Capítulo 20
Cuando Joanna Harvelle despertó del golpe que le dio Dean, Misha fue el que pago los platos rotos, la rubia le dio un puntapié y un golpe certero que le reventó el labio. No se lo esperaba, no esperaba semejante reacción, creyó que solo sería un mar de insultos y muchas explicaciones, no que le golpearía apenas abriera los ojos, pudiendo levantarse del sofá donde la coloco.
Se sintió roto por dentro, había pasado un tiempo de la última vez, paralizado, mientras la chica le miraba como si el tuviera la culpa de todo. Y así se sentía, por más que no tuviera nada que ver con todo eso... pero él tenía mucho tiempo tratando de poner los pedazos de su persona en orden o al menos unos sobre otro después de su última relación, la cual le golpeo en muchos sentidos, incluso hasta mandarlo al hospital.
Cuando se dio cuenta del silencio y de la leve respiración de la pequeña rubia, se levantó sin mirarle y se marchó. Las rodillas le flaqueaban, su labio seguía sangrando profusamente, Jo le miro confundida, en realidad ella esperaba una devolución, un contra ataque y con eso se percató enseguida de su estado, él podía darse cuenta de ello... le estaba compadeciendo y eso no lo podía soportar...
Así que tragó, salió definitivamente de la casa y se subió al auto manteniendo a respiración pegada a su pecho, él no quería llorar por eso, será muy gay, pero sigue perteneciendo al género masculino y al menos quería mantener algo de ese orgullo a flote. Ver por el rabillo del ojo la figura de Jo en el pórtico mirándole marchar, no le permitió contenerse, no le permitió mantener a raya todos los sentimientos que le asaltaban.
Jo rara vez se sentía tan desubicada. Nadie se había apartado de ella simplemente por un golpe... o sea, jamás sintió culpa, como lo hacía ahora, o remordimiento o la necesidad de pedir perdón... Parada en el porche, desorientada, se miró la mano con la sangre de Misha en ella, tan roja y brillante que le causo un temblor en el cuerpo. Se sacudió como un perro la sensación y se metió dentro de la casa. Cuando el auto desapareció en la oscuridad del campo, respiró y miró a su alrededor recordando que Dean se había marchado y corrió por los restos de la casa como alma que lleva el diablo solo tomo un arma de la mesa con calados perlados en el mango.
Corrió todo lo que pudo a pesar de su hombro lesionado, hasta llegar al lugar donde se suponía que debía estar la puerta... solo vio a un perro viejo atado a un árbol, era el shapeshifter, lo sabía, con esa forma lo habían atrapado. Pero habían degollado al cambiaformas y ella dudaba mucho que Dean lo hubiera hecho, además se había adentrado en la negra noche, en medio de la nada, ella sola, fatigada de tanta persecución, de tanto ajetreo, de solo desear traer de vuelta a su primo, lo único semi familiar que le queda. Le dio igual si la mataban allí mismo en la oscuridad, así que, con toda la calma del mundo volvió por una pala y luego caminando entre la yerba alta, enterró al perro con la luna a sus espaldas...
Hacía tiempo que era incapaz de dormir en ningún sitio sin las debidas protecciones. Rodeó con sal la cama que solía usar de pequeña, en el desván, pero, ni con eso, ni con las marcas anti-demonios, ni con las bolsitas de conjuros, podía pegar ojo. Y el motivo no era otro que un par de ojos azules de expresión herida, una herida más profunda de lo que parecía poder manejar. Jo se debatió con el recuerdo de unos labios partidos por su puño, negándose a sí misma la atracción que sentía, negándose lo que realmente le molestaba, esa incómoda culpabilidad, esa espina que solo le hacía querer disculparse.
