rápido movimiento por parte de Sango, Eri se vio acorralada al tropezar intentando alejarse de ella. Sango sonrió maliciosa, desenvainando su espada corta y apuntando directamente al pecho de su oponente. Eri pasó saliva, mirándola fijamente, buscando en sus ojos un poco de compasión.

Sin embargo, no la encontró. Y cuando se resignó a esperar lo que vendría, por un fragmento de segundo su atacante se detuvo. Sabiendo aprovechar ese pequeño momento, Eri escapó, desapareciendo en el bosque.

Miroku se acercó a Sango, dudoso. Furiosa, la muchacha enterró su espada con ira en el suelo, con los puños cerrados con fuerza y maldiciendo por lo bajo. El monje dudó antes de hablarle. Nunca la había escuchado maldecir ni molestarse de esa forma. Algo no estaba del todo bien.

– ¿Sango?

La Hechicera levantó la mirada hacia él, suavizándola lo más que pudo antes de desenterrar su espada y acercársele.

– Se escapó… pero no creo que vaya muy lejos – murmuró, envainando nuevamente su espada –. Tenías razón, debí haberte escuchado… ella era la malvada, nunca debí confiar en lo que me dijo…

Miroku la observaba, aún dudoso. ¿Y si ella no fuese Sango…? Pero la forma en que luchó, esa cantidad de habilidades sólo las había visto en ella. Además, tenía en su cuello el amuleto que él mismo le había dado. Quiso encontrar su mirada con la de ella, pero rápidamente ella se alejó, caminando hacia Kirara. La felina aún mantenía a Hana inmóvil en el suelo.

Sango se acercó a Kirara y puso su mano sobre la cabeza de la felina, acariciándola suavemente. Kirara parecía nerviosa con el contacto, y no dejaba de gruñir cada poco. Pero al cabo de unos segundos, quizá un minuto, se tranquilizó. Dejó libre a Hana y volvió a su forma de minina, acurrucándose en los brazos de Sango. Hana le dio las gracias a Sango y luego observó a Miroku, notando su desconfianza.

– ¿Qué sucede, Miroku? – Preguntó, acercándose a él.

– Ah… nada, sólo que… me cuesta creer que realmente hayamos caído en la trampa de esa vampira – murmuró en respuesta él, tratando de tranquilizarse.

– Bueno, supongo que nos servirá de lección – Sango se recostó junto a un árbol, sonriéndole tiernamente a Miroku –. Ahora, descansemos un poco… aún tenemos un largo camino por recorrer.

Miroku y Hana también se recostaron, tratando de recuperar las energías para seguir con esa travesía. Algo le decía al corazón del monje que realmente las necesitaría en el futuro.

- O -

No puedes culparme a mí de lo que pasó… yo no podía adivinar que ella lograría llegar a ellos.

Bueno, para la próxima tendremos que eliminarla definitivamente. Así nos evitaremos malos ratos como este.

Tienes razón… debemos actuar cuando antes. Si dejamos pasar otro día, será demasiado tarde para nuestros planes.

Tráeme lo que quiero, y dejaré que hagas lo que quieras con el monje.

Como usted ordene, mi amo…

Una fría carcajada resonó en la oscura habitación, mientras Refnig se preparaba a buscar su objetivo…


Bueno, hasta acá los dejó con este capítulo. Espero Reviews! Y si está un poco corto, trataré de compensarlo en el siguiente capítulo. Saludos y nuevamente, disculpen la espera!