Capitulo 12

Misha no puede explicar cómo el desenvolvimiento del agente Smith lo shockeo, deja sus llaves en la entrada de su casa aun sin aire, su turno había terminado a las siete de la mañana del día siguiente. El agente novato tiene una pequeña oficina que se conecta con la de otros, no es un cubículo pero se parece bastante. Desde que Smith lo sacó de ese baño y de las garras de sus compañeros no podía evitar que ese rudo oficinista le llamara la atención. Aunque lo que de verdad lo mantiene tenso es la seguridad en esa voz. Se deja caer en el banquillo de la mesada, en su cocina tratando de procesar el fuego en esos ojos o la determinación, pero cree que en realidad fue la falta de miedo al aclarar su relación con Wesson.

En su vida ha visto algo así, no es que sea un anticuado pero su vida o su entorno lo condicionó bastante. Siempre trató de ser reservado, discreto, pero siempre terminaba interesado en las personas equivocadas o que al primer giro de las circunstancias lo expusieran como un pervertido o acosador y enfermo. Siempre se vio obligado a mudarse a moverse más fuera de la sociedad que dentro, entrar al FBI parecía solo otro perfecto camuflaje para él, sin amigos en la ciudad -no reales al menos- como menciono a los agentes.

El comportamiento de Wesson también abrumaba su mente, le sorprendió que se sonrojara y que no apartara su mirada de Dean, a pesar de su vergüenza espontánea y la manera de tratar de controlar la boca de su... novio, toda la situación en medio de la cafetería con muchísimos agentes en mesas contiguas o caminado a su lado, todo fluía entre ellos de manera simple, ellos dos, juntos, parecía de esas raras ocasiones en que uno podía decir la frase "destinados a ser..." Solo estar en su presencia lo abrumo, con los sentimientos encontrados, desbaratando por completo su modo de vida; ahora siente admiración por ellos, estaba a punto de poner a ambos en un pedestal por no esconderse o no temer de otros, el cuerpo le tiembla y odia esa sensación de inseguridad que lo asalta sin poder controlarla.

Se abraza un segundo en la soledad de su hogar preguntándose si los volverá a ver, si se cruzará con ellos, aún no decide que horario es el que se adecua mejor a él y se ha anotado para los horarios rotativos y la suplencia de otros agentes, solo para no socializar demasiado o no verse en situaciones como las de ese día en el baño de la agencia.

Se odia así mismo por tener el miedo metido debajo de su piel, por alejarse de todo el mundo. Respira cansado y se levanta para ir a la cama, retira su traje de su cuerpo dejando todo regado por la las escaleras, despojos en la pobre iluminación amarillenta de un cuerpo pálido que estaba marcado por su pasado, amantes que no querían ser vistos con él o admitir que eran gays y él no estaba en plan de hacerlo tampoco pero la violencia lo perseguía, incluso con vecinos furiosos y compañeros de trabajo extremadamente homofóbicos que se dedicaban a acosarle como deporte en años anteriores.

Esa noche no fue fácil llegar a la granja en especial porque Dean no dejaba de meterle mano desde que cursaron las puertas de salida de las oficinas. Sam no sabe cómo llegaron en una pieza a la granja con Dean manejando con una mano y otra en su pantalones masturbándolo, solo podía razonar que tenía las grandes manos de su novio debajo de su pantalón, tenía el corazón en la garganta en cada roce y apretón o como sujetaba su cuerpo contra el de él enterrando su boca en su cuello cada vez que le camino iba lo suficientemente recto, con la caliente lengua acariciando su yugular tan lenta y eróticamente que él estaba a punto de derretirse literalmente.

Está realmente disfrutando cuando Dean lo suelta de repente para salir del auto. Desorientado, su mirada turbia trata de enfocar la figura de su compañero correr alrededor de la camioneta y sacarlo del cubículo de un tirón, arrancando los botones de su camisa blanca y arrastrándolo entre besos desesperados hasta el porche. Los trajes estaban desencajados entre los tirones y la necesidad de sentir la piel del otro directamente en la suya, Dean prácticamente tiró su puerta abajo intentando quitarle la camisa sin arrancarle la corbata rayada.

Toda esa pasión terminó por tirar la mesita de las llaves y dejarlos a ellos dos enrollados en el piso, devorándose sin pensar un segundo que habían asustado de muerte con semejante entrada a una rubia en particular, una que les apuntaba con una colt como acto reflejo, pero la chica retira lentamente el gatillo y lo acomoda para escabullirse de allí sin ser vista. Despacito y como le enseñaron, baja el arma que apuntaba a los hombres que retozan en el piso y no se han percatado de su presencia, solo que se le ocurre tomar el plato con su sándwich antes de salir de la habitación, y tuerce un poco la boca cuando su anillo choca contra el plato y Dean levanta la mirada del cuello de Sam solo un poco.