Jo sabía bien cuál era el plan si Dean se marchaba, ella debía tomar su lugar en donde sea que trabajaba. Misha debía guiarla y ella debía ser una agente que solo venía a cubrir a Dean. No sabía si iba a funcionar, la verdad, no le gustaba mucho la idea de dar un rostro a un personaje inventado más aun estando debajo de las narices del FBI. Con la de casos en los que había trabajado sabía que en algún punto le buscaron, pero pequeña y rubia era una descripción muy común para ser identificada en ese país.
Así que se sentó en la cama y miro al espejo marcado con un jeroglífico frene a ella con pintura roja, su rostro estaba marcado aún, su hombro dolía por más vendado que estuviese, y su pelo lucía peor de lo que jamás le había visto, de ese modo jamás pasaría por una agente. Miró a un costado, en la puerta del baño, su morral verde de jean y bufó, ni siquiera se había puesto su traje de niña del FBI en un buen tiempo... sin un compañero no es un una jugada que sea muy verídica que digamos.
Salió de la cama y se metió al baño, tardaría un rato en arreglar el desastre que ya era, pero mañana tenía trabajo y aunque no durmiera no había nada que una taza de café no arreglara.
Misha renegó de su suerte por tener que volver a la granja por la chica, despertarla y poner pies en polvorosa para llegar a tiempo a la oficina. Rubi no estará contenta cuando se la presente, pero no tenía a nadie más para suplir a Dean y Sam, volvió a suspirar cuando el timbre de la casa se escuchó apenas puso un pie fuera de la escalera. Miró y el haz de luz que apenas entraba bajo la puerta del recibidor se movió y el timbre volvió a sonar. Sus pupilas se dilataron, no sabía si respirar o no, si dar a saber que él estaba allí o no, ya que nadie, salvo la agencia sabia donde vivía, y él precisamente no quería ser encontrado por nadie más...
- Sé que estás ahí... puedo escucharte respirar...- dice en voz alta Jo tratando de jugar una broma pero Misha al reconocerla suelta el aire y frunce el ceño porque eso no es posible ¿O sí?
- Eso no es... cierto...- Misha abrió, el sol detrás de Jo la iluminaba como si fuera una especie de persona nueva y brillante, con un traje gris plateado y una corbata verde que realzaba su ojos color miel.
- Buenos días compañero, agente Harvelle presentándose para ésto que no sé cómo se llama...- Jo sonríe casi, con una aniñada expresión que le cuesta procesar y baja su mano que la tenía firme frente a su frente, pero Misha aún estaba estupefacto.
- ¿Qué te paso? - es lo único que pudo preguntar.
- ¿Luzco tan mal?- la chica se miró el traje porque ella estaba segura de que lo había lavado y planchado como su madre le enseñó, tocó su pelo lacio por completo y sujeto en un rodete muy formal que disimulaba muy bien el largo que traía.
- No, no... Luces preciosa... y tu rostro no está...- dice alzando su mano para tocarlo porque es casi irreal, pero se detiene a un centímetro de hacerlo.
- Oh esto... ¿Te refieres a lo que le devolveré a Dean cuando lo pesque verdad? Es es una vieja receta de mi familia, desinflama y corrige los morados en unas horas...- dice saltando sobre su tacones negros encharolados, casi impolutos.
- Oh... ok...- pero Misha se queda parado allí sin saber quehacer ahora.
- ¿Vas a invitarme a desayunar o comemos algo por el camino?... No sé, lo que sea está bien...- y Misha reacciona casi saliéndose de su cuerpo y da un paso atrás que es más que suficiente para que Jo pase y él no pueda impedirlo. Nadie entra a su casa, esa es la regla, nadie come en su mesa o desayuna con él de eso seguro...pero la pasmosa tranquilidad con la que Jo camina hacia la cocina no le da tiempo a poder soltar de su boca una palabra.
- Está un poco oscuro aquí... me gusta, todo el mundo tiene colores brillantes y súper alegres como si sus vidas fueran perfectas porque sí...- abre la heladera y abre una cerveza.- Si supieran la verdad... no podrían dormir...- y Misha le saca la botella justo en el momento que la inclina para beberla.
