Es un descubrimiento mutuo. Entre la similitud de formas disfrutando del intenso calor en la piel ajena, Dean descubre la verdadera fuerza de las manos enormes del gigante que se sienta junto a él en la oficina y Samuel descubre que su compañero no es tan frio como aparenta la mayor parte del tiempo, debajo de su piel siempre está esa inquietud, esa energía dispuesta a ser explotada por el mejor de los estímulos y que ahora mismo irradia en calor y sudor.
Están tomándose su tiempo para conocerse y ver dónde las sensaciones disparan más la excitación del otro; para sonreírse entre besos osados y ridículos mordiscos juguetones sobre la piel. Se escucha demasiado claro el roce de la piel y su risas tontas, pero Dios, cómo disfrutan usar toda su fuerza en un abrazo apretado, poder verse reflejados en los ojos del otro y ver que solo se prestan atención mutuamente, descartando el entorno por completo, rodando en la cama.
Pero el estruendo de ambos celulares los hace saltar en su sitio, de repente, en medio de su gran satisfacción, sin siquiera llegar a donde se prometían entre movimientos rápidos y caricias rasantes. El color rojo y el sonido único de alarma en la central de inteligencia del FBI, los obliga a separarse y saltar de la cama entre palabrotas y apresurados pasos. Corren por la habitación poniéndose la ropa y buscando sus zapatos, Sam se queja del dolor de cabeza y Dean toma el frasco de pastillas analgésicas antes de cerrar el departamento detrás de ellos.
Llegan a las instalaciones unos cuantos minutos después con toda la turba de agentes que también recibieron el llamado. Se ven rodeados del cuádruple de gente al entrar de lo que están acostumbrados, las sirenas y las luces azules que les indican donde ir y que hacer mientras por las puertas sigue entrando gente. Se topan con Ruby en medio del gentío solo a un segundo de que la pisaran otros agentes.
Sam la toma por el brazo justo a tiempo y de un tirón la pega a ellos dos, la pequeña mujer agradece con la mano en el pecho del susto que se llevó y comienzan a conversan mientras la multitud los empuja hacia los múltiples ascensores.
- Ruby, ¿alguna idea de que sucede?- pregunta Dean cuando solo faltan diez metros para tomar el siguiente elevador.
- Esto no había pasado antes...- dice y se queja cuando otro hombre la empuja y Sam aparta a un tipo de su misma talla lejos de ella colocándola entre Dean y el.
- ¿Nunca, nunca? ¿Qué es lo que lo detona?- pregunta el pelilargo.
- Según tengo entendido, alguien o algo se escapó, puede ser información, una extracción de algún virus sintético o a menor rango, alguien que salió de las instalaciones con información ultra secreta...- la chica se aferra al brazo de Dean y Sam la protege con su cuerpo de los empujones antes de entrar al elevador.
- No entiendo bien este procedimiento.- replica Sam, ellos dos manejan los informes de toda la instalación y la archivan, preocupándose de que alguien superara su firewall modificado.
- Se supone que todos debemos reportarnos en nuestros puestos, revisar que nadie haya tomado nada y encontrar más eficientemente la fuga... Sam, cuando termines en tu sección, sube a la mía, necesitare tu agilidad mental para esto...- Sam asiente antes de que la chica baje en su piso y ellos sigan a la suya.
- ¿Que pudo haberse escapado?... este lugar es una tumba.- pregunta en general, sabiendo que hay cosas con las que no deberían estar en contacto como los demás agentes en ese ascensor, los cuales parecen científicos que se bajan tres pisos antes que ellos.
- Como están las cosas solo espero que no sea lo que nos borre de la existencia...- masculla enojado su compañero
- Dean...- Dean voltea a verle un segundo y vuelve su vista a la numeración arriba de las puertas sabiendo que puso más nervioso a Sam.
- Todo estará bien Sammy, encontraremos la falla, hemos estado trabajando como un reloj, un rápido chequeo y tu irás con Ruby y yo me reportaré con Chuck para el equipo de asalto... no hay nada de qué preocuparse...- Sam mira atento su semblante mientras le habla ya solos en el elevador, su seguridad le calma y respira sintiéndose aliviado.
Rápidamente hacen su registro en la puerta, entran al trote a su oficina y se instalan en sus escritorio rápidamente, se registran en las computadoras y entre los dos revisan su registros al completo, tiene más de cien mil archivos ingresados en dos años, más de cien por día, se dividen las fechas y revisan su seguridad informática y que cada uno de ellos esté intacto, con su código de sellado impoluto.
Tardan más de diez horas en ver uno por uno, todos sus archivos y por ende sus secretos están intactos. Sam se levanta casi al mismo tiempo que Dean y cierran el acceso de sus computadoras, corren a la puerta y antes de salir Dean lo empuja contra la pared y le roba un beso profundo de cuarenta segundos contados, él se queda por un segundo estático, pero con una seña le indica que en ese punto del pasillo antes de salir por la puerta "es" el punto ciego de las cámaras.
