IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Todos los conceptos que utilizo en la historia son de mi plena invención, no tienen nada que ver con tradiciones de verdad. Los nombres de los lugares y algunos apellidos tienen significados en japonés, los que incluiré en paréntesis, para que los sepan.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.

La Llave

Capítulo VIII
"El beso traicionero"

Era un hermoso día soleado, raro en esa época del año. Sango tomaba un refrescante baño, tratando de alejar todas esas malas energías de su cuerpo y purificar por completa su esencia. A lo lejos, en la orilla del lago tras unas rocas, descansaba el resto del grupo, respetando su privacidad. Sango cerró los ojos, sumergiéndose en el agua.

"Nada será lo mismo de antes… ahora, mi única prioridad es completar nuestra misión."

Miroku se encontraba pensativo, mientras preparaba algo para comer. Desde aquel día, luego de despertar, Sango no había hablado mucho. Sabía que era ella, era su esencia, sin embargo algo había cambiado. No lo entendía, era como si la Hechicera tratara de guardar distancia de él. A pesar de sus profundos deseos de acercarse a ella y preguntarle qué le ocurría, estaba respetando su decisión de mantenerse alejada, quizá tenía algún motivo, o aún se encontraba demasiado cansada o abatida para acercarse.

Kirara maulló, llamando la atención del monje y señalándole hacia donde dormitaba Hana. Miroku ladeó la cabeza, sin comprender.

— ¿Qué sucede, Kirara? ¿Qué tratas de decirme esta vez?

La felina volvió a maullar, esta vez acompañando su gesto con un pequeño gruñido. Miroku se acercó a Hana y pudo observar un delgadísimo hilo que salía de su mano. Sin dudarlo, tomó su báculo y lo incrustó sobre el hilo, cortándolo.

Sango llegó a su lado y miró la dirección en la que provenía el hilo, mientras Hana abría los ojos, confundida.

— Nos estaban siguiendo — murmuró Sango, tomando la punta recién cortada del hilo y haciéndola desaparecer en un camino de fuego —. Debemos movernos, rápido.

Kirara se transformó en la tigresa, mientras Miroku apagaba el fuego y recogía sus cosas. Hana se acercó a la felina, pero ésta le rugió amenazante. Sango le hizo un gesto a Kirara para que dejara a Hana acercarse, y a regañadientes la felina obedeció. Miroku y Sango también montaron sobre el lomo de la tigresa y se alejaron del lugar volando.

— ¡Ya es demasiado tarde, los hemos encontrado!

Una ráfaga de viento los envolvió y feroces cuchillas en forma de medialuna los atacaron. Era Kagura, quien sobrevolaba cerca de ellos riendo.

— Esto es innecesario, sabes que jamás podrás derrotarnos… — Sango le lanzó una bola de fuego, que fue hábilmente esquivada por su oponente.

— No creas, joven Hechicera… tengo muchas cartas bajo la manga.

De pronto el cielo se oscureció, y una enorme nube negra apareció sobre ellos, dando paso a un ejército de demonios. Miroku iba a lanzar un conjuro para acabar con algunos, pero Sango se adelantó y gritó un hechizo, congelando a los demonios para luego desaparecerlos con un movimiento de su báculo.

Kagura se apresuró a aprovechar el último movimiento de la Hechicera y lanzó nuevamente sus cuchillas de viento, ante lo cual Sango no alcanzó a reaccionar, pero sí Hana, quién con un hábil movimiento de su mano, desvió las cuchillas.

— ¡Esto no se quedará así! — Kagura agitó su abanico y desapareció a lo lejos, dejando confundidos a sus oponentes.

— ¿Eso fue todo? — Murmuró Hana, observando el cielo. — Digo… no es que quisiera seguir peleando, pero… me pareció un poco precipitada su huida.

— Debe ser que no quiso arriesgarse más — respondió Miroku, pasándose la mano por la barbilla —. A decir verdad, Kagura no es muy fuerte.

Kirara comenzó a descender, cuando a lo lejos Sango divisó un castillo y le ordenó que se dirigiera a ese lugar.


— Creo que ya viene siendo hora de que comencemos a trabajar, pequeño amigo…

La risa fría de Náraku cortó el aire, mientras con sus manos hacía girar la pequeña esfera que era el ogi osore. Refnig se encontraba a su lado y sonrió perversamente, mientras formaba rayos en sus palmas y los hacía chocar contra la pared.

Entonces Kagura descendió del cielo y se acercó a ellos, mostrándoles una pequeña concha en sus manos.

— Logré arrebatarle el Samel sin que ni siquiera se percatara — exclamó, entregándoselo a Náraku.

— Excelente… ahora veamos el espectáculo.

Los tres soltaron una carcajada, esperando al grupo con impaciencia.


— ¡Sango! — La voz de Miroku resonó entre el ruido del aire a su alrededor. — ¡Nos estamos alejando de nuestro destino!

— Eso no es cierto — dijo Sango, decidida —. Debemos llevar el ogi osore al lugar secreto para poder sellarlo… no sacamos nada con llegar ahí con las manos vacías.

