IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U pertenecen a mangaka Rumiko Takahashi. Este fic ha sido escrito como hobbie sin fines de lucro, con el simple fin de entretener a quienes lo lean ;)

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Todos los conceptos que utilizo en la historia son de mi plena invención, no tienen nada que ver con tradiciones de verdad. Los nombres de los lugares y algunos apellidos tienen significados en japonés, los que incluiré en paréntesis, para que los sepan.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.

La Llave
Capítulo XIII

"En el Templo Guren"

Llegaron mucho antes para observar desde lo alto el avance del grupo. Protegidos por un oscuro campo de energía, pasaban desapercibidos. Náraku, con su semblante frío y calculador, simplemente esperaba la llegada de sus adversarios; Kagura se cubría la mitad del rostro con su abanico, suspirando resignada de vez en cuando: le fastidiaba la idea de ir sólo a observar; Refnig estaba apoyada en su espada, mirando con detenimiento al grupo.

En un lugar alejado, casi como si no estuviese allí, se encontraba la albina Kana, con el espejo firme entre sus manos y, extrañamente, su semblante reflejaba molestia. Le había explicado a su señor Náraku que ella debía mantenerse lejos del cuerpo de la Hechicera, pues el alma cautiva en su artefacto intentaría regresar, como ya lo hacía con frecuencia; incluso le dijo que si iban a darle razones para despertar, ella ni siquiera debería acompañarlos. Náraku simplemente rió con ganas y le dijo que se preocupaba demasiado, a fin de cuentas la quería cerca para destruir el alma de Sango frente a los ojos de los demás. Por lo que la niña se encontraba esperando, segura de que se acercaba su fin.

— ¡Hey, Kana! — Kagura la sacó de sus vagos pensamientos. — ¿Aún te preocupa el alma de la Hechicera?

La albina simplemente asintió, no era de mucho hablar y menos después de que su larga explicación, había resultado en nada para su señor. Kagura resopló, fastidiada con el poco diálogo de su compañera.

— Deberías ser más comunicativa, ¿sabes? — Le dijo, con sarcasmo. — Así te tomarían más en cuenta.

— Deja de parlotear, Kagura — la fría voz de su señor la silenció —. Se acercan, debemos estar preparados…

La aludida resopló, moviendo su abanico para alejar un poco las nubes que estaban acercándose cargadas de agua, amenazando con mojarlos.

— Estaremos listos, señor, para terminar con esto de una buena vez — y dicho esto, Refnig desenterró su espada del suelo y la envainó, mirando el sendero con una sonrisa torcida.


Las nubes iban y venían, como si fuesen repelidas por algo cerca de la montaña. Los viajeros caminaban acercándose a paso rápido al Templo, con una impaciente Hana liderando el grupo. InuYasha refunfuñaba, seguro de que el apremio de la pseudo hechicera se debía a algún malvado plan; sin embargo, Yoi apoyaba la idea pues decía que era urgente terminar el viaje pronto, y que el Templo Guren era un lugar sagrado clave para la misión.

Por su parte, Sango se había mantenido en silencio y un poco ensimismada desde que emprendieron nuevamente el viaje, cosa que alertaba a Miroku. Aunque poco podía hacer, Hana se pegaba a él como lapa para mantenerlo a su lado, lejos de la castaña.

Llegaron a la entrada del Templo, que se encontraba en lo profundo de una cueva en la montaña, y sintieron de inmediato la energía maligna que estaba rodeando el lugar. InuYasha desenvainó a Colmillo de Acero; Miroku alistó pergaminos y su báculo para la pelea; Hana observaba atenta cualquier movimiento; Yoi sacó un rosario junto con unos pergaminos, con una extraña mirada desconfiada en el rostro; Kirara se transformó en la tigresa, quedando junto a Sango, quien parecía no inmutarse con las energías que cada vez se sentían más fuertes.

La Hechicera tomó su báculo con determinación y camino hasta la cueva, revelando el capo protector que la cubría; con destreza, movió su arma de forma circular y rompió la barrera, sólo para dejar a la vista a sus enemigos.

— ¡Por fin llegan! — Exclamó Náraku, alertando a todos de su presencia. — Los estábamos esperando.

— ¡Maldito! — InuYasha lo miró con odio, pero no se decidió a atacar, algo tramaban — ¡Vamos a acabar contigo!