Con el corazón acelerado por el gesto de su compañero llega agitado a las oficinas de Ruby
- Dime que tienes.- trata de enfocarse pero la sensación del fugaz y fuerte beso aun le pica en la piel sensibilizada con tan poco.
- ¿Cómo está tu central? - pregunta antes que nada, mirando el último informe de uno de los agentes de su equipo que acaba de entregarle.
- Impecable como siempre.- Ruby sonríe y se levanta de su silla para mostrarle una Tablet.
- Aquí y aquí se realizó el ingreso de los objetivos desconocidos, se sabe que son dos sujetos y que tomaron algo del piso 41 - con un interruptor cambia las pantallas que le rodean y le muestra qué se llevaron.
- ¿Sabes qué es?- le devuelve el informe en la Tablet y Ruby la deja en el escritorio.
- Si, un dispositivo simbiótico para implantar en la corteza cerebral, aumenta tus frecuencias cerebrales explotando al máximo todos tus conocimientos... no está probado y puede ser muy peligroso dejando a los sujetos de prueba en estado vegetativo, Sam, sabes que esto es extraoficial y no saldrá de aquí...- la mujer le mira detenidamente y el asiente.
- Jamás escuche de ello, y si, recuerdo bien el procedimiento...- le agacha hasta su oído para responderle y ella sonríe porque siempre adoro el tono de voz de ese hombre.
- ¿Quieres una terminal?- le mira con la misma sonrisa y Sam se ríe porque conoce esa expresión coqueta.
- Si, ¿la mía está disponible?- pregunta rápidamente para no quedarse mirando así más tiempo.
- Si, nadie ha podido manejarla con las modificaciones que le hiciste.- y lo ve alejarse arrepintiéndose más de su comportamiento de años anteriores con ese hombre.
- Entonces me pondré a trabajar...-
- Adelante...- la mujer miro como se sacaba el saco y recordó la envidia que le causaba la mente de ese chico, sonrió apenas perceptible pero le gustaría volver a trabajar con él, sabía que se estaban desperdiciando sus aptitudes en el archivo.
Sam, con rapidez, se fusionó prácticamente con su computador sumergiéndose en códigos y fragmentos de información distribuida por la red interna de la base, se perdió por horas hasta que dio con ellos, ni se percató de que está dirigiendo a todo el grupo de seguridad cibernética ni que junto a Ruby habían mandado órdenes a tácticas para atrapar a los sujetos infiltrados.
Solo cuando Dean apareció en la pantalla principal con el equipo de tácticas eco catorce, con su comunicador negro en la oreja y un arma en la mano cayo en cuentas de lo que hacía, ese semblante duro a la cabeza de los novatos, con el arma automática apoyada en el hombro y el chaleco anti balas le hizo saltar el corazón.
Sabían que los que entraron a la base eran peligrosos, estaban entrenados debido a las tácticas que usaron para introducirse, se sabían códigos de accesos de varios pisos y donde estaban las investigaciones más valiosas, no tenían sus identificaciones por falta de buenos ángulos en las cámaras y por la pasta verde que cubría sus rostros a los cuales las cámaras eran imperceptibles haciéndolos ver solo como fantasmas en las filmaciones.
Treinta minutos más y todo había acabado, Ruby frotó su brazo desconectándolo de la máquina y mirando sus ojos marrones supo que podía irse, los infiltrados no eran nada menos que los dos agentes del equipo de Gordon, los que habían atraparon anteriormente no eran los verdaderos responsables de su acoso, esto desconcertó a Sam, pero ya presos los procesarían por todos los cargos.
Estaba saliendo de la base cuando un ascensor se abrió a sus espaldas en el vacío y silencioso lobi, pero solo dos agentes desconocidos pasándose papeles salieron de él. Volvió a su andar sobre sus pasos y salió al parque de estacionamiento, ya casi no había autos, ese día no se trabajaría, el sistema debía reiniciarse y solo los de seguridad estarían de guardia dejando al resto de las divisiones fuera del lugar hasta nuevo aviso.
Solo su impala y par de autos más estaban allí, eran las seis de la mañana del día siguiente y el sol empezaba a salir. Solo en ese momento se acordó de que había estado tomando toda la noche anterior, tomó la manija del auto y la encontró abierta, no le dio mucha importancia, con la carrera que pegaron al llegar seguro Dean no tuvo tiempo de hacerlo, se sentó dentro y se percató de que se sentó en el asiento del copiloto, frunció el ceño, debe de estar muy cansado, tratando de tomar su lugar detrás del volante un frasco de analgésicos toco su mano y lo levanto para mirarlo bien porque eso no era suyo, en solo dos segundos Dean entraba al auto y encendía el auto.
Él lo miro extrañado, ¿de dónde demonios salió?, no solo eso la velocidad con que arranco en reversa coleo el auto y salió disparado fuera de allí lo asombro.
- ¿¡Dean!? ¿Podrías desprenderte del acelerador? ¿Solo un poco?- pregunto asustado buscando el cinturón de seguridad pero en el destartalado auto no había, ya que lo habían desmontado al completo.
