IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Todos los conceptos que utilizo en la historia son de mi plena invención, no tienen nada que ver con tradiciones de verdad. Los nombres de los lugares y algunos apellidos tienen significados en japonés, los que incluiré en paréntesis, para que los sepan.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


La Llave

Capítulo IX
"Una visita inesperada"

Se acercaban a un pequeño refugio ubicado a un costado del camino, en el que se suponía que vivía un anciano que lo cuidaba hacía años, dando acogida a viajeros que se internaban en lo profundo de aquella montaña.

— Estamos a mitad de camino — anunció Sango, deteniéndose frente a la cabaña.

El grupo se detuvo mientras Sango llamaba al cuidador para pedirle hospedaje para reponer fuerzas. Estaban cansados, pero no sólo físicamente sino que emocionalmente también.

El anciano los recibió feliz, pues hacía tiempo que no veía caras distintas a la de él. Los guio hasta un habitación y les sirvió algo de comer y beber.

— Disculpe, amable señor, ¿tendría una habitación para que pasáramos la noche? — Preguntó Hana, mientras bebía un poco de té.

— En realidad, preferiría que fuesen dos… — murmuró Miroku, mirándola un poco sonrojado. El anciano los observó, un poco confundido.

— Pensé que… la señorita Sango me dijo una… — dijo el anciano, mirándolos.

— Lo siento — Sango suspiró, aparentemente apesadumbrada —, no sabía que mis compañeros quisiesen una habitación para ellos solos… ¿tiene dos habitaciones?

El anciano negó con la cabeza, un poco contrariado.

— La cabaña es pequeña y sólo posee dos habitaciones, una es la que ocupo yo y la otra es la que le ofrecí a ustedes.

— Está bien, no se preocupe — Sango le sonrió amable, con un cálido brillo en sus ojos y en su sonrisa —. Nos arreglaremos, muchas gracias.

Miroku se quedó observando por un instante esa hermosa sonrisa y esos cautivadores ojos que hacía tiempo no veía brillar así. Hana se percató de ello y le tomó la mano, distrayendo su atención de la Hechicera, no quería que el hechizo fuese roto, al fin y al cabo quería mantener al monje a su lado. Sango no se dio cuenta de la mirada de Miroku, pero sí de cuando Hana tomó su mano y Miroku la miró idiotizado… y su mirada cambió nuevamente a su aspecto triste anterior.

Las cosas iban de mal en peor al parecer…


Miroku observaba a Hana mientras ella entrenaba con gracia tras la cabaña. Ni siquiera se había percatado que Sango no se encontraba con ellos, sonreía con la mirada fija, como sin saber por qué.

De pronto Hana se le acercó y lo abrazó, depositando un tierno beso en su mejilla. Miroku cerró los ojos, dejándose llevar. De pronto abrió los ojos y observó a Hana frente a él, contemplándolo seria.

— Miroku, ¿estás bien? — Preguntó la muchacha, un poco preocupada.

— Claro, a tu lado, ¿cómo no estarlo? — Respondió él, aún con su sonrisa.

— No… no me refiero a eso — dijo Hana, con un suspiro —. ¿Eres feliz?

Miroku ladeó la cabeza, como procesando la pregunta. ¿Feliz? Se sentía bien, sentía que Hana tenía todo lo que él necesitaba, la encontraba hermosa pero… ¿eso era ser feliz? No sabía cómo describir el sentimiento de felicidad, no sabía a qué se refería la joven.

— Yo… Quiero seguir contigo — murmuró Miroku como respuesta.

Hana se quedó observándolo y vio esa mirada perdida, sin brillo, sin lo que más le gustaba… movió la cabeza bruscamente, alejando esos pensamientos de su mente. Miroku ahora era suyo y nada debía interponerse en ello.

— ¿Sucede algo? — Preguntó el monje, mientras Hana se acercaba a él.

— Sí — Hana le tomó las manos y nuevamente lo besó, esta vez en los labios —. Quiero que hagas algo por mí…


El día pasaba, mientras Sango entrenaba con Kirara en el bosque. Al comenzar a caer la tarde, decidió darse un descanso y se sentó a la orilla del río, junto a su felina amiga, un poco abatida. Sólo quería despertar de ese mal sueño, pero estaba consciente de que ésa era su realidad ahora.