— ¿Ah, sí? — Náraku rió divertido. — ¿Y cómo? ¿Con esa estúpida espada que tienes como arma? ¿O con sus amuletos mágicos? Tal vez nadie se los mencionó, pero en este lugar, los poderes espirituales y demoniacos se sellan. Son muy pocos los seres que pueden liberar sus esencias aquí…

Las carcajadas del grupo de Náraku no se hicieron esperar, al parecer todos confiados de que ya tenían ganada la batalla. InuYasha y Miroku apretaron los dientes, impotentes ante tal revelación, mientras tanto Yoi levantó el rosario y lo acercó a Sango, quien parecía estar en trance desde que destruyó la barrera.

— Pequeña, sólo tú puedes terminar con esto — le murmuró, poniendo el rosario en sus manos. La muchacha dio un salto, reaccionando repentinamente y observando la situación confundida.

— ¿Yoi? ¿Dónde estamos…? — Se encontraba confundida y Náraku aprovechó la situación para abalanzarse sobre ella, antes de que recobrara por completo su alma, lanzando con un movimiento a Yoi lejos de ellos.

— No permitiré que arruines mis planes — murmuró, tomando por el cuello a Sango y levantándola del suelo —. Acabaré contigo como siempre lo he hecho, pero primero dejaré que veas cómo mueren tus amigos.

Acto seguido, Refnig y Kagura comenzaron a atacar a InuYasha y a Miroku, mientras Hana inmovilizaba a Yoi y a Kirara para que no intervinieran. Los demonios llevaban la ventaja al tener poderes, mientras sus adversarios debían defenderse a duras penas sólo con sus habilidades físicas. Parecía que la batalla duraría poco, pues el oji dorado pronto quedó malherido contra un árbol, sangrando profusamente debido a los cortes que recibió por parte de las lanzas de Kagura; mientras, Miroku apenas lograba sortear los rayos y estocadas de Refnig, siendo alcanzado por ellos algunas veces.

De pronto, el monje cayó de espaldas contra un árbol, su báculo lejos de él y con una herida bastante seria en su abdomen. Refnig se acercó a él y torció la boca, levantando la espada lista para acabarlo. Náraku se rió malévolamente, mientras las lágrimas corrían por el rostro de Sango.

— No te preocupes, no sufrirán mucho más… los mandaremos a descansar, permanentemente — murmuró el demonio, dando una señal con su mando a Refnig.

La demonio sonrió perversa, mientras su espada se cargaba con rayos y su mirada brillaba con malicia.

— Me caías bien, monje, pero debemos decir adiós — dijo, antes de blandir su espada contra él —. Muere.

Y bajó el arma cargada de electricidad hasta un indefenso y furioso Miroku. Una explosión de rayos, polvo, astillas del árbol y otros escombros voló por alrededor del lugar, dificultando la visión para los demás. Sango ahogó un grito, mientras intentaba liberarse del agarre de Náraku, furiosa. De pronto, una fuerte exclamación interrumpió el silencio, mientras Kana aparecía en el lugar, con su espejo roto y una nebulosa arremolinándose a su lado con energía, buscando su cuerpo. Velozmente, recorrió el tramo que la separaba de Sango y se unió a ella, completándola por fin, y liberándola.

La polvareda desapareció en un instante, permitiéndoles distinguir la silueta de Hana en el suelo, con la espada de Refnig incrustada en el pecho, mientras Miroku a su lado intentaba ayudarla. Más allá, el cuerpo de Refnig se había estrellado contra unas rocas, quedando aturdida. Nadie comprendía la situación.

— ¿Por qué? — Preguntó el oji azul, tomando a la herida pseudo hechicera en sus brazos. — ¿Por qué lo hiciste? Pensé que tú eras su aliada…

— Sí, lo era… — murmuró ella con dolor, mientras tosía con dificultad. — Pero jamás permitiría que te asesinaran… porque yo, de verdad, te amo…

Y con una sonrisa en sus labios, su cuerpo comenzó a desaparece y su alma, en forma de una esfera de luz, se desvaneció en el cielo. Náraku maldijo por lo bajo, mientras se acercaba al monje enfadado.

— No permitiré que le hagas más daño — le espetó Sango, interponiéndose en su camino, mientras un brillo blanco comenzaba a aparecer en su pecho.

