IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Todos los conceptos que utilizo en la historia son de mi plena invención, no tienen nada que ver con tradiciones de verdad. Los nombres de los lugares y algunos apellidos tienen significados en japonés, los que incluiré en paréntesis, para que los sepan.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


/— No te preocupes — respondió Sango, sonriéndole cariñosamente —. No te pediré que la dejes sola; además, alguien debe cuidar y acompañar a InuYasha hasta un lugar seguro para que descanse y se recupere — Sango tomó las manos de Miroku y lo miró a los ojos, con esa tierna y amable sonrisa —. Creo que aquí se separan nuestros caminos. Te deseo mucha suerte y muchas gracias por todo. Te quiero.

Miroku se quedó atónito, sin poder creer lo que escuchaba…/

La Llave

Capítulo XI
"Alma Despierta"

El sol comenzaba a salir detrás de las montañas, iluminando el pequeño claro en el que se encontraban. InuYasha descansaba junto a Kirara, bajo un frondoso árbol. Hana observaba la escena que se llevaba a cabo un poco más allá, esperando el momento propicio para intervenir.

— Sango, no… — Miroku la miraba a los ojos, sin saber qué decir. — No puedes seguir sola.

Sango seguía sonriéndole, negando con la cabeza. Abrió la boca para agregar algo, pero Hana se acercó interrumpiéndola.

— Miroku… — dijo, poniendo su mano en el hombro de él. — ¿Podemos hablar?

Miroku ni siquiera la miró, seguía viendo fijamente a Sango, como sin querer perder esos ojos.

— Ahora no, tengo… — Miroku suspiró, moviendo el hombro para que Hana sacara su mano de ahí. — Déjame terminar esta conversación con Sango. ¿Podemos… hablar en otro lugar?

Sango asintió con la cabeza y con Miroku se encaminaron hacia la orilla del río, lo suficientemente lejos para que nadie los interrumpiera ni escuchara. Miroku se sentó y le pidió a Sango que hiciera lo mismo, ella obedeció y se sentó a su lado, él se dio vuelta para que quedaran frente a frente y tomó aire.

— No te vayas — murmuró, mirándola a los ojos —. No me… no nos dejes. Sabes que debemos terminar nuestro viaje juntos…

— No Miroku — Sango le acarició tiernamente la mejilla, con su dulce sonrisa —. No puedo confiar en Hana, no después de todo… lo que pasó, y no puedo pedirte que la dejes, jamás podría pedirte que dejaras a tu novia atrás…

— No, Sango… — Miroku la interrumpió al escuchar la palabra "novia", pero no supo qué decir.

— ¿No, qué? Miroku, no te estoy pidiendo nada. Sólo quiero que seas feliz, y si lo eres con ella… para mí está bien — Sango volvió a sonreírle —. Ya no quiero arriesgar más sus vidas… mira lo que le pasó a InuYasha, lo que estuvo a punto de pasarte a ti… no, lo siento, no quiero seguir temiendo que mueran de un momento a otro por culpa de mi misión.

Miroku se quedó boquiabierto al escucharla y lo recordó…

/Ven, Kirara, debemos darnos prisa una muchacha de castaños cabellos y ojos marrones llama alegremente a una gatita, que la sigue obedientemente-. ¡Hey, Miroku-sama! Se supone que debe cuidarme, no se quede ahí y vamos.

El aludido sonríe, mientras sigue a la joven.

Sango-san murmura, llegando junto a ella.

¿Qué? pregunta la muchacha, mirándolo con ternura.

Tú sabes que yo no soy tan fuerte y hábil como tú, y aun así insistes en la idea que debo protegerte dice Miroku, caminando junto a ella . Tú puedes cuidarte muy bien sola.

Sí, pero no me gusta estar sola responde Sango, sonriente . Necesito un Guardián no para que me salve. Si no para que me acompañe, así no me sentiré sola y podré enfrentar mejor los obstáculos que se crucen en mi camino.

Eres muy sabia.

Sango sonríe, luego lo toma de la mano y apura el paso…/

Luego de recordarlo, Miroku se acercó a Sango y la abrazó, con cariño y cierta desesperación.