- No, te harán un examen de sangre por ser nueva en la agencia, no puedes beber tomar o ingerir ningún tipo de droga...- le dice poniendo la cerveza en su sitio y cerrando la heladera.
- ¿Disculpa? Yo no sabía nada de ningún examen... El ultimo que me tomaron fue en la secundaria y que conste que reprobé porque fue sorpresa igual que este...- replica caminado nerviosa por la cocina.
- Jo...-
- Qué...-
- Ya no hay tiempo... si no nos marchamos ahora no llegaremos a tiempo... - Misha la sujetó de los hombros apenas si la empujaba y la sacó de la casa protestando.
- ¡Pero tengo hambre! - fue lo último que dijo cuándo Misha cerró la puerta de su casa, dando un último vistazo, con la sensación de no saber qué era lo diferente, si la entrada de Dean a su vida, o que esa chica supo dónde encontrarle y si el que entrara en su casa significaba algo más.
Para el momento en que arribaron a la agencia, Joanna estaba de un mal humor que mataba gente solo con mirarlos. Estacionaron y Misha se movía nervioso, continuaba revisando cosas inútiles mientras, con la respiración entrecortada, captaba las miradas de la chica que sólo rodaba los ojos exasperándose, casi se le escapa el corazón de la boca al agente cuando la cazadora se bajó del auto sin más dudas y camina como rey por su casa hasta las compuertas de las colmenas. Misha prácticamente corrió detrás de ella, apresurando su paso pero los tacones negros afilados y de diez centímetros resonaban tanto que no podía evitar mirar a todo lados.
Jo no tenía credencial para ingresar pero ya era extraño que nadie la notara, simplemente nadie la miraba como él esperaba, su presencia parecía que se fundía con el lugar, era como si su capacidad de camuflaje la hiciera invisible tanto a ojos inexpertos como expertos. Cuando estaban esperando el ascensor Rubi apareció a su derecha, matándolo del susto, pero ella no los miró y Misha empezaba a traspirar como un condenado, su nerviosismo casi no lo dejaba tragar saliva, en el momento que las puertas del ascensor se abrieron, solo ellos tres entraron, ya que nadie más se animaba a viajar con la agente morena.
Sin embargo la impulsividad de Jo se mantenía estoicamente quieta. Cuando las puertas del ascensor se cerraron dejándolos a los tres dentro, tras solo unos diez pisos más abajo en el trascurso del recorrido a las oficinas principales, las luces se apagaron pero el ascensor seguía en movimiento.
- Pero que...- dijo él mirando hacia todos lados, porque eso era imposible, la electricidad no podía apagarse en esa construcción súper avanzada.
- ¿Tu eres el remplazo de Dean?- se escuchó la vos dulce y afilada de Rubi causando que Misha guardo silencio.
- No se nota.- la voz de la rubia, firme, era como un muro de metro sesenta de granito y por más que Misha no viera nada, eso era lo que su mente veía.
- Estas son tu credenciales, ya te tomamos una foto en la entrada, el examen médico no se realizara... son demasiadas explicaciones que dar, ve con Misha y ponte a trabajar...- su tono como siempre que daba órdenes era cortante y terso, no sabías si te estaba ayudado o dándote veneno por lo bajo.
- ¿Y tú que se supone que eres, mi jefa?- le dijo desafiante ya que no le gustaba ese tonito, parecía el de un demonio dándote el mejor trato de tu vida solo por el módico precio de tu alma y una eternidad sobre las brasas.
- ¡Jo!- exclamo Misha incrédulo en medio de la oscuridad.
- Si, lo soy... te estaré vigilando...- pero la cazadora no dijo más cuando sintió en el borde de su pantalón que le enganchaban la credencial y le metían en los bolsillos objetos que parecían ser unos caramelos y un celular.
