Dean Smith no estaba siendo irracional, simplemente se sentía engañado y Sam rápidamente estaba entrando en terreno vertiginoso con él por no decirle que en realidad si tenía familia en algún rincón del país. Que no esté relacionada directamente con el castaño y no comparten sangre tampoco, ni la madre de la chica con Bobby, pero se criaron juntos, y eso era suficiente para ser familia. Le daba igual lo que Sam dijera, la conocía de toda su vida, y a pesar de que ella dijo 'no volver a ir a la granja porque ese no era su lugar', allí estaba, mirándole fijamente en la mesa de la cocina a la mañana siguiente mientras ellos dos se preparaban para ir a la oficina.
Esa misma noche pasó sus cosas, que solo eran una pocas prendas y su rasuradora, al cuarto de invitados. Por mas que tuvo que dormir en el piso por falta de cama, no compartiría espacio con un mentiroso, el no iba a escuchar mas escusas inmaduras de Sam, o de la mocosa esa que solo tiene veinticinco años y se da el lujo de mirarlo como si fuera un intruso.
Sam Wesson no abrió la boca desde entonces y en la oficina se sentía el mal humor a distancia. El más joven no cree haber mentido en absoluto pero Dean simplemente no quiere escuchar peros.
Jo siempre ha estado ahí y no... en realidad , siempre fue un espíritu libre que iba y venía por temporadas a la granja, su madre era una mujer que creyó que estaba enamorada de su tío por la manera en que lo miraba pero nunca paso nada entre ellos, y las dos mujeres vivían más en la carretera, de motel en motel y solo estaban en su granja dos semanas al año como marca récord de permanecer en un lugar... como si se tomaran vacaciones de algo o de alguien, y solo a veces se quedaban una noche o a almorzar, todo dependía siempre de la madre de Jo.
Él no sabe más que eso de su prima o de su madre, o de la relación que las unía a ellos y por más que se lo explico su tío, nunca tenía demasiado sentido. No ayudaba mucho tampoco no tener respuestas para el agente Smith que no puede vivir con un 'no se' y 'no tengo idea' de su parte, además de que Jo mire a Dean como si fuera una especie de conejito de indias o algo peor, entiende bien esa mirada, observándole desconfiada y pegándose a él como lo hacía de niña, lo cual es bastante incomodo porque siente como el mal humor de Dean va en aumento estrepitoso, sin que lo pueda evitar.
Por eso al llegar a la oficina, parece como si en realidad no lo hubieran hecho por el silencio muerto que les rodea, ¿Es que podría tener más mala suerte? Si supiera que demonios quiere en realidad Johanna podría dárselo para que se marche y así el poder seguir con su vida, la cual estaba muy bien con Dean en ella hasta que la peque llegara, pero cómo arreglar las cosas cuando
Dean no quiere escucharlo, embutido en su pensamientos y manejando algunos legajos bastante gordos nota que Dean se levanta casi lanzando su silla hacia atrás en el impulso con toda el mal humor que le cabe en el cuerpo y él lo mira cómo se acerca cabreado hasta la última célula hacia él, él puede abrir bien los ojos en respuesta, inquietos y muy expectantes.
- ¡Podrías, no hacer eso!- le exige pero no sabe a que se refiere.
- ¿Hacer que?- y Dean mueve su silla con el sentado en ella.
- ¡Siéntate derecho, maldición! ¡Me crispa los nervios que te encorves completo hasta pegar tu cara al escritorio!- y Sam solo puede asombrarse cuando Dean coloca su palma en su espalda y empuja su columna al frente poniéndolo derechito contra el escritorio.
- Oye... ten cui...dado?- no termina de quejarse por la fuerza excesiva de su novio que tiene que cerrar su boca, notando que Dean se ha colocado detrás de él erizándole la piel y sus manos están ahora en su escritorio atrapándolo en él.
- No me gusta que me mientan o que me oculten cosas...- murmura ronco en su oído y el tono bajo suena totalmente enojado pero para él suena completamente erotizante.
- Yo, yo no... - pero un golpe en el escritorio y la cabeza de Dean recargándose en la coronilla de la suya lo vuelve a callar.
- Necesito... que no me mientas Sammy, yo, no tengo a nadie... ni siquiera lejano como esa chica, pero si sigo callándome lo que me produjo la intromisión de esa chica... me dará una ulcera...- Sam se mueve y el pierde el contacto con su cabello suave y abre los ojos mirando que hace.