— No podrás detenerme aunque quieras — respondió Náraku, aunque ni él mismo lo creyera —. Si así lo deseas, acabaré primero contigo y luego con ese monje malnacido.

— Déjalo, Sango — Miroku se puso de pie, decidido —. Creo que podré manejar esto. Tú debes hacer algo más.

La Hechicera lo miró y al cruzar sus miradas, supo que podía confiar en él. Corrió al interior de la cueva, con su báculo en una mano y el rosario de Yoi en la otra. Náraku hizo ademán de seguirla, pero Miroku le obstaculizó el avance.

— ¿Querías acabar conmigo primero, no? — Dijo, impidiéndole continuar. — Pues veamos que tan bueno eres.

Náraku escupió al suelo, mientras Kagura observaba la situación con una sonrisa torcida en los labios, aparentemente divertida. Yoi y Kirara habían aprovechado el momento para sanar un poco las heridas de InuYasha. Esto se pondría interesante.


Corrió hasta adentrarse en la cueva, sintiendo el poder espiritual que se encontraba oculto en lo profundo. Raudamente caminó a través de la caverna, cubierta por rocosas y húmedas paredes, mientras el camino se oscurecía a medida que avanzaba. Contemplaba la superficie de las paredes, mientras su báculo se iluminaba para permitirle ver en la oscuridad: al parecer, sus poderes se habían reactivado por alguna razón. Llegó al final del camino, encontrándose con un altar tallado en piedra, a ambos lados habían pergaminos antiguos con inscripciones en algún idioma antiguo que no pudo descifrar. Pero parecía faltar algo en el altar.

Se acercó lentamente, con el báculo frente a ella para poder observar mejor, y pudo ver una inscripción en la base de éste: "Nehi's arad nagi lert et leus".

— "Aquí debe ser sellado todo mal" — leyó la castaña, traduciendo la frase. De pronto, nuevamente comenzó a brillar la luz en su pecho y recordó que tenía el ōgi osore en su poder. Lo sacó de entre sus ropas y lo observó con detenimiento: la extraña esfera ahora era, en su mayoría, blanca. Seguramente la había comenzado a purificar desde que su alma volvió a su cuerpo, pero aún seguía contaminado por oscuras emociones. La tomó con ambas manos y cerró los ojos, enfocándose en pensamientos de hermosos momentos para terminar de purificar el objeto. Al cabo de unos minutos, una blanca esfera salió de sus manos, flotó juguetonamente por sobre el altar y terminó posándose en él, justo tras la inscripción. En ese instante, comenzaron a aparecer inscripciones por todo el altar y algunas en las paredes.

Sango se acercó al altar y, pasando su báculo sobre ellas, comenzó a leer las inscripciones con los ojos cerrados, mientras éstas brillaban al contacto con la Hechicera. Un campo de energía comenzó a formarse sobre el ōgi osore a cada palabra de la muchacha. Cuando terminó, el campo era impenetrable y mantenía alejada la esfera blanca del resto del lugar, purificándola constantemente.

De pronto, una voz retumbó desde lo profundo de la cueva, asustando a la castaña.

Ya fue sellado, ahora debe ser destruido… ¡Traed al Guardián para que culmine la misión con su vida!

— ¿Con su… vida? — murmuró Sango, procesando la extraña exclamación. Si no se equivocaba, quien tenía el aizu de Guardián era Miroku… ¿Acaso eso significaba que…?

Salió corriendo del Templo, buscando a sus amigos. Una extraña mezcla de miedo y vacío se apoderó de ella, rogando que eso no significara lo que ella temía…


Los escombros volaban por todas partes, mientras Yoi intentaba mantener seguro al herido InuYasha con ayuda de Kirara, quien mantenía a raya a Kagura.

Más alejada, se encontraba Kana, débil y casi desvaneciéndose por culpa de la fuerza con la que el alma de Sango había decidido escapar de su espejo. Era como si hubiesen arrancado su propia alma. Miró la rota superficie de su artefacto y cerró los ojos, deseando vivir para siempre en el reflejo. Si tan sólo Náraku la hubiese escuchado…

A pocos metros, Náraku tenía dificultades para luchar con Miroku: parecía que, tras la muerte de su inútil súbdita, había repuesto energías de alguna parte. El monje también parecía haber recuperado sus poderes, pues los pergaminos que lanzaba y los campos que utilizaba para repeler sus ataques eran demasiado efectivos. Maldijo mentalmente a la pseudo hechicera, suponiendo que ese renovado adversario era a causa de alguna mágica reacción por su sacrificio.