Las luces volvieron repentinamente y Rubi se bajó en el piso 15 sin siquiera mirar atrás, Misha suspiro y miro a Jo que revisaba sus bolsillos y luego se bajaron en el subsuelo del archivo. Con la credencial de Jo pudieron ingresar por los primeros controles y sentarse finalmente en uno de los escritorios de su amigos. Misha no podía creer que estuvieran de hecho allí, la miró al escuchar el tipeo del primer expediente pasando las hojas como si tuviera años haciéndolo, con la mirada firme y concentrada en el trabajo, él no lo entendía cómo es que esa chica podía simplemente adaptarse de ese modo tan veloz...
El tomó el lapicero y comenzó a trabajar, mientras que dejaba los informes sobre la mesa. Jo los recogía y los ingresaba a la computadora como si nada. Los primeros días fueron asombrosamente idénticos, Jo lo pasaba a buscar, desayunaban en su casa y rumbo al trabajo Jo siempre era la que conducía, hablaban poco según él y se dedicaban a archivar. Ambos se notaban preocupados por Dean y Sam que aún no volvían, todo su entorno se sentía raro... la gente iba más deprisa de lo normal, incluso ellos sentían una especie de aceleración, pero Misha creía que solo eran por la época de estadísticas y entrega de rendimientos de cada oficina, solo en los almuerzos en la cafetería Jo se relajaba un poco, noto como movía su hombro lastimado con más soltura y sonrió.
- A qué viene esa sonrisa... - preguntó con una ensalada y una soda enfrente a Misha.
- Nada... me sorprende que después de dos días ya te estés recuperando de tu herida.-
- Bueno, en este trabajo o te curas rápido o te mueres en el camino...- dijo pinchando algo de lechuga y comiendo como si nada, como si lo que hubiera dicho fuera de todos los días y la sonrisa de Misha desapareció.
- ¿Cuánto tiempo has estado en esto?...- pregunta y la mirada castaña de Jo se centra en sus ojos, en ese momento Misha nota la experiencia los años y la fuerza interna de la chica.
- Ehmm... toda mi vida... pero no siempre es malo, a veces tienes vacaciones y te las tomas cuando se te antoje... bueno casi siempre; como ésto... yo, en una cafetería, en el lugar más seguro del planeta. - Misha bajó su mirada a la hamburguesa sopesando eso tan extraño que estaba viviendo, porque Dean decidió confiar en él, era cosa de cada día para la rubia.
- ¡Pero que tenemos aquí! ¡Johnson mira! ¡Es el protegido de Smith! ¿Dónde está tu guardián eh? Hace semanas que no lo veo...- Jo lo miró y miró a Misha que apenas verles se hundió en su hombros descolocándola, esa retracción, casi tratando de desaparecer, mirando su plato como su fuera la cueva más oscura.
- Oh sí y mira quién lo acompaña... ¿Otra novata? Toda una pieza miniatura... ¿Y dime cariño en que piso estas?... podríamos...- y todo el mundo voltea por el sonido de la cara de Johnson que choca contra la mesa y cae al piso, la pequeña rubia se limpia la mano con asco y tira la servilleta de tela por donde el hombre cayó mostrando repugnancia en su rostro.
- ¿Pero qué haces perra!- exclama tan fuerte que todo el mundo se para de su asientos para ver qué es lo que está aconteciendo.
- Me indigestas la comida...- suelta apoyándose en el respaldo de la silla y cruzándose de brazos, el hombre que nota las miradas de todos en él, siente la impotencia de no estar causando miedo a su objetivos y se abalanza sobre ella, queriéndola tomar de la solapas, la mujer, con su zapatos de tacón, le da un puntapié en plena espinilla doblando al sujeto, se levanta tranquilamente, retirando la silla suave y correcta, tomándose su tiempo y cuando el hombre la mira, sosteniéndose la pierna, le da un derechazo que lo deja inconsciente en el piso.