- Jamás te mentí, solo no llegue a contarte de las esporádicas visitas de las Harvelle... te juro Dean, ellas eran como las vecinas de la granja vecina la cual está demasiado lejos como para ser cercanos...- le dice al voltearse y mirarle a los ojos que estaban oscurecidos, mostrando un dolor muy profundo con respecto a la traición de su confianza.
- No jures, solo no más sorpresas ¿Ok?- le dijo acercándose a sus labios casi sin aliento, sin poder respirar hasta que le besara.
- ¡Dean!... Las cam...- el beso lo sorprendió pero la presión en sus labios se sentía intensa, casi electrizante, como si fuera el cable a tierra de la frustración de Dean.
- Los agentes de las cámaras se pueden ir al diablo.- y le besa de nuevo estrechándolo en sus brazos recostándolo en su escritorio, dejando que el problema que les aquejaba se vaya por donde vino.
Cuando se separaron él estaba completamente sonrojado y Dean acarició sus mejillas aun con sus ojos cerrados por un momento demasiado largo antes de volver a su mesa, solo recreándose de la imagen que le devolvía su complexión, que en realidad ahora mismo no creía que pueda concentrarse en el trabajo porque está muy cociente de que esta en primer plano de por lo menos unos seis agentes que se encargados de la vigilancia de tres sectores y está demasiado seguro que habrán notado el arrebato de Dean, por lo que los nervios lo acaloran a aun más.
La mañana se le hace imposible al informático, yendo y viniendo a la pequeña heladera por algo que tomar, comer o con que apalear su nerviosismo. En cambio, contra todo pronóstico, Dean es completamente lo opuesto a él. Lo mira ya con odio porque el sujeto esta sereno como una monja en domingo, haciendo anotaciones, tecleando, ingresando archivos al sistema sin un gramo de preocupación, incluso parece que está más tranquilo de lo normal en él.
Da gracias a dios por la hora del almuerzo cuando pueden despejarse del trabajo y de las cámaras mirándole, Dean camina junto a él por los pasillos hasta el ascensor y de nuevo al salón comedor, solo que antes de entrar y pedir lo de siempre, Dean se escusa dirigiéndose sin más al baño dejándolo solo en la fila de la caja. Sam en realidad espera que lo asalte algún agente con preguntas o aludiendo a lo que paso sobre su escritorio a primera hora pero sin embargo todo es más callado de lo normal y nota que la mitad de los agentes no están, es cuando escucha el rumor lejano del gran alboroto que hubo en el piso veintiséis, los cuchicheo afirman que una explosión de químicos destruyo el área y todos los afectados que hubo mientras trataban de socorrer a la gente mientras él ya come un panque.
Le urgía descargar la vejiga, se había aguantado toda la mañana, pensaba en Sam constantemente pero no podía decirle que el día anterior había tapado el baño de la oficina y el chico por nervios no fue a los servicios como para que el contacte a mantenimiento, era penoso para el aún tratar esos temas y no le gustaba compartirlos con nadie, eran demasiado privados y bochornosos a su parecer.
Se lava las manos mientras del otro lado de los sanitarios escucha un fuerte golpe en la puerta y gente entrando, no le da importancia, esos baños siempre tienen dos entradas y dos salidas al ser mixtos, pero mientras se seca las manos tranquilamente, las voces se tornas agresivas entre risas mal intencionadas y de repente una voz no corresponde al mismo grupo, que llama la atención de su oído entrenado, reconoce a tres tipos, ya que la cuarta se está defendiendo y pide que lo dejen en paz lo más diplomáticamente que puede sin lograrlo.
- ¡Señores ya basta!- se queja y Dean como fue entrenado tira el papel en el cesto mientras sigiloso como el felino que es, empieza a rodear los cubículos con los inodoros.
- ¡Ohhhh pero que nenita! ¿Vas a llorarle al jefe?- le imita el tono de vos en forma de burla y los demás se ríen.
- Si, no creas que no nos hemos dado cuenta como le lloriqueas a Chuck...- es cuando un empujón lo deja clavado en la pared y Dean puede ver su rostro mirando a esos otros agentes pálido y traspirando frio, Dean rueda los ojos y el creía que la etapa de la secundaria se quedaba en esas paredes y no en la base secreta del FBI.
- No sé si lloriquearle muchachos... pero que se la debe chupar seguro, ¿Recuerdan a Zacarías? ¿Lo que decía de su compañero de cuarto?- el moreno habla con asco y estupor, con los dientes apretados y con un odio interno que Dean reconoce claramente de un hombre sin principios o límites.
- ¡Oh, es cierto! Muchas veces lo pillo con otro tío!- la risa se recrudece.