Kirara aterrizó suavemente en el suelo, y luego de que todos descendieran de su lomo, se elevó nuevamente para tener una perspectiva del lugar.

Sango sacó su espada y dibujó con ella un círculo en el aire, rompiendo la barrera que protegía el lugar. Inmediatamente, sintieron una energía maligna rodearlos mientras una poderosa presencia se acercaba a ellos. Hana colocó un campo de protección sobre ellos justo a tiempo para evitar el ataque directo de los rayos.

— Hasta que por fin han llegado a mi castillo — la voz inconfundible de Náraku les heló la sangre —. Me sorprende que haya sido tan rápido, pensé que nunca los volvería a ver.

— ¡Cierra la boca y ríndete de una vez! — Hana lanzó un hechizo pero éste fue rechazado con facilidad por Náraku.

— Pequeña hechicera, ¿no te has dado cuenta que no eres nada comparado con mi gran poder? — Náraku volvió a reír, mientras de su cuerpo comenzaban a aparecer numerosos tentáculos que emprendieron el ataque al grupo (N. A.: Este tipo de tentáculos es como cuando Náraku los atacaba en los primeros capítulos de InuYasha, esos que parecían raíces de árboles).

El grupo intentó defenderse, pero el ataque fue con tal fuerza, que quedaron dispersos y separados en el bosque. Naraku volvió a reír y exclamó:

— Ahora me divertiré con cada uno de ustedes.


Sango llamaba a gritos a Miroku y a Kirara, mientras cortaba con su espada los demonios que aparecían para atacarla. A lo lejos escuchó un rugido y luego vio a Kirara desgarrando a un oponente y dirigirse hacia ella, con un poco de piel de demonio colgando entre sus colmillos.

La Hechicera le acarició la cabeza y buscó con la mirada a su compañero, pero no logró divisarlo. No tuvo mucho tiempo para decidir donde más buscar, pues desde el límite del bosque, Náraku comenzó a atacarla acercándose a ella a paso firme.

— Eres una gran Hechicera, no cabe duda que eres la reencarnación de Ihasmye… — Náraku volvió a reír con malicia. — Resistes bastante bien mis ataques, pensé que sería más fácil acabar contigo.

Náraku sacó de entre sus ropas el ogi osore, y con una sonrisa pasó su mano sobre él.

— No me hagas reír… jamás serás capaz de acabar conmigo — Sango pasó la mano sobre su báculo mágico, con un brillo de determinación en los ojos —. Lemeris, auth consst at eke siha le nather! — Una vez dicho el hechizo (N. A.: el hechizo pide la ayuda de los elementos de la naturaleza), su báculo se transformó en un perfecto equilibrio entre los elementos de la naturaleza.

Náraku los miró sorprendido, pero no tuvo tiempo de decir nada pues la Hechicera comenzó a atacarlo con determinación. Entre explosiones, destellos y polvo siguieron peleando, bastante igualados, algo que sorprendió a Náraku, quien esperaba tener una ventaja notoria sobre la chica. Kirara, por mientras, se encargaba de que los demonios que llegaban a atacar no interrumpieran la batalla que se estaba librando.

Sango no quería dejarle tiempo de contraatacar a su oponente, pues temía que con eso le ganara ventaja y así, volver a fracasar. En un hábil movimiento de su báculo, coordinó su magia con su destreza física y acorraló a Náraku, quien usó humo y veneno para alejarla y luego la lanzó con uno de sus tentáculos hacia un árbol, acorralándola a ella.

A lo lejos, escucho la voz de Miroku y Hana, pero no pudo distinguir del todo que decían, sólo sabía que se estaban acercando…

"Bien, si estamos juntos podremos vencer a Náraku…"

Se puso de pie con dificultad y caminó hacia el lugar de donde provenían las voces, pero se detuvo al ver a Miroku frente a Hana, mirándola anonadado.

— Yo… — Miroku tomó las manos de Hana, como idiotizado. — Creo que me he enamorado de ti.

Sango no podía creer lo que estaba escuchando. Entonces, todo lo que había sospechado en un principio era verdad…

Aprovechando el descuido, Náraku la volvió a atacar, pero fue interrumpido por Kirara, quien lo embistió y lo dejó un poco aturdido. Sango, con los puños apretados y los ojos llenos de lágrimas, se dirigió hacia Náraku y le arrebató de las manos el ogi osore.

— Acabaré con esto de una buena vez, para poder descansar en paz — y dicho esto, lanzó un fuerte conjuro contra Náraku, quién lo esquivó difícilmente y escapó.

Sango cayó de rodillas, sintiéndose derrotada. Para ella, la vida había perdido sentido, sólo quería terminar la misión y luego descansar para siempre.


"… Mientras tanto, en otro lugar del bosque…"

Miroku cayó sobre un árbol, golpeándose fuertemente. Trató de incorporarse, con dificultad y creó un campo de protección para evitar el ataque de los demonios que acechaban constantemente. Pronto tuvo que poner más fuerzas para resistir el ataque de Refnig, quien lo encontró destruyendo una pequeña área del bosque.