— ¡No! — Exclamó el monje, sin soltar el abrazo. — Debo acompañarte, mi misión es ésa, no dejarte sola… no permitir que tu corazón caiga en soledad y desesperación…

Y al decir estas palabras, lo comprendió. Por eso dudaba, temía no cumplir su misión. No era que no amase a Hana, sino que temía fallar nuevamente. Sango se separó de su abrazo y lo quedó mirando fijamente.

— En un principio sí, pero ahora eso sólo ha traído miedo e incertidumbre a mi corazón — la muchacha se puso de pie —. Esperaré a que InuYasha se encuentre mejor y me marcharé.

Sango dio por terminada la conversación, dirigiéndose hacia el lugar en donde reposaba el hanyou. Miroku suspiró, pensando en cómo convencerla de que se quedara un poco más con ellos.

Hana interrumpió sus pensamientos, sentándose a su lado y apoyando su cabeza en el brazo del monje.

— Miroku… — murmuró la muchacha, mirándolo con cariño. — ¿Qué es lo que ha pasado? Sango se veía muy seria… ¿está muy molesta por lo que pasó?

Miroku la observó unos segundos y, negando con la cabeza, suspiró.

— Dice que no puede confiar en ti — contestó, con pesar —, que después de lo que pasó y del daño que causaste en InuYasha, no puede seguir viajando a tu lado.

Hana entreabrió la boca, sorprendida. Si se separaban, definitivamente los planes cambiaban drásticamente.

— ¿Ella… quiere que no los acompañe más? — Preguntó, con temor.

— Ella quiere continuar su viaje sola — respondió Miroku, con angustia —. No va a pedirme que te deje atrás, sola… y tampoco va a exigirle a InuYasha que continúe así de herido. Y lo comprendo, todo esto es demasiado complicado y… a veces es mejor seguir solo.

Hana apretó débilmente el brazo de Miroku, como tratando de aferrarse a él. Miroku la observó nuevamente y, con una tierna sonrisa, le acarició el rostro.

— No estoy de acuerdo con que ella siga sola — prosiguió el monje, con decisión —. No debe ser así, yo soy su Guardián y tengo que acompañarla hasta el final. Tal vez lo mejor sea que sigamos los dos solos, por el bien de todos.

— No lo creo — Hana clavó su mirada fija en él, con determinación —. No voy a permitir que sigan solos, es demasiado peligroso y… no quiero dejarte solo.

La muchacha besó apasionadamente los labios del monje, borrando toda preocupación de su mente y reforzando el hechizo.

"No voy a permitir que nadie te aparte de mi lado… ni siquiera tú mismo."


Kirara maulló suavemente, acomodándose tras un bostezo al lado del malherido hanyou. InuYasha le acarició la cabeza débilmente, con una torcida sonrisa en el rostro mientras esperaba que Sango se acercara. Debía contarle qué había pasado, no podían seguir arriesgándose por culpa de Hana.

— ¿Cómo te encuentras, InuYasha? — Preguntó Sango, llegando a su lado.

— Mejor — InuYasha mostró sus heridas, que se encontraban notablemente más recuperadas —. Como soy un hanyou, mis heridas sanan mucho más rápido.

— Me alegra escuchar eso...

— Y mis sentidos son más agudos, como sabes — InuYasha la miró un poco molesto —, y no permitiré que viajes sola, es muy peligroso. Y Miroku tampoco te dejará sola. A la única que deberías apartar de su lado es a la pseudo hechicera esa.

Sango negó con la cabeza, arrodillándose a su lado y limpiando la herida.

— Si fuiste capaz de escuchar nuestra conversación, sabrás que no puedo pedirle a Miroku que deje atrás a Hana...

— Es que no lo entiendes — InuYasha la interrumpió, un poco fastidiado —. Está hechizado. Ella lo hizo, es una sirviente de Náraku, lo sé. La escuché hablando con Refnig.

Sango abrió los ojos de par en par al escuchar a InuYasha confirmar sus sospechas. Ella misma ya las había descartado, porque había vislumbrado al auténtico Miroku en la mirada que el monje le había dirigido durante sus últimas charlas. Pero si InuYasha las había escuchado, no iba a desconfiar de él, su corazón le decía que él no mentía, y esta vez le haría caso.

