IMPORTANTE: Los personajes (la mayiria xd) no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Todos los conceptos que utilizo en la historia son de mi plena invención, no tienen nada que ver con tradiciones de verdad. Los nombres de los lugares y algunos apellidos tienen significados en japonés, los que incluiré en paréntesis, para que los sepan.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


/InuYasha abrió sus ojos y comenzó a olfatear el ambiente con detenimiento; sintió algo extraño y despertó con cuidado a Sango.

— Sango, algo se acerca — murmuró el hanyou, una vez que tuvo la atención de la Hechicera —. Algo poderoso.

Sango se colocó de pie, atenta y con sus sentidos alerta. Miroku y Hana despertaron por el movimiento, sin entender qué pasaba.

— Bueno, es de esperar que, mientras más nos acercamos a nuestro destino, más situaciones como estadeberemos enfrentar — murmuró Sango, con una sonrisa torcida, encendiendo su báculo en llamas.

El grupo se mantuvo alerta, esperando…/

La Llave

Capítulo X

"Esperanza y miedo"

Algo se acercaba a paso veloz, con estruendosos golpes que destruían el bosque a su paso. Sango y los demás se encontraban alertas, esperando a lo que fuese que se aproximaba. InuYasha desenvainó su espada, un poco ansioso, no le gustaba esperar.

De pronto, con un gran estruendo se elevó una nube de polvo y una presencia maligna se posicionó sobre ellos. Sango creó un campo de energía para repeler el ataque de cientos de demonios que se abalanzaron sobre ellos, e InuYasha utilizó a Tessaiga para eliminarlos con un solo golpe. Hacían una gran pareja en el campo de batalla, era como si se complementaran.

Una carcajada atravesó el aire y una voz que parecía arrancada de otro mundo los enfrentó:

— ¡Jajajaja! ¡Sé qué es lo que los trae por estos confines olvidados del mundo, y no permitiré que lleguen a su destino! — Junto con sus palabras, una nueva horda de demonios los atacó, pero esta vez fueron destruidos por un hechizo de Sango. — ¡El mundo corrompido por el ogi osore me ha alimentado con almas impuras desde hace 500 años, no voy a dejar que lo sellen y purifiquen! ¡Morirán en este lugar y serán comida para mis súbditos!

Sango e InuYasha parecían hacerse cargo muy bien de la situación, eliminando demonios con facilidad entre los dos y apoyándose uno al otro. Sin embargo, la cantidad de demonios no parecía disminuir, sino por el contrario: cada vez aparecían más alrededor de ellos, y comenzaban a rodearlos y acorralarlos. Pronto se dieron cuenta que no podrían seguir con esa situación mucho tiempo.

— ¡Sango, los demonios que corto con mi Tessaiga, se regeneran casi de inmediato! — Gritó InuYasha al darse cuenta del hecho. — ¡Creo que debemos buscar otra forma de eliminarlos!

Sango asintió, pero luego se percató de que los que ella eliminaba con sus ataques mágicos también se estaban regenerando. Observó a Miroku y Hana pelear contra más criaturas, y les ocurría exactamente lo mismo.

En medio de sus pensamientos, de pronto un demonio se abalanzó sobre ella dispuesto a matarla. Ante el asombro y lo repentino de la situación, Sango sólo pudo alzar sus manos junto a su báculo y purificarlo, desapareciéndolo en un haz de luz. Sorprendida, volvió a hacer lo mismo con otro demonio, destruyéndolo.

— ¡Deben ser purificados! — Gritó la Hechicera, alzando su báculo. — ¡Hana, Miroku!

Ambos dirigieron su atención a Sango, como sin comprender. InuYasha llegó al lado de ella y bufó, cortando un par de demonios más.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Miroku, lanzando pergaminos a los que intentaban acercarse.

— Debemos purificarlos. InuYasha no puede, no posee esa clase de habilidad, pero ustedes sí.