- …. - Misha, espantado trata de que algo salga de su boca, sus ojos abiertos de par en par muestran su sorpresa...- Tú...- la mujer se sienta y vuelve a su ensalada guiñándole un ojo, por lo que su corazón salta repentinamente y estremeciéndose como loco entre fuertes palpitando descolocado por un rato.
- Y pensar que estamos en el FBI; desadaptados como estos son una plaga...- comenta como si se tratara de algo normal y todo el mundo deja de mirar, unos sonríen, otros comentan hasta que los de seguridad se presentan y ven a los dos hombres tirados en el piso.
- ¿Que paso aquí?- les preguntan dos hombres de traje pero obviamente armados.
- Se propasaron... así que los noquee. - Jo los miro y ellos simplemente asintieron llevándoselos a rastras, Misha no podía estar más desconcertado, en qué molde habían hecho a esa chica, estaba alucinado, jamás había visto a una mujer hacer algo así sin siquiera dudar o traspirar, tan firme y precisa para defenderse, tenía muchas actitudes que él pudo apreciar en Dean y eso era aún más asombroso.
Los guardias de seguridad se llevaron a sus compañeros sin más, la palabra de una chica valía mucho más por el desacato, ni siquiera Rubi había aparecido esos días pero, si su reputación la precedía estaba seguro de que no les sacaba el ojo de encima a través de las cámaras de seguridad en toda la colmena, pero una vez más tenía alguien que le cubrió la espaldas. Se molestaba consigo mismo por ser así, por ser tan cobarde, temerle a algo tan miserable como a un cretino como Stevens o Johnson. Mira a Jo mientras camina frente a el hacia el archivo después del almuerzo deseando ser más como ella más como Dean... o solamente más.
Tenían una semana sin saber de Sam y tres días desde que Dean atravesó la puerta. Ella no quería decir nada a Misha, pero veía como la estaba siguiendo, imperceptible para quien no sabe lo que habita en la oscuridad, no dijo nada ni mostró su miedo por los demonios en la misma colmena que la vigilaban preguntándose qué era lo que hacia allí, o los que la custodiaban de lejos cuando entraba y salía de la granja. Con solo cuatro horas de sueño por día en su haber la desesperación la atacó cuando notó como miraban a Misha, no fue repentino el dedicarse a arreglar cada hueco de la casa, tomó cada libro que tenía para rearmar las protecciones de la granja tal y como su tío lo hizo alguna vez, gracias a dios el viejo siempre tenía planos y notas de todo lo que hacía y eso no excluyo a la casa.
Solo terminó la mitad de la casa, pero la pintura se la dejaría a Sam cuando volviera, porque estaba segura de que Dean no lo dejaría, que Dean lo traería de vuelta. No sabe por qué, le cuesta confiar en la gente que apenas conoce, pero el fuego en la mirada de ese chico. Pero, debe admitir que estaba cansada y cuando aquellos demonios empezaron a fijare demasiado en Misha el cuero se le erizaba. Quizás no fue delicada al llevarse a Misha del trabajo y puede que no fuera gentil al sentarlo en la silla del tatuador de turno, posiblemente no fue considerada al mantenerlo allí a la fuerza hasta que en la piel de su pecho no terminó de formarse la protección de estrella, solo que no podía permitir que alguien que estaba tan cerca de ella simplemente fuera poseído por un demonio.
Ella ya se había acostumbrado a las quejas de Misha, pero lo del tatuaje duró horas... Misha no dejaba de protestar, que las agujas no sabía dónde las había sacado, que la tinta podía ser toxica, que no sabía los antecedentes de ese greñudo o del lugar y un montón de sandeces más, pero no podía evitar seguir escuchándole, era relajante escucharle hablar de cosas que no tenían nada que ver con su vida normal, con las cosas sobrenaturales, armas, moteles o caminos interminables, podía escucharle hablar de su familia, de sus parejas, de cómo vive escapando o enseñarle a dar unos buenos golpes. Y, ciertamente, era refrescante, pero tenía esta sensación de que podía perderle si no se aseguraba de mantener a sus fans lejos de él, no fue difícil meterse en su casa para hacer el lugar seguro.