— ¿Sabes cómo romper el hechizo? — Sango ahora parecía decidida.

— La verdad, no sé mucho sobre hechizos, menos cómo romperlos — InuYasha se encogió de hombros —. Lo que sí sé es que Miroku duda al pensar que podría perderte.

Sango pensó un momento y lo comprendió: por eso su reacción con el ogro, con InuYasha y su inquietud al escuchar que ella quería seguir sola. Pero...

— ¿Cómo podré lograr que Miroku vuelva a ser él mismo...?

InuYasha bufó un "¡Few!" mientras Sango pensaba. Sólo había una persona que sabía más de hechizos que ella, y ese era Yoi. Debería contactarlo, pero ¿cómo? Él se encontraba lejos, esperándolos en el templo Himitsu. Suspiró, intentando despejar un poco su mente para encontrar una solución.


... Al día siguiente...

Kirara emprendió vuelo, mientras InuYasha y Sango la observaban alejarse. Miroku aún dormía, pero Hana comenzó a despertarse con el movimiento, abrió los ojos y observó detenidamente al grupo.

— ¿Y Kirara... dónde fue? — Preguntó, observando el cielo.

InuYasha y Sango la ignoraron. Desde el día anterior no habían cruzado ni miradas ni palabras con ella, evitando en lo posible entrar en discusiones que sólo perturbarían el descanso que estaban teniendo. Miroku trataba de entablar conversaciones entre todos, le incomodaba el ambiente, pero no logró nada más que respuestas cortantes de parte de sus amigos.

Sango se acercó a InuYasha y comenzó a cambiar sus vendajes, sorprendiéndose de lo rápido que sanaban sus heridas; el peli plateado soltó un respingo cuando la muchacha pasó una compresa humedecida sobre lo que quedaba del agujero que el día anterior atravesaba su pecho.

— Lo siento, Inu, pero es necesario que la limpie... De lo contrario, puede infectarse.

— Lo sé, sólo date prisa. Quiero caminar un poco — InuYasha fijó su mirada en el bosque, alertando a la muchacha. Algo percibía con sus sentidos que ella no era capaz de sentir con los suyos.

Luego de un par de bufidos y maldiciones por parte de InuYasha, Sango terminó su labor. El hanyou se encaminó al bosque mientras Miroku comenzaba a despertar: el sol apenas estaba apareciendo detrás de las montañas. Sango lo observó de reojo y le sonrió, pero frunció la frente cuando Hana abrazó por el cuello al monje, tomando su cara y besándolo; Miroku nuevamente parecía un bobo.

Luego de un suspiro, Sango decidió ir a meditar a una cascada que había por los alrededores, mientras Hana y Miroku desayunaban juntos algo preparado por la pseudo hechicera. Sólo esperaba que su minina regresara pronto.

— ¡Agh, estúpido monje! ¿Cómo se deja engatusar por ella? ¿Cómo dejó que lo hechizara? Había olvidado lo mujeriego y galán que era, como antes sólo éramos nosotros dos... ¿Por qué tuve que enamorarme de alguien como él? Sólo sé que pasó y que ya no puedo dar vuelta atrás...

— ¿No te gustaría olvidar los sentimientos que tienes por él? Así podrías cumplir tu misión sin dificultades por culpa de su mal hábito...

La Hechicera dio un pequeño salto al escuchar la voz, no se había percatado de ninguna presencia, pero alguien había ahí. La voz era monótona y vacía, parecía no haber sentimientos en ella.

— Yo podría ayudarte — Sango intentó descubrir de dónde provenía la voz, mientras seguía hablando —. Ayudarte a no sentir nada por él, y así cumplir tu objetivo…

Una pequeña niña de blanca cabellera, ojos claros y pálida piel apareció frente a ella, con un espejo en las manos y sin ninguna expresión en su rostro. La castaña quedó atrapada en el reflejo del espejo, observándolo atentamente...


Caminaba agazapado por el bosque, buscando el origen de ese aroma que tanto detestaba. Estaba preocupado, no sabía exactamente desde cuando ese molesto aroma los acechaba, como se confundía con el de la pseudo hechicera, era difícil determinarlo. Olisqueó el aire, encontrando el lugar de donde provenía y sigilosamente se acercó, ocultándose para poder observar sin ser descubierto.