Miró su reflejo en la superficie del agua y deseó volver atrás, haber sido más fuerte y decidida y nunca haber permitido que esto llegara a los límites a los que había llegado… si las cosas fuesen como en su vida pasada, si sólo fuesen Miroku y ella…

/… Racconto…

Poco tiempo había pasado desde que viajaban juntos, pero se llevaban bastante bien, de eso se había dado cuenta. Suspiró, mirando el atardecer, con una sonrisa en su rostro; cerró los ojos para sentir la brisa que comenzaba a correr y sintió los pasos de él acercarse.

Sango, acá estás — dijo el muchacho, deteniéndose a su lado —. ¿Puedo hacerte compañía?

Claro, Miroku-sama — respondió Sango, con una sonrisa.

El monje se sentó, ella le señaló el horizonte donde el sol comenzaba a ponerse y alzó sus manos, como una niña queriendo alcanzar el cielo.

Me encantaría tener el poder suficiente para poder volar y alcanzar el atardecer — exclamó, moviendo suavemente sus manos en el aire.

Algún día podrás hacerlo, estoy seguro — dijo el monje, alzando las manos también —. Y me encantaría poder compartir ese momento contigo.

Tal vez tú también puedas — Sango sonrió, tomando una de las manos de Miroku.

No, yo… jamás tendría esa clase de poderes ni habilidades — respondió Miroku, bajando su mano. Luego observó a Sango sonriente y agregó: —. Me acabas de tutear.

Yo… lo siento, no me di cuenta — dijo Sango, sonrojándose y evitando su mirada.

No, está bien… prefiero que me trates de tú — Miroku tomó delicadamente la cara de Sango y la hizo mirarlo —. Al fin y al cabo, somos como familia, ¿no?

Sango asintió, luego volvió a sonreír y elevó nuevamente sus manos, con los ojos brillantes.

Si no puedes volar, yo te llevaré conmigo — Sango formó una figura en el aire con su magia de dos personas volando juntas —. No quisiera vivir ese momento sola.

Miroku sonrió feliz, observando la imagen de la pareja que volaba sobre ellos. Sango apoyó su cabeza en el hombro de él y le murmuró un "gracias", mientras el sol seguía ocultándose. Se sentía muy bien a su lado, tranquila y feliz.

Fin del Racconto…/

Sí, tranquila y feliz… ¿por qué ahora había tenido que ser diferente?

— Sango.

La voz de Miroku la sacó de sus recuerdos y pensamientos. Lo miró llegando a su lado y, por un instante, tuvo la esperanza de que todo pudiera volver a ser como antes.

— ¿Qué sucede? — Preguntó la Hechicera, mirando nuevamente hacia el atardecer.

— Necesito hablar contigo — respondió el monje —. ¿Puedo sentarme a tu lado?

Sango asintió con la cabeza y Miroku se sentó a su lado, no tan cerca como ella hubiera querido, o como estaba acostumbrada. Siguió mirando el cielo mientras esperaba que Miroku dijera lo que tuviese que decir.

— Yo he estado pensando mucho todo esto — comenzó Miroku, sin siquiera mirarla a ella —. Sé que en el pasado, en nuestras vidas pasadas, tuvimos algo muy especial y supongo que tú pensabas que eso podría seguir ahora…

— Está bien, no es necesario que sigas — dijo Sango, poniéndose de pie con el pecho apretado y lágrimas que querías escapar de sus ojos —. Creo que sé a lo que quieres llegar.

— Pero quiero terminar — Miroku la observó por un instante, Sango se quedó de pie, esperando —. Por favor, siéntate.

La muchacha obedeció, sin levantar la vista, y acariciando a Kirara.

— Bien, gracias… — Miroku volvió a fijar la mirada en el horizonte y prosiguió. — Quiero que sepas que, no sé cómo pasó, pero a pesar de que también tenía esos recuerdos y a veces anhelaba poder revivir esos momentos, yo simplemente… me desencanté. Y luego, cuando llegó Hana, todo comenzó a tener sentido para mí. Me fui enamorando sin darme cuenta, y ahora… bueno, quiero que sepas que aun así, sigues siendo alguien importante para mí y que… seguiré junto a ti hasta el final para cumplir nuestra misión.

— Hum, si tú lo dices… — Sango respondió lo más indiferente que pudo, se colocó de pie nuevamente, aguantando un poco más las lágrimas. — Si eso es todo, quiero seguir sola.

Miroku se alejó, sin siquiera mirar hacia atrás. Sango cayó de rodillas en el suelo, junto a Kirara y soltó las lágrimas que ya no podía aguantar. Si así eran realmente las cosas, nada más podía hacer. Simplemente, esperar que la misión finalizara y dejar que Miroku fuera feliz…


En un lugar no muy lejano…

— No creo que debamos confiarnos mucho… sospecho que sus sentimientos son más fuertes de lo que creemos.