Miroku asintió con la cabeza, pero Hana no; miró a uno de los demonios y alzando sus manos, lanzó un hechizo que lo partió en dos.

— ¡Déjame esta parte a mí! — Exclamó InuYasha, blandiendo su espada contra los demonios. — ¡Tú sólo encárgate de purificarlos!

Siguieron combatiendo un rato, hasta que Miroku se dio cuenta que eso no estaba funcionando.

— ¡Creo que sólo tú puedes purificarlos, Sango! — Dijo, intentando hacerlo con uno que lo atacaba. — ¡Mis pergaminos y rezos de purificación apenas les hacen cosquillas!

— Entonces debemos cambiar de estrategia — respondió Sango, mirando a InuYasha —. ¡InuYasha, utiliza tu técnica para debilitar a los demonios, así yo tengo tiempo para purificarlos!

— ¡De acuerdo, por fin se pondrá bueno! — InuYasha sonrió, blandiendo la espada. — ¡ACABARÉ CON TODOS USTEDES DE UN SOLO GOLPE! ¡KAZE NO KIZU!

El ataque derribó a la mitad del ejército que los atacaba, y Sango aprovechó el momento para purificarlos antes de que se regeneraran; con un destello de luz, cada uno de los demonios fue purificado y eliminado.InuYasha se preparó para acabar con los demás, alzando nuevamente su espada, pero fue interrumpido por el grito de Sango.

— ¡Has descubierto nuestra debilidad, así que no permitiré que acabes con nosotros! — Un enorme ogro de colmillos y garras afiladas y ojos rojos había capturado a Sango, tomándola por el cuello y arrebatándole su báculo. — Sin esto no podrás hacer mucho, ¿no?

— ¡Sango! — InuYasha se acercó a ellos, apuntando su espada al ogro. — ¡Hasta que por fin muestras tuhorrible cara! ¡Déjala en paz o juro que te arrepentirás!

— ¡Ja! ¡Si quieres, atácame con esa espada! — El ogro apretó más el puño que sostenía a Sango y pasó su lengua por la mejilla de la Hechicera. — Si me atacas, yo volveré a regenerarme, pero creo que esta deliciosa Hechicera no lo hará…

InuYasha y los demás observaban impotentes la escena, sin saber qué hacer. El ogro comenzó a reírse, con la mirada brillante y malévola.

— ¿Por qué no me atacas? — Murmuró, acercando a Sango a su cuerpo. — ¿Tienes miedo de lo que pueda pasarle a esta hermosa jovencita? ¡Son unos tontos! ¡Creyeron que podrían ganarme, pero ahora están ahí,mirando como idiotas sin saber qué hacer! No se preocupen… no mataré a la Hechicera… sé perfectamente quién es y tengo planes para ella…

— ¡Ya libérala! ¡¿Qué piensas hacerle?! — Preguntó enfadado InuYasha.

— Nuestra raza se debilita y cada vez vamos quedando menos… nuestros hijos nacen más débiles y muchos no son capaces de llegar a adultos… — el ogro sonrió, perverso. — Pero todo esto cambiara… Con mi energía demoniaca y los increíbles poderes mágicos de la Hechicera Sango, daremos vida a una nueva generación de ogros y demonios… ¡y nadie podrá impedirlo!

Soltando una carcajada, abrazó a la muchacha y besó su cuello, apretándola contra él con fuerza. Ella intentaba liberarse, pero tenía pocas fuerzas y sus esfuerzos eran en vano.

— ¡¿Qué pretendes hacerle?! ¡Ya déjala en paz! — Gritó InuYasha, pero sin atreverse a atacar.

— ¿No sabes que pretendo? — Preguntó divertido el ogro. — Pues te explicaré… ¡Quiero que engendre mis hijos, muchos hijos!