Una niña se alejó corriendo por el sendero y luego divisó a lo lejos a Kagura emprender el vuelo en su pluma, con la pequeña a su lado. Soltó un bufido, dispuesto a regresar al campamento, cuando vio a la Hechicera acercarse. Se quedó estático al sentir - o mejor dicho, no sentir - la presencia, extrañado.

— InuYasha, ahí estás... Te estaba buscando.

— Few, te dije que quería caminar un poco.

Sango se acercó a él y le sonrió, de una manera extraña, vacía.

— He tomado una decisión. No dejaré que mi corazón se perturbe más por los engaños del monje. De ahora en adelante, buscaré un amor verdadero.

InuYasha no comprendió del todo, pero no alcanzó a procesar cuando sintió que ella lo abrazaba.

— E-espera Sa-Sango, ¿qué haces? — Tartamudeó, un poco sonrojado y tratando de alejarla.

— Está bien, InuYasha... Sólo dejémonos llevar...

El hanyou no podía creer lo que estaba sucediendo, Sango no sería capaz de hacer algo así, a menos que...

— No eres tú — murmuró, agarrándola por los brazos y alejándola de sí —. Algo te hizo esa niña...

— ¿De qué estás hablando? Nadie me ha hecho nada, sólo... Quiero dejar de sufrir — contestó Sango, mientras su semblante se ensombrecía.

— No digas estupideces y volvamos al campamento — InuYasha comenzó a caminar, con Sango pisándole los talones —. Sea lo que sea que te hayan hecho, lo único que sé es que no serás feliz conmigo, menos tratando de olvidar al monje así. Lo mejor será que recapacites y te des cuenta de lo que realmente quieres.

Sango se quedó inmóvil, con la mirada gacha y sin expresión. InuYasha la observaba, esperando alguna reacción, algún gesto o cualquier cosa. Al cabo de unos segundos, ella levantó la mirada y siguió caminando, sin mirar al hanyou,

"Definitivamente, algo te está pasando..."


Sobrevolaban en dirección a su refugio, con la fría brisa rozándoles la piel. Kagura observaba de reojo a su misteriosa acompañante, interesada en lo que ella llevaba entre sus manos. De pronto, una débil energía comenzó a salir del espejo que firmemente sostenía la pequeña niña.

— Kana, ¿qué es eso?

— Es el alma de Sango… — respondió la albina niña, sin emoción. — Intenta volver a su cuerpo.

— Pero eso es imposible, Náraku dijo que… — Kagura parecía asustada, preocupada por lo que pudiera pasar.

— Náraku dijo que sus confusos sentimientos permitirían que su alma fuera capturada — Kana pasó su mano sobre la superficie del espejo y mostró la imagen de una molesta Sango —. Sin embargo, su alma es más fuerte de lo que mi espejo es capaz de soportar. Si no llegamos pronto al castillo, temo que no podré contenerla.

Kagura apresuró el vuelo de su pluma, temiendo las represalias de Náraku y de la misma Sango, si llegaba a recuperar su alma.


Se apresuró, aprovechando que su compañero había decidido darse un baño. Caminó veloz entre los frondosos árboles, hasta que encontró un claro lo bastante alejado para que no la escucharan. Miró hacia el cielo, alzando sus manos y moviéndolas en círculos; el cielo se cubrió de oscuras nubes grises, liberando rayos que alcanzaban la tierra cercana a ella.

Un rayo se estrelló justo frente a su persona, levantando polvo y escombros.

— ¿Estás segura que nadie te seguirá? El hanyou ya sabe demasiado, y temo que le haya comentado algo a la Hechicera…

La fría voz de Refnig rompió el aire, escuchándose sobre el ruido de los escombros.

— Segura… no debes preocuparte por eso. ¿Qué ha pasado que es tan urgente que nos reunamos?

Refnig sonrió malévolamente.