— Su deseo de permanecer a su lado es más fuerte que nada, no querrá separarse… por lo menos no por ahora.

— Ya cállense los dos — la fría voz de Náraku terminó la conversación de Kagura y Refnig —. Si decide dejarlos, me encargaré personalmente de acabar con ella… de una u otra forma, seguirá contaminándose el ogi osore sin necesidad que intervengamos mucho.

Náraku soltó una carcajada, mientras Refnig y Kagura lo observaban, cómplices.

A su alrededor, cientos de demonios rodeaban sus dominios, preparándose para y saboreando la futura batalla.


Corría por el bosque siguiendo ese olor. Sabía que era del maldito que había asesinado a su familia, pero algo era distinto. Divisó la cabaña a lo lejos y se escabulló entre los árboles para poder observar mejor.

Hana trenzaba su cabello distraídamente, mientras tarareaba alguna melodía desconocida para él. Olfateó el aire, seguro de reconocer ese olor, pero era distinto… más débil, como una sombra. Y ella no era la asesina de su familia, pero sí tenía ese olor.

— ¡Prepárate para morir!

Su gruñido rompió el aire, mientras se abalanzaba sobre la muchacha que apenas se había percatado de su presencia. Con dificultad, esquivó el ataque quedando justo al lado de la enorme espada. Sin esperar un segundo, el chico levantó nuevamente su arma e hizo sonar sus nudillos al volver a blandirla.

— Esta vez no fallaré.

Y fue más certero, pero Hana respondió con fuerza, evitando el ataque. Comenzaron a luchar entre destellos de ataques, polvo y electricidad hasta que una barrera de energía los separó.

— ¡Kg! ¡¿Qué demonios…?!

— ¿Te encuentras bien? — Preguntó Miroku, llegando al lado de Hana.

— Sí, no te preocupes…

— ¿Quién eres y por qué atacas a Hana así? — Preguntó Miroku, enfrentando al chico que aún empuñaba su espada, furioso.

— ¡Kg! ¡Mi nombre es InuYasha y ella tiene el mismo olor que el odioso de Náraku, que mató a mi familia! — Respondió el muchacho, sin bajar su espada.

— ¿Náraku? — Miroku lo observó detenidamente y luego soltó una carcajada. — ¿No será que tú eres un secuaz de ese malnacido y vienes a confundirnos?

— ¡Kew, qué estupidez! — InuYasha enterró su espada en el suelo y se apoyó en ella, como aburrido. — Eso es lo más tonto que he escuchado. Además, ustedes son los que me confunden… ¿qué es ese aroma?

InuYasha comenzó a olfatear el aire, dirigiéndose hacia el bosque, y divisó a una muchacha acercándose con una felina a su lado. Sus orejas se movieron, como buscando algún sonido y enfundó su espada, bufando.

Sango se acercaba lentamente, pero al divisar al recién llegado, apresuró el paso, un poco extrañada. Le resultaba extrañamente familiar, pero no sabía de dónde. Llegó a su lado y los miró, con curiosidad.

— ¿Qué pasa? — Preguntó, mirando a sus compañeros de grupo y luego a InuYasha. — ¿Quién eres tú?

— Mi nombre es InuYasha — respondió el joven, mirándola fijamente —, y vengo siguiendo el apestoso olor a Náraku que despide esta tipa.

InuYasha señaló con la cabeza a Hana, mientras Sango lo observaba mejor.

— ¿Olor a Náraku? — Sango ladeó la cabeza, extrañada. — ¿Y tú persigues a Náraku?

— Sí, ese maldito asesinó a toda mi familia, así que acabaré con él y todos sus secuaces — respondió InuYasha, soltando otro bufido.

— Y dices que… Hana ¿tiene ese olor? — Volvió a preguntar la muchacha, observando a la hechicera con desconfianza.

— Sí, aunque no es olor puro a Náraku, es… como una simple esencia, aun así apesta a ese maldito — InuYasha miró a Hana, desafiante.

— ¿Y tú qué clase de criatura eres, que vienes a tratar de asesinarme? ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti? Me pareces demasiado sospechoso si nos estabas siguiendo — Hana alzó sus manos, dispuesta a atacarlo.

— ¡¿Qué tontería es esa de atacarme así?! — InuYasha volvió a desenfundar su espada, furioso. — Soy un hanyou, pero no tengo porque darte explicaciones a ti. Sólo quiero acabar con Náraku y ya.