Los días tenían un ritmo extraño. Ella empezó a notarlo, no así Misha, que parecía hacer más cosas en corto tiempo, pero, de un momento a otro pasaron dos semanas en las que pasaba veinticuatro horas con su amigo. Era raro tener un amigo de verdad, o reírse enserio de algo al discutir algún plan nuevo para ir por sus amigos del otro lado de la puerta, porque el tiempo parecía escaparseles de las manos, como tener que despachar a alguien poseído sin que Misha se percate en lo más mínimo, en mitad de un shopping o en la agencia, se Estaba haciendo ya algo normal y no le gustaba.
Sabía perfectamente que Misha era gay, muy gay, porque mirando películas por las noches, pequeña rutina que los abordo sin permiso, los dos se babeaban con los mismos actores, el tema de que Misha nunca haya besado a ninguna chica, ni por probar, es algo que a Jo le parecía muy raro.
- Una amiga...- replico comiendo palomitas, las luces estaban apagaras mientras miraban "In time" con Justin Timberlake.
- No.- Misha se reía.
- Una vecina.-
- Noooo... Ya basta, No lo he hecho...-
- ¿Ni con alguna niña en el jardín, digo... ningún ser humano femenino jamás te ha besado...?- lo mira con la boca llena de comida.
- ¡No! y Dios, traga antes de hablar. - Jo hace el esfuerzo para hacerlo mientras Misha se ríe más contento de lo que ha estado en años.
- Pues... no sabes de lo que te pierdes...- comenta finalmente volviendo a la película, pero Misha la miro y no pudo sacarle de la mirada de encima.
- Tu...- los ojos castaños volvieron a los suyos y Jo sonrió picara.
- Bueno es más fácil encontrar chicas lindas que sujetos con dos dedos de frente o lo necesario para tener algo de satisfacción, además los labios de una chica siempre son más suaves y tiernos.- explica con más palomitas en la boca.
- ¿ Lo dices en serio?- sólo de pensar en Jo y otra mujer, seduciéndola o llevándosela a la cama como lo haría cualquier otro hombre... no supo que sentir.
Un extraño silencio se apodero de la conversación, la película no eran explosiones ni nada de eso sino de lo serio que es perder tiempo y vidas por causa de la avaricia, pero esos minutos solo llevaron a Jo a preguntar más, porque ella quería llegar a saber que llevo a Misha a ser gay, qué es lo que despertó ese interés, sabe que ella simplemente se aburrió por lo que opto por algunas chicas en su pasado pero Misha era diferente... y se moría de ganas de saber cómo reaccionaría su compañero a ella.
- Así que... no te da curiosidad?- pregunto y esta vez su atención dejó de lado la pantalla en tonos verdes que reflejaba luces sobre sus cuerpos.
- Aauhmm yo... no lo sé...- en realidad toda la conversación lo traía mareado, los hechos que anecdotaba la pequeña rubia lo ponían nervioso, más aun cuando Jo sonrió, trago la palomita que comía dejo el bol a un costado y se arrodillo junto a él.
Misha solo tenía ojos para ver ese rostro que no sabía que le hacía sentir, la chica acomodó su pequeño torso en su costado y lo besó, acarició su labios y un escalofrió corrió por su espina hasta los dedos de los pies. Lo estaba probando con un simple roce, sin forzarlo, midiendo hasta qué punto podía llegar, el agente tembló, tenía entre manos el pequeño torso sosteniendo su peso cuando Jo simplemente presiono con ganas sus labios y se sintió devorado.