— ¡Jajajaja! ¡Estúpido monje, esta vez sí acabaré contigo!

Los rayos caían a su alrededor, mientras Miroku intentaba repelerlos y esquivarlos con algo de dificultad. Al poco rato se dio cuenta que con sólo esquivarlos no terminaría nunca la batalla, por lo que comenzó a lanzar conjuros y pergaminos para poder debilitarla. Refnig intentaba esquivar los ataques, respondiendo con energía.

A lo lejos divisó a Kirara, y pensó en Sango. ¿Estaría ella bien? Sintió un horrible pesar en su pecho al darse cuenta que nuevamente estaba lejos de ella en un momento en el que se necesitaban…

Sus pensamientos nuevamente fueron interrumpidos por un rayo, que cayó a su lado peligrosamente.

— Eh, monje, no te distraigas, que tu pelea es conmigo — le dijo la demonio, con una sonrisa torcida.

De pronto una bola de energía chocó contra el cuerpo de Refnig, aturdiéndola un poco. Por un momento Miroku pensó que era Sango, pero al dispersarse el polvo que se había levantado, vio que Hana llegaba en su ayuda.

— Maldita demonio, te acabaré — exclamó la hechicera recién llegada, con furia en sus ojos.

Refnig masculló algo, molesta, y con un brusco movimiento de su espada una lluvia de rayos cayó sobre ellos. Hana creó un campo de protección para ambos, y cuando acabaron los rayos, Refnig había desaparecido.

Miroku movió su báculo, dispersando el polvo y humo que aún los rodeaba, y comenzó a mirar en todas direcciones.

— Debemos encontrar a Sango, ayudarla a derrotar a Naraku y marcharnos de aquí — dijo el monje, mientras intentaba detectar la esencia de la Hechicera.

— Miroku… — Hana se acercó a él, colocando una mano delicadamente sobre su hombro y llamando su atención. — Tú… te preocupas demasiado por ella. Estará bien.

— ¡Claro que no! Soy su Guardián, debo protegerla.

— Pero… — Hana se acercó más a él, le tomó dulcemente una mano y lo hizo detenerse. — Date un momento para ti. Hace tiempo que siento que te has impuesto una carga demasiado pesada y…

— Hana, no creo que este sea el momento…

— Shhh… — La muchacha colocó su dedo índice sobre sus labios y sonrió, un poco sonrojada. — No hables más. Yo… creo que me gustas.

Sin esperar respuesta, y aprovechando el asombro de Miroku, la hechicera se acercó a sus labios y los besó, primero sólo un contacto superficial, pero luego acercó el cuerpo del monje al suyo abrazándolo por el cuello y comenzando a profundizar el beso. Miroku se encontraba en una especie de trance, con los ojos abiertos mirando al vacío, pero al sentir como se profundizaba el contacto, se hechizó. Correspondió el beso, hasta que se separaron para tomar aire. Miroku la observó, embelesado, atontado, como idiota y luego, tomando sus dos manos y sin quitarle la vista de encima, dijo:

— Yo… Creo que me he enamorado de ti.

Un rugido de Kirara rompió el silencio y llamó la atención de ambos, que luego de una última mirada, se dirigieron al lugar en donde Sango había estado peleando con Náraku y en el que ahora sólo se encontraba ella, de rodillas en el suelo con los puños apretados sobre sus piernas. Miroku la miró un instante y fue como si por primera vez la viera tal como era: una muchacha cansada, abatida y llena de preocupaciones, seria y decidida a terminar con su misión. Se preguntó en qué momento la había visto como una muchacha tierna y dulces que necesitaba protección.

Mientras estos pensamientos atravesaban la mente del monje, Sango se puso de pie y con un gesto llamó a Kirara. Sin darse vuelta a mirarlos, alzó su mano y mostró el ogi osore.

— Vamos, tengo lo que necesitamos para terminar la misión de una buena vez.

Miroku y Hana cruzaron sus miradas y luego la siguieron. Así comenzaba la última etapa de su viaje.


— Qué divertido… increíblemente, el monje cayó en la trampa y Sango lo presenció — Náraku soltó una carcajada, mientras Kagura le servía un trago.

— Así es… con ese enorme dolor en su corazón y el miedo a quedarse sola, alimentará incluso mejor que nosotros la esencia maligna del ogi osore — Refnig sonrió con malicia, pasando su lengua por la espada.

— Sólo debemos esperar y aparecer en el momento adecuado para utilizar los poderes del ogi osore a nuestra voluntad…

Un brillo despiadado cruzó los ojos de Náraku, mientras la noche caía a su alrededor.


Bueno, nuevo capítulo antes de lo que pensé! Espero que les guste, fue con cariño ^^!

Muchas gracias a los que leyeron, pero en especial a fifiabbss por su motivador review! Muchas gracias, acá te dejo el siguiente chap, espero que te guste y se viene mejor el siguiente! (O eso espero xd)

Saludines y nos estamos leyendo pronto!