— Tranquilos — Sango alzó sus manos y tanto el hechizo que había conjurado Hana como la espada transformada de InuYasha se desvanecieron —. No quiero más discusiones hasta aclarar esto.

— Tú… ¿desvaneciste la transformación de mi Tessaiga? — InuYasha estaba anonadado. — Sólo una persona podía hacerlo y… no puede ser…

InuYasha se acercó a Sango y se arrodilló frente a ella, con la cabeza gacha y pidiendo perdón, Sango no le dijo nada, simplemente le pidió que se pusiera de pie.

— Pero… usted debe ser la reencarnación de Ihasmye… Sango-san — murmuró el hanyou, un poco apenado —. Tiene toda mi lealtad, la ayudaré a cumplir su misión y la acompañaré hasta el final.

— Hey, espera… — Miroku se adelantó, con un leve sentimiento de celos cosquilleándole por dentro. — Yo soy su Guardián, yo debo acompañarla hasta el final y ayudarla…

— Few, lo estás haciendo muy bien defendiendo a una secuaz de Náraku — lo interrumpió InuYasha, mirándolo desafiante.

Sango aguantó la risa, nunca hubiese pensado que alguien le respondería así a Miroku, menos defendiéndola a ella y atacando a la "perfecta" Hana. Miroku quedó con la boca abierta, pero luego se molestó con la respuesta del hanyou.

— Hana no es ninguna secuaz de Náraku, tú no sabes nada — Miroku suspiró, luego se dirigió a Sango —. ¿Le vas a creer?

— Al parecer, tiene las cosas más claras que otras personas… — murmuró Sango, con una sonrisa en el rostro. — Además, ¿cómo explicas que ella posea el olor de Náraku?

— ¿Y le vas a creer así como así? — Miroku parecía confundido.

— Bueno, primero le pediré que me cuente su historia — Sango se volteó hacia InuYasha y le sonrió —. ¿Cuál es?

InuYasha titubeó un momento, al parecer pensando por dónde empezar. Luego, tragó saliva y tomó aire, para comenzar:

— Bien, como les dije, soy un hanyou: mitad humano, mitad monstruo. Mi padre, InuTaisho, era un legendario perro-demonio muy poderoso, que habitó la tierra por cerca de 1000 años. Él conoció en su juventud a Ihasmye, formando una extraña amistad. Ella le enseñó que no todos los humanos son malvados y así él pudo comprenderlos. Como homenaje a eso, hizo una espada con uno de sus colmillos, mi Tessaiga, y la única que podía anular los poderes de la espada era Ihasmye. El tiempo pasó, y mi padre sufrió la muerte de Ihasmye. Cuando le llegó el rumor de que había aparecido su reencarnación para sellar los corruptos poderes del ogi osore, quiso ayudarla pero sus habilidades no eran lo mismo de antes y Náraku selló sus poderes. Derrotado, mi padre sólo poseía su espada, pero no podía usarla con sus poderes sellados, por lo que decidió vivir como un simple humano. Se enamoró de una mujer humana, mi madre, y decidió entregar su vida por ella. Pese a todo el tiempo que había pasado, Náraku nos encontró hace un tiempo y envió a un ejército de demonios a acabar con nuestro hogar. Mis padres murieron sin poder defenderse. Sin embargo, mi padre alcanzó a entregarme a Tessaiga y me enseñó a usarla con el corazón. Ahora busco al maldito de Náraku para hacerlo pagar por sus crímenes, y sé que Sango-san está en su misión de sellar el ogi osore y así destruir a ese desgraciado. Por eso, si me lo permite, deseo acompañarla en su viaje, Sango-san.

— ¡Oh, lo recuerdo! — Sango golpeó uno de sus puños con la palma de su mano, haciendo memoria. — Por eso me parecías familiar. Hum… claro que puedes unirte a nuestro grupo.

— Gracias, pero… ¿esa chica es parte del grupo? — Preguntó InuYasha, mirando con desdén a Hana.

— Sí, ayudó a Miroku y a Kirara a escapar cuando Náraku los había secuestrado, desde ese momento que viaja con nosotros — respondió Sango, un poco cabizbaja —. Ah, y por favor tutéame, no me gusta que me traten de usted.

— Como diga…s — InuYasha agregó la "s" al ver la cara de Sango a punto de recordárselo. Ella sonrió y luego recordó algo.

— Bueno, yo descansaré aquí para que ustedes puedan ocupar la habitación — informó Sango.

— Yo te haré compañía y te cuidaré — murmuró InuYasha, comprendiendo que ella se refería a que Hana y Miroku estuviesen solos.

