La Llave
Capítulo VII
"Adiós, Eri…"
Ya habían transcurrido unos días desde que Sango había regresado. Todo parecía normal, sin embargo Kirara procuraba mantener cierta distancia de su dueña: sus instintos le decían que algo estaba mal con ella. Y no era la única que desconfiaba: Miroku sentía algo distinto en Sango, pero no sabía decir qué. Lo peor era que no podía dudar de ella ni alejarse, no tenían tiempo que perder, los demonios cada vez atacaban más seguido y Sango aseguraba que se debía a que se acercaban al lugar en el que se encontraba el cristal kibō, en donde podrían sellar nuevamente al ogi osore.
Era un día frío, una leve llovizna caía, y el grupo se había refugiado bajo unos frondosos árboles para descansar. La noche caía plena y la luz de la luna llena que se filtraba de vez en cuando a través de las nubes, dejaba vislumbrar cada tanto, una que otra criatura merodeando con curiosidad o buscando refugio del frío. Hana había partido en busca de hierbas y provisiones que hacían falta, por lo que nuevamente se encontraban solos. Kirara se encargaba de montar guardia cerca del campamento, mientras Miroku y Sango descansaban.
─ Qué tranquilo se siente todo… ─ murmuró Sango, sonriendo cansadamente. ─ Creo que no nos haría mal despejar un poco nuestras mentes y cuerpos.
─ ¿A qué te refieres? ─ Preguntó Miroku, observándola detenidamente, sin atreverse a descansar ni a confiar.
Sango se acercó a él, se recostó a su lado, apoyando suavemente su rostro en el hombro del monje, mientras con su mano derecha acariciaba tiernamente su cara y con la otra, dibujaba círculos en su pecho. Miroku no supo cómo reaccionar. Entreabrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por los labios de la Hechicera, quien unió sus rostros sellando un cálido beso. El monje quedó atónito: a pesar de que jamás negó que se había enamorado de ella y que quería pasar el resto de su vida juntos, nunca se habían besado. Por otro lado, presentía que algo estaba mal y que no debía hacer eso, que ella no era su Sango. La alejó, negando con la cabeza y poniéndose de pie, luego se encaminó lejos del campamento por el sendero.
"Algo está mal… muy mal…"
"Por más que intento luchar para recuperar el control de mi cuerpo, no puedo… y observo impotente, como nos alejamos de nuestra misión… Si tan sólo la vampira Eri apareciera nuevamente e intentara explicarle todo… estoy segura que ella conoce la verdad…"
"Hechicera… extrañas al monje, ¿no? Su cariño, su contacto… estar cerca de él, disfrutando su aroma, su compañía, sin nadie más molestando… te daré un poco de descanso y satisfacción, espero que disfruten el momento…"
"De pronto me pongo de pie y me acerco a Miroku. Tiempo que ansío sentir sus brazos rodeándome o sólo el calor de su cuerpo al brindarme apoyo… Sin embargo, para mi sorpresa, cariñosamente me recuesto a su lado y lo beso. Mi corazón se acelera, sus labios son cálidos y dulces… he deseado por tanto tiempo besarlos que por un momento olvido que no soy yo quien está controlando la situación y que esto debe ser un engaño más. Luego, siento la mano de Miroku en mi hombro, alejándome y lo observo mirándome con decepción y negando con la cabeza. Se aleja del lugar, dejándome sola… ¿Qué fue eso? Acaso…"
"¡Vaya! Pensé que habría un poco más de acción aquí, pero al parecer el monje no quiere nada contigo… ni siquiera si la iniciativa la tomas tú… raro, realmente, dada la reputación que tiene de mujeriego… ¿Será, acaso, que no siente ya lo mismo por ti? Si es que alguna vez sintió algo por ti… porque se me hace dudoso que quisiera estar contigo si busca mucha más diversión en otras muchachas… en fin, te dejaré sola con tus pensamientos un rato…"
"Esa voz… Refnig, es ella… ¿tendrá razón? Tengo miedo, no puedo explicarme que Miroku me haya rechazado… digo, él no es así. Quizá sea verdad, no soy lo que él quiere… quizá sólo debería resignarme ya…"
Miroku caminó hasta un claro, mientras las gotas de la llovizna caían suaves, como un rocío, sobre su rostro. Se sentó bajo un árbol, pensando. Sí, anhelaba besar esos labios y sentirla cerca, abrazarla y darle seguridad, pero… ¿Pero? No debiese haber "peros" en eso, si se le daba la oportunidad… pero esa no era Sango, o tal vez no era la situación en la que quisiera que pasaran las cosas…
Suspiró, alzando el rostro para sentir mejor la fresca llovizna en su rostro… y la sintió. Débil, como tratando de ocultarse, pero su esencia estaba ahí.