No había peros de por medio, no había rechazo, sin duda era muy diferente a la firme boca de un hombre y sin duda mucho más dulce a pesar de que los besos se pusieron mucho más húmedos y largos. Dios se estaba excitando, jamás había cavilado algo así y sin embargo se sentía increíblemente bien, cuando Jo tomo sus muñecas repentinamente con una fuerza abismal y las coloco sobre su cabeza, él supo que deseaba que le hiciera lo que fuese.
Pero algo extraño pasó, como si de una patada de burro se tratase, la casa dio un tumbo extraño como si hubiera estado en un remolque y éste hubiera pegado una frenada repentina, ambos cayeron al piso por la sacudida, mirando a su alrededor, un silencio largo y lento tomó el lugar, se miraron y el sonrojo de Misha solo al verla la hizo sonreír, lo ayudo a levantarse y él se sintió un inútil, ella tomó el arma que había caído al suelo, puso un índice en sus labios, le guiñó un ojo e instó silencio mientras caminaba, revólver en mano, hacia el patio trasero, sobreponiéndose, Misha sacó su propia arma y la siguió.
El agente del gobierno no comprendía aquello. Jamás había pensado que una mujer pudiera hacerle sentir así, pero Jo no era una mujer… No una mujer cualquiera. Ella le hacía sentir tonto, y a la vez protegido, querido, cuidado, con esa fuerza que había buscado lleno de ilusión en cada hombre que había amado y que, por motivos que no alcanzaba a comprender, se había vuelto contra él. Y sin embargo, Jo simplemente se veía perfecta con el revolver en la mano saliendo de la cocina y esa mirada fiera, verificando que nada raro pase por más que lo que los separó no era normal.
La muchacha, cuando escuchó las voces conocidas, como por duplicado o en eco, miró más allá de la oscuridad y pasando por el árbol seco, reconoció el rostro de Dean, que saludaba con la mano en alto, arrastrando al castaño que sonriente corrió dónde su prima, pero está, en vez de saludarle solo disparó a su pies dos veces frenando su paso y luego levantó el cañón apuntando a su cabeza, el sonido del disparo detuvo a los cuatro hombres a más de seis metros de distancia de ellos donde el pasto dejaba de estar tan largo y abundante...
- ¡Jo! ¡¿Qué demonios haces?!- exclamó Dean, la miró esperando una respuesta al ver el agujero en la tierra.
- ¿Tú crees que te dejaré acercarte a nosotros cuando estoy viendo a dos hombres de dos metros y dos pecosos de ojos verdes? Misha ve por la escopeta...- inquirió sin un ápice de duda.
- Estas loca...- acotó en tono serio y Sam lo miro mal pero él no lo vio.
- Misha...- llamó de nuevo indicando que acate su orden.
- Pero Joanna.-
- Puedo explicarlo...- dijo Dean Winchester tratando de calmar los ánimos, si esa chica era la mitad de lo que la Jo que el conoció su determinación sería un problema muy serio.
- ¡Cierra el pico, es muy fácil que un demonio tome la forma de alguien querido! Un poco de magia y es todo.- Misha se colocó detrás de ella dudando de que sean sus amigos ahora y por más que no lo deseaba apuntó a los cuatro hombres...
- Un demonio no podría poner ninguna de su asquerosas manos en nosotros ¿Verdad Sammy?- dijo Dean mirando al clon de su hermano, apartando su camiseta y camisa mostrando la marca protectora en su pecho, la chica mostró en sus ojos apenas un poco de incredulidad, los dos castaños hicieron lo mismo y Smith se quedó con la boca abierta.
- ¿¡Qué demonios es eso!?- le grito con toda la mala leche a Sammy y se le quedó mirando cabreado hasta los huesos, los ojos rasgados tratando de aminorar ese enojo, ya que él planeaba decirle de otro modo esto ya sabiendo su clara opinión sobre los tatuajes.