- ¡Eso no les incumbe! - esboza el de ojos azules cristalinos
- Claro que sí, campanita, que te hallan pasado a tácticas no significa que nos contamines la sección con tu mugre marica...- le patea uno de los pies de hombre sentado en el piso y los otros dos se acercan más al hombre encerrándolo contra la pared.
- Si deberíamos...- los tres hombres se arremangan las camisas y corriendo las corbatas hacia atrás.
- Deberían, marcharse antes de que les rompa la cara, eso deberían hacer...- interrumpe Dean apoyando el hombro en la pared gris perfecta.
- ¿Pero quién...?- murmura el rubio platinado.
- ¿Smith?- reconoce el castaño con una cicatriz en la mandíbula.
- ¿Quién?- pregunta el novato de ojos azules algo aturdido de que alguien intervenga en ello.
- ¡Smith no te metas donde no te incumbe!- le espeta uno.
- Deberían mirarse a un espejo primero, esto no es la secundaria señores, es el centro de inteligencia nacional y será mejor que se marchen antes de que los ponga en su lugar y le de un informe detallado a Chuck, de esto...- los tres se miran y se ríen entre ellos de él y a Dean no se le mueve un pelo mientras que el novato se arrastra por el suelo intentando poner una distancia entre ellos.
- Oh si el tío del archivero nos pondrá en nuestro lugar que miedo...- menciono agudamente y burlón el moreno con los ojos grandes y negros.
- Si, si, hacer informes es su especialidad! Que hará... ¿Tildarnos con una birome?- y eso es lo o ultimo que se escucha antes de que el sonido de la carne choque con el suelo.
Un solo golpe basto para dejarlo inconsciente en los negros azulejos del piso con la mejilla rota y sangrante, la mirada de los agentes restantes en ese baño era completamente perpleja, no lo vieron venir, ni lo escucharon acercarse y no se dieron cuenta de que eran los siguientes en terminar con varios dientes menos en sus bocas, Dean se sacudió el traje, se acomodó la corbata y miro al novato.
- Levanta que se me enfría el almuerzo...- ordenó, el hombre de ojos azules lo miró y miró a sus compañeros tendidos en el suelo, solo uno se quejaba al no poder respirar y él estaba completamente pálido del susto de ver semejante habilidad... ¿Qué hacia un hombre así en archivos? Es la pregunta que se quedó en su cabeza.- ¡Levanta el culo!- se escuchó antes de que Dean dejara le baño y el novato le siguiera torpe pero lo más rápido que pudo con las piernas temblándole.
Caminó detrás de él, a tres pasos de distancia, su mirada no salía de las espaldas amplias, el cabello castaño tirando a rubio dorado en las puntas, pecas apenas perceptibles en el rostro y duro como una roca del que, al parecer, era su salvador de ese día. A él lo vienen molestando con su sexualidad desde que tiene memoria y son pocos los que lo han salvado de ese tipo de acosos, lo ve entrar al salón comedor pero no se detiene en la fila de la caja solo va directo a una mesa donde otro agente con el cabello largo e igual de atractivo, a su parecer, esta con dos bandejas en la mesa.
- Dean... ¿Te tardaste, estás bien?- es el comentario que escucha, tan familiar en realidad como si se conocieran de toda la vida, se pregunta de dónde se conocen tanto.
- Si bueno, que se puede esperar uno de este lugar... uno va al baño y de repente se encuentra con tres gilipollas haciendo el pesado con un novato sin estrenar...- el solo puede observar que se sienta justo a su lado, pegando hombro con hombreo de su trajes a tono, no enfrente, ni del otro lado de la mesa, sino pegado a aquel hombre tan alto y es allí cuando el pelilargo lo ve al salir de detrás del otro hombre.
- Uh... ¿Necesitas algo?- pregunta Sam sin entender el rostro estupefacto y pálido que lleva o por qué está parado frente a ellos.
- ¿Eh? No yo, no se...- se rasca la cabeza porque aún está confundido, ya que todo paso muy rápido.
- Sam, este es el novato-novato, siéntate, pareces un retardado ahí mirándonos...- Sam según lo llamo abre los ojos y le mira con detenimiento, más porque Dean no se lleva con nadie y nunca invita a su mesa a nadie...
- Un segundo, ¿Por qué te estaban molestando... ¿Y en el baño?- Dean mira la cara de Sam que se frunce interrogante y una leve mueca simulando a sonrisa llega a sus labios antes de morder su hamburguesa con papas.