— Hana, estamos trabajando en algo grande e importante… y debes cumplir un rol valioso para que todo resulte como ha sido planeado por nuestro señor Náraku. Y lo que debes hacer será simplemente lo que te encanta: mantén alejado al monje de la Hechicera. Necesitamos que su corazón no titubee para que el alma de Sango no regrese…

— ¿Alma? — Hana ladeó la cabeza, confundida. — ¿Es posible que hayan capturado su alma?

— ¡No cuestiones lo que te digo! — Un rayo cayó cerca de Hana, mostrando el enojo de Refnig. — ¡Sólo debes obedecer! Recuerda tu papel en todo esto…

Hana asintió, agachando la cabeza. Después de todo, era un simple medio para mantener alejado al monje, ni siquiera le importaba a su amo…

— Como ordene mi señor Náraku…

— Bien, ahora ya sabes: si algo llega a salir mal, deberás acabar con la vida de ese monje — Refnig soltó una carcajada y desapareció con el resplandor de un rayo.

Hana suspiró, deseando que todo saliera como su amo lo estaba planeando.

"Yo no sería capaz de hacer algo así…"


Sumergió una última vez su cabeza en el agua, sacándola con la mirada hacia el cielo, sintiendo la brisa. Sus profundos ojos azules reflejaron el despejado cielo que se cernía sobre él, y a lo lejos divisó un grupo de nubes negras, lo que llamó su atención, era extraño ver algo así con ese clima.

Salió del agua, se vistió sus hábitos y comenzó a emprender el camino hacia ese grupo de nubes. Le pareció extraño no sentir la presencia de ninguno de sus amigos cerca. Frunció el ceño al percatarse de que, a pesar de la ausencia de sus amigos, percibía a alguien, demasiado conocido para su gusto. Se mantuvo alerta, mientras se acercaba a ese claro que era más lejano de lo que había pensado. Silenciosamente, se acercó ocultándose tras los arbustos, rogando no ser descubierto, mientras veía cada vez mejor el claro.

Quedó paralizado al ver la escena. Por una milésima de segundo estuvo a punto de intervenir, pero luego un chispazo de razón lo hizo recapacitar.

"Será mejor que escuches y que jamás sepan que las viste…"

Se acercó lo suficiente para lograr escuchar, manteniéndose oculto entre el follaje del bosque.

— ¡No cuestiones lo que te digo! — Un rayo cayó cerca de Hana, mostrando el enojo de Refnig. — ¡Sólo debes obedecer! Recuerda tu papel en todo esto…

Vio cómo su Hana asentía con la cabeza gacha, al parecer un poco decepcionada.

— Como ordene mi señor Náraku...

— Bien, ahora ya sabes: si algo llega a salir mal, deberás acabar con la vida de ese monje — Refnig soltó una carcajada, para luego desaparecer con un rayo.

Miroku se quedó paralizado, observando detenidamente a Hana y comenzando a comprender…

"¡Fui un tonto! Todo este tiempo, Sango ha tenido razón. Es hora de enmendar mi error…"

Sintió cómo Hana comenzaba a acercarse al bosque, y decidió hacer su aparición, prefería que ella no sospechara que la estaba espiando.

— ¡Hana! Te estaba buscando, no estabas en el campamento y me comencé a preocupar... — Miroku se aproximó a ella, caminando calmadamente.

— ¡Mi-Miroku! — Hana se sorprendió, un poco temerosa. — ¿Hace cuánto que estás aquí?

— Acabo de llegar... ¿Sucede algo? Te ves nerviosa... — Miroku la observó, esperando que ella se acercara.

— N-no, lo siento — Hana negó con la cabeza, llegando a su lado —. Es sólo que me sorprendiste.

Ambos se encaminaron hacia el campamento. Las cosas estaban por cambiar...


¡Por fin! Lo siento, con los turnos y mi hijo, me queda poco tiempo para escribir... además, estaba sin pc y es realmente complicado escribir desde el iPad...

De todas formas, acá está, y como he prometido, no abandonaré la historia! Y ahora se pondrá aún mejor :3

Como siempre, gracias a Artemisa Neko-chan por sus reviews y a todos los que leen, espero más reviews esta vez, ya? ^^U

Nos estamos leyendo, espero sus comentarios, críticas, reflexiones, sugerencias (?).

Mata-ne!