— ¿Qué pasa, Náraku? — Preguntó Miroku, un poco divertido viendo la expresión de fastidio de su adversario. — Pensé que tu idea era acabar conmigo.

— ¡Maldito Monje, no cantes victoria antes de tiempo! — Masculló, esquivando un golpe del báculo de Miroku. — Esto está recién empezando.

Y tras lanzar una masa de veneno, comprendió que era lo que pasaba: el ōgi osore había sido purificado y en esos momentos, había comenzado a ser sellado por Sango. Escupió al suelo, maldiciendo a la Hechicera con furia. Se encargaría de acabar con todo su mundo personalmente.


Se cubrió los ojos de la brillante luz que había en el exterior de la cueva. Tras acostumbrarse, miró alrededor el panorama que estaba desarrollándose tras haber sellado el ōgi osore: al parecer, eso había debilitado a Náraku y, de alguna parte, Miroku estaba consiguiendo energías y habilidades para enfrentarlo con determinación. Desvió su mirada hasta el árbol en el que se encontraba recostado InuYasha, con Kirara y Yoi protegiéndolo de una aburrida Kagura, que sólo refunfuñaba, entre tanto miraba la batalla de su señor, a ratos lanzaba perezosos ataques que eran fácilmente repelidos por el anciano.

Un poco más allá, distinguió como Kana iba desapareciendo tras haber perdido su espejo, quedando apenas una ilusión de su presencia; unos metros más allá, se encontraba Refnig, recuperando un poco el conocimiento, con una expresión confundida y sus ojos brillantes mirando alrededor con temor.

Ella decidió acercarse a la demonio, algo en su interior le dijo que ya no era la malvada criatura sin corazón que tenía cautiva el alma de su antigua amiga. Los ojos azules de la muchacha se posaron en los de Sango, mostrando confusión, pero luego de un instante le sonrió, con una expresión tranquila y melancólica.

— Siento como si hubiese pasado una eternidad sin vernos… — la chica oji azul exhaló pesadamente.

— Y así fue… ya ni siquiera soy Ihasmye, como podrás haberte dado cuenta — contestó la Hechicera, con una tierna sonrisa.

— Así puedo sentirlo, aunque tu esencia es demasiado similar — la muchacha le devolvió la sonrisa —. ¿Eres su reencarnación?

— Así es — Sango se sentó a su lado, tratando de recuperar de alguna forma el tiempo perdido —. Y tú, ya no eres Refnig…

— ¿Así me llamaba? — Preguntó la aludida. — Pues, no… soy Genfir, tu antigua amiga…

Guardaron silencio un momento, hasta que el alboroto de la pelea que se libraba más allá las trajo de vuelta al presente. Ahora, debían terminar algo importante.

— Bueno, creo que es hora de terminar con esto y de descansar en paz, por fin — sentenció Genfir, levantándose con la espada en mano llena de rayos.

— ¿Pero cómo…?

— Creo que aún mantengo las habilidades de la antigua demonio en mi poder. Y las usaré para ayudarles. ¿Qué debemos hacer?

Sango dudó un momento. Temía que el siguiente paso para la destrucción del ōgi osore acabara con la vida de él… tenía el fuerte presentimiento de que se acercaba el final, no sólo de su misión, sino también de su felicidad. Sin embargo, era su deber continuar, ya habían pasado más de 500 años y aún ese mal acechaba al mundo. Suspiró con resignación y apuntó con su báculo hasta la batalla.

— Debemos derrotar a Náraku, para luego destruir el ōgi osore de una vez por todas.

La chica sonrió con astucia y sus ojos brillaron, mientras los rayos en su espada comenzaba a moverse agitados. Tendría su última batalla, para acabar con quien le robó su alma hacia tanto tiempo.


Bueno, fieles y queridos lectores, les traigo esta actualización. La encuentro un poco corta y me costó terminarla, espero que les guste. Recibo comentarios, críticas, abucheos y demás (dejen review!).

Agradeciendo siempre a mi maravilosa Artemisa Neko-chan, por apoyarme a pesar de mis atrasos.

Ya queda poco, solo dos o tres caps más, así que espero sus opiniones y sugerencias ;)

Saludines, nos estamos leyendo!