Y acto seguido, tomó con ímpetu el rostro de Sango y la besó a la fuerza en los labios. Atónitos frente a la escena, todos se quedaron sin palabras, sin saber qué hacer. De repente, un haz de luz atravesó por la espalda al ogro, provocándole un severo daño; soltó a Sango, quien cayó al suelo tosiendo por la falta de aire y pudo ver que detrás del ogro se encontraba Miroku, con una expresión furiosa. Había alcanzado el báculo de Sango y con él, atacó al ogro purificándolo.

— Pero tú… no es posible, sólo ella… — el ogro observó al monje, mientras su alma era purificada.

— Nunca debiste tocarla… — murmuró Miroku muy bajo, para que sólo el ogro lo escuchara. Un nuevo haz de luz salió desde el báculo y luego de que el ogro desapareciera, todos los demonios fueron purificados y se desvanecieron.

InuYasha corrió a ayudar a Sango, quien no entendía lo que estaba pasando. Hana se apresuró a acercarse al monje, temerosa de que su hechizo estuviese perdiendo efecto: en cuanto llegó a su lado, le tomó las manos y trató de quitarle el báculo de Sango, pero él lo sostuvo firmemente; observó a Hana y le sonrió, no con la misma expresión boba de antes, pero sí con cariño. Luego, le soltó las manos y se dirigió donde se encontraban Sango e InuYasha.

— Esto es tuyo — dijo, devolviéndole el báculo —. ¿Te encuentras bien?

Sango lo miró fijamente a los ojos y, por primera vez en muchos días, Miroku le sostuvo la mirada, y pudo ver en ella un atisbo de ese brillo que tanto le gustaba. Asintió con la cabeza y le dio las gracias con una sonrisa. Miroku se dio la media vuelta y volvió a acercarse a Hana, dejando a InuYasha y a Sango solos.Kirara se acercó a su dueña y frotó su cabeza en sus brazos, cariñosamente.

Se pusieron de pie y comenzaron a caminar rumbo al río para quitarse el hedor a demonios y limpiar y curar sus heridas. Había sido una dura batalla, pero al parecer algo bueno había resultado de ella…


Sango lavaba sus ropas a la orilla del río, con un vigilante InuYasha cuidando sus espaldas. Ya se había bañado ella y había aprovechado para purificarse, aunque aún se sentía sucia y contaminada por culpa de ese asqueroso beso. Miró de reojo a InuYasha, que vigilaba de lejos a Hana y Miroku.

— Oye — le murmuró, con una sonrisa.

— ¿Qué sucede? — Preguntó el hanyou, mirándola por encima de su hombro.

— Hoy me percaté de algo — Sango tendió sus ropas sobre el suelo y tomó su báculo —. ¿Recuerdas lo que me dijiste hace algunos días sobre Hana? Creo que tienes razón: no es una hechicera real.

Dicho esto, pasó su báculo sobre sus prendas y junto con secarlas, las purificó en un solo movimiento.

— ¿Por qué lo dices, específicamente? — Preguntó InuYasha, esta vez mirándola de frente.

— No purificó ningún demonio — respondió Sango, mientras doblaba su túnica —. Ni siquiera lo intentó. Una de las habilidades básicas y principales de una hechicera es la purificación, y ella nunca la ha demostrado. Ayer era su oportunidad, pero sólo utilizó ataques mágicos que bien podrían haber sido realizados por un demonio bien entrenado.

— Comprendo… — InuYasha asintió con la cabeza, con la mirada fija en Sango. — Si tú lo dices, supongo que tienes razón… lo que no logro comprender es lo que pasó con el Monje… ¿cómo pudo purificar así al ogro?

Sango se sentó junto a InuYasha y miró el cielo, pensativa. Había escuchado una vez que, en la desesperación, a veces las personas hacían cosas que difícilmente podían hacer en otras situaciones. Pero…

"La mirada de Miroku era de rabia, pero ¿por qué? ¿Porque el ogro me quería hacer su mujer? Si se supone que está enamorado de Hana…"

— ¿Sabes lo que creo? — InuYasha interrumpió sus pensamientos. — Creo que el monje está hechizado, pero sus verdaderos sentimientos siguen ahí, muy ocultos… y que aparecieron en la desesperación de perderte.

