Smith estaba perdiendo la cabeza. Jamás pensó que no encontrar a Sam fuera así. Jo y el discutían a lo grande sobre donde estarían los dos metros y cien quilos de persona. La chica lo exasperaba y aun así no le decía nada. El agente del FBI estaba seguro de que la imperiosa necesidad de saber qué demonios pasaba y de unir las piezas de ese enredo le haría salir hacia el granero y dejar a la mocosa hablando sola cuando las luces de la casa empezaron a parpadear sin sentido. Dean miró como las luces en las habitaciones danzaban y soltaban chispas por si solas, como un acto reflejo Jo tomó al novio de su primo por la manga de la camisa llamando su atención, pero solo por un minuto, ya que, una a una, las luces empezaron a reventar escuchándose los vidrios de los foquitos caer al suelo como si fueran lluvia. El rubio miraba sin comprender nada cuando escucho como se gatillaba un revolver a su lado.

- Dean... quédate detrás de mí...- la chica lo empuja de la muñeca con fuerza y se coloca frente a el mientras la casa queda a oscuras exceptuando por una sola lámpara dentro de la sala.
- ¿Qué crees que haces?- Smith ve a la chica sacar de detrás de su cintura un revolver Colt plateado y viejo como el mismo demonio y apuntarlo al vació.
- ¡Demonios Sammy donde te metiste!- la menuda muchacha reniega entre dientes empujándolo hasta su auto en una carrera para rodear la casa cuando los vidrios de las ventanas empiezan a estallar una por una.- ¡Demonios! ¿ por qué no están funcionando las protecciones?- grita mientras corren entre la lluvia de vidrios rotos.
- ¡Pero qué demonios está pasando?! ¡De que protecciones estás hablando?!- le grita hasta que llegan al auto de la rubia que abre el baúl con un golpe en el costado y le pone una recortada en la mano, un cuchillo de cacha de hueso grabado en la hoja con símbolos ilegibles para el en la cintura y cartuchos blancos en los bolsillos del pantalón lo más rápido que puede.
- Escucha con atención, allá afuera hay mas cosas que gente loca o armada sólo, en la oscuridad se ocultan bestias, demonios y toda clase de alimañas rastreras que se alimentan de víctimas humanas, esto no es un juego, no es una broma, esto es real, si las protecciones del terreno no funcionan significa que algo las rompió, ¿Sabes si Sammy le hizo modificaciones a la casa? ¿O algo se rompió y tuvieron que remplazarlo?- de repente el silencio absoluto los envolvió haciéndolos voltear hacia la oscuridad que se adueñó de todo y la sensación de que algo les acechaba aumentó con el silencio absoluto que les envolvió, ni un insecto murmuraba a su alrededor.
- Hace unas semanas... una investigación involucró a Sam, y la agencia esculcó todos los rincones de la casa, había agujeros en las paredes y apenas se podía vivir aquí.- murmuró cargando lentamente la recortada con la munición que la chica le dio.
- ¡Ratas! Todo el trabajo de mi tío se ha ido al demonio... y yo durmiendo tan tranquilamente aquí... debemos encontrar a Sam ya mismo.- la chica tomo dos cargas para el revólver y una escopeta que se cargó al hombro.
- Él no está en la casa... tal vez en el granero...- Dean pego su espalda a la de la chica cuando sintió algo rozarle la oreja.
- No...- dijo colocándole a Dean un colgante con un símbolo raro y caminando sin hacer ruido con su pisadas hacia el bunker pero para Dean solo era un agujero negro de pastizales.
- ¿No? Como que no, no hay otro lugar... - pero al verla alejarse y un murmullo escucharse por su hombro la siguió con los dientes apretados.
- ¿No crees que si estuviera en el granero no habría escuchado todo el alboroto?, ¡Camina, no tenemos toda la noche! - pero algo golpea a Jo de repente lanzándola por el aire dos metros lejos de él, Dean da un disparo en la dirección de la sombra negra que lanzó a la chica pero no se queda a confirmar qué era eso, corre levantando a la rubia de la chaqueta tan rápido como puede entrando en el pastizal.
- ¡Qué demonios fue eso!- espetó como un gruñido raso dispuesto a matar lo que sea que los persigue.
- ¡No hay tiempo para explicar, corre!-
- ¡No hay nada aquí afuera!- replica sin entender a donde van, porque lo único que ve enfrente es el viejo árbol muerto de la granja.
- No a la vista...- la chica cuelga el rifle a su espalda en un solo movimiento, metiendo sus manos entre la hierba y la tierra suelta del montículo junto a un árbol seco.
- ¡¿Qué haces!?.- pregunta.- ¡Tenemos que encontrar a Sam!- pero una risa retumba en la lejanía, se ríe de él lo siente en los huesos, se ríe de todo eso como si fuera un chiste.
- ~La pequeña Harvelle está sola ahora~ la última Harvelle no tiene donde más correr...~- canturrea una voz ácida y escalofriante que hace a Dean ponerse la recortada al hombro y apuntar a la oscuridad a pesar de que un escalofrió helado le recorre la columna al oírlo.
- ¡Quién está ahí!- grita el agente a todo pulmón.
- ¡Dean! ¡Adentro ahora!- la chica tira de el a un agujero en el suelo y una puerta de metal los deja sepultados.
- Qué demonios... es esto...- cuando la luz se enciende y un bunker repleto de libros numerados en estantes precarios cubren las paredes, ordenandos por tamaño y color aparecen frente a sus ojos, el sólo voltea a ver a la rubia en busca de respuestas.