Miroku lo miró con resentimiento, pero Hana lo tomó del brazo para que volviera su atención a ella. El grupo se separó para dormir.


— Con que se encontraron con ese inepto de InuYasha — Náraku soltó una carcajada, aparentemente divertido —. Bien, esto se pondrá más interesante…

— Sólo esperemos que no arruine los planes que tenemos — dijo Refnig, observando la escena en la imagen que había formado Náraku frente a ellos.

— No te preocupes, sea cual sea el giro que dé esta historia, llenará de odio al ogi osore, y eso al final siempre será mejor para nosotros.

Náraku siguió riendo, mientras Kagura y Refnig observaban atentos la escena formada en el aire, con malévolas sonrisas en sus rostros.


La noche caía silenciosa, interrumpida sólo por el cantar de los grillos. Sango reposaba sobre el tronco de un árbol, mientras InuYasha alimentaba el fuego. Kirara dormía transformada en tigresa un poco más allá, resguardando el lugar. Al fuego, se cocían unos pescados frescos, cortesía de InuYasha y sus habilidades para pescar y cazar.

— Ehm… y bueno — InuYasha rompió el silencio que se había apoderado entre ellos dinterrumpiendo esde que la otra pareja se había ido a descansar —. ¿Qué se supone exactamente que hace esa tal Hana con ustedes?

— Como los salvó, Miroku insistió en que nos acompañara, y así fue dándose su amor — contestó la muchacha, haciendo una mueca —. Ahora es casi como si viajara sola… lo peor es que, si lo viera realmente feliz, también sería feliz yo, pero no es así… Miroku ya no es Miroku y eso no me gusta…

— Mmm comprendo — InuYasha sacó 2 pescados del fuego y le alcanzó uno a Sango —. Pero debe ser normal, digo Hana no se ve como una buena persona, y despide ese horrible aroma… yo no confiaría en ella.

— Sí, pero arriesgó su vida por ellos… tenía sentido permitirlo, ¿no?

— Supongo, ¿eso fue lo que te dijo tu corazón?

Sango se quedó pensativa un momento. No, su corazón le había dicho todo lo contrario, y lo mismo le había aconsejado Eri, pero no lo hizo. Todo por no llevarle la contra a Miroku.

— ¿Nunca has pensado que tal vez todo esto sea un plan de Náraku? — Preguntó InuYasha, interrumpiendo los pensamientos de la Hechicera.

— Pero… no lo sé, es una hechicera, puede haber sido capturada por Náraku y tal vez, por todo el tiempo que estuvo allá, adquirió su aromsa… — respondió no muy segura, Sango.

— No lo creo — InuYasha se devoró el pescado de un bocado y tomó otro —. Además, por lo que tengo entendido, los humanos necesitan de un intermediario para poder interactuar con las energías, incluso para poder canalizar y utilizar su propia energía; deben utilizar objetos mágicos que le permitan conectarse con estas energías, como báculos, bastones o varitas… y los seres sobrenaturales como demonios, pueden hacerlo con sus manos…

Sango se quedó observándolo pensativa. Nunca lo había pensado, pero era verdad. Los humanos no eran capaces de canalizar por sí solos las energías, por lo que necesitaban medios materiales para hacerlo. Incluso ella debía hacerlo a través de su báculo. Sólo muestras de magia muy simples y débiles podían realizarse sólo con las manos, y eso en humanos muy poderosos. Y Hana jamás había usado ningún tipo de instrumento. Eso cada vez era más sospechoso…


Un par de días más tarde…

El sol comenzaba a salir entre las montañas, iluminando el terreno boscoso en el que el grupo se encontraba descansando. Todo parecía en calma, demasiado en calma. De pronto, una bandada de aves voló lejos del bosque, rompiendo el silencio con sus graznidos.

InuYasha abrió sus ojos y comenzó a olfatear el ambiente con detenimiento; sintió algo extraño y despertó con cuidado a Sango.

— Sango, algo se acerca — murmuró el hanyou, una vez que tiene la atención de la Hechicera —. Algo poderoso.

Sango se colocó de pie, atenta y con sus sentidos alerta. Miroku y Hana despertaron por el movimiento, sin entender qué pasaba.

— Bueno, es de esperar que, mientras más nos acercamos a nuestro destino, más situaciones como esta deberemos enfrentar — murmuró sango, con una sonrisa torcida, encendiendo su báculo en llamas.

El grupo se mantuvo alerta, esperando…


Bien amigos, eso es todo por ahora... lo dejé en suspenso porque así me apuro más en continuarlo xd espero que estén bien y ojala haya más review esta vez! Saludines :D