- ¿Aún estas aquí?- gruñe sin moverse y Sam abre sus ojos de repente, dejando caer su cabeza al piso y viendo la pequeña espalda de su prima tratando de fugarse de la sala.

- ¿Yo? De que hablas, yo no estoy aquí para nada, estás alucinando... - dice rapidito y sale como cruz que lleva el diablo sin darse cuenta de que mete la colt en la parte trasera de su pantalón.

- ¿Dean? ¿Qué pasa?- pregunta incorporándose sobre sus codos al ver que Dean se vuelve a colocar los pantalones entre su piernas.

- Tu prima tiene un arma, eso es lo que pasa...- Sam tuerce el ceño sin poder procesar y los dos terminan por colocarse la ropa lo mejor posible mientras van detrás de Jo.

- ¿Jo?- la llama Sam al entrar a la cocina, pero la chica no está, se esfumó, solo el sonido de la puerta de un auto en el patio trasero es lo que lleva a Dean a salir para buscarla.

- ¡Hey niña! ¡¿A dónde crees que vas?!- la voz de Dean abarca toda la granja cuando ve a Johanna tratando de meterse en su auto y salir por patas de allí.

- ¿Quién yo?- dice entrando en el auto y girando la llave de ignición.

- EH! Eh! ¡Jo! ¿Qué pasa, porque estas corriendo? - espeta Sam que con sus piernas largas estuvo junto a su ventanilla en un instante.

- ¿Bromeas? ¿Con todo el reino animal entrando por la puerta como un bólido? Sera mejor que les de unas horas... buscaré un hotel por allí - dice como haciéndoles un favor pero algo en el rostro de la chica le hace desconfiar más.

- ¡Al diablo con eso!, la primera vez que nos pillaste estabas más entusiasmada que perturbada, así que ahórrate el teatro, de donde sacaste ese arma...- Jo voltea a verle con los dientes encajados y le habla bajo y enojada.

No sé de qué hablas Dean. Solo quiero darles algo de espacio.- gruñe mientras que su carcacha llamada automóvil no quiere arrancar por más que le da vuelta a la llave una y otra vez.

- ¡Basta Jo! No iras a ningún lado - y Sam le quita las llaves obligando a la rubia a salir del auto por ellas - De qué estas corriendo...- pregunta poniendo las llaves en alto sin mirar a Dean que se ha puesto a revisar el automóvil.

- ¡Sam para!, ¡Dámelas! - la chica salta y salta a su alrededor pero Sam está sosteniendo las llaves por encima de su cabeza - Es mejor así... no conseguí lo que necesitaba asique solo esperaba para despedirme pero fue una mala idea... - Sam la mira cansado, no comprende esa paranoia de correr a la primera de cambio, a él le gusta tener su casa su lugar pero Jo solo va de un lugar a otro.

Sólo cuando la pequeña escucha el sonido característico que su auto hace al abrirse la cajuela es que en dos movimientos derriba a Sam con una barrida y un golpe certero en el pecho para recuperar sus llaves, corre hasta Dean con la mirada vacía, que en la oscuridad de la granja no parece la pequeña insoportable que Dean tiene en su cabeza y el agente la mira detenidamente, porque siente en el cuerpo la amenaza implícita de esa mirada.

- ¡Dean, aléjate de mi auto!- es lo que grita antes de usar la goma trasera del mismo para saltar más alto y darle una patada en el costado al rubio.

- Pero qué demonios.- espeta retrocediendo unos pasos por el golpe, la patada no solo fue fuerte y Dean puede sentir el resentimiento en su hígado, sino que la pequeña trata de tumbarlo.

- Dean... no lo repetiré de nuevo, apártate, no quiero lastimarte...- Dean abre los ojos como si estuviera alucinando, solo que la cajuela sigue su camino sola y termina por abrirse mostrando un doble fondo armado hasta los dientes, pistolas, escopetas, recortadas, ballestas, estacas, cruces y otros sortilegios que ambos se quedan mirando, su sorpresa sigue en aumento pero al mirarla nuevamente, ella está renegando de su suerte.

- Pero qué demonios es todo eso...- Dean mira a la chica y todo lo que ve es su puño en dirección a su rostro, el golpe es fuerte y rápido más de lo que esperaba de una manita tan pequeña pero no es suficiente para tumbarlo.

- Vaya tienes resistencia para un tío de archivos.- Jo tuerce el rostro, al notar la posición de ataque que toma Dean, reconoce esa postura, es la normal en el FBI, pero quién diría que un archivero supiera las tácticas de un comando especial. Sonrió porque le pareció divertido, pero dejo de hacerlo porque sabía que cuanto menos tardara en noquearlo menos explicaciones tendría que dar.

- No tienes ni idea.- le gruño notando que la chica tenía aplomo y técnica, una mezcla entre marine y militar muy extraño para alguien tan pequeño.