Los golpes en la puerta de hierro no cesan y la deforman al intentar entrar, pero Jo lo calma solo por un minuto diciendo que busque algo parecido a un mapa o plano de la propiedad, algo que le indique donde pudo ir Sam... los libros están todos ordenandos por tamaño y color y nada se asemeja a un mapa ni por asomo, pero ese tipo de orden solo le recuerda a las manías de Sam en el archivero. Observa mejor y hay una alfombra demasiado grande en el piso que no encaja correctamente en el lugar, haciendo que tenga bultos en toda la superficie. Jo empieza a tirar libros y ver si hay algo detrás de ellos pero Dean la detiene tomándola por los hombros para que se quede quieta un segundo al notar que las maderas de los estantes están numeradas aunque no de forma escalonada, está seguro que van por coordenadas, coordenadas que, si no se equivocaba, van por zonas geográficas y solo faltaba una que esta grabada en la alfombra gris con números azules.

Volvió a enredarse en la alfombra casi tropezando mientras la chica le preguntaba qué era lo que quería y cuando estudió bien el curioso dibujo o los patrones que no coincidan del mismo color pálido y azul. Jo lo miró como si estuviera loco, pero de repente notó lo que Dean había visto. Con la linterna en la boca alumbró mejor los patrones esparcidos por el suelo mientras Dean trataba de estirar la maldita alfombra.

- Esta es la casa... el granero...- volvió a dar un tirón en la alfombra gris.
- Este es el bunker... esto es... ¿un nivel?- Dean miró a la chica y entre los dos retiraron al alfombra encontrando una portezuela de madera debajo. Hallaron todo un cuarto preparado para instalarse, había comida, agua, una cama lo suficiente como para sobrevivir una temporada, junto a un arsenal, volvieron a la alfombra y en los bordes del norte encontraron solo la palabra 'Gate' con un candado a un costado, no estaban lejos pero no tenían como distraer a los bastardos que seguían intentando entrar al bunker entre gritos y risas desquiciadas.
- ¿Puerta? ¿Qué puerta?- pregunto la chica intentando descifrarlo y Dean no pudo contestarle.
- Tenemos que llegar aquí.- sentencio cargando la escopeta dispuesto a salir de allí como fuese.
- ¿Y cómo planeas hacer eso genio?- pero los ruidos de afuera cesaron de repente, las risas y la voz siniestra clamando por Jo no se escucharon más, ojearon a su alrededor y se miraron mutuamente, era ahora o nunca.

Salieron corriendo del bunker, a toda velocidad, estaban corriendo a ciegas pero algo dentro de Dean Smith le decía que no había tiempo para cuestionar esa locura, que no había tiempo para mirar atrás, debía encontrar a Sam ahora mismo. Miró a su derecha y Jo le seguía el paso sin esfuerzo, con el arma sostenida con ambas manos, como un soldado, su mirada al frente sin una sola gota de duda y de lo único que estaba seguro era que el gran secreto tenía que ver con todo eso.