Sango se sonrojó levemente pensando en el atisbo de dulzura que vio en el repentino y fugaz brillo que los ojos de Miroku le regalaron por un instante. Apoyó su cabeza en el hombro de InuYasha y él la abrazó cálidamente. Se quedaron así esperando el atardecer…


Observaba el horizonte, desviando la mirada de vez en cuando hacia el par que se encontraba sentado descansando en la orilla del río. No era que le molestara la presencia del Hanyou en el grupo, de hecho reconocía que sus habilidades eran útiles, pero algo le molestaba con respecto a él. ¿Acaso sería el hecho de que era inseparable de Sango? No, eso era imposible, es decir…

— ¿Miroku?

La voz de Hana lo sacó por un momento de sus pensamientos. Se acercó a él y se apoyó en su pecho, él la abrazó y besó su cabeza.

"No Miroku, tú ahora estás enamorado de Hana, tienes algo con ella, y no puedes ponerte celoso de Sango, sólo son amigos y nada más… una vez que termine su misión, harás una feliz vida junto a la persona que amas…"

Miroku suspiró, sentía que algo estaba mal, pero no sabía qué. Además, aquella mañana con aquel ogro… ¿por qué no había podido soportar la idea de que Sango fuese la progenitora de esos demonios? Es decir, a todos les parecía algo inaceptable, pero él no quería que nadie más tocara a la muchacha y cuando ese ogro la besó… movió la cabeza, alejando esas imágenes de su mente. Ahora él estaba con Hana, y en esos momentos debía ser lo único que le importara…

Los labios de su "pareja" borraron toda duda momentánea de su cabeza y se dejó llevar por ese beso; Sango sólo era una muy buena amiga y nada más…


"En un lugar no muy lejano…"

— ¿Está seguro, señor, que esto no frustrará nuestros planes? — Refnig lanzaba rayos contra la pared.

— InuYasha está trayendo esperanzas a la Hechicera y al parecer, su comprensión de lo que pasa es mucho mayor… — murmuró Kagura, mientras jugaba con su abanico.

— Además, por lo visto en situaciones de extremo peligro, los sentimientos reales del monje parecen luchar por mostrarse y eso aumenta más las esperanzas de ella… — Refnig cerró sus puños, molesta.

— Lo que pasó hoy lo demostró — Kagura cerró su abanico con fuerza —. Si las cosas siguen así…

— Las cosas no seguirán así — la fría voz de Náraku los interrumpió —. Si es necesario, mataré a InuYasha y al monje para llenar el corazón de Sango de odio contra mí… eso sería lo mejor…

Una fría y malvada carcajada cortó el aire, mientras un haz de energía maligna se esparcía por los alrededores.


Miroku preparaba el fuego para cocinar la carne que acababa de traer InuYasha. Sango se encontraba recorriendo los alrededores con Kirara, y Hana había ido a tomar un baño. Ahora sólo estaban ellos.

— Oye.

La voz de InuYasha llamó la atención del monje, quien lo contempló con curiosidad.

— ¿Qué deseas, InuYasha?

— ¿Te molesta que los acompañe en su viaje? — Preguntó el Hanyou, poniendo la carne al fuego.

— No, tus habilidades son muy valiosas en combate, además son muy útiles tus agudos sentidos y tus técnicas de pesca y cacería. Eres un preciado compañero de viaje — contestó Miroku, objetivamente.

— Y además de lo práctico que soy, ¿te caigo mal o no te gusta que esté aquí? — InuYasha se sentó frente a él, para que se miraran.

— La verdad, me molestó la manera en la que nos conocimos — respondió Miroku, mirándolo —. No me gusta que creas que Hana es una amenaza, ella es mi… es nuestra compañera de hace tiempo y, hasta el momento, sólo nos ha sido de ayuda…

— ¿Qué ibas a decir? — InuYasha levantó una ceja, interesado. — ¿Qué Hana es tu qué?