- No hay tiempo Sammy, en cinco minutos cierran la base herméticamente por tres días y no pienso quedarme atascado aquí...- gruñe, porque eso no es hablar es solo un gruñido raspado y urgido del agente a su lado.
- ¿Cómo que tres días? ¿No era solo unos...? ¡CUIDADO CON ESE AUTO!- le grita y cierra los ojos, Dean lo esquiva sin inmutarse. Están a medio segundo de quedarse dentro del estacionamiento cuando ven las puertas cerrarse y a unos uniformados de negro hacerles señas para que se detengan, Sam mira a Dean y este solo aprieta más el acelerador y el auto como si nada se desprende del piso.- ¡DEEAAANNN!- grita y cierra los ojos agarrándose de la guantera con las uñas.
- ¡Ni modo Sammy les pasare por encima!- y los hombres saltan a los costados de la única salida norte cuando notan que no se detendrá.
- ¡Estás loco! ¡No después de lo de esta mañana!- Sam se agarra lo más fuerte que puede y nota como el auto raspa contra las puertas electrónicas sacando chispas de la carrocería.
- Yo recuerdo esta mañana muy diferente ¡créeme!- una coleada y están en la inter estatal, airosos del encierro preventivo de tres días y Dean suelta una gran carcajada de satisfacción y triunfo
- ¿Qué?- a Sam se le escapa el aire, no cree estar respirando pero el susto no se lo recomienda a nadie.
- Me muero de hambre...- dice sin más, mientras tranquilamente conduce, como si nada hubiera pasado dos minutos antes, Sam lo mira preocupado, ojos grandes, cara de incredulidad.
- Saliste de la base... así, ¿Por hambre?- pregunta y Dean sonríe a medias, solo una mueca efímera.
- No voy a comer tres días seguidos la porquería de la cafetería o dormir en mi escritorio Sammy, por más cómodo que creas que sea.- lo mira cabreado y Sam se siente aún más descolocado, en realidad en su fuero interno cree que le cambiaron al compañero por un mal clon.
Entre el agotamiento y el hambre de ambos, ya que Sammy no podía negar que se moría de hambre también la cual saciaron en la cantina de la esquina, llegaron al departamento de Smith lentamente unas horas después, arrastrando los pies, solo a dormir. Era extraño prepararse la cama, estirarla del lio que dejaron y dormir los dos en ella, fue más incómodo de lo que en un principio creyeron. Estaban muy conscientes de lo que paso pero el cuerpo les pesaba una tonelada y querían dormir... y la distancia, parecía ser algo difícil de modificar, en lados opuestos de la cama, que uno este al borde del colchón, bien lejos del otro en esa misma cama era raro.
Dean se removió molesto en verdad con la mantas hasta las orejas pero más fastidiado por lo que el mismo se provocaba, porque era el que impartía las distancias lo sabía bien. Sabía que con Sam debería ser distinto pero no podía evitar esa extraña separación, sentía como si él mismo pusiera ese bloque entre ambos distanciándolos automáticamente, él tenía ese swich incorporado y este se encendía sin que lo requiriera.
El movimiento de la cama lo hizo mirar atrás por el rabillo del ojo, Sam se acercó tanteando las cosas con la mirada grande y relajada, él lo observo sintiendo vergüenza de ser así, tan frio, para el Sasquatch era tan fácil, acercarse, tocarle, sonreírse, porque estaba acostumbrado a demostrar todo lo que sentía o quería y con su mano en el hombro... sin decir una sola palabra le incentivó para darse la vuelta, terminando en un abrazo mutuo en medio de la cama, apenas tapados. Eso le despejo la cabeza de cosas, de trabajo, de esa relación, de lo que nunca pensó poder manejar; solo se acomodó contra el otro cuerpo, tranquilo, con la mente en blanco y el cansancio apremiante que lo durmió al siguiente minuto.
Sam lo había mirado de lejos minutos antes. "Lejos" era un modus operandis para Dean, trabajar de lejos, tenerlo lejos… le costaba hallar valor para acercarse pero de ninguna manera se arrepentía de hacerlo. Tenerlo así de cerca, tan tibio... sin el mínimo rechazo, le llenaba, casi le quitaba el sueño, pero su cuerpo pesaba más de lo que desearía, los parpados ardían y se le caían, con el brazo sobre los hombros acaricio el hombro de Dean sobre la tela del piyama hasta caer en la inconsciencia, su nariz oliéndole el cabello y la mejilla de su compañero en su pecho, era increíble la sensación que sabía compartían allí, durmiéndose calmadamente
La luz del día pasó por la ventana haciendo un timelaps de tonos y colores en la habitación, como entró el medio día, la tarde y el ocaso, colisionaron de tonalidades la cama y las paredes, con la noche estrellada y las luces tenues de la calle la habitación quedo tranquila, durmieron por horas, mientras se acomodaban en sueños varias veces pero sin perder demasiado la forma del abrazo o la cercanía, rotando sus cuerpos, dándose vuelta por turnos, abrazándose y dejándose abrazar, en su primera noche de sueño juntos.