"La vampira Eri… ¿qué hace aquí? Si Sango la encuentra por aquí, de seguro esta vez no tendrá tanta suerte y la matará…"
─ ¿Mamoru-Sama es usted?
La delicada voz de la Vampira interrumpe los pensamientos de Miroku, confirmando sus sospechas.
─ Sí lo soy… ¿Eri? ─ Miroku la buscó con la mirada. ─ ¿Por qué te has arriesgado a acercarte a nosotros? Si Sango te encuentra…
─ Lo sé, me matará ─ la Vampira apareció frente a sus ojos, brillante ─. Pero debo arriesgarme, el futuro del mundo depende de ello.
─ ¿Tratarás de decirme lo que no pudiste aquel día? ─ Preguntó el monje, sonriendo amargamente. ─ Esta vez pondré atención, hay muchas cosas que no concuerdan en esto.
─ Muy bien… ─ Eri suspiró, luego miró alrededor y agregó: ─ Pero no aquí. Estamos demasiado cerca y demasiado expuestos.
Miroku simplemente asintió con la cabeza, siguiendo a Eri mientras ella caminaba alejándose del sendero, abriéndose paso a través de la frondosa vegetación. Llegaron a la orilla de un riachuelo, donde Eri los transportó a otro lugar, seguramente el río sagrado en el que ella vivía. La tranquilidad lo absorbió por un momento, en el cual se olvidó qué estaba haciendo ahí. La voz de Eri lo trajo de vuelta al presente, llamando su atención.
─ Como ha de suponer, este es el lugar sagrado que yo protejo. Es el único lugar seguro en estos momentos para mí. Ahora, Mamoru-sama, sé que sabe algunas cosas y que teme otras, y espero poder ayudarlo… la situación es mucho más complicada de lo que parece…
Miroku asiente con la cabeza, sin querer interrumpirla. Eri sumerge sus manos en el agua y las mece suavemente, mientras comienza a formarse una imagen en la superficie cristalina del río; ella comienza el relato, transportando a Miroku a las imágenes reflejadas en la superficie…
─ Todo comenzó con una idea, parecía un poco tonta e incluso predecible, pero para Náraku tenía todo lo que le gustaba: decepción, engaño, sufrimiento y… muerte. ¿La mente maestra tras todo esto? Nada menos que quien conoce mejor la esencia de Ihasmye: Refnig. La idea era confundir a la Hechicera Sango-san, y a usted también Mamoru-sama, para que dentro de sus corazones comenzara a reinar la duda y el miedo. Sin embargo, las cosas no han salido del todo perfectas paras Refnig, pues ha cometido errores que han hecho que tanto usted como Kirara sospechen la verdad. Ahora debe descubrir quién es el peligro, quién los está engañando… y se encuentra más cerca de lo que imagina… y puede ser que el engaño vaya más allá de lo que espera. No deben dudar más de sus corazones, de sus sentimientos, pues ellos son la clave para que puedan llegar a su destino y cumplir su misión como debe ser mientras Eri hablaba, en el agua iban mostrándose imágenes de sus vidas, de su camino juntos, incluso algunas de sus vidas pasadas, que demostraban la confianza que tenían el uno en el otro. De pronto, apareció la imagen de un castillo, la figura de Refnig que se reía maliciosa y la sombra de alguien que manipulaba con habilidad la esfera oscura de miedo y perdición, el ogi osore. En este punto, la voz de Eri se volvió sombría y profunda y prosiguió con su relato: ─. El plan ha salido bien, a pesar de sus dudas, pues incluso éstas alimentan ese mal que debe destruirse… sólo hay una salida y es volver a confiar, destruyendo la fuente de confusión que hay entre ustedes…
Un fuerte viento comenzó a rodearlos y, lentamente, la visión del lugar sagrado comenzó a desvanecerse. Eri abrió la boca, articulando unas últimas palabras, pero fue interrumpida bruscamente por una espada que atravesó su pecho con determinación.
Miroku quedó paralizado al ver el filo de la espada brillar con el resplandor de la luna que acababa de asomarse por entre medio de las nubes. Reconocía esa arma y temía que realmente fuera la espada de Sango; lamentablemente, mientras la Vampira caía lentamente de rodillas al suelo, tratando de mantener su existencia un poco más, vio la figura de Sango tras ella, con la espada en la mano y los ojos encendidos en ira.
Miroku intentó acercarse a ella para evitar que volviera a atacar, pero fue detenido por un gesto de Eri y una leve sonrisa.
Sango no dudó en abalanzarse nuevamente contra Eri, alzando su espada; sin embargo, en cuanto se acercó a la Vampira, ésta se puso de pie y la observó, con una cálida y tierna mirada y un extraño pero tranquilizador brillo en sus ojos.