- ¿Dean?- dijo interrogante Sam que aún estaba en el suelo, lleno de polvo pero intentando levantarse para que Johanna no salga lastimada, el conocía la técnica de su novio y sabía que podría dañar a la muchacha por más peligrosa que ésta pareciera, intento ponerse en pie rápido a pesar de que le dolían las costillas como si un burro le hubiese dado una patada.

Decir que se quedó con la boca abierta cuando su prima ataco a Dean y él bloqueó solo la mitad de sus envites lo es decir poco, contempló perplejo en el sitio cómo Dean no contenía su fuerza o sus golpes al contra atacar y Jo no cayó al piso en ninguno momento, solo retrocedía dos pasos y volvía a lanzarse sobre su novio. Caminó lento hacia ellos, hasta apoyarse en la cola del auto, la pelea lo tenía completamente absorbido, las patadas, los puñetazos y a Dean se le escapaba Jo de entre las manos porque su cuerpo pequeño le dejaba escabullirse fácilmente de su agarre.

Fueron los quince minutos más largos de su vida hasta que se percató de que la cajuela estaba abierta y lo que había en ella, las ballestas, los colgantes con diferentes símbolos, estacas de maderas, un cuerno de cabra afilado, un hueso humano también con filo y embadurnado de algo negro y viscoso- tragó como pudo mientras su mirada viajaba de objeto a objeto- aterrándolo por completo, cuando vio y levantó en el aire el machete empapado en sangre vieja y oscura...casi pútrida, es que el aliento se le escapo.

Un golpe en el revés de su mano lo hizo soltar el machete que cayó dentro de la cajuela y volteó a ver a la pequeña rubia, que, con varios golpes en la cara que empezaban a amoratarse, cerró de un solo golpe la cajuela, sin quitarle la vista de encima, sin parpadear siquiera, el corazón de Sam volvió a latir solo para ver a Dean intentando levantarse del piso muy golpeado también, mostrando en su rostro la perplejidad de que alguien tan pequeño le diera batalla a él...

- Explícate...- es todo lo que pudo salir de su voz como una orden.

- No puedo.- Jo bajo la mirada porque se sentía avergonzada y Dean la miro extrañado tanto como él.

- De qué hablas... le distes una paliza a mi novio...- lo señala.- y solo tienes un metro cincuenta Jo! Y no pesas más de cuarenta y siete kilos! ¿Cómo explicas eso? Es imposible... además cómo explicas esto! Vas de estado en estado con todo esto? - la cabeza de Sam dolía, dolía porque no había respuestas que el mismo pudiera conceder como razonables.

- Eh...- protesta Dean por la acotación de Sam, caminando hasta el pero fue una pelea de la que no se olvidará en un tiempo.

- Hay... muchas cosas que no tienen explicación Sammy... solo que es mejor para tu vida que no las sepas y que puedas vivir normalmente...- la chica toma las llaves del auto del piso y los rodea sin rencor, con clara intención de subirse a su auto y marcharse.

- ¿A dónde vas?- pregunta siguiéndola, y Dean se disputa entre un par de teorías, como que ella es alguna especie de 'agente encubierto o espía internacional'

- A la carretera, dónde debo estar...- dice como si no le pesara como si no tuviera más remedio que seguir su camino.

- ¡¿Según quién?! ¡Jo! Tu madre ya no está, no necesitas seguir vagando... no sé que te habrá metido tu madre en la cabeza pero...- Sam se cuelga de su ventanilla mientras ella avanza tratando de no lastimarlo más.

- ¡Déjala fuera de esto! Ella me dio todo lo necesario para sobrevivir Sam, ¡Asique déjame en paz!- el auto se ruge y acelera, mete el cambio para salir de esa granja que solo le recuerda que no pertenece a ningún lugar dejándole los sentimientos más humanos que tiene donde esta Sam, porque más allá de esa ruta solo la harán blanco fácil.

- ¡Si te vas no te daré los cuadernos envueltos en cuero!- le grita intentando retenerla sin saber porque, pero le desespera ahora saber cómo es que recorre las carreteras, es allí cuando el auto acelera y pueden ver que rodeara la casa para acercarse a ellos dos.

- ¿Que cuadernos Sam...? - le pregunta a sus espaldas el rubio.

- No lo sé, unos que Bobby tenía en su cómoda antes de morir... Dean... esto es tan extraño, siento como si no conociera a mi tío, como si Johanna supiera algo que yo no...- Dean pone su mano en su hombro.

- Donde están Sam... no tengo mucho tiempo más que perder - pero Dean interrumpe y se acerca a ella lamiéndose el labio roto que la niña le dejo de recuerdo.

- No te dará nada si no nos dices que mierda está pasando, que es toda esa mierda que llevas en el baúl, y que tiene que ver Bobby y tu madre en todo esto.- Jo le dedica una mirada de odio, una que duele incluso si no es dirigida hacia Sam y que a Dean no le amedrenta en lo absoluto.