Miroku se quedó pensativo, con las palabras en la boca. La quería, y en su interior y entre ellos dos, podía pensar que eran pareja, novios, pero no podía reconocerlo con alguien más. ¿ Por qué? No había razones para negarlo, es decir… la amaba, ¿no? Pero…

— Tengo miedo, estoy confundido — murmuró repentinamente, llamando la atención de InuYasha.

— ¿Qué sucede? — InuYasha ablandó un poco su mirada, después de todo no le caía mal el Monje, sentía una extraña conexión con él, como si fuesen viejos amigos. — No te preocupes, puedes confiar en mí. Ni Sango ni Hana se enterarán de lo que ha salido ni saldrá de tu boca.

Miroku examinó a InuYasha y sintió una repentina confianza, esa que sólo se da con una larga amistad. Sonrió, rindiéndose.

— Qué más da, tengo que hablarlo con alguien que no sea yo mismo — resopló, mirando alrededor para asegurarse que nadie se acercara —. La verdad es que al principio fui encariñándome con Hana, lentamente, hasta que de pronto un día sentí que era la mujer de mi vida. Luego de que me besó, todo cambió y en mis pensamientos sólo aparecía su figura… pero desde hace unos días, específicamente desde que llegaste, no sé… al ver a Sango con alguien más, comienzo a dudar… a veces incluso siento que realmente quiero estarcon ella… sin embargo, cuando estoy con Hana, todo eso cambia… temo estar equivocado, tomar una decisión incorrecta que dañe a alguien… la verdad, no sé qué hacer.

InuYasha abrió la boca para decir algo, pero un rayo lo interrumpió, pasándole por el lado y dañándole la mejilla. Ambos dirigieron la mirada hacia donde había salido el rayo y vieron a Refnig parada sobre la rama de un árbol, jugando con un rayo entre sus manos.

— Fue una linda plática, pero ya fue suficiente de sentimentalismo para mí — exclamó, soltando una carcajada —. Prepárense para morir. Me pregunto… ¿a quién de los dos mataré primero, al orejas de perro o al monje indeciso?

InuYasha desenvainó su espada, pero no alcanzó a atacar cuando fue sorprendido por una lluvia de rayos que le impidieron hacer algo. Miroku intentó paralizar a la demonio con un pergamino, pero ella fue más rápida y lo esquivó, luego apareció tras él y colocó su espada contra el cuello del monje.

— Hanyou, baja tu espada o juro que te baño en su sangre — ordenó Refnig, pasando su lengua por sus labios. InuYasha la observó, furioso, pero indeciso —. ¡HAZLO, AHORA O LO MATO! — Gritó, presionando más la espada contra la piel de Miroku.

— Está bien — InuYasha bajó su espada, dejándola en el suelo —. Déjalo en paz…

— ¡Tú no me das órdenes! — En un hábil y rápido movimiento, Refnig se abalanzó sobre InuYasha y le atravesó el pecho con su espada, cerca del corazón. — Deja de arruinar nuestros planes, maldito hanyou —murmuró, para luego electrocutarlo directamente.

InuYasha soltó un grito de dolor, cayendo inconsciente al suelo en un charco de sangre. Refnig soltó una carcajada y, levantando nuevamente su espada, se preparó para atacar al monje.

— Ahora es tu turno de morir — murmuró, cargando su espada con rayos.

Desde el bosque le llegó una bola de energía, que la lanzó contra un árbol. Refnig miró hacia el lugar y vio a Hana acercándose.

— ¡No te atrevas a tocarlo! — Dijo la hechicera, con los ojos llenos de furia. — La muerte del Hanyou debería bastarles…

— No te interpongas en las órdenes de Náraku — Refnig lanzó unos rayos contra Miroku, dejándolo inconsciente —. Tu hechizo no es lo suficientemente fuerte, el monje duda y eso pone en riesgo nuestros planes…

— Miroku duda por culpa de este Hanyou… si muere, todo saldrá como quiero — murmuró Hana, acercándose a InuYasha —. Me encargaré de que así sea.