Sam Wesson, dispuesto a esclarecer su mente y tranquilizar su alma, llego al límite de su propiedad, donde se alzaba la barda de la granja de los Walder, pero no había nada allí, solo pastos que le llegaban al pecho, la cerca de madera y la luna, que apenas si lo alumbraba, entre arboles mas viejos que él. Pero cuando dio unos pasos por los límites, en el silencio de la noche, pudo observar a lo lejos como la casa era solo una diminuta luz y suspiró pensando que Dean estaría preocupado, ya había pasado mas de una hora de que se escabullo de ellos, caminó un poco más perdiendo el deseo de encontrar la puerta de la que hablaba su tío y su pie golpeó con algo, tomo su celular y alumbro frente a él encontrando un par de piedras alineadas deformadas por el tiempo.

Las siguió por unos minutos encontrando la forma de habitaciones, puertas y raíces brotando de algunas piedras sueltas. Ese era el asentamiento de una vieja casa tal y como se describía su tío en su diario, apartó los pastos largos de su camino y unos troncos caídos, le tomo un tiempo pero al seguir las rocas ya desgastadas, enredadas, justo enfrente de él estaba la puerta de piedra oculta de la vista por un árbol de flor roja que le daba una sombra mística permitiendo pasar solo unos leves haces de luz.

No podía creerlo, sus ojos se abrieron sin poder entender cómo es que esa puerta permanecía allí si el resto de la casa se había deshecho con el paso del tiempo, aunque lo que quedaba era solo una arcada ya que la puerta que describía su tío ya no estaba. La pieza de piedra que era la puerta en la arcada se había caído haciéndose pedazos enfrente de ella por el paso del tiempo, la cruzó, la rodeó y con la yema de los dedos delineo el dintel con el símbolo de infinito en el marco superior. Se quedó sin aliento, la puerta si existía pero no veía la manera de cruzar al otro lado sin la puerta que antes ocupaba la arcada, tenía el corazón en la boca pensando que aquellos escritos tuvieran algo de verdad.

Pero no era posible que hubiese existido ese otro mundo del otro lado de esa puerta porque no había nada allí, pero al voltear un hombre viejo lo sorprende y casi se le sale el corazón al ver el rostro delineado por las profundas arrugas y el color pálido con las cuencas negras por completo.

- Que hace aquí, esto es propiedad privada...- espeta pero el hombre no le responde, el hombre de rostro huesudo sonrió mostrando dos hileras completas de dientes oscuros y escalofriantes que le helaron la sangre.- ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? - pero este no respondió y en un parpadeo desapareció. El corazón de Sam se detuvo, eso no era posible, pero una serie de disparos se escucharon en dirección a su casa, miró en aquella dirección y estuvo a punto de correr hacia allí cuando el mismo hombre apareció frente a él y lo tomo de la camisa levantándolo en el aire como si fuera una pluma.
- ~Oh no no... Samuel~, ~tu vienes conmigo, a mi reina Crowley le gustaría tener un juguetito como tú en su estantes mas caros...~- la agria voz canturreando con la peste saliendo de su boca directo a su rostro, Sam no podía zafarse ni respirar, lo jala de su corbata ahogándolo pero el con su propias manos no puedes zafarse de los huesudos dedos.
- ¡Suéltame!- dijo apenas entre dientes cuando el demonio soltó un grito aberrante y sordo, como si algo lo quemara, lo soltó cayendo de espaldas a unos pasos de la arcada, pero para cuando se levantó mirando su camisa estaba estaba quemada, la cadena de su tío la cual conservaba colgaba de su cuello de algún modo había alejado a esa extraña persona de él.
- ¡Bastardo!... a la reina no le molestara que te lleve en pedacitos – gruño en un grito que deformo su mandíbula haciéndo al agente retroceder por el terror que le sobrecogió.

Pero su talón choco con lo que era la puerta de piedra haciéndolo caer de repente sobre su espalda encima de ella, y cuando abrió los ojos, era pleno día. Apresurado se levantó con el corazón en la boca, buscando al hombre vestido de traje negro, mirando a su alrededor pero el sol incandescente sobre su cabeza no era lógico, las paredes quemadas y los pedazos de objetos que habían sobrevivido a un incendio lo rodeaban, Sam ya no estaba en su granja, estaba en el sótano de una vieja casa. Las escaleras eran carbón y tuvo que trepar un viejo bunker de hierro para salir de allí.

Estaba rodeado de autos destrozados, fierros, pilas de autos y una estructura que parecía que era un taller pero en estado abandonado. Completamente asustado llamo a Dean con un grito que retumbo entre los pedazos de chatarra, pero nadie parecía haber estado allí en un buen tiempo.