- Bueno... tuve que, hay muchos demonios en aquella dimensión... - Dean estaba apuntó de darle un sermón, de decirle que se lo sacaría inmediatamente cuando su clon intervino.
- No seas quejica, es sólo para su bien, además yo lo obligué...- Smith se dio la vuelta completamente cabreado, ese sujeto le caía ya fatal, pero obligar a su novio…, eso ya lo enfureció del todo y solo quería partirle la cara.
- ¡Tú no te metas! ¡Mejor cuida a tu hermano y deja a mi novio en paz!, no quiero ni que le mires ¡¿Me escuchaste?!- los gritos de Dean sobre aquel hombre idéntico que se reía de los celos del otro no pronosticaba nada bueno, Jo bajó el arma y Misha la imitó.
- Esto no pinta bien Sammy... - comenta Sam por lo bajo tocando a su amigo con el codo.
- ¿Que hacemos?, se van a sacar los ojos, ¿Porque Dean está provocando así a Dean?- cuestiona y mira a Sam en busca de una respuesta y Sam da un paso al frente en un gran suspiro, demasiado acostumbrado a la socarronería de su hermano.
- Dean ya basta, compórtate...- comenta colocándose entre los dos, poniendo algo de distancia entre ambos hombres.
- ¡Oh vamos Sam!, es divertido...- responde uno y el otro quiere lanzarse sobre él, pero Sam lo detiene en su sitio mira a su hermano y con su mejor cara de pocas pulgas le responde.
- No, no lo es... esta es su casa y su mundo ten un poco de compostura...- Dean resopla porque le divertía sacarse de quicio a sí mismo, pero enseguida nota la incomodidad de su hermano que mete su manos en los bolsillos y se coloca a su lado, ni siquiera mira a su doble, recordando lo que paso hace unas horas atrás.
- Ok, quiero una explicación ahora mismo, esto es una locura y tanto numerito me dan ganas de dispararles a todos...- espetó la muchacha enojada, ya que en menos de dos minutos se armó un espectáculo muy bizarro...
- Hola prima...- Sam abrazó a Jo y esta suspiró... pero a continuación con una ademan señalo a los otros dos hombres.- Te presentó, Dean y Sam Winchester, hermanos, cazadores y nuestros invitados por un par de semanas...- Jo miró a Sammy y lo abrazó inmediatamente reconociendo en ese estable tono de voz la formalidad que parecía arraigarse a él, dando gracias a dios que lo último que le quedaba en este mundo este de una pieza.
- Dios, menos mal que Dean te trajo de vuelta... - el agente sonrió grande y clavando su mirada en el piso, miró a Misha que ahora dejaba descansar la escopeta a un costado y con un simple gesto le saludo.
- Hola Misha..- el rubio palmeo su hombro a su compañero y este sonrió.
- Llegas tarde...- comenta atentamente y Dean le mira el rostro porque hay algo mas allí pero no sabe qué.
- Lo se problemas interdimensionales de los cuáles no quiero hablar.- responde más tranquilo de estar en casa después de todo.
- ¿Así que, ellos se quedarán? - dijo la pequeña y todos volvieron su vista a los Winchester que juntos habían quedado algo apartados del grupo.
- Hey Jo...- musito Dean con un leve saludo de su mano y Sam puso cara de pena y gusto, mas culpa que otra cosa, pero no sabía que sentir al ver a la pequeña rubia, la chica dio unos pasos hacia ellos y se los quedó mirando.
- Así que... cazadores...- ella les miro de arriba abajo y ambos sonrieron porque ambos sabían que significaba esa mirada, Wesson y Smith tanto como Misha fruncieron el ceño.
- Si, lo son... un gusto, Joanna Harvelle. - la chica les extiende la mano pero ellos con una rápida mirada entre ellos la estrechan en un abrazo doble que la levanta en el aire, la chica esta perpleja pero ellos nunca creyeron que la volverían a ver.