Acto seguido, Hana colocó sus manos sobre el caído InuYasha y le lanzó un nuevo hechizo, que lo hirió más. Iba a lanzarle un nuevo ataque, cuando Kirara arremetió contra ella, impidiéndoselo. Refnig vislumbró la sombra de Sango dirigirse veloz hacia ella y, para evitar la pelea, desapareció en un destello de luz.

— No será la última vez que nos veamos, Hechicera Sango… — dijo, antes de desaparecer por completo, con una carcajada.

Sango no perdió tiempo y se acercó a InuYasha, arrodillándose a su lado para intentar sanar sus heridas. Sacó de entre sus cosas algunos amuletos y piedras y luego una pequeña rama, y murmuró hechizos de sanación, rogando que InuYasha despertara. El muchacho comenzó a quejarse de pronto, débilmente. Sango lo abrazó, agradecida, y luego lo ayudó a recostarse cerca del fuego.

Mientras Sango curaba y vendaba las heridas de InuYasha, Miroku recuperó el conocimiento y observó la escena, confundido. Kirara aún mantenía a Hana bajo sus garras, amenazante y furiosa.

— ¿Qué… — Miroku se tomó la cabeza entre las manos, tratando de recordar. — … qué sucedió? ¿InuYasha…? ¿Hana…?

— InuYasha está bien, por el momento — respondió Sango, mientras terminaba de fijar el último vendaje —. Tardará un tiempo en recuperarse, pero sobrevivirá.

Luego de dejar cómodo a InuYasha, Sango de dirigió hacia Hana con su báculo brillando y la encaró.

— ¡¿Se puede saber qué pretendías atacando así a InuYasha?! — Preguntó, poniendo su báculo bajo el mentón de Hana.

— Yo… no pude hacer nada, Refnig me obligó… — Hana comenzó a sudar, tenía miedo.

— ¡No digas estupideces! — Sango acercó más el báculo al cuello de la muchacha. — Dime la verdad o juro que acabo ahora mismo contigo.

— ¡Lo juro! — Gritó Hana, buscando la mirada de Miroku. — Me dijo que si no lo hacía, mataría a Miroku… por favor…

— Kirara — murmuró Sango, alejando su báculo de la muchacha. La felina la dejó ir, no sin antes soltarle un gruñido amenazador, y luego se transformó para posarse junto a InuYasha.

Miroku se acercó a Sango, aún un poco confundido por lo que acababa de pasar.

— ¿Sango? — Preguntó, inseguro. — ¿Puedes explicarme qué pasó?

— Cuando llegué alarmada por los gritos de ustedes, encontré a Hana lanzándole hechizos a un muy mal herido InuYasha — respondió la joven —. No puedo seguir confiando en ella, lo siento.

— Pero Sango… — Miroku dudó, no sabía qué decirle. — Tal vez dice la verdad, no podemos dejarla atrás, es decir, ella… yo…

— No te preocupes — respondió Sango, sonriéndole cariñosamente —. No te pediré que la dejes sola; además, alguien debe cuidar y acompañar a InuYasha hasta un lugar seguro para que descanse y se recupere — Sango tomó las manos de Miroku y lo miró a los ojos, con esa tierna y amable sonrisa —. Creo que aquí se separan nuestros caminos. Te deseo mucha suerte y muchas gracias por todo. Te quiero.

Miroku se quedó atónito, sin poder creer lo que escuchaba.


Buen, espero que les guste el cap, me demoré en subirlo porque estoy sin pc y en el iPad cuesta un poco avanzar y subir los archivos.

Artemisa neko-chan: muchas gracias por el review, espero te guste este cap, perdón la demora pero ya está! Pronto iré esclareciendo más las cosas entre Hana, Inu y Miroku... se pondrá interesante!

Saludines y nos leemos espero que pronto!