- Ehmm, si soy el nuevo - dijo Misha Collins - un gusto.- por cortesía el entrega la mano extendida, nunca nadie se la acepta antes de mirarla con desconfianza pero Sam la estrecha y él sonríe obnubilando al completo con la sonrisa llena de hoyuelos.
- Es gay...- suelta Dean con toda la comida a medio masticar y Sam abre los ojos con la mano aun de Misha en la suya.
- Samuel Wesson pero Dean me dice Sam, un gusto, y él es Dean Smith... seguro que no se presentó ¿a que no...? - Sam sonríe mientras habla ignorando el comentario de su pareja para no hacer sentir incómodo a Misha y él también lo ignora pero su cuerpo no puede evitar que el comentario le provoque el enrojecimiento de su piel, e intenta centrarse en la persona que tiene delante pero el pelo castaño parece una mala pasada para todo hombre que muere por tocarlo con las dos manos.
- Eh no... pero gracias, el primer día siempre es malo...- cambia de tema, es más fácil cuando Sam solo espera su respuesta y él puede sortear su timidez, su risa nerviosa es la que hace alzar de su hamburguesa la mirada de Dean, y con la boca llena pregunta.
- ¿Primer día? ¿Pero qué edad tienes?- le dice y Sam le da un codazo.
- Treinta y ocho, en realidad solo estoy aquí porque un amigo me retó a que no daba el examen de ingreso hace unos meses atrás y bueno, en realidad solo soy más hombre de biblioteca que de tácticas especiales...- Sam se lo queda mirando intrigado, serio y completamente diferente a lo que hace un segundo mostraba.
- Espera.. para entrar al FBI no solo hay que tener un IQ de mas de doscientos, sino una habilidad la cual explotar...- el pelilargo toma de su vaso de jugo mientras no le quita la mirada de encima.
- Yo estudio mucho los campos de batalla, estoy aquí porque se supone que quieren nuevas y más eficaces maniobras de ataque defensa y estrategia para los comandos especiales...- Dean le mira y asiente porque la verdad si le vendrían bien nuevas tácticas y mejor selección de personal.
- Ahhh...- Sam esboza pero no está muy convencido por lo que sigue tomando de su jugo.
- ¿Puedo preguntar algo?-
- Dispara.- gruñe con media hamburguesa mordida y entre sus dientes el rubio.
- ¿Ustedes son hermanos, no?- dice con las manos entre los muslos y encogido en sus hombros.
- ¿Cómo? No, no nosotros no somos parientes...- dice Sam extrañado y mirando a Dean sin ver que tengan algún parecido.
- Es mi novio...- y vuelve a morder la hamburguesa sin inmutarse para nada por lo que ha dicho y Sam se queda de una pieza, mientras todos los colores parecen desfilar por su rostro y sus ojos mirado al frente a punto de escupir la ensalada que tiene en la boca, pero no es el único al menos, ya que Misha abre los ojos completamente incrédulo.
- ¡DEAN!- le grita en voz baja, apretando los dientes y luego mirando apenado a ese nuevo agente del que no saben nada.
- Oh.. ¿Es broma no?- ahora los dos hombres le miran escrutándole.
- No, él es mi novio, ¿Tienes algún problema con eso? - y el cabreo natural de Smith sale a relucir cuando suelta de mala gana la poca hamburguesa que le queda al plato, llamando la atención de todos allí en la cafetería y Sam empuja su rodilla con la de él para que no haga una escena y no levante más la voz.
- ¡Qué! ¿Tú también tienes un problema con eso?- Sam se sorprende más aún cuando se lo suelta en pleno rostro y niega sin palabra alguna, porque le late demasiado el corazón y porque Dean no duda ni le tiembla la voz para decir que están juntos incluso a un desconocido.
- Lo siento no era mi intención...- y Misha solo se levanta y Dean lo mira irse rápidamente como si tuviera alas en los pies.
- ¿Pero qué le pasa? - pregunta al aire.
- Dios... debes tener más tacto Dean, lo hiciste sentir mal.- Sam se encoje y luego se yergue porque siente los ojos verdes de Dean mirarle.
- Ya volvías a hacerlo...- dice tomando su desordenado pedazo de hamburguesa y armándolo para poder engullirlo de un bocado.
- Es que no me doy cuenta...- Dean con papas fritas en la boca se le olvida por completo la presencia del otro hombre y vuelve toda su atención a Sam.
- Nunca lo haces, es como un estado de ánimo.- Sam quiere reírse de eso, fuerte y claro pero se traga su felicidad por ese pequeño dato que Dean nota de el sin el siquiera darse por enterado, el cual le llena de felicidad.
Mientras tanto en la granja Jo revisa cada rincón, cada hueco y cada agujero en la tierra buscando los benditos cuadernos, tiene trabajo que hacer y una alimaña que cazar antes a de que se cumpla el ciclo de apareamiento y esa cosa se multiplique por los cielos, sin que ella pueda retener la propagación de los aracnoides.
El calor del medio día la deja empapada en sudor, sube su cabello dorado en una cola y se seca el sudor con su camisa a cuadros rosa, no va a rendirse y preferiría hacer lo que debe antes de que Sam regrese, ella quiere mucho Sam lo ha hecho desde que jugaban juntos y él no se llevaba con otros niños. Una sonrisa tonta de un recuerdo de su niñez le hace negar con su cabeza, por aquella segunda vez que le vio, ya tenían diez años y ella tuvo que romperle la nariz a un niño en el parque por meterse con su primo.
La tercera vez que intercedió por el así fue en la secundaria, ella pudo tener una semana entera de colegio junto a Sam, el la ayudo mucho poniéndola al corriente con gramática y geometría, pero cuando lo dejo solo por un segundo el equipo de fútbol se metió con el. Sam se enojó mucho con ella por derribar al capitán Brandon Carter y romperle la mano con la que sometía del cuello a su primo, le dolió esa reacción del muchacho pero se lo tragó, no le importó, de todos modos no era su vida, su vida estaba en las carreteras con su madre, cazando monstruos persiguiendo el mal, salvando inocentes, el negocio de su familia.
Recuerda que su madre discutía mucho con su tío Bobby al respecto, piensa mientras bebe algo de agua helada en medio de ese infernal medio día en la granja. Sam tenía la altura, la inteligencia y más tarde, a sus veinte años, el físico para ser un cazador, pero ella dejo la barra del bar RoadHouse y la escuela a distancia a sus dieciocho solo para apoyar a su tío en ello, porque sabía que Sam no duraría. Porque el niño, según ella, el merecía algo de vida normal y ella era más fuerte para enfrentar junto a su madre a la oscuridad.
Su tío se retiró para criar a Sam. Recuerda que su madre se enfadó mucho con el, porque ella lo necesitaba, ella lo quería pero no podía vivir una vida fuera de la caza, para ella no había otro camino que luchar contra lo que vivía en la oscuridad, ahora es Jo la que no cree poder retirarse nunca aunque solo tenga veinticinco años...
A lo lejos, cerca del granero hay un árbol muy raro, está seco por completo a pesar de que los pastos altos estén verdes y refulgentes, es cuando empieza a correr hasta ahí y cuando su botas golpean el suelo la capa de tierra es realmente ligera junto al árbol, golpea con el taco de su bota la superficie una vez más y un sonido metálico y hueco suena debajo de ella.
- ¡Maldito viejo zorro...!- masculla contenta y con una sonrisa de oreja a oreja, entra en el granero rápidamente para sacar una pala y buscar así la entrada de lo que ella cree es un bunker.
Pasan tres horas cavando hasta que da con una puerta similar a la de un refugio anti tornados enterrada a tres metros de profundidad, rompe el candado lleno de tierra y abre las pesadas puertas. Nota que la entrada está marcada con trampas anti demonios y otras que no reconoce, las puertas roídas por la sal que seguro el viejo cazador embadurno, el hueco oscuro en el que se sumergió sin pensar a pesar de que aun el sol estaba alto la engullo al dar unos pasos dentro, prendió un foco cuando se topó con una cadenilla en su rostro y vio lo que su tio Bobby tenia allí...
De pared a pared armas exhibidas, libros apiadados por códigos y una vieja computadora gris, mas pilas de libros en un rincón y dos bibliotecas, otros desparramados por el suelo, una rejilla en el techo por donde la luz del día entraba apenas en pequeños haces, atravesando las ramas del árbol seco y miles de anotaciones y mapas en marcos de corcho.
- Estas muerto... y aun así... eres lo más genial del mundo tío Bobby... ¿Me pregunto cuando habrás hecho esto...? mas con el curioso de Sam por la casa...- miro una radio de larga distancia muy viejo en una mesa metálica con una silla de esa época pero aun parecía funcionar, tres grandes cajas fuertes selladas con más símbolos. Se puso a buscar lo que necesitaba rápidamente al notar que la noche caería sobre ella en unas horas y debía volver a tapar ese lugar para que Sam no lo encuentre, pero ningún cuaderno tenía nombre... solo números, prendió la computadora y allí estaban los temas numerados solo que lo que ella quería no estaba en el índice...