─ Haz profanado un lugar sagrado con sangre y muerte ─ exclamó, y en su decidida voz no se percibía el daño que había recibido anteriormente ─. Haz contaminado mi lugar sagrado, y como su guardiana y protectora, debo castigarte y mantener su esencia sagrada ─ Eri extendió sus manos abiertas hacia Sango, cerró los ojos y volvió a hablar ─.Hechicera Sango, encarnación de Ihasmye la Llave, cuyo cuerpo se encuentra contaminado por una fuerte presencia maligna; yo, Erika, Vampira de Lilium, guardiana y protectora de este sitio, te purifico y mantengo este lugar sagrado en paz.
Una luz purificadora las cubrió y Miroku sintió la calidez de la paz recorrer su cuerpo…
"Hechicera Sango, este es mi último regalo. Espero que todo se pueda solucionar y que los consejos que les brindé ayuden a iluminar sus corazones, que ahora están cubiertos por una nube negra…" La voz de Eri resonó tranquila en la mente de Sango, mientras una sombras salía disparada desde su cuerpo.
El chillido de un águila rompió el silencio en el que se había sumido el bosque. Demasiado tranquilo, pero después de lo que había pasado era algo normal. Una flor violeta flotaba meciéndose suavemente sobre la superficie del agua del riachuelo, como recuerdo de la partida de la Vampira.
Miroku descansaba sentado junto a Sango, quien dormía profundamente. Cuando la sombra abandonó su cuerpo, Sango cayó de rodillas junto al cuerpo inerte de Eri, mientras sus lágrimas caían de su rostro, con desconsuelo. No había dicho palabra desde eso, hasta que sus fuerzas la abandonaron y cayó dormida. Miroku la había acogido en sus brazos, sosteniéndola con cariño y encaminándose al lugar en donde habían estado descansando anteriormente, para recostarla sobre sus mantas y permitirle descansar; después de todo, seguramente había estado en una lucha constante durante esos últimos días.
Al poco tiempo, apareció Hana entre los árboles, cargando un morral que se veía lleno de provisiones, y sus manos con plantas y hierbas de distintos tipos. Se acercó y le sonrió a Miroku, mientras se sentaba frente a él.
─ ¡Hola! ─ Saludó la hechicera, alegremente, esperando una respuesta similar, sin embargo no recibió ninguna. ─ ¿Pasa algo?
─ Sango estaba siendo manipulada por una energía maligna ─ respondió Miroku, suspirando cabizbajo ─. Ha sido expulsada de su cuerpo, pero con un gran costo… Eri ha muerto.
─ ¿La Vampira esa? ─ Hana abrió sus ojos de par en par, sorprendida. ─ Pero… ¿cómo, por qué?
─ Mientras me explicaba todo lo que sucedía, Sango nos encontró y acabó con ella ─ el monje alzó la mirada, observando detenidamente a Hana ─. Antes de morir, Eri logró purificar la esencia de Sango y expulsar la energía maligna que la manipulaba; pese a ello, nada pudimos hacer por Eri… me siento derrotado.
─ ¿Y… ─ Hana lo miró, un poco dubitativa ─ qué fue lo que te explicó la Vampira, específicamente?
Miroku la contempló detenidamente, como analizándola, y luego bajó la mirada, cerrando los ojos.
─ Básicamente, lo que ya te expliqué ─ miró de reojo a Sango y sonrío un poco apesadumbrado ─: que Sango estaba siendo manipulada por una energía maligna y que debíamos reencontrar nuestra confianza.
Hana entreabrió la boca, intentando decir algo, pero un suspiro profundo de Sango la interrumpió. Ambos observaron la figura de Sango cubierta por las mandas, esperando que despertara, pero la Hechicera siguió durmiendo. Hana sonrió y se acercó a Miroku con una tierna mirada.
─ Tranquilo ─ Hana acarició tiernamente la mejilla de Miroku, apartando su mirada de Sango y llevando los ojos del monje en dirección suya ─. Ya pasó. Es hora de que descanses de todo ese peso y alivianes tu alma.
Sin que tuviera tiempo para decir nada, Miroku se vio rodeado por los brazos de Hana y su cálido cuerpo, lo que provocó un extraño escalofrío que recorrió la espalda del ojiazul, pero a la vez lo sintió tan reconfortante, que se entregó al abrazo apoyando su cara en uno de los hombros de la muchacha.
A su lado, Sango escuchaba la escena, sumida en sus pensamientos, mientras apretaba su corazón.
"Si es feliz con ella…"
Lo sé, lo sé! Son años que no actualizaba, pero supieran las cosas que me han pasado... Ahora soy madre! Mi hijo tiene 1 año 8 meses, y además estoy por terminar mi carrera de Obstetricia... así que el tiempo me escasea. Ahora aproveché mis vacaciones para poder actualizar, sentí un leve llamado de responsabilidad y bueno... espero que les guste, fue con mucho cariño... y aunque es corto, prometo subir el siguiente chap en menos de un mes. Eso, agradezco reviews con opiniones, críticas y demases